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La España negra / José Gutiérrez-Solana

José Gutiérrez-Solana: La España Negra.

Ediciones: Barral (1975), Comares (2000-).

Edición original (1920) accesible en: Internet Archive.

De aquí salgo al campo donde está la Plaza de Toros; al llegar a sus puertas veo mucha gente, que entra en la enfermería, y me entero que un toro acaba de matar a un torero. En una mesa se ve al muerto con el traje de luces; la taleguilla está agujereada por las cornadas, y en el pecho, desnudo, tiene un gran boquete, por el que ha salido la sangre a borbotones y teñido su camisa de rojo; rodean al muerto algunos picadores de su cuadrilla, que se quedarán esa noche a velarle; desde aquí se siente el ruido de los aplausos y los silbidos, pues la corrida sigue como si nada hubiera pasado.

(Medina del Campo – El Pueblo

¿A qué tuvo Solana la osadía de llamar España negra? Pues a un conjunto de impresiones suyas en forma de artículos de viajes sobre poblaciones situadas en su inmensa mayoría en los territorios de la antigua Corona de Castilla; lo que puede ser fruto de un itinerario casual o bien se podría interpretar como un guiño malicioso al castellanocentrismo noventayochista: recordemos que el autor sintoniza más bien con la sensibilidad crítica de la Generación del 14 (como otros de sus componentes tales que Ortega y Antonio Machado, por ejemplo). Dos aspectos son omnipresentes y conforman un nexo común a todos esos lugares visitados: el culto religioso y la miseria. 

El libro por tanto no trata ni de la leyenda negra clásica sobre la monarquía hispánica en la Edad Moderna ni mucho menos sobre la afrohispanidad. Solana utilizó el adjetivo negra en su sentido de negatividad, oscurantismo y truculencia pero refiriéndose a la propia realidad de su tiempo. Tampoco se debe confundir esta obra con el título análogo de 1899, debido a la colaboración entre Darío de Regoyos y Émile Verhaeren; y no sería prudente pensar en plagio por parte de Solana pues se trata de una expresión común utilizada en aquellos años de elucubraciones trágicas sobre las realidades nacionales.    

Personalmente estos escritos me han recordado a los Aguafuertes de Roberto Arlt, artículos viajeros aparecidos algo más tarde en los años 30, si bien un título tan pictórico como el utilizado por el autor argentino puede haberme inducido a relacionarlos.  En cualquier caso la escritura del pintor Solana tenía que ser forzosamente visual y dinámica. No brilla por su sintaxis, que denota un sustrato de notas a veces apresuradas y tomadas sobre la marcha, pero su vocabulario es rico y variado, evocando a menudo elementos de la indumentaria de los personajes, aperos, vehículos y animales. Un testimonio obviamente parcial pero no gratuito del panorama desorbitado, de lacerante desigualdad y pobreza con que la sociedad española se encaminaba hacia su gran crisis del siglo XX.  La mirada de Solana es crítica, incluso despiadada, combina la perspectiva estética con la antropológica, y tiene la baza de no estar demasiado condicionada por los alineamientos ideológicos más polarizados de tiempos posteriores. Nos presenta una sociedad tradicional con destellos sublimes pero en general tan embrutecida como exangüe, cuya próxima hecatombe no resulta difícil profetizar desde nuestro presente actual. Se diría que Alfred Döblin, que comparte expresionismo con Solana, le enviara un saludo de pariente no tan lejano, desde su descarnado e hipermoderno Berlín.  

La España negra de Solana apareció en 1920, de modo con esta reseña conmemoramos su centenario. Si además -como en mi caso- tenéis la suerte de conocer algunas de las localidades visitadas y descritas por el maestro, su lectura puede servir de instrumento de contraste para calibrar la magnitud y orientación de los cambios sociales producidos a lo largo de un siglo.  

Cuenta la tradición que los dueños de esta fortaleza sedujeron y secuestraron a cierta doncella, y los caballeros templarios la rescataron por peso de oro; de ahí le viene el nombre de Oropesa; por eso en su escudo de armas hay un peso y en una de sus balanzas está subida la doncella, y en otra hay una gran cantidad de oro, y en una tira puesta en forma de orla, como las que se ven en las tablas del siglo XV, se lee Oropesa.

