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I Ching en Japón

En este apartado se va a presentar un resumen de las investigaciones que ha realizado Ng Wai-Ming con relación a la presencia del I Ching en Japón. Aunque su trabajo es tan extenso que ha sido criticado por algunos revisores de padecer cierta “superficialidad”, así como de querer asociar erróneamente cualquier mención al yin-yang y la Teoría de los cinco agentes (wu hsing) en Japón con el I Ching, lo cierto es que, su trabajo, representa un importante punto de partida para animarse a profundizar en la importancia de esta obra dentro de la cultura japonesa.

El I Ching, conocido como Ekikyō en japonés, fue introducido en Japón desde Corea en el siglo VI. En un inicio, durante los periodos Nara (712-793) y Heian (794-1186), su uso como libro de sabiduría y adivinación quedó reservado a los funcionarios de la Oficina de Educación y la Oficina del Yin-Yang.  Fue más tarde, durante el periodo medieval japonés (1186-1603), cuando la obra se expandió entre la aristocracia, los monjes zen y la clase guerrera japonesa, y durante el periodo Tokugawa (1603-1868) cuando alcanzó su cenit de popularidad.

PERIODOS ASUKA, NARA Y HEIAN (552-1184)

Según la obra “Crónicas de Japón” (Nihon Soki), editada en el año 720, el I Ching fue introducido en Japón desde Corea en el siglo VI. En particular, Wai-Ming (1996) señala que en este documento se dice que los monjes coreanos Dan Yangmi y Wang Dolyang llegaron a Japón en los años 516 y 554 respectivamente, y que el primero trajo consigo los cinco clásicos chinos, mientras que el segundo es presentado directamente en la obra como experto en eI I Ching.

El I Ching es referenciado más tarde en el Código de 17 Artículos que elaboró el Príncipe Shotoku (574-622) en el periodo Asuka, y después, en el año 632, hay registros en los que se cita que el monje Min hizo una disertación sobre la obra a Nakatomi no Kamatari y otros cortesanos.

El estudio del I Ching fue institucionalizado en los periodos NaraHeian como texto clásico confucionista en la Oficina de Educación (Daigakuryō), donde se estudió en su dimensión ética y filosófica, y como obra de adivinación en la Oficina del Yin-Yang (Onmyōryō), donde se estudió como libro para la adivinación, la astrología, la medicina y el ritual a través de su simbología y numerología.

Los comentarios al I Ching de Cheng Hsian (127-200) y Wang Pi (226-249), y algunos comentarios elaborados en la dinastía Tang, fueron la principal referencia en el contexto más académico. Sin embargo, y aunque es evidente que hubo interés por esta obra, se puede considerar que, en esta época, el I Ching no fue un texto popular entre la élite educada como lo confirma el hecho de que no se han conservado comentarios a la misma.

Según la obra “Bibliografía de los libros chinos en mi país” (Honchō kenzaisho mokuroku) de Fujiwara no Sukeyo, la biblioteca estatal tenía 31 libros (177 rollos) sobre el I Ching a finales del siglo IX, que correspondían a comentarios de las dinastías Han y Tang, y que estaban clasificados bajo las temáticas de los cinco agentes (wu-hsing), medicina, matemáticas y calendario; y el bibliófilo Fujiwara no Michinori (1106-1159) tenía 9 obras (29 rollos) sobre el I Ching en su colección personal.

Existen datos que informan que el Emperador Uda (867-931) estudio el I Ching con Zen´en, un funcionario de la Oficina de Educación en el año 888, y que realizó lo que han sido considerados como los primeros comentarios a la obra por un japonés.

Fujiwara no Yorinaga (1120-1156), ministro de la izquierda (sadaijin) también lo estudió en el año 1143 bajo la dirección de Fujiwara no Michinori, un personaje conocido por el uso de los 64 hexagramas en el estudio de las matemáticas. Gracias a este ministro sabemos que esta obra en Japón, no se podía abordar si se tenía menos de 50 años.

Según los datos actuales disponibles, se puede afirmar que entre los años 539-1186, el I Ching quedó en manos de un limitado número de personas.

PERIODOS KAMAKURA, MUROMACHI Y MOMOYAMA (1186-1603)

Durante el periodo medieval japonés, la popularidad del I Ching se expandió entre la población intelectual japonesa. En esta época, penetraron en el país, las obras de importantes eruditos neo-confucionistas chinos del gobierno Song, como “Una explicación del diagrama del Tai Chi” (T’ai-chi- t’u shuo) de Chou Tun-i (1017-1073); “Comentario del I Ching” (I Chuan) de Ch’eng I (1033-1107); o “El significado original del I Ching” (Chou-i pen-i) y la “Introducción a los jóvenes al aprendizaje” (I-hsüeh ch’i-meng) de Chu Hsi (1130-1200).

Entre los protagonistas más importantes en el estudio del I Ching del periodo medieval japonés estuvieron los monasterios del budismo zen, la familia imperial y las familias aristocráticas y los señores de la guerra.

En esta época, los monjes zen se habían convertido en una fuerza intelectual muy importante, y estos no sólo mostraron un gran interés por estudiar el I Ching, también por realizar puntualizaciones, anotaciones y reimpresiones de algunos de los comentarios más importantes chinos sobre esta obra.

