Shintō en el perido Asuka

Antes de describir cómo era el culto a los kami (deidades-espíritus) hasta el periodo Asuka (552-710) es importante aclarar que en estos tiempos (e incluso hasta mucho más adelante), no existió una tradición estructurada, organizada y autónoma que se pueda equiparar a la religión sintoísta que conocemos hoy en día.

Aunque la casa imperial intentó controlar este culto a través de la creación de una institución oficial que se conoció con el nombre de Oficina sobre los Asuntos de los Kami (Jingikan, 神祇館), lo cierto es que la población japonesa mantuvo unas tradiciones y creencias locales con unos intereses propios que estuvieron alejados de dejarse organizar completamente por un sistema de control impuesto exteriormente por los gobernantes.

Además, la palabra shintō (神道) como tal, era excepcional en los textos y documentos de la época. Hardacre (2017) y Teeuwen (2002) nos dicen que este término no aparece ni en el libro de las Crónicas de los hechos antiguos (Kojiki, 古事記, 712), ni en la Colección de la miriada de hojas (Man’yōshū, 万葉集, 759), ni en la Recolección de historias antiguas (Kogoshūi, 古語拾遺, 807), ni en las gacetas provinciales (Fudoki, 風土記 713-733), y que sólo aparece 4 veces en las Crónicas de Japón (Nihon shoki, 日本書紀, 720).

Estas escasas referencias han servido, sin embargo, como prueba a una corriente de investigadores, para defender la existencia desde los tiempos más antiguos, de una línea ininterrumpida del sintoísmohasta nuestros días.

Sin embargo, otros académicos han realizado una interpretación de estos datos bien distinta. Para unos, estas mínimas referencias simplemente denotan que esta palabra era una fórmula “diplomática”, utilizada por los monjes budistas, para referirse a las creencias religiosas no budistas, y un recurso para designar una realidad desorganizada y polivalente de cultos a espíritus y deidades nativas; y para otros, es la confirmación de la gran importancia que tuvieron las creencias taoístas en estas primeras fechas de la historia japonesa.

En esta última línea de interpretación, se considera que la palabra shintō habría sido una asimilación de la palabra shendao china, siendo shin la palabra utilizada para designar a los kami y , el ideograma para vía-camino.

PERIODOS YAYOI Y KOFUN

Hoy en día se considera que la vida religiosa en el periodo Yayoi (弥生, 400 a.C. – 300 d.C.) debió girar en torno a rituales relacionados con la agricultura, y en particular, al cultivo del arroz. Parece ser que estas ceremonias se celebraban junto a rocas que se ubicaban junto a manantiales, cascadas, orillas de los ríos y colinas, quizás, por la importancia que tiene el agua para la agricultura.

En estos tiempos, más que santuarios, lo que había eran recintos “demarcados” al aire libre en los que se invitaba a los kami (神) a descender a la tierra través de pilares, árboles, cascadas, rocas, islas o montañas. Una vez que el kami había bajado se realizaba el acto ritual pidiendo la fertilidad del grano.

El hallazgo de espejos y campanas de bronce en estos espacios sagrados sugieren que sus superficies brillantes y el sonido habrían servido como recursos para convocar a los kami, y la presencia de armas en estos mismos yacimientos, que los ritos eran liderados por los jefes de los clanes.

En estas fechas los kami no tenían una apariencia antropomórfica como luego se les daría más adelante. Estos más bien eran entidades invisibles y sin forma que sólo se manifestaban cuando eran invocados. Además, los kami, como expresión de fuerzas de la naturaleza, podían actuar tanto benéfica como maléficamente. Por eso, el culto en muchos casos estuvo enfocado en aplacar su posible enfado.

Dentro de los escasos registros existentes en los que se cita cómo era Japón en esta época, la obra china Registros de Wei (Weizhi, 297) expone que este país se conocía como el reino de wa y que estaba gobernado por una reina, Himiko (卑弥呼), que lideraba los rituales y dominaba a su pueblo con la magia.

Respecto al contenido de las creencias religiosas se considera que debieron de contener múltiples elementos chinos ya que en las decoraciones de los numerosos espejos de bronce que se han encontrado por todo el país, además de triángulos e imágenes de animales, aparecen las deidades del Gran Rey Padre del Este y la Gran Reina Madre del Oeste, de origen continental y asociados al culto a la inmortalidad. En estos tiempos ya podrían haber sido asimilados en los cultos locales las nociones del yin y el yang, la astrología y la adivinación del continente.