(Oropesa

José Gutiérrez-Solana en: Bibliotecas UPM.

Sue Townsend. La mujer que vivió un año en la cama.

Sue Townsend. La mujer que vivió un año en la cama. Barcelona: Espasa libros, 2014.

No sabía que sería un año. Se metió en la cama pensando que volvería a levantarse media hora después, pero se trataba de una cama verdaderamente cómoda, las sábanas blancas estaban recién puestas y olían a nieve fresca. Se puso de lado, girándose hacia la ventana abierta y se quedó mirando cómo el sicómoro del jardín iba perdiendo sus flameantes hojas.

Estamos en septiembre de 2010. Eva es una mujer de 50 años, ama de casa, casada con un astrónomo adicto al trabajo y madre de unos mellizos superdotados. Todo parece ir bien hasta el día en que sus hijos, Brian Jr. y Brianne van a la universidad y  Eva decide que se va a meter en la cama y que no va a salir de ella. Su marido, Brian, achaca la actitud de su mujer al “síndrome del nido vacío”. Lo que no sabe Brian es que Eva no está enferma, está cansada. Ha decidido decir basta, parar y pensar qué hacer con su vida. Eva no tiene síndrome del nido vacío sino alivio del peso que le cayó hace 17 años cuando nacieron sus hijos.

Admítelo, estás consternada porque los niños se han ido de casa.

– Me alegra que se hayan ido.

La voz de Brian tembló de rabia.

-Es horrible que una madre diga algo así.

Eva se dio la vuelta y lo miró.

– Hemos sido un desastre a la hora de criarlos –dijo- . Brianne deja que la gente la pisotee y a Brian Júnior le entra el pánico cada vez que tiene que hablar con otro ser humano

Conforme los días van pasando el deseo de Eva de mantenerse en la cama se afianza y van transcurriendo los meses sin la intención de salir de allí. Eva gestiona su nueva vida desde la cama. Nada de cocinar, nada de poner lavadoras, fuera toda su ropa, fuera sus zapatos y bolsos y esos horribles muebles, que acabaron en su cuarto cuando su suegra se deshizo de ellos.

Puede que no me haya explicado bien –dijo-. Todas mis posesiones tienen que desaparecer. Estoy empezando de nuevo.

A su alrededor, su familia extrañada se pregunta la razón de tan excéntrica conducta mientras la ciudad acoge esta noticia con entusiasmo. Sin quererlo se ha convertido en un referente del barrio. Luego vendrá la televisión y la locura colectiva que convertirá a Eva en una especia de gurú o vidente y que muchos acampen en su calle esperando hablar con ella. Situaciones absurdas pero posibles en el mundo de los realitys y la telebasura.

Es una historia surrealista, aguda y profunda sobre lo que sucede cuando alguien deja de ser lo que los demás esperan que sea e intenta averiguar qué quiere hacer con su vida. Si queréis saber cómo acaba esta historia y si Eva sale de su cama no dejéis de leer esta novela y seguro que os reiréis y a ratos os identificaréis con ella.

Sue Townsend (Leicester, 2 de abril de 1946 – 10 de abril de 2014) fue una prolífica periodista que colaboró con The Observer, The Sunday Times y The Daily Mail. Autora de “El diario secreto de adrian Mole” un clásico de la literartura juvenil inglesa, muy divertida y que recomiendo muchísimo. Ha escrito seis volúmenes de los diarios de Adrian Mole y otras cinco novelas y numerosas obras de teatro.

Sue Townsend en la UPM

Ciencia, Tecnología y Sociedad en los estudios de Ingeniería / Pedro Costa Morata (editor)

Pedro Costa Morata (ed.): Ciencia, Tecnología y Sociedad en los estudios de Ingeniería. 

Anthropos / ETSI Sistemas de Telecomunicación – UPM, 2016. 