Los monjes zen utilizaron el I Ching para explicar parte de su doctrina espiritual y consideraron que esta obra podía servir como guía en el camino hacia la iluminación, de modo que la introdujeron en las etapas finales de su entrenamiento. De hecho, se establecieron linajes secretos ininterrumpidos de formación entre ellos.

Entre los monjes zen más importantes que se interesaron por el I Ching en el medievo japonés figuran Kōhō Kennichi (1241-1316), Issan Ichinnei (1247-1317) y Kokan Shiren (1278- 1346).

El primero lo utilizó, entre otras cosas, para dar respuestas al dilema zen sobre cuál es nuestra condición antes de nuestro nacimiento. En cuanto a los otros dos, hay que señalar que Kokan estudió el I Ching con: 1) Minamoto Arifusa, un personaje que había formado parte de una línea de transmisión de las enseñanzas de esta obra en su familia desde la figura de Kibi no Makibi (695-775); 2) Sugawara Arisuke, el instructor personal del I Ching del emperador Hanazono (1297-1348); 3) el monje zen Issan Ichinnei, con el que aprendió los comentarios simbólicos y numerológicos del I Ching del erudito de la dinastía Han, Yang Hsiung.

Kokan formó a su vez a dos destacados discípulos: Chūgan Engetsu (1300-1375) y Gidō Shūshin (1326-1389). El primero alcanzó un gran prestigio y fue afín a los comentarios del I Ching de Chu Hsi. El segundo tuvo un papel más activo en la popularización de la obra desde un punto de la adivinación y de recomendar que estuviese en la formación de los políticos.

Entre el público de Gidō Shūshin estuvo el Shogun Ashikaga Yoshimitsu (1358- 1408) y entre los alumnos más brillantes que formó destacan Kiyõ Hoshū, Daichin Shukõ, Shinka Gendai, Seito Myõrin o Tengan Bokuchū.

Kiyõ Hoshū (1363-1424), fue un fiel defensor de la idea de que esta obra era un mapa de carreteras privilegiado en la búsqueda de la iluminación. Para este erudito la clave estaba en los trigramas kan (el agua abismal), li (el fuego)y ken (la montaña).

El siguiente monje que hay que resaltar en el estudio del I Ching fue Unshō Ikkei (1386-1463). Este fue el hermano mayor del famoso académico de la corte y especialista en el I Ching, Ichijō Kanera (1402-1481) y su legado más importante fue el de popularizar el comentario al I Ching de Tung KaiChou-i Chuan-I”.

Su sucesor fue el discípulo Tōgen Zuisen (1403-1489), un monje que llegó a convertirse en el máximo referente en el domino del I Ching en su época gracias a la amplia formación que recibió, tanto por parte de otros eminentes monjes zen como Unshõ Ikkei, Shōchū Shōzui, Jikūn Tōren, Tengan Bokuchū, Zuikei Shūhō y Seitō Myōrin, como por parte de miembros de la familia aristocrática Kiyohara o la escuela Ashikaga.

Su obra más importante con relación al I Ching fue el Hyakunōbusuma, en la que imprimió en sus comentarios muchas ideas del budismo zen. Por ejemplo, explicó que en el estado mental ligado al T´ai Chi o Realidad Suprema no existen dualidades, ni buda o nirvana, porque es el estado anterior a la diferenciación de las cosas.

Tōgen reforzó el valor del I Ching en el contexto militar a la hora de predecir la estrategia y el resultado de los conflictos armados y popularizó esta obra como un libro de adivinación para la vida cotidiana.

Respecto a la familia imperial hay que señalar que sus miembros también tuvieron una importante formación en el I Ching durante el medievo japonés. Los emperadores japoneses de esta época recibieron formación en el I Ching y, en particular, tres de ellos: Hanazono (1297-1348), Godaigo (1288-1339)y Sūkōin (1334-1398), fueron grandes entusiastas de la misma.

El interés imperial por el I Ching facilitó que esta obra también formase parte de la vida cortesana, y que, en particular, cuatro familias aristocráticas: Sugawara, Kiyohara, Abe y Kamo se convirtiesen en importantes transmisores y formadores en el I Ching para la familia imperial, los monjes zen y los señores samurai.

Las familias Sugawara y Kiyohara fueron importantes referentes en la transmisión de la dimensión intelectual confucionista y política de esta obra. En la primera, Sugawara Arisuke enseñó el I Ching al emperador Hanazono, Sugawara Ariatsu al emperador Sūkōin y Sugawara Hidenaga al shogun Ashikaga Yoshimitsu. Por otro lado, Sugawara Ekinaga tuvo poder de influencia sobre el emperador Gohanazono (r. 1428-1464) y Sugawara Nagatsu (1502-1549) sobre el emperador Gonara (r. 1526-1557).

Respecto a la familia Kiyohara, la verdad fue que, aunque su linaje en el estudio del I Ching se remontaba a principios del periodo Heian, su posición estuvo eclipsada inicialmente por la familia Sugawara.

