Archivos de la Categoría: Biografías

Biografía del silencio & Luis Vives

Biografía del Silencio, Pablo D’Ors, Ed. Siruela

Luis Vives. José Luis Villacañas. Ed. Taurus

Camino de una merecida e indolente meditación estival se agradece, en general, un buen avituallamiento; una merienda sabrosa y ligera; un fresco refrigerio. Algo de eso hay en estos dos libros (concreto el primero, abstracto el segundo), rabiosamente actuales en su enfoque y con personajes de solera.

La biografía de Luis Vives (1493-1540) que nos ofrece José Luis Villacañas es extensa (más de 500 páginas, pincha aquí) pero nada pesada. El libro perfila, no sólo al filósofo, no sólo al ambicioso joven expatriado en busca de un modus vivendi en cortes europeas, no sólo al erudito preceptor con vocación de jurista, pero también al rebelde que desde la ausencia de una titulación académica está siempre preparado para combatir con su pluma las contra-ladinas denuncias en turbios momentos de guerras de religión; represión que sufrió en carne propia (su madre fue acusada y condenada por la inquisición), y supuso su exilio en París a los 17 años de edad.

Carátula del libro: Luis Vives

Por tratarse de una época rica en conflictos, y dada la trayectoria personal del autor (catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid), el libro va más allá de la dimensión personal, y analiza el sistema universitario en la Europa medieval. La gran repercusión y el jolgorio de la Sorbona (París, Francia), frente a la inmensa repercusión intelectual de las universidades de Flandes (Bélgica), concretamente de la Leuven Universiteit (creada en 1425).

Para aquellos que tengan la oportunidad de recalar en Leuven, recomiendo visitar sus beaterios (Begijnhof), pequeños pueblos dentro de la ciudad, donde las mujeres solas, madres viudas se protegían de una agresión ubicua por parte de hombres embrutecidos en las guerras y arengas religiosas. Uno puede sentir en la piel el miedo a las brutales razias de la época; también puede uno viajar en el tiempo y vivirlo, en directo, través de los ojos de los grandes retablos flamencos que hay en el Museo del Prado. Es una época atribulada, emocionante y vergonzosa.

groot begijnhof (Grán Beaterio en Leuven, Bélgica)

La Biografía del Silencio (pincha aquí) de Pablo D’Ors, comparada con la biografía de Luis Vives, es un bálsamo. Yo recomiendo transitar a ratos entre ambos dos, a modo de contrapeso anímico y acicate intelectual. Pablo D’Ors, que es sacerdote en una iglesia católica que quiere y necesita renovación es, además, por expreso deseo del Papa Francisco consejero cultural del Vaticano. En su libro, Pablo D’Ors nos abre a los secretos de la meditación: “tanto más se piensa, tanto más se debe meditar”, para alejarnos del drama del que solemos estar enamorados. Curiosamente, algunos de sus aforismos y pensamientos, parecen perfectamente alineados con aquellos de Luis Vives; aspecto supongo que controvertido, puesto que fue la iglesia católica la que estuvo continuamente al acecho de Luis Vives, en razón de su querencia con otros humanistas, entre ellos (como no) Erasmo de Rotterdam.

Yo puedo imaginar, placenteramente, una bien documentada serie de Netflix sobre esta época, y sobre estos personajes, hermanados con aquellos de el Hereje de Miguel Delibes (pincha aquí).

“Tú eres lo que queda cuando desaparecen tus pensamientos”

Biografía del Silencio, Pablo D’Ors

Pablo d’ Ors en la Biblioteca UPM

José Luis Villacañas en la Biblioteca UPM

El precio del triunfo. Ota Pavel

El precio del triunfo. Ota Pavel
Barcelona: Sajalín, 2020
Introducción de Dana Zátopková
Título original: Plná bedna šampaňského (1967)
Traducción: Eduardo Fernández Couceiro

Nuevo libro de Ota Pavel que la editorial Sajalín añade a su catálogo. Y cómo resistirse. Quien haya disfrutado de sus anteriores Cómo llegué a conocer a los peces y, sobre todo, Carpas para la Wehrmacht sabe que inevitablemente caerá también en las redes de El precio del triunfo, una colección de relatos-retratos de deportistas checos que alcanzaron o persiguieron la gloria en sus disciplinas, con el foco puesto en el duro camino que hubieron de recorrer para encaramarse a lo más alto, o de los escollos que la vida puso en sus destinos.