Traducida al terreno disciplinar, la finalidad y la utilidad de los estudios CTS resulta obvia; se trata de alfabetizar tecnológicamente a los estudiantes y profesionales de las humanidades y las ciencias sociales e, inversamente, tratar de que los miembros de la comunidad técnica adquieran más conciencia del contexto social en el cual trabajan. Pero la significación del CTS es global y eminentemente social, más allá del mundo de la enseñanza o de las necesidades de la interdisciplinariedad, es decir que se trata de “capacitar a los ciudadanos en general para participar en el proceso democrático de toma de decisiones y se promueva la acción ciudadana encaminada a la resolución de problemas relacionados con la tecnología en la sociedad industrial” (p. 68) 

A lo largo de los años, varias han sido las iniciativas en nuestra Universidad consagradas al acercamiento entre las enseñanzas en ella impartidas –una mayoría abrumadora de ingenierías- y las ciencias humanas y sociales. A título de ejemplo bibliográfico recordemos los reiterados ciclos de conferencias sobre Humanidades, Ingeniería y Arquitectura editados por el profesor Atanasio Lleó. Además, numerosas actividades culturales –tanto de la Universidad como de sus centros respectivos- han ido en esa línea. Pero una cosa es el encuentro y mutuo aprecio entre ambas esferas y otro el estudio e investigación sistemáticos de la articulación entre ciencia y tecnología, y la sociedad humana de la que estas son fruto y que a su vez experimenta en su propio curso vital las consecuencias del desarrollo de aquellas. En esto consiste justamente la disciplina CTS (Ciencia, tecnología y sociedad), un campo de conocimiento que no ha dejado de expandirse y cobrar creciente interés en España a caballo de los nuevos planes de estudio surgidos en los años 2000 y destinados a homologar las titulaciones en la Unión Europea.  

Respecto a este contexto el libro que os presentamos tiene de algún modo una doble funcionalidad: por un lado recoge los testimonios y enfoques de experimentados profesores implicados a fondo en el desarrollo de asignaturas de este tipo en varios centros; por otro, muestra una introducción a los contenidos CTS tal y como se pusieron en marcha en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería y Sistemas de Telecomunicación del Campus Sur UPM. Esta segunda parte a cargo del profesor Costa Morata se titula muy modestamente Programa pero en realidad consiste en un jugoso ensayo de interpretación en toda regla, con una reflexión profunda sobre la exorbitante tecnificación global de nuestra época y la consiguiente responsabilidad social de la tecnología. Tras la lectura del libro y a la vista de los acontecimientos históricos vividos en 2020, a uno no le cabe duda de la necesidad formativa en Ciencia, Tecnología y Sociedad, ante la complejidad exponencial que se nos viene encima.  En fin, si hay un libro especialmente no-solo-técnico es este; de modo que -aunque seamos un poco juez y parte al ser un trabajo surgido de la UPM- vale la pena volver sobre él cuanto sea preciso. 

A pesar de no llegar a conocer Internet ni la revolución microinformática, los análisis de McLuhan resultaron proféticos. Los medios de comunicación de masas han convertido el planeta en una aldea, una gran aldea planetaria pero aldea al fin y al cabo. El principio que destaca en este concepto es el de un mundo interrelacionado, con estrechez de vínculos económicos, políticos y sociales, producto de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), particularmente Internet, como disminuidoras de las distancias y de las incomprensiones entre las personas y como promotoras de la emergencia de una conciencia global a escala planetaria, al menos en la teoría. (p. 150) 

CTS en: Biblioteca UPM.

Pedro Costa Morata en: Biblioteca UPM.

El cuento de la criada. Margaret Atwood

El cuento de la criada
Margaret Atwood
Barcelona : Salamandra, 2017
The Handmaid’s Tale (1985)
Traducción: Elsa Mateo Blanco

HISTORIA DE DEFRED, LA CONCUBINA

Raquel, viendo que no daba hijos a Jacob, estaba celosa de su hermana, y dijo a Jacob: ‘Dame hijos o me muero.
Airóse Jacob contra Raquel, y le dijo: ‘¿Por ventura soy yo Dios, que te he hecho estéril?
Ella le dijo: ‘Ahí tienes a mi sierva Bala; entra a ella, que para sobre mis rodillas y tenga yo prole por ella’.
Diole, pues, su sierva por mujer, y Jacob entró a ella.
Concibió Bala y parió a Jacob un hijo, y dijo Raquel: ‘Dios me ha hecho justicia, me ha oído y me ha dado un hijo’;
por eso le llamó Dan.’

