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Psicomotricidad Relacional y Terapéutica. André Lapierre

André Lapierre (1923-2008), de nacionalidad francesa, cursó estudios de educación física en École Normale Supérieur de Éducation Physique de París, si bien, su interés pronto se enfocó hacia el ámbito de la psicomotricidad y, en particular, a integrar los trabajos sobre el desarrollo evolutivo en el niño de diferentes investigadores como Jean Piaget o Henry Wallon, dentro de esta disciplina.

Durante muchos años se dedicó a trabajar en la reeducación física y la educación física especial, y en 1968, junto a Bernard Aucouturier, fundó la Sociedad Francesa de Educación y Reeducación Psicomotriz que se convirtió en su momento, en un referente internacional en el ámbito de la reeducación psicomotriz.

Poco a poco, Lapierre y Aucouturier se empezarían a desligar de la psicomotricidad más “instrumental”, centrada en el desarrollo intelectual, para enfocarse en la investigación sobre la psicomotricidad vivencial y terapéutica.

Para Lapierre, el cuerpo no era sólo un instrumento al servicio del pensamiento (un instrumento a conocer para “conocer mejor”), también era un lugar de placer y displacer y una fuente de pulsiones y de expresión de los fantasmas individuales y colectivos de nuestra sociedad al servicio del inconsciente.

Los primeros pasos de sus investigaciones terapéuticas quedarían reflejados en sus obras “Simbología del Movimiento” y “Bruno: Psicomotricidad y Terapia”, publicadas a mitad de los años 70. Los últimos pasos con Aucouturier quedarían registrados en la obra “Fantasmas corporales y práctica psicomotriz en educación y terapia: las carencias del cuerpo”.

Aucouturier se separaría de Lapierre en 1980 para desarrollar su propio método de intervención psicomotriz que denominó Practica Psicomotriz Aucouturier. Un método menos intervencionista por parte del terapeuta respecto a Lapierre.

La obra de Lapierre finalmente evolucionó hacia el armado de una Psicomotricidad Relacional de carácter psicoanalítico, enfocado en trabajar, a través del cuerpo, las represiones, los fantasmas y los conflictos emocionales inconscientes estancados en la primera infancia.

Por último, se puede destacar también que Lapierre vio muy importante incorporar su visión dentro la educación infantil y elemental normalizada, si bien fue consciente de las dificultades que ello suponía,

BASES DE LA PSICOMOTRICIDAD RELACIONAL

La Psicomotricidad Relacional de Lapierre se erigió sobre dos elementos esenciales: la pulsión y el fantasma.

La pulsión es un término de origen psicoanalítico que hacer referencia a los impulsos biológicos. El impulso de vida, el deseo, cuya meta principal es la satisfacción de las necesidades fisiológicas para la supervivencia. Un elemento primario que actúa como motor para el desarrollo de la personalidad.

Lapierre vio en la actividad motriz espontánea una forma de expresión de esas pulsiones. Para él, la expresividad motriz espontánea es una fórmula en dónde la persona muestra y manifiesta su forma original de ser, estar, sentir, decir y pensar.

En enlace con el “fantasma” se establece al considerar que esa motricidad espontánea está condicionada por una historia afectiva, un entorno y un contexto sociocultural. El movimiento espontáneo actúa entonces como la expresión del inconsciente. Un medio desde el que se expresan los bloqueos emocionales instaurados en la primera infancia en la persona.

Lapierre llegó a comparar el análisis de la motricidad espontánea contextualizada con la capacidad que tienen los sueñoS para acceder al inconsciente que defendió Freud.

El fantasma lo identificó así, como un proceso imaginario inconsciente, capaz de motivar unos comportamientos de los que el sujeto no tiene conciencia. Un producto estructurado en torno a una vivencia emocional (placer o displacer) anterior a la aparición de la conciencia y que ha quedado grabada en el inconsciente. Una vivencia imaginaria del cuerpo en su relación con el otro y con el mundo, que condiciona toda su vida relacional y su desarrollo como persona.

La “fantasmática corporal” (como llegó incluso a denominar a su método) se convirtió en el centro del campo de investigaciones de Lapierre como la posibilidad de un trabajo terapéutico sobre las represiones y los deseos inconscientes del individuo.

Para poder afrontar una capacidad de intervención práctica, Lapierre investigó la relación entre las fases evolutivas identificadas en el bebé y el infante y los bloqueos emocionales que podían surgir en el proceso, según las teorías psicoanalíticas del momento.

El núcleo de trabajo de la Psicomotricidad Relacional se ubicó finalmente en restablecer la armonía frente a todos los conflictos que surgen en la persona como consecuencia de la ruptura del proceso “fusional” que se produce con el nacimiento y en el desarrollo de una identidad propia separada del otro.

El estado “fusional” se identifica como la indiferenciación total con la madre que experimenta el feto en el entorno intrauterino. Un momento en el que todas las necesidades están cubiertas, en el que no hay deseo, ni frustración, ni tampoco diferencia entre interior-exterior, ni entre el yo y el no-yo.

Con el nacimiento se rompe ese estado y se crea una sensación de “carencia” que se va a intentar “compensar” posteriormente a través de diferentes estrategias. Para Lapierre, según sea apoyado o no ese proceso, se producirán fijaciones y bloqueos emocionales en la persona que pueden condicionar su vida relacional y su forma de estar en el mundo.

En un primer momento el bebé reencontrará de nuevo la unidad fusional a través de un contacto corporal estrecho, de máxima superficie y con actitud de “envolvimiento” con la madre o con el padre. Una acción que le ayudará a superar la sensación de un cuerpo fragmentado al que llegan múltiples estímulos sin coordinación alguna.

En paralelo se bebé se verá envuelto en el desarrollo de su identidad, en el reconocimiento de sí mismo como alguien diferenciado del otro. Esto supone, por un lado, superar el sufrimiento y la sensación de pérdida (muerte) que se produce cada vez que se separa el adulto, y por otro, frustración y agresividad, al tener que aceptar que no puede poseer el cuerpo de la madre o el padre total y eternamente.

El infante poco a poco entrará en un proceso de “sustitución simbólica” para construir lo que Lapierre identifica como un nuevo “espacio fusional” compensatorio. Un espacio de comunicación que le aporta el contacto con el otro y que estará representado por el mundo de los gestos, las miradas, la voz y los objetos.

En este momento, la necesidad del ser será compensada por la necesidad de tener. Tener comunicación con el otro, tener la mirada del otro, tener objetos, etc., es tener el cuerpo del otro. El problema aquí es que se establezca un equilibrio entre dar y recibir, escuchar y ser escuchado, etc., que podrán los pilares para una vida relacional equilibrada.

Más adelante el reto será la armonización del desarrollo de la sexualidad (reflejo del deseo de fusionalidad), y del deseo de fusión con la Naturaleza y el Universo (trascendencia) como fórmulas sustitutivas del deseo de fusionalidad.

Respecto al sentido de identidad, serán esenciales las experiencias iniciales que faciliten vivenciar la totalidad del cuerpo (aquí serán claves las dinámicas de equilibrio y desequilibrio, los juegos de balanceos, giros, saltos en profundidad y las caídas. Situaciones con gran carga emocional), pero también el desarrollo armónico de ciertas fases de agresividad (el “no” y el “no quiero”, la aparición de juegos de lucha, de enfrentamiento con el adulto, etc.), oposición y dominación que buscan la afirmación de uno mismo.

INTERVENCIÓN CON LAS PRIMERAS EDADES

Uno de los aspectos más importantes del trabajo de André Lapierre es la importancia que concedió a intervenir corporalmente con las edades más tempranas. Lapierre adoptó esta idea al observar como muchos niños de la educación elemental ya presentaban muchos problemas relacionales.

Para él, la escuela elemental era un detonador de los conflictos latentes o ya evidentes en el niño, que procedían de una etapa anterior. De hecho, Lapierre había observado como a los 18 meses el infante está ya muy estructurado y muestra un carácter y un comportamiento muy diferenciados.

