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Pedro Jesús Jiménez Martín Universidad Politécnica de Madrid Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF) Departamento de Ciencias Sociales de la Actividad Física, del Deporte y del Ocio

El Cuerpo “Ritual” del Confucionismo

El tercer cuerpo que podemos encontrar en la evolución histórica china es el cuerpo ritual elaborado por la tradición confucionista. Un cuerpo “público” que debe enmarcarse dentro de la normativa social, y que debe diferenciar la jerarquía y el orden social establecido.

La tradición del confucionismo diferenció en sus primeros tiempos cinco dimensiones con relación al cuerpo: qu, xing, shen, gong y ti

El primero se utilizó para designar el cuerpo de las personas mezquinas, que con su falta de valores éticos y su ignorancia respecto a la “Vía”, actúa de tal modo que adelantaban su proceso de defunción.

El segundo sirvió para nombrar la forma corporal en su dimensión más física y elemental, al cuerpo sin más.

El tercero fue el término elegido para definir al cuerpo socializado, el yo construido a través de la dinámica social y que ubica al individuo frente a los demás. El cuerpo que expresa el estatus y la identidad personal.

El cuarto se utilizó para identificar a las formas de presentar el cuerpo en la conducta ritual. El cuerpo que tiene que expresar los valores interiores del cuerpo en las ceremonias. Un cuerpo en cierto modo estereotipado y condicionado por las obligaciones sociales.

Por último, el término “ti” sirvió para designar al cuerpo con una perspectiva simbólica. Tanto el cuerpo individual como el “cuerpo” que unifica una familia, un grupo político e incluso un Estado.

Esta interpretación del cuerpo se puede encontrar en Occidente en nuestra forma de vestir según los contextos sociales en los que nos desenvolvemos, las teorías del lenguaje no verbal en nuestra comunicación con los demás, y todas las teorías sociológicas modernas sobre la manipulación del cuerpo en nuestra sociedad.

La relación del confucionismo con el cuerpo tuvo dos evoluciones posteriores que se pueden entrever en su acercamiento al trabajo corporal y la actividad física. Si por un lado para Confucio la actividad corporal, y en particular, el tiro con arco, fue un ejemplo para mostrar en términos metafóricos su ideal de la conducta ética, también es cierto, que el neo-confucianismo despreció el trabajo corporal como algo “vulgar” e inferior al trabajo intelectual (Ver en este blog “Confucio y la Escuela de los Letrados”).

Sin embargo, el confucionismo marcó, por ejemplo, en el mundo de las artes marciales como la aportación de una serie de principios de conducta y etiqueta en las escuelas: la vestimenta, las interacciones alumno-maestro, los saludos, en la fidelidad al maestro, etc.

Dentro de la medicina china se puede rastrear la influencia confucionista (y legista) en las analogías que se realizaron desde el punto de vista corporal, entre los órganos y vísceras del cuerpo con los funcionarios de gobierno del país. Una imagen elaborada en los siglos III y II a.C.

En el capítulo “De los Tratados Secretos Guardados en la Casa del Tesoro de Libros del Emperador” dentro del Neijing Su Wen, el corazón fue equiparado con el monarca; los pulmones a los ministros que supervisan la política; el hígado al general que planifica; la vesícula biliar a la oficina de toma decisiones y administración de justicia; el bazo y el estómago a los oficiales que controlan los graneros donde se acumulan los víveres; el intestino grueso al oficial de transporte; los riñones a los oficiales de salud; la vejiga a la oficial regional que acumula fluidos…

Según Sivin (1995) y Unschuld (2004), esta visión del cuerpo respondió a una estrategia política que buscaba legitimar la posición de poder de los gobernantes, en acuerdo con los intereses de los funcionarios o intelectuales de la Corte.

Se pueden rastrear los antecedentes de este proceso en las dinastías Shang y Zhou. En aquellos momentos ya se defendió la figura del gobernador como mediador entre el Cielo y la Tierra y cómo autoridad para gobernar por el “Mandato Celeste” (tian ming).

Este proceso se perfilaría con más profundidad en el siglo III a.C., cuando la dinastía Qin logró unificar por primera vez el imperio chino. Ante un vasto territorio de antiguos reinos el gobierno necesitó elaborar un sistema burocrático jerarquizado, centralizado y unificado.

Sin embargo, será finalmente, la siguiente dinastía Han, la que completó la analogía del Estado como un “microcosmos” que resuena con los ritmos del universo.

Los ciclos del Cielo se adoptaron como referente para hacer política y regular todos los aspectos de la vida social y la conducta personal del Emperador y del Imperio. Microcosmos y Macrocosmos pasaron a establecer una unidad.

Fue en este periodo cuando se fomentó la idea de que la armonía de la sociedad y del país estaba condicionada por el comportamiento del Emperador.

El proceso de equiparación fue tan importante que incluso se adoptó el término “zhi” para designar la intervención frente a la enfermedad. EL mismo término que se utilizaba en la época en política a la hora de actuar para reestablecer el orden en el Estado.

Paul Unschuld incluso añade que el nuevo sistema de comunicaciones que se desarrolló para fomentar el comercio en esta época, también serviría de referente a la hora de establecer la teoría de los meridianos de la acupuntura.

Referencias Bibliográficas

Behuniak, J. (2010). Hitting the Mark: Archery and Ethics in Early Confucianism, Journal of Chinese Philosophy, 36(4), 588-604.

Granet, M. (2013). El Pensamiento Chino, Madrid: Trotta

Hsu, E. (2005). Tactility and the Body in Early Chinese Medicine, Science in Context, 18(1), 7-34.

Junwei Y. (2011). Be a Sedentary Confucian Gentlemen: The Construction of Anti-Physical Culture by Chinese Dynasts Using Confucianism and the Civil Service Examination, Physical Culture and Sport Studies and Research, 51, 40-52.

Sans, T. (2003). Su Wen. Huang Di Nei jing So Ouenn, Madrid: Dilema.

Sivin, N. (1995). State, Cosmos, and Body in the Last Three Centuries B.C., Harvard Journal of Asiatic Studies. 55(1), 5-37.

Sommer, D. (2008). Boundaries of the Ti Body, Asia Mayor, 21(1), 293-324.

Unschuld, P. (2004). La Sabiduría de Curación China. Barcelona: La Liebre de Marzo.

Yu, J. y Bairner, A. (2011). The Confucian Legacy and its implications for Physical Education in Taiwan, European Physical Education Review, 17(2), 219-230.

About Pedro Jesús Jiménez Martín

Profesor Titular de Universidad. Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid. Director del Proyecto de Investigación Cultura Física Oriental.

El Cuerpo “Natural” del Taoísmo Filosófico

Entre las primeras interpretaciones que podemos encontrar dentro de la tradición china, está el cuerpo “natural” descrito en los Capítulos Interiores de la obra filosófica Zhuang Zi, datada en el siglo IV a.C. Estos capítulos se consideran actualmente los más antiguos y quizás los más “originales” dentro de la obra.

En ellos, lo primero que llama la atención es su propuesta de aceptar incondicionalmente el cuerpo tal y como es. En sus palabras: el cuerpo otorgado por el Cielo y el aspecto otorgado por el Tao.

Esta aceptación incondicional queda remarcada a través de múltiples relatos de sabios en dónde se expresa cómo la deformidad del cuerpo, la discapacidad o la falta de atractivo no son un obstáculo para alcanzar el conocimiento y fluir con el Tao.

Es más, el autor incluso indica como un cuerpo deforme como el del Maestro Zhili Shu (con un mentón a la altura del ombligo, los hombros más altos que su cabeza, sus nalgas a la altura del costado…), puede incluso aportar beneficios a la persona como no ser reclutado para el servicio militar, estar exento de los trabajos públicos o recibir más ayuda por su condición en alimento y leña.

Zhuang Zi propone el respeto a la ley natural o a los deseos del Tao con respecto al cuerpo. En la pregunta del Maestro Si al Maestro Yu sobre si está enfadado con el Tao por haber deformado su cuerpo es le responde: “¿Por qué iba a odiarle? Mi brazo izquierdo se transformará en un gallo, y así podré cantar para pronunciar la aurora. Mi brazo derecho, en una bala de ballesta, y así podré cazar búhos y asarlos para la cena (…). Además, ganar la vida es pura circunstancia, perderla, un puro conformarse. Cuando uno se acomoda a las circunstancias ni pena ni alegría pueden entrar. (…) Ahora bien, nada se puede contra el Cielo. ¿Para qué iba yo a sentir odio?” (González y Pastor-Ferrer, 2005:120-121).

Otro matiz muy interesante que incluye la obra es la aceptación de la muerte como un proceso natural. Esta visión se ofrece claramente cuando el Maestro Li, en su enfermedad terminal, le dice al Maestro Lai: “Para un hombre, el Yin y el Yang son más que un padre o una madre. Son ellos quienes me han traído hasta el umbral de la muerte. Si lo rehusara, les desobedecería. Además ¿De qué puedo culparles? La Tierra me ha dado mi cuerpo, me ha dado la labor de mi vida, el ocio de la vejez, y el descanso de mi muerte” (González y Pastor-Ferrer, 2005:122).

Por último, también se puede resaltar que Zhuang Zi también muestra cómo en relación con la búsqueda del Tao, el cuerpo debe considerarse simplemente como un medio y no un fin, e incluso lo rebaja de toda importancia. Zhuang Zi dice: “Cuando la Virtud es grande, el cuerpo se olvida”, y en la historia del maestro Zhili Shu indica cómo este pudo “acabar los días que le Cielo le asignó”.

Esta visión del cuerpo contrasta como mínimo, con los fines de inmortalidad y culto al cuerpo que aparecen después en el taoísmo religioso, sobre todo cuando hoy en día muchas personas asocian a Zhuang Zi como unos de los “padres” de esta tradición.

