Kukai en China

Entre los 20 y los 30 años, Kukai sintió una gran necesidad de dominar los conocimientos y rituales del budismo esotérico que se habían abierto ante él tras la lectura del Sutra Mahavairocana, y que nadie le podía enseñar en Japón. 

Kukai tenía que ir a China si quería satisfacer sus deseos. Sin embargo, el interés de Kukai por este viaje también pudo responder a otros motivos. Por ejemplo, en aquellos tiempos las reglas del juego estipulaban que todo aquel que quisiera fundar su propia escuela religiosa debía obtener el reconocimiento de un maestro reconocido en China.

El primer problema que debía solventar nuestro personaje para hacer su viaje era ordenarse monje oficialmente. Así, tras varios años actuando como monje solitario (ubasoku), realizando prácticas ascéticas, estudiando textos sagrados y entrevistando a otros ascetas, en el año 804, con 31 años de edad, se ordenó oficialmente como monje en el Kaidan del templo Tōdaiji. Fue en este momento cuando recibió el nombre de Kukai.

La segunda dificultad para alcanzar sus objetivos era que los barcos en los que debía embarcarse para llegar al continente ya habían zarpado desde el puerto de Naniwa (en la actual Osaka), en el año 803, y no se sabía cuando se volvería a enviar otra nueva expedición.

Es importante añadir aquí, que en esa expedición había zarpado además otro monje budista que tenía el mismo interés de Kukai en formarse en el budismo esotérico chino: Saicho. Un monje que después fundaría la escuela budista esotérica Tendai y el complejo monástico del monte Hiei, junto a Kyoto, la institución más importante en el budismo japonés hasta hoy día.

Sin embargo, la suerte acompañó a Kukai. Debido a un fuerte temporal la expedición tuvo que regresar a Japón. Algo normal en aquellos tiempos en los que los tifones y tormentas, y la falta de conocimientos náuticos de los marineros japoneses, hacían de estos viajes una aventura sumamente peligrosa.

Kukai tenía delante su oportunidad, pero ahora el tercer obstáculo que debía abordar era cómo a él, un monje recién ordenado, le iban a dejar participar en aquella expedición cuando los monjes que normalmente eran enviados al continente eran aquellos que disfrutaban de una gran reputación e influencia en el mundo monástico.

En este caso, y aunque se cree que pudieron confluir varias situaciones para la obtención del permiso, se considera que fue Gonzō, el abad del templo Daian, el que como personaje influyente en la corte pudo interceder a su favor.

Kukai obtuvo el permiso para unirse a la expedición, para poder estudiar 20 años en China, y una pequeña ayuda del gobierno, pero insuficiente, para poder hacer frente a todos los gastos tendría que hacer en todos aquellos templos que le acogiesen en China.

VIAJE A CHINA

La expedición, conformada por cuatro grandes barcos, partió el 14 de mayo del año 804. Dicha expedición representaba el interés político del Emperador Kanmu por retomar las relaciones diplomáticas con el extranjero. La última misión a China había regresado en el año 778 y Kanmu quería glorificar al nuevo emperador Chino e informar de la nueva capital en Japón.

Como Kanmu quería dar la mejor impresión seleccionó para este viaje a personajes de la nobleza y grandes académicos y artistas. En el barco capitaneado por el vice-embajador Ishikawa no Michimasu, viajaban también Sugawara no Kiyokimi, padre del futuro Michinzane no Sugawara;  Saicho (767-822); y Gishin (781-833), el futuro sucesor de Saicho como patriarca en Hieisan. (Saicho podía leer chino pero no hablarlo, Gishin era su intérprete).

En el otro barco, capitaneado por el embajador y líder de la expedición Fujiwara no Kadonomaro, viajaban Kukai y el gran calígrafo Tachibana Hayanari (¿?-842).

Otros personajes importantes de la expedición fueron el administrador oficial Kannabi no Nobukage, el secretario Kamitsukeno no Ehito y el secretario provisional Asano no Katori, todosconocidos por sus dotes en poesía china.

Según los registros, parece ser que la segunda noche tras la partida, una fuerte tormenta obligó a dos barcos de la expedición a regresar a Japón mientras que los otros dos restantes, en los que iban Kukai y Saicho, tuvieron que separarse y tomar rutas distintas para ir a China.

La expedición era lo suficientemente importante como para que la corte japonesa al enterarse de lo sucedido, decidiese enviar una embajada a través de Corea para saber si habían sobrevivido o no los otros dos barcos, e incluso se decidió que se volvería a enviar al año siguiente los dos barcos que habían regresado si no se obtenía ninguna noticia sobre ellos.

El hecho fue que los dos barcos sí que habían llegado a las costas chinas después de estar más de un mes en el mar. El barco de Saicho había arribado en Mingzhou (la actual Zhejiang), cerca de su destino y un lugar al que antes habían llegado embajadas japonesas por lo que no encontraron problemas. La mala suerte para esta tripulación fue la muerte de Ishikawa no Michimasu.

Los integrantes de esta expedición se fragmentaron en dos. Por un lado, Kiyokimi tomó el mando para ir a la capital a mostrar los respetos, y por otro, Saicho y sus seguidores se dirigieron al monte Tiantai en Zhejiang.

Respecto al barco de Kukai, este se había desviado mucho de su ruta y había arribado en Fuzhou (la actual Fujian). Un lugar al que nunca antes habían llegado las embajadas oficiales japonesas, con el inconveniente añadido de que no llevaban consigo la documentación oficial de presentación de respetos porque iba en el otro barco.

Cómo es lógico, el administrador chino local, desconfiando de ellos por si eran piratas, decidió retenerles. Sin embargo, su salvación llegó más o menos rápido gracias a la intervención de Kukai.

Parece ser que este escribió una carta al emperador de China en el que demostró tal conocimiento de la literatura china y calidad poética, que agradó lo suficientemente al Emperador como para recibir el permiso, después de un mes, de que 23 hombres de la expedición pudiesen ir a la capital en Chang´an.

Este suceso es sumamente importante porque supuso el primer paso hacia la fama pública y el interés de la corte japonesa que obtendría después Kukai como poeta y escritor. Un evento que sucedió además delante del capitán del barco, Fujiwara no Kadonomaro, quien tomó conciencia de su talento excepcional.

Es curioso, que en la lista inicial de las personas 23 personas que se les permitió ir a la capital, no estuviera Kukai. Ryotaro (2003) lo justifica diciendo que el gobernador local al reconocer su talento lo quiso retener para utilizar sus servicios. Sin embargo, parece ser que tras una segunda carta de Kukai al emperador chino, logró convencerle para unirse al grupo.

Los 23 hombres partieron tardando 46 días en llegar. En el camino a Chang´an, Kukai tuvo que recorrer 2700 km aproximadamente. Una distancia que le brindó la oportunidad para conocer el país y contactar con la cultura local. Según Ryotaro (2003), los lugares por los que pasó fueron los mismos que siguió después el monje Ennin (794-864) y que describe con todo detalle en su diario.

En Chang´an, el grupo se encontró que 27 hombres de la tripulación del segundo barco que también había sobrevivido les habían preparado una fiesta de bienvenida.

Kukai residió inicialmente en la casa de Fujiwara no Oguromaro, actuando como escritor e intérprete, pero poco después, se mudó al templo Ximing, un lugar que tradicionalmente tenía un espacio de acogida para los estudiantes extranjeros que querían aprender budismo en la capital. Su entrada coincidió con la salida del monje Eichō (743-816), el monje que introduciría la cultura del té en Japón.

El templo Ximing, era el templo más grande de la ciudad, y hay que recordar que era un templo hermanado con el templo Daian de Nara con el que tanto tiempo había tenido contacto Kukai años antes. Esta realidad refuerza la tesis de que fue el abad Gonzō el que actuó como su protector en esta misión.

Una vez instalado en la ciudad, parece ser que Kukai decidió ir de templo en templo para encontrar a su maestro “predestinado”, algo contradictorio porque en la capital todo el mundo sabía que el maestro más respetado en el budismo esotérico era Hui-kuo y que además prestaba servicios al propio Emperador.

Su interés por hacer estas visitas en verdad pudo responder más bien a otras necesidades: a) absorber toda la información posible sobre cultura china (poesía, caligrafía, arquitectura, ingeniería, etc.); b) investigar las nuevas religiones que había descubierto en la capital (zoroastrismo, maniqueísmo, cristianismo, islam), c) mejorar su conocimiento del sánscrito con los maestros indios Prajna y Munisri; y d) recopilar toda la información tántrica posible.

Entre estos dos maestros indios, Kukai tuvo un mayor contacto con Prajna dado que Munisri murió al año siguiente de su llegada y quizás no gozaba de tan buena salud. Prajna procedía de Cachemira y había estudiado en la famosa universidad de Nalanda.

INICIACIÓN CON EL MAESTRO HUI-KUO

El evento más importante de toda la estancia de Kukai en China tuvo lugar en junio del año 805, cuando tenía 31 años edad. En esta fecha por fin logró el encuentro que siempre había deseado en Japón: entrevistarse con el maestro Hui-kuo en el templo Qinglong. El maestro que le podía abrir el libro a los conocimientos del budismo esotérico.

Hui-kuo (746-805) fue el primer monje chino que tuvo acceso al conocimiento de dos sistemas diferentes de budismo esotérico: 1) las enseñanzas esotéricas del Sutra Vajrasehkara, introducido en China en el año 720 por Vajrabodhi (671-741) y desarrolladas después por el monje Amoghavajra (705-774); y las enseñanzas secretas del Sutra Mahavairocana, introducido en China en el año 716 por Subhakarasimha (637-735) procedente de la India Central.

Según su biografía, Hui-kuo había nacido en una familia de los suburbios de la capital, y siendo muy joven, se había ido a vivir a un monasterio budista dirigido por un discípulo de Amoghavajra. A los 17 años, y tras conocer al maestro, esté le adoptó rápidamente como su discípulo al reconocer su inteligencia excepcional. A los 19 años obtuvo la iniciación (abhiseka) en el budismo esotérico del propio Amoghavajra, y a los 20 años recibió todo su conocimiento. Sin embargo, también se dice que a esa misma edad también fue iniciado en el Sutra Mahavairocana por Xuanchao, un monje de origen coreano que había sido discípulo de Subhakarasimha.

Amoghavajra en realidad tuvo seis importantes discípulos: Huilang, Huichao de origen coreano; Hanquang, Yuanjiao y Juecaho, procedentes del monte Wu-tai; y Hui-Kuo. Hui-kuo fue el único que se quedó en la capital convirtiéndose allí en el legítimo heredero de la tradición.

Según la tradición Shingon, Kukai visitó al maestro junto a seis monjes más del templo Ximing y fue un encuentro extraordinario: El maestro Hui-kuo mostró una gran alegría al verle diciendo que había esperado ese momento desde hacía mucho tiempo, que le quedaban pocos días para cerrar la transmisión y que había encontrado al alumno que debía seguir su linaje, ofreciéndole la iniciación al momento.

El encuentro con el maestro en verdad tuvo que ser excepcional porque en aquella época uno alumno nuevo debía esperar varios años hasta que contactaba con el gran maestro y aprender primero con discípulos aventajados antes de llegar a él.

A partir de ese mismo momento Kukai se trasladó a vivir con el maestro en el templo Qinglong recibiendo rápidamente varios bautismos de iniciación (abhiseka) en los dos sistemas de enseñanzas esotéricas dominados por Hui-kuo.

La primera iniciación ocurrió el 13 de junio. En una ceremonia sagrada, Kukai dejó caer un pétalo de flor sobre un mandala y este aterrizo sobre la deidad central del mismo Mahavairocana. Lo mismo ocurrió un mes después, en su segunda iniciación. Hui-kuo mostró su contento porque sabía que a su maestro Amoghavajra le había ocurrió igual, y como aprecio a estos designios le otorgó el nombre de Henjō Kongō (El Iluminador Universal Adamantino)

Kukai había recibido la iniciación en los reinos del mandala Garbhadhatu, y el mandala Vajradhatu, las dos representaciones iconográficas que sintetizaban las dos líneas de budismo esotérico que había aprendido Amoghavajra.

La tercera iniciación la recibió el 10 de agosto y fue para convertirle en gran maestro (acarya) sucesor de Hui-kuo y en el octavo patriarca del budismo esotérico. Hui-kuo le reveló todos sus conocimientos sobre el uso de los mantras, mudras y simbología sagradas de los objetos y deidades.

Como es de suponer, varios maestros se acercaron a Hui-kuo para mostrar su descontento con la situación. Sin embargo, uno de ellos, Zhenhe, tuvo un sueño en el que era despedazado por los cuatro guardianes del budismo. Esto le hizo cambiar de opinión y apoyar a Hui-kuo en su decisión.

Kukai no tuvo dinero para agradecer y poder cubrir todos los gastos que supuso la ceremonia, y parece ser que con toda su humildad regaló al maestro una sencilla sobrepelliz (tela blanca y fina, larga y amplia, como mangas anchas que se pone sobre la sotana), un quemador de incienso y algo de dinero.

Por su parte, Hui-kuo le regaló cinco mandalas, cinco retratos de los patriarcas del budismo esotérico recién pintados, multitud de sutras y tratados y los objetos transmitidos en linaje de los patriarcas.

Hui-kuo falleció cuatro meses después de esta iniciación, el 15 de diciembre del año 805. Ese día el maestro se purificó con agua caliente, hizo el mudra de Mahavairocana, se tumbó tranquilamente sobre su lado derecho y espiró su último aliento.

Se dice que el propio maestro, en la última iniciación de Kukai ya le había revelado que su vida en la tierra estaba próxima a su fin; que había tenido miedo de no haber podido transmitirle todo su conocimiento, pero que consideraba que ya estaba perfectamente equipado con todo; que ya había cerrado todo lo que había venido a buscar en China y que debía regresar tan pronto como pudiese a su país para propagar las enseñanzas; y que presentase a su gobierno todo lo que había recibido para ganar su apoyo.

Hui-kuo dejó otros importantes discípulos: Yiming, Yiman, Yicheng, Yiheng, Yiyi, Yizheng, Yicao, Yiyun, Yuantang, Yilun, Bianhong (procedente de Java) y Huiri (procedente de Corea).

El 16 de enero se realizó el funeral de Hui-kuo en su templo Dongta-yuan dentro del templo Qinglong y sus cenizas fueron llevadas al pueblo de Mengcun en los suburbios de la capital donde se erigió un monumento. Kukai escribió el epitafio de su tumba por orden imperial e incluso lideró la ceremonia funeraria.

REGRESO A JAPÓN

El regreso de Kukai quizás no vino motivado sólo por las palabras de su maestro. La embajada japonesa había podido observar que la dinastía Tang tenía importantes problemas internos de intrigas y deslealtades, y externos, con provincias como el Tíbet. El país escondía una tensión que podía estallar en cualquier momento y la embajada japonesa estaba preparada para volver a Japón de manera inminente.

El retorno se organizó de la siguiente manera. La embajada japonesa de Chang´an fue escoltada hasta Mingzhou, el lugar donde desembarcó el barco de Saicho. A su vez, el barco que estaba en Fuzhou también se trasladó a Mingzhou, y en paralelo, los dos barcos que tuvieron que regresar nada más partir inicialmente fueron reenviados a China.

De estos, una embarcación se hundió en la tormenta, mientras que el otro capitaneado por Takashina no Tōnari pudo llegar el año 806, un año después de que regresase el barco de Saicho a Japón.

La embajada de Takashina tenía como objetivo felicitar al nuevo Emperador Shunzong por su sucesión al trono. Su sorpresa fue saber que este había abdicado a favor de Xianzong.

Kukai y Hayanari fueron a visitar a la embajada recién llegada a la capital para darles la bienvenida, pero también para pedirles que pudiesen regresar con ellos a Japón.

Takashina debió de sorprenderse con su petición al saber que la regla en estos viajes para los estudiantes budistas era que no podían volver según les conviniese sino tras el tiempo por el que habían sido enviados. Además, si consiguiese que la corte Tang lo aceptase, lo difícil sería explicárselo a la corte japonesa.

Sea como fuera, al final le convencieron. Kukai escribió al emperador para pedir el permiso y este no sólo se lo concedió, también le regaló un rosario de cuentas de cristal en aprecio y recuerdo de su persona.

En su recorrido hacia la costa, la delegación llegó primero a Yuezhou. Allí Kukai aprovechó el tiempo para copiar numerosos textos de literatura, astronomía, medicina, arte y otras materias, además de entrar en contacto con el maestro Shun Xiao, compañero deformación con Hui-kuo.

Este seguro que le habría hablado de la iniciación que le había dado a Saicho un año antes de su llegada, e informado que este había partido a Japón para transmitir el budismo esotérico. Kukai ya no podía ser el primer en expandir estas enseñanzas en su tierra siendo su única esperanza saber que Saicho sólo tenía una parte de las enseñanzas.

Kukai y Tachibana Hayanairi partieron en barco en agosto del año 806. Parece ser que en el mar se enfrentaron a una fuerte tormenta, y que según la leyenda Kukai lanzó un vajra al cielo y la tormenta paró. Según la tradición Shingon, Kukai volvió a encontrar este vajra en un árbol del monte Koya donde después fundaría el principal complejo de templos de su escuela.

Saicho había partido en el año 805 habiendo aprovechado su estancia en China. Primero en Taizhou, la capital de la provincia en la que estaba localizado el monte Tiantai. Después en el propio monte Tiantai donde Saicho y su discípulo Gishin fueron ordenados monjes de esta escuela, y por último en Yuezhou, donde había obtenido las enseñanzas esotéricas del famoso maestro Shun Xiao.

Kukai por su parte, partió en el año 806 y no sólo había conseguido también su objetivo de recibir la iniciación en los secretos del budismo esotérico, también había aprovechado en su estancia para estudiar con los mejores calígrafos y poetas chinos. Una formación que después se convertiría en su puerta de entrada en la corte a su regreso.

Todos los que regresaron de aquella expedición, desde el embajador hasta el estudiante menos destacado, fueron generosamente recompensados nada más llegar. Saicho recibió el honor de poder ordenar el mismo a tres de sus discípulos, Eichō pudo ordenar a dos. Kukai sin embargo, no recibió su reconocimiento hasta el año 809.

No está clara la ruta que siguió el barco de Kukai para llegar a Japón y qué hizo este después. Sin embargo, si está claro que Kukai no fue directamente a la capital como hizo Saicho, y que vagó tres años por las provincias considerando que su oportunidad todavía no había llegado.

Kukai había tenido suerte porque tras esta expedición Japón no volvería a enviar otra embajada al continente hasta el año 838, fecha en la que Kukai ya habría ya fallecido.

Referencias Bibliográficas

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About

Pedro Jesús Jiménez Martín. Doctor en Educación Física por la Universidad Politécnica de Madrid. Licenciado en Educación Física por la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid.

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