Esta aportación es sumamente importante porque supone buscar el origen, el punto de partida donde se generan los bloqueos y desequilibrios. Una visión preventiva que nos recuerda que en realidad cuando tratamos al adulto estamos en la periferia del problema.

Bajo esta visión es fácil comprender la gran importancia que concedió a analizar la psicología evolutiva y relacional de la persona desde la gestación, nacimiento y primeros años de vida, para identificar los diferentes retos a los que debe ir enfrentándose la persona, desde un punto de vista psicoanalítico.

MÉTODOS DE INTERVENCIÓN

En la intervención, Lapierre supo aprovechar todo el bagaje que había desarrollado previamente con respecto a la psicomotricidad instrumental y vivencial y, en particular, todos los descubrimientos simbólicos que había descubierto con relación a las nociones de intensidad, velocidad, dirección, situación, orientación, relación, distancia; a las “vivencias de oposición” como el equilibro-desequilibrio, alto-bajo, horizontal-vertical, grande-pequeño, débil-fuerte, tensión-relación, sólo-acompañado, acuerdo-desacuerdo; y al trabajo artístico con materiales maleables (arena, arcilla, plastilina, agua), etc.; si bien, reinterpretados terapéuticamente a partir de la creación de situaciones simbólicas que le permitían trabajar sobre la “fantasmagórica” corporal.

Las tres condiciones que imponía en esas situaciones simbólicas que diseñaba para asegurar un diálogo entre el terapeuta y la persona, eran:

– Asegurar la expresión de una motricidad espontánea. Aquí Lapierre consideró esencial romper la distancia entre el cuerpo del terapeuta y el paciente, y superar la noción de tabú y sacralidad del terapeuta que dificulta la espontaneidad del paciente.

– Preeminencia de la persona sobre el grupo. Dar importancia al trabajo individualizado en la persona con problemas para poder controlar, entender y analizar todo el proceso de “apertura” que alcanza la persona.

– Adecuar el uso del Lenguaje. Favorecer el trabajo a partir de sonidos no estructurados, el grito y la mímica, y reintroducir sólo el lenguaje verbal al final, con el fin de racionalizar y asimilar la vivencia experimentada.

Este último aspecto es muy interesante. Lapierre reflexiona que sin hasta los 2 años aproximadamente el niño no tiene acceso al lenguaje ni al pensamiento verbal, la construcción de la personalidad hasta ese momento se ha realizado a través de vivencias esencialmente psicomotrices hechas de sensaciones con connotaciones tónico-afectivas y emocionales no conceptualizadas.

Según esto, el discurso verbal no es suficiente para alcanzar las capas profundas de la personalidad, es necesario hablar otro lenguaje. Un lenguaje corporal, psicomotor y psico-tónico a través de situaciones que recreen las cargas afectivas y emocionales del diálogo inicial con el cuerpo del otro.

“Esta regresión a modos de comunicación arcaicos es lo que constituye el principio fundamental de la terapia psicomotriz” (Lapierre y Aucouturier, 1984:66).

Referencias Bibliográficas

Lapierre, A. y Aucouturier, B. (1984). El Cuerpo y el Inconsciente en Educación y Terapia, Barcelona: Científico Médica.

Lapierre, A. y Aucouturier, B. (1985). Simbología del Movimiento. Psicomotricidad y Educación. Barcelona: Científico-Médica.

Mayoral, A. (2008). André Lapierre: De la Reeducación Física a la Psicomotricidad Relacional, Revista Internacional de Ciencias del Deporte, 4 (12), 1-3.

About

Pedro Jesús Jiménez Martín. Doctor en Educación Física por la Universidad Politécnica de Madrid. Licenciado en Educación Física por la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid.

Bioenergética. Alexander Lowen

Alexander Lowen (1910-2008) nació en Estados Unidos y se formó en derecho y medicina. Según Miller (2010) su interés por las técnicas corporales surgió de su propia vida personal. En una familia conflictiva y en medio de la gran depresión norteamericana de 1930, Lowen encontró en el ejercicio físico un medio para poder escapar de los sentimientos depresivos.

Alexander Lowen empezó su recorrido sólo, pero cuando Wilhem Reich llegó a Estados Unidos huyendo de la persecución nazi, pronto se decidió a estudiar con él, manteniendo el contacto entre 1940 y 1952.

De Reich asumiría cuatro importantes ideas: la terapia exclusivamente verba es insuficiente y la defensa de la interdependencia entre cuerpo y psiquismo (defensas psíquicas y coraza muscular); la interpretación de las actividades mentales y psíquicas en términos de procesos energéticos; el importante papel de la respiración y la sexualidad en la salud; y la noción de que el ser humano está conformado por una serie de capas superpuestas, en donde la parte más externa se corresponde a la parte más dependiente de la adaptación social y la más profunda a la parte más espontánea, natural y primaria, quedando en medio un estrato de defensas musculares.

Sin embargo, en 1956 empezó a recorrer un nuevo camino junto a John Pierrakos (1921-2001) creando juntos el Instituto de Análisis Bioenergético. Con la deriva que habían tomado los estudios de Reich en Estados Unidos, Lowen pronto quiso alejarse de él y empezó a mostrar las diferencias de su método.

Entre las más importantes figuran: la noción de “enraizamiento” (sentir los pies en el suelo) y el trabajo de pie, como fórmula para dar seguridad a la persona en el trabajo que se estaba desarrollando; la importancia del placer en sentido amplio en vez de asociado exclusivamente a la sexualidad; la noción del movimiento de la energía desde el corazón hacia el resto del cuerpo en vez de la cabeza a los pies; el desarrollo de sus propias tipologías corporales en base a los bloqueos musculares; el énfasis en los trabajos respiratorios; y la afirmación de su capacidad de poder leer el cuerpo y saber a qué edad la persona quedó bloqueada.

John Pierrakos se separó de Lowen en los años 70, cuando empezó a mostrar interés por investigar sobre aspectos más espirituales y sobre las fuerzas transpersonales en el trabajo corporal. Pierrakos crearía su propio método conocido como Core-Energética.

BASES DE LA BIOENERGÉTICA

La bioenergética se enmarca dentro de las teorías psicoanalíticas que incluyen el trabajo corporal en el tratamiento del paciente. La idea de base es intervenir a nivel corporal para ayudar a tomar conciencia de los traumas y represiones, y después, tratarlos psicoanalíticamente.

En la bioenergética se considera que el cuerpo es como un “diario inconsciente” en el que quedan inscritos los conflictos más relevantes de la persona desde el punto de vista emocional.

Lowen diferenció cuatro capas la persona: 1) la capa del “Ego”, la más superficial, que muestra las defensas emocionales a través de la negación, la proyección, el reproche, la desconfianza, la racionalización o la intelectualización; 2) la capa “Muscular”, en un plano intermedio, es la “armadura” que protege a la persona de los sentimientos reprimidos que no se atreve a expresar; 3) la capa “Emocional”, interna, tiene que ver con las emociones y conflictos reprimidos con relación a la cólera, el pánico, la desesperación, la tristeza y el dolor; y 4) la capa del “Corazón”, el núcleo central de la persona en lo más profundo.

Para Alexander Lowen, el corazón representa el lugar más profundo de la persona, y nos recuerda expresiones de la vida cotidiana que dan evidencia de ello: “ir al corazón del asunto”, “me ha llegado al corazón”, “con el corazón en la mano”, etc.

El sentimiento que ve asociado al corazón es el amor, la alegría de vivir y la franqueza.  En el trabajo bioenergético se irá “desbloqueando” capa a capa el cuerpo, para que el corazón de la persona se vuelva a expresar y pueda volver a sentir placer por la vida, espontaneidad y vitalidad.

NOCIÓN DE ENERGÍA

Se puede definir la bioenergética como el estudio de la personalidad humana en función de los procesos energéticos del cuerpo.