Ota Pavel nos muestra el lado humano de algunas de las leyendas deportivas checas de la época con un estilo narrativo sencillo y cálido, mostrando el vínculo de amistad que le unía con algunos de ellos o la simple devoción. Las historias que nos cuenta Ota Pavel son a medias épicas a medias conmovedoras. El talento mezclado con el sufrimiento. El rostro desencajado de Emil Zátopek pulverizando marcas. El terror de Eva Bosáková al ejecutar el salto mortal hacia atrás necesario para ganar el oro. La cara partida del portero de hockey sobre hielo Josef Mikoláš.

Ota Pavel fue un escritor checo judío, aficionado a los deportes y dedicado profesionalmente al periodismo deportivo. De esta manera pudo acompañar por todo el mundo a las estrellas que tanto admiraba. Fue en los Juegos Olímpicos de Invierno en Innsbruck, en 1964, donde le sorprendió un trastorno mental que le obligó a parar y a dedicarse enteramente a escribir sus más bellos libros. No se lo pierdan.

A corazón abierto, Elvira Lindo

A Corazón Abierto

Elvira Lindo

Seix Barral 2020

Este es un relato autobiográfico sin edulcorar. La figura del padre es central en él, y al hilo de sus últimos achaques, se revisa retrospectivamente su vida y sus traumas, entre ellos su llegada a Madrid con nueve años, sólo. Corre el año 1939, en pleno racionamiento de posguerra, y la vida con su amargada tía (que no sale precisamente bien parada) es oscura.

El hilo conductor del relato no es lineal, porque tampoco lo son los recuerdos que afloran en una persona, y eso le aporta dinamismo. El poso es agridulce porque no se suaviza el devenir y los contrapuntos de una relación conyugal paternal (apasionada) en un claro plano de desigualdad.

Hay varios escenarios en la vida itinerante de la familia que se traslada según los requerimientos laborales del padre. Entre ellos, es especialmente llamativo aquél que refiere a la construcción de la presa del Atazar a finales de los sesenta, hasta su inauguración en 1972. Allí la vida transcurre en un poblado aislado, hervidero de actividad, construido expresamente para la obra descrita con tintes faraónicos en una España franquista.

Carátula de El otro barrio

También se hacen palpables en el libro los cambios de vida en el país, en esa época en pleno inicio de transición postfranquista, con sus aires frescos y desmadrados; un legado costumbrista, cercano para muchos, y marciano para las nuevas generaciones.

Elvira Lindo es una autora prolífica que se hizo famosa con la saga de Manolito Gafotas, aunque a mí el libro que me viene inmediatamente a la cabeza es El otro barrio, su primera novela para adultos. En él entreteje un suspense, entorno a un aciago suceso que atrapa a un chaval de quince años en un proceso judicial, con aspectos ignotos de su infancia que van descubriéndose paulatinamente.

Elvira Lindo vuelve una y otra vez en libros a la vida en barrios de extrarradio; los revive en las páginas de sus textos con agria maestría. Personalmente me alineo más con su perfil como escritora que como columnista, que quizás otros quieran comentar.

