El linaje de transmisión de las enseñanzas esotéricas en el budismo Shingon se remonta en sus inicias a la figura de Vajrasattava Bodhisattva (jap. Kongōsattva Bosatsu).
Según la leyenda, el propio Tathāgata Mahavairocana (jap. Dainichi Nyorai) transmitió sus enseñanzas a Vajrasattava y este las guardó durante cientos de años, hasta que decidió esconderlas dentro de una estupa de acero en el Sur de la India. Allí estuvieron ocultas muchos años hasta que las recuperó Nāgārjuna (jap. Ryūmyō).
El modo en que Nāgārjuna recuperó las escrituras fue registrado por Amoghavajra (jap. Fūkūkongō) en la obra Kongōchōkitesu, según la escuchó de su maestro Vajrabodhi (jap. Kongōchi).
Según este documento, cuando las enseñanzas budistas estaban en declive en el siglo III, Nāgārjuna tuvo una visión en al que el buda Vairocana, sentado en el cielo y rodeado por multitud de deidades, estaba promulgado el Dharma.
Entones aparecieron en el cielo las palabras del Sutra Yōryakunenjukyō (un resumen del sutra Mahavairocana) y Vairocana encomendó a Nāgārjuna que los escribiese. Después, el propio Tathāgata dirigió a Nāgārjuna hacia la estupa de acero.
Nāgārjuna, una vez allí yrecitando el sutraYōryakunenjukyō, circunvaló durante siete días las estupa para pacificar a las deidades que la custodiaban. Con ello se abrió la puerta de la estupa revelando un interior radiante y adornado con flores, joyas e incienso.
Nāgārjuna entró en el interior de la estupa y la puerta se cerró. Allí se quedó dentro estudiando durante muchos días el sutra Vajrasekhara (reino del diamante) con la guía de budas y bodhisattvas. Cuando hubo memorizado el sutra salió de la estupa y después escribió lo que había aprendido.
En esta leyenda no se habla de la transmisión del sutraMahavairocana (enseñanzas del Reino Matriz) directamente a Nāgārjuna, por lo que la transmisión de este segundo sutra está sujeto a dos líneas de interpretación:
1.- Para Kukai, el sutra fue transmitido también a Nāgārjuna dentro de la estupa.
2.- Para otras escuelas dentro de la tradición Shingon se consideran varias opciones: a) que la visión que tuvo Nāgārjuna correspondió al Sutra Mahavairocana; b) que la transmisión se habría realizado en verdad a través de otro linaje que une a Vajrasattva, Dharmagupta (jap. Daruma Kikuta) y Subhakarasimha (jap. Zemmui); c) que la transmisión habría sido directamente desde Mahavairocana a Subhakarasimha y de este a I-Hsing (jap. Girin); y d) que esta obra habría estado en una gran montaña de roca del norte de la India hasta que fue dispersada por un fuerte viento. Entonces, y de alguna manera, la obra habría llegado finalmente a manos de Subhakarasimha.
Los siguientes personajes que continúan el linaje después de Nāgārjuna son Nāghabodhi (jap. Ryūchi) y Vajrabodhi (jap. Kongōchi). Vajrabodhi es una figura histórica más transparente. Se cree que fue un monje del sur de la India que estudió con Nāghabodhi durante 7 años entorno a los años 742-746.
Parece ser que después, Vajrabodhi tuvo una visión en la que se le encomendaba ir a China para expandir la doctrina. En su camino hacia este país, pasó por Sri Lanka y Java donde conoció a Amoghavajra. Ambos llegaron a China en el año 720, y desde esta fecha hasta el año 741 se dedicaron a traducir los textos esotéricos del sánscrito al chino además de iniciar a monjes del país en los misterios de los dos mandalas.
Tras la muerte de Vajrabodhi, Amoghavajra volvió a la india del Sur y a Sri Lanka para recopilar más sutras. Después volvió a China en el año 746 dónde siguió traduciendo textos esotéricos hasta su muerte en el año 774, con 69 años.
Amoghavraja transmitió sus conocimientos a Hui-kuo (jap. Keika), si bien este los completó estudiando con Hsuan-ch´ao (jap. Genchō), un maestro del linaje de transmisión de Subhakarasimha.
En esta parte de la evolución del linaje aparece cierta incertidumbre, ya que algunos incluyen a la figura de Subhakarasimha como transmisor de las enseñanzas esotéricas del sutra Mahavairocana.
Subhakarasimha habría sido iniciado en Nalanda mientras fue discípulo de Dharmagupta. Este maestro sería el que incitó a Subhakarasimha a viajar a China. Cosa que sucedió en el año 716 cuando Subhakarasimha llegó a la capital Chang´an, cuatro años antes de la llegada de Vajrabodhi y de Amoghavajra. Subhakarasimha se quedaría en la capital hasta el año 735 en que murió y allí habría transmitido sus conocimientos en el Sutra Mahavairocana a I-Hsing.
Hui-kuo habría recibido así las enseñanzas de ambos linajes (Amoghavraja y Subhakarasimha) transmitido el conocimiento de los sutras Vajrasekhara y Mahavariocana a Kukai durante su estancia en China. Kukai regresaría finalmente a Japón para crear allí la escuela Shingon.
En el siglo XII, la escuela Shingon se escindió en dos ramas: Shingi Shingon (La nueva interpretación el Shingon) fundada por Kakuban; y Kōgi Shingon (la vieja interpretación del Shingon).
La línea Shingi Shingon se volvió a dividir en el siglo XVI en dos: la rama Buzan ubicada en el templo Chūsaki-in en Nara, y la rama Chizan ubicada en el Chisaku-in en Kyoto.
La línea Kōgi Shingon se escindió en seis ramas con los nombres de los templos que las albergan: Kōya, Tōji, Zentsūji, Sennyūji, Yamashina y Daigo.
Por último, añadir que otra rama que surgió dentro del Shingon fue la escuela Tachikawa, enfocada en la parte sexual del tantra, siguiendo la línea de la mano izquierda del tantra.
Referencias Bibliográficas
Snodgrass, A. (1997). The Matrix and Diamond World Mandalas in Shingon Buddhism, 1ª Edición 1988, New Delhi: International Academy of Indian Culture.
Profesor Titular de Universidad. Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid. Director del Proyecto de Investigación Cultura Física Oriental.
Foto del Autor: Altar para ritual Goma (Toji. Kyoto)
Dentro del budismo esotérico Shingon existe un concepto fundamental que ayuda a entender en qué consiste el trabajo con los mudras (gestos de manos y posiciones del cuerpo), mantras (palabras), visualizaciones y con las deidades de los mandalas esotéricos de esta tradición: el kaji.
Kaji, (adhisthana) representa la capacidad del devoto para poder manifestar el poder o la virtud de la deidad a la que invoca al entrar en un estado de comunión con ella.
Kaji se puede interpretar como “entrar en un estado de gracia” por la comunión con la deidad. Un estado en el que la deidad y el cuerpo del devoto se convierten en uno (ahamkara).
Kukai lo describió equiparando “Ka” (añadir o incrementar), al sol de buda que se refleja en el agua de la mente de todos los seres y “Ji” (llevar o aprovechar) el agua de la mente del practicante experimentando el sol de buda.
La noción de Kaji pudo surgir de la propia imagen de la divinidad central de esta religión Dainichi Nyorai (Mahavairocana), ya que Dainichi significa literalmente “el buda del gran sol”, un símbolo que irradia luz y energía.
Kakuban (1095-1143) amplió esta idea aludiendo a que el Kaji es un principio que ayuda a tomar conciencia al devoto de que el Dharma está y es la realidad que nos rodea; que es la clave para generar también la unidad mental con el maestro (sōō) en el aprendizaje (upa guru); y que sirve como puerta para abrir la plena confianza del devoto hacia la eficacia de las prácticas de la escuela.
La noción de Kaji forma parte de la propia filosofía integral que promulga la tradición Shingon y de su convencimiento hacia la unidad cuerpo-mente. Si en otras escuelas budistas la iluminación ocurre sólo en la mente, en la tradición Shingon también se adquiere en el cuerpo.
El Kaji forma parte de la progresión por los tres estados de conciencia que sigue esta escuela en el camino de la iluminación:
1) Rigu- jōbutsu, tomar conciencia de que dentro de uno está la esencia de buda, pero que, por estar presos en la ignorancia, está naturaleza no es realizada. En esta etapa el devoto comprende que las 10.000 virtudes de las deidades que figuran en los mandalas están dentro de él, que su cuerpo son los cinco elementos y que su mente son los seis elementos de la conciencia.
2) Kaji- jōbutsu, contactar con la naturaleza de buda a través del kaji, es decir, conseguir que a través de la práctica el devoto llegue a fusionarse con la deidad que venera en mente y cuerpo. Obtener el samadhi de la unión (yuga-sammai) y sentir la frecuencia de la budeidad.
3) Kentoku- jōbutsu, instalarse la budeidad. Si la unión con la divinidad que facilita el Kaji sólo dura el tiempo que dura el ritual, y cuanto termina, la persona vuelve a su estado ordinario, con la práctica perseverante el devoto consigue instalarse en ese estado permanentemente, siendo uno con la divinidad en todos sus actos.
En la tradición Shingon, este estado de “gracia” es la base para realizar sus rituales. Así el Kaji con diferentes divinidades se utiliza para realizar rituales de curación, protección, exorcismo, infundir poder a objetos (estatuas, altar, incienso, ofrendas, rosario), etc. y para infundir poder al agua (kaji kōzui) y con ella realizar ritos de purificación, bendición, etc..
La técnica del Kaji va unida al uso de mudras, mantras, dharani y visualizaciones con relación a la deidad e incluso la utilización de talismanes de papel o varillas de madera.
En la ceremonia el devoto puede adoptar tres perspectivas: poner en juego los méritos propios alcanzados en las prácticas; canalizar el poder o las virtudes de la deidad adorada invocando el voto realizado por los bosatsu (bodhisattvas) de ayudar a todos los seres para que intervenga; o canalizar la luz del universo como manifestación del buda Dainichi Nyorai (Mahavairocana).
Desde un punto de vista histórico se puede añadir que Kukai introdujo esta práctica como complemento a las técnicas que ofrecía medicina tradicional de su época.
En los periodos Nara y Heian, y bajo la influencia de las ideas del taoísmo popular (Omyōdō), se extendió la creencia de que la enfermedad podía ser causas por espíritus vengativos y que estos podían ser expulsados a través de exorcismos.
Por otro lado, el budismo Nara convirtió Yakushi Nyorai (buda de la medicina) en la figura central que servía para realizar rituales de fe curativos entre la aristocracia y la realeza. En el tratamiento se utilizaba tanto las técnicas de la medicina china como los rituales de fe.
Con la llegada del budismo Shingon, Kukai aportó la idea de que, igual que hay muchas medicinas para tratar las diferentes enfermedades, también hay diferentes budas para rogar por la curación. Con esto el kaji entró a formar parte de la realidad cotidiana de la aristocracia japonesa
Pero Kukai no quiso desbancar a la figura de Yakushi Nyorai.Kukai la integró en su escuela, y así, está figura aparece también dentro del conjunto de deidades que hay en Kōyasan y en el Tōji de Kyoto.
Referencias Bibliográficas
Snodgrass, A. (1997). The Matrix and Diamond World Mandalas in Shingon Buddhism, 1ª Edición 1988, New Delhi: International Academy of Indian Culture.