Génesis 30, 1-6.

En un futuro no muy lejano, un golpe de estado ha convertido a los Estados Unidos en la República de Gilead. Una dictadura teocrática gobernada con mano férrea por los comandantes o hijos de Jacob. Fanáticos religiosos que han abolido los derechos civiles y políticos, dividiendo la sociedad en castas y oprimiendo a las mujeres y a las minorías.

Debido a causas como la contaminación ambiental, hace tiempo que una epidemia de esterilidad (supuestamente femenina) azota Gilead. A consecuencia de ésto, en el país apenas nacen niños y los que nacen son hijos de criadas. Mujeres fértiles de las clases inferiores que, al igual que las concubinas bíblicas, tienen como misión proporcionar a sus amos (los comandantes y sus esposas, en este caso) la descendencia que ellos no pueden concebir. Defred, protagonista y narradora de ‘El cuento de la criada’, es una de estas esclavas reproductoras.

Separada a la fuerza de su familia, nuestra heroína ha ido a parar, previa formación y adoctrinamiento en un centro especial, a casa del comandante Fred. Una vez allí, ha perdido su auténtico nombre (que nunca conoceremos) para adoptar el de su amo precedido por el prefijo de (por eso ahora se llama Defred). Algo que deja bien claro su condición de pertenencia.

Margaret Atwood en el Festival Literario de Austin (Texas) del 2015. Autor: Larry D. Moore. Fuente: ‘Wikimedia Commons’ (https://bit.ly/3dlb31r).En el hogar de su amo, Defred disfruta de ciertos privilegios que le están negados al resto del servicio. Por ejemplo: una alimentación mejor que la de sus compañeros o un paseo diario que debe dar, eso sí, vigilada y vestida con el uniforme de las criadas (un largo hábito rojo y una cofia blanca que, además de señalarla como perteneciente a esta casta, la mantienen a salvo de miradas indiscretas). Pero Defred no se deja engañar. Sabe muy bien que la razón de estas concesiones no es hacer su vida más llevadera, sino que se encuentre en óptimas condiciones de salud cuando cada mes llegue su día fértil y tenga lugar la Ceremonia. Un ritual, inspirado en ciertos versículos del Antiguo Testamento, en el que es violada por el comandante, en presencia de la esposa de éste, con el fin de que quede embarazada de un niño que le será arrebatado nada más nacer.

‘El cuento de la criada’ fue publicado en 1985 por la escritora Margaret Atwood, quien trata en esta distopía feminista una serie de temas (los fundamentalismos, la vulneración de los derechos humanos en general y de la mujer en particular,…) que por desgracia están de actualidad.

Margaret Atwood en la Biblioteca UPM

Beatriz T. Álvarez

Mujeres Matemáticas

Mujeres matemáticas

Joaquín Navarro

RBA 2011

Esta es una recopilación de notas biográficas de un total de trece mujeres que destacaron en el arcano mundo de las matemáticas. Como compendio resulta muy ameno, informativo y anecdotario, aunque realiza un salto en el vacío entre el siglo III antes de Cristo y el XVII que nos deja aturdidos.

caractula del lbro

La tónica general nos indica que estas mujeres tuvieron que decidir entre su profesión y su vida privada, sólo en el siglo XX parece superarse esta tendencia. Como caso curioso, ahí tenemos a la ilustrada marquesa de Chatêlet que solicita en aras de la ciencia y el disfrute intelectual, ser liberada de todos sus deberes conyugales por haberlos ejercido suficientemente; venia que recibió de su liberal marido.

retratos de mujeres matemáticas

Una característica común a estas mujeres matemáticas es su adicional facilidad para las lenguas clásicas y modernas. Todas ellas parecen transitar con igual facilidad entre lo concreto y lo abstracto.

Las mujeres matemáticas aludidas son además grandes divulgadoras, tradujeron en muchos casos textos imprescindibles de sus contemporáneos desde Newton a Laplace para hacerlos accesibles a un público más general; plantearon cuestiones y dudas, incluyeron comentarios en dichos textos, y se cartearon asiduamente con científicos afamados, que las valoraron como gemas extrañas.

