Experiencia Somática. Peter A. Levine

Peter A. Levine es doctor en biofísica médica y psicología y su sistema es el fruto de una amplia trayectoria investigadora interesada por conocer mejor las bases neurofisiológicas y psicológicas del trauma y por crear una psicoterapia corporal capaz de sanarlo.

En su trabajo, Levine ha incluido tanto conocimientos de fisiología, neurología, psicología, etnología y antropología, como la reflexión sobre los trabajos corporales de Wilhelm Reich, Ida Rofl, Eugene Gendlin o Matthias Alexander, así como las técnicas ligadas al mindfulness, el estudio de las técnicas sanadoras de los chamanes y las filosofías orientales.

Podemos afirmar que la Experiencia Somática es una terapia que responde a su compromiso con la noción moderna de “embodiment” en la que se defiende que nuestra cognición, nuestro aprendizaje y nuestra vida parte desde nuestro cuerpo.

BASES DE LA EXPERIENCIA SOMÁTICA

La Experiencia Somática se enfoca en el tratamiento de las experiencias traumáticas a través de la corporalidad de la persona. En esta terapia se considera que la simple reflexión es insuficiente para sanar el traumar por lo que es necesario trabajar desde lo corporal.

Según su teoría, las experiencias emocionales fuertes y estresantes son capaces de que quedar “enquistadas-congeladas” en nuestro cuerpo cuando no somos capaces de liberar las energías que ponen en juego.

Para explicar cómo se instala el trauma en el cuerpo, Levine recurre a dos nociones fundamentales: los modelos de reacción que muestran los animales ante los ataques de los depredadores y las bases estructurales de nuestro sistema nervioso.

Cuando un animal es atacado por un depredador, la víctima suele mostrar tres reacciones fundamentales: la defensa activa (enfrentarse al atacante), la huida o la inmovilidad (hacerse el muerto). Para Levine, la reacción más importante con relación al trauma es la última: la “inmovilidad tónica” que expresa el animal.

Si el animal es capaz de superar su inmovilidad rápidamente sacudiendo su cuerpo y de volver rápidamente a la normalidad, en las personas, cuando están muy asustadas y sienten a la vez atrapadas y restringidas físicamente, se puede producir un colapso.

En este caso, la energía que se liberó con la experiencia estresante queda bloqueada en su cuerpo y crea una parálisis que pasa a dominar su vida y una reactividad emocional, con sentimientos de temor, repugnancia, miedo e impotencia, frente a cualquier situación que vuelva a reactivar una sensación de inmovilidad.

Levine añade, citando los trabajos de Ivan Paulov, que los animales pasan además por tres fases cuando son sometidos a una situación de estrés prolongada.

En la primera fase, el animal emite la misma respuesta tanto a estímulos débiles como fuertes. En las personas esto es equivalente a la reactividad que mostramos cuando somos privados de sueño. En esta situación podemos responder gritando tanto a una pregunta inocua como a una provocación significativa.

En la segunda fase se produce una inversión de las respuestas, es decir, se responde de manera más acusada a los estímulos débiles que a los fuertes. En las personas con traumas queda reflejado cuando el sonido de un tubo de escape puede despertar el terror en un veterano de guerra.

Por último, en la tercera fase, se produce el colapso y el animal se apaga, no responde. Los perros se vuelven inertes e insensibles porque han desconectado de su cuerpo.

Cuando los animales y las personas empiezan a recuperarse de esta última fase muestran comportamientos extraños. Los perros agresivos se vuelven dóciles y lo contrario. La persona cambia erráticamente del terror a la rabia descontrolada.

Desde un punto de vista del sistema nervioso, Levine explica el funcionamiento del trauma en el cuerpo recogiendo las ideas expresadas por Stephen Porger en su Teoría Polivagal.

Según Porger, nuestro sistema nervioso está conformado por tres sistemas básicos:

El primer sistema, el más primitivo filogenéticamente hablando, corresponde al sistema vago primito no mielinizado. Este sistema actúa sobre nuestros órganos internos con una función de inmovilización, conservación metabólica y apagado.

El segundo sistema corresponde al sistema nervioso simpático e interviene prioritariamente sobre las extremidades corporales activando el cuerpo para la lucha o la huida.

El tercer sistema, es el más reciente en su constitución y corresponde al sistema vago mielinizado que actúa como mediador para las conductas sociales. Este sistema conecta con el rostro, la garganta, el oído medio, el corazón y los pulmones, y se asocia a la expresión facial, a vocalización y la inteligencia emocional.

