Alicia y la lógica de las matemáticas

Lewis Carroll en la Biblioteca UPM

Fue una tarde de julio, durante un paseo en barco por el río Támesis, cuando Lewis Carroll ideó este relato –que experimentaría después varias modificaciones- para entretener a las jovencitas hermanas Liddell, que habían insistido bostezando de aburrimiento en que les contara un cuento. Así nació Alicia en el País de las Maravillas (1865) y, posteriormente, A través del espejo y lo que Alicia encontró allí (1871).

A las Alicias no puede aplicárseles el conocido refrán la “curiosidad mató al gato”, porque si hay algo que distingue a estas obras del matemático Lewis Carroll es precisamente la importancia que se le concede a la curiosidad como método básico de aprendizaje. Y la base de ésta se encuentra no sólo en hacerse preguntas, sino en plantearse las cuestiones más idóneas –incluso de índole absurdo- para extraer nuevo conocimiento.

Alicia siempre ha estado asociada a la infancia -¡es un delicioso cuento para niños, cargado de imaginación!-, pero a la vez es una obra perfecta para adultos, ya que admite diferentes niveles de lectura. Desde el punto de vista de la Psicología, algunas teorías han señalado que Alicia expone los problemas que todas las personas encontramos en el camino hacia la edad adulta al intentar asimilar una realidad que nos cuesta entender. Otras opiniones del ámbito de la Sociología postulan que el libro se mofa de los convencionalismos de la época –por algo se inscribe en el género literario denominado sinsentido-.

Por otro lado, nos encontramos al reverendo Charles Lutwidge Dodgson (1832-1898) –nombre real de L. Carroll- como eminente profesor y teórico matemático, quien –según otros estudios- arremetía en ambas obras contra las nuevas investigaciones que intentaban probar hipótesis muy alejadas de su mentalidad euclidiana. Es tal la carga Lógica de las Alicias que algunas universidades incluyen y comentan sus planteamientos matemáticos como contenido curricular.

Pero cuando el conejo se sacó un reloj de bolsillo del chaleco, lo miró y echó a correr, Alicia se levantó de un salto, porque comprendió de golpe que ella nunca había visto un conejo con chaleco, ni con reloj que sacarse de él, y, ardiendo de curiosidad, se puso a correr tras el conejo por la pradera, y llegó justo a tiempo para ver cómo se precipitaba en una madriguera que se abría al pie del seto.

Un momento más tarde, Alicia se metía también en la madriguera, sin pararse a considerar cómo se las arreglaría después para salir

Entonces, continuó la Liebre, debieras decir lo que piensas.

– Pero ¡si es lo que estoy haciendo!, se apresuró a decir Alicia. Al menos…, al menos pienso lo que digo…, que después de todo viene a ser la misma cosa, ¿no?

– ¿La misma cosa? ¡De ninguna manera!, negó enfáticamente el Sombrerero. ¡Hala! Si fuera así, entonces también daría igual decir: “Veo cuanto como” que “como cuanto veo”.

– ¡Qué barbaridad!, coreó la Liebre de Marzo. Sería como decir que da lo mismo afirmar “me gusta cuanto tengo”, que “tengo cuanto me gusta”.

– Valdría tanto como querer afirmar, añadió el Lirón, que parecía hablar en sueños, que da igual decir “respiro cuando duermo” que “duermo cuando respiro”.

– Eso sí que te da igual a ti, exclamó el Sombrerero. Y con esto cesó la conversación.


Lluvia fina, Luis Landero

Cubierta de Lluvia fina, de Luis Landero

Lluvia fina

Tusquets Editores

Luis Landero en la Biblioteca Universitaria UPM

Con motivo del 80 cumpleaños de su madre, Gabriel planea hacer una fiesta y llama a sus dos hermanas para organizar el evento y reunir así a toda la familia después de mucho tiempo sin verse.

Aurora, su mujer, trata de disuadirlo por temor a que todos los rencores y frustraciones acumulados a lo largo de los años salgan a flote y arruinen el encuentro, ya que ella, confidente y custodia de muchos secretos, conoce bien la intrahistoria de la familia,

Los personajes de este relato, víctimas y verdugos a partes iguales, comienzan con un cruce de conversaciones telefónicas donde la terrible realidad va ensombreciendo cualquier amago de reconciliación… el agravio viaja en todas direcciones.

La insatisfacción vital propiciada en gran medida por la madre, mujer de carácter, de las de moño prieto, que no sonríe porque trae desgracia, es el único punto en común de cuatro personas tan distantes entre sí y con tanto dolor antiguo que solo cabe esperar que las pequeñas gotas que van empapando el ánimo acaben en tormenta.

Luis Landero fue galardonado en el año 2022 con el Premio Nacional de las Letras Españolas.

El jurado ha destacado al autor “por ser un extraordinario narrador, creador de numerosas ficciones con personajes y atmósferas de gran expresividad y excelente escritura recuperando la tradición cervantina con dominio del humor y la ironía e incorporando con brillantez el papel de la imaginación”.

Después de estas apreciaciones del jurado, poco queda que decir sobre el excepcional talento de Luis Landero y solo puedo desde aquí recomendar la lectura de alguna de sus obras.

Voces que susurran, John Connolly

Voces que susurran, John ConnollyVoces que susurran

Tusquets Editores

John Connolly en la Biblioteca Universitaria UPM

Olfateé el aire con cautela.

-Tu bar apesta- dije

-Mi bar huele bien -repuso Jimmy -. Es mi clientela la que apesta, pero para librarme de la pestilencia, tendría que librarme de ellos, y entonces me quedaría solo con mis fantasmas…

-¿Quieres una copa? Invita la casa

-Me parece que no. He oído que le echas agua al alpiste para darle sabor.

-Hay que tener huevos para presentarse aquí y dejar comentarios insultantes sobre mi local.

-Esto no es un local, es una deducción tributaria. Si alguna vez entrara dinero de verdad, tu imperio se vendría abajo.

El suicidio de un veterano de la guerra de Irak, lleva al detective Charlie Parker a investigar su muerte. Y lo que en apariencia es un simple suicidio de un veterano traumatizado por la guerra llevará a nuestro protagonista a descubrir una trama ilegal en la frontera de Canadá y Maine en la que antiguos veteranos de aquella guerra están envueltos. Una frontera ideal para el trafico ilegal de lo que sea y que atrae a personajes de la peor calaña y alguno con un pasado misterioso y muy oscuro.

Mantícora, de Carlos Vermut

MantícoraResulta difícil recomendar una película como esta, por la dura temática, por el ritmo lento, porque a veces no se entiende bien donde nos quiere llevar el director, si a empatizar o a odiar. Es una película fría, sin efectos especiales, sin alardes fotográficos, de esas que te van introduciendo poco a poco en el mundo de los personajes y sin darte cuenta te ha calado hasta los huesos.
Se estrenó en el pasado festival de Sitges porque algo de terrorífico hay en esta película, Sin escenas de sangre ni de vísceras asistimos al peor de los miedos, el que nos damos a nosotros mismos.
Muy sutil en todo momento, sin ninguna escena de violencia explícita, nos empuja a preguntarnos sobre la condición humana. Acertadísima la escena donde través de sus gafas de realidad virtual el protagonista ve qué tiene entre manos y el espectador solo ve el vacío, pero entiende que el horror está ahí.
Pues, aunque no sea fácil, yo recomiendo está extraordinaria película. Se la recomiendo a todos aquellos a los que les gusta el cine que no deja indiferente, el que te hace pensar, el cine que al salir de la sala te hace hablar durante horas sobre el tema y te deja impresa en la retina escenas que no se borrarán hasta días después.

El espíritu de la Navidad. Gilbert K. Chesterton

Sevilla : Espuela de Plata, 2017
Traducción: Aurora Rice
Prólogo: José Julio Cabanillas
Gilbert K. Chesterton en la Biblioteca UPM

Este año, nuestro blog de animación a la lectura os felicita la Navidad recomendado estas reflexiones, cuentos y poemas en los que Chesterton defendía encendidamente la Navidad. Esperamos que esta o cualquiera de las lecturas que os hemos recomendado este año os acompañen en unas Felices Fiestas. ¡Feliz Navidad!

Estas líneas aparecieron durante la semana de Navidad, violando así todos los principios fundamentales de la civilización moderna, desafiando las leyes normales y necesarias del comercio navideño, las rebajas de Navidad, los números especiales de Navidad, las compras de Navidad e incluso, si me apuran, las felicitaciones de Navidad; en una palabra, cometiendo el delito de hablar de la Navidad estando muy próximo el día de Navidad. Pues la curiosa costumbre de nuestro tiempo ha convertido la Navidad en una vasta anticipación, al hacer de ella un vasto anuncio publicitario. La mayoría de los periodistas han de escribir sus artículos navideños allá por los últimos días de sus vacaciones de verano, y disponerse a publicarlos hacia mediados del otoño.