Cráteres y valles de planetas y satélites, asteroides y algunas estrellas reciben su nombre, y en ocasiones están curiosamente situados en la cara oculta de la luna.

Imagen del Blog Matemáticas femenino plural

Joaquín Navarro, autor de este libro, es licenciado en Ciencias Exactas y ameno divulgador, ha escrito entre otros títulos: La magia de las matemáticas; Ideas fugaces, teoremas eternos; Al otro lado del espejo; o Los secretos del número pi.

Joaquín Navarro en la Biblioteca UPM

Richard Ford. Canadá.

Richard Ford. Canadá. Barcelona: Anagrama, 2014.

Primero contaré lo del atraco que cometieron nuestros padres. Y luego lo de los asesinatos, que vinieron después. El atraco es la parte más importante, ya que nos puso a mi hermana y a mí en las sendas que acabarían tomando nuestras vidas.

El libro comienza así y la historia nos la cuenta en primera persona Dell Parsons que, junto a su hermana melliza Berner,  ve como a sus 15 años la vida se desmorona. Ellos no tienen culpa de que sus padres robaran un banco pero es lo que ocurrió. A partir de ahí sus vidas cambian y cada uno tomará su camino.

El libro se divide en tres partes. En la primera conocemos a la familia Parsons, formada por Bev y Neeva, una pareja dispar y que probablemente nunca debió acabar en matrimonio y sus dos hijos. Estamos en 1960. No eran una familia perfecta pero se querían. Con un padre alto, guapo, encantador y muy chanchullero y una madre menuda, sensata pero cobarde. Unos hermanos muy distintos pero felices con su vida y queridos por sus padres aunque tomaran una malísima decisión, robar un banco para saldar unas deudas y cambiar así el rumbo de la vida de los cuatro, a peor.

Nuestros padres eran las personas de las que menos se podría pensar que atracarían un banco. No eran gente rara, ni evidentemente criminales. A nadie se le hubiera ocurrido pensar que estaban destinados a acabar como acabaron. Eran personas normales, aunque claro está, tal afirmación queda invalidada desde el momento mismo en que atracaron el banco.

En la segunda conocemos la vida de Dell después de la detención de sus padres y su huida a Canadá con una amiga de su madre, Mildred, que le dará un buen consejo:

Tu vida va a ser variada y emocionante antes de que te mueras. Así que procura centrarte en el presente. No te niegues a las cosas, y asegúrate de tener siempre algo que no te importe perder. Eso es importante.

Cuando llega a un pueblo perdido de la mano de Dios, Great Fall, empezará a trabajar para  Arthur Remlinger, hermano de Mildred, un americano enigmático que también acabó en Canadá huyendo de su pasado. Allí Dell sobrevive en una mísera caseta como chico para todo y acompañando a los cazadores en la época de la caza del ganso. Ahí también conocerá a Florence, se podría decir su ángel de la guarda, que le dará la oportunidad de volver a empezar.

En la tercera asistimos al reencuentro de los hermanos pasados 50 años de su separación.

Siempre he sentido que debería haber visto más a mi hermana…No sucedió así, eso es todo. Su vida resultó muy diferente a la mía.

Si hay algún sentimiento que define esta novela  es el de la pérdida de la inocencia y el de asumir la vida que te ha tocado vivir y salir victorioso.

Para mí la primera parte es la mejor. Vamos conociendo a los personajes y se va tejiendo las relaciones familiares que conducen a los Parsons hacia el desastre.

Novela dura y que te deja un regusto amargo pero que te engancha y te llega muy hondo.

Richard Ford (1944, Jackson, Mississippi) fue galardonado con el Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2016 y  es uno de los mejores escritores norteamericanos de su generación.

Richard Ford en las bibliotecas de la UPM.