Cuando nos sentimos amenazados, la persona pasa por tres fases nerviosas: primero, intenta contactar con los rostros y voces de otras personas para entender qué pasa o comunicar las propias sensaciones a través del sistema vago mielinizado. Si este no funciona, se activa el sistema simpático para pasar a la lucha o la huida, y si este tampoco funciona, se activa el sistema vago no mielinizado de la inmovilidad. Cuanto más primitivo es el sistema que se activa, más poder tiene este para asumir el mando de todas las funciones del organismo.

El trauma se asocia con la activación y estancamiento de la energía nerviosa en el sistema vago mielinizado ligado a las vísceras.

MÉTODO DE TRABAJO

La intervención en la Experiencia Somática se centra en conseguir que la persona pueda dejar salir de su cuerpo la energía que quedó “congelada” por la experiencia traumática.

La idea es revertir progresivamente el proceso que llevó al colapso a la persona para superar, en un primer lugar, la insensibilidad y la desconexión corporal que implica la fase de inmovilidad a través del sistema vago mielinizado; después, la hipersensibilidad que implica la actividad simpática y que conecta con los instintos de lucha o huida; para terminar finalmente, estableciendo el equilibrio, la relajación y tranquilidad del sistema vago no mielinizado que devuelve a la vida social normal al individuo.

La intervención pasa por 12 fases. Las tres primeras son preparatorias y tienen como objetivo conectar a la persona con su cuerpo para superar la insensibilidad que se instaló con el trauma para no sentir dolor ni sufrir por la situación estresante. En esta etapa se anima al paciente a conectar con sensaciones corporales agradables para ofrecerle la seguridad de que la sensación corporal no es peligrosa.

Las tres siguientes lo que buscan es que la persona empiece a entender el lenguaje de sus sensaciones corporales internas, y que aprenda a diferenciar entre pensamiento, emoción y sensación corporal.

Las fases siete, ocho y nueve, se adentran en el trabajo con la reactividad emocional a través de la activación de patrones de lucha y la huida, mientras que las últimas tres fases se adentran en devolver a la persona al equilibrio, a la calma y a la vida social.

Fase 1.- Conectar con el cuerpo y sus sensaciones en un entorno agradable. Para facilitarlo, se introducen ejercicios sencillos como tomar una ducha de agua caliente y tocarse todo el cuerpo para sentirlo; hacer golpecitos suaves con la yema de los dedos sobre todo el cuerpo; presionar con la mano las extremidades corporales para notar como están los músculos o recorrer con una cuerda el perímetro corporal para sentir sus límites.

Fase 2.- Tomar tierra y centrarse. Aquí se incluyen ejercicios de enraizamiento al suelo en la posición de pie desde el centro de gravedad corporal o sentarse en una pelota grande de aire que obligue a trabajar con el cuerpo para reequilibrarse.

Fase 3.- Acumular recursos. Siguiendo las ideas de la Terapia de aceptación y compromiso y la Terapia dialéctico conceptual anima a establecer un listado de los recursos que ha utilizado la persona para seguir adelante después del trauma.

Fase 4.- Sentir y no imaginar que siente tu cuerpo. Aquí se anima primero a identificar el vocabulario que ayuda a tomar conciencia de lo que se siente identificando el tamaño, la forma y la cualidad de cada sensación (pesado, fluido, tenso, doloroso, sofocante, anudado, bloqueado, desconectado, helado, hueco, apretado, expandido, flotante, eléctrico, burbujeante, calmado, ligero, etc.),

Fase 5.- Investigar cómo los pensamientos, recuerdos, emociones, imágenes, etc. tienen una realidad corporal. En esta fase la persona aprende a diferenciar en su cuerpo entre sensaciones, imágenes y pensamientos nombrándolos según aparecen en la mente. La persona aprende a no imaginar su sensación sino a experimentarla de verdad.

Fase 6.- Notar como cambia la sensación en el cuerpo cuando se pone simplemente la atención en ella. Notar que cuando al fijar la atención en una sensación corporal esta cambia expandiéndose y disminuyendo como una pulsión que cada vez se va haciendo más ligera. Aquí introduce un ejercicio de vocalización animando a la persona a utilizar el sonido “vuuuuu” (como si fuese la sirena de un barco que resuena en la noche de niebla para informar de su posición) en la expiración para relajar las tensiones viscerales internas. En esta fase la persona aprende a ver su reactividad emocional como un espectador.

En estas seis primeras fases, que están enfocada a superar el estado de inmovilidad, Levine recomienda trabajar desde la experiencia corporal y no hablar. La razón la justifica aludiendo a que en las investigaciones se ha visto que cuando la persona activa la amígdala, asociada al miedo, se inhibe el área de Broca ligada al lenguaje. Levine afirma que en el trauma hay terror sin palabras. Será posteriormente, cuando se entre en el estado de activación simpático cuando la palabra ganará protagonismo.        

Fase 7.- Trabajar desde la respuesta de lucha. Aquí se adentra en el trabajo de desbloqueo sobre la activación simpática e incluye ejercicios como en empujar la mano del terapeuta desde el centro del cuerpo mientras que este le devuelve una ligera contra-resistencia; empujarse espalda contra espalda sintiendo que el empuje surge desde los pies; o provocar bostezos abriendo la boca.

Fase 8.- Trabajar desde la respuesta de huida. Aquí se incluye un ejercicio que consiste en correr sobre un cojín estando sentado en una silla, pero también realizar movimientos amplios que exageren las reacciones de protección o de agazaparse.

Tanto en esta fase como en la anterior se anima a la persona a reproducir los gestos y movimientos que su cuerpo querría haber hecho en la situación traumática (agazaparse, retorcerse, correr, encogerse, etc.)

Fase 9.- Actuar frente al colapso y la derrota. Aquí anima a entrar y salir de la postura que refleja el colapso. Plegarse hacia delante y enderezarse vértebra a vértebra hasta llevar la cabeza a la vertical.

Fase 10.- Desvincular el miedo de la sensación de inmovilidad. En esta fase, la persona aprende a contactar voluntariamente con las sensaciones físicas intimidantes que le despierta el trauma durante un tiempo suficiente como para que cambien. La persona conecta con su miedo y con la inmovilidad misma, para explorar progresiva y conscientemente las sensaciones que surgen, texturas, imágenes, pensamientos asociados…

Fase 11.- Pasar del entorno interno al externo y la vinculación social. Al abrir los ojos después de estar dentro dejar que vayan donde quiera, donde tengan curiosidad, donde quieran explorar. Es una fase de despertar en la persona la búsqueda de objetivos y metas.

Fase 12.- Asentarse e integrar. Aquí introduce un ejercicio de Shin Jin Jitsu que consiste en poner las manos en dos segmentos corporales para “conectarlos”:

En esta última fase se presenta un trabajo espiritual en los pacientes que les vuelva a conectar con la voluntad de vivir, con lo sagrado de la vida.

Es importante apuntar que en el proceso el terapeuta trabaja desde cinco aspectos fundamentales que tienen como objetivo desconectar poco a poco las asociaciones mentales y emocionales que ha establecido el trauma con la sensación corporal:

1) la sensación corporal (kinestesia, propiocepción y sensación visceral); 2) las percepciones subjetivas que surgen a nivel visual, auditivo, táctil, olfativo y gustativo con relación a los recuerdos asociados al trauma; 3) la expresión corporal que constantemente expresa el paciente (posturas, gestos, patrones de tensión, movimientos involuntarios, patrones respiratorios, micro-expresiones de la cara); 4) las emociones y sentimientos que surgen o entran en juego en el trabajo de desbloqueo; y 5) el significado o las “etiquetas” que el paciente introduce en su conversación.

Estas cinco dimensiones ayudan al terapeuta a detectar cuál de los tres sistemas nerviosos se ha activado en el paciente en cada momento y así, a poder decidir mejor desde que fase o ejercicio trabajar. Por ejemplo, en el estado de inmovilización la persona apenas se mueve, la voz se muestra ahogada, los ojos fijos o perdidos, la respiración y el ritmo cardiaco reducidos, la piel blanquecina y las pupilas contraídas. En la activación del simpático, la persona mueve rápido los ojos, el corazón y la respiración están aceleradas, y hay nerviosismo y tensión muscular generalizado. En el estado del compromiso social, la persona está relajada, con una respiración lenta, profunda y tranquila, las manos calientes y las pupilas dilatadas.

Levine advierte que en la intervención terapéutica pueden aparecer reacciones corporales y emocionales relacionadas con el proceso de liberación de la energía bloqueada en el plano corporal como temblores y espasmos musculares, estremecimiento corporal involuntario, rabia y agresividad contenida. Para Levine las primeras son reacciones naturales que utiliza el sistema nervioso para reestablecer su equilibrio, y las segundas, las consecuencias de la canalización de las emociones de vergüenza, depresión y odio generados hacia uno mismo y la situación que causó la experiencia.

Por último, hay que añadir que, en la intervención, Levine aconseja ir poco a poco. Contactar con la gota más pequeña de activación basada en la supervivencia para evitar re-traumatizaciones.

Referencias Bibliográficas

Levine, P.A. (2013). En una voz hablada. Cómo el cuerpo libera el trauma y restaura el bienestar, Buenos Aires: Alma Lepik.

Levine, P.A. (2013). Sanar el Trauma. Un programa pionero para restaurar la sabiduría del cuerpo, Madrid: Neo Person.

About

Pedro Jesús Jiménez Martín. Doctor en Educación Física por la Universidad Politécnica de Madrid. Licenciado en Educación Física por la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid.

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