La primera persona que consiguió ubicar a esta familia en la esfera pública fue Kiyohara Naritada (1409-1467), y lo hizo porque transmitió sus enseñanzas del I Ching al emperador Hanazono y su obra influyó poderosamente en el monje zen Tōgen Zuisen. Su hijo Kiyohara Nobukata (1475-1550) también se convertiría en un importante erudito reconocido de la época.

Respecto a las familias Abe y Kamo, hay que destacar que estas tuvieron su protagonismo en la Oficina del Yin-Yang (Onmyōryō) y que fueron importantes referentes de transmisión en la dimensión más esotérica y adivinatoria del I Ching, al dar uso a esta obra como texto adivinatorio, astrológico, médico y militar.

La familia Abe fue famosa en el uso del I Ching en la predicción militar. Los guerreros Hōjō Yoshitoki (1163-1224) y Hōjō Masako (1157-1225) consultaron a miembros de esta familia en la guerra Jōkyū (1221) y el Shogun Ashikaga Yoshimitsu tuvo como consejero a Abe Ariyo en los asuntos bélicos.

Otros famosos aristócratas famosos que también se interesaron por el I Ching al margen de estas familias, y que contribuyeron a reforzar las ideas sintoístas, fueron Kitabatake Chikafusa (1293-1354), Ichijō Kanera, Yoshida Kanetomo (1435-1511) y Sanjõnishi Saneatsu y su hijo Sanjõnishi Sanetaka.

A mitad del medievo japonés, la Escuela Ashikaga adquirió el protagonismo en los estudios del I Ching. Esta escuela, con fuertes influencias del budismo esotérico Shingon, se desarrolló bajo dos perspectivas: la interpretación del libro con fuente de sabiduría y como recurso para la adivinación. En particular, su interés por la parte oracular del I Ching llevó a esta escuela a desarrollar hasta 14 métodos de adivinación.

La escuela Ashikaga asumió tanto los comentarios chinos antiguos como los modernos a la obra, y sus estudiantes ganaron gran prestigio sirviendo a los señores de la guerra (sengoku daimyō) como consejeros militares, chamanes, médicos, arquitectos y meteorólogos.

A su primer director Kaigen (f. 1469) le interesó mucho la parte más esotérica del I Ching y entre sus estudiantes más famosos estuvieron Ippaku Genshin y Hakushū Sõjõ, dos personas que otorgaron a esta institución su prestigio como especialista en I Ching.

El cenit de esta escuela llegó con su séptimo director Kyūka (d. 1578) que en su época llegó a tener más de 3000 alumnos, incluido Kishun Ryūki (1511-1574) que después enseñaría a Bunshi Genshō (1555-1615), uno de los expertos más famoso en I Ching a principios del Japón moderno.

Kyūka también enseñó el uso del I Ching a los daimyo Hōjō Ujiyasu (1515-1571) y su hijo Hōjō Ujimasa (1538-1590), y escribió una obra sobre I Ching adivinatorio llamada Jurijohenketsu.

Su alumno Kanshitsu Genkitsu se convirtió en el noveno director de la escuela. Este monje destacó por su capacidad a la hora de aplicar el I Ching al mundo de la estrategia y la predicción militar (gunbai shisō). En particular, se sabe que Kanshitsu tuvo una estrecha relación con Takeda Shingen (1521-1573) y Tokugawa Ieyasu (1542-1616).

Según los registros, Takeda Shingen fue un gran entusiasta del I Ching y parece ser que sólo quiso tener como consejeros a alumnos de esta escuela. Del mismo modo, hay registros de que Kanshitsu también colaboró con Tokugawa Ieyasu en la batalla de Sekigahara (1600) y que uso el Feng-shui (geomancia) para la construcción del castillo Hagi de Mōri Terumoto (1552-1625).

Según Wai-Ming (1996), se puede resumir la etapa medieval japonesa con relación al I Ching como: 1) un periodo en el que se utilizó esta obra como recurso para profundizar o enriquecer los creencias y conocimientos de monjes budistas, sintoístas y cortesanos; 2) una etapa de evolución desde los comentarios antiguos chinos de la obra a los modernos; 3) un momento de asimilación de la obra a la tradición japonesa a través de puntualizaciones a los comentarios chinos antiguos y modernos de la obra, y la redacción de comentarios y textos por japoneses; 4) un estadio en el que todavía no se estaba preparado para empezar a hacer aportaciones autóctonas en la interpretación y el uso de la obra; y 5) un momento en dónde el I Ching se popularizó desde las élites intelectuales a todas las clases sociales.

PERIODO TOKUGAWA (1603-1868)

Los estudios del I Ching alcanzaron su cenit en Japón durante este periodo. En particular, se puede resaltar que el periodo Tokugawa corresponde a un momento histórico en el que los intelectuales neo-confucionistas quitaron el protagonismo a los monjes zen en el estudio de esta obra.

El I Ching se convirtió en el texto confucionista de referencia entre los intelectuales neo-confucionistas Tokugawa. Según Wai-Ming (1996), en este periodo se llegaron a escribir 1085 textos con relación a esta obra (teniendo en cuenta todos los ámbitos; académico, religioso, médico, adivinatorio, numerológico, político, militar, científico, etc.), por más de 416 autores.

En la primera parte de este periodo (siglos XVII y XVIII), las tres escuelas confucionistas (Chu Hsi, Wang Yang-Ming y Kogaku) adquirieron un gran protagonismo.