“La escritura siempre ha de ser valiente, aunque a costa de eso una se muestre desnuda.“

Elvira Lindo en la Biblioteca UPM

Mujeres Matemáticas

Mujeres matemáticas

Joaquín Navarro

RBA 2011

Esta es una recopilación de notas biográficas de un total de trece mujeres que destacaron en el arcano mundo de las matemáticas. Como compendio resulta muy ameno, informativo y anecdotario, aunque realiza un salto en el vacío entre el siglo III antes de Cristo y el XVII que nos deja aturdidos.

caractula del lbro

La tónica general nos indica que estas mujeres tuvieron que decidir entre su profesión y su vida privada, sólo en el siglo XX parece superarse esta tendencia. Como caso curioso, ahí tenemos a la ilustrada marquesa de Chatêlet que solicita en aras de la ciencia y el disfrute intelectual, ser liberada de todos sus deberes conyugales por haberlos ejercido suficientemente; venia que recibió de su liberal marido.

retratos de mujeres matemáticas

Una característica común a estas mujeres matemáticas es su adicional facilidad para las lenguas clásicas y modernas. Todas ellas parecen transitar con igual facilidad entre lo concreto y lo abstracto.

Las mujeres matemáticas aludidas son además grandes divulgadoras, tradujeron en muchos casos textos imprescindibles de sus contemporáneos desde Newton a Laplace para hacerlos accesibles a un público más general; plantearon cuestiones y dudas, incluyeron comentarios en dichos textos, y se cartearon asiduamente con científicos afamados, que las valoraron como gemas extrañas.

Cráteres y valles de planetas y satélites, asteroides y algunas estrellas reciben su nombre, y en ocasiones están curiosamente situados en la cara oculta de la luna.

Imagen del Blog Matemáticas femenino plural

Joaquín Navarro, autor de este libro, es licenciado en Ciencias Exactas y ameno divulgador, ha escrito entre otros títulos: La magia de las matemáticas; Ideas fugaces, teoremas eternos; Al otro lado del espejo; o Los secretos del número pi.

Joaquín Navarro en la Biblioteca UPM

De Sofía Tolstaia a Ruth Verlau: entre el eclipse solar y la cara oculta de la luna

¿De quién es la culpa? Sofia Tolstaia. Editorial Xórdica, 2019.

Recuerdos de Ruth Verlau. Hans Bunge (editor). Editorial Trotta, 1995.

Carátula del libro: Recuerdos de Ruth Verlau

Que tienen en común La Gioconda o Sofía Tolstaia: su marido. En ambos casos la identidad de estas mujeres se diluye en el apellido de unos maridos netamente mayores que ellas; en ambos casos son matrimonios de jóvenes que hoy diríamos adolescentes con maridos talludos por no decir cuasi vejestorios. Claro que ya nadie recuerda quién fue el Giocondo, una suerte de justicia universal que no alcanza a Sofía Tolstaia, mujer de Lev Tolstoi.

La familia Tolstoi

Ruth Verlau, en cambio, fue más iconoclasta, más radical, y por tanto, aún menos conocida. Como actriz, escritora, viajera y fotógrafa apenas ha transcendido. Tampoco es ampliamente reconocida como compañera vital de Brecht, que ni siquiera tuvo la decencia de reconocer su contribución a su inmensa obra (junto a otra gran cantidad de personas, mayoritariamente mujeres).

No pretendo restar valor a Bertolt Brecht, gran político-pensador-escritor, quizás sí disminuir la calidad de una figura histórica que gestionó con mano de hierro la economía de su “taller” sin preocuparse de salvaguardar mínimamente la vejez de sus incondicionales: Ruth Verlau muere en 1974 en la indigencia, en el hospital berlinés Charité, una residencia para perseguidos del régimen nazi. En palabras del libro editado por Hans Bunge:

“Ruth Verlau fue una mujer fuera de lo común. Yo llegué a odiarla y a admirarla al mismo tiempo. Sólo se movía entre los extremos. Sus exigencias respecto del entorno en que se movía eran por igual criminales y suicidas. En cuanto a sus amigos, se encontraba en un permanente caminar por el filo de la navaja. Se empleaba a fondo en todo lo que hacía, pero no era una aventurera, sino que luchaba por aquello que consideraba razonable. Incluso cuando perdía quedaba al final como la más fuerte, porque sabía pelear sin reservas. Su capacidad de perseverancia era sorprendente.”