Winfield, P. (2005). Curing with Kaji. Healing and esoteric empowerment in Japan, Japanese Journal of Religious Studies, 32(1), 107-130.
Profesor Titular de Universidad. Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid. Director del Proyecto de Investigación Cultura Física Oriental.
Profesor Titular de Universidad. Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid. Director del Proyecto de Investigación Cultura Física Oriental.
Esta obra fue escrita por Kukai entre el año 814 y 815. En ella, aclara que hay tres cuerpos de Buda y dos caminos de enseñanza.
Las enseñanzas reveladas por el cuerpo Nirmanakaya (el buda histórico encarnado) que corresponden a enseñanzas simplificadas y adaptadas a las necesidades del tiempo según la capacidad de comprensión de los personas.
Las enseñanzas reveladas por el cuerpo Sambhogakaya que corresponden a la vía de bodhisattva, es decir, la vía para encarnarse en buda como resultado de las prácticas compasivas.
Las enseñanzas reveladas por el cuerpo Dharmakaya (el Buda Universal Mahavairocana) que muestran como acceder al samadhi supremo del buda Mahavairocana.
Kukai defiende que las enseñanzas de los dos primeros cuerpos corresponden a las enseñanzas exotéricas, mientras que las enseñanzas del cuerpo Dharmakaya corresponden a las enseñanzas esotéricas. Secretas y profundas, que contienen la verdad final.
La diferencia esencial entre las enseñanzas budistas exotéricas y la esotéricas residen en que:
1.- Las enseñanzas exotéricas fueron transmitidas por el buda histórico Sakyamuni en la India, mientras que las enseñanzas esotéricas proceden del buda universal Mahavairocana.
2.- En las enseñanzas esotéricas el estado de buda no se puede explicar porque está más allá de las palabras y del pensamiento, de modo que actúan como un método aproximativo hacia algo que es ilimitado y sin forma, mientras que en la enseñanza esotérica Mahavairocana enseña exactamente la naturaleza de la realización porque en sus enseñanzas forma y budeidad son uno.
3.- Las enseñanzas exotéricas se impartieron en función del nivel de comprensión de los oyentes por lo que aparecieron diferentes escuelas, mientras que las enseñanzas del esotéricas son únicas y verdaderas y no cambian ni se distorsionan. Las mismas enseñanzas son impartidas para todos los seres independientemente de su capacidad espiritual.
4.- Las enseñanzas exotéricas consideran que se necesitan eones de tiempo para poder alcanzar la budeidad en una visión de progresión gradual, mientras que en las enseñanzas esotéricas afirman que uno se puede convertir en Buda en esta vida y en este cuerpo. Uno puede alcanzar la budeidad con un pensamiento (ichinen) o en un instante (ichijō).
Referencias bibliográficas
Hakeda Y.S. (1972). Kukai. Major Words. Translated, with an account of his life and a study of this though, New York-London: Columbia University.
Snodgrass, A. (1997). The Matrix and Diamond World Mandalas in Shingon Buddhism, 1ª Edición 1988, New Delhi: International Academy of Indian Culture.
Profesor Titular de Universidad. Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid. Director del Proyecto de Investigación Cultura Física Oriental.
En el año 830, cinco años antes de su fallecimiento, Kukai redactó una de las obras más importantes en la tradición del budismo esotérico: “Los diez estadios en el desarrollo de la mente” (Jujūshin Ron). Esta obra que se puede considerar como el reflejo de la madurez en su pensamiento y fue después resumida por el mismo en otro texto titulado “La llave preciosa del tesoro secreto” (Hizō Hōyaku).
Según Kukai, a lo largo de la historia de la humanidad han surgido diversas creencias religiosas que vienen a representar numerosas opiniones y teorías que reclaman ser el “camino final” en la enseñanza espiritual.
Para Kukai, todas esas creencias, en verdad, no eran más que las diferentes enseñanzas transmitidas a la humanidad por el gran Buda Universal (Mahavairocana) en un acto de compasión para ofrecer una guía y dirección al mundo, ya que habían perdido el camino.
La enseñanza tuvo que ser gradual y diferenciada, adaptándose a las necesidades de cada época y el nivel de comprensión de los receptores que las recibían. De este modo, para Kukai todas las creencias religiosas podían actuar como excelentes medicinas si son aplicadas correctamente de acuerdo al nivel de comprensión del que las recibe.
Bajo esta perspectiva, Kukai elaboró una jerarquización ascendente de diez estadios que definían el proceso de evolución de la conciencia religiosa hacia la iluminación. Diez etapas que asoció con los caminos espirituales a las que tuvo acceso en su época.
En los tiempos modernos, podemos identificar este mismo concepto dentro de otros contextos psicológicos. Por ejemplo, Jean William Fritz Piaget (1896-1980) elaboró en los años 30 una clasificación ascendente de los estadios por los que evoluciona el desarrollo de la inteligencia en el niño, igual que Lawrence Kohlberg (1927-1987), desarrolló en los años 70 la secuencia de estadios por las que evoluciona el juicio moral en las personas.
Para estos académicos, cada estadio representa un modo consciente y distintivo de aprehensión de lo real y una forma cualitativamente diferente de pensar y de resolver los mismos problemas. En cada estadio todas las creencias del individuo están organizadas alrededor de esa particular forma de pensar. Cada estadio supone también una integración jerárquica de lo que había antes, de modo que, los estadios superiores no reemplazan a los inferiores, sino que los reintegran.
ESTADIOS DE LA CONCIENCIA
El Primer Estadio corresponde a la mente del hombre vulgar atrapado en sus deseos. Es el hombre ignorante, ordinario, atrapado en su maldad sin desarrollar su potencial espiritual. Solo actúa dejándose llevar por sus instintos y su ego como un animal.
Es la persona que no distingue entre el bien y el mal y que no cree la ley de la causa y el efecto. Esta persona crea karma y recibe sus frutos, cayendo en la rueda de la transmigración con sus mil transformaciones.
Si mira atrás, el pasado es oscuro al no ver su comienzo, si mira hacia delante, todo es vago y el final inconcebible. Aunque esté en presencia de lo más sagrado es tan ignorante como una oveja que ha perdido su camino.
En la vida en pareja simplemente se siente atraído hacia otra persona como partículas magnéticas que actúan sin más. Su amor cambia constantemente porque no conoce el origen de su amor.
Son personas capaces de matar animales y que no están satisfechas con nada estando siempre atrapadas en sus emociones negativas (enfado, codicia, lujuria…). Sólo buscan el beneficio automático e inmediato sin medir sus consecuencias.
Consideran que al morir todo se acaba sin más o que todo es cuestión de predestinación cayendo presa del determinismo.
Como no perciben la verdadera naturaleza del ego viven bajo el yugo del “yo” y lo “mío”, y centran sus acciones en mejorar su vida material. Caen en los tres venenos: avaricia (gula), enfado y engaño (espejismo); y los cinco deseos de: propiedad, sexo, comida, fama y descanso.
Este estadio no es asociado a ningún camino espiritual pues la persona todavía no tiene conciencia. Es simplemente como un animal arrastrado por sus instintos.
El Segundo Estadio corresponde a la mente ignorante y pueril. La persona, influida por agentes externos, de repente toma conciencia de la importancia de moderar su conducta para vivir en armonía en sociedad. Surge así un sentimiento de empatía, como una semilla que germina cuando encuentra las condiciones adecuadas.
Es un proceso natural, igual que el árbol sin hojas en invierno florece cuando llega la primavera o el hielo en verano se derrite y fluye. Con las condiciones son las adecuadas la semilla germina y cuando el tiempo llega da sus frutos.
En esta etapa, la persona empieza a desarrollar las virtudes de la caridad, la bondad y el deseo de evitar las cosas incorrectas. Aprende las virtudes y las buenas acciones: no matar, no robar, no cometer adulterio, no mentir, no utilizar palabras exageradas, no equivocarse, no enfadarse, no calumniar, no codiciar. Empieza a tratar a los demás como quiere que le traten a él y a compartir con los demás. Primero uno intenta hacer buenas acciones para él, luego para la familia y finalmente para los desconocidos.
Dentro de las enseñanzas espirituales, Kukai ubicó aquí a aquellas personas que siguen el camino de la moral o la ética, y por tanto, al confucianismo y sus enseñanzas sobre la piedad filial y las cinco virtudes cardinales:benevolencia, justicia, decoro, sabiduría y sinceridad.
Cuando la persona respeta las cinco virtudes cardinales, las estaciones y los cinco elementos entran en armonía. La sociedad consigue la paz y florece. Es el camino ideal para el que quiera promover su ascenso social, su fama y engrandecer el nombre de su familia. La clave es evitar las tendencias negativas y potenciar las positivas, un primer estadio para liberar del sufrimiento y ganar la gracia.
El Tercer Estadio corresponde a una mente infantil y miedosa. Engloba a todas aquellas enseñanzas que: 1) nos hacen conscientes de los males y la impureza de este mundo; 2) nos muestran que la existencia es dolorosa, vulgar y llena de obstáculos; 3) nos revelan que el reino espiritual es puro, exquisito y libre de impedimentos; y 4) fomentan la búsqueda de méritos para ganar o renacer en el Cielo con el fin de alcanzar la paz. Pero también Kukai incluye aquí todas enseñanzas que llevan a uno a escindirse del mundo y buscan alcanzar una larga existencia o la inmortalidad.
Todas estas enseñanzas no entienden que todo es perecedero. Simplemente creen que todo ha sido hecho por un creador sin entender que la realidad es eterna, sin principio ni fin. Son así creencias ancladas en un ego, porque mantienen la idea de un “yo” que se salva y sobrevive. Su reto es tomar conciencia de que todo es vacío.
Para Kukai este estadio es como un niño apegado a su madre. En el fondo son personas presas del miedo que al no haber alcanzado la gracia del nirvana, actúan como un infante.
Kukai incluyó aquí las enseñanzas del taoísmo que buscan la longevidad, la inmortalidad y la renuncia del mundo; a los seguidores del Hinayana y los bodhisattvas mahayana que se convierten en los reyes de los 10 cielos; a los budas y bodhisattvas que asumen diferentes formas para salvar a otros y que se transforman en reyes en los diferentes cielos; e incluso al hinduismo en todas aquellas escuelas que prometen un renacimiento en el Cielo.
El Cuarto Estadio corresponde a una mente que reconoce que el ego sólo es el resultado de la interacción de aspectos psicológicos y que por tanto no hay un “yo” permanente.
Son todas las doctrinas que nos informan que si se investiga en el interior no se puede encontrar un “yo” y que si este surge es debido simplemente a la actividad de los cinco constituyentes psicológicos (forma, sensación, concepción, volición y conciencia).
Son enseñanzas que proponen prácticas de emancipación de la realidad y de los objetos externos animando a meditar sobre: la impureza de las cosas; las formas puras pero sin establecer ninguna conexión con ellas; el espacio infinito; la conciencia sin límites; el estado de no ser; el estado sin pensamientos, y a alcanzar un estado de completa cesación de toda actividad mental.
Aquí también se incluyen las enseñanzas que prometen la adquisición de los poderes sobrenaturales alcanzados con la práctica yóguica: capacidad sobrenatural de actuar, ver y escuchar, de leer la mente de los demás, de conocer los estados finales de existencia, de conocer el pasado y el futuro, de volar y de estar libre de contrariedades.