Respecto al “principio vital” del cuerpo, dentro de los capítulos interiores, Zhuang Zi ofrece tres recomendaciones para “nutrir” este “principio vital” que coinciden plenamente con fórmulas que aparecen descritas en los primeros textos médicos encontrados en las excavaciones arqueológicas de Mawangdui: no buscar el conocimiento infinito cuando nuestra vida es limitada, no caer en los convencionalismos sociales y buscar la ley del mínimo esfuerzo máximo rendimiento.

El filósofo nos propone actuar siguiendo el camino de lo “fácil” y lo “simple”, y para ello muestra una bella historia sobre la habilidad de un carnicero a la hora de descuartizar un buey y su capacidad para no estropear el filo de su cuchillo al seguir en el corte el camino natural de las articulaciones, tendones y ligamentos. Esta idea la complementa además con la noción de “Wu-Wei” de aceptar lo que viene, de fluir con la corriente del río, y de no añadir nada a la vida.

Podemos ver en estas palabras que la noción del cuidado de la energía vital en su obra tiene más que ver a seguir recomendaciones para no “gastar” la energía vital, más que para nutrirla. Una noción en línea a la información sobre las prácticas del cuidado de la salud (yang sheng) que había en la época.

Para Zhuang Zi, el hombre realizado (Zhenren), correspondería a una persona exenta de cualquier preocupación moral, política o social, de cualquier inquietud metafísica, de cualquier afán de eficacia, de cualquier conflicto interno o externo, de cualquier carencia y de cualquier búsqueda, alguien con un espíritu libre que vive en perfecta unidad consigo mismo y con su entorno.

Esta visión vuelve a contrastar con todas las prácticas internas del taoísmo alquímico en busca de la inmortalidad y la trascendencia. Para Zhuang Zi el camino de la meditación era simplemente trabajar con constancia una práctica que denominaba “sentarse en el olvido”.

Para terminar este apartado quiero finalmente destacar cómo esta visión del cuerpo establece importantes temas de reflexión frente: al “culto” al cuerpo de nuestras sociedades occidentales; a los objetivos de salud, longevidad y prevención de enfermedades que persiguen los programas de actividad física saludable; a todas las prácticas corporales que ensalzan la importancia del cuerpo; así como con las teorías correctivas posturales.

Referencias Bibliográficas

Billeter, J.F. (2003). Cuatro Lecturas sobre el Zhuang Zi, Madrid: Siruela.

González, P. y Pastor-Ferrer, JC. (2005). Los Capítulos Interiores del Zhuang Zi, Madrid: Trotta.

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Profesor Titular de Universidad. Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid. Director del Proyecto de Investigación Cultura Física Oriental.

El Cuerpo “Sagrado” desde la Perspectiva Mitológica

Dentro de los relatos mitológicos chinos el cuerpo es presentado como un reflejo del mundo. Un “microcosmos” o representación en miniatura, que contiene en su interior todos los elementos, fuerzas y energías que engloba el universo (macrocosmos).

Esta concepción es la que aparece en relato mitológico de Pangu, el primer ser que nació en la tierra y de cuyo cuerpo, al morir, surgió todo lo que se puede observar en el planeta.

Según recoge García-Noblejas (2004) en el Wuyun linian ji (Crónica de los cinco ciclos del Tiempo) fechado en el siglo III d.C., y en el Shuji ji (Registro histórico de las maravillas del pasado) del siglo IV d.C., cuando Pangu murió su cuerpo se transformó en nuestro Universo.

Su respiración se convirtió en el viento y las nubes, su voz en el trueno, su ojo izquierdo en el sol y el derecho en la luna, las cuatro extremidades y los cinco miembros en los cuatro puntos cardinales y las cinco montañas sagradas, la sangre o sus lágrimas en los ríos Azul y Amarillo, el cabello y el bello en los astros y los planetas, los dientes y los huesos en los minerales y las piedras, etc.

Este relato se asimiló posteriormente dentro del Taoísmo Religioso en varias dimensiones. Por un lado, hubo un proceso de reinterpretación de la misma historia hacia un sistema más complejo de correlaciones con el cuerpo de Lao Zi, y por otro, se desarrolló la visión de que el cuerpo está habitado en su interior por las mismas deidades, energías y fuerzas que gobiernan y componen el universo

Bajo esta última reinterpretación, el cuerpo se transformó no sólo en un templo sagrado poblado con más de 36.000 deidades, también en un marco paisajístico repleto de cielos, estrellas, montañas, ríos, lagos, bosques y palacios por los que el practicante religioso podía literalmente “viajar” a nivel interno, a través de prácticas meditativas de visualización, con el objeto de absorber las energías celestes e incluso alcanzar la unidad con el Tao .

En un inicio se consideró que las deidades del cuerpo tenían libertad de movimiento para entrar y salir del cuerpo, e incluso para comunicarse con el exterior o el interior a través de mensajeros. De hecho, se consideró que la enfermedad era debida a que las deidades habían huido del cuerpo por culpa de los malos hábitos de su portador.

Entre las almas más importantes del cuerpo aparecieron las almas “hun”, conectadas al cielo y asociadas a las virtudes humanas, y las almas “po”, conectadas a la tierra y ligadas al placer sensual.

Del mismo modo, se desarrolló la teoría de que dentro del cuerpo, en el intestino, residían tres “tres gusanos” que eran los que causaban la muerte y la enfermedad.

Podemos ver dibujados estos cuerpos sagrados en los llamados “Gráficos de Luces Internos” o “Gráficos para Visualizar la Verdadera Unidad”. Dibujos que representan tanto a los órganos internos como a diferentes zonas anatómicas, junto a las deidades que los gobiernan o con las que se puede establecer contacto. Dibujos que aluden a una visión “mística” e “interna” del cuerpo. Guías específicas para la visualización en prácticas meditativas.

En el ámbito médico la concepción mitológica del cuerpo también aparece recogida a la dinastía Han, en el Huang Di Neijing (Canon de Medicina Interna del Emperador Amarillo), dentro del modelo teórico de correspondencias que representa la Teoría de los Cinco Elementos.

Un sistema de correlaciones el que los órganos internos aparecen asociados con colores, sabores, formas, sonidos, orientaciones espaciales, estaciones, etc.) y en el que por el principio de “influencia recíproca” se utilizan estos sistemas en los razonamientos de diagnóstico e intervención médica.

La investigadora Elisabeth Hsu (2007) sugiere que la aparición de esta interpretación tiene sus antecedentes en lo que ha identificado como el “Cuerpo Ecológico”. Para ella, antes de la homogenización y estandarización de la medicina china que tuvo lugar en la dinastía Han, había un razonamiento correlación que establecía una clara relación entre las estaciones y la aparición de diferentes enfermedades en las personas.

En este periodo se mantendría una teoría básica de la correlación microcosmos-macrocosmos, entre las cuatro estaciones y sus correspondientes enfermedades basadas en la dinámica del yin y del yang, sin dar especial importancia a los órganos y vísceras internas que se interpretarían como simples intermediarios de manifestación de la enfermedad.

Esta visión desaparecería después por la incompatibilidad del número “cuatro” estaciones con la Teoría de los Cinco Agentes. Esto explicaría por qué el bazo no era citado como órgano anteriormente en los textos.

Según Lloyd (1996) la correlación, es decir, la búsqueda de similitudes, interdependencias y complementariedades entre las cosas es un aspecto distintivo de la cultura china, ya que la cultura griega prefirió explicar la causalidad en base a la noción de simples secuencias de “causa-efecto”. Sin embargo, hay que señalar que dentro de la tradición occidental encontramos ciertos paralelismos de estas ideas en la astrología medieval y el desarrollo de ideas sobre la relación entre las diferentes constelaciones del zodiaco con zonas específicas de nuestra anatomía, así como en la teoría de las gemas o piedras preciosas con carácter curativo, etc.

Referencias Bibliográficas

García-Noblejas, G. (2004). Mitología Clásica China, Madrid: Trotta.

Hsu, E. (2007). The Biological in the Cultural: The five agents and the body ecologic in Chinese Medicine, En: Parking, D. y Ulajaszek, S. (Eds.) Holistic Anthropology: Emergences and Divergences, (91-126 pp), Oxford: Berghahn.

Hsu, E. (2009). Outward Form (Xing) and Inward Qi: The “Sentimental Body” in Early Chinese Medicine, Early China, 32, 103-124.

Ishida, H. (1989). Body and Mind: The Chinese Perspective, En: Kohn L. (Ed.) Taoist Meditation and Longevity Techniques, (41-71 pp), USA: University of Michigan.

Kohn, L. (1991). Taoist Visions of the Body, Journal of Chinese Philosophy, 18, 227-252.

Lloyd, G. (1996). Adversaries and Authorities. Investigations into ancient Greek and Chinese science, USA: Cambridge University.

Maspero, H. (2000). El Taoísmo y las Religiones Chinas, Madrid: Trotta.

Schipper, K. (2003). El Cuerpo Taoísta, Barcelona: Paidos.

Shih-Shan, SH. (2010). Daoist Imagery of Body and Cosmos. Part 1: Body Gods and Starry Travel, Journal of Daoist Studies, 3, 57-90.

Shih-Shan, SH. (2011). Daoist Imagery of Body and Cosmos. Part 2: Body Worms and Internal Alchemy, Journal of Daoist Studies, 4, 33-64.

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Profesor Titular de Universidad. Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid. Director del Proyecto de Investigación Cultura Física Oriental.

Cuerpo en la Tradición China

La interpretación del cuerpo en la tradición china englobó múltiples dimensiones cada cual con sus propias descripciones y objetivos.

Dentro de este apartado del blog se van a presentar el cuerpo “sagrado” de la tradición mitológica china; el cuerpo “natural” del taoísmo filosófico de Zhuang Zi, el cuerpo “ritual” de la tradición confucionista, el cuerpo “energético” de la tradición médica, el cuerpo “trascendental” del taoísmo alquímico y el cuerpo “instrumental” moderno, desde un punto de vista político y deportivo.