El primero en hablar sobre los procesos bioenergéticos en el cuerpo fue Wilhem Reich. Para Reich, toda persona, al igual que el universo, está dotada de una energía universal que identificó bajo el nombre de “orgón”.

La cantidad de energía que tiene un individuo y la forma de canalizarla configura su personalidad. La regla es que todo exceso de energía produce una tensión que debe liberarse para recobrar el equilibrio inicial. Cuando no se puede liberar el exceso de energía, la tensión que se genera en el cuerpo se expresa en forma de “coraza” o “armadura” muscular.

MÉTODOS DE TRABAJO

Los métodos prácticos que propone la bioenergética para poder liberar los nudos y las tensiones anclados en el cuerpo por el exceso de energía y favorecer el libre flujo de la energía en el cuerpo son principalmente: el enraizamiento, el movimiento, la respiración, la expresividad, la manipulación.

– El Enraizamiento. Estos ejercicios tienen como objetivo “anclar”, “dar apoyo” a la persona, “asentar” al individuo sobre la tierra a través de sus pies para ofrecerle seguridad frente al proceso en el que se ha embarcado y superar su ansiedad de caer o fracasar.

Para Lowen, nuestro contacto con la tierra habla de nuestra capacidad para estar conectados a las realidades básicas de la vida, sobre la firmeza del carácter y la sensación interna de seguridad. Tener una postura bien enraizada al suelo es el reflejo de una personalidad estable.

Un buen enraizamiento es aquel que permite que la onda de excitación descienda por el cuerpo hasta las piernas y los pies  e invierta su dirección hacia arriba como si la tierra nos empujara para sostenernos erguidos.

– El Movimiento. Los ejercicios enfocados a buscar posturas “estresantes” que tienen como objetivo producir un espasmo vibratorio liberador del flujo energético. El modelo de referencia es el “orgasmo”, la forma natural que tiene el cuerpo de liberar la energía.

Reich identificó el orgasmo como una reacción involuntaria del cuerpo que se manifiesta en forma de movimientos rítmicos convulsivos. En la bioenergética se diseñaron ejercicios y posturas para ayudar a generar movimientos corporales involuntarios y espontáneos. La idea es potenciar espasmos vibratorios espontáneos, equivalentes a la función del orgasmo.

En la bioenergética se considera que la vida emocional del individuo depende de la movilidad de su cuerpo, y que la clave de trabajo recae sobre aquellas áreas en donde la movilidad corporal está reducida, hay insensibilidad o tensiones musculares crónicas.

– La Respiración. Los ejercicios respiratorios tienen como objetivo proporcionar una respiración plena y profunda para activar la energía y desbloquear emociones.

La vida está íntimamente asociada a la respiración. Reich descubrió que la respiración genera un movimiento “ondulatorio” en el cuerpo que identificó como “reflejo del orgasmo”. Con la exhalación, la pelvis se mueve espontáneamente hacia adelante y con la inhalación hacia detrás, mientras que la cabeza ejecuta los movimientos contarios. Esta ondulación la denominó la “ola respiratoria”.

Además, la respiración se asocia con el nivel de energía de la persona y el bloqueo emocional. La falta de aire disminuye la energía del cuerpo, por lo que es importante potenciar una respiración plena y profunda; del mismo modo que las personas bloquean su respiración frente a conflictos emocionales contrayendo el abdomen.

– La Expresividad. Los ejercicios de expresividad tienen como objetivo ayudar a la persona a conectar con su espontaneidad interior. Los canales de la auto expresión para la bioenergética son principalmente tres: la voz, los ojos y el movimiento.

Respecto de la voz, considera que las tensiones en nuestra cara modifican nuestra voz. El ideal es reencontrar una voz viva y espontánea a través de la emisión de sonidos espontáneos e incluso el grito para liberar las cuerdas vocales. Respecto de la mirada, la bioenergética considera que expresa seis calidades energéticas: Atracción, deseo, atención, desconfianza, erotismo, odio o confusión. Cada una de ellas sirve para establecer un diagnóstico del bloqueo de la persona a trabajar.

Para Lowen, la emoción que más bloqueos genera es el enfado, y por ello, en su método anima muchos a expresar o sacar las frustraciones y el enfado de forma controlada.

– La Manipulación. El masaje e incluso el contacto con la mano con el paciente son también fundamentales para poder desbloquear las tensiones musculares y ayudar a salir a determinados sentimientos.

Para la bioenergética, los traumas quedan enraizados en la musculatura corporal. De hecho, con el tiempo esas tensiones musculares se congelan para evitar sentir las verdaderas emociones que nos incomodan por dentro. Esto quiere decir, que para la bioenergética existe una “memoria emotiva corporal” que recuerda orgánicamente las decisiones biológicas adoptadas ante situaciones y experiencias especialmente decisivas de la persona desde un punto de vista emocional.

La bioenergética va a introducir el movimiento, la postura, la expresión y la manipulación como formas de desbloquear la musculatura y favorecer en el “aquí y ahora”, el acceso a las emociones y recuerdos emocionales reprimidos del pasado para poder liberarlos. Un trabajo que no se apoya en la voluntad sin en dejar que el cuerpo se suelte, de entrega a los procesos naturales y espontáneos del cuerpo y la vida que generan los ejercicios

CODIFICACIÓN DEL CUERPO

Otro aspecto que también caracteriza a la bioenergética es la asociación de las diferentes zonas corporales de nuestro cuerpo con la expresión del carácter. Una especie de “codificación” de las zonas anatómicas de nuestro cuerpo con respecto a las emociones y actitudes psicológicas en la persona, que permite identificar mejor los bloqueos energéticos.

La identificación de estas asociaciones parte tanto de una lógica funcional, de la observación del cuerpo a la hora de expresar sus emociones, como del saber popular que contienen muchas expresiones cotidianas.

Ejemplo del primer referente es la asociación del corazón con la boca, los brazos y las manos y los genitales. El primero sirve para besar, el segundo para acariciar y abrazar y el tercero para expresar el deseo sexual. Ejemplo del segundo, es observar cómo en la ira los hombros se ponen tensos, se muestran los dientes, se fruncen las cejas, etc. Por último, ejemplos del tercer referente son expresiones del tipo: “tener la cabeza muy alta”, “pisar fuerte”, “decir las cosas con la boca chica”, “ser un bocazas”, “poner un candado a la lengua”, “taparse la cara”, “luchar con uñas y dientes”, “echarse a la espalda una responsabilidad”, “abrirse camino a codazos”, etc.

Referencias Bibliográficas

Gimeno-Bayón, A. (2013). Un Modelo de Integración de la Dimensión Corporal en Psicoterapia, Milenio: Lleida.

Lowen, A. (2004). Bioenergética, (1ª Edición 1977), México: Diana.

Lowen, A. (2000). La Espiritualidad del Cuerpo. Bioenergética, un camino para alcanzar la armonía y el estado de gracia, (1ª Edición 1990), Barcelona: Paidos.

Miller, J.A. (2010). Alexander Lowen (1910-2008): reflections on his life, Body, Movement and Dance in Psychotherapy, 5(2), 197-202.

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Pedro Jesús Jiménez Martín. Doctor en Educación Física por la Universidad Politécnica de Madrid. Licenciado en Educación Física por la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid.

Enacción y Meditación

Dentro las tradiciones de meditación orientales, algunas escuelas afirman que el “yo” y el “mundo” son una ilusión. Una creación mental que nos atrapa (māyā), un espejismo del que hay que liberarse para conseguir la liberación. 

¿Hasta qué punto el “yo” y el “mundo” son una ilusión creada por nosotros o una realidad independiente? Franciso J. Varela, Evan Thompson y Eleanor Rosch, desde las perspectivas cognitivistas más actuales, ofrecen una interesante reflexión sobre esta problemática en su libro “De cuerpo presente. Las ciencias cognitivas y la experiencia humana”.