En particular, fue la escuela confucionista de Chu shi, la que editó la mayor parte de las obras que se redactaron en esta época con relación al I Ching y la que formó un mayor número de académicos.

Entre las personas más significativas de esta escuela que hicieron importantes anotaciones a los comentarios chinos del I Ching e incluso que aportaron sus propias reflexiones, estuvieron: Bushi Genshō (1555-1620), Fujiwara Seika (1561-1619), Hiyashi Ranzan (1583-1657), Yamazaki Ansai (1618-1682) y Matsunaga Sunun (1618-1680).

Otros personajes relevantes fueron: Kaibara Ekken (1630-1714) y Muro Kyūsō (1658-1734). El primero estudió el I Ching con Yamazaki Ansai, y se dice que llegó a estar tan influenciado por la obra, que cambió su nombre a Ekken. Según Wai-Ming (1996), el I Ching no sólo produjo una gran influencia en sus ideas cosmológicas, éticas y médicas, también le animó a escribir una obra sobre el mismo (Ekigaku teiyō)que convirtió en libro de texto para sus discípulos.

En cuanto a Muro Kyūsō, sólo señalar que escribió varios textos sobre el I Ching, siendo el más importante el “Nuevo comentario sobre el I Ching” (Shueki shinso) en el que introdujo sus propios comentarios.

Respecto a la escuela Yang Wang-Ming, sólo indicar que su influencia fue más modesta y que entre sus académicos más destacados con relación al I Ching estuvieron Nakae Toju (1608-1648) y Kumazawa Banzan (1619-1691).

La escuela Kogaku, o de estudios antiguos, se caracterizó por rechazar los comentarios modernos que se habían realizado en China con respecto al I Ching; la vertiente adivinatoria de la misma; así como a muchas de las ideas que se habían “establecido” sobre la misma. Sin embargo, también es verdad que, dentro de esta escuela se editaron dos obras con relación a la dimensión adivinatoria del I Ching por parte de Ito Togai (1670-1736) y Dazai Shundai (1680-1747).

Entre los académicos más brillantes que se formaron en su seno y que tuvieron interés por el I Ching estuvieron Ito Jinsai (1627-1705), Yamaga Soko (1622-1685) y Ogyu Sōrai (1666-1728).

En paralelo a estas escuelas neo-confucionistas, los monjes zen y sintoístas, también continuaron acomodando sus doctrinas a las enseñanzas del I Ching, aunque habían perdido el protagonismo intelectual sobre ella.

Por ejemplo, la escuela budista Rinzai mantuvo un gran interés por la dimensión esotérica de la obra y estableció su centro de formación en la Escuela Ashikaga. Entre los monjes más importantes de esta escuela que se interesaron por el I Ching estuvieron Saisho Shotai (1533-1607) y Takuan Sōhō (1573-1645). La escuela Sōtō, por su parte, prefirió utilizar el I Ching para explicar las bases filosófico-espirituales de su doctrina.

Respecto al Shinto, las escuelas sintoístas Nuevo Ise, Yoshida y Suika, continuaron utilizando el I Ching para enriquecer sus ideas y para justificar la unidad entre sintoísmo y confucionismo.

Por ejemplo, Kikawa Koretari (1616-1694), fundador de la escuela Yoshida identificó a Kuni-tokotachi-no-mikoto con la noción de T´ai Chi, y a Izanagi e Izanami como los dioses del yin-yang. Yamazaki Ansai (1618-1682), fundador de la escuela sintoísta Suika, vio en el I Ching una fórmula para explicar la generalogía de los dioses y en el Nihon Shoki el I Ching japonés, justificando así la unidad entre sintoísmo y confucionismo.

Durante la mitad del periodo Tokugawa (siglos XVIII y XIX) las escuelas neo-confucionistas simplemente mantuvieron el discurso anterior, de modo que la escuela eclética (setsūha), la escuela de estudios nacionales (kokugaku) y la escuela oracular ganaron el protagonismo.

La escuela eclética se caracterizó por otorgar una gran importancia a los estudios filológicos e históricos con el fin de restaurar el significado antiguo del I Ching, además de por rechazar las ideas esotéricas ligadas a la obra.

Esta escuela tuvo tres sedes principales: Osaka, Edo y Kyoto. Entre las figuras más importantes en Osaka estuvieron Goi Ranshu (1696-1762) y sus discípulos Nakai Riken (1732-1817) y Nakai Chikuzan (1730-1804); en la escuela de Edo fueron Inoue Kinga (1732-1784), Ota Kinjo (1765-1825) y su alumno Kaiho Gyoson (1798-1866), una persona que destacó en sus esfuerzos por restaurar los métodos de adivinación antiguos y que plasmó en la obra “Adivinación con el I Ching en tiempos antiguos” (Shueki kosenshō); y en la escuela de Kyoto destacó Minakawa Kien.

La escuela de los estudios nacionales (kokugaku) obtuvo su protagonismo respecto al I Ching a finales del periodo Tokugawa, dado que en esta etapa, pensadores como Motoori Norinaga (1730-1801) fueron más bien críticos con la obra.