La torre Vigía, Ana María Matute

La torre vigía, Ana María Matute, 1971

La torre vigía (1971) es con seguridad una novela menor de Ana María Matute. La primera de una trilogía centrada en un ambiente medieval. No es ni por asomo una novela de caballerías al uso, tampoco sería propia de la autora. La segunda novela de la trilogía, Olvidado Rey Gudú, en cambio está considerada una de sus mejoras obras.

fotografía de Ana Maria Matute de Joven

En La torre vigía, el ambiente resulta realista y difícil.  El lenguaje, atractivo, retrotrae a un contexto antiguo de manera sugerente. El protagonista sobrevive desde niño en una nobleza decadente y crece enfrentado a fieles y detractores; transita de un hogar austero a una corte retorcida. Pocas mujeres prevalecen en ese ambiente.

Confieso que, a ratos, he perdido el hilo o la intencionalidad de la autora. Aun así, en momentos de confinamiento se deglute con gusto; lástima que no he dispuesto de las siguientes entregas.

carátula del lbro

Ana María Matute (1926-2014) es una escritora muy querida y cercana. Académica de la lengua (1996), muy galardonada en el ámbito de las letras hispánicas, estuvo también nominada al Nobel de literatura. Entre 1963 y 1966 ejerció la docencia en los Estados Unidos. Allí residió con su hijo después de una incomprendida separación en una España difícil. Su hijo, con el que también compartió en familia los últimos años, nos la describe rebelde, caótica, cercana, con grandes amigos y sin enemistades.

Ana María Matute en la Biblioteca UPM

Discurso del método / René Descartes

Título completo y ediciones recientes sugeridas:

Discurso del método para bien conducir la razón y buscar la verdad en las ciencias. Edición y traducción de Pedro Lomba Falcón. Editorial Trotta, 2018.

Discours de la méthode : Pour bien conduire sa raison, et chercher la vérité dans les sciences. J’ai Lu, 2018.

Gustaba, sobre todo, de las matemáticas, por la certeza y evidencia de sus razones; pero aún no conocía su verdadero uso, y al pensar que sólo servian para las artes mecánicas, me extrañaba de que, siendo sus cimientos tan firmes y sólidos, no se hubiese construido sobre ellos nada más elevado (de la Primera Parte, Revisión de la cultura adquirida en los libros

Después de tanta marginación, podría ser que la Filosofía volviera a estar de moda. Para que no nos pille desprevenidos, nada mejor que degustar algún clásico. Si entre los modernos alguno merece realmente este título, ha de ser el Discurso del método (1637) de René Descartes (1596-1650). Aunque ampliamente difundido como libro independiente, en origen fue escrito como prólogo a un conjunto de Ensayos filosóficos sobre Dióptrica, Meteoros y Geometría. Se trata pues de un texto imbricado completamente en la labor científica pura a la que se dedicaba con intensidad su autor.

El Discurso requiere una lectura sosegada y atenta. Los párrafos son largos, pero la prosa es limpia y directa, y el tono mantiene en todo momento la calidez de la confesión y el testimonio personal, con referencias autobiográficas. Téngase en cuenta que fue escrito en lo que en la época aun se consideraba lengua vulgar -en francés nativo- al contrario de usar el latín que era lo habitual entonces para los ensayos y tratados. Hay una clara intención de cercanía al lector.  Y como buen prólogo no es tampoco excesivamente extenso. En él Descartes parece buscar y moverse en un elegante equilibrio entre la crítica y la prudencia, de tal forma que su obra, aparte del valor puramente reflexivo, se podría percibir como una sugestiva propuesta de conducta vital. Persiste en una separación entre fe religiosa y trabajo científico que se corresponde enteramente con las necesidades filosóficas de su contexto social histórico:  o sea la supervivencia y conllevancia de un orden basado en el cristianismo tradicionalista con los incipientes avances de la revolución científica de la que el propio autor era protagonista, y cuyo desarrollo precisaba emanciparse del formalismo escolasticista. Desde este punto de vista esta filosofía es un claro precedente de nuestro concepto contemporáneo de laicidad que se formulará en los siglos posteriores.