En la obra, estos investigadores muestran como la meditación representa un recurso muy interesante a la hora de indagar en qué consiste la cognición humana, porque el meditador experimentado es una persona capaz de convertirse en un observador de la mente desde el estado de “silencio”, y con ello, acceder a la naturaleza y el funcionamiento de esta.

En este texto se van a describir los paralelismos que establecen estos autores entre la doctrina del “no-yo” budista y la noción de “conectividad” del cognitivismo, y entre el “no dualismo” y la “en-acción”, que establece que las bases del conocimiento hay que ubicarlas en la corporalidad y no en la mente exclusivamente.

NO-YO” Y CONECTIVIDAD

En el cognitivismo se considera que la persona nace en una realidad que no ha creado y que despierta a ella y a sí misma mientras va madurando con la edad, pero también, que lo que capacita a esa persona para aprehender ese mundo es su estructura perceptiva.

¿Cómo se produce la cognición? Las primeras teorías cognitivas consideraron en un inicio, que la cognición era una “representación mental” que se produce en nuestro interior a partir de la manipulación de símbolos que “representan” rasgos del mundo y que nos hacen ver la realidad como si fuera de una determinada manera.

En estas primeras interpretaciones se consideró que cada función cognitiva estaba basada en un componente interno que le daba vida, igual que un ordenador tiene un botón para cada función. El misterio por resolver era descubrir las reglas que condicionan la generación de las cogniciones.

Lo importante de esta perspectiva es que, si cada aspecto cognitivo se procesa en una neurona o en un lugar del cerebro, el “yo” podría ser un proceso mental más entre muchos otros y en sí algo fragmentado, no unificado, igual que mente y conciencia no serían lo mismo. Esta visión compartimental mostraría que el “yo” es una ilusión, e incluso algo más importante, que el “yo” ni siquiera sería necesario para la cognición.

Estas ideas ayudarían a entender como el “yo” es algo que cambia constantemente en función de cada situación. Pero aparece una duda, ¿por qué estamos tan convencidos de que tenemos una identidad, un “centro” coherente desde el cual experimentamos el mundo? Esta percepción no sería posible si no estuviera arraigada en un “yo” o en un “ego” singular e independiente, dotado de existencia real.

La dualidad entre la experiencia común de un “ego” y la incapacidad para encontrar un “yo” dentro de nosotros cobró una importancia central en las tradiciones meditativas del budismo y el hinduismo. De hecho, para estas religiones el origen del sufrimiento humano surge precisamente de nuestra tendencia a aferrarnos y construir un yo donde no hay ninguno.

En meditación, la relatividad del “yo” se puede vivenciar cuando se observa cómo las experiencias internas no son permanentes y se aprecia cómo, momento a momento, van surgiendo y despareciendo nuevas experiencias en la conciencia, como un “rio” cambiante de acontecimientos mentales momentáneos. Este fenómeno se identificó como la no existencia del ego.

El entrenamiento en el meditador está en agudizar su percepción a medida que surgen los contenidos de la experiencia (pensamientos discursivos, tonos emocionales, sensaciones corporales), pero no para interesarse por los contenidos de los pensamientos o en la sensación particular de un “yo pensante”, sino para tomar conciencia del propio acto del pensar, del incesante proceso de esa experiencia.

Cuando se tiene esta experiencia pronto llamaba la atención cómo las personas, en vez de asimilar esa carencia de ego, viven en un total egocentrismo, y constantemente piensan, sienten y actúan como si tuviesen un yo real que tienen que proteger y preservar.

La identificación como “sin substancia” de los llamados “cinco agregados” de la mente que identifica la tradición oriental (formas, sensaciones, percepciones, disposiciones y conciencia), es equiparada por Varela, Thompson y Rosch (2011) a los “símbolos” o “neuronas” con los que se producen las representaciones mentales y la cognición. Todos son caducos, todos cambian constantemente y, por tanto, todos son transitorios e impermanentes y, por tanto, ninguno se puede identificar a un yo.

Pero todavía queda por resolver la pregunta sobre ¿cómo se explica la sensación de la existencia de un ego? La respuesta llegó con las nuevas teorías cognitivistas y su nueva interpretación de que la cognición, es un proceso “emergente” que surge a partir de un conjunto de sistemas, integrados por redes de componentes que, en su interacción, hacen emerger propiedades globales asociadas a cada función cognitiva.

Una perspectiva novedosa que desestima las primeras interpretaciones de que la cognición tenga lugar en lugares precisos del cerebro, para considerar que el cerebro opera más bien de forma “distribuida”, es decir, a partir de “interconexiones” masivas entre neuronas que incluso pueden cambiar como resultado de la experiencia.

Según el nuevo enfoque, la clave de la cognición estaría en laconectividad” entre las neuronas. Una conectividad que, por otro lado, es inseparable de la experiencia de la persona.

Para el cognitivismo, la “conectividad” y la “emergencia” serían las claves que ayudarían a explicar cómo se produce esa “coherencia” o sensación de permanencia de un “yo” a través del tiempo a pesar de no haber un yo real. Su respuesta (como en el budismo madhyamika) es el origen codependiente.

Las nociones de “conectividad” y “emergencia” del cognitivismo se pueden comparar, según Varela, Thompson y Rosch (2011), con la noción del karma (ley de la causa-efecto) del hinduismo y budismo.

La acumulación de vivencias, la conformación de hábitos y su perpetuación en el tiempo, serían las raíces que brindan la experiencia de continuidad del yo. Nuestras intenciones y sentimientos son los que perpetúan el condicionamiento kármico (el budismo se enfocaría en su momento en mostrar cómo se puede romper este proceso o condicionamiento automático).

En resumen, la experiencia de un “yo” en el tiempo tendría que ver simplemente con una serie de acontecimientos y formaciones mentales y corporales que mantienen una coherencia causal e integridad en el tiempo.

CORPORALIDAD Y ENACCIÓN

Otro concepto muy importante que aportan las nuevas teorías cognitivas es la noción de “enacción”.

Actualmente existe una importante rama dentro de las corrientes cognitivas que considera que hasta el acto cognitivo más simple requiere una cantidad de conocimientos aparentemente “infinita”. Aunque para nosotros esta realidad es invisible, porque los procesos ocurren de manera inconsciente, tomamos conciencia de ello en la inteligencia artificial.

Si tuviésemos que conseguir que un robot pudiese conducir por una ciudad, las variables que habría que introducir en el programa serían casi infinitas. El robot, además de atender al acto de conducir debe prestar atención al resto de vehículos, a los peatones, a las condiciones meteorológicas, a las señales, a los hábitos del país donde se conduce, etc.

El mundo de la conducción no “termina en alguna parte”. Tiene una estructura de incesantes niveles de detalle que se funden con un trasfondo no específico de alternativas y posibilidades (de aquí la idea de “infinita”). Se puede afirmar entonces que el éxito de la conducción depende de multitud de habilidades motrices adquiridas y el uso continuo del sentido común, de algo que se define en las teorías cognitivas como: “saber cómo” (know-how).

La enacción rompe con la dualidad “cuerpo-mente” y postula que nuestro conocimiento, nuestra cognición, es algo que “emerge” desde nuestra “corporalidad” como resultado de un “actuar en” el mundo. El mundo es una creación que surge a partir de la inmensa variedad de acciones corporales que realizamos en él, si bien es verdad que esas vivencias están encastradas en un contexto biológico, psicológico y cultural más amplio.

Con el término “acción” de en-acción, lo que se quiere enfatizar es la importancia capital que tienen los procesos motrices y sensoriales, la percepción y la acción, como fundamento inseparable de la cognición.

Esta interpretación está en estrecha concordancia con el trabajo sobre el desarrollo de la inteligencia en el niño aportado en su momento por Jean Piaget. Este demostró como el recién nacido sólo tiene su propia actividad para conocer el mundo, y como el acto más sencillo de reconocimiento de un objeto ocurre exclusivamente en base a su propia actividad mediante patrones repetitivos (reacciones circulares) de acción sensorio-motriz.