Del mismo modo, también abarca a las tradiciones de la mano izquierda que imaginan a las mujeres como cadáveres, que meditan sobre esqueletos en los cementerios, que mendigan la comida y que van sin ropa o que visten con colores que representan el luto.
Para Kukai son enseñanzas que siguen atrapadas en el mundo de los objetos al creer que son captados por los sentidos y la mente, y que simplemente intentan purificar ambos mediante la meditación. Su problema es que todavía creen en la existencia de sujeto y objeto como reales al definir sus características.
El Quinto Estadio corresponde a una mente libre de la semilla de las causas que gobiernan el karma. Aquí se hayan las enseñanzas que muestran el camino para superar las doce conexiones entre causa-efecto: ignorancia, volición, conciencia, nombre y forma, órganos sensoriales, contacto, sensación, ansia de algo, codicia, fases del ser: nacimiento, vejez y muerte, y que ayudan a extirpar la ignorancia.
Los seguidores de estas enseñanzas son ascetas que viven solos o en grupo separados del mundo, y la caída de las flores les recuerdan la transitoriedad de los fenómenos. Guardan estricto silencio y se encomiendan a la práctica de la concentración con el fin de superar la ignorancia y las semillas del karma. Aunque ayudan a los demás con los poderes que adquieren, su preocupación es superar “su” sufrimiento y alcanzar la liberación.
Tienen una gran calma mental y experimentan el samadhi de la indiferencia hacia todas las cosas. Pero estos practicantes, como a los del estadio anterior, aunque han eliminado la idea del ego siguen atados a la idea del dharma, siguen creyendo que los cinco constituyentes psicológicos son reales.
Al extinguir cuerpo y mente creen que entran en el nirvana, un estado asociado a un espacio de serenidad y tranquilidad. En este estadio y el anterior se pierden todos los méritos del bodhisattva. Aquí incluye a la escuela Pratyekabuddha Hinayana.
El Sexto Estadio se asocia a la mente budista mahayana que se preocupa empáticamente por la salvación de los demás. Para Kukai representa el primer nivel de la gran compasión.
Aquí se incluye a todas las enseñanzas que aun siendo conscientes de que todos los fenómenos son ilusorios y una creación mental, irradian compasión incondicional hacia todos los seres. Kukai ubicó aquí a las escuelas Yogācāra, reconocida como la escuela Hossō en Japón.
En esta etapa, el practicante rompe todos los lazos que la atan a la realidad al realizar los dos vacíos: 1) rechazo del ego individual y de los constituyentes psicológicos, como una naturaleza no substancial; y 2) rechazo de las tres naturalezas de la existencia (la existencia producida por la imaginación, la existencia que surge de un origen dependiente (por no tener una naturaleza propia) y la perfecta existencia.
En estas enseñanzas se fomentan la empatía, la compasión, la alegría ante las consecuciones de los demás, la ecuanimidad, la caridad, las palabras amables y los actos beneficiosos para socorrer a todos por igual.
Renacen constantemente siguiendo sus cuatro votos: por innumerables seres vivos que haya, hago el voto de salvarlos a todos; por muchas impurezas que encuentre, hago el voto de extinguirlas todas; por muchas doctrinas budistas que haya hago el voto de estudiarlas todas; y la voluntad de realizar una iluminación insuperada. El resultado final es que encuentran un estado de paz genuina.
El problema de este estadio es que considera que no todos los seres pueden alcanzar la iluminación y que se necesitan muchas vidas para conseguir la liberación, ya que sigue una enseñanza progresiva. Todavía no han alcanzado el último estadio mental, tan sólo han eliminado las ilusiones que existen fuera de la mente.
El Séptimo Estadio corresponde a una mente que toma conciencia de que es no-nacida, y que instalándose en el vacío, se vuelve serena y llena de gracia.
Estas enseñanzas meditan sobre la mente original desde el camino de las ocho negaciones: no nacido, imperecedero, incesante, inconstante, no idéntico, no diferente, no va y no viene. Aquí ubicó Kukai a la escuela Mādhyamika Mahayana.
La unidad engloba en su interior a todos los fenómenos, el gran océano profundo y sereno contiene en una gota miles de seres, el Uno es la madre de los diez mil seres. Aquí se entiende que aquello que es absolutamente vacío, no está vacío, sino que es algo que manifiesta en una gran variedad de fenómenos y no está fijo. Materia y vacío son lo mismo. La relación entre vacío y materia es la misma que la del océano y las olas o entre el oro y las joyas de oro, por eso el término
En esta vía todo se extingue fácilmente y deja de haber distinción de clases. Samsara al ser igual que Nirvana, la ignorancia es igual a la iluminación, y por tanto, no hace falta ni eliminar la ignorancia ni buscar la iluminación.
La iluminación se hace instantánea, porque esta deja de ser aquí algo que deba adquirirse con disciplina. Reconoce que intrínsecamente todos tenemos atributos perfectos y una sabiduría original.
Se toma conciencia de que la propia naturaleza de la mente es no nacida y desaparece la dualidad sujeto y objeto. La mente es inalcanzable en el tiempo porque la mente es no nacida.
El Octavo Estadio corresponde a una mente que está verdaderamente en armonía con la Única Vía. Aquella que reconoce que la mente es una y originalmente pura y que objeto y sujeto se inter penetran.
Las características de la iluminación son como las del espacio vacío, no hay nadie que lo entienda o pueda explicarlo, porque la iluminación no tiene signos. La mente original no tiene nada que ver con la naturaleza del mundo del deseo, ni con el mundo de las formas ni con el mundo de las no-formas, no entra dentro del reino de los sentidos o la mente no hay nada que ver o no ver.
Hay que reconocer que la mente no puede identificarse en los fenómenos condicionados causales. No tiene signos, es como el espacio vacío. Cuando todos los pensamientos determinantes están exhaustos, uno encontrará a Mahavairocana.
Aquí Kukai incluyó las enseñanzas que muestran el samadhi de Avalokitesvara, es decir, la escuela japonesa Tendai.
El Noveno Estadio corresponde a la profunda mente exotérica que es consciente de su naturaleza inmutable.
En la enseñanza exotérica, Buda enseñó que el tiempo infinito está en un segundo y que en un segundo está el tiempo infinito, que todo está en uno y en uno está todo, que lo universal está en lo particular y que en lo particular está lo universal. De este modo, practicar una acción es practicar todas las acciones.
En la enseñanza esotérica, sin embargo, Mahavairocana enseña que la mente está libre del sentido de la percepción y sus objetos, y que sin signos y sin objetos es como el espacio vacío, libre del mundo del ser y del no ser, de lo condicionado, de los órganos de los sentidos y de la mente.
Grande es aquel que comprende que todo es una unidad y entiende que todo está interrelacionado. El estado de interdependencia de todos los fenómenos es visto desde diez puntos de vista:
1) Todo está en un estado de coexistencia simultánea.
2) Todos los seres se influyen entre ellos sin obstáculos.
3) Uno y muchos se influyen mutuamente sin perder sus identidades.
4) Todo está en el uno y en el uno está todo.
5) Lo oculto y lo manifestado constituyen parte del todo.
6) Lo grosero y la materia sutil se influyen mudamente.
7) Todas las cosas reflejan y se corresponden mutuamente.
8) Todas las cosas son símbolos que representan a su vez a otras cosas.
9) Las nociones pasado, presente y futuro están interconectadas.
10) Cualquier cosa puede ser el centro o pivote del resto de cosas.
Kukai ubicó en este estadio las enseñanzas de la escuela mahayanaHuayen, identificada en Japón bajo el nombre deKegon.
El Décimo Estadio corresponde a una mente gloriosa, la más secreta y sagrada. Cuando la mente ha eliminado el polvo, el Shingon abre el tesoro.
Este estadio corresponde a las enseñanzas que eliminan completamente su mente haciendo visible la gloria del mandala diamante o de la sabiduría. La que muestran la esencia, atributos y funciones de la Mente Unidad. El secreto de todos los secretos, la iluminación suprema.
Todos los budas y sus atributos, tan numerosos como partículas de polvo, están en nuestra mente. Todas las deidades representadas en los mandalas del reino matriz y diamante y todos los mantras que representan las 10.000 imágenes del universo son uno y todo a la vez, pero también son nuestro cuerpo. Sabiendo esto, estas enseñanzas enseñan que se puede alcanzar la budeidad en esta vida y con este cuerpo.
Todos los seres vivientes son bodhisattvas innatamente, pero lo han olvidado. En la meditación uno comprende que la Mente es serena y pura como la luna llena cuyos rayos se extienden por el espacio sin ninguna discriminación.
La elección de la imagen de la luna en el Shingon obedece según Kukai a un propósito simbólico: Hay dieciséis fases lunares, análogas a los dieciséis grandes bodhisattvas comenzando por Vajrasattva y terminado por Vajramsuti, según el Sutra Vajrasekhara. Son los dieciséis significados del vacío, empezando por el “vacío de la propia alma” y terminando por el “vacío del no ser y del ser” del Sutra Mahaprajña-paramita.
En lo más interior de todos los seres vivientes hay una muestra de la naturaleza pura, que es perfecta en sí misma, una esencia que es sutil, brillante, e incambiable. Es como la luna del día 16 a mitad de mes, cuando se encuentra con el sol y su brillo es reducido por los rayos del sol. Después de la luna nueva, la luna incremente su brillantez día a día hasta que finalmente alcanza la perfección sin obstáculos.
Los practicantes de esta vía deben alcanzar la maestría de los Tres Misterios, el misterio del cuerpo (los mudras y la capacidad de invocar la presencia de objetos sagrados de meditación); el misterio de la palabra (el uso del mantra); y el misterio de la mente (la absorción meditativa del yoga, manteniendo la mente en un estado de brillantez, pura, como la luna llena).
Referencias bibliográficas
Hakeda Y.S. (1972). Kukai. Major Words. Translated, with an account of his life and a study of this though, New York-London: Columbia University.
Profesor Titular de Universidad. Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid. Director del Proyecto de Investigación Cultura Física Oriental.
El legado de enseñanzas de Kukai se puede resumir en dos sentidos
1.- Las obras que importó en su viaje a China y que engloban 142 sutras budistas en 247 fascículos, 42 textos sánscritos en 44 fascículos, 32 comentarios en 170 fascículos, 5 mandalas (tres del reino matriz y 2 del reino diamante), 5 retratos de los patriarcas (Vajrabodhi, Subhakarasimha, Pu-kung, Hui-kuo, I-Hsing), 18 objetos rituales y otros 8 objetos que le dio personalmente Hui-kuo a Kukai.
2.- Las obras que el mismo escribió para expandir su pensamiento, que abarcan tanto obras religiosas como literarias.
Indicaciones sobre las metas de las tres enseñanzas (797)
La diferencia entre el budismo exotérico y esotérico (814)
Alcanzar la budeidad en esta misma existencia (817)
El significado del sonido, la palabra y la realidad (817-818)
El significado de la palabra Hum (817-818)
El tesoro secreto de los espejos de la poesía (819)
La transmisión del Dharma Shingon (821)
Los diez estadios en el desarrollo de la mente (830)
Profesor Titular de Universidad. Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid. Director del Proyecto de Investigación Cultura Física Oriental.