Hay datos interesantes y significativos en la vida personal de Descartes que, en la vorágine ideológica de la Europa occidental de su tiempo, parecen situarle en aquella transversalidad simbolizada en un principio por Erasmo. Católico-romano confeso, se educó en una Francia con un cierto grado de libertad religiosa, en la que todavía no se había revocado el Edicto de Nantes. Más tarde encontró una residencia idónea para sus actividades intelectuales en la mayoritariamente reformada Holanda -país que elogia de forma expresa- y terminó su vida en Suecia. Aunque Descartes no fuera protestante, se antoja una trayectoria cruzada en sentido contrario con la de algunos artistas de la época como Dowland o Vermeer, conversos al catolicismo por oportunidad social o falta de sintonía con la austeridad estética propia de la confesiones reformadas.

La lectura del Discurso es un buen remedio contra el pesimismo histórico. Por un lado Descartes tenía un agudo sentido de la evolución de la ciencia, intuía las perspectivas que se abrirían en el futuro con los avances del racionalismo y la experimentación y en beneficio del bienestar de las personas ; y por otra parte, desde nuestra época podemos apreciar algunos tremendos errores -por ejemplo de anatomía- repetidos en su obra, lo que da una idea del progreso obtenido por la Humanidad en menos de cuatrocientos años. 

Pero tan pronto como adquirí algunas nociones generales de física y, comenzando a ponerlas a prueba en varias dificultades particulares, noté hasta dónde pueden conducir y cuánto difieren de los principios empleados hasta el presente, creí que no podría tenerlas ocultas sin pecar gravemente contra la ley que nos obliga a procurar el bien general de todos los hombres, en cuanto esté en nuestro poder (de la Sexta Parte, Utilidad de la ciencia, consideraciones diversas)

René Descartes en: Biblioteca UPM.

Hombres buenos. Arturo Pérez-Reverte

Hombres buenos
Arturo Pérez-Reverte
[Barcelona] : Alfaguara, 2015

En busca de la enciclopedia prohibida

Reunido en su sede de la Casa del Tesoro y obtenidos los necesarios permisos del Rey Nuestro Señor y de la Autoridad Eclesiástica, el pleno de la Real Academia Española aprueba por mayoría designar entre los señores académicos a dos hombres buenos que, provistos de los correspondientes viáticos para transporte y subsistencia, viajen a París para adquirir la obra completa conocida como ‘Encyclopédie, ou dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers’, y la traigan a la Academia para que, en su biblioteca, quede en disposición de libre consulta y lectura para los miembros de número de esta institución.

Arturo Pérez-Reverte (2016), “Hombres buenos”.

Portada del primer tomo de la primera edición de la “Encyclopédie”. Fuente: Wikimedia Commons (http://minilink.es/442y).

Portada del primer tomo de la primera edición de la “Encyclopédie”. Fuente: Wikimedia Commons (http://minilink.es/442y).

Nos hallamos en 1781, año en el que la famosa “Encyclopédie”, monumental compendio del saber ilustrado, sigue prohibida en España. Ante semejante panorama, la Real Academia de la Lengua, que considera esta obra imprescindible, decide enviar a dos de sus miembros a París para que la adquieran allí. Los elegidos serán don Pedro Zárate (alias el “Almirante”) y el bibliotecario don Hermógenes Molina (don Hermes para los amigos).

Sexagenarios ambos, los encargados de traer las luces de la razón a nuestro país no pueden ser más distintos. Así, mientras que el elegante don Pedro es un hombre adusto y escéptico, don Hermes es religioso, bonachón y desaliñado. Sin embargo, la buena educación y el respeto que se profesan mutuamente harán que, desde el primer momento, los dos caballeros convivan en harmonía.

Ignorantes de que sobre ellos planea la sombra de un peligroso complot que pretende evitar a toda costa que la “Encyclopédie” llegue a España, don Pedro y don Hermes parten hacia Francia. Su esforzada empresa les llevará a enfrentarse a saboteadores, bandoleros, funcionarios corruptos, matasanos y amantes despechados. Pero también, les deparará la oportunidad de participar en la vida social y cultural del fascinante París prerrevolucionario y, sobre todo, de conocer tanto a famosos ilustrados como a personajes interesantes, pintorescos y hasta seductores.