Por último, y con respecto a la escuela oracular anotar que esta estuvo constituida por lo que se podrían denominar “adivinos profesionales” (sayauchi), personajes que dispusieron de pequeñas academias en la ciudad donde prestaban sus servicios. Entre las figuras más conocidas de la época estuvieron Arai Hakuga (1725-1792), Mase Chushu (1754-1817) y Matsui Rashu (1751- 1822).

La última etapa del periodo Tokugawa se caracterizó por el declive en los estudios académicos sobre el I Ching, si bien hubo notables excepciones como la escuela Hirata, ligada al Kokugaku, y las escuelas sintoístas Mito y Unden. Estos bajo un discurso radicalmente nacionalista llegaron a afirmar que el I Ching era de origen japonés y que en verdad la obra era un texto sintoísta.

Hirata Atsutane (1776-1843), y sus alumnos Ikuta Yorozu (1801-1837) y Okuni Takamasa (1791-1871), no sólo defendieron este discurso, también criticaron al duque Wen e incluso a Confucio, por contaminar la obra.

La escuela Mito, caracterizada por defender el culto al emperador y disponer de un espíritu reformista, se sirvió del I Ching con fines políticos para alentar una oposición al gobierno Tokugawa y ensalzar y legitimar la figura del emperador.

Algunas de las figuras más desatacadas fueron Kusumoto Tanzan (1828-1883) Ogasawara Keisai (1828-1863), Yoshida Shoin (1830-1859) y Takasugi Shinsaku (1837-1867).

Por último, Jiun Sonja (1718-1804), el fundador de la escuela sintoísta Unden, defendió entre otras cosas, que el sintoísmo japonés había influido en la creación del I Ching porque Fu Shi, el creador de los hexagramas, los había descubierto según la mitología en un diagrama inspirado en el espejo, uno de los tesoros nacionales del sintoísmo.

Si en la primera etapa, los académicos neo-confucionistas utilizaron el I Ching para reforzar la figura del shogunato y sus políticas, en esta última etapa, la obra sirvió para lo contrario, fomentar la Reforma Meiji y restaurar el protagonismo de la familia imperial.

Desde un punto de vista político, simplemente añadir que, durante el periodo Tokugawa, el Shogun Tokugawa Ieyasu reconoció el valor de esta obra utilizando a dos monjes zen, Kanshitsu Genkitsu y Saishō Shōtai como consejeros. A ambos, además, se les encargó redactar la versión Fushimi del I Ching.

Pero el líder Tokugawa más entusiasta del I Ching fue Tsunayoshi (r. 1680-1709). Según los registros organizó en un periodo de 7 años 240 seminarios sobre el mismo. Tsunayoshi se sirvió del I Ching para aplicar su sabiduría a la política, pero también, para prevenir desastres naturales.

Además, fue durante su gobierno, cuando el emperador Reigen (r. 1663-1683), bajo el beneplácito de Tsunayoshi, reinstauró la antigua Oficina del Yin-Yang renombrándola bajo el nombre de Omyōdō.

Por último, apuntar que el Shogun Tokugawa Ienobu (r. 1709-1712) también recibió lecturas diarias del I Ching.

Referencias Bibliográficas

Wai-Ming, NG. (1997). Study and Uses of the I Ching in Tokugawa Japan, Sino-japanese Studies, 9(2), 24-44.

Wai-Ming, NG. (1998). The I Ching in Shinto Thought of Tokugawa Japan, Philosophy East & West, 48(4), 568-591.

Wai-Ming, NG. (1997). The History of I Ching in Medieval Japan, Journal of Asian History, 31(1), 25-46.

Wai-Ming, NG. (1996). The Hollyhock and the Hexagrams the I Ching in Tokugawa Thought and Culture, Doctoral Thesis, Department of East Asian Studies, USA: Princeton University.

About

Pedro Jesús Jiménez Martín. Doctor en Educación Física por la Universidad Politécnica de Madrid. Licenciado en Educación Física por la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid.

Psicología Somática. Stanley Keleman

Nacido en Brooklyn en 1931, su interés por la corporalidad surgió desde su formación inicial en el Instituto Quiropráctico de Nueva York (en el que se graduó en el año l954) y de sus reflexiones personales iniciales, sobre la relación entre los conflictos emocionales y las distorsiones de la postura corporal.

Su pensamiento pronto quedó marcado por las ideas y evoluciones de las teorías psicoanalíticas con relación al cuerpo de Sigmund Freud, Wilhelm Reich, Alfred Alder y Alexander Lowen (fue miembro del Instituto Alexander Lowen para el Análisis Bioenergético desde 1957 hasta 1970), así como por las ideas de Nina Bull sobre la dimensión emocional y neurológica del cuerpo.  

Su curiosidad le llevó a visitar a Europa, donde adquirió una interpretación más espiritual de la corporalidad. En Suiza estudió el Método Daisen con el doctor Dori Gutscher, y en Alemania, colaboró con el profesor Karlfried von Durckheim, transmisor de la cultura japonesa del “hara” en Occidente.

Tras su regreso a Estados Unidos en el año 1967, estuvo en el Instituto Esalen (California) donde recibió las influencias de la psicología humanista de Carl Rodgers, Fritz Perls, Virginia Satir y Alan Watts entre otros, además de entablar amistad y trabajar, con el experto en mitología universal, Joseph Campbell.