Profesor Titular de Universidad. Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid. Director del Proyecto de Investigación Cultura Física Oriental.
Cuando Kukai llegó a Japón en el año 806, se encontró con que Saicho se había convertido en el representante oficial del budismo esotérico en el país, además de haber presentado a la corte, un listado de todos los documentos y objetos que había traído desde China, incluidas obras del budismo esotérico.
Saicho había regresado un año antes que Kukai, en un momento en el que todavía estaba vivo el emperador Kammu (r. 781-806). De esta manera, Saicho pudo realizar rituales para la recuperación-purificación del tennō, y reforzar así su apoyo y proximidad a la corte.
El primer éxito que consiguió Saicho, fue la autorización imperial para impartir una iniciación (abhiseka) en el budismo esotérico que había aprendido en el templo Takaosan, en las proximidades a la capital. El 1 de septiembre del año 805, ocho monjes ilustres del budismo Nara, incluido Gonzō, fueron invitados para recibir la iniciación. Unos días más tarde, recibiría también el abhiseka el propio emperador Kammu. Con esta ceremonia Saicho pasó a ser reconocido oficialmente como el maestro supremo del budismo esotérico en Japón.
Sin embargo, a Saicho le quedaba por realizar otro importante paso. Aprovechando su posición, en enero del año siguiente, Saicho solicitó que se le permitiese realizar ordenaciones anuales en el monte Hiei. El 26 de enero del año 806 recibió el permiso, y mediante ello, el reconocimiento oficial de la escuela budista Tendai en Japón.
Las escuelas budistas Nara debieron estar cuanto menos preocupadas. Saicho había convertido al budismo Nara en el “viejo budismo” y les había obligado a recibir una ordenación en su escuela. Como veremos Kukai supo aprovechar esta situación a su favor.
Pero volviendo a la figura de Kukai, este no fue invitado a ir a la capital directamente tras su llegada, sino que pasó tres años en las provincias. Kukai era consciente que no había cumplido con la estancia de 20 años en China que se había establecido en el acuerdo de su autorización inicial y sabía que eso no era bien visto en la corte. El cambio de emperador quizás hiciese del problema algo menos grave.
Durante esos años, Kukai estuvo en diferentes templos en los que pudo observar la tensión que había creado Saicho y reflexionar sobre cuál era el mejor modo de presentar sus conocimientos a los representantes de las escuelas de Nara, sin generar conflicto.
Kukai tenía una importante ventaja respecto a Saicho: siempre se había llevado bien con las distintas escuelas del budismo Nara y en su sistema no se rechazaban estas escuelas sino que se integraban en un proceso de desarrollo ascendente hacia la realización. Kukai supo ganarse el apoyo de estos linajes.
Pero aunque Kukai no pudo ir a la corte a su llegada sí que pudo enviarle un listado de las obras y objetos que había traído de China. En particular, la lista contenía 142 sutras budistas en 247 fascículos, 42 textos sánscritos en 44 fascículos, 32 comentarios en 170 fascículos, 5 mandalas, 5 retratos de los patriarcas, 9 objetos rituales y otros 13 objetos que le dio personalmente Hui-kuo a Kukai.
En el listado Kukai explicaba además el significado de cada ítem, resumía las tradiciones del budismo esotérico y narraba cómo se convirtió en el sucesor de Hui-kuo en sus enseñanzas.
Kukai permaneció primero en Kyushu, el lugar por el que había accedido al país. Allí estuvo en el templo Kanseon, localizado en Dazai-fu, uno de los templos de ordenación más importantes del país que mantenía estrechas relaciones con los templos de Nara. Según algunos registros, el gobernador de esta región, Tanaka Yatsukimaro, construyó el templo Tōchōmitsuji en honor a Kukai. Este sería el primer templo Shingon en el país.
En el año 807, Kukai se trasladó al templo Makinōsan, en la prefectura de Ishikawa. Se considera que de camino a este templo, Kukai hizo una parada en Kumedera, el templo donde Kukai había encontrado de joven el Sutra de Mahavairocana, y que allí, hizo una lectura sobre el Shingon.
Makinōsanji era el lugar en el que Gonzō había acomodado a Kukai cuando era joven y quiso comenzar su camino en el budismo. Allí residiría dos años que le sirvieron para dar estructura a sus conocimientos y poder cimentar las bases de su escuela Shingon.
En su estancia en este templo, Kukai tuvo que enfrentarse a una situación política delicada para su familia. Su tío Ato no Ōtari había caído en desgracia porque el príncipe Iyo, del que había sido su mentor, había sido obligado a suicidarse con veneno al haber sido acusado de alta traición por querer derrocar al emperador Heizei (sucesor de su padre Kammu), en el año 807.
Todas las personas cercanas a este príncipe, incluido el propio Ōtari fueron expulsadas y desterradas. Ōtari decidió ir con Kukai a Makinosanji como refugiado político.
Kukai no sólo le recibió, también lo convirtió en su secretario personal hasta el año 830, cuando falleció con 87 años. Sus conocimientos sobre la vida en la corte fueron una inestimable ayuda para Kukai en los años que vendrían después.
KUKAI ACCEDE A LA CORTE
Durante esos años Kukai afirmó que la oportunidad que estaba esperando para expandir sus enseñanzas oficialmente en el país todavía no había llegado.
Todo cambió en el año 809, cuando el emperador Heizei (r. 806-809) decidió abdicar y subió al trono el emperador Saga (r. 809-823), con 24 años de edad. Ese año Kukai, que ya tenía 36 años, recibió una invitación para ir a la corte.
Cómo consiguió esta invitación no está claro, pero es evidente que pudo influir tanto el clero Nara que le apoyaba, como los buenos comentarios que habrían hecho sobre su talento y habilidad literaria, caligráfica y poética sus antiguos amigos de aventura en China Tachibana no Hayanari, Takashina no Tōnari, o del propio embajador de la expedición Kadonomaro, que se convirtió en tutor del príncipe Takaoka cuando el Tennō Saga ascendió al trono imperial.
En su traslado a la capital se decidió que Kukai se instalase en el templo Takaosan. Esta elección estuvo condicionada por los monjes influyentes de Nara, y parece ser que se adoptó, porque la familia que patrocinaba este templo tenía una posición neutral en política, algo importante en aquellos momentos de lucha en la corte. Durante 14 años esta sería su nueva base de operaciones en la capital.
Sin embargo, había un problema que resolver. Este templo había arropado a Saicho en sus primeros pasos en el budismo esotérico e incluso había sido el lugar donde se había hecho la iniciación al emperador Kammu.
Ante una situación que podía generar un conflicto de intereses, el jefe del clan, Wake no Matsuna, decidió reunirse con Saicho en Hieisan para explicarle la situación. Saicho, interesado quizás en conocer más a Kukai o quizás pensando que podía ser su compañero en la expansión del budismo esotérico en el país, lo vio bien.
En el año 809, Kukai ya se había instalado allí, y ese mismo año, empezó el conflicto entre ambos monjes. Saicho envió un discípulo a Takaosanji para presentar una carta a Kukai en la que le pedía que le prestase 20 obras que había traído de China, casi todas de budismo esotérico.
Kukai lo vio mal porque sabía que si Saicho había recibido iniciación en el budismo esotérico, era consciente de que esta enseñanza no se hacía por libros sino por transmisión oral maestro-discípulo.
Por otro lado, ese mismo año también se produjo un enfrentamiento entre el emperador Saga y el anterior emperador Heizei. Parece ser que Heizei se instaló en Nara y que, por persuasión de su mujer y su hermano, quiso volver a trasladar la capital allí y establecerse en el poder. Saga tuvo que intervenir y tras vencer a Heizei reforzó su posición.
Kukai, supo aprovechar este conflicto pidiendo al emperador Saga que pudiese realizar rituales especiales de protección para él y su gobierno desde el Takaosanji, igual que en su momento lo había hecho Amoghavajra para el emperador Xuanzong. El emperador Saga estuvo de acuerdo y le concedió un espacio en el gran templo Todai de Nara para poder realizar estos rituales. Con ello, Kukai pudo empezar a escalar posiciones en la atención de la corte japonesa.
La aceptación por parte del emperador pudo estar condicionada por la relación de amistad previa que se había producido entre ambos protagonistas y que tenía como base la pasión de Saga por la caligrafía, la poesía, el arte y la literatura chinas.
Según los registros, en el año 809, Saga se acercó a Kukai atraído por los comentarios respecto al gran talento artístico que había mostrado este monje durante su estancia en China. Ese año, el Tennō envió un mensajero para pedir a Kukai que le hiciese unas caligrafías en unos paneles. A partir de ese momento ambos personajes intercambiaron durante muchos años veladas y obras sobre caligrafía y poesía chinas.
En el año 810, el emperador ordenó a Kukai que presidiese el templo Otokuni-dera al sur de la capital. Kukai se trasladó a vivir allí en el año 811 con 37 años. Este lugar era uno de los templos del estado más antiguos, con una historia de más de 200 años.
El Tennō Saga había elegido este lugar por su historia. Según los registros históricos, en el año 785, el príncipe Sawara, uno de los hijos del emperador Kammu, fue enviado allí preso, acusado por el propio emperador de traición por haber colaborado en el asesinato de la persona encargada de trasladar la capital de Nara. En realidad, Kammu quería establecer como su sucesor en el trono al príncipe Ate (el futuro Tennō Heizei).
Sawara se negó a comer y beber durante diez días, y después, murió en el exilo en la isla de Awaji. Parece ser que el espíritu vengativo de Sawara volvió a este lugar, y que Kammu no estuvo tranquilo el resto de su vida, porque al poco tiempo de esta situación su mujer murió y su hijo Ate contrajo una enfermedad nerviosa.
Kukai, como nuevo protector del estado, era la persona ideal para ser enviada a ese lugar y apaciguar al espíritu del príncipe Sawara, y con ello, cerrar el ciclo al que quiso dar fin el emperador Kammu.
El año 812, Kukai escribió al emperador informándole que había cumplido su misión y que volvía al templo Takaosan para continuar con su proyecto.
Dos días antes de que Kukai cambiase su residencia, Saicho visitó de nuevo a Kukai pasando con él una noche en el Otokuni-dera. Allí, Saicho solicitó la iniciación (abhiseka) de manos de Kukai. Una petición que le sorprendería, ya que Saicho había hecho la iniciación al propio emperador Kammu.
Kukai aceptó diciendo que se haría en el Takaosanji, ya que en breve, iba a cambiar allí su residencia. Se dice que Saicho preguntó cómo debía prepararse, y que Kukai volvió a quedar sorprendido pensando que él ya lo tenía que saber dado que Saicho había hecho la iniciación para otros. También se considera que en este encuentro Kukai le confesó a Saicho que ya tenía cerca de 40 y que no le quedaba mucho tiempo de vida, proponiéndole que fuese su sucesor.
Tan pronto como Kukai regresó al Takaosanji, Saicho también se trasladó a su residencia Hoque-in en el monte Takao impaciente por recibir su iniciación. El 15 de noviembre del año 812, Saicho y tres personas más, incluido Wake no Matsuna patrono del monasterio, recibieron la iniciación en el mándala del reino del diamante (vajra-dhatu). El 14 de diciembre, Saicho recibió la segunda iniciación en el mandala del reino matriz (garbha-dhatu), en un acto público junto a otros monjes, nobles e incluso niños.
