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Nada / Carmen Laforet

Carmen Laforet: Nada 

Edición: Rosa Navarro Durán 

Austral, 2020 

Edición original: Destino, 1945. 

El mes de junio iba subiendo y el calor aumentaba. De los rincones llenos de polvo y del mugriento empapelado de las habitaciones empezó a salir un rebaño de chinches hambrientas. Empecé contra ellas una lucha feroz, que todas las mañanas agotaba mis fuerzas. Espantada veía que todos los demás habitantes de la casa no parecían advertir ninguna molestia. El primer día en que me metí a hacer limpieza en mi cuarto, a fondo, con desinfectante y agua caliente, la abuelita asomó la cabeza moviéndola con desagrado.  

  • ¡Niña! ¡Niña! ¡Que haga eso la muchacha! (cap. XVII) 

2021 es el centenario de Carmen Laforet, no podíamos pasarlo por alto. Se ha señalado que Nada ha venido eclipsando la atención prestada a sus otras obras. Así que probablemente somos muchos quienes una vez más pedimos disculpas por rendirnos al atractivo de esta narración que nos envuelve desde la primera página, en mi modesta opinión rasgo de maestría en la escritura. Los hechos se desarrollan en una Barcelona tétrica y desastrada de la primera postguerra, a cuya dolorida geografía urbana la novela rinde –a su modo sutil y discreto- un sentido homenaje.  

Ante un relato tan intenso y potente, con tanta profundidad psicológica, mirado en perspectiva se intuye que –aun contando la gran cantidad de autores muertos o exiliados a raíz de la Guerra Civil- el futuro de la narrativa española desde 1939 se jugaría contra viento y marea en el interior del país, en el cruce de la subjetividad personal con los condicionantes de la dinámica social en curso. Desde este punto de vista Nada es un hito con todo merecimiento, y la Historia se ha encargado de demostrarlo por si en el momento de su aparición cupo duda.  

Más allá de su encuadre doméstico, el argumento y estilo de Nada reflejan el espíritu de una época. Son los meses y años cruciales para el desenlace del conflicto mundial en los que -a pesar de la postración en que se vivía- parecía que podía ocurrir cualquier cosa, y también el tiempo en que ya se observaba que -aún bajo una opresiva atmósfera social y una implacable represión política- la sociedad española nunca volvería a ser la misma de antes de la experiencia republicana de los años 30. Carmen Laforet es en sí misma una joven de extraordinario talento que se asoma a una deriva existencial y a una derrota de género, que se hace efectiva incluso para aquellas mujeres cuyo sector social podría darse supuestamente por ganador. De modo que su novela, de una modernidad pasmosa, cobra sin duda un nuevo interés a la luz de los conflictos y debates sociales de nuestro siglo XXI. Quien todavía no la haya leído que se ponga a ello e irá atando cabos. Es quizás el momento de apuntar al fino criterio atribuible al colectivo de Destino cuando brujuleaba ante un movedizo escenario político-cultural en Europa: Nada se llevó la primera edición del flamante Premio Nadal de 1944 para publicarse en 1945. Poco después, en 1947, se rodó versión cinematográfica dirigida por Edgar Neville.   

Carmen Laforet en: Bibliotecas UPM.

De viaje con NST: Asturias si yo pudiera…

Hay a nuestra disposición variadas formas de viajar: en tren, en barco, en sueños… Nosotros te proponermos subir a bordo de un buen libro. O de un buen montón de libros. Hasta final de agosto, los colaboradores de NST vamos a proponer lugares que bien merecen una visita por tierra, mar, aire o letras. ¿Tenéis las maletas preparadas? ¡Buen viaje!

Hoy nos lleva a Asturias Pilar Álvarez del Valle

Asturias si yo pudiera

Si yo supiera cantarte

Asturias verde de montes

y negra de minerales

(Poesía de Pedro Garfias Zurita
Poesías de la guerra española – México 1941
/música Victor Manuel)

El occidente asturiano, Asturies, en realidad no es El Principado. Su poso no se parece al de las suaves ondulaciones pre-cántabras. El occidente Astur es brutal y amablemente agreste; territorio de osos re-arraigados y tímidos rebecos, donde se escuchan los ecos del Xanas entre rocosas nieblas.

Fuentes de Narcea
Fuentes de Narcea

Las Fuentes del Narcea, de fantasmagóricas hayas, poco se parece a la selva de Irati. Aquí los árboles se emplean a modo de sostenibles e indirectos surtidores de carbón vegetal; puede parecer absurdo que en la tierra de la minería (a cielo cerrado) se aluda al pre-decimonónico carbón de leña, pero es que éste no requiere prospección, ni pico, ni pala, y fue con seguridad anterior al carbón mineral en el continuo flujo de la evolución tecnológica humana.

Las hayas de las Fuentes están desmochadas, de modo que un solo pie surte de múltiples ramas medianas de variable grosor, que son las que alimentan las carboneras (véase Tasio); porque lo agreste rural no es patrimonio exclusivo del Occidente Astur, sino que comparte base con tierras lejanas como Euskalherria ( mi tierra de adopción).

Y si lo que nos apetece es bucear por la literatura, podemos recurrir al sempiterno Alejandro Casona oriundo de Besullo, una aldea del concejo de Cangas del Narcea, geocentro de El Occidente, limítrofe con Muniellos y con el valle de Babia; recuérdese la Real expresión “estar en Babia“.

Cangas de Narcea es también cuna del menos renombrado Pepe Avello, profesor universitario y autor de dos novelas: la primera finalista del premio Nadal en 1983, y la segunda finalista del Premio Nacional de Narrativa (Premio Villa de Madrid, Premio de la Crítica de Asturias) 18 años después; ambas recientemente re-editadas por la editorial asturiana Trea. Personalmente, tengo querencia por su ópera prima: la subversión de Beti García, porque alberga la relación del autor con este territorio borrachino y dinamitero; donde la fiesta grande es El Carmen (cuya Señora es patrona de los marineros), y no la virgen de la magdalena, su patrona nominal; y es que cuando crees entender el lugar, en realidad te engañas a tí mismo.

La segunda novela de Pepe Avello, los jugadores de Billar, dicen que es mucho más madura, aunque al transcurrir mayoritariamente en Oviedo me resulta ajena al terruño de mis ancestros.

Finalmente, no puedo evitar recomendar la visita al negrísimo Sil minero (ya no tanto). Allí sanó un aún adolescente Ángel González, desahuciado con apenas 20 años (véase nuestra reseña anterior).

Feliz inmersión en estas 20.000 leguas de El Occidente Astur.

La conciencia de Zeno / Italo Svevo

Italo Svevo: La conciencia de Zeno. 

Traducción de Carlos Manzano (ediciones: Cátedra, Debolsillo, Gadir, Lumen). 

Título original: La coscienza di Zeno

La enfermedad es una convicción y yo nací con ella. De la de mis veinte años no recordaría gran cosa, si no la hubiera descrito entonces a un médico. Es curioso cómo se recuerdan mejor las palabras dichas que los sentimientos que no llegan a agitar el aire. (El tabaco

Con la lectura de La conciencia de Zeno nos adentramos en una carta de presentación literaria del psicoanálisis. Y no ya porque uno de sus capítulos lleve por título este término: los asuntos de las relaciones entre sexos y paternofiliales están en un primer plano desde el mismo inicio de la narración. Y si la evocación del psicoanálisis nos traslada al mundo de Freud y compañía, hemos de tener en cuenta que la novela goza y comparte las circunstancias de la ciudad mestiza en la que su trama se desarrolla, la adriática Trieste: conexión con la Mitteleuropa austriaca, pero voz italiana y en consecuencia prontamente trasladable al público lector de otras lenguas románicas. Así se comprende el efecto de este clásico moderno en la divulgación de la temática psicoanalítica. 

Italo Svevo (1861-1928) construye un relato en el que el papel de impulsos ¿irracionales?, estímulos aleatorios, el azar, las zonas de penumbra y circuitos insospechados del inconsciente son determinantes en el destino de los protagonistas, y de manera apabullante en el del propio Zeno. Se diría que mucho antes del famoso golpe de calor de L’étranger de Albert Camus, Zeno ya se plantea como ejemplo de la hipótesis de la existencia como barco a la deriva. Por el lado social, la novela de Svevo se puede ver también como otro retrato descarnado más de la mentalidad burguesa: de acuerdo, pero en cualquier caso con el grado de penetración peculiar que le otorga su genialidad. Aunque el argumento pudiera resultar lejano – la vida prosaica de un capitalista triestino de hace más de cien años-, el libro nos destila enseñanzas preciosas para el mundo de hoy día, dibujando con nitidez cierto perfil de individualismo tan extendido en nuestra sociedad, a caballo de la quiebra de los vínculos comunitarios no virtuales.  

Por otra parte introspección no significa en modo alguno monotonía en este caso: las andanzas de Zeno Cosini encadenan giros y jugosas peripecias dentro de su rutina. Via Belvedere, Corsia Stadion, Tergesteo, el Jardín Público, las propias aguas adriáticas… Como en el Dublín de su amigo James Joyce, la narrativa de Svevo se apoya en la geografía urbana triestina e invita al turismo literario por esta singular ciudad. Y un aspecto nada desdeñable de la novela son también sus resortes e ingredientes musicales: la relevancia social del canto y del toque de instrumentos en un contexto anterior a la generalización de la música grabada, así como las alusiones a piezas y compositores concretos; todo lo cual eleva