La experiencia corpórea, por otro lado, está condicionada por los límites perceptivos y operativos que ha establecido en nuestra biología todo el proceso evolutivo de millones de años de nuestra especie, y que condicionan nuestra forma de ver y estar en el mundo.

Los conceptos de emergencia, conectividad y enacción, nos dicen que el mundo que conocemos no es “pre-dado”, en cuanto a la idea de que el mundo no es algo independiente del conocedor. El conocedor y lo conocido, la mente y el mundo se relacionan mediante una especificación mutua o un coorigen dependiente.

Dentro del budismo mahayana, la escuela Madhyamika representada por Nagarjuna elaboró una filosofía coincidente con las nuevas ideas que defiende la enacción. Para esta escuela las cosas “ni existen ni dejan de existir”, simplemente surgen por codependencia (y así existen), pero carecen de fundamento (en realidad no existen porque los agregados de la mente son sin substancia).

Según Nagarjuna, nada tiene naturaleza propia, todo es codependiente. Si la mente se examina a sí misma encuentra que dentro de la persona no puede agarrarse a algo que sea su “yo”. Si no hay “yo”, las experiencias internas no están “separadas” del mundo. Pere como no podemos acceder a la Realidad por las limitaciones de nuestros sentidos, conocer al final es como mirar un espejo: puro, radiante, pero sin realidad adicional fuera de sí mismo.

Nagarjuna decía que mientras la “mente/mundo” continúa aconteciendo en su continuidad interdependiente, no hay nada adicional para conocer o ser conocido, ni del lado de la mente ni del lado del mundo. La senda surge al andar.

Referencias Bibliográficas

Varela FJ, Thompson E, Rosch E. (2011). De cuerpo presente. Las ciencias cognitivas y la experiencia humana. Barcelona: Gedisa.

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Pedro Jesús Jiménez Martín. Doctor en Educación Física por la Universidad Politécnica de Madrid. Licenciado en Educación Física por la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid.

Fontana Michaela. (2017). Matteo Ricci. Un jesuita en la corte de los Ming. Bilbao: Mensajero.

Matteo Ricci nació en 1552 en Macerata (Italia) y murió en Beijing en 1610. Vivió 52 años y estuvo en China desde 1582 hasta 1610, es decir, 28 años. Actualmente se puede visitar su tumba en Beijing en el Colegio Administrativo (antes escuela de Partido Comunista Chino), y el lugar donde residió, en la iglesia de la Inmaculada Concepción que hay al sur de la Plaza de Tiananmen.

El libro cuenta de forma muy amena todo el periplo que tuvo que pasar Matteo Ricci en China como una biografía comentada y totalmente contextualizada al momento histórico del momento.

Nos muestra a un jesuita que entendió que la única manera para introducir el cristianismo en China era unirla al conocimiento científico que había en Europa y adoptar sus hábitos de vestimenta, su lengua, su cultura, sus costumbres sociales… y aún así, encontró que el pueblo chino estaba más interesado en la ciencia que en la religión.

Es emocionante ver cómo este jesuita se fue a China para no volver y lo que fue capaz de conseguir. Esos sí, poco a poco y paso a paso como va todo en China. Nos muestra el interés del negocio del pueblo chino (ayudarles a ellos era una forma de hacer negocios importantes para los chinos), pero también la existencia de personajes que se acercaron con un gran afán de conocimiento y que en los momentos difíciles les apoyaron.

Queda la idea de que los misioneros no fueron muy “transparentes” en su rol. Utilizaron una ciencia que el cristianismo condenaba en muchos sentidos, para ser escuchados. “Engatusaron” a los chinos con las matemáticas y la astronomía; con prismas que descomponían la luz del arco iris; con el astrolabio para medir la altura de las estrellas en el horizonte; con relojes mecánicos; telescopios; globos terráqueos y mapas en donde aparecía China en el centro; tradujeron al chino textos no religiosos para ganar una buena imagen (Euclides, Epitecto que se identificó como análogo a Confucio); utilizaron el mensaje de Confucio que no era religioso y si moralista, para ganar el apoyo de los letrados; buscaron a los letrados de prestigio para introducirse en la corte; vieron claro que corregir los errores de predicción astronómica de los eclipses que padecía la astronomía china les podía dar una clara ventaja (algo que consiguieron al llegar a convertirse en los astrónomos del Emperador); para conseguir más adeptos les ayudaron a conseguir armas y cañones portugueses, etc. Sin embargo, Ricci no llegó nunca a ver al Emperador, siendo sus sucesores los que tendrían contacto y relación directa con él.

En el fondo, parece claro que el cristianismo quizás estaba más interesado en expandir un poder que ya tenía en el resto del mundo, llevando su “verdad” sin permitir otro tipo de creencias, y que estos religiosos fueron o simples peones, o gente que en un final tenía las mismas intenciones. Es evidente que la Compañía de Jesús supuso un frente político importante.

Resulta muy interesante en el libro:

1) La descripción de cómo veían la astronomía los chinos no expertos, la astronomía popular. Por ejemplo, creían que el sol no era más grande que el fondo de una cuba, y que por la noche se escondía detrás de una montaña; el eclipse se escribía como comer, y reflejaba la antigua creencia de que el sol desaparecía porque era devorado por un dragón, de hecho, tocaban instrumentos para salvar al sol, espantando al dragón con el ruido. Sin embargo, hay que señalar que este no era el verdadero conocimiento astronómico que había en China según ha demostrado Joseph Needham en su obra Ciencia y Civilización China.

2) Matteo Ricci fue el primero en demostrar que Catay, el nombre que dio a esta tierra Marco Polo, y China eran lo mismo. De hecho, confirmó como en China efectivamente hubo asentamientos cristianos mucho tiempo antes de su llegada que se perdieron…

3) En el contexto médico hay que destacar cómo en 1626 Johann Scherck (1576-1630) escribo el tratado de medicina “Teorías Occidentales sobre el Cuerpo Humano”, y empezó una minuciosa recogida y clasificación de hierbas y plantas desconocidas en Europa para estudiar sus propiedades curativas. 

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Pedro Jesús Jiménez Martín. Doctor en Educación Física por la Universidad Politécnica de Madrid. Licenciado en Educación Física por la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid.

Paul Pelliot (1878–1945)

Su inquietud por prestar servicios en el extranjero para Francia le llevó a estudiar chino en L`École des Langues Orientales Vivantes. Allí Edouard Chavannes y Sylvain Lévi pronto le recondujeron a fines académicos. En el año 1900 fue a L`École Française d’Extrême-Orient en la Indochina Francesa (Hanoi), y ese mismo, año fue enviado a Beijing a comprar libros para la escuela. Esto supuso quedar atrapado en medio de la Revolución Boxer donde por su valiente actuación recibió la Cruz de la Legión. Se convirtió en profesor de chino dentro la escuela y por mucho tiempo compartió la docencia con la adquisición de libros en China.

A su regreso a Francia, en el año 1904, fue elegido para dirigir una misión arqueológica en el Turkestán chino que duró de 1906 a 1910. A bordo del tren de Samarkanda, conoció e incorporó  a la expedición a Gustaf Mannerheim, un coronel de la armada imperial rusa que iba en misión secreta para el zar Nicolás II ante la posibilidad de invadir la china Occidental.

En el viaje, tomo contacto con el Duque Lan cuyo hermano fue el líder de la Revolución Boxer, y fue este, el que le informó de la existencia de las cuevas de Moago en Dunhuang. Pelliot llegó tres meses más tarde que Aurel Stein, pero aún así pudo comprar 6000 textos antiguos. Al volver a Paris fue acusado por el personal de la L`École des Langues Orientales Vivantes de gastar dinero público y volver con manuscritos falsos. Pero cuando en el año 1912, Stein publicó en su libro que no pudo coger todos los manuscritos que había visto en Dunhuang, la crítica a Pelliot cesó.