Saicho quedó a la espera de recibir el último bautismo que le convertiría en gran maestro del budismo esotérico. Pero cuando Saicho preguntó cuantos meses debía estar allí para recibir esa iniciación, Kukai le respondió que al menos tres años.
Saicho desilusionado y a la vez, con muchos asuntos que resolver en sus templos de Hieisan, le dijo que debía partir pero que volvería cuando encontrase tiempo.
Además, pidió permiso a Kukai para poder enviarle a varios de sus discípulos para estudiar con él en su lugar. Saicho eligió primero a Enchō, Taihan y Ken´ei. Un año después, Kukai recibiría a otros 17 discípulos de Saicho para recibir la iniciación. El Takaosanji se había convertido en el centro de referencia del budismo esotérico de Japón.
En el año 813, Kukai amplió su fama entre la corte como persona capaz también de materializar “deseos mundanales” con la construcción del salón Nan´en-do en el templo Kōfuku de Nara. La trayectoria de este evento venía de tiempo atrás.
Parece ser que cuando Kukai residió en el Takaosanji, Fujiwara Hokke no Uchimaro, le visitó para pedirle que le ayudase a mejorar su posición en la corte con los poderes mágicos de su religión. Kukai le aconsejó que adorase al bodhisattva Fukū-kenjaku-kannon.
Uchimaro como era muy mayor murió pronto, pero su hijo siguió con el plan de materializar el deseo de su padre. Este le pidió a Kukai que tallase el mismo la figura del bodhisattva y que diseñase una construcción para alojarla. Kukai erigió así el Nan´en-do en el año 813, instalando en su interior, además de esta deidad, los retratos de los patriarcas del budismo esotérico. En estas mismas fechas se potenció la fortuna de esta familia dando un gran prestigio a Kukai.
El año 813 está marcado en la tradición Shingon por un suceso milagroso. El emperador Saga llamo a la corte a los representantes de las ocho escuelas budistas del país para que explicasen las bases filosóficas de su tradición. Cuando habló Kukai, explicó que no era necesario esperar muchas vidas para poder llegar a ser un buda, que en su escuela se podía alcanzar la budeidad en esta vida y con este cuerpo, pero no le creyeron.
Ante este escepticismo, la leyenda dice que Kukai hizo un mudra con sus manos, recitó un mantra y entró en estado de profunda meditación. Su apariencia de pronto se transformó en la de un buda porque de su cuerpo emanaba luz dorada como en el Tathagata Mahavairocana.
Durante estos años, Kukai terminó por distanciarse de Saicho. Entre los motivos de este suceso están, tanto el rechazo de Kukai hacia el hábito de Saicho de querer aprender a través de la lectura de libros (para Kukai en el budismo esotérico era imprescindible la iniciación con un maestro); como la renuncia de Taihan, el alumno de gran confianza que Saicho había mandado a formarse con Kukai, de volver a Hieisan. A partir de este momento Saicho empezó a desarrollar una política de alejamiento con Kukai para no perder más discípulos.
Este periodo también abarcó la redacción por parte de Kukai de importantes obras: “La diferencia entre el budismo exotérico y esotérico”, “La transmisión del patrimonio legítimo del budismo esotérico”, “Alcanzar la budeidad en este misma existencia”, “El significado del sonido, la palabra y la realidad”, y “El significado de la palabra Hum”.
KŌYASAN Y TŌJI
En el año 816, cuando Kukai tenía ya 43 años, quiso materializar su deseo de disponer de un lugar en el que poder instalar la base central de su religión. Según los registros, Kukai escribió al emperador Saga pidiendo que le concediese para este fin la montaña Kōya, un lugar que supuestamente había conocido cuando era joven, mientras estuvo haciendo sus prácticas ascéticas por las montañas.
Sin embargo, existe la leyenda en la tradición Shingon de que Kukai descubrió este lugar mientras viajaba por la región de Uchi en busca del vajra que lanzó desde su barco para apaciguar la tormenta cuando regresaba de China.
Según se cuenta, cuando caminaba por esta región, se topó con un cazador al que le acompañaban dos perros, uno blanco y otro negro. El cazador era un personaje peculiar (cara roja, gran tamaño y un gran arco en sus manos), por lo que Kukai le preguntó quién era. Este respondió diciendo que su nombre era Inukai (guardián de perros), que vivía en Nan-zan y que donde se encontraban, había una montaña especial y perfecta para la meditación que mostraba signos auspiciosos frecuentes. Luego despareció.
Cuando Kukai se alojó en la zona y contó a las personas locales lo que había sucedido, estos le explicaron que esta montaña debía ser Takano (Kōya). Cuando al día siguiente Kukai subió a la montaña se encontró con un monje sintoísta que fue poseído por Niutsu-hime-no-mikoto, la diosa guardiana de las minas de mercurio que había en la zona.
Este le proporcionó un oráculo en el que le transmitía que la diosa había estado esperando durante mucho tiempo a un bodhisattva como él y que ahora que estaba allí debía hacerse con esa montaña. También se dice que Kukai encontró el vajra que estaba buscando en un pino llamado sanko no matsu.
Hoy en día se considera que la 15 generación de ese pino está ubicado junto a la pagoda central de Kōyasan y que el vajra está guardado en el Kongōbuji. En la montaña también hay un santuario sintoísta dedicado a la diosa Nibu Myōjin y a su entrada imágenes de piedra de perros.
Podemos apuntar que Kōyasan está ubicado en la península de Kii, junto a Yoshino y Kumano, una región sumamente sagrada dentro de la tradición religiosa japonesa y centro de referencia en las prácticas ascéticas de montaña en el país.
En sí, es una montaña de 985 metros de altitud, con numerosos manantiales de agua y con una explanada muy grande en su cima, algo que la convierte en un espacio ideal para la vida monástica en las montañas y las prácticas ascéticas.
El emperador Saga concedió permiso a Kukai para adquirir el monte Kōya ese mismo año, y este aprovechó rápidamente para enviar varios discípulos para comenzar la construcción.
En el año 818, Kukai se trasladó a Kōyasan para trabajar en el proyecto y en el año 819 hizo la ceremonia de consagración del lugar. Sin embargo, pronto fue requerido en la capital para cerrar otros asuntos.
No está claro cuántas veces se trasladó Kukai a la montaña para supervisar la evolución del proyecto, lo que sí está claro es que la construcción del complejo fue muy lenta y que Kukai no llegó a ver cómo quedó el complejo acabado en vida.
El problema al que se enfrentó Kukai fue que el proyecto, al ser un asunto privado, no pudo recibir dinero del tesoro nacional, ni tampoco ayuda de la aristocracia, debido a que las cosechas en esa época no fueron buenas.
Para Kukai el monte Kōya simbolizaba el Reino Matriz (garbha-dhatu) dado esta montaña está rodeada por ocho picos que representaban los ocho pétalos de un loto. La construcción central la organizó como el Reino del Diamante (vajra-dhatu) con una gran pagoda (Daito) en el eje central. De esta manera, la zona se podría observar como el círculo del Reino del Diamante dentro del círculo del Reino Matriz.
La primera construcción que se realizó en Kōyasan fue el Kongōbuji (Templo del pico del Vajra). La explanada en lo alto del monte Kōya recibió el nombre de Garan (precinto sagrado), e inicialmente sólo albergó el salón principal (Kondo), la gran pagado (Daito), la pagoda oeste (Sai-to) y el honchū indani (valle original de la construcción central).
En el año 820, Kukai redactó la obra “La transmisión del Dharma Shingon” y dirigió la reproducción de 26 pinturas religiosas que había traído de China y que se habían deteriorado por el viaje y por el uso continuado en las ceremonias de iniciación. Su reproducción fue una de las mayores contribuciones de Kukai a la historia del arte japonés.
En el año 822, Kukai fundó un salón de iniciación (shingon-in) en los precintos del Todaiji, desde el que podía pedir por el bien de la nación y sus habitantes. Ese mismo año, murió Saicho en el monte Hiei, dejando como sucesor a Gishin, el monje que le acompañó en su viaje a China.
El siguiente paso importante en la vida de Kukai llegó al año siguiente, cuando el emperador Saga le ofreció el Tōji a Kukai para que pudiese disfrutar de un templo oficial en la capital. Kukai pasaría en él 10 años de su vida.
Fotos del Autor: Toji (Kyoto)
El Tōji había sido construido en el año 796, tras el traslado de la capital de Nara a la actual Kyoto. En aquella época el número de templos que se permitió construir dentro de la capital fue muy reducido ya que el emperador Kammu no quiso que el budismo ocupase la capital como había ocurrido en Nara.
Kammu dejó construir dos templos para el Estado: el Tōji (Templo del este) y el Saiji (Templo de oeste). Ambos templos fueron construidos bajo la idea de servir de protección para el emperador y la nación, y evitar la entrada de malos espíritus en la ciudad. De esta manera, se puede afirmar que el Tōji en su momento, fue el templo más poderoso que se construyó en la nueva capital para rivalizar con los templos de Nara.
El Tōji fue rebautizado con el nombre Kyōgokokuji (Templo para la enseñanza de rey y para la protección del Estado) y Kukai disponía ahora de su cuartel religioso directamente en la capital. Esto fue bueno y no tan bueno para Kukai ya que él hubiese preferido elegir la ubicación de su templo y su formato.
Ese mismo año emperador Saga fue sustituido por el Junna (r. 823-833). Un nuevo emperador que también mostró su apoyo a Kukai permitiendo que pudiesen residir 50 monjes shingon en el Tōji.
Kukai, estaba de suerte, ya que también Wake no Matsuna y su hijo Nakayo donaron el templo Takaosan al estado para que pudiese convertirse en un seminario de la religión Shingon. Junna también dejó que residiesen también allí 14 monjes shingon.
En el año 824, el emperador ordenó a Kukai que rezase para que lloviese. Kukai realizó la ceremonia en el jardín imperial Shinsen´en por siete días. Con la llegada de la lluvia, Kukai fue ascendido al rango eclesiástico de Shōsōzu. A partir de este momento, se le pidió a Kukai que realizase ceremonias para la lluvia todos los años en el Tōji. Ese año también murió el ex emperador Heizei y Kukai y su alumno Shinnyo, hijo de Heizei, presidieron la ceremonia funeraria.
En el Tōji ya existía el Kondō (Salón de oro) y otras construcciones, pero en el año 825, Kukai recibió permiso para construir el Kōdō (Salón de lectura), que se diseñó como un altar-mandala esotérico acogiendo 21 figuras de deidades cuyo tallado fue supervisado por el propio Kukai; una hall para realizar las iniciaciones; una biblioteca; y en el año 826, una pagado de cinco pisos, que Kukai no terminó de ver construida en vida. Kukai trasladó allí todos los objetos que había traído de China.
En el año 828, Kukai continuó su proyecto fundando una universidad de artes y ciencias llama Shugei-Shuchi-in junto al Tōji. Su tío Ato no Ōtari sería su administrador.
En esta institución había una sala para el estudio de los rituales taoístas (onmyōdō) e historia (rekigaku); un aula para el estudio de la medicina y la farmacopea (tenyakuryō), otra para música (gagakuryō), y otra para el estudio del arte y el textil. Para él, cada disciplina de conocimiento era también una manifestación de Mahavairocana.