En cuanto a las primeras referencias sobre los espacios sagrados de este periodo hay que resaltar el monte Miwa (三輪山) y su deidad Ōmononushi (大物主神), un kami con forma de serpiente, venerado como protector de las buenas cosechas y el buen tiempo.

El periodo Kofun (古墳, 300–700) destaca como un momento histórico en el que hubo una importante llegada de inmigrantes coreanos al país motivada por los conflictos que se desencadenaron entre los tres reinos de Corea (Silla, Paekche y Koguryō). Estos inmigrantes importaron sus conocimientos de ingeniería (metalurgia, irrigación), literatura, gobierno y algo muy importante, sus creencias religiosas.

Esta realidad empezó a demarcar las diferencias entre lo autóctono y lo extranjero, y a caracterizar a la gente “nativa” como un pueblo de agricultores fiel a sus ritos, y como linajes de clanes que hundían sus raíces en los tiempos de los Kami.

En este periodo histórico, se gestó la aparición de los clanes y linajes encargados de gestionar los rituales a los kami, muchos de los cuales serían después reclutados por el gobierno para ejercer funciones en la Oficina de Asuntos de los Kami (Jingikan, 神祇館).

El clan Nakatomi (中臣) (de los que saldrían luego el clan Fujiwara 藤原) rendía culto a la deidad Ame no Koyane no Mikoto (天児屋命) y poco a poco se especializó en las oraciones a los kami; el clan Sarume (猿女) veneraba a la deidad Ame no Uzume no Mikoto (天鈿女命) y se centró en las danzas rituales (kagura, 神楽), la sanación y los ritos de posesión por espíritus; el clan Inbe (斎部o Imibe) se asociaba con Ame no Futodama no Mikoto (天太玉命) y con el tiempo se especializó en gestionar el reparto de tributos para los rituales; y el clan Urabe (卜部) se consideraba descendiente de Ame no Koyane y dominó la adivinación con caparazones y escápulas (luego adoptarían el nombre Yoshida (吉田).

En este periodo el protagonismo del culto en Miwa por parte de los gobernantes fue sustituido (no se sabe exactamente cuándo ni por qué) por el de la diosa solar Amateratsu Ōmikami (天照大御神) en Ise (伊勢神宮). Un nuevo santuario ubicado en la dirección del amanecer para un astro que “iluminaba todo bajo el cielo”, el lema con el que también se promocionaba la casa imperial.

Sin embargo, Ise también fue el lugar de residencia para un segundo kami ligado a la comida Toyouke (豊受大神). Esto dio lugar a dos recintos sagrados: el santuario interno (Naikū, 内宮) y el externo (Gekū, 外宮).

PERIODO ASUKA

El budismo llegó oficialmente a Japón en el año 552 desde Corea y lo hizo a partir del regalo de una estatua de buda y varias escrituras a la corte imperial. Esta fecha marca el inicio del periodo Asuka (飛鳥, 552-710 d.C.).

Con la acogida oficial del budismo se desencadenó un conflicto interno entre el clan Soga (蘇我), favorable a la nueva religión, y los clanes Nakatomi y Mononobe (物部), contrarios al apoyo de una creencia extranjera.

Tras un primer éxito del clan Soga en favor del budismo que permitió crear una capilla para venerar a Buda, la aparición de una epidemia en el país fue aprovechada por los clanes Nakatomi y Mononobe para justificar el enfado de los kami por haber apoyado una creencia extranjera y eliminarla.

Sin embargo, en el año 584, Soga Umako (蘇我馬子, 551–626), un poderoso ministro de la corte imperial decidió volver a construir otra capilla budista con la estatua de Miroku (弥勒菩薩), el Buda del Futuro, en su interior, atendida por dos monjas (un hecho que confirma el importante papel que desempeñaban las mujeres en estos tiempos como servidoras de las deidades en los recitos sagrados).

Tras la aparición de otra nueva epidemia, los clanes Nakatomi y Mononobe volvieron a atribuir las causas al enfado de los kami consiguiendo que la capilla fuese quemada y la estatua destruida. Sin embargo, como después de esta acción surgió otra epidemia, esta vez el clan Soga defendió el enfado de Buda por lo ocurrido, y Soga Umako consiguió reconstruir la capilla y el budismo abrirse camino.