Sus expediciones continuaron por Mongolia, Turquía, Persia, Tíbet, haciéndose conocedor de hasta 13 lenguas orientales, y en el año 1911 entró como profesor de lenguas de Asia Central en el Collège de France. Tras la Primera Guerra Mundial fue un miembro activo de la Société Asiatique y con la ocupación alemana de Paris continuó sus investigaciones sin poder hacer mucho en la Resistencia debido a su edad. Sin embargo, es conocido su rechazo a dar la mano la ministro Vichy. Tras la liberación, fue a Estados Unidos y murió poco después de volver a Paris.

En las aportaciones más destacadas de este autor aparecen la adquisición de del sutra budista de la causa y el efecto, cuya publicación supuso el punto de partida del interés para muchos historiadores por los estudios iraníes en su influencia sobre el Asia Central; una monografía de Fou-nan, un antiguo reino que existió en el delta de Mekong (Vietnam) desde el siglo I al VI d.C.

Obras destacadas

(1902) Les influences iraniennes en Asie Centrale et en Extrême-Orient.

(1920) Le sûtra des causes et des effets du bien et du mal.

(1923) Artistes des Six Dynasties et des T’ang.

(1925) Quelques textes chinois concernant l’Indochine hindouisśe.

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Pedro Jesús Jiménez Martín. Doctor en Educación Física por la Universidad Politécnica de Madrid. Licenciado en Educación Física por la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid.

Marcel Granet (1884-1940)

Sociólogo, etnólogo y sinólogo, fue pionero en aplicar los métodos sociológicos al estudio de China apoyándose en los trabajos de su profesor Émile Durkheim. Las personas que contribuyeron a su acercamiento al mundo chino fueron André d’Hormon, y sobre todo, su maestro Édouard Chavannes, alguien que supo canalizar su interés por el feudalismo hacia la sinología.

Granet fue testigo, durante su estancia en China entre los años 1911-1913, de la revolución china que derrocó a la dinastía Qing e instauró la República de China. En 1913 fue nombrado profesor de l´École Pratique des Hautes Études y en 1920 se convirtió en profesor en la Sorbonne. En el año 1926 fue nombrado primer director del Institut de Hautes Études Chinoises de la Sorbonne, y contratado como profesor en la École des Langues Orientales de París. Después de la Primera Guerra Mundial recibió la Croix de Guerre por sus servicios.

Granet aportó un profundo estudio sobre la vida social en China, centrando su foco de interés en la transición del periodo feudal a la China imperial. Utilizando textos antiguos, leyendas, danzas e incluso evidencias arqueológicas trató de reconstruir las costumbres y cultura de la sociedad pre-imperial en la que considero ver un importante elemento para entender la China Imperial.

Granet rechazó cualquier interpretación del pensamiento chino como algo místico o pre-lógico. A él se deben las primeras reflexiones académicas sobre las diferencias entre el pensamiento chino y el europeo moderno. Y aunque su obra muestra cierta controversia, estimuló el interés de muchos científicos sociales no sinólogos hacia el lejano Oriente, y en particular hacia la sociedad china.

Obras destacadas

(1912-1933) Études sociologiques sur la Chine. []

(1919) Fêtes et chansons anciennes de la Chine.

(1922) La religion des Chinois.

(1926) Danses et légendes de la Chine ancienne.

(1929) La civilisation chinoise. La vie publique et la vie privée.

(1934) La pensée chinoise.

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Pedro Jesús Jiménez Martín. Doctor en Educación Física por la Universidad Politécnica de Madrid. Licenciado en Educación Física por la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid.

Henry Maspero (1883-1945)

Hijo del famoso egiptólogo Gastón Maspero, se graduó en chino en el año 1907 en l’École de Langues Orientales Vivantes, donde tuvo como profesores a dos notables sinólogos Emmanuel E. Chavannes y Silvain Lévi.

Tras una significativa estancia en la École Français d’Extreme-Orient en Indochina (donde fue profesor), conoció a Paul Pelliot, y centró sus primeras investigaciones en el análisis histórico de los primeros siglos del budismo en China y la lingüística china, estudiando dialectos como el mu’o’ng y tai. Su valor como sinólogo fue tan ampliamente reconocido que, tras el fallecimiento de Chavannes, pasó a ocupar la Cátedra de langues et littératures chinoises et tartares-mandchoues en el College de France.

Con la ocupación alemana de París, aunque prosiguió sus investigaciones y llegó a  enseñar en el Collège de France, ejerció de lector en l’École Nationale de la France d’Outre-Mar, sucedió a Marcel Granet en la cátedra de Civilización China y dirigió el departamento de Religiones de China en el École Pratique des Hautes Études. En 1944 fue deportado a un campo de concentración bajo sospecha de actividades terroristas para no volver jamás.

Las aportaciones fundamentales de Maspero al estudio del Taoísmo fueron sus investigaciones académicas sobre la naturaleza científica de esta doctrina; su evolución histórica (analizó toda la literatura taoísta conocida desde el siglo I d.C a la dinastía Tang); y sus interacciones con el budismo como nuevo método para alcanzar la inmortalidad, como fuente de nuevo vocabulario para taoísmo, pero también, como causa que llevó la confusión doctrinal. Para Maspero el Taoísmo era una de las más maravillosas religiones en el mundo.

Obras destacadas

(1910) Communautés et moines bouddhistes chinois aus IIème et IIIème siècles.

(1922) Le saint et la vie mystique chez Lao-tseu et Tchouang-tseu.

(1927) La Chine Antique.

(1934) Les origines de la communauté bouddhiste de Lo-yang.

(1937) Les deux taoistes: comment on communique avec eux.

(1937) Les proceds de nourrir le principe vital dans la religion taoiste ancienne.

(1950) Mélanges posthumes sur les religions et l’histoire de la Chine.

(1965) La Chine Antique.

(1971) Le taoïsme et les religions chinoises.

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Pedro Jesús Jiménez Martín. Doctor en Educación Física por la Universidad Politécnica de Madrid. Licenciado en Educación Física por la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid.

Emmanuel Édouard Chavannes (1865-1918)

Fue uno de los primeros occidentales en profundizar de forma académica en el estudio de la cultura china, si bien, también contribuyó de forma notable al estudio de la historia y religión iraní, en las poblaciones que ocuparon el Turkestán chino en los 400 años anteriores a la invasión musulmana.

Su interés por China surgió tras su formación en L´Ecole Normale Supérieure de Paris y su participación en una misión científica enviada a Beijing entre los años 1889 y 1893. Allí empezó a investigar dos áreas que ocuparían el centro de su atención para el resto de su vida: la traducción de textos antiguos y las investigaciones arqueológicas. Más tarde, en 1907, volvería a visitar China para estudiar monumentos e inscripciones antiguas.

En su currículum destaca haber sido profesor de lengua y literatura china desde el año 1983 en el Collége de France; miembro del Institut de France desde 1903; miembro de la Académie des Inscriptions et Belles-Lettres desde el año 1903, de la que luego se convirtió en director desde 1915 hasta su muerte; Secretario y Vicepresidente de la Société Asiatique. También fue miembro de la Academia de las Ciencias de St. Petersburgo y miembro honorífico de la Société Franco-Japonaise de Paris, la Société Finno-Ougrienne, la Royal Asiatic Society de Inglaterra e Irlanda y la American Oriental Society.

Dentro de sus contribuciones más importantes destacan la primera traducción del Shiji, las memorias históricas redactadas por Sima Qian; el descubrimiento en 1899, en Hunan, de miles de fragmentos de huesos oraculares inscritos con caracteres ancestrales chinos; la traducción de memorias de sesenta peregrinos budistas chinos que viajaron a la India en la segunda mitad del siglo VII en busca de textos en sánscrito en dónde se incluyen importantes datos geográficos y culturales de zonas de Asia Central; la traducción de las vidas de Gunavarman, Jinagupta y Seng-Hui; el análisis sobre el culto en la montaña TaiShan en la antigua China; el análisis de textos históricos de la dinastía Tang y la religión china; así como diferentes obras sobre escultura en piedra de la dinastía Han y mapas de China.

Obras destacadas

(1865-1918) Le T’ai Chan. Essai de monographie d’un culte chinois.

(1893)  Sculpture sur pierre en Chine au temps des deux dynasties Han.

(1894)  Mémoire composé à l’époque de la grande dynastie T’ang sur les religieux éminents qui allèrent chercher la loi dans les pays d’Occident par I-­Tsing.

(1895-1905) Les Mémoires histo­riques de Se-ma Ts’ien.

(1902-1911) Cinq cent contes et apologues extraits du Tripitaka chinois.

(1911) La Divination par L’écaille de tortue dans la haute antiquité chinoise.

Referencias Bibliográficas

Laufer, B. (1918). Édouard Chavannes. Journal of the American Oriental Society, 38:202-205.

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Pedro Jesús Jiménez Martín. Doctor en Educación Física por la Universidad Politécnica de Madrid. Licenciado en Educación Física por la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid.

Corporalidad y Psicoterapias

Actualmente existen multitud de técnicas de intervención psicoterapéuticas que ponen el acento en la corporalidad y en la meditación como base para el cambio psicológico. 

Técnicas que trabajan desde el cambio en la estructura corporal (muscular, articular, energética, hormonal); o que utilizan el cuerpo como medio para la toma de conciencia y la resolución de conflictos psíquicos, sin pretender el modificar la estructura corporal.

Para orientarse frente a la gran variedad de prácticas terapéuticas corporales que se pueden identificar hoy en día, Ana Gimeno-Bayón (2013) propone diferenciar entre “psicoterapia corporal”, “método psico-corporal” o “intervención corporal”.

Las condiciones para que una técnica corporal pueda ser clasificada como “Psicoterapia Corporal” son:

1.- Tener como objetivo final el cambio psíquico (cognitivo, emocional, relacional, existencial, etc.), respecto al cual, el cambio físico, si lo hay, es un medio.

2.- Su método de cambio debe estar basado, bien en la modificación de algún aspecto de la dimensión corporal que se supone directamente relacionado con el cambio psíquico; o bien, en la utilización de intervenciones en las que el cuerpo tiene un papel relevante con el fin de proporcionar experiencias de contenido psicológico.

3.- El cambio físico o la implantación corporal durante el proceso van unidos a una toma de conciencia del proceso psíquico inscrito en ellos.

Una técnica corporal se identificará como “Método Psico-corporal” cuando ha desarrollado una serie de estrategias sistematizadas y coherentes que pueden contribuir al cambio psicoterapéutico, pero carece de una base teórica sólida. Técnicas que se han especializado en el tratamiento de una determinada patología principalmente.

Por último, se hablará de “Intervenciones Psico-corporales” para referirse a todas aquellas técnicas que añaden ejercicios corporales a su trabajo como complemento.

BASES ORIENTALES EN LA PSICOTERAPIA CORPORAL

La influencia de las teorías terapéuticas orientales en el desarrollo de las psicoterapias corporales occidentales se debe rastrear en Estados Unidos, en los primeros seminarios realizados por Eric Fromm y que se recogieron en la obra “Budismo Zen y Psicoanálisis” a finales de los años 50.

Una de las instituciones que tuvo un rol especial en todo este proceso fue el Instituto Esalen ubicado en Big Sur (California) al convertirse en los años 70 en un punto de encuentro entre maestros orientales de diferentes tradiciones espirituales, premios nóveles y eminentes figuras del ámbito de la psicología humanista.

A partir de este momento se puede afirmar que muchos métodos y conceptos de las tradiciones religiosas del hinduismo, el budismo y el taoísmo, concebidos en su esencia para el desarrollo espiritual, se empezaron a introducir en diferentes métodos psicoterapéuticos con el fin de potenciar el cambio psicológico inicialmente y, en los últimos tiempos, la transformación espiritual.

Sin embargo, hay algo importante que matizar. Que estas prácticas de las tradiciones orientales se importasen a Occidente, no quiere decir que haya que considerarlas en su origen como psicoterapias corporales. Las técnicas del hinduismo, el budismo y el taoísmo surgieron con fines espirituales y de trascendencia, si bien es verdad, que tangencialmente, trataron el aspecto psicológico de la persona y su corporalidad.

EVOLUCIÓN DE LAS PSICOTERAPIAS CORPORALES EN OCCIDENTE

Según Gimeno-Bayón (2013) la evolución de las psicoterapias corporales se puede investigar según cinco etapas, si bien añadimos una más para referirnos al momento actual:

1.- Etapa del Cuerpo Funcional (1920-1940). Esta etapa constituye el motor de arranque para las Psicoterapias Corporales modernas y se va a impulsar desde dos ámbitos: el contexto psicoanalítico, bajo las figuras de Sandor Ferenczi y Wilhem Reich, y el contexto psicosocial, con Jacob Levy Moreno.

– Sandor Ferenczi (1873-1933) incorporó la “dramatización” en su consulta animando a sus pacientes a expresarse con su cuerpo cuando se quedaban bloqueados verbal o emocionalmente. Desde su punto de vista, la dramatización del “recuerdo traumático” podía liberar toda la carga emocional retenida y actuar terapéuticamente. También utilizó el contacto de la mano con el paciente para facilitar el proceso terapéutico.

Este personaje fue fuente de inspiración para el desarrollo posterior de nuevos métodos como la Psicoterapia Centrada en el Cuerpo de Yvonne Maureer; el Psicoanálisis Dinámico de Jean Sarkissoff; el Somatanalyse de Richard Meyer; o  la Psicoterapia Analítica con Medicación Corporal de Sander Kirsch.

– Wilhem Reich (1897-1957) identificó las “corazas musculares”, grandes bloques de músculos rígidos que caracterizan la tonicidad de la persona, como corazas protectoras. Desde su interpretación, la toma de conciencia no es suficiente hay que realizar la transformación terapéutica, también hay que realizar un trabajo corporal que libere de las corazas. Reich también se interesó por lo que denominó la energía biológica universal (orgón) y concedió una importancia especial a la recuperación de la función del orgasmo.

Wilhem Reich fue fuente de inspiración para Alexander Lowen, creador de la Bioenergética; Gerda Boyesen, creadora de la Vegetoterapia; David Boadella creador de la Biosíntesis; John C. Pierrakos, creador del Core-Energética; Luciano Rispoli, creador de la Psicoterapia Funcional Corporal; o Charles R. Kelly creador de la terapia Radix.

– Jacob Moreno (1892-1974), fue el creador de: las terapias de grupo bajo la filosofía de que el proceso terapéutico se produce en el encuentro genuino entre personas; la sociometría como instrumento para la medición de las interacciones sociales; y el Psicodrama en el que se promulgaba el poder terapéutico de la teatralización (rol playing, inversión de roles, resonancia grupal, etc.). Moreno mostró la importancia del cuerpo en interacción como medio para implicar emocionalmente a la persona.

Su modelo fue fuente de inspiración para Kurt Lewin, creador del Training Group y Fritz Perls, creador de la Terapia Gestalt.

Desde el punto de vista de los Métodos Psico-Corporales, en este tiempo se desarrollan diferentes sistemas enfocados principalmente en la mejora de la postura corporal, el tono muscular, la relajación y el movimiento.

Respecto a la postura y el tono muscular son referencia el método de la Eutonía de Gerda Alexander; el Método Alexander de Matthias Alexander; el Método Pilates de Joseph Hubertus Pilates. Respecto del movimiento corporal son referentes el Método Feldenkrais de Moshe Feldenkrais, el Método Mezieres de François Mezieres; la Terapia de Concentración en el Movimiento de Helmut Stolze. Respecto a la relajación son referencia el Entrenamiento Autógeno de Johannes Heinrich Schultz; la Relajación Progresiva de Edmund Jacobson; el Método Ajuriaguerra de Julián de Ajuriaguerra; y también la Relajación Energética de Ernest Eeman.