La aristocracia construyó luego alrededor de esta universidad residencias para sus hijos. Con esto Kukai fue un pionero en el impulso para el desarrollo de la educación pública en Japón.
FALLECIMIENTO DE KUKAI
En el año 830, Kukai completo su obra “Los diez estados en el desarrollo de la mente”, pero en el año 831 cayó muy enfermo viéndose obligado a apartarse de sus ocupaciones oficiales. En este momento decidió volver a Kōyasan para seguir con el proyecto.
En el año 834, cuando la nieve llegaba a Kōyasan, Kukai llamó a sus discípulos para anunciarles el día y hora de su muerte: “Entraré en el nirvana sobre las 4 de la mañana del próximo 21 de marzo”.
El 22 de enero de ese año pidió a la corte que le dejasen que se pudiese ordenar oficialmente tres monjes anualmente. La petición fue concedida y con ello se consiguió el reconocimiento oficial de la escuela budista Shingon.
El 15 de marzo, Kukai volvió a decir a sus alumnos que le quedaba ya poco y les advirtió de que estaría pendiente de todo lo que hiciesen y de que volvería cuando Maitreya, el buda del futuro volviese.
El 21 de marzo del año 835, y según la tradición, Kukai entró en un estado de meditación completo para la eternidad. Para el budismo Shingon, su maestro sigue vivo en Kōyasan ya que Kukai dijo que retornaba a las montañas donde permanecería allí por siempre.
Kukai dejó 10 grandes discípulos: Jitsue (786-847); Shinzei (800-860), Shinga (801-879), Shinnyo (¿?-864); Dōō (¿?-851), Taihan (778-¿?), Chisen (789-825), Gōrin (767-¿?), Enmyō (¿?-851), Chūen (¿?). Muchos de ellos, familiares del propio Kukai.
Fotos del Autor: Okuno-in (Koyasan)
Referencias Bibliográficas
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Ryotaro, S. (2003). Kukai. The Universal. Scenes from His Life. 1ª Edición 1978. New York: ICG Muse.
Watanabe, B. (1999). Attaining Enlightenment with this body. Primacy of practice in Shingon Buddhism at Mount Koya, Doctoral Thesis, Japan, State University of New York.
Profesor Titular de Universidad. Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid. Director del Proyecto de Investigación Cultura Física Oriental.
Entre los 20 y los 30 años, Kukai sintió una gran necesidad de dominar los conocimientos y rituales del budismo esotérico que se habían abierto ante él tras la lectura del SutraMahavairocana, y que nadie le podía enseñar en Japón.
Kukai tenía que ir a China si quería satisfacer sus deseos. Sin embargo, el interés de Kukai por este viaje también pudo responder a otros motivos. Por ejemplo, en aquellos tiempos las reglas del juego estipulaban que todo aquel que quisiera fundar su propia escuela religiosa debía obtener el reconocimiento de un maestro reconocido en China.
El primer problema que debía solventar nuestro personaje para hacer su viaje era ordenarse monje oficialmente. Así, tras varios años actuando como monje solitario (ubasoku), realizando prácticas ascéticas, estudiando textos sagrados y entrevistando a otros ascetas, en el año 804, con 31 años de edad, se ordenó oficialmente como monje en el Kaidan del templo Tōdaiji. Fue en este momento cuando recibió el nombre de Kukai.
La segunda dificultad para alcanzar sus objetivos era que los barcos en los que debía embarcarse para llegar al continente ya habían zarpado desde el puerto de Naniwa (en la actual Osaka), en el año 803, y no se sabía cuando se volvería a enviar otra nueva expedición.
Es importante añadir aquí, que en esa expedición había zarpado además otro monje budista que tenía el mismo interés de Kukai en formarse en el budismo esotérico chino: Saicho. Un monje que después fundaría la escuela budista esotérica Tendai y el complejo monástico del monte Hiei, junto a Kyoto, la institución más importante en el budismo japonés hasta hoy día.
Sin embargo, la suerte acompañó a Kukai. Debido a un fuerte temporal la expedición tuvo que regresar a Japón. Algo normal en aquellos tiempos en los que los tifones y tormentas, y la falta de conocimientos náuticos de los marineros japoneses, hacían de estos viajes una aventura sumamente peligrosa.
Kukai tenía delante su oportunidad, pero ahora el tercer obstáculo que debía abordar era cómo a él, un monje recién ordenado, le iban a dejar participar en aquella expedición cuando los monjes que normalmente eran enviados al continente eran aquellos que disfrutaban de una gran reputación e influencia en el mundo monástico.
En este caso, y aunque se cree que pudieron confluir varias situaciones para la obtención del permiso, se considera que fue Gonzō, el abad del templo Daian, el que como personaje influyente en la corte pudo interceder a su favor.
Kukai obtuvo el permiso para unirse a la expedición, para poder estudiar 20 años en China, y una pequeña ayuda del gobierno, pero insuficiente, para poder hacer frente a todos los gastos tendría que hacer en todos aquellos templos que le acogiesen en China.
VIAJE A CHINA
La expedición, conformada por cuatro grandes barcos, partió el 14 de mayo del año 804. Dicha expedición representaba el interés político del Emperador Kanmu por retomar las relaciones diplomáticas con el extranjero. La última misión a China había regresado en el año 778 y Kanmu quería glorificar al nuevo emperador Chino e informar de la nueva capital en Japón.
Como Kanmu quería dar la mejor impresión seleccionó para este viaje a personajes de la nobleza y grandes académicos y artistas. En el barco capitaneado por el vice-embajador Ishikawa no Michimasu, viajaban también Sugawara no Kiyokimi, padre del futuro Michinzane no Sugawara; Saicho (767-822); y Gishin (781-833), el futuro sucesor de Saicho como patriarca en Hieisan. (Saicho podía leer chino pero no hablarlo, Gishin era su intérprete).
En el otro barco, capitaneado por el embajador y líder de la expedición Fujiwara no Kadonomaro, viajaban Kukai y el gran calígrafo Tachibana Hayanari (¿?-842).
Otros personajes importantes de la expedición fueron el administrador oficial Kannabi no Nobukage, el secretario Kamitsukeno no Ehito y el secretario provisional Asano no Katori, todosconocidos por sus dotes en poesía china.
Según los registros, parece ser que la segunda noche tras la partida, una fuerte tormenta obligó a dos barcos de la expedición a regresar a Japón mientras que los otros dos restantes, en los que iban Kukai y Saicho, tuvieron que separarse y tomar rutas distintas para ir a China.
La expedición era lo suficientemente importante como para que la corte japonesa al enterarse de lo sucedido, decidiese enviar una embajada a través de Corea para saber si habían sobrevivido o no los otros dos barcos, e incluso se decidió que se volvería a enviar al año siguiente los dos barcos que habían regresado si no se obtenía ninguna noticia sobre ellos.
El hecho fue que los dos barcos sí que habían llegado a las costas chinas después de estar más de un mes en el mar. El barco de Saicho había arribado en Mingzhou (la actual Zhejiang), cerca de su destino y un lugar al que antes habían llegado embajadas japonesas por lo que no encontraron problemas. La mala suerte para esta tripulación fue la muerte de Ishikawa no Michimasu.
Los integrantes de esta expedición se fragmentaron en dos. Por un lado, Kiyokimi tomó el mando para ir a la capital a mostrar los respetos, y por otro, Saicho y sus seguidores se dirigieron al monte Tiantai en Zhejiang.
Respecto al barco de Kukai, este se había desviado mucho de su ruta y había arribado en Fuzhou (la actual Fujian). Un lugar al que nunca antes habían llegado las embajadas oficiales japonesas, con el inconveniente añadido de que no llevaban consigo la documentación oficial de presentación de respetos porque iba en el otro barco.
Cómo es lógico, el administrador chino local, desconfiando de ellos por si eran piratas, decidió retenerles. Sin embargo, su salvación llegó más o menos rápido gracias a la intervención de Kukai.
Parece ser que este escribió una carta al emperador de China en el que demostró tal conocimiento de la literatura china y calidad poética, que agradó lo suficientemente al Emperador como para recibir el permiso, después de un mes, de que 23 hombres de la expedición pudiesen ir a la capital en Chang´an.
Este suceso es sumamente importante porque supuso el primer paso hacia la fama pública y el interés de la corte japonesa que obtendría después Kukai como poeta y escritor. Un evento que sucedió además delante del capitán del barco, Fujiwara no Kadonomaro, quien tomó conciencia de su talento excepcional.
Es curioso, que en la lista inicial de las personas 23 personas que se les permitió ir a la capital, no estuviera Kukai. Ryotaro (2003) lo justifica diciendo que el gobernador local al reconocer su talento lo quiso retener para utilizar sus servicios. Sin embargo, parece ser que tras una segunda carta de Kukai al emperador chino, logró convencerle para unirse al grupo.
Los 23 hombres partieron tardando 46 días en llegar. En el camino a Chang´an,Kukai tuvo que recorrer 2700 km aproximadamente. Una distancia que le brindó la oportunidad para conocer el país y contactar con la cultura local. Según Ryotaro (2003), los lugares por los que pasó fueron los mismos que siguió después el monje Ennin (794-864) y que describe con todo detalle en su diario.
En Chang´an, el grupo se encontró que 27 hombres de la tripulación del segundo barco que también había sobrevivido les habían preparado una fiesta de bienvenida.
Kukai residió inicialmente en la casa de Fujiwara no Oguromaro, actuando como escritor e intérprete, pero poco después, se mudó al templo Ximing, un lugar que tradicionalmente tenía un espacio de acogida para los estudiantes extranjeros que querían aprender budismo en la capital. Su entrada coincidió con la salida del monje Eichō (743-816), el monje que introduciría la cultura del té en Japón.
El templo Ximing, era el templo más grande de la ciudad, y hay que recordar que era un templo hermanado con el templo Daian de Nara con el que tanto tiempo había tenido contacto Kukai años antes. Esta realidad refuerza la tesis de que fue el abad Gonzō el que actuó como su protector en esta misión.
Una vez instalado en la ciudad, parece ser que Kukai decidió ir de templo en templo para encontrar a su maestro “predestinado”, algo contradictorio porque en la capital todo el mundo sabía que el maestro más respetado en el budismo esotérico era Hui-kuo y que además prestaba servicios al propio Emperador.
Su interés por hacer estas visitas en verdad pudo responder más bien a otras necesidades: a) absorber toda la información posible sobre cultura china (poesía, caligrafía, arquitectura, ingeniería, etc.); b) investigar las nuevas religiones que había descubierto en la capital (zoroastrismo, maniqueísmo, cristianismo, islam), c) mejorar su conocimiento del sánscrito con los maestros indios Prajna y Munisri; y d) recopilar toda la información tántrica posible.
Entre estos dos maestros indios, Kukai tuvo un mayor contacto con Prajna dado que Munisri murió al año siguiente de su llegada y quizás no gozaba de tan buena salud. Prajna procedía de Cachemira y había estudiado en la famosa universidad de Nalanda.
INICIACIÓN CON EL MAESTRO HUI-KUO
El evento más importante de toda la estancia de Kukai en China tuvo lugar en junio del año 805, cuando tenía 31 años edad. En esta fecha por fin logró el encuentro que siempre había deseado en Japón: entrevistarse con el maestro Hui-kuo en el templo Qinglong. El maestro que le podía abrir el libro a los conocimientos del budismo esotérico.