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Periodo Azuchi-Momoyama (1568–1603)

Foto Autor: Castillo de Osaka

Este periodo recibe este nombre debido a la expansión de las ciudades-castillo que tiene lugar en esta época y, en particular, a dos de ellos: el castillo de Oda Nobunaga (1534-1582) construido en Azuchi y el palacio de Toyotomi Hideyoshi (1537-1598) en Momoyama (Fushimi), ambos próximos a Kyoto. Sin embargo, esta época también recibe el nombre “Shokujo” tomando el primer ideograma del nombre de Nobunaga y del nombre de Hideyoshi, los dos regentes de este periodo

Se asocia el inicio de este periodo con dos eventos: la entrada de Oda Nobunaga en Kyoto para imponer como nuevo emperador a Ashikaga Yoshikai en 1568, o con la expulsión de Yoshikai y la proclamación de Nobunaga como señor del país, en 1573.

CONTEXTO POLITICO, ECONÓMICO Y SOCIAL

En medio de la lucha de intereses por ampliar territorios entre los sengoku-daimyo que se establece a finales del periodo Muromachi surgieron tres grandes personajes que llevarían a Japón a la unidad nacional: Oda Nobunaga; Toyotomi Hideyoshi y Tokugawa Ieyasu (1542-1616).

Nobunaga salto al panorama militar japonés cuando derrotó al clan Imagawa en su intento de conquistar Kyoto. Poco después, en 1568, Nobunaga decidió entrar en la capital para proclamarse protector de Ashikaga Yoshikai, si bien le obligó a aceptar que todas las decisiones políticas las adoptaría él.

En el proceso de unificación nacional, Nobunaga tuvo que superar a muchos adversarios: 1) los monjes budistas armados, de las sectas Tendai, Ikko y Negoro; 2) los mercaderes de Sakai; y 3) los daimyo de otras regiones como: Takeda, Uesugi, Hojo, Mori y Shimazu.

En 1573, tras vencer a los monjes budistas armados, expulsó de Kyoto a Yoshikai por haber conspirado contra él, y se alzó como el verdadero dueño del país. Además, decidió establecer una política de control sobre el clero budista y sintoísta confiscando parte de sus tierras; colocando al mando de las instituciones religiosas a gente de su confianza; y apoyando al cristianismo.

En el contexto político, Nobunaga creó un organismo central administrativo compuesto por Cuatro Consejeros Administradores (otona) que controlaron a dos grupos de vasallos: los vasallos fieles desde su origen (hudai-daimyo) y los nuevos vasallos recién sometidos (shinki-daimyo).

Para controlar a los vasallos nuevos obligó a cada señor a: 1) conservar un solo castillo-residencia en su territorio y transformar sus armas en útiles de labranza; 2) participar en la primera línea del frente bélico; y 3) estableció una política de movilidad y traslado de territorio (kuni-wari y Kuni-gae) ubicando a sus vasallos más files en los lugares estratégicos.

La política de Nobunaga desde un punto de vista económico se puede resumir en que: 1) buscó el control catastral de la propiedad de la tierra en los territorios conquistados y generó un nuevo modelo de medición de la tierra que se convertirá después en el “koku” de su sucesor Hideyoshi; 2) separó a la clase militar de la tierra y cortó la posibilidad de que personas de “rango inferior” pudiese ascender a una posición de poder; 3) unificó pesos y medidas y potenció la homogenización monetaria para dar prioridad a las moneda de oro y plata en la transacción comercial; 4) fomentó el desarrollo del comercio asegurando la libre circulación de mercancías, quitando los impuestos aduaneros y poniendo bajo el control de la institución militar a los gremios artesanos y a los comerciantes; y 5) potenció el intercambio comercial con los portugueses, concediendo la autorización a los misioneros para residir en Japón, erigir iglesias y predicar la fe cristiana.

En el contexto marcial, hay que señalar que la introducción de las armas de fuego en Japón cambió el formato de la guerra. La batalla pasó a implicar grandes masas de soldados a caballo y luchas masivas con artillería y los castillos pasaron a construirse estratégicamente en anillos concéntricos para poder hacer frente a las armas de fuego. En este periodo se construyeron los castillos de Himeji, Osaka, Kanagawa, Wakayama, Kochi, Hiroshima, Edo, Okayama, Kofu, Fushimi, Sendai, Kumamoto, Hikone, Yonezawa, Shizuoka y Nagoya.

Nobunaga y su hijo mayor morirían en 1582, traicionados por el general Akechi Mitsushide. A su muerte, Nobunaga había dejado conquistado un tercio del territorio japonés que después supo ampliar su sucesor Toyotomi Hideyoshi. Una persona de origen humilde que supo llegar a lo más alto.

Hideyoshi había sido un general que ayudó a Nobunaga en sus batallas. Cuando Nobunaba fue traicionado y asesinado decidió regresar a la capital para dar muerte al traidor.

En la sucesión de gobierno el heredero natural de Nobunaga era su nieto, pero como todavía era menor de edad se estableció un Consejo de Cuatro Regentes con funciones tutelares.

Hideyoshi entre ellos, aprovechó su responsabilidad de proteger la capital para eliminar a los otros tres tutores, establecer alianzas con los antiguos vasallos de Nobunaga (incluido Ieyasu Tokugawa) y finalmente, en 1585 se hizo con el poder bajo el título de Regente Imperial (Kampaku) ubicando su residencia en el castillo de Osaka. Hideyoshi conseguiría unificar finalmente el país.

En el contexto político, Hideyoshi reivindicó en su persona los máximos poderes civiles y militares, aunque presentó su apoyo al emperador Go-Yozei del que recibió el apellido Toyotomi y el título de Gran Ministro.

Su fórmula de gobierno fue de unificación en un país descentralizado. El equilibrio lo encontró en una astuta política de equilibrio entre poder, lealtad y disposición estratégica entre los diferentes grupos de daimyo que controlaba.

Por un lado, estableció un sistema de rangos cortesanos para diferenciar entre los grandes daimyo “independientes”, los vasallos fieles de Nobunaga y los daimyo de su propio clan; y por otro, asumió una astutas estrategias para controlar a los daimyo “externos”: trasladó geográfico de los señores feudales para alejarlos de sus zonas de influencia y puso en su lugar a sus allegados; estableció juramentos de fidelidad y entrega de rehenes (esposas y herederos); y obligó la construcción de residencias próximas a su palacio junto a alianzas matrimoniales.

En su política exterior Hideyoshi fue muy ambicioso y no se conformó con establecer lazos comerciales con el extranjero, ni con convertir a Osaka en el puerto más importante de Japón central, también quiso conquistar China.

En su proyecto, primero se lanzó en 1592 a conquistar Corea. Sin embargo, el ejército japonés pronto tuvo que gestionar allí una victoria “negocia” con China cuando vieron sus grandes ejércitos.

Hideyoshi pidió una princesa china como consorte del emperador japonés, la división equitativa de Corea en sectores chino y japonés, el establecimiento de un gobernador general japonés en Corea y el libre comercio entre China y Japón. Pero ante la falta de respuesta desde China, mandó una segunda invasión 1597 que se disolvería con la muerte de Hideyoshi en 1598.

Próximo a su muerte, Hideyoshi creó el Consejo de Cinco Regentes (Go-Tairo) compuesto por los daimyo externos más poderosos a los que obligó por juramento mantener la paz: Tokugawa Ieyasu, Maeda Toshiie, Uesugi Kagekatsu, Mori Terumoto y Ukita Hideie.

En el contexto económico Hideyoshi creó un nuevo sistema de medición de la tierra basado en el “koku” de arroz (180 litros), de modo que un daimyo era el señor que poseía un mínimo de 10.000 kokus; mejoró el sistema catastral de Nobunaga con la Reforma Taiko-Kenchi (1582-1588) de modo que la tributación anual se estableció en función del grado de fertilidad de la tierra; estableció la unidad administrativa de la aldea (mura) para el control del pago de impuestos; favoreció el libre movimiento de los comerciantes, eliminó aduanas y acuñó monedas de fabricación nacional de oro y de plata.

A nivel social mantuvo la separación entre la clase campesina y la guerrera, y continuó la política de control sobre las armas imponiendo, en 1588, una ley nacional para requisar espadas, armas de fuego y demás instrumentos de lucha a todos los rangos sociales que no fueran militares. También prohibió el cambio de clase social en 1590, fijando finalmente cuatro clases sociales: militares, agricultores, artesanos y comerciantes. En estas fechas aparece la figura del guerrero sin amo (ronin).

CONTEXTO RELIGIOSO

El elemento más destacado desde un punto de vista religioso en esta época fue la expansión y el declive del cristianismo.

En el periodo Muromachi el cristianismo portugués había sido el primero en llegar a Japón. Los jesuitas portugueses llegaron a través de Kagoshima (extremo sur de Kyushu) en el año 1549.

En esas fechas las figuras más importantes fueron Francisco Xavier, Cosme de Torres, Juan Fernández y el intérprete japonés Anjiro. El problema que se encontraron fue el inicio del periodo Sengoku que llevó a una instabilidad tan grande al país que no pudieron realmente hacer nada.

En 1579, cuando ya se ha establecido una cierta unidad nacional bajo la figura de Nobunaga, llegó a Japón Alexandro Valignano, el verdadero impulsor de la misión cristiana en el país. Prueba de ello es que tan sólo tres años después de su llegada se calcula que ya había 150.000 fieles y más de 200 iglesias por todo el país.

Valignano utilizó como principales estrategias “evangelizadoras” la adopción de términos japoneses para explicar el cristianismo; potenció un clero nativo;creó escuelas que sólo admitían a los hijos de los daimyo; divulgó los conocimientos europeos (música, pintura, astronomía, filosofía, teología); y facilitó el comercio de la seda con del continente.