Complejo ejercicio metaliterario que conjuga hábilmente realidad y ficción, “Hombres buenos” tiene su origen en la investigación que Pérez-Reverte inició al descubrir que la “Encyclopédie” atesorada por la RAE llegó allí cuando todavía estaba prohibida en nuestro país. Investigación que es rigurosamente detallada por el supuesto autor del libro. Un académico de la Lengua, anónimo y bibliófilo, creador de dos personajes a los que se termina cogiendo cariño. Dos eruditos, auténticos adalides del diálogo respetuoso y de la educación y la cultura, que, tras mil peripecias, terminan unidos por una inquebrantable amistad.

Arturo Pérez-Reverte en la Biblioteca UPM

Beatriz T. Álvarez

El gran Gatsby / Francis Scott Fitzgerald

El gran Gatsby. Traducción de José Luis López Muñoz. Debolsillo, 2015-
The Great Gatsby. Penguin Classics, 2010.

– La civilización se está desmoronando – estalló Tom-. No puedo evitar ser pesimista. ¿Has leído La aparición de los imperios negros, por un tal Goddard?

– No, ¿por qué? -respondí, bastante sorprendido por su tono.

– Bueno, es un libro excelente, y debería leerlo todo el mundo. La idea es que, si no tenemos cuidado, la raza blanca se verá…, quedará completamente desbordada. Se trata de argumentos científicos; cosas que están probadas. (p. 23)

En principio una historia aparentemente trivial sobre millonarios americanos de los años 20, y además algún remoto recuerdo sobre otra obra de Fitzgerald que en su día debió dejarme bastante frío, de modo que: ¿qué hacía yo leyendo esto? Y sin embargo el libro tiene algo magnético, no se deja abandonar. Cuesta cogerle el punto a lo largo de una primera parte un tanto zigzagueante pero necesaria para crear un clima, hasta que el planteamiento se aclara y queda desplegada una estructura básica de personajes: Nick, Jordan, Tom, Daisy, Jay Gatsby.

Es un libro de redacción depurada, buenos diálogos y riqueza léxica, muy sensitivo, que apela a los sentidos, muy visual por los colores, las atmósferas, el papel de la temperatura, como resortes de las conciencias y las actitudes de los personajes. Y a la vez, respira un sentimiento de tiempo detenido, de implacabilidad, tal vez de predestinación teñida de melancolía en la que algunos críticos han querido ver una especie de elegía sobre el “sueño americano”. No alcanzo a tanto, pero confieso que en algunos aspectos me ha recordado una historia igualmente “impasible”: El extranjero, de Albert Camus. Otra comparación que me asaltó fue con La montaña mágica, de Thomas Mann: una novela larga, centroeuropea, que se desarrolla en alta montaña antes de la Gran Guerra y explota al máximo la psicología y sensibilidad de los personajes; mientras El gran Gatsby es corta, americana, ocurre tras el final de dicha Gran Guerra a orillas del mar y en un área metropolitana, y penetra en la mente de los protagonistas pero de un modo más bien contenido, distante.

Hasta cierto punto El gran Gatsby participa a la vez del carácter de clásico contemplado como modelo literario, y de novela popular de amplia difusión y abundantes reediciones, impulsadas sin duda por efecto de sus adaptaciones cinematográficas. Hay mucha polémica sobre estas películas. Probablemente la que más catapultó la obra en su día a escala global, fue la de 1974 dirigida por Jack Clayton. Me parece muy significativa por la época de su realización pues aquellos años 60 y primeros 70, de explosión pop, dejaban notar aún el rescoldo estético del periodo de entreguerras reflejado en la novela. La banda sonora es selecta, y Mia Farrow ha dejado una peculiar y espectacular recreación de Daisy.

No olvidemos que la obra tiene un alto valor testimonial sobre el lugar y la época, y cabe sobre ella el análisis social en perspectivas diversas: regional interna de los Estados Unidos, de clase y de género. Un último apunte sobre el título y su relativa intraducibilidad total al castellano. Great es grande, importante, pero también estupendo, magnífico en sentido cualitativo. Solo tenéis un modo de comprobarlo: leyéndolo. Así que adelante.

–          Mi prima tiene una voz indiscreta –hice notar-. Una voz llena de …- Dudé un momento.
–          Una voz llena de dinero –dijo Gatsby de repente. (p. 126)

Francis Scott Fitzgerald en: Biblioteca UPM.

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