Hui-kuo (746-805) fue el primer monje chino que tuvo acceso al conocimiento de dos sistemas diferentes de budismo esotérico: 1) las enseñanzas esotéricas del SutraVajrasehkara, introducido en China en el año 720 por Vajrabodhi (671-741) y desarrolladas después por el monje Amoghavajra (705-774); y las enseñanzas secretas del Sutra Mahavairocana, introducido en China en el año 716 por Subhakarasimha (637-735) procedente de la India Central.
Según su biografía, Hui-kuo había nacido en una familia de los suburbios de la capital, y siendo muy joven, se había ido a vivir a un monasterio budista dirigido por un discípulo de Amoghavajra. A los 17 años, y tras conocer al maestro, esté le adoptó rápidamente como su discípulo al reconocer su inteligencia excepcional. A los 19 años obtuvo la iniciación (abhiseka) en el budismo esotérico del propio Amoghavajra, y a los 20 años recibió todo su conocimiento. Sin embargo, también se dice que a esa misma edad también fue iniciado en el Sutra Mahavairocana por Xuanchao, un monje de origen coreano que había sido discípulo de Subhakarasimha.
Amoghavajra en realidad tuvo seis importantes discípulos: Huilang, Huichao de origen coreano; Hanquang, Yuanjiao y Juecaho, procedentes del monte Wu-tai; y Hui-Kuo. Hui-kuo fue el único que se quedó en la capital convirtiéndose allí en el legítimo heredero de la tradición.
Según la tradición Shingon, Kukai visitó al maestro junto a seis monjes más del templo Ximing y fue un encuentro extraordinario: El maestro Hui-kuo mostró una gran alegría al verle diciendo que había esperado ese momento desde hacía mucho tiempo, que le quedaban pocos días para cerrar la transmisión y que había encontrado al alumno que debía seguir su linaje, ofreciéndole la iniciación al momento.
El encuentro con el maestro en verdad tuvo que ser excepcional porque en aquella época uno alumno nuevo debía esperar varios años hasta que contactaba con el gran maestro y aprender primero con discípulos aventajados antes de llegar a él.
A partir de ese mismo momento Kukai se trasladó a vivir con el maestro en el templo Qinglong recibiendo rápidamente varios bautismos de iniciación (abhiseka) en los dos sistemas de enseñanzas esotéricas dominados por Hui-kuo.
La primera iniciación ocurrió el 13 de junio. En una ceremonia sagrada, Kukai dejó caer un pétalo de flor sobre un mandala y este aterrizo sobre la deidad central del mismo Mahavairocana. Lo mismo ocurrió un mes después, en su segunda iniciación. Hui-kuo mostró su contento porque sabía que a su maestro Amoghavajra le había ocurrió igual, y como aprecio a estos designios le otorgó el nombre de Henjō Kongō (El Iluminador Universal Adamantino)
Kukai había recibido la iniciación en los reinos del mandala Garbhadhatu, y el mandala Vajradhatu, las dos representaciones iconográficas que sintetizaban las dos líneas de budismo esotérico que había aprendido Amoghavajra.
Fotos del Autor: Kongokai y Taizokai (Láminas Toji)
La tercera iniciación la recibió el 10 de agosto y fue para convertirle en gran maestro (acarya) sucesor de Hui-kuo y en el octavo patriarca del budismo esotérico. Hui-kuo le reveló todos sus conocimientos sobre el uso de los mantras, mudras y simbología sagradas de los objetos y deidades.
Como es de suponer, varios maestros se acercaron a Hui-kuo para mostrar su descontento con la situación. Sin embargo, uno de ellos, Zhenhe, tuvo un sueño en el que era despedazado por los cuatro guardianes del budismo. Esto le hizo cambiar de opinión y apoyar a Hui-kuo en su decisión.
Kukai no tuvo dinero para agradecer y poder cubrir todos los gastos que supuso la ceremonia, y parece ser que con toda su humildad regaló al maestro una sencilla sobrepelliz (tela blanca y fina, larga y amplia, como mangas anchas que se pone sobre la sotana), un quemador de incienso y algo de dinero.
Por su parte, Hui-kuo le regaló cinco mandalas, cinco retratos de los patriarcas del budismo esotérico recién pintados, multitud de sutras y tratados y los objetos transmitidos en linaje de los patriarcas.
Hui-kuo falleció cuatro meses después de esta iniciación, el 15 de diciembre del año 805. Ese día el maestro se purificó con agua caliente, hizo el mudra de Mahavairocana, se tumbó tranquilamente sobre su lado derecho y espiró su último aliento.
Se dice que el propio maestro, en la última iniciación de Kukai ya le había revelado que su vida en la tierra estaba próxima a su fin; que había tenido miedo de no haber podido transmitirle todo su conocimiento, pero que consideraba que ya estaba perfectamente equipado con todo; que ya había cerrado todo lo que había venido a buscar en China y que debía regresar tan pronto como pudiese a su país para propagar las enseñanzas; y que presentase a su gobierno todo lo que había recibido para ganar su apoyo.
Hui-kuo dejó otros importantes discípulos: Yiming, Yiman, Yicheng, Yiheng, Yiyi, Yizheng, Yicao, Yiyun, Yuantang, Yilun, Bianhong (procedente de Java) y Huiri (procedente de Corea).
El 16 de enero se realizó el funeral de Hui-kuo en su templo Dongta-yuan dentro del templo Qinglong y sus cenizas fueron llevadas al pueblo de Mengcun en los suburbios de la capital donde se erigió un monumento. Kukai escribió el epitafio de su tumba por orden imperial e incluso lideró la ceremonia funeraria.
REGRESO A JAPÓN
El regreso de Kukai quizás no vino motivado sólo por las palabras de su maestro. La embajada japonesa había podido observar que la dinastía Tang tenía importantes problemas internos de intrigas y deslealtades, y externos, con provincias como el Tíbet. El país escondía una tensión que podía estallar en cualquier momento y la embajada japonesa estaba preparada para volver a Japón de manera inminente.
El retorno se organizó de la siguiente manera. La embajada japonesa de Chang´an fue escoltada hasta Mingzhou, el lugar donde desembarcó el barco de Saicho. A su vez, el barco que estaba en Fuzhou también se trasladó a Mingzhou, y en paralelo, los dos barcos que tuvieron que regresar nada más partir inicialmente fueron reenviados a China.
De estos, una embarcación se hundió en la tormenta, mientras que el otro capitaneado por Takashina no Tōnari pudo llegar el año 806, un año después de que regresase el barco de Saicho a Japón.
La embajada de Takashina tenía como objetivo felicitar al nuevo Emperador Shunzong por su sucesión al trono. Su sorpresa fue saber que este había abdicado a favor de Xianzong.
Kukai y Hayanari fueron a visitar a la embajada recién llegada a la capital para darles la bienvenida, pero también para pedirles que pudiesen regresar con ellos a Japón.
Takashina debió de sorprenderse con su petición al saber que la regla en estos viajes para los estudiantes budistas era que no podían volver según les conviniese sino tras el tiempo por el que habían sido enviados. Además, si consiguiese que la corte Tang lo aceptase, lo difícil sería explicárselo a la corte japonesa.
Sea como fuera, al final le convencieron. Kukai escribió al emperador para pedir el permiso y este no sólo se lo concedió, también le regaló un rosario de cuentas de cristal en aprecio y recuerdo de su persona.
En su recorrido hacia la costa, la delegación llegó primero a Yuezhou. Allí Kukai aprovechó el tiempo para copiar numerosos textos de literatura, astronomía, medicina, arte y otras materias, además de entrar en contacto con el maestro Shun Xiao, compañero deformación con Hui-kuo.
Este seguro que le habría hablado de la iniciación que le había dado a Saicho un año antes de su llegada, e informado que este había partido a Japón para transmitir el budismo esotérico. Kukai ya no podía ser el primer en expandir estas enseñanzas en su tierra siendo su única esperanza saber que Saicho sólo tenía una parte de las enseñanzas.
Kukai y Tachibana Hayanairi partieron en barco en agosto del año 806. Parece ser que en el mar se enfrentaron a una fuerte tormenta, y que según la leyenda Kukai lanzó un vajra al cielo y la tormenta paró. Según la tradición Shingon, Kukai volvió a encontrar este vajra en un árbol del monte Koya donde después fundaría el principal complejo de templos de su escuela.
Saicho había partido en el año 805 habiendo aprovechado su estancia en China. Primero en Taizhou, la capital de la provincia en la que estaba localizado el monte Tiantai. Después en el propio monte Tiantai donde Saicho y su discípulo Gishin fueron ordenados monjes de esta escuela, y por último en Yuezhou, donde había obtenido las enseñanzas esotéricas del famoso maestro Shun Xiao.
Kukai por su parte, partió en el año 806 y no sólo había conseguido también su objetivo de recibir la iniciación en los secretos del budismo esotérico, también había aprovechado en su estancia para estudiar con los mejores calígrafos y poetas chinos. Una formación que después se convertiría en su puerta de entrada en la corte a su regreso.
Todos los que regresaron de aquella expedición, desde el embajador hasta el estudiante menos destacado, fueron generosamente recompensados nada más llegar. Saicho recibió el honor de poder ordenar el mismo a tres de sus discípulos, Eichō pudo ordenar a dos. Kukai sin embargo, no recibió su reconocimiento hasta el año 809.
No está clara la ruta que siguió el barco de Kukai para llegar a Japón y qué hizo este después. Sin embargo, si está claro que Kukai no fue directamente a la capital como hizo Saicho, y que vagó tres años por las provincias considerando que su oportunidad todavía no había llegado.
Kukai había tenido suerte porque tras esta expedición Japón no volvería a enviar otra embajada al continente hasta el año 838, fecha en la que Kukai ya habría ya fallecido.
Referencias Bibliográficas
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Green R.S. (2003). Kukai, Founder of Japanese Shingon Buddhism: Portraits of his life. Doctoral Thesis, USA: University of Wisconsin-Madison.
Hakeda Y.S. (1972). Kukai. Major Words. Translated, with an account of his life and a study of this though, New York-London: Columbia University.
Hakeda, Y.S. (1965). The Religious Novel of Kukai, Monumenta Nipponica, 20(3-4), 283-297.
Ryotaro, S. (2003). Kukai. The Universal. Scenes from His Life. 1ª Edición 1978. New York: ICG Muse.
Toby, R. (1985). Why leave Nara?: Kammu and the transfer of the Capital, Monumenta Nipponica, 40(3), 331-347.
Watanabe, B. (1999). Attaining Enlightenment with this body. Primacy of practice in Shingon Buddhism at Mount Koya, Doctoral Thesis, Japan, State University of New York.
Profesor Titular de Universidad. Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid. Director del Proyecto de Investigación Cultura Física Oriental.
André Lapierre (1923-2008), de nacionalidad francesa, cursó estudios de educación física en École Normale Supérieur de Éducation Physique de París, si bien, su interés pronto se enfocó hacia el ámbito de la psicomotricidad y, en particular, a integrar los trabajos sobre el desarrollo evolutivo en el niño de diferentes investigadores como Jean Piaget o Henry Wallon, dentro de esta disciplina.