Valignano consiguió además organizar el envío de la primera delegación japonesa a Roma en 1582. Delegación que fue recibida por el Papa Gregorio XIII en 1585 (No será después, hasta el año 1613 cuando se envíe una segunda embajada a Roma de 150 japoneses).

En1584, dos años después de la muerte de Nobunaga, llegó a Japón el cristianismo españolcon dos franciscanos, Antonio Cayado y Juan Pobre de Sanlúcar y dos agustinos, Francisco Manrique y Pablo Rodríguez.

Sin embargo, llegó en peor época. Si Nobunaga fue tolerante con el cristianismo, Hideyoshi lo persiguió al ver el poder que estaban amasando en Nagasaki y desconfiar de que el cristianismo fuese una “avanzadilla” europea para conquistar Japón.

Se calcula que en 1582 había unas 200 iglesias y 150.000 conversos, todo por obra de 75 sacerdotes. En 1587, Hideyoshi manifestó que Japón era la tierra de los kami y declaró herética la religión cristiana prohibiendo su difusión y confiscando las propiedades de la iglesia en Nagasaki.

En 1596, el barco español San Felipe encalló en Shikoku y expandió el rumor de que el rey de España primero quería someter a los japoneses con el cristianismo para después conquistarlo por las armas.

Ese año Hideyoshi mandó crucificar a 26 cristianos, entre ellos algunos misioneros, en Nagasaki y confiscar las tierras de los daimyo cristianos. Empezaron así las primeras persecuciones cristianas. Dos años más tarde muere Hideyoshi.

Se puede establecer el final de periodo Momoyama en tres fechas: la victoria de Tokugawa Ieyasu en la batalla de Sekigahara en 1600; la proclamación de Ieyasu como Shogun en 1603; o la conquista el castillo de Osaka y el exterminio del linaje Toyotomi en 1615.

Referencias Bibliográficas

Kondo, A. (1999). Japón. Evolución histórica de un pueblo (hasta 1650), Guipúzcoa: Nerea.

Whitney, J. (1993). El Imperio Japonés, Madrid: Siglo XXI.

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Periodo Muromachi (1333-1573)

Foto Autor: Ginkakuji (Kyoto)

CONTEXTO POLÍTICO

Este periodo abarca el gobierno del clan Ashikaga en Kyoto durante 230 años, empezando con Ashikaga Takauji (1305-1358) para extenderse durante 15 generaciones.

El mandato no fue sencillo al inicio. La rivalidad con el exemperador Godaigo y sus seguidores cortesanos fortificados en Yoshino, supuso un periodo que se llamó las “Dinastías del Norte y del Sur” que no se resolvió hasta el año 1392.

A nivel político, el objetivo del clan Ashikaga fue resucitar el poder militar en todo el ámbito nacional. Algo que se consiguió ya que el Shogun se convirtió en el único poder efectivo de la nación (pudiendo dictar órdenes en nombre del emperador), y los cortesanos pasaron a depender económicamente de los gobernadores militares a la hora de poder recibir cualquier tipo de ingreso desde las provincias.

Sin embargo, el Bakufu Muromachi mantuvo muchos elementos del sistema administrativo Kamakura. Se mantuvo el sistema de una administración centralizada, si bien se basó en una Junta Suprema gestionada por un sistema tripartito (san-han-rei) de tres clanes familiares.

La administración provincial siguió en manos de la clase militar, si bien el poder quedó exclusivamente en la figura del gobernador militar, y acogió un “sub gobierno” autónomo en Kamakura, cuyos miembros fueron elegidos por la familia Ashikaga, para vigilar las 8 provincias de la región de Kanto.

Esta fórmula administrativa abrió la puerta a que los gobernadores militares se convirtiesen en señores feudales de varias provincias. De hecho, fue aquí donde nacieron los grandes terratenientes militares (Shugo-Daimyo) que caracterizó a la época Muromachi.

Estos señores llegaron a acumular tal fuerza económico-militar que empezaron a distanciarse del Shogunado e incluso a competir con él. Tanto es así que finalmente estalló la Guerra de Onin (1467-1477). Un conflicto que terminó debilitando de tal manera el gobierno centralizado Ashikaga que finalmente el país se sumió en una época oscura de grandes enfrentamientos entre señores “feudales”, conocido como Sengoku-Jidai Y que duraría 100 años. Hasta la entrada de Oda Nobunaga en Kyoto en 1568.

CONTEXTO ECONÓMICO

Durante el periodo Muromachi el país experimentó un importante desarrollo económico favorecido por la mejora en la agricultura, gracias a la mejora en las herramientas de trabajo y en los métodos de irrigación de los campos; un mayor uso de animales de tiro; y la introducción de nuevos productos como como la soja y el té.

Además, también se empezó a desarrollar una especialización laboral que dio lugar a gremios de artesanos, carpinteros, herreros, tejedores, constructores de tejados, etc. bajo la protección de algún templo o familia aristocrática. Comerciantes que ganaron el derecho al monopolio de determinados productos.

Un indicador significativo del crecimiento económico fue el mayor empleo en el uso de la moneda como sistema de valor e intercambio. Moneda que, por cierto, era importado de China.

Con la moneda aparecieron grupos de prestamistas y cambistas y cartas de crédito para manejar grandes sumas de dinero. Pero también, ciudades basadas en el comercio, interesadas en abrir rutas comerciales con el continente. Un interés que pronto se tuvo que enfrentar con la piratería, y con ella, a importantes tensiones con China.

Los últimos años del periodo Muromachi trajeron además los primeros contactos comerciales con Occidente. Portugal desde Macao y España desde Filipinas, se habían abierto a conquistar el Nuevo Mundo.

El primer encuentro directo con Occidente tuvo lugar en 1543, cuando el portugués Antonio Damoa encalló en Tanegashima con un barco de bandera china. En este contacto, los portugueses dieron a conocer a los japoneses las armas de fuego, la pólvora y los métodos para su fabricación.

Más tarde, en 1546, llegarían tres barcos mercantes portugueses a las costas de Kyushu, dando el monopolio comercial de Japón a los portugueses hasta el año 1587, en que llegarían los primeros barcos españoles.

CONTEXTO CULTURAL

El periodo Muromachi representó un momento de notable florecimiento cultural y económico en el país. Los argumentos que explican esto, según Whitney (1993) son:

1) La integración de la clase militar en la cultura de la aristocracia. Esto facilitó el interés entre los bushi por la etiqueta, la poesía, la música y la literatura,

2) La expansión de relaciones entre Japón y el continente chino. Gracias a la construcción de barcos que se produjo para hacer frente al frustrado ataque mongol, Japón pudo desarrollar continuas relaciones con la corte Ming. Relaciones que esta vez estuvieron enfocadas en las artes, la técnica y la religión.

3) El rol de difusión de la cultura y las artes de los monasterios Zen. En el periodo Muromachi, la élite social tomó a muchos monjes zen como sus consejeros y compañeros de inquietudes estéticas. Un ejemplo fue monje zen Muso Soseki (1275-1351) consejero espiritual del Shogun Ashikaga Takauji, y principal benefactor en la construcción del monasterio Tenryu de Arashiyama en 1345.

Este florecimiento cultural y artístico alcanzó su cénit con las figuras de Ashikaga Yoshimitsu (1358-1408), el tercer Shogun del linaje, y Ashikaga Yoshimasa (1435-1490), el octavo Shogun Ashikaga. Con el primero se construyó, en el año 1397, el Pabellón de Oro (Kinkakuji), y con el segundo, en el año 1489, el Pabellón de Plata (Ginkakuji).

Durante el reinado de Yoshimasa en particular, surgió la cultura Higashiyama (1483-1490) en la que floreció la ceremonia del té (Chadō) y su cerámica, el arreglo floral (Ikebana), el teatro japonés (y Kyogen), la pintura china (Sumi-e) y los conceptos de estética sabi, wabi y shibumi.

En la arquitectura se introdujeron nuevas ideas como el empleo de maderas naturales, la fusión con el paisaje, el uso de pilares oscurecidos sin pintar. las paredes blancas, el uso del tatami para recubrir todo el suelo, el tokonoma como sala para mostrar objetos artísticos, y la creación de jardines de musgo y de roca para la contemplación, elementos que se asocian hoy a la arquitectura genuinamente japonesa.

El periodo Muromachi ganó las aportaciones de grandes personajes en la historia de Japón como Zeami Motokiyo (1363-1443) en el mundo del teatro ; Sesshu Tōyō (1420-1506) en el mundo de la pintura china; o Kanō Masanobu (1434-1520) creador de la escuela de pintura Kanō caracteriza por el uso de láminas de oro en los fondos con escenas costumbristas y paisajes.

CONTEXTO RELIGIOSO

En 1386, Ashikaga Yoshimitsu decidió organizar oficialmente a las escuelas del budismo Zen. El sistema consistió en poner en la cima al templo Nanzen como cabeza principal, seguido en planos descendentes por los cinco templos de Kyoto (Gozan, Cinco Montañas): Tenryu, Shokoku, Kennin, Tofuku y Manju; los cinco templos (Gozan) de Kamakura: Kenchi, Engaku, Jufuku, Jochi y Jomyo, y finalmente, los “Diez Filiales” (Jissatsu) que abarcaban 70 templos provinciales y unos 200 templos locales.

Lo más destacado del Zen en esta época es que se desarrolló un importante debate entre los monjes “urbanos” (shukke), recluidos dentro de los monasterios de las ciudades y con una vida implicada con la Corte, y los monjes “puros”, recluidos en la soledad de las montañas (tonseisha).

Para los monjes recluidos, el asilamiento representaba un ideal religioso (de influencia taoísta) en el camino hacia la trascendencia y la iluminación, de modo que rechazaban a los monjes urbanos presos de aspectos burocráticos.

Sin embargo, muchos de los monjes de los templos urbanos rechazaron esta idea como algo simplista, y aludieron a que la verdadera reclusión no tiene nada que ver con el lugar en el que se habita sino con la mente. Para ellos, cuando una persona ha conseguido la paz mental puede mantenerse recluido a nivel mental incluso rodeado por las escenas bulliciosas de la capital.

La visión del “Ermitaño en la Corte” que vive en la capital y participa activamente en la sociedad y la política de la Corte, tuvo sus raíces en China, donde se afirmaba que uno no tenía por qué apartarse a una cueva o vivir en la naturaleza virgen para alcanzar la pureza; y se apoyó en el concepto de “no-dualidad” Mahayana que mostraba que hablar de “sagrado” y “profano” era caer en un dualismo contrario a las enseñanzas.

Tan malo es detestar el mundo como regodearse en la liberación. Un maestro iluminado considera que su iluminación siempre es compatible con el mundo ordinario.

Además del florecimiento de la cultura Zen, los últimos años del periodo Muromachi trajeron también el cristianismo de manos de portugueses y españoles.

El Shogunato Ashikaga fue lo suficientemente tolerante con la nueva religión como para que esta lograse finalmente expandirse por toda la zona occidental y centro-occidental del país (desde Kyushu hasta la región de Kinki).

Pero la expansión del cristianismo entre la población japonesa no fue exclusivamente por motivos religiosos. También fue importante el gran interés que existió entre los grandes daimyo por el beneficio potencial que tenía apoyar a los misioneros para obtener beneficios comerciales, y sobre todo, para tener acceso a las armas de fuego.

Referencias Bibliográficas

Kondo, A. (1999). Japón. Evolución histórica de un pueblo (hasta 1650), Guipúzcoa: Nerea.

Whitney, J. (1993). El Imperio Japonés, Madrid: Siglo XXI.

Parker, J. (1995). The Hermit at Court: Reclusion in Early Fifteenth-Century Japanese Zen Buddhism, Journal of Japanese Studies, 21 (1): 103-120.

About Pedro Jesús Jiménez Martín

Profesor Titular de Universidad. Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid. Director del Proyecto de Investigación Cultura Física Oriental.

Psicomotricidad Relacional y Terapéutica. André Lapierre

André Lapierre (1923-2008), de nacionalidad francesa, cursó estudios de educación física en École Normale Supérieur de Éducation Physique de París, si bien, su interés pronto se enfocó hacia el ámbito de la psicomotricidad y, en particular, a integrar los trabajos sobre el desarrollo evolutivo en el niño de diferentes investigadores como Jean Piaget o Henry Wallon, dentro de esta disciplina.

Durante muchos años se dedicó a trabajar en la reeducación física y la educación física especial, y en 1968, junto a Bernard Aucouturier, fundó la Sociedad Francesa de Educación y Reeducación Psicomotriz que se convirtió en su momento, en un referente internacional en el ámbito de la reeducación psicomotriz.

Poco a poco, Lapierre y Aucouturier se empezarían a desligar de la psicomotricidad más “instrumental”, centrada en el desarrollo intelectual, para enfocarse en la investigación sobre la psicomotricidad vivencial y terapéutica.

Para Lapierre, el cuerpo no era sólo un instrumento al servicio del pensamiento (un instrumento a conocer para “conocer mejor”), también era un lugar de placer y displacer y una fuente de pulsiones y de expresión de los fantasmas individuales y colectivos de nuestra sociedad al servicio del inconsciente.

Los primeros pasos de sus investigaciones terapéuticas quedarían reflejados en sus obras “Simbología del Movimiento” y “Bruno: Psicomotricidad y Terapia”, publicadas a mitad de los años 70. Los últimos pasos con Aucouturier quedarían registrados en la obra “Fantasmas corporales y práctica psicomotriz en educación y terapia: las carencias del cuerpo”.

Aucouturier se separaría de Lapierre en 1980 para desarrollar su propio método de intervención psicomotriz que denominó Practica Psicomotriz Aucouturier. Un método menos intervencionista por parte del terapeuta respecto a Lapierre.

La obra de Lapierre finalmente evolucionó hacia el armado de una Psicomotricidad Relacional de carácter psicoanalítico, enfocado en trabajar, a través del cuerpo, las represiones, los fantasmas y los conflictos emocionales inconscientes estancados en la primera infancia.

Por último, se puede destacar también que Lapierre vio muy importante incorporar su visión dentro la educación infantil y elemental normalizada, si bien fue consciente de las dificultades que ello suponía,

BASES DE LA PSICOMOTRICIDAD RELACIONAL

La Psicomotricidad Relacional de Lapierre se erigió sobre dos elementos esenciales: la pulsión y el fantasma.

La pulsión es un término de origen psicoanalítico que hacer referencia a los impulsos biológicos. El impulso de vida, el deseo, cuya meta principal es la satisfacción de las necesidades fisiológicas para la supervivencia. Un elemento primario que actúa como motor para el desarrollo de la personalidad.

Lapierre vio en la actividad motriz espontánea una forma de expresión de esas pulsiones. Para él, la expresividad motriz espontánea es una fórmula en dónde la persona muestra y manifiesta su forma original de ser, estar, sentir, decir y pensar.

En enlace con el “fantasma” se establece al considerar que esa motricidad espontánea está condicionada por una historia afectiva, un entorno y un contexto sociocultural. El movimiento espontáneo actúa entonces como la expresión del inconsciente. Un medio desde el que se expresan los bloqueos emocionales instaurados en la primera infancia en la persona.

Lapierre llegó a comparar el análisis de la motricidad espontánea contextualizada con la capacidad que tienen los sueñoS para acceder al inconsciente que defendió Freud.

El fantasma lo identificó así, como un proceso imaginario inconsciente, capaz de motivar unos comportamientos de los que el sujeto no tiene conciencia. Un producto estructurado en torno a una vivencia emocional (placer o displacer) anterior a la aparición de la conciencia y que ha quedado grabada en el inconsciente. Una vivencia imaginaria del cuerpo en su relación con el otro y con el mundo, que condiciona toda su vida relacional y su desarrollo como persona.

La “fantasmática corporal” (como llegó incluso a denominar a su método) se convirtió en el centro del campo de investigaciones de Lapierre como la posibilidad de un trabajo terapéutico sobre las represiones y los deseos inconscientes del individuo.

Para poder afrontar una capacidad de intervención práctica, Lapierre investigó la relación entre las fases evolutivas identificadas en el bebé y el infante y los bloqueos emocionales que podían surgir en el proceso, según las teorías psicoanalíticas del momento.

El núcleo de trabajo de la Psicomotricidad Relacional se ubicó finalmente en restablecer la armonía frente a todos los conflictos que surgen en la persona como consecuencia de la ruptura del proceso “fusional” que se produce con el nacimiento y en el desarrollo de una identidad propia separada del otro.

El estado “fusional” se identifica como la indiferenciación total con la madre que experimenta el feto en el entorno intrauterino. Un momento en el que todas las necesidades están cubiertas, en el que no hay deseo, ni frustración, ni tampoco diferencia entre interior-exterior, ni entre el yo y el no-yo.

Con el nacimiento se rompe ese estado y se crea una sensación de “carencia” que se va a intentar “compensar” posteriormente a través de diferentes estrategias. Para Lapierre, según sea apoyado o no ese proceso, se producirán fijaciones y bloqueos emocionales en la persona que pueden condicionar su vida relacional y su forma de estar en el mundo.

En un primer momento el bebé reencontrará de nuevo la unidad fusional a través de un contacto corporal estrecho, de máxima superficie y con actitud de “envolvimiento” con la madre o con el padre. Una acción que le ayudará a superar la sensación de un cuerpo fragmentado al que llegan múltiples estímulos sin coordinación alguna.

En paralelo se bebé se verá envuelto en el desarrollo de su identidad, en el reconocimiento de sí mismo como alguien diferenciado del otro. Esto supone, por un lado, superar el sufrimiento y la sensación de pérdida (muerte) que se produce cada vez que se separa el adulto, y por otro, frustración y agresividad, al tener que aceptar que no puede poseer el cuerpo de la madre o el padre total y eternamente.

El infante poco a poco entrará en un proceso de “sustitución simbólica” para construir lo que Lapierre identifica como un nuevo “espacio fusional” compensatorio. Un espacio de comunicación que le aporta el contacto con el otro y que estará representado por el mundo de los gestos, las miradas, la voz y los objetos.

En este momento, la necesidad del ser será compensada por la necesidad de tener. Tener comunicación con el otro, tener la mirada del otro, tener objetos, etc., es tener el cuerpo del otro. El problema aquí es que se establezca un equilibrio entre dar y recibir, escuchar y ser escuchado, etc., que podrán los pilares para una vida relacional equilibrada.

Más adelante el reto será la armonización del desarrollo de la sexualidad (reflejo del deseo de fusionalidad), y del deseo de fusión con la Naturaleza y el Universo (trascendencia) como fórmulas sustitutivas del deseo de fusionalidad.

Respecto al sentido de identidad, serán esenciales las experiencias iniciales que faciliten vivenciar la totalidad del cuerpo (aquí serán claves las dinámicas de equilibrio y desequilibrio, los juegos de balanceos, giros, saltos en profundidad y las caídas. Situaciones con gran carga emocional), pero también el desarrollo armónico de ciertas fases de agresividad (el “no” y el “no quiero”, la aparición de juegos de lucha, de enfrentamiento con el adulto, etc.), oposición y dominación que buscan la afirmación de uno mismo.

INTERVENCIÓN CON LAS PRIMERAS EDADES

Uno de los aspectos más importantes del trabajo de André Lapierre es la importancia que concedió a intervenir corporalmente con las edades más tempranas. Lapierre adoptó esta idea al observar como muchos niños de la educación elemental ya presentaban muchos problemas relacionales.

Para él, la escuela elemental era un detonador de los conflictos latentes o ya evidentes en el niño, que procedían de una etapa anterior. De hecho, Lapierre había observado como a los 18 meses el infante está ya muy estructurado y muestra un carácter y un comportamiento muy diferenciados.

Esta aportación es sumamente importante porque supone buscar el origen, el punto de partida donde se generan los bloqueos y desequilibrios. Una visión preventiva que nos recuerda que en realidad cuando tratamos al adulto estamos en la periferia del problema.

Bajo esta visión es fácil comprender la gran importancia que concedió a analizar la psicología evolutiva y relacional de la persona desde la gestación, nacimiento y primeros años de vida, para identificar los diferentes retos a los que debe ir enfrentándose la persona, desde un punto de vista psicoanalítico.

MÉTODOS DE INTERVENCIÓN

En la intervención, Lapierre supo aprovechar todo el bagaje que había desarrollado previamente con respecto a la psicomotricidad instrumental y vivencial y, en particular, todos los descubrimientos simbólicos que había descubierto con relación a las nociones de intensidad, velocidad, dirección, situación, orientación, relación, distancia; a las “vivencias de oposición” como el equilibro-desequilibrio, alto-bajo, horizontal-vertical, grande-pequeño, débil-fuerte, tensión-relación, sólo-acompañado, acuerdo-desacuerdo; y al trabajo artístico con materiales maleables (arena, arcilla, plastilina, agua), etc.; si bien, reinterpretados terapéuticamente a partir de la creación de situaciones simbólicas que le permitían trabajar sobre la “fantasmagórica” corporal.

Las tres condiciones que imponía en esas situaciones simbólicas que diseñaba para asegurar un diálogo entre el terapeuta y la persona, eran:

– Asegurar la expresión de una motricidad espontánea. Aquí Lapierre consideró esencial romper la distancia entre el cuerpo del terapeuta y el paciente, y superar la noción de tabú y sacralidad del terapeuta que dificulta la espontaneidad del paciente.

– Preeminencia de la persona sobre el grupo. Dar importancia al trabajo individualizado en la persona con problemas para poder controlar, entender y analizar todo el proceso de “apertura” que alcanza la persona.

– Adecuar el uso del Lenguaje. Favorecer el trabajo a partir de sonidos no estructurados, el grito y la mímica, y reintroducir sólo el lenguaje verbal al final, con el fin de racionalizar y asimilar la vivencia experimentada.

Este último aspecto es muy interesante. Lapierre reflexiona que sin hasta los 2 años aproximadamente el niño no tiene acceso al lenguaje ni al pensamiento verbal, la construcción de la personalidad hasta ese momento se ha realizado a través de vivencias esencialmente psicomotrices hechas de sensaciones con connotaciones tónico-afectivas y emocionales no conceptualizadas.

Según esto, el discurso verbal no es suficiente para alcanzar las capas profundas de la personalidad, es necesario hablar otro lenguaje. Un lenguaje corporal, psicomotor y psico-tónico a través de situaciones que recreen las cargas afectivas y emocionales del diálogo inicial con el cuerpo del otro.

“Esta regresión a modos de comunicación arcaicos es lo que constituye el principio fundamental de la terapia psicomotriz” (Lapierre y Aucouturier, 1984:66).

Referencias Bibliográficas

Lapierre, A. y Aucouturier, B. (1984). El Cuerpo y el Inconsciente en Educación y Terapia, Barcelona: Científico Médica.

Lapierre, A. y Aucouturier, B. (1985). Simbología del Movimiento. Psicomotricidad y Educación. Barcelona: Científico-Médica.

Mayoral, A. (2008). André Lapierre: De la Reeducación Física a la Psicomotricidad Relacional, Revista Internacional de Ciencias del Deporte, 4 (12), 1-3.

About Pedro Jesús Jiménez Martín

Profesor Titular de Universidad. Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid. Director del Proyecto de Investigación Cultura Física Oriental.

Bioenergética. Alexander Lowen

Alexander Lowen (1910-2008) nació en Estados Unidos y se formó en derecho y medicina. Según Miller (2010) su interés por las técnicas corporales surgió de su propia vida personal. En una familia conflictiva y en medio de la gran depresión norteamericana de 1930, Lowen encontró en el ejercicio físico un medio para poder escapar de los sentimientos depresivos.

Alexander Lowen empezó su recorrido sólo, pero cuando Wilhem Reich llegó a Estados Unidos huyendo de la persecución nazi, pronto se decidió a estudiar con él, manteniendo el contacto entre 1940 y 1952.

De Reich asumiría cuatro importantes ideas: la terapia exclusivamente verba es insuficiente y la defensa de la interdependencia entre cuerpo y psiquismo (defensas psíquicas y coraza muscular); la interpretación de las actividades mentales y psíquicas en términos de procesos energéticos; el importante papel de la respiración y la sexualidad en la salud; y la noción de que el ser humano está conformado por una serie de capas superpuestas, en donde la parte más externa se corresponde a la parte más dependiente de la adaptación social y la más profunda a la parte más espontánea, natural y primaria, quedando en medio un estrato de defensas musculares.

Sin embargo, en 1956 empezó a recorrer un nuevo camino junto a John Pierrakos (1921-2001) creando juntos el Instituto de Análisis Bioenergético. Con la deriva que habían tomado los estudios de Reich en Estados Unidos, Lowen pronto quiso alejarse de él y empezó a mostrar las diferencias de su método.

Entre las más importantes figuran: la noción de “enraizamiento” (sentir los pies en el suelo) y el trabajo de pie, como fórmula para dar seguridad a la persona en el trabajo que se estaba desarrollando; la importancia del placer en sentido amplio en vez de asociado exclusivamente a la sexualidad; la noción del movimiento de la energía desde el corazón hacia el resto del cuerpo en vez de la cabeza a los pies; el desarrollo de sus propias tipologías corporales en base a los bloqueos musculares; el énfasis en los trabajos respiratorios; y la afirmación de su capacidad de poder leer el cuerpo y saber a qué edad la persona quedó bloqueada.

John Pierrakos se separó de Lowen en los años 70, cuando empezó a mostrar interés por investigar sobre aspectos más espirituales y sobre las fuerzas transpersonales en el trabajo corporal. Pierrakos crearía su propio método conocido como Core-Energética.

BASES DE LA BIOENERGÉTICA

La bioenergética se enmarca dentro de las teorías psicoanalíticas que incluyen el trabajo corporal en el tratamiento del paciente. La idea de base es intervenir a nivel corporal para ayudar a tomar conciencia de los traumas y represiones, y después, tratarlos psicoanalíticamente.

En la bioenergética se considera que el cuerpo es como un “diario inconsciente” en el que quedan inscritos los conflictos más relevantes de la persona desde el punto de vista emocional.

Lowen diferenció cuatro capas la persona: 1) la capa del “Ego”, la más superficial, que muestra las defensas emocionales a través de la negación, la proyección, el reproche, la desconfianza, la racionalización o la intelectualización; 2) la capa “Muscular”, en un plano intermedio, es la “armadura” que protege a la persona de los sentimientos reprimidos que no se atreve a expresar; 3) la capa “Emocional”, interna, tiene que ver con las emociones y conflictos reprimidos con relación a la cólera, el pánico, la desesperación, la tristeza y el dolor; y 4) la capa del “Corazón”, el núcleo central de la persona en lo más profundo.

Para Alexander Lowen, el corazón representa el lugar más profundo de la persona, y nos recuerda expresiones de la vida cotidiana que dan evidencia de ello: “ir al corazón del asunto”, “me ha llegado al corazón”, “con el corazón en la mano”, etc.

El sentimiento que ve asociado al corazón es el amor, la alegría de vivir y la franqueza.  En el trabajo bioenergético se irá “desbloqueando” capa a capa el cuerpo, para que el corazón de la persona se vuelva a expresar y pueda volver a sentir placer por la vida, espontaneidad y vitalidad.

NOCIÓN DE ENERGÍA

Se puede definir la bioenergética como el estudio de la personalidad humana en función de los procesos energéticos del cuerpo.

El primero en hablar sobre los procesos bioenergéticos en el cuerpo fue Wilhem Reich. Para Reich, toda persona, al igual que el universo, está dotada de una energía universal que identificó bajo el nombre de “orgón”.

La cantidad de energía que tiene un individuo y la forma de canalizarla configura su personalidad. La regla es que todo exceso de energía produce una tensión que debe liberarse para recobrar el equilibrio inicial. Cuando no se puede liberar el exceso de energía, la tensión que se genera en el cuerpo se expresa en forma de “coraza” o “armadura” muscular.

MÉTODOS DE TRABAJO

Los métodos prácticos que propone la bioenergética para poder liberar los nudos y las tensiones anclados en el cuerpo por el exceso de energía y favorecer el libre flujo de la energía en el cuerpo son principalmente: el enraizamiento, el movimiento, la respiración, la expresividad, la manipulación.

– El Enraizamiento. Estos ejercicios tienen como objetivo “anclar”, “dar apoyo” a la persona, “asentar” al individuo sobre la tierra a través de sus pies para ofrecerle seguridad frente al proceso en el que se ha embarcado y superar su ansiedad de caer o fracasar.

Para Lowen, nuestro contacto con la tierra habla de nuestra capacidad para estar conectados a las realidades básicas de la vida, sobre la firmeza del carácter y la sensación interna de seguridad. Tener una postura bien enraizada al suelo es el reflejo de una personalidad estable.

Un buen enraizamiento es aquel que permite que la onda de excitación descienda por el cuerpo hasta las piernas y los pies  e invierta su dirección hacia arriba como si la tierra nos empujara para sostenernos erguidos.

– El Movimiento. Los ejercicios enfocados a buscar posturas “estresantes” que tienen como objetivo producir un espasmo vibratorio liberador del flujo energético. El modelo de referencia es el “orgasmo”, la forma natural que tiene el cuerpo de liberar la energía.

Reich identificó el orgasmo como una reacción involuntaria del cuerpo que se manifiesta en forma de movimientos rítmicos convulsivos. En la bioenergética se diseñaron ejercicios y posturas para ayudar a generar movimientos corporales involuntarios y espontáneos. La idea es potenciar espasmos vibratorios espontáneos, equivalentes a la función del orgasmo.