Uno de los emperadores clave respecto al jindō en el periodo Asuka fue Tenmu (天武天皇, r. 673–686), un emperador que se reconoció a sí mismo como descendiente de los kami de Takamimusubi (高御産巣日神) y Amaterasu, y que incluso se llegó también a identificar como un dios viviente (akitsumikami, 現御神) y un inmortal (senjin).

Este regente fue elque ordenó la compilación de una de las obras clave del sintoísmo: las Crónicas de los hechos antiguos (Kojiki, 古事記), si bien esta no se terminó hasta el año 712, después de su fallecimiento.

La obra fue compilada por Ō no Yasumaro (太安万侶), y transcribía los hechos memorizados por Hieda no Are (稗田阿礼). Hoy en día se considera que fue un proyecto para validar su mandato y la de sus clanes aliados (ya que los rangos de la corte se basaban en parte en la conexión genealógica con el trono) y un recurso para justificar unos orígenes divinos que le otorgase prestigio y credibilidad frente al gobierno del continente.

El problema es que esta obra relegó a un segundo plano las tradiciones mitológicas de muchos clanes, si bien la suerte fue que, muchos de ellos, no contentos por el poco énfasis puesto en sus tradiciones, decidieron redactar sus propios documentos, legando obras como el Kogoshūi (古語拾遺) del clan inbe o el Sendai kuji hongi (先代旧事本紀) del clan Mononobe.

Tenmu fue también el emperador que inició la tradición de alojar una princesa imperial junto al gran santuario de Ise para realizar los ritos en honor a la diosa Amateratsu, y el que ordenó que este complejo de templos fuese reconstruido desde sus cimientos cada 20 años.

Según el Nihon Shoki, el gran santuario de Ise se fundó con el emperador Suinin (垂仁天皇, r. 29 a.C.-70 d.C.) atendiendo a un oráculo que emitió la propia diosa del sol Amateratsu a una mujer chaman llamada Yamato Hime (大和姫).

Tenmu, inspirado por esta leyenda, impuso la tradición de instalar una princesa imperial “consagrada” (itsuki no miya o saiō, 斎王) en este santuario movido por dos importantes razones: como recurso para demostrar su poder, pero también, como excusa para no tener que desplazarse el mismo hasta el santuario.

El Jingikan se encargó de crear una oficina (saigū-ryō o Itsuki no Miya no Tsukasa) para satisfacer todas las necesidades de esta princesa. Una joven virgen que debía residir en Ise hasta que moría o se cambiaba de emperador y que tenía que intervenir directamente en el santuario en tres ceremonias al año (el resto del tiempo hacia las ofrendas desde su palacio-santuario personal).

La princesa era elegida por adivinación por parte de la Oficina del Yin-Yang (Onmyōryō, 陰陽令) y antes de ir a Ise debía realizar 2 años de purificaciones. Esta tradición duró 660 años, siendo el último emperador en seguirla Godaigo (後醍醐天皇, r. 1318-1339).

El emperador Tenmu ordenó que los santuarios de Ise debían ser renovados cada 20 años en un acto ceremonial llamado Shikinen Sengū (式年遷宮), un ritual que continúa hasta la actualidad.

La razón hay que buscarla quizás en que ese es el tiempo que tardan más o menos en estropearse los pilares de madera, el tiempo que se necesita para formar una nueva generación de carpinteros, o simplemente, otra forma de mostrar su poder imperial.

Sin embargo, los eventos más importantes que tuvieron lugar en este periodo fueron: 1) la creación de la Oficina de los Asuntos de los Kami (Jingikan),dentro del sistema de gobierno Ritsuryō(律令), y 2) la elaboración de una normativa que regulaba específicamente el ritual en los santuarios (Jingiryō, 神祇令), dentro del código legal Yōrō (718).

El término jingi (神祇), era una fórmula abreviada de Tenjin chigi (天神地祇), una expresión que identificaba a las deidades celestes (tenjin, amatsukami) que residían en el Takamagahara (高天原) (los kami de los que supuestamente descendía el linaje imperial), y las deidades terrestres (chigi, kunitsukami) que agrupaba al resto de los kami, y especialmente a los de Izumo, que no se sometieron inmediatamente al reino de Yamato.

El Jingikan y el Jingiryō fueron los encargados de gestionar el culto ritual oficial a los kami en el país según un calendario anual establecido al efecto, y de coordinar los tributos ofrecidos a los santuarios y registrar los sacerdotes.

Estos ritos (jingi) empezaron con el emperador Tenmu bajo el formato de ceremonias destinadas a atraer o repeler la lluvia con el fin de mostrar los poderes mágicos del emperador, pero después, en el código Yōrō (718) evolucionaron a 20 ceremonias anuales cuyo objetivo principal era asegurar la paz y la prosperidad del reino (Ver tabla 1).

NombreFecha celebraciónObjetivo
Toshigoi o KinensaiPrimaveraBuenas cosechas
HanashizumePrimaveraEvitar la enfermedad
Kamu misoPrimavera y otoñoBuenas cosechas
SaigusaPrimaveraEvitar la enfermedad
ŌmiPrimavera y veranoBuenas cosechas (lluvia)
Kaze no KamiPrimavera y veranoBuenas cosechas (viento)
Tsukinami o TsukinamisaiPrimavera y otoñoBuenas cosechas
MichiaeVerano e inviernoEvitar la enfermedad
Hoshi shizumeVerano e inviernoEvitar los fuegos en palacio
ŌharaiMitad y último día del añoPurificación
Kanname-saiOtoñoBuenas cosechas
Ainame-saiOtoñoBuenas cosechas
Niiname-saiOtoñoBuenas cosechas
Tabla 1. Rituales a los Kami en el periodo Asuka. Fuente: Kardacre, 2017.

El Jingikan fue una institución ubicada dentro de los precintos del palacio imperial con delegaciones en las provincias. Sus funciones fueron básicamente: proporcionar personal para asistir al soberano y a la corte a la hora de realizar los ritos en palacio; custodiar el salón de las 8 deidades (Hasshinden, 八神殿) que protegían al linaje imperial; realizar ritos de adivinación para identificar los kami que producían el infortunio o la enfermedad; supervisar y celebrar los 20 rituales del calendario anual; y distribuir las ofrendas que se enviaban a los santuarios en los que se celebraban estos ritos.

Los clanes encargados de gestionar estas ceremonias eran el Nakatomi (a la cabeza del Jingikan) que llevaba las oraciones a los kami; el Sarume, encargado de las danzas rituales; el Inbe, responsable del reparto de tributos para los rituales; el Urabe, especialista en adivinación; y los Tamatsukuri y Kagamitsukuri, delegados de la fabricación de joyas y los espejos de bronce respectivamente.

En el siglo VIII, los santuarios fueron subdivididos en santuarios imperiales (kanpeisha, 官幣社) y santuarios nacionales (kokuheisha, 国幣社), y estos a su vez fueron diferenciados con la categoría de santuarios mayores o menores.

Con esta división, el Jingikan asumió la responsabilidad de llevar un registro de todos los santuarios (jinmyōchō, 神名帳), linajes y sacerdotes. Un sistema que intentó servir a los gobernantes para poder controlar el culto religioso provincial en el país.

La división también implicó la jerarquización de los kami. El emperador otorgó rangos y títulos a los kami e identificó a aquellos kami que habían contribuido a sus victorias militares como “Kami de renombre” (myojin, 明神). Con esta estrategia, el emperador logró ubicarse en la cima de la pirámide de los kami y dejar claro que el poder final de culto sobre ellos residía finalmente en él. Según el Engi shiki (927), en estas fechas había 3.132 kami y 2.861 santuarios.

El principal problema de gestión al que tuvo que enfrentarse el Jingikan fue mantener esta red de santuarios en medio de crisis sanitarias (epidemias) y conflictos armados y trabajar con santuarios muy lejanos a los que había que enviar tributos y sacerdotes.

En el año 798 se optó por la solución de delegar funciones en los gobernantes provinciales, de modo que el Jingikan quedó al cargo de 737 kami y los gobernantes provinciales de 2.395.

Referencias Bibliográficas

Hardacre, H. (2017). Shintō. A history, New York: Oxford University.

Kuroda, T. (1981). Shinto in the History of Japanese Religion, Journal of Japanese Studies, 7, 1-21.

Teeuwen, M. (2002). From Jindō to Shintō: A Concept Takes Shape, Japanese Journal of Religious Studies, 29(3/4), 233-263.

Teeuwen, M. y Scheid, B. (2002). Tracing Shinto in the History of Kami Worship, Japanese Journal of Religious Studies, 29(3-4), 195-207.

Teeuwen, M. (2007). Comparative perspectives on the emergence of jindō and Shintō, Bulletin of the School of Oriental and African Studies, 70(2), 373-402.

About

Pedro Jesús Jiménez Martín. Doctor en Educación Física por la Universidad Politécnica de Madrid. Licenciado en Educación Física por la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid.

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