Durante muchos años se dedicó a
trabajar en la reeducación física y la educación física especial, y en 1968, junto
a Bernard Aucouturier, fundó la Sociedad Francesa de Educación y
Reeducación Psicomotriz que se convirtió en su momento, en un referente
internacional en el ámbito de la reeducación psicomotriz.
Poco a poco, Lapierre y Aucouturier se
empezarían a desligar de la psicomotricidad más “instrumental”, centrada en el desarrollo
intelectual, para enfocarse en la investigación sobre la psicomotricidad vivencial
y terapéutica.
Para Lapierre, el cuerpo no era sólo
un instrumento al servicio del pensamiento (un instrumento a conocer para “conocer
mejor”), también era un lugar de placer y displacer y una fuente de pulsiones y
de expresión de los fantasmas individuales y colectivos de nuestra sociedad al
servicio del inconsciente.
Los primeros pasos de sus investigaciones
terapéuticas quedarían reflejados en sus obras “Simbología del Movimiento”
y “Bruno: Psicomotricidad y Terapia”, publicadas a mitad de los años 70.
Los últimos pasos con Aucouturier quedarían registrados en la obra “Fantasmas
corporales y práctica psicomotriz en educación y terapia: las carencias del
cuerpo”.
Aucouturier se separaría de Lapierre
en 1980 para desarrollar su propio método de intervención psicomotriz que
denominó Practica Psicomotriz Aucouturier. Un método menos
intervencionista por parte del terapeuta respecto a Lapierre.
La obra de Lapierre finalmente evolucionó
hacia el armado de una Psicomotricidad Relacional de carácter
psicoanalítico, enfocado en trabajar, a través del cuerpo, las represiones, los
fantasmas y los conflictos emocionales inconscientes estancados en la primera
infancia.
Por último, se
puede destacar también que Lapierre vio muy importante incorporar su visión dentro
la educación infantil y elemental normalizada, si bien fue consciente de las
dificultades que ello suponía,
BASES DE LA PSICOMOTRICIDAD
RELACIONAL
La Psicomotricidad
Relacional de Lapierre se erigió sobre dos elementos esenciales: la pulsión
y el fantasma.
La pulsión
es un término de origen psicoanalítico que hacer referencia a los impulsos
biológicos. El impulso de vida, el deseo, cuya meta principal es la
satisfacción de las necesidades fisiológicas para la supervivencia. Un elemento
primario que actúa como motor para el desarrollo de la personalidad.
Lapierre vio
en la actividad motriz espontánea una forma de expresión de esas
pulsiones. Para él, la expresividad motriz espontánea es una fórmula en dónde
la persona muestra y manifiesta su forma original de ser, estar, sentir, decir
y pensar.
En enlace con
el “fantasma” se establece al considerar que esa motricidad espontánea está
condicionada por una historia afectiva, un entorno y un contexto sociocultural.
El movimiento espontáneo actúa entonces como la expresión del inconsciente. Un
medio desde el que se expresan los bloqueos emocionales instaurados en la
primera infancia en la persona.
Lapierre llegó
a comparar el análisis de la motricidad espontánea contextualizada con la
capacidad que tienen los sueñoS para acceder al inconsciente que defendió Freud.
El fantasma
lo identificó así, como un proceso imaginario inconsciente, capaz de motivar
unos comportamientos de los que el sujeto no tiene conciencia. Un producto
estructurado en torno a una vivencia emocional (placer o displacer) anterior a
la aparición de la conciencia y que ha quedado grabada en el inconsciente. Una
vivencia imaginaria del cuerpo en su relación con el otro y con el mundo, que
condiciona toda su vida relacional y su desarrollo como persona.
La “fantasmática
corporal” (como llegó incluso a denominar a su método) se convirtió en el
centro del campo de investigaciones de Lapierre como la posibilidad de un
trabajo terapéutico sobre las represiones y los deseos inconscientes del
individuo.
Para poder
afrontar una capacidad de intervención práctica, Lapierre investigó la relación
entre las fases evolutivas identificadas en el bebé y el infante y los bloqueos
emocionales que podían surgir en el proceso, según las teorías psicoanalíticas
del momento.
El núcleo de
trabajo de la Psicomotricidad Relacional se ubicó finalmente en
restablecer la armonía frente a todos los conflictos que surgen en la persona
como consecuencia de la ruptura del proceso “fusional” que se produce con el
nacimiento y en el desarrollo de una identidad propia separada del otro.
El estado “fusional”
se identifica como la indiferenciación total con la madre que experimenta el
feto en el entorno intrauterino. Un momento en el que todas las necesidades
están cubiertas, en el que no hay deseo, ni frustración, ni tampoco diferencia
entre interior-exterior, ni entre el yo y el no-yo.
Con el
nacimiento se rompe ese estado y se crea una sensación de “carencia” que se va
a intentar “compensar” posteriormente a través de diferentes estrategias. Para
Lapierre, según sea apoyado o no ese proceso, se producirán fijaciones y
bloqueos emocionales en la persona que pueden condicionar su vida relacional y
su forma de estar en el mundo.
En un primer momento
el bebé reencontrará de nuevo la unidad fusional a través de un contacto
corporal estrecho, de máxima superficie y con actitud de “envolvimiento” con la
madre o con el padre. Una acción que le ayudará a superar la sensación de un
cuerpo fragmentado al que llegan múltiples estímulos sin coordinación alguna.
En paralelo se
bebé se verá envuelto en el desarrollo de su identidad, en el reconocimiento de
sí mismo como alguien diferenciado del otro. Esto supone, por un lado, superar
el sufrimiento y la sensación de pérdida (muerte) que se produce cada vez que se
separa el adulto, y por otro, frustración y agresividad, al tener que aceptar
que no puede poseer el cuerpo de la madre o el padre total y eternamente.
El infante poco
a poco entrará en un proceso de “sustitución simbólica” para construir lo que
Lapierre identifica como un nuevo “espacio fusional” compensatorio. Un espacio
de comunicación que le aporta el contacto con el otro y que estará representado
por el mundo de los gestos, las miradas, la voz y los objetos.
En este
momento, la necesidad del ser será compensada por la necesidad de tener. Tener
comunicación con el otro, tener la mirada del otro, tener objetos, etc., es
tener el cuerpo del otro. El problema aquí es que se establezca un equilibrio
entre dar y recibir, escuchar y ser escuchado, etc., que podrán los pilares
para una vida relacional equilibrada.
Más adelante
el reto será la armonización del desarrollo de la sexualidad (reflejo del deseo
de fusionalidad), y del deseo de fusión con la Naturaleza y el Universo
(trascendencia) como fórmulas sustitutivas del deseo de fusionalidad.
Respecto al
sentido de identidad, serán esenciales las experiencias iniciales que faciliten
vivenciar la totalidad del cuerpo (aquí serán claves las dinámicas de
equilibrio y desequilibrio, los juegos de balanceos, giros, saltos en
profundidad y las caídas. Situaciones con gran carga emocional), pero también el
desarrollo armónico de ciertas fases de agresividad (el “no” y el “no quiero”,
la aparición de juegos de lucha, de enfrentamiento con el adulto, etc.),
oposición y dominación que buscan la afirmación de uno mismo.
INTERVENCIÓN CON LAS PRIMERAS EDADES
Uno de los
aspectos más importantes del trabajo de André Lapierre es la importancia que
concedió a intervenir corporalmente con las edades más tempranas. Lapierre
adoptó esta idea al observar como muchos niños de la educación elemental ya
presentaban muchos problemas relacionales.
Para él, la
escuela elemental era un detonador de los conflictos latentes o ya evidentes en
el niño, que procedían de una etapa anterior. De hecho, Lapierre había
observado como a los 18 meses el infante está ya muy estructurado y muestra un
carácter y un comportamiento muy diferenciados.
Esta aportación
es sumamente importante porque supone buscar el origen, el punto de partida
donde se generan los bloqueos y desequilibrios. Una visión preventiva que nos
recuerda que en realidad cuando tratamos al adulto estamos en la periferia del
problema.
Bajo esta
visión es fácil comprender la gran importancia que concedió a analizar la
psicología evolutiva y relacional de la persona desde la gestación, nacimiento
y primeros años de vida, para identificar los diferentes retos a los que debe
ir enfrentándose la persona, desde un punto de vista psicoanalítico.
MÉTODOS DE
INTERVENCIÓN
En la intervención, Lapierre supo
aprovechar todo el bagaje que había desarrollado previamente con respecto a la
psicomotricidad instrumental y vivencial y, en particular, todos los
descubrimientos simbólicos que había descubierto con relación a las nociones de
intensidad, velocidad, dirección, situación, orientación, relación, distancia; a
las “vivencias de oposición” como el equilibro-desequilibrio, alto-bajo,
horizontal-vertical, grande-pequeño, débil-fuerte, tensión-relación,
sólo-acompañado, acuerdo-desacuerdo; y al trabajo artístico con materiales
maleables (arena, arcilla, plastilina, agua), etc.; si bien, reinterpretados terapéuticamente
a partir de la creación de situaciones simbólicas que le permitían trabajar
sobre la “fantasmagórica” corporal.
Las tres
condiciones que imponía en esas situaciones simbólicas que diseñaba para
asegurar un diálogo entre el terapeuta y la persona, eran:
– Asegurar la
expresión de una motricidad espontánea. Aquí Lapierre consideró esencial
romper la distancia entre el cuerpo del terapeuta y el paciente, y superar la
noción de tabú y sacralidad del terapeuta que dificulta la espontaneidad del
paciente.
– Preeminencia
de la persona sobre el grupo. Dar importancia al trabajo
individualizado en la persona con problemas para poder controlar, entender y
analizar todo el proceso de “apertura” que alcanza la persona.
– Adecuar el
uso del Lenguaje.
Favorecer el trabajo a partir de sonidos no estructurados, el grito y la
mímica, y reintroducir sólo el lenguaje verbal al final, con el fin de racionalizar
y asimilar la vivencia experimentada.
Este último
aspecto es muy interesante. Lapierre reflexiona que sin hasta los 2 años
aproximadamente el niño no tiene acceso al lenguaje ni al pensamiento verbal, la
construcción de la personalidad hasta ese momento se ha realizado a través de vivencias
esencialmente psicomotrices hechas de sensaciones con connotaciones
tónico-afectivas y emocionales no conceptualizadas.
Según esto, el
discurso verbal no es suficiente para alcanzar las capas profundas de la
personalidad, es necesario hablar otro lenguaje. Un lenguaje corporal, psicomotor
y psico-tónico a través de situaciones que recreen las cargas afectivas y
emocionales del diálogo inicial con el cuerpo del otro.
“Esta regresión
a modos de comunicación arcaicos es lo que constituye el principio fundamental
de la terapia psicomotriz” (Lapierre y Aucouturier, 1984:66).
Referencias
Bibliográficas
Lapierre,
A. y Aucouturier, B. (1984). El Cuerpo y el Inconsciente en Educación y
Terapia, Barcelona: Científico Médica.
Lapierre, A. y Aucouturier, B. (1985).
Simbología del Movimiento. Psicomotricidad y Educación. Barcelona:
Científico-Médica.
Mayoral, A. (2008). André Lapierre: De
la Reeducación Física a la Psicomotricidad Relacional, Revista Internacional
de Ciencias del Deporte, 4 (12), 1-3.
Profesor Titular de Universidad. Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF). Universidad Politécnica de Madrid. Director del Proyecto de Investigación Cultura Física Oriental.