En la bioenergética se considera que la vida emocional del individuo depende de la movilidad de su cuerpo, y que la clave de trabajo recae sobre aquellas áreas en donde la movilidad corporal está reducida, hay insensibilidad o tensiones musculares crónicas.

– La Respiración. Los ejercicios respiratorios tienen como objetivo proporcionar una respiración plena y profunda para activar la energía y desbloquear emociones.

La vida está íntimamente asociada a la respiración. Reich descubrió que la respiración genera un movimiento “ondulatorio” en el cuerpo que identificó como “reflejo del orgasmo”. Con la exhalación, la pelvis se mueve espontáneamente hacia adelante y con la inhalación hacia detrás, mientras que la cabeza ejecuta los movimientos contarios. Esta ondulación la denominó la “ola respiratoria”.

Además, la respiración se asocia con el nivel de energía de la persona y el bloqueo emocional. La falta de aire disminuye la energía del cuerpo, por lo que es importante potenciar una respiración plena y profunda; del mismo modo que las personas bloquean su respiración frente a conflictos emocionales contrayendo el abdomen.

– La Expresividad. Los ejercicios de expresividad tienen como objetivo ayudar a la persona a conectar con su espontaneidad interior. Los canales de la auto expresión para la bioenergética son principalmente tres: la voz, los ojos y el movimiento.

Respecto de la voz, considera que las tensiones en nuestra cara modifican nuestra voz. El ideal es reencontrar una voz viva y espontánea a través de la emisión de sonidos espontáneos e incluso el grito para liberar las cuerdas vocales. Respecto de la mirada, la bioenergética considera que expresa seis calidades energéticas: Atracción, deseo, atención, desconfianza, erotismo, odio o confusión. Cada una de ellas sirve para establecer un diagnóstico del bloqueo de la persona a trabajar.

Para Lowen, la emoción que más bloqueos genera es el enfado, y por ello, en su método anima muchos a expresar o sacar las frustraciones y el enfado de forma controlada.

– La Manipulación. El masaje e incluso el contacto con la mano con el paciente son también fundamentales para poder desbloquear las tensiones musculares y ayudar a salir a determinados sentimientos.

Para la bioenergética, los traumas quedan enraizados en la musculatura corporal. De hecho, con el tiempo esas tensiones musculares se congelan para evitar sentir las verdaderas emociones que nos incomodan por dentro. Esto quiere decir, que para la bioenergética existe una “memoria emotiva corporal” que recuerda orgánicamente las decisiones biológicas adoptadas ante situaciones y experiencias especialmente decisivas de la persona desde un punto de vista emocional.

La bioenergética va a introducir el movimiento, la postura, la expresión y la manipulación como formas de desbloquear la musculatura y favorecer en el “aquí y ahora”, el acceso a las emociones y recuerdos emocionales reprimidos del pasado para poder liberarlos. Un trabajo que no se apoya en la voluntad sin en dejar que el cuerpo se suelte, de entrega a los procesos naturales y espontáneos del cuerpo y la vida que generan los ejercicios

CODIFICACIÓN DEL CUERPO

Otro aspecto que también caracteriza a la bioenergética es la asociación de las diferentes zonas corporales de nuestro cuerpo con la expresión del carácter. Una especie de “codificación” de las zonas anatómicas de nuestro cuerpo con respecto a las emociones y actitudes psicológicas en la persona, que permite identificar mejor los bloqueos energéticos.

La identificación de estas asociaciones parte tanto de una lógica funcional, de la observación del cuerpo a la hora de expresar sus emociones, como del saber popular que contienen muchas expresiones cotidianas.

Ejemplo del primer referente es la asociación del corazón con la boca, los brazos y las manos y los genitales. El primero sirve para besar, el segundo para acariciar y abrazar y el tercero para expresar el deseo sexual. Ejemplo del segundo, es observar cómo en la ira los hombros se ponen tensos, se muestran los dientes, se fruncen las cejas, etc. Por último, ejemplos del tercer referente son expresiones del tipo: “tener la cabeza muy alta”, “pisar fuerte”, “decir las cosas con la boca chica”, “ser un bocazas”, “poner un candado a la lengua”, “taparse la cara”, “luchar con uñas y dientes”, “echarse a la espalda una responsabilidad”, “abrirse camino a codazos”, etc.

Referencias Bibliográficas

Gimeno-Bayón, A. (2013). Un Modelo de Integración de la Dimensión Corporal en Psicoterapia, Milenio: Lleida.

Lowen, A. (2004). Bioenergética, (1ª Edición 1977), México: Diana.

Lowen, A. (2000). La Espiritualidad del Cuerpo. Bioenergética, un camino para alcanzar la armonía y el estado de gracia, (1ª Edición 1990), Barcelona: Paidos.

Miller, J.A. (2010). Alexander Lowen (1910-2008): reflections on his life, Body, Movement and Dance in Psychotherapy, 5(2), 197-202.

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About Pedro Jesús Jiménez Martín

Profesor Titular de Universidad. Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid. Director del Proyecto de Investigación Cultura Física Oriental.

Enacción y Meditación

Dentro las tradiciones de meditación orientales, algunas escuelas afirman que el “yo” y el “mundo” son una ilusión. Una creación mental que nos atrapa (māyā), un espejismo del que hay que liberarse para conseguir la liberación. 

¿Hasta qué punto el “yo” y el “mundo” son una ilusión creada por nosotros o una realidad independiente? Franciso J. Varela, Evan Thompson y Eleanor Rosch, desde las perspectivas cognitivistas más actuales, ofrecen una interesante reflexión sobre esta problemática en su libro “De cuerpo presente. Las ciencias cognitivas y la experiencia humana”.

En la obra, estos investigadores muestran como la meditación representa un recurso muy interesante a la hora de indagar en qué consiste la cognición humana, porque el meditador experimentado es una persona capaz de convertirse en un observador de la mente desde el estado de “silencio”, y con ello, acceder a la naturaleza y el funcionamiento de esta.

En este texto se van a describir los paralelismos que establecen estos autores entre la doctrina del “no-yo” budista y la noción de “conectividad” del cognitivismo, y entre el “no dualismo” y la “en-acción”, que establece que las bases del conocimiento hay que ubicarlas en la corporalidad y no en la mente exclusivamente.

NO-YO” Y CONECTIVIDAD

En el cognitivismo se considera que la persona nace en una realidad que no ha creado y que despierta a ella y a sí misma mientras va madurando con la edad, pero también, que lo que capacita a esa persona para aprehender ese mundo es su estructura perceptiva.

¿Cómo se produce la cognición? Las primeras teorías cognitivas consideraron en un inicio, que la cognición era una “representación mental” que se produce en nuestro interior a partir de la manipulación de símbolos que “representan” rasgos del mundo y que nos hacen ver la realidad como si fuera de una determinada manera.

En estas primeras interpretaciones se consideró que cada función cognitiva estaba basada en un componente interno que le daba vida, igual que un ordenador tiene un botón para cada función. El misterio por resolver era descubrir las reglas que condicionan la generación de las cogniciones.

Lo importante de esta perspectiva es que, si cada aspecto cognitivo se procesa en una neurona o en un lugar del cerebro, el “yo” podría ser un proceso mental más entre muchos otros y en sí algo fragmentado, no unificado, igual que mente y conciencia no serían lo mismo. Esta visión compartimental mostraría que el “yo” es una ilusión, e incluso algo más importante, que el “yo” ni siquiera sería necesario para la cognición.

Estas ideas ayudarían a entender como el “yo” es algo que cambia constantemente en función de cada situación. Pero aparece una duda, ¿por qué estamos tan convencidos de que tenemos una identidad, un “centro” coherente desde el cual experimentamos el mundo? Esta percepción no sería posible si no estuviera arraigada en un “yo” o en un “ego” singular e independiente, dotado de existencia real.

La dualidad entre la experiencia común de un “ego” y la incapacidad para encontrar un “yo” dentro de nosotros cobró una importancia central en las tradiciones meditativas del budismo y el hinduismo. De hecho, para estas religiones el origen del sufrimiento humano surge precisamente de nuestra tendencia a aferrarnos y construir un yo donde no hay ninguno.

En meditación, la relatividad del “yo” se puede vivenciar cuando se observa cómo las experiencias internas no son permanentes y se aprecia cómo, momento a momento, van surgiendo y despareciendo nuevas experiencias en la conciencia, como un “rio” cambiante de acontecimientos mentales momentáneos. Este fenómeno se identificó como la no existencia del ego.

El entrenamiento en el meditador está en agudizar su percepción a medida que surgen los contenidos de la experiencia (pensamientos discursivos, tonos emocionales, sensaciones corporales), pero no para interesarse por los contenidos de los pensamientos o en la sensación particular de un “yo pensante”, sino para tomar conciencia del propio acto del pensar, del incesante proceso de esa experiencia.

Cuando se tiene esta experiencia pronto llamaba la atención cómo las personas, en vez de asimilar esa carencia de ego, viven en un total egocentrismo, y constantemente piensan, sienten y actúan como si tuviesen un yo real que tienen que proteger y preservar.

La identificación como “sin substancia” de los llamados “cinco agregados” de la mente que identifica la tradición oriental (formas, sensaciones, percepciones, disposiciones y conciencia), es equiparada por Varela, Thompson y Rosch (2011) a los “símbolos” o “neuronas” con los que se producen las representaciones mentales y la cognición. Todos son caducos, todos cambian constantemente y, por tanto, todos son transitorios e impermanentes y, por tanto, ninguno se puede identificar a un yo.

Pero todavía queda por resolver la pregunta sobre ¿cómo se explica la sensación de la existencia de un ego? La respuesta llegó con las nuevas teorías cognitivistas y su nueva interpretación de que la cognición, es un proceso “emergente” que surge a partir de un conjunto de sistemas, integrados por redes de componentes que, en su interacción, hacen emerger propiedades globales asociadas a cada función cognitiva.

Una perspectiva novedosa que desestima las primeras interpretaciones de que la cognición tenga lugar en lugares precisos del cerebro, para considerar que el cerebro opera más bien de forma “distribuida”, es decir, a partir de “interconexiones” masivas entre neuronas que incluso pueden cambiar como resultado de la experiencia.

Según el nuevo enfoque, la clave de la cognición estaría en laconectividad” entre las neuronas. Una conectividad que, por otro lado, es inseparable de la experiencia de la persona.

Para el cognitivismo, la “conectividad” y la “emergencia” serían las claves que ayudarían a explicar cómo se produce esa “coherencia” o sensación de permanencia de un “yo” a través del tiempo a pesar de no haber un yo real. Su respuesta (como en el budismo madhyamika) es el origen codependiente.

Las nociones de “conectividad” y “emergencia” del cognitivismo se pueden comparar, según Varela, Thompson y Rosch (2011), con la noción del karma (ley de la causa-efecto) del hinduismo y budismo.

La acumulación de vivencias, la conformación de hábitos y su perpetuación en el tiempo, serían las raíces que brindan la experiencia de continuidad del yo. Nuestras intenciones y sentimientos son los que perpetúan el condicionamiento kármico (el budismo se enfocaría en su momento en mostrar cómo se puede romper este proceso o condicionamiento automático).

En resumen, la experiencia de un “yo” en el tiempo tendría que ver simplemente con una serie de acontecimientos y formaciones mentales y corporales que mantienen una coherencia causal e integridad en el tiempo.

CORPORALIDAD Y ENACCIÓN

Otro concepto muy importante que aportan las nuevas teorías cognitivas es la noción de “enacción”.

Actualmente existe una importante rama dentro de las corrientes cognitivas que considera que hasta el acto cognitivo más simple requiere una cantidad de conocimientos aparentemente “infinita”. Aunque para nosotros esta realidad es invisible, porque los procesos ocurren de manera inconsciente, tomamos conciencia de ello en la inteligencia artificial.

Si tuviésemos que conseguir que un robot pudiese conducir por una ciudad, las variables que habría que introducir en el programa serían casi infinitas. El robot, además de atender al acto de conducir debe prestar atención al resto de vehículos, a los peatones, a las condiciones meteorológicas, a las señales, a los hábitos del país donde se conduce, etc.

El mundo de la conducción no “termina en alguna parte”. Tiene una estructura de incesantes niveles de detalle que se funden con un trasfondo no específico de alternativas y posibilidades (de aquí la idea de “infinita”). Se puede afirmar entonces que el éxito de la conducción depende de multitud de habilidades motrices adquiridas y el uso continuo del sentido común, de algo que se define en las teorías cognitivas como: “saber cómo” (know-how).

La enacción rompe con la dualidad “cuerpo-mente” y postula que nuestro conocimiento, nuestra cognición, es algo que “emerge” desde nuestra “corporalidad” como resultado de un “actuar en” el mundo. El mundo es una creación que surge a partir de la inmensa variedad de acciones corporales que realizamos en él, si bien es verdad que esas vivencias están encastradas en un contexto biológico, psicológico y cultural más amplio.

Con el término “acción” de en-acción, lo que se quiere enfatizar es la importancia capital que tienen los procesos motrices y sensoriales, la percepción y la acción, como fundamento inseparable de la cognición.

Esta interpretación está en estrecha concordancia con el trabajo sobre el desarrollo de la inteligencia en el niño aportado en su momento por Jean Piaget. Este demostró como el recién nacido sólo tiene su propia actividad para conocer el mundo, y como el acto más sencillo de reconocimiento de un objeto ocurre exclusivamente en base a su propia actividad mediante patrones repetitivos (reacciones circulares) de acción sensorio-motriz.

La experiencia corpórea, por otro lado, está condicionada por los límites perceptivos y operativos que ha establecido en nuestra biología todo el proceso evolutivo de millones de años de nuestra especie, y que condicionan nuestra forma de ver y estar en el mundo.

Los conceptos de emergencia, conectividad y enacción, nos dicen que el mundo que conocemos no es “pre-dado”, en cuanto a la idea de que el mundo no es algo independiente del conocedor. El conocedor y lo conocido, la mente y el mundo se relacionan mediante una especificación mutua o un coorigen dependiente.

Dentro del budismo mahayana, la escuela Madhyamika representada por Nagarjuna elaboró una filosofía coincidente con las nuevas ideas que defiende la enacción. Para esta escuela las cosas “ni existen ni dejan de existir”, simplemente surgen por codependencia (y así existen), pero carecen de fundamento (en realidad no existen porque los agregados de la mente son sin substancia).

Según Nagarjuna, nada tiene naturaleza propia, todo es codependiente. Si la mente se examina a sí misma encuentra que dentro de la persona no puede agarrarse a algo que sea su “yo”. Si no hay “yo”, las experiencias internas no están “separadas” del mundo. Pere como no podemos acceder a la Realidad por las limitaciones de nuestros sentidos, conocer al final es como mirar un espejo: puro, radiante, pero sin realidad adicional fuera de sí mismo.

Nagarjuna decía que mientras la “mente/mundo” continúa aconteciendo en su continuidad interdependiente, no hay nada adicional para conocer o ser conocido, ni del lado de la mente ni del lado del mundo. La senda surge al andar.

Referencias Bibliográficas

Varela FJ, Thompson E, Rosch E. (2011). De cuerpo presente. Las ciencias cognitivas y la experiencia humana. Barcelona: Gedisa.

About Pedro Jesús Jiménez Martín

Profesor Titular de Universidad. Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid. Director del Proyecto de Investigación Cultura Física Oriental.

Fontana Michaela. (2017). Matteo Ricci. Un jesuita en la corte de los Ming. Bilbao: Mensajero.

Matteo Ricci nació en 1552 en Macerata (Italia) y murió en Beijing en 1610. Vivió 52 años y estuvo en China desde 1582 hasta 1610, es decir, 28 años. Actualmente se puede visitar su tumba en Beijing en el Colegio Administrativo (antes escuela de Partido Comunista Chino), y el lugar donde residió, en la iglesia de la Inmaculada Concepción que hay al sur de la Plaza de Tiananmen.

El libro cuenta de forma muy amena todo el periplo que tuvo que pasar Matteo Ricci en China como una biografía comentada y totalmente contextualizada al momento histórico del momento.

Nos muestra a un jesuita que entendió que la única manera para introducir el cristianismo en China era unirla al conocimiento científico que había en Europa y adoptar sus hábitos de vestimenta, su lengua, su cultura, sus costumbres sociales… y aún así, encontró que el pueblo chino estaba más interesado en la ciencia que en la religión.

Es emocionante ver cómo este jesuita se fue a China para no volver y lo que fue capaz de conseguir. Esos sí, poco a poco y paso a paso como va todo en China. Nos muestra el interés del negocio del pueblo chino (ayudarles a ellos era una forma de hacer negocios importantes para los chinos), pero también la existencia de personajes que se acercaron con un gran afán de conocimiento y que en los momentos difíciles les apoyaron.

Queda la idea de que los misioneros no fueron muy “transparentes” en su rol. Utilizaron una ciencia que el cristianismo condenaba en muchos sentidos, para ser escuchados. “Engatusaron” a los chinos con las matemáticas y la astronomía; con prismas que descomponían la luz del arco iris; con el astrolabio para medir la altura de las estrellas en el horizonte; con relojes mecánicos; telescopios; globos terráqueos y mapas en donde aparecía China en el centro; tradujeron al chino textos no religiosos para ganar una buena imagen (Euclides, Epitecto que se identificó como análogo a Confucio); utilizaron el mensaje de Confucio que no era religioso y si moralista, para ganar el apoyo de los letrados; buscaron a los letrados de prestigio para introducirse en la corte; vieron claro que corregir los errores de predicción astronómica de los eclipses que padecía la astronomía china les podía dar una clara ventaja (algo que consiguieron al llegar a convertirse en los astrónomos del Emperador); para conseguir más adeptos les ayudaron a conseguir armas y cañones portugueses, etc. Sin embargo, Ricci no llegó nunca a ver al Emperador, siendo sus sucesores los que tendrían contacto y relación directa con él.

En el fondo, parece claro que el cristianismo quizás estaba más interesado en expandir un poder que ya tenía en el resto del mundo, llevando su “verdad” sin permitir otro tipo de creencias, y que estos religiosos fueron o simples peones, o gente que en un final tenía las mismas intenciones. Es evidente que la Compañía de Jesús supuso un frente político importante.

Resulta muy interesante en el libro:

1) La descripción de cómo veían la astronomía los chinos no expertos, la astronomía popular. Por ejemplo, creían que el sol no era más grande que el fondo de una cuba, y que por la noche se escondía detrás de una montaña; el eclipse se escribía como comer, y reflejaba la antigua creencia de que el sol desaparecía porque era devorado por un dragón, de hecho, tocaban instrumentos para salvar al sol, espantando al dragón con el ruido. Sin embargo, hay que señalar que este no era el verdadero conocimiento astronómico que había en China según ha demostrado Joseph Needham en su obra Ciencia y Civilización China.

2) Matteo Ricci fue el primero en demostrar que Catay, el nombre que dio a esta tierra Marco Polo, y China eran lo mismo. De hecho, confirmó como en China efectivamente hubo asentamientos cristianos mucho tiempo antes de su llegada que se perdieron…

3) En el contexto médico hay que destacar cómo en 1626 Johann Scherck (1576-1630) escribo el tratado de medicina “Teorías Occidentales sobre el Cuerpo Humano”, y empezó una minuciosa recogida y clasificación de hierbas y plantas desconocidas en Europa para estudiar sus propiedades curativas. 

About Pedro Jesús Jiménez Martín

Profesor Titular de Universidad. Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid. Director del Proyecto de Investigación Cultura Física Oriental.