Esta etapa se vio reforzada por coincidir con un momento de gran interés a nivel mundial en revalorizar el cuerpo desde diferentes ámbitos sociales. Una corriente que se ha sintetizado bajo el nombre de “movimiento corporeista”.

En el ámbito escénico, por ejemplo, surgieron nuevas tendencias como la Euritmia de Rudolf Steiner o la nueva visión de Constantin Stanilslavski en su técnica de la “creación” del personaje, En la danza surgen también nuevas tendencias creativas que llevan a nuevas expresiones corporales a través de Isadora Duncan, Rudolph von Laban o Martha Graham. En el ámbito de la educación física aparecen nuevos movimientos como la Antigimnasia de Therese Bertherat, el Movimiento Funcional de Elsa Gindler, etc.; y en la propia psicología se desarrollaron nuevas escuelas como la Psicología Analítica de Carl G. Jung o la Psicoterapia Individual de Alfred Adler.

2.- Etapa del Cuerpo Emocional (1960-1970). Esta etapa se caracteriza por el desarrollo de métodos que buscan la liberación de las emociones reprimidas a través del grito y la voz como el Grito Primal de Arthur Janov; la Terapia por el Grito de Daniel Casriel o la formación del Roy Hart Theatre de Roy Hart. El grito, despojado de todo contenido verbal para expresar emociones reprimidas, para volver a conectar con los sentimientos.

En esta misma línea también se desarrolla dentro del ámbito de la psicomotricidad la Psicomotricidad Relacional de André Lapierre y Bernard Aucoutourier, un método que busca a través de situaciones motrices liberar la energía mediante el desbloqueo del cuerpo en las zonas reprimidas en la infancia a través de gritos, movimientos y contacto.

Respecto a los continuadores de las ideas de Wilhem Reich surgen la Orgonterapia de Elleswort Baker; el método Radix de Charles L. Kelly; el Análisis de la Acción de Otto Muehl; el Core Energetics de John Pierrakos; la Vegetoterapia de Gerda Boyessen; la Somatopsicoterapia de Stanley Keleman; la Biosíntesis de David Boadella; la Bioenergética de Alexander Lowen, etc., y con una estrecha relación también con esta corriente el Rolfing de Ida Rolf.

Otros Psicoterapias Corporales que también surgen en esta etapa son la Terapia Gestalt de Fritz Perls, Laura Perls y Paul Goodman; la Danza Terapia de Laura Sheleen; el Focusing de Eugene Gendlin; o la Psicosíntesis de Roberto Assagioli.

3.- Fase del Cuerpo Sensual (1965-1970). Esta etapa se asocia con el nacimiento de psicoterapias y métodos basados en el contacto físico, en paralelo al crecimiento de psicoterapias que venían de la etapa anterior.

Aquí se fecha la creación del Masaje Sensitivo de Claude Camilli; el Masaje Californiano de Bernard Gunther y Molly Day; la Haptoterapia de Frans Veldmann; o la Sexoterapia de Masters y Johnson.

Se puede decir que, tras el reencuentro con emoción despertado en la fase anterior, en esta el interés se volcó en el desarrollo de la sensualidad, en la preocupación por el bienestar, el deseo y el disfrute corporal y en los medios para la expresión del afecto y el amor.

También, y desde otra perspectiva, es el momento en que se desarrolla el Somatanalyse de Richard Meyer. Un enfoque psicoanalítico de intervención corporal que sintetizó las ideas de muchas otras técnicas psicoterapéuticas y que concede una gran importancia al tacto en el trabajo individual y la emoción en el trabajo grupal.

4.- Fase del Cuerpo Transfuncional (1975-1980), En esta etapa se añade una nueva dimensión al trabajo de las psicoterapias corporales: la visión del cuerpo como experiencia espiritual, al amparo del desarrollo de la Psicología Transpersonal y la Psicología Humanista. El primero centrado en el desarrollo de la dimensión más espiritual y trascendente de la persona, y el segundo, el desarrollo de la personalidad y el potencial interno del individuo.

Corresponde a un periodo muy creativo en donde se investiga sobre los estados alterados de conciencia, el trance, el éxtasis, las experiencia mística, los caminos espirituales o la meditación, y son fuente de inspiración los trabajos de Aldoux Huxley, Abraham Maslow, Carl Rogers, Julian Huxley, James Fadiman,  Ken Wilber, Fritzjof Capra, Carlos Castaneda, Wilson Van Dusen, Rogers Walsh, Frances Vaughan, etc.

Aquí hay que destacar las investigaciones con LSD y la Respiración Alotrópica desarrolladas por Stanislav Grof; la Respiración Consciente de Leonard Orr (conocida inicialmente como Rebirthing); o la Palingenesis de Richard Meyer; en dónde a través de la hiperventilación y secuencias respiratorias se busca la modificación del estado de conciencia.

A nivel de Psicoterapias Corporales de influencia psicoanalítica surge la Biosíntesis de David Boadella; la Psicoterapia Funcional de Luciano Rispoli; el Psicoanálisis Dinámico de Jean Sarkissof; la Psicoterapia Analítica de Mediación Corporal de Sander Kirsch; o el Análisis Psicoorgánico de Paul Boyesen.

Por último, también se puede destacar la creación de numerosos métodos inspirados en la meditación oriental como la Reintegración Postural de Jack Painter; Leibtherapie de Karlfried Graf Durckheim; la Terapia de Polaridad de Randolph Stone; la Presencia Justa de Richard Meyer; o la Psicoterapia Centrada en el Cuerpo de Yvonne Maurer.

5.- Etapa del Cuerpo Consumo (Años 1980-2010). En esta etapa hay un “boom” y surgen multitud de psicoterapias y métodos psico-corporales. Según Gimeno-Bayón (2013) se puede considerar un periodo de banalización y fragmentación en la que se consumen técnicas, escuelas, filosofías, a gusto de supermercado.

Se puede considerar un periodo de florecimiento, pero a la vez, de gran crisis dentro de este sector ya que es una etapa “superficial” de creación de métodos “inmediatos”, de alegrías “eternas”, de promesas de curación psíquica y corporal sobre de todo tipo de enfermedades, que promete la consecución de todos los deseos.

Es un momento en que se difuminan los límites entre el terapeuta y el maestro espiritual, entre la práctica de actividad física saludable y las medicinas alternativas y complementarias y la psicoterapia; de confusión entre el lenguaje científico y el lenguaje místico, entre el ámbitos psicológico y transpersonal. Un periodo “narcisista”, del “yo mismo”, que lleva a una gran competitividad entre técnicas y escuelas por mostrar su “superioridad” y por hacerse con el “mercado”.

Pero a la vez, un momento en que se rescatan las tradiciones corporales de culturas primitivas y grupos étnicos minoritarios, de énfasis en las dimensiones energéticas del cuerpo, de gran capacidad de organización y difusión a través de la creación de institutos, centros de investigación, congresos, revistas, etc.

6.- Etapa del Cuerpo Científico. Actualmente estamos asistiendo a una etapa en la que se está desarrollando todo un corpus crítico contra muchos de los abusos que se han producido en la etapa anterior y que intentan ordenar, desmitificar y aclarar los límites y el potencial de las terapias psico-corporales y métodos psico-corporales.

Trabajos e investigaciones como las que están realizando Barbara Ehrenreich sobre las psicoterapias; Miguel Farias y Catherine Wikholm sobre la meditación; o Edzard Ernst con relación a las medicinas alternativas y complementarias, etc.

Referencias Bibliográficas

Gimeno-Bayón, A. (2013). Un Modelo de Integración de la Dimensión Corporal en Psicoterapia, Milenio: Lleida.

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Pedro Jesús Jiménez Martín. Doctor en Educación Física por la Universidad Politécnica de Madrid. Licenciado en Educación Física por la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid.