Archivos de la Categoría: Ensayo

Loa a la tierra: un viaje al jardín. Byung-Chul Han

Cubierta de Loa a la tierra: un viaje al jardín. Byung-Chul HanBarcelona : Herder, 2019
Ilustradora: Isabella Gresser
Traductor: Alberto Ciria
Titulo original: Lob der Erde (2017)

 

Las reflexiones que van brotando entre las páginas de Loa a la tierra son una flor más del jardín en el que Byung-Chul Han ha trabajado durante tres años. Un día el autor de En el enjambre sintió la llamada del contacto con la tierra. En un mundo cada vez más digitalizado mancharse las manos de tierra, ayudarla a ser lo que puede ser, convertirse un poco en cómplice del milagro de las flores es una necesidad, una obligación. La tierra, nos dice, “es un ser vivo, un organismo viviente. Incluso la piedra está viva”. Y por lo tanto es frágil y la estamos destruyendo. “Hay que tratar cuidadosamente lo bello“.

Respetar exige alabar. Las líneas que siguen son himnos, cánticos de alabanza a la tierra. Esta loa a la tierra debe sonar como una hermosa Canción de la tierra.

Las líneas que siguen son el día a día del autor, que observa, medita, entra en contacto material y sensible con su jardín. En un Berlín helador, anhela flores en invierno, vela por el despertar de la vida.

El jardín invernal es un lugar romántico. Todo indicio de vida floreciente en pleno invierno tiene algo misterioso, mágico, fabuloso. El florido jardín invernal conserva la apariencia romántica de lo infinito.

Nos dice que prefiere la flor azul, que es “el color de la seducción, del anhelo y de la añoranza”. Aunque la flor amarilla le da más luz al jardín de invierno. Además de margaritas silvestres (Bellis perennis, la bella perenne) en su jardín abundan jarzmines de invierno, acónitos de invierno, galantos o campanillas de las nieves, brezos de invierno, hamamelis o avellana de bruja, azafranes.

Y, cómo no, se detiene en el nombre de las flores, tan bellos o más que las propias flores. Cada nombre su misterio.

Los nombres de las flores son palabras de amor.

Byung-Chul Han transmite, en este viaje al jardín, la dicha de trabajar en contacto con la tierra, ese contacto físico, real, inmediato tan cargado de anhelos, de flores y vida por venir.

En el jardín descanso de las fatigas de la vida.

Byung-Chul Han en la Biblioteca UPM

El pasado, instrucciones de uso / Enzo Traverso

Enzo Traverso: El pasado, instrucciones de uso : Historia, memoria, política

Ed. española: Marcial Pons, 2007. Trad. Almudena González de Cuenca. 

Ed. argentina: Prometeo, 2011. Trad. Lucía Vogelfang. 

Título original:

Le passé, modes d’emploi : Histoire, mémoire, politique.

(La Fabrique, 2005) 

Hegel presenta esa organización estatal del pasado bajo la forma alegórica del conflicto entre Cronos, el dios del tiempo, y Zeus, el dios de la Política. Cronos mató a sus propios hijos. Engulle todo a su paso, no dejando rastros detrás suyo. Pero Zeus llega a dominar a Cronos, porque ha creado el Estado, capaz de convertir en Historia todo lo que Mnemosina, la diosa de la memoria, ha podido recoger del paso devastador del tiempo (Historia y memoria: ¿una pareja contradictoria? – Separaciones

Cuáles son las diferencias y relaciones entre memoria individual y/o colectiva, Historia –tanto en cuanto a los hechos y procesos acaecidos en sí como a su estudio y exposición (historiografía), y Política: de todo esto trata este libro; partiendo de un título que parafrasea con toda intención el de la famosa novela La Vie mode d’emploi, de Georges Perec, autor que será a su vez comentado en el ensayo de Traverso. 

Justo en el reciente siglo XX, a lo largo del cual se produjo la crisis de la transmisión intergeneracional de la memoria en su sentido y funcionalidad tradicionales, y tal vez como reacción a ello mismo, se asiste a la eclosión de la memoria histórica, su búsqueda, las luchas sociales y mediáticas en torno a ella, su marginación o institucionalización según los casos, matices y momentos. Un proceso que no parece detenerse hasta ahora. La interpretación de las violencias sociopolíticas acaecidas antaño ha pasado a un primer plano, en muchas ocasiones espoleada por el propio día a día de la política cotidiana, como una asignatura pendiente. Deseable en una sociedad que se quiera madura y responsable, si no fuera porque la liza más visible queda demasiado a menudo en manos de tertulianos y opinadores profesionales, en el mejor de los casos de autores de narrativa de ficción.  Por eso es tan importante la intervención de los historiadores, de la que esta obra es buen ejemplo.   

Traverso se mueve en un territorio inagotable que ha investigado durante largos años: el mundo judeoalemán en el que se destaca el hecho de memoria contemporánea europea por antonomasia: el Holocausto. También se nota su familiaridad con el medio francés al tratar asuntos como Vichy y Argelia. Y por supuesto se refiere a su Italia de origen. Pero aunque se trata de un ensayo de reflexión y en modo alguno de un catálogo o compendio deliberado, se mencionarán también España, Rusia, la Argentina o los Estados Unidos con sus respectivas cargas.  Los amantes de la Historia contemporánea pueden disfrutar de una lectura breve pero intensa que brinda múltiples pistas de exploración y ampliación en una bibliografía abundante y selecta. Por desgracia, un ensayo de este alcance y calidad -muy bien traducido además- hubiera merecido algo más de esmero en la edición de Marcial Pons, que presenta erratas ortográficas en algunos autores y títulos citados.   

En abril de 1994, cuando la opinión pública era todavía ampliamente incrédula o indiferente, vis a vis de las masacres que los medios caracterizaban como conflictos “tribales”, hablar de “nazismo tropical” tenía un sentido, el de apoyarse sobre la conciencia histórica del mundo occidental, en la cual la Shoah ocupa un lugar central, para llamar la atención sobre un genocidio que se estaba produciendo. Se trataba de mostrar que Ruanda estaba viviendo una tragedia tan grave como la Shoah y que había que reaccionar para intentar impedirla. Desde un punto de vista ético político, la noción de “nazismo tropical” estaba, pues, perfectamente justificada. Desgraciadamente, es más fácil conmemorar los genodicios, sobre todo a decenios de distancia, que impedirlos.  (Usos políticos del pasado – La memoria de la Shoah como religión civil

Una mirada en palabras

Alberto Corazón

Una mirada en palabras

Seix Barral Los Tres Mundos Ensayo

Alberto Corazón fue escultor y diseñador gráfico, y fundador de la editorial Ciencia Nueva.

Casi todos los mortales le reconocemos más por sus logotipos que por su nombre; Biblioteca Nacional, Casa de América, Ministerio de Sanidad y Consumo, Junta de Andalucía, Universidad Autónoma de Madrid, Compañía Nacional de Teatro Clásico, y Once entre otros. Una mirada en palabras, lo escribió en 2008 (con 66 años),

Para aquellas personas que amen y disfruten del arte, este libro les resultará liberador de ideas y estímulos subjetivos. Al fin y al cabo, pocas veces se puede participar de la reflexión íntima y personal en el proceso creador de un artista de corazón, tímido de vocación.

Hago esculturas, dibujo y pinto porque siento la necesidad de participar en este empeño: crecer como humano.

cuaderno de  Antonin Artaud
Cuaderno de Antonin Artaud 1896-1948 (mucho más inquietante que los de Alberto Corazón)

El libro está cuajado de bocetos a carboncillo, y uno se siente inclinado a comentarlos en los espacios en blanco que hay a su alrededor. A mí (en mi desconocimiento) me recuerda a veces a Alberti, a ratos a Matisse, incluso a Artaud; con más serenidad, sin caer en la desesperación

Dicen en su obituario que la pandemia agotó su energía vital a los 79 años (nació en 1942) y ha fallecido recientemente el 10 de febrero de 2021.

Alberto Corazon en la Biblioteca UPM

Cuadro de Matisse en el MOMA

La agonía del cristianismo / Miguel de Unamuno

Miguel de Unamuno: La agonía del cristianismo. 

Edición recomendada, con presentación de Agustín García Calvo: 

Madrid : Alianza Editorial, 1986-  

Terriblemente trágicos son nuestros crucifijos, nuestros Cristos españoles. Es el culto a Cristo agonizante, no muerto. El Cristo muerto, hecho ya tierra, hecho paz, el Cristo muerto enterrado por otros muertos, es el del Santo Entierro, es el Cristo yacente en su sepulcro; pero el Cristo al que se adora en la cruz, es el Cristo agonizante, el que clama consummatum est! … (La agonía)  

El proceso de secularización de la sociedad, tan acelerado en la Historia reciente, no impide que la religión cristiana siga teniendo un valor de referencia cultural determinante. Creyentes y/o practicantes o no, incluso en el caso de opuestos frontalmente a él, el cristianismo ha moldeado nuestra formación, buena parte de las ideas, categorías y lugares comunes que estructuran nuestra mentalidad, y su influencia se mantiene férreamente en el ritmo de nuestro calendario anual. Por tanto nunca estará de más una cuidada reflexión filosófica sobre esta religión tan acentuadamente ideológica. En este sentido el libro de Unamuno no ha dejado de tener actualidad.  

Don Miguel redactó este pequeño pero sustancioso ensayo durante su exilio en Francia a causa de la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930). En principio la obra iba destinada al público de habla francesa para lo cual fue oportunamente traducida por Jean Cassou, intelectual hispanofrancés que más tarde jugaría un importante papel en relación con el exilio español de 1939. Muy probablemente la ambigüedad de su título contribuyó a la popularización del libro pues se puede interpretar como alusión a un declive religioso en una época en que de hecho se estaba produciendo como consecuencia de la segunda revolución industrial y de la masiva urbanización. 

Pero en realidad el término agonía es utilizado aquí en su sentido etimológico de combate interior del creyente por su propia fe: un tema predilecto del autor y muy relacionado con el argumento de su obra de ficción San Manuel Bueno, mártir. Unamuno analiza la religión cristiana en función de varios ejes conceptuales e históricos: fe/duda; colectividad/individualidad; judaísmo/helenismo; carnalidad/espiritualidad; resurrección (judía, farisaica)/inmortalidad (griega, platónica)… Dualidades que caracterizan una religión marcada por la contraposición en cierto modo beligerante, por la dialéctica entre opuestos, en definitiva por esa lucha o agonía que es el avatar –en cada creyente- de la Pasión de Cristo. 

Así, el ensayo explora y explota los innumerables vericuetos en la via crucis de la fe escéptica por la realidad tozuda de la mortalidad terrenal, echando mano de la exégesis y de la crítica histórico-filosófica. Hasta encontramos alguna resonancia psicoanalítica, por ejemplo en la evocación del canto de los trapenses de Dueñas, que tanto debió conmover al autor. Este saca partido de toda su utilería lingüística y de su capacidad lógico-deductiva para atacar el asunto, pero no pierde la empatía con el humano que cree o no cree, o quizás cree creer o no creer, y que en el fondo es un trasunto del mismo autor. Por eso el libro puede ser visto simultáneamente como introspección personal –incluyendo sus propias fobias y filias circunstanciales-, o bien como trabajo de antropología filosófica. 

Muy apreciables son la solvencia y comodidad con las que Unamuno se movía en la cultura de lengua francesa, a la vez sin ápice de afrancesamiento superfluo. Es muy posible que su origen vasco –al igual que el vasco-occitano en el caso inverso de su traductor el mencionado Jean Cassou- contribuyera a ello, y que el propio autor contemplara esta circunstancia a modo de pasarela cultural. Desde luego no perdió oportunidad de subrayar la trascendencia de autores y personajes históricos vascos de ambos lados de la Muga en la configuración de corrientes y movimientos cristianos. 

La pobre alma hambrienta y sedienta de inmortalidad y de resurrección de su carne, hambrienta y sedienta de Dios, de Dios-Hombre a lo cristiano, o de Hombre-Dios a lo pagano, consume su virginidad maternal en besos y abrazos al agonizante eterno. (Abisag, la sunamita

Miguel de Unamuno en: Biblioteca UPM.

El sonido de un caracol salvaje al comer. Elisabeth Tova Bailey

Cubierta de El sonido de un caracol salvaje al comer, Elisabeth Tova BaileyEl sonido de un caracol salvaje al comer
Elisabeth Tova Bailey
Madrid: Capitán Swing, D.L. 2019
Traducción: Violeta Arranz
The Sound of a Wild Snail Eating (2011)
 

Hay universos en cada esquina. Sin reparar en ellos, andamos ocupados con miles de tareas diarias, de obligaciones, de grandes o pequeñas rutinas, de infinidad de estímulos humanos que nos atan eficazmente a lo propio cotidiano. Pero hay universos en cada esquina, laten desde mucho antes que nuestra especie poblara el planeta, latirán mucho después de nuestra desaparición, como ahora, indiferentes al jaleo alrededor. A una velocidad distinta.

Cubierta de The sound of a wild snail eating, Elisabeth Tova BaileyElisabeth Tova Bailey, en este fascinante relato, nos cuenta cómo hay ocasiones en que descubrir uno de esos universos puede salvarte. Porque después de caer enferma, víctima de un virus persistente que la obligó a guardar cama durante meses en unas condiciones de debilidad extrema, lo que mantuvo su mente activa, interesada, emocionada y viva fue la presencia en una maceta de violetas colocada en la mesilla junto a su cama, de un sencillo caracol del bosque cercano. Una criatura que siempre le había pasado desapercibida era ahora su punto de conexión, el tiempo del caracol entraba en su tiempo, algo poderoso unía a la convaleciente sin posibilidad de movimiento con el ritmo vital del gasterópodo, con la sorpresa de sus dientes, con sus sistemas de defensa, con su inadvertida fuerza.

Descubrirlo en este libro no solo supone un aprendizaje y una oda al respeto a la naturaleza, es también una absoluta delicia.

José Miguel Parra. Howard Carter. Una vida.

José Miguel Parra. Howard Carter: una vida. Ed. Confluencias, 2020

Todo el mundo ha oído hablar de Tutankhamón. Se han hecho documentales, películas, artículos y libros sobre este faraón y el increíble material encontrado en su tumba casi intacta.

El libro de José Miguel Parra es un repaso de la vida de Howard Carter (Swaffham (Norfolk), 1873 – Londres, 1939), su descubridor, así como de su relación personal y profesional con lord Carnarvon, que financió las excavaciones. Conoceremos las circunstancias que condujeron a este descubrimiento en 1922 que impactó a sus coetáneos y que sigue fascinando a día de hoy.

No es una biografía narrada, sino que se compone de fragmentos de textos, del propio Carter o de personas que lo conocieron directamente: cartas, artículos, diarios de excavación, noticias, etc. todos ellos acompañados por una breve explicación del autor para ponerlos en contexto.

Howard Carter en 1.924.

Este libro combina el rigor histórico con una lectura amena, algo nada fácil de conseguir. Poco a poco vamos viendo la evolución profesional de Howard Carter y su personalidad. Un hombre gruñón y testarudo pero, como dice el autor, “con buen fondo y que podía resultar una encantadora compañía, sólo había que cogerlo de buenas”. Además se incluyen unas estupendas imágenes de sus protagonistas y de las excavaciones.

Sin una formación académica, Carter fue una persona con una habilidad innata para el dibujo, un trabajador incansable, metódico y concienzudo. Cuando le preguntaron qué fue lo que le llevó a dedicarse a la arqueología respondió así:

– La sensación de deducir, creo. Si no me hubiera dedicado a la egiptología quizá hubiera entrado en Scotland Yard.

– ¿Entonces, considera la arqueología como una especie de trabajo de detective?

– Si no posees la capacidad para diferenciar entre objetos y razonar su significado no puedes hacer demasiado en arqueología.

Fue Inspector jefe del Alto Egipto (1899-1904) y del Bajo Egipto (1904-1905) cargo este último del que dimitió a consecuencia de un enfrentamiento con unos alborotadores franceses que querían colarse en una tumba. Carter intervino indicando a los guardias (nativos egipcios) que se lo impidieran lo que causó un conflicto diplomático.  El mismísimo W.M. Flinders Petrie, decano de la egiptología inglesa, dio la razón a Carter:

A ojos del cónsul francés, quien exigió una disculpa de Carter, la indignidad de dejar que un nativo se resistiera a un francés pesó más que la indignidad de estar borracho y alborotar. Con adecuado amor propio, Carter se negó a disculparse por cumplir su evidente obligación. Por esto fue, a petición del francés, despedido del Servicio. Este fue quizá el más abyecto acto de sumisión a la arrogancia francesa.

Inevitablemente Parra también habla de la llamada “maldición de Tutankhamón” que no tiene nada de real y sí mucho de sensacionalista.

En el libro también se recoge la amistad que Carter mantuvo con Jacobo Fitz-James Stuart, Duque de Alba. Gracias a esta amistad Madrid recibió dos visitas del descubridor, donde impartió un par de conferencias en 1924 y otras tantas en 1928. Howard Carter fue aceptado como miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia.

José Miguel Parra es doctor en Historia Antigua por la Universidad Complutense de Madrid y especialista en la cultura faraónica. Ha escrito una veintena de monografías sobre los aspectos más variados del antiguo Egipto, desde las pirámides hasta la vida sexual de los egipcios. Si conocéis a alguien que todavía crea que las pirámides las construyeron los extraterrestres, no dudéis en regalarle su libro “La Gran Pirámide ¡vaya timo!” (Ed. Laetoli, 2019).

Pinchando aquí podéis escuchar la entrevista que el programa “El café de la lluvia” le hizo a José Miguel Parra sobre este libro (minuto 7.39)

Ciencia, Tecnología y Sociedad en los estudios de Ingeniería / Pedro Costa Morata (editor)

Pedro Costa Morata (ed.): Ciencia, Tecnología y Sociedad en los estudios de Ingeniería. 

Anthropos / ETSI Sistemas de Telecomunicación – UPM, 2016. 

Traducida al terreno disciplinar, la finalidad y la utilidad de los estudios CTS resulta obvia; se trata de alfabetizar tecnológicamente a los estudiantes y profesionales de las humanidades y las ciencias sociales e, inversamente, tratar de que los miembros de la comunidad técnica adquieran más conciencia del contexto social en el cual trabajan. Pero la significación del CTS es global y eminentemente social, más allá del mundo de la enseñanza o de las necesidades de la interdisciplinariedad, es decir que se trata de “capacitar a los ciudadanos en general para participar en el proceso democrático de toma de decisiones y se promueva la acción ciudadana encaminada a la resolución de problemas relacionados con la tecnología en la sociedad industrial” (p. 68) 

A lo largo de los años, varias han sido las iniciativas en nuestra Universidad consagradas al acercamiento entre las enseñanzas en ella impartidas –una mayoría abrumadora de ingenierías- y las ciencias humanas y sociales. A título de ejemplo bibliográfico recordemos los reiterados ciclos de conferencias sobre Humanidades, Ingeniería y Arquitectura editados por el profesor Atanasio Lleó. Además, numerosas actividades culturales –tanto de la Universidad como de sus centros respectivos- han ido en esa línea. Pero una cosa es el encuentro y mutuo aprecio entre ambas esferas y otro el estudio e investigación sistemáticos de la articulación entre ciencia y tecnología, y la sociedad humana de la que estas son fruto y que a su vez experimenta en su propio curso vital las consecuencias del desarrollo de aquellas. En esto consiste justamente la disciplina CTS (Ciencia, tecnología y sociedad), un campo de conocimiento que no ha dejado de expandirse y cobrar creciente interés en España a caballo de los nuevos planes de estudio surgidos en los años 2000 y destinados a homologar las titulaciones en la Unión Europea.  

Respecto a este contexto el libro que os presentamos tiene de algún modo una doble funcionalidad: por un lado recoge los testimonios y enfoques de experimentados profesores implicados a fondo en el desarrollo de asignaturas de este tipo en varios centros; por otro, muestra una introducción a los contenidos CTS tal y como se pusieron en marcha en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería y Sistemas de Telecomunicación del Campus Sur UPM. Esta segunda parte a cargo del profesor Costa Morata se titula muy modestamente Programa pero en realidad consiste en un jugoso ensayo de interpretación en toda regla, con una reflexión profunda sobre la exorbitante tecnificación global de nuestra época y la consiguiente responsabilidad social de la tecnología. Tras la lectura del libro y a la vista de los acontecimientos históricos vividos en 2020, a uno no le cabe duda de la necesidad formativa en Ciencia, Tecnología y Sociedad, ante la complejidad exponencial que se nos viene encima.  En fin, si hay un libro especialmente no-solo-técnico es este; de modo que -aunque seamos un poco juez y parte al ser un trabajo surgido de la UPM- vale la pena volver sobre él cuanto sea preciso. 

A pesar de no llegar a conocer Internet ni la revolución microinformática, los análisis de McLuhan resultaron proféticos. Los medios de comunicación de masas han convertido el planeta en una aldea, una gran aldea planetaria pero aldea al fin y al cabo. El principio que destaca en este concepto es el de un mundo interrelacionado, con estrechez de vínculos económicos, políticos y sociales, producto de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), particularmente Internet, como disminuidoras de las distancias y de las incomprensiones entre las personas y como promotoras de la emergencia de una conciencia global a escala planetaria, al menos en la teoría. (p. 150) 

CTS en: Biblioteca UPM.

Pedro Costa Morata en: Biblioteca UPM.

Discurso del método / René Descartes

Título completo y ediciones recientes sugeridas:

Discurso del método para bien conducir la razón y buscar la verdad en las ciencias. Edición y traducción de Pedro Lomba Falcón. Editorial Trotta, 2018.

Discours de la méthode : Pour bien conduire sa raison, et chercher la vérité dans les sciences. J’ai Lu, 2018.

Gustaba, sobre todo, de las matemáticas, por la certeza y evidencia de sus razones; pero aún no conocía su verdadero uso, y al pensar que sólo servian para las artes mecánicas, me extrañaba de que, siendo sus cimientos tan firmes y sólidos, no se hubiese construido sobre ellos nada más elevado (de la Primera Parte, Revisión de la cultura adquirida en los libros

Después de tanta marginación, podría ser que la Filosofía volviera a estar de moda. Para que no nos pille desprevenidos, nada mejor que degustar algún clásico. Si entre los modernos alguno merece realmente este título, ha de ser el Discurso del método (1637) de René Descartes (1596-1650). Aunque ampliamente difundido como libro independiente, en origen fue escrito como prólogo a un conjunto de Ensayos filosóficos sobre Dióptrica, Meteoros y Geometría. Se trata pues de un texto imbricado completamente en la labor científica pura a la que se dedicaba con intensidad su autor.

El Discurso requiere una lectura sosegada y atenta. Los párrafos son largos, pero la prosa es limpia y directa, y el tono mantiene en todo momento la calidez de la confesión y el testimonio personal, con referencias autobiográficas. Téngase en cuenta que fue escrito en lo que en la época aun se consideraba lengua vulgar -en francés nativo- al contrario de usar el latín que era lo habitual entonces para los ensayos y tratados. Hay una clara intención de cercanía al lector.  Y como buen prólogo no es tampoco excesivamente extenso. En él Descartes parece buscar y moverse en un elegante equilibrio entre la crítica y la prudencia, de tal forma que su obra, aparte del valor puramente reflexivo, se podría percibir como una sugestiva propuesta de conducta vital. Persiste en una separación entre fe religiosa y trabajo científico que se corresponde enteramente con las necesidades filosóficas de su contexto social histórico:  o sea la supervivencia y conllevancia de un orden basado en el cristianismo tradicionalista con los incipientes avances de la revolución científica de la que el propio autor era protagonista, y cuyo desarrollo precisaba emanciparse del formalismo escolasticista. Desde este punto de vista esta filosofía es un claro precedente de nuestro concepto contemporáneo de laicidad que se formulará en los siglos posteriores.

Hay datos interesantes y significativos en la vida personal de Descartes que, en la vorágine ideológica de la Europa occidental de su tiempo, parecen situarle en aquella transversalidad simbolizada en un principio por Erasmo. Católico-romano confeso, se educó en una Francia con un cierto grado de libertad religiosa, en la que todavía no se había revocado el Edicto de Nantes. Más tarde encontró una residencia idónea para sus actividades intelectuales en la mayoritariamente reformada Holanda -país que elogia de forma expresa- y terminó su vida en Suecia. Aunque Descartes no fuera protestante, se antoja una trayectoria cruzada en sentido contrario con la de algunos artistas de la época como Dowland o Vermeer, conversos al catolicismo por oportunidad social o falta de sintonía con la austeridad estética propia de la confesiones reformadas.

La lectura del Discurso es un buen remedio contra el pesimismo histórico. Por un lado Descartes tenía un agudo sentido de la evolución de la ciencia, intuía las perspectivas que se abrirían en el futuro con los avances del racionalismo y la experimentación y en beneficio del bienestar de las personas ; y por otra parte, desde nuestra época podemos apreciar algunos tremendos errores -por ejemplo de anatomía- repetidos en su obra, lo que da una idea del progreso obtenido por la Humanidad en menos de cuatrocientos años. 

Pero tan pronto como adquirí algunas nociones generales de física y, comenzando a ponerlas a prueba en varias dificultades particulares, noté hasta dónde pueden conducir y cuánto difieren de los principios empleados hasta el presente, creí que no podría tenerlas ocultas sin pecar gravemente contra la ley que nos obliga a procurar el bien general de todos los hombres, en cuanto esté en nuestro poder (de la Sexta Parte, Utilidad de la ciencia, consideraciones diversas)

René Descartes en: Biblioteca UPM.

Leer contra la nada, Antonio Basanta

Carátula del libro
Leer contra la nada, Antonio Basanta

Cuanto mejor es un libro más difícil es de glosar, eso dicen; es probable Ésta es la primera idea que me asalta, qué voy a decir yo que no haya quedado dicho en el título: LEER CONTRA la NADA.

A las personas que encontramos en la lectura, a ratos un refugio, un iluminado escondite, en ocasiones una isla de nunca jamás en buena compañía, o una cueva platónica desde la que observar el mundo entre murmullos, brumas y plumas, de repente escuchar en letra impresa tantas emociones resulta delicadamente desconcertante.

imagen de un faquir cautivando a una pitón

Antonio Basanta es doctor en literatura hispánica por la UCM, y escribe con clara vocación oral. Cuando un libro se ha escrito para ser escuchado más que para ser leído, de repente uno se sintiera en un ágora con algún tímido profesor de solera, embelesado ante el encanto de la flauta del faquir; ilustrados a nuestro pesar.

Para mí la principal ventaja de leer reflexiones tan suavemente mayúsculas tiene la ventaja de poder acallar al autor a la demanda, así cuando una de sus sugerentes ideas te atrapa, puedes dejarte llevar, sin ofender ni malograr la conferencia; es un libro amable, rumia-ble.

En esas ocasiones resulta hasta ofensivo hacer entresaca, para ahorrarse el esfuerzo inútil de dejar una impronta personal. En cambio el autor, demuestra una vez más su capacidad mayéutica trayendo aquí y allá otros conversadores de fama incalculable, sin el temible ridículo de las comillas, sino con la elegancia de las letras incunables (cual monje de monasterio).

La editorial Siruela ha hecho un trabajo magnifico en la elección del formato, el papel, la tipografía y las tintas modaf de dos colores, y si estas palabras no sirven al efecto de correr a una próxima biblioteca o a una librería de encanto para buscar el libro, la culpa es mía que el autor reproche no merece; a las claras queda cuando va por la tercera edición desde 2017.

Foto del autor en una charla

Her, I am Mother o Ética para máquinas: reflexiones para una noche de Halloween

Jose Ignacio Latorre, catedrático de física teórica de la Universidad de Barcelona y Director del Instituto de Ciencias de Benasque Pedro Pascual, nos ofrece un libro espectacular: Ética para Máquinas (pincha aquí), un relato inquietante digno de una noche de Halloween. Latorre es un científico que, según la glosa que figura en la solapa de su libro, es un experto reconocido en el campo de la física cuántica, con aportaciones en la teoría cuántica de campos y el entrelazamiento.

Cubierta de Ética para máquinas
imágen del autor

Si a pesar de este prólogo de horror, seguimos adelante con esta reseña, descubriremos que el título es un guiño para rememorar: Ética para Nicómaco (Aristóteles), o Ética para Amador (Savater). Ambos libros escritos por filósofos (salvando la distancia sideral) y ambos dirigidos a sus hijos. Podríamos por tanto pensar que Latorre propone considerar a las máquinas hijos o herederos culturales de la Humanidad.

Ética Nicomaquea

La idea fundamental podría resumirse en: ¿pueden tener las máquinas un sentido ético?, ¿podrán ellas en su caso sustituir a la Humanidad, cuando ésta se extinga?

Quizás antes de sumergirnos en este texto (que por otra parte es de una lectura sencilla y muy entretenida) merezca también el disfrute (que no la pena) de visualizar los trailers de Her, Ex Machina y I am Mother, que son respectivamente dos películas y una serie de Netflix que ahondan este dilema particular.

Abramos entonces la caja de Pandora, y que comience el debate, feliz Halloween

Her película
Carátula- I Am Mother - Serie

ex machina
cita final
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