Donde Sofia Tolstaia vence, Ruth Verlau fracasa; al menos la primera fue capaz de recuperar los derechos sobre las obras de Lev Tolsoi en las que había participado como copista, editora silenciosa y apoyo moral. Dicen que su novela: ¿De quién es la culpa? Contribuyó significativamente a ello.

En un precioso libro de Max Gorki: Recuerdos de Tolstoi, Chejov y Andréiev (editorial Nortesur, 2009), el autor glosa a Leopold Sulerzhitski, y en una suerte de dudosa operación transitiva refiero yo:

Leopold Sulerzhitski,

“Es presumible que la familia de Tolstoi no viera con buenos ojos que los campesinos se llevaran poco a poco los bienes de Yásnaia Poliana y que talaran el bosque de abedules que Tolstoi plantó con sus propias manos. Creo que él echaba de menos ese bosque. Esta tristeza, esta pena en general, aunque in-expresadas, forzaron, empujaron a Sofia Andréievna a un acto que, y ella lo sabía, le sería reprochado. Siendo una mujer inteligente no podía ignorarlo ni dejar de contar con las consecuencias. Y entonces, ¡ella se arriesgó! Y por eso yo la respeto. Uno de estos días iré a Yásnaia Poliana, y, en cuanto la vea, le diré ¡mis respetos señora! Pese a mi convicción (era profundamente anarquista), sigo creyendo que tácitamente la forzaron a actuar de ese modo. Por otra parte, todo esto no importa con tal que de que Tolstoi esté a salvo”.

Mujeres en la historia, sin historia. Bien valga esta reseña para resarcir este error.

Loxandra, María Iordanidu

Loxandra
María Iordanidu
Barcelona : Acantilado, 2018
Título Original: Loxandra, 1963
Traducción: Selma Ancira

La orilla europea del Bósforo estaba poblada sobre todo por griegos y en general por europeos: Mega Rema, Büyükdere, Therapia, todos arrabales que evocaban Europa. La orilla asiática era oriental. Allí se oía el tambor que recordaba a los creyentes el Ramadán. Allí el almuecín pregonaba puntualmente tres veces al día que Alá es uno y que Mahoma es el profeta de Alá. Y, cuando llegaba el eco de aquel pregón hasta la ribera opuesta, llegaba como una voz quimérica de otro mundo.

El Año Nuevo de 1874 Dimitrós, el marido de Loxandra, se levanta más temprano que otros años anteriores y hace estallar contra el suelo del patio una granada para que la abundancia se derrame en su hogar. Esa noche ha nevado en Constantinopla, hace frío pero el cielo es de un azul perfecto. Es un día feliz. Feliz como muchos de los días que vive Loxandra en esa época, en ese lugar, rodeada de una familia bulliciosa y de todos cuantos pasan por su puerta, sean vecinos, vendedores o serenos.

Y como una granada estallando en miles de gotas de luz, desparramando su zumo dulce, tiñendo de rojo la nieve veo yo esta novela. Como un fogonazo de sensualidad que salpica cada uno de los episodios, casi a cada paso te encuentras con un color, un sabor, el eco de una tradición, una canción, un lugar que compite con la belleza de su propio nombre.

María Iordanidu cuenta la historia de su abuela, que vivió entre la mitad del siglo XIX y la Primera Guerra Mundial en Constantinopla, en un barrio griego en convivencia tensa con la población turca. Recrea un estilo de vida ya perdido en el tiempo y, sobre todo, una personalidad. Loxandra es una mujer de carácter, mandona, aguerrida que dirige las vidas de sus hijos, de los hijos de su marido, de la familia y de quien pase cerca. Y a la vez es delicada, supersticiosa, le tiene una fe tremenda a la Virgen de Baluklí y adora la comida. Porque la comida es la otra gran protagonista de esta historia: da vida, une familias y extraños, inunda de belleza y felicidad. Loxandra, en mitad de un mundo que se derrumba, es una mujer que tiene claro cuáles son las cosas importantes de la vida.

Es este, en definitiva, un libro repleto de belleza. Belleza que asiste en lo bueno y lo malo, en lo amable y lo difícil. Que no salva, pero es compañera.

Todo en ella es grande. Una voz grande, un corazón grande, un estómago grande, un apetito grande. Pies grandes con arco y tobillos finos, una buena base para sostener su cuerpo grande sobre la tierra. Grandes manos patriarcales, ortodoxas. Manos para ser besadas. Dedos largos y torneados, hechos para bendecir y emanar la fragancia del mahalebi y del incienso. Manos hechas para dar. “Servíos, comed”, invitan sus manos abiertas sobre la mesa. “Que comas, te estoy diciendo. ¡Eso que te serviste no es nada!”.

Pero sobre todo, las manos de Loxandra están hechas para cargar a los recién nacidos.

Vera Brittain. Testamento de juventud.

Vera Brittain. Testamento de juventud. Periférica&Errata naturae, 2019

Testamento de juventud es la primera entrega de las memorias de Vera Brittain (Newcastle-under-Lyme, 1893; Wimbledon, 1970) y abarca desde 1900 hasta 1925. Fue publicado en 1933. El libro se inicia con un maravilloso poema de la propia autora que resume perfectamente el sentimiento que embargó a una generación de jóvenes que vieron sus vidas truncadas por la 1ª Guerra Mundial.

“Y así empezamos- entre los ecos que una guerra anterior

proyectó sobre nuestra niñez,

demasiado sombría, olvidada demasiado pronto- a destronar

los sueños de una felicidad que creíamos asegurada;

mientras, inminente y fiero al otro lado de la puerta,

observando el florecimiento de una generación entera,

el destino que tenía en jaque nuestra juventud

aguardaba su hora”

Vera Brittain nació en 1893, como ella misma dice “en el decadentismo de los años noventa del siglo XIX” en el seno de una familia de clase media propietaria de fábricas de papel. Para disgusto de sus padres quiso ir a la Universidad lo que no dejaba de ser una excentricidad para una mujer. Vera no quería que su vida se redujera a un buen matrimonio, hijos y familia así que trabajó duro, teniendo en cuenta que su formación previa no era muy completa y consiguió una beca para estudiar en Oxford, en el Somerville College. Allí estaba cursando sus estudios cuando estalló la guerra.

Quizá por eso no resulte tan sorprendente que al principio la guerra me pareciera una exasperante interrupción de mis proyectos personales, en lugar de una catástrofe mundial“.

La dura realidad les golpeó tanto a ella como a todos sus conocidos:  a su novio Roland Aubrey Leighton, a sus amigos Victor Richardson y Geoffrey Thurlow y a su único hermano Edward, al que siempre estuvo muy unida. Todos se vieron enrolados en este conflicto bélico siendo unos jóvenes intelectuales que pasaron de los libros a las trincheras sin apenas darse cuenta de ello.

De izda. a dcha.: Edward, Roland y Victor.

Si la guerra me perdona la vida”, escribió Brittain a su hermano, “mi único objetivo será inmortalizar en un libro nuestra historia, la de nuestros amigos“.

A las mujeres que querían ser útiles en esos años de guerra les quedaba la salida de apuntarse como enfermeras de apoyo. Así que con sólo 22 años Vera se alistó como enfermera en el Destacamento de Ayuda Voluntaria (VAD) y trabajó en hospitales de Londres, Malta y Francia aprendiendo el oficio a golpe de necesidad, operaciones y valentía y siendo testigo directo de las secuelas de la guerra.

Vera Brittain

Después del conflicto logró volver a la universidad y en los años 1920 se convirtió en oradora regular de la Sociedad de Naciones. Trabajó como periodista y luchó activamente en los movimientos feminista y pacifista. Tuvo una prolífica carrera como escritora (cincuenta años en activo y 29 libros publicados).

Hay mucha literatura bélica pero el libro que nos ocupa fue el primero en que las mujeres hablaban y contaban sus experiencias. Y, además, lo hacían como agentes de cambio, no como agentes pasivos o víctimas.

Las memorias de Brittain continúan con Testamento de experiencia, publicado en 1957, abarcando los años 1925–1950. Entre estos dos libros viene Testamento de amistad (publicado en 1940), sobre su amistad con Winifred Holtby, escritora también, compañera y gran amiga. Un segmento final del libro de memorias, Testamento de fe o Testamento del tiempo, fue planeado por Brittain pero quedado inacabado a su muerte.

Testamento de juventud es un libro demoledor, de los que dejan huella no sólo por lo que cuenta sino por todo el sentimiento que logra transmitir la autora. En sus más de 800 páginas vives junto a ella todo el horror de la guerra y de lo que significó para toda su generación.

Fue llevado al cine en 2014 de la mano del director James Kent.

Hergé / Pierre Assouline

Pierre Assouline: Hergé

Traducción de Juan Carlos Durán Romero. Destino, 1997.
Versión original en francés: Folio, 1998-

Hergé y Tintín tienen bastantes puntos en común, comenzando por el principal: son el producto típico de la clase media. Pero lo que les separa es igualmente importante, ya que el reportero se mete siempre donde no le llaman. Tiene el carácter, el temperamento y los instintos de Hergé, pero no sus ideas. Además, existe un perro mientras que a Hergé sólo le gusta la compañía de los gatos. (p. 39)

En los años 30 y 40 del siglo XX estuvo muy de moda en el mundo de la prensa y la ilustración fabricarse heterónimos y pseudónimos jugando con las iniciales propias. De todos los casos, probablemente ninguno ha alcanzado tanta fama como R G: en francés Hergé, por Georges Remi. Y con sobrada razón.

El historietista, criado en un ambiente confesional tradicional, no escapó a los infortunios de la virtud de amplios sectores del conservadurismo católico europeo del primer tercio de siglo, a su recelo de la democracia y del socialismo, y a su connivencia cuando no franco apoyo a los fascismos. Antes bien, dichas circunstancias -en concreto el objetivo de sus patronos clericales de competir eficazmente en el terreno de la prensa ilustrada- favorecieron de forma decisiva el despliegue de su genio singular. Efectivamente, un aspecto muy a valorar en este libro es su perspectiva de historia de la comunicación. De comunicación y de poder, que diría Castells. Hergé se inició como artista orgánico desde las páginas infantiles de Le Vingtième Siècle de Bruselas, un entorno que por analogía nos remite a la prensa católica española de la misma época. Compleja personalidad este Georges Remi, con sus camaleónicas relaciones políticas y metapolíticas, sus problemas psicológicos y sentimentales, el peso de su formación moral y religiosa; sin duda un tipo socialmente hábil pero nada fácil, en larga búsqueda de su propia emancipación personal.
Asímismo esta monumental biografía revela el alcance de su autor Pierre Assouline (Casablanca, 1953), su capacidad de articulación y relación de hechos, ideas, personas y técnicas en el mundo de la creación cultural. Biógrafo especializado en grandes personajes del mundo francófono, se muestra aquí de nuevo como un apreciable historiador de la cultura contemporánea.
Aunque el libro tiene una estructura secuencial y cronológica, va mucho más allá de una biografía descriptiva y plana: en realidad se podría calificar de ensayo de interpretación de una personalidad en toda su perspectiva cultural y creativa. Ello es particularmente visible en ocasión de determinados giros vitales, por ejemplo en la “conversión china” de Hergé a partir de su amistad con Zhang Chongren, tan elocuente de cómo la sensibilidad y la curiosidad intelectual son capaces de franquear las barreras y condicionamientos sociales entre las personas. Y toda esta indagación en un individuo se produce sin menoscabo de la recreación del espíritu general de época que lo envuelve.

Obviamente esta obra interesará al público tintinólogo pues brinda una contextualización idónea de los contenidos de la serie en el mundo real. Un estupendo libro de Historia contemporánea que explica el proceso por el cual, sobre la base de un material primigenio que se remonta al período de entreguerras, Hergé llegó a configurar su fastuosa colección de álbumes coloreados tal y como los conocimos, al menos en castellano, a partir de los años 60; y también cómo su acabado perfeccionista fue posible gracias al concurso de colaboraciones clave como las de sus sucesivas parejas Germaine Kieckens y Fanny Vlaminck, de Edgar Jacobs, Jacques Martin y Bob De Moor entre otros muchos. Como lector de Tintín desde niño, he visto corroboradas muchas de mis impresiones e intuiciones de la serie, cuyos elementos cobran nueva luz de la mano de Assouline. Por otra parte, para quien quiera aún más, el libro aporta fuentes y bibliografía, a la que habría que sumar trabajos posteriores en español como los de Fernando Castillo y del geógrafo Eduardo Martínez de Pisón.

No hay salvajes. Tintín, la bondad misma, llevada hasta la incandescencia de la más pura de las luces, ha realizado todo este viaje para comprender que el problema está en el hombre, sea de donde sea. Tchang le habrá hecho tomar conciencia de esta región oscura del alma donde, decía Malraux, el mal absoluto se opone a la fraternidad. El que califica de abominable al hombre de las nieves que vuelve a la soledad de sus montañas. (p. 295)

Hergé en: Biblioteca UPM.

En busca de Arthur Rimbaud (1854-1891)

Publicación recomendada:

Arthur Rimbaud: Obra completa bilingüe (ed. Mauro Armiño). Atalanta, 2016.

Cuánto no se habrá escrito sobre él, el poeta del espanto y la melancolía. Hasta Paul Claudel -arrimando el ascua a su sardina- quiso ver en su obra y vida un anhelo de Absoluto en clave teísta. Sin llegar a esas honduras, buscamos a Arthur Rimbaud en algunas ciudades por las que pasó el poeta maldito. Partimos a la zaga de quien probablemente se buscó a sí mismo, o también -venido de una familia desestructurada- buscó al padre o a una figura paterna. Dinámica huída/retraimiento -¿contradicción solo aparente?- o terruño/exotismo. Ansia de vuelo, de alturas, de océanos, desde entornos sofocantes y épocas turbulentas.

Charleville-Mezières

Hoy situada en la nueva macro-región francesa de Grand-Est. Charleville, burguesa y rural, con resonancias militares y fronterizas, aún no se había fusionado con la vecina Mezières en tiempos de Arthur. Su ciudad natal aparece en poemas juveniles con algún rasgo costumbrista. Hoy día alberga un museo consagrado al escritor, de planteamiento muy original e instalado nada menos que en un antiguo molino fluvial.

Londres

En plena época victoriana, Londres era lo más parecido a una capital del mundo. La ciudad ejercía su atracción sobre muchos transterrados continentales. Como Karl Marx desde hacía ya años, también Arthur se serviría de la entonces Biblioteca del Museo Británico, precedente de la actual Biblioteca Británica.

Ed. Le Livre de Poche. Cubierta con retrato de Arthur Rimbaud por Paul Verlaine.

Bruselas

La Grand-Place y sus aledaños fueron escenarios de sus violentas trifulcas con Paul Verlaine. Ardenés de nacimiento, Bélgica no era extraña para Arthur. El país vivía en plena expansión industrial y colonial, por el momento al margen del conflicto franco-alemán, y su capital se hallaba en proceso de convertirse en una gran metrópolis.

Harar

Ya lejos de la bohemia europea y convertido en comerciante, Arthur se mudó desde Adén a Harar, la ciudad histórica de referencia de la Etiopía musulmana. Vivió allí varios años y sus actividades como traficante tuvieron una ciertra influencia en la política etíope.

Marsella

En plena época imperialista, es el gran puerto francés para Ultramar. Su importancia había crecido a lo largo del siglo XIX con la colonización de Argelia desde 1830 y la apertura del Canal de Suez en 1869. Rimbaud recaló en Marsella a su vuelta de Oriente, ya muy enfermo. Pasó allí sus últimos momentos de vida, deseando regresar a África.

En las tardes azules de verano caminaré por los senderos,

picoteado por los trigos, pisando la hierba menuda,

Soñador, sentiré en mis pies su frescura,

dejaré que el viento bañe mi cabeza desnuda

No hablaré, no pensaré en nada:

pero el amor infinito crecerá en mi alma,

iré lejos, muy lejos, como un nómada

En la Naturaleza, feliz como con una mujer.

(Sensación, 20.04.1870; traducción nuestra)

Arthur Rimbaud en: Biblioteca UPM.

En torno a Steve Biko: para leer, escuchar y ver

Donald Woods: Biko. Campus, 1979 (español) /  Endeavour Press, 2017 (English)

Peter Gabriel: Biko. The Famous Charisma Label, 1980

Richard Attenborough (dir.): Cry Freedom. Universal Studios, 1987.

El futuro régimen político de este país no debe ser racista en aspecto alguno. Esto significa también que los negros no deben vengarse de los blancos, pero la equidad exigirá un sacrificio económico sustancial por parte de los blancos. (Steve Biko citado por Donald Woods, p. 120)

Tengo la vaga impresión de que Sudáfrica no acaba de encajar en la mentalidad sociopolítica común en España. Es un país al margen de los circuitos de contacto tradicionales en nuestra área lingüística y cultural. Ocasionalmente su evolución en los últimos decenios ha sido objeto de algunas comparaciones discutibles a veces provenientes de los soberanismos periféricos; mientras que algunos aspectos de su transición política en los años 90 del siglo XX, en particular todo lo relacionado con la memoria cívica y la Comisión para la Verdad y la Reconciliación, chirrían con cualquier tendencia oficialista a la amnesia histórica.

Sin embargo y muy en especial por su vinculación con el omnipresente universo anglosajón, Sudáfrica se cuela reiteradamente en nuestras pantallas, en nuestros altavoces, en el deporte… en suma en la agenda mediática. Desde luego algún paralelismo histórico puede establecerse: si la tragedia española de mediados del siglo XX pareció erigirse en arquetipo del subsiguiente conflicto mundial y de la Guerra Fría, el apartheid, su final y la potencialidad intercultural de Sudáfrica parecen simbolizar la eclosión y tensiones de la nueva sociedad global del siglo XXI.

Desde este punto de vista, la ya remota publicación en España de Biko, de Donald Woods, puede considerarse como un prometedor presagio. Y eso a pesar de algunas imperfecciones editoriales: errores tipográficos y alguno de traducción que hacen echar de menos una reedición mejorada para la cabal comprensión de los sutiles aspectos sociolingüísticos y culturales sudafricanos. El libro es un reportaje ampliado sobre la figura de Steve Biko, dirigente político eliminado por el régimen racista en 1977. De hecho se puede decir que participa de varios géneros a la vez: biografía, autobiografía, crónica y ensayo histórico-político. A día de hoy es ya un clásico de la literatura periodística con sucesivas tiradas en lengua inglesa. A pesar de los penosos hechos que lo originaron, el libro es gozoso y vital, un testimonio extraordinario sobre la trascendencia de las relaciones humanas. También un pasaporte inestimable a la historia reciente de Sudáfrica y sus conexiones con el devenir social y político mundial.  Construido sobre la base de materiales procedentes de diversas personas y fuentes, da una impresión coral, de perspectivas diversas que se van sumando a la tensión, tejiendo los hilos de una tragedia anunciada.

La muerte de Biko dio lugar a otras creaciones que sin duda contribuyeron a su resonancia: la canción del mismo nombre compuesta y grabada por Peter Gabriel en 1980, cuando el músico enfilaba su tránsito del rock progresivo hacia la world music; y la película Cry Freedom –con guion de John Briley- en la que el propio Biko era interpretado por Denzel Washington, y Donald Woods por Kevin Kline.

Como siempre el miedo produce odio y, a su vez, el odio engendra más miedo. Las voces de advertencia se escuchan cada vez como voces de incitación. Las voces de discrepancia se consideran como voces de falsedad y traición. La moderación se considera cada vez más como extremismo, y se presenta a los pacificadores como defensores de la violencia. (Donald Woods, p. 205)

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