En el año 1971, creó el Centro de Estudios Energéticos en Berkeley (California) desde el que asentó y difundió sus métodos de trabajo, y en 1990, patentó su método de trabajo bajo el nombre de Psicología Somática o Psicología Formativa. Un sistema cuyo objetivo es mostrar a las personas un camino sobre cómo pueden participar en su propio proceso evolutivo personal a través de la corporalidad.

Antes de su fallecimiento en el año 2018 en Berkeley (California), Keleman también llegó a ser presidente honorario y director para la investigación de la Escuela de Zurich para la forma y el Movimiento, del Centro de Psicología Formativa de Brasil en Rio de Janeiro y del Instituto de Psicología Formativa en Solingen, Alemania.

BASES DE LA PSICOLOGÍA SOMÁTICA

La psicología somática es un método que introduce la dimensión corporal dentro de las teorías del desarrollo evolutivo, y que nos muestra cómo los bloqueos y los problemas que experimenta la persona a lo largo de su ciclo vital quedan inscritos en su estructura corporal.

Los desequilibrios corporales, las alteraciones en la pauta pulsátil del cuerpo, se deben rastrear en las situaciones de tensión que ha vivenciado la persona desde la infancia hasta la edad adulta, siendo importante investigar en cada etapa cómo fueron las relaciones socioafectivas con los padres, con la pareja, con los compañeros de trabajo, etc., porque en cada una de ellas se estableció un patrón corporal que se vuelve a activar siempre que aparecen amenazas similares posteriores en la vida de la persona.

El cuerpo se convierte así en un libro en el que se pueden leer todas las experiencias internas y externas que han moldeado a la persona y todos los desafíos y tensiones que han caracterizado su existencia.

Este método, aporta una fórmula pragmática de acercarse a la vida cotidiana proponiéndonos educar a las personas sobre cómo pueden usar su esfuerzo muscular, voluntaria y conscientemente, para transformar sus patrones emocionales y creencias, y poder establecer así un “yo adulto” sano en un mundo cambiante.

Para Keleman, el organismo consiste en un espacio que se ha estructurado-organizado en base a una serie de conductos o tubos interconectados, que generan bolsas, cavidades y membranas que comunican el exterior y el interior.

Todas estas estructuras, actúan además como bombas pulsátiles de expansión y contracción, alargamiento y acortamiento, a determinadas frecuencias y amplitudes gobernadas por el sistema nervioso y hormonal, con el objetivo de facilitar el flujo de fluidos, gases e iones, y con ello, asegurar los procesos de transporte, distribución, asimilación, eliminación, etc. del organismo. Algo básico, pero que permite la supervivencia del individuo.

Cada tubo está constituido por diferentes capas que le dan un tipo particular de motilidad o peristaltismo. Un modelo pulsante que gestiona la expansión y contracción y el alargamiento y el acortamiento en las estructuras anatómico-fisiológicas.

La respiración, el latido cardiaco son las expresiones más evidentes de esta pulsación, pero el sistema digestivo, el sistema musculoesquelético o el sistema nervioso funcionan igual. En su contracción y expansión, en su excitación y relajación, facilitan el transporte de líquidos y substancias, el movimiento, la transmisión del impulso nervioso y la segregación de hormonas.

Se puede añadir que, el modelo de Keleman, también aporta una explicación somática sobre la relación que existe entre el cuerpo y las dimensiones emocionales, psicológicas, sexuales y oníricas de la persona, rompiendo con la dualidad cuerpo-mente de la tradición occidental.

Entre las aportaciones más importantes de este investigador, no sólo figura el que haya sido capaz de establecer una clasificación de estructuras psicosomáticas que definen a las personas en base a las alteraciones de la pulsación vital de sus sistemas fisiológico-anatómicos, es decir, de la alteración de sus dinámicas de “expansión y contracción”, “excitación y relajación”, también nos ha aportado un método de trabajo para desorganizar esos patrones disfuncionales del cuerpo que impiden experimentar una vida plena a la persona.

Keleman, identifica las bases que producen las alteraciones en la estructura corporal, en las respuestas que adopta el organismo frente al estrés y la agresión. En este sentido, identifica dos fórmulas básicas de respuesta corporal: resistir o ceder. En el primero, el organismo se activa para luchar y el cuerpo se hace más rígido y sólido. En el segundo, el organismo se colapsa y el cuerpo se ablanda y se expande perdiendo tensión y forma.

En base a estas nociones, este investigador define cuatro patrones de alteración somática de la pulsación corporal:

a) Estructuras rígidas. Dominadas por la expansión muscular permanente en una actitud de lucha. La estructura corporal tiende a buscar la dirección ascendente y hacia atrás, con la contracción de los músculos extensores de la columna y la contracción de la pared abdominal, elevando el diafragma. La idea que hay detrás es que para hacer a los demás más pequeños uno se hace más grande.

En estas estructuras, el cuerpo adopta una pulsación espástica, intensa y corta (como en la colitis), y la actitud emocional es la del orgullo, la agresividad y el desafío, en búsqueda de autoafirmación y reconocimiento hacia uno mismo.

Según Keleman, esta estructura responde a personas obedientes y controladas, que de niños estuvieron en familias que le obligaron a luchar por lo que querían, les exigieron ser agresivos y castigaron cualquier muestra de sensibilidad o afectividad.

b) Estructuras densas. Dominadas por la contracción muscular permanente. La estructura corporal se acorta para hacerse más densa y protegerse mejor. La estructura corporal tiene a comprimirse y compactarse buscando una dirección descendente. El cuello se mete hacia dentro y la garganta queda cerrada, los músculos del glúteo contraídos, la capa superficial de los músculos vertebrales se hiper estira y los músculos flexores de la parte anterior del cuerpo se acortan. La idea es que “mostrándose más pequeño se protege mejor”.

En estos cuerpos la pulsación queda bloqueada y la actitud emocional es de terquedad e inmovilidad frente a la tensión, con una actitud desafiante que busca evitar la humillación. Según Keleman, esta estructura aparece en personas que tuvieron familias que impidieron toda muestra de independencia en el niño. Niños que vivieron promesas y traición, humillación y duda.

c) Estructuras infladas. Dominadas por la expansión permanente de las cavidades. Aquí, la estructura corporal está dominada por fuerzas expansivas hacia el exterior por lo que el cuerpo se hincha y se agranda. Los músculos se adelgazan, el abdomen se hincha y fuerza el área púbica hacia el exterior, a la vez que el tórax se estrecha, dando a la persona forma de pera. Toda la tensión queda en la superficie para alejarla de los conductos internos.

La pulsación es letárgica pero muy potente (como un aneurisma a punto de estallar) y la actitud emocional es de arrogancia, bajo la idea de “recházame para encontrar mis límites”, mostrando una personalidad muy invasiva y manipuladora. Su miedo real es derrumbarse. Según Keleman, esta estructura aparece en niños en que estuvieron en familias muy excitables y manipuladoras.

d) Estructuras colapsadas. Dominadas por la contracción permanente de las cavidades. La estructura corporal está debilitada, de modo que, los músculos, sin tensión, hacen que la presión se dirija hacia adentro y hacia abajo, y se produce el hundimiento del pecho y que el abdomen inferior se proyecte hacia el exterior. A estas personas les “falta estructura, espina dorsal”. Como todo se derrumba, los músculos del cuello están tensos para que no caiga la cabeza y la espalda muestra cifosis dorsal.

En estas morfologías la pulsación no puede actuar por falta de estructura interna y queda comprimida y desplomada sobre sí misma más que hacia el exterior. La postura emocional es de querer recibir apoyo, lo que hace que la persona sea muy condescendiente y dependiente de las necesidades de los demás para superar sus miedos.

Keleman asocia esta estructura a niños que tuvieron familias que les mostraron indiferencia emocional y que los subestimaron constantemente bajo el mensaje de que no llegarían a nada en la vida. En su interior hay un “total para qué” porque siempre le han negado.

Keleman advierte que ninguna estructura es mejor que otra, sino que simplemente son un reflejo de los éxitos y fracasos que ha tenido la persona a la hora de intentar adaptarse a las exigencias de la vida y de responder a su deseo personal de ser humano, tener el control y ser solidario.

Además, también advierte que estas estructuras suelen presentarse de forma combinada en las personas, y que, un buen terapeuta, es aquel que tiene la habilidad suficiente como para poder detectarlas.

MÉTODOS DE INTERVENCIÓN

La filosofía de este investigador engloba la noción de que, para afrontar nuestros problemas, bloqueos y miedos, para cambiar nuestra vida o para transformar nuestra mente y nuestras emociones desadaptativos, tenemos que cambiar nuestro cuerpo.

De hecho, Keleman defiende que el trabajo corporal es un camino muy útil en el proceso de transformación y evolución personal porque el cuerpo es más fácil de modelar que las emociones y los pensamientos.

Su método de trabajo aparece descrito en su obra Experiencia Somática bajo el nombre de “la práctica corporal en cinco pasos”. Un método que se basa en identificar, reproducir y exagerar-intensificar en el presente, el patrón corporal desadaptativo que adoptó la persona en su día para evitar el dolor, el sentimiento, la emoción, la experiencia negativa, etc. para reorganizarlo y generar un nuevo espacio interior capaz de generar un nuevo patrón somático que permita a la persona continuar con su desarrollo personal.

Paso 1.- Esta fase tiene como objetivo ayudar a la persona a que tome conciencia de qué imágenes, sensaciones, ideas, pensamientos vienen a su cabeza cuando recrea la situación de conflicto.

Responde a las preguntas ¿cómo planteo el problema en mi cabeza? ¿a quién culpo? ¿dónde pongo las causas del problema? ¿qué papeles desempeño en el conflicto?, etc.

Es una fase que conecta con la dimensión más exterior de la persona donde rige lo social y lo racional, es decir, la imagen, el rol o postura de proximidad o distancia que tenemos en nuestra relación con los demás.

Paso 2.- Esta fase tiene como objetivo identificar las pautas corporales musculares que acompañan a esas imágenes, sensaciones, emociones, pensamientos… (tensar el cuello, meter el abdomen, apretar la mandíbula, etc.).

Corresponde a la pregunta ¿cómo reacciona mi cuerpo ante la situación? y es una primera etapa en la que la persona empieza a tener perspectiva para separarse, disociarse y desorganizar su manera de afrontar el problema a través de la identificación de los automatismos somáticos que ha generado.

Aquí es útil, el somagrama, es decir, pedir a la persona que se dibuje mostrando cómo se siente por dentro.

Paso 3.- En esta fase tiene como objetivo desorganizar el patrón corporal desadaptativo para encontrar un nuevo patrón corporal más armónico a la situación.

Corresponde a la pregunta ¿cómo puedo abandonar mi patrón corporal desadaptativo? y utiliza como recurso la técnica del acordeón, una fórmula que consiste en exagerar la tensión, intensificar la contracción de la postura contraída, para después soltarla poco a poco (o poner tensión si es lo que falta), contrayendo-soltando alternativa y progresivamente, hasta finalizar con una sensación de liberación, de acabar con algo, de que se está dejando de hacer algo.

Un ejercicio de “contraste” que ayuda a sentir mejor la expansión, la liberación, la flexibilización, el estiramiento y que contribuye a introducir el placer de una nueva sensación. Este procedimiento se acompaña de la visualización de la situación para recrear los sentimientos y emociones puestos en juego, el estrés sentido, etc.

Con esta fase la persona encuentra nuevas pautas corporales y actitudinales que puede poner en juego a la hora de afrontar el conflicto, un nuevo corporal para abordar la situación respecto a que músculos debe soltar, qué debe dejar de pensar, etc.

Tanto este paso como el anterior guardan una estrecha relación con la necesidad de investigar cómo la persona se abre o se cierra a los demás o a sí misma desde nuestra dimensión anatómica y fisiológica interna. Si adopta una actitud cercana o de alejamiento, si tiende a mantener la conexión o retrocede o se retira de ella, sí prefiere ser obediente y pasiva o rebelde y desafiante.

Paso 4.- Esta etapa tiene como objetivo que la persona encuentre en su interior respuestas a cómo debe actuar para asentar en su conducta el nuevo patrón corporal encontrado.

Corresponde a la pregunta ¿qué ocurre cuando dejo de hacerlo? y aquí la persona se pregunta sobre cómo reaccionará su cuerpo ante la situación con lo nuevo que ha aprendido.

Es una etapa de silencio en el que espera a que el cuerpo le envíe algún mensaje en forma de imagen, recuerdo, sensación, pensamiento con relación a cómo debe empezar a actuar en la situación.

Aquí se investiga qué es lo que interrumpe (pensamientos, emociones, impulsividad, imágenes) la nueva sensación encontrada o qué ayuda a prolongar la nueva sensación. Sobre qué nos puede ayudar a acercarnos a la nueva forma de actuar, cómo me avisaré o contendré para no caer en la antigua pauta desadaptativa, qué referencia interior me podría ayudar, hasta que se fije con un hábito la nueva pauta aprendida.

Esta fase corresponde a una dimensión muy visceral y profunda en la persona en la que hay un “vacío”, un espacio de silencio-espera y no racionalidad. Es la parte “sagrada” interna que activa la sabiduría del cuerpo que nos debe guiar hacia la solución. En la siguiente fase si invertirá el camino hacia la superficie.

Paso 5.- Corresponde a la pregunta ¿cómo uso lo que he aprendido? ¿qué voy a hacer? ¿cómo me voy a avisar o contener para recordar el nuevo patrón armónico descubierto en la interacción social, en la situación de conflicto, hasta que se vaya estableciendo como un hábito?

El objetivo de este método es modificar las grabaciones somáticas disfuncionales que hemos realizado en nuestro cuerpo, para poder desplegar mejor nuestro potencial como persona.

Keleman propone un amplio rango de situaciones en las que se puede poner en práctica este método. Se puede investigar sobre nuestros patrones corporales con relación a los conflictos y disensiones que vivimos en nuestra vida cotidiana, relaciones familiares, profesionales o de pareja; a nuestra facilidad o dificultad para expresar o inhibir nuestros sentimientos; a cómo afrontamos los engaños, desprecios, insultos, traiciones e injusticias recibidas en la vida; a cómo es nuestro acercamiento a la dimensión espiritual, a la vida social, a las instituciones, a los demás o a uno mismo; e incluso a descifrar la pauta somática interna (acelerado, pasivo, débil, fuerte, inflexible…) y externa (amigable, rígido, frío, cercano, risueño, enfadado…) que nos define.

Referencias Bibliográficas

Keleman, S. (2012). Anatomía Emocional. La estructura de la Experiencia Somática, Bilbao: Desclée de Brouwer.

Keleman, S. (2012). Forming an Embodied Life: The Difference between Being Bodied and Forming an Embodied Life, International Body Psychotherapy Journal The Art and Science of Somatic Praxis, 11(1), 51-56.

Keleman, S. (2007). Biography, The USA Body Psychotherapy Journal, 6(1), 5.

Keleman, S. (2004). Experiencia Somática. Formación de un yo personal, Bilbao: Desclée de Brouwer.

About

Pedro Jesús Jiménez Martín. Doctor en Educación Física por la Universidad Politécnica de Madrid. Licenciado en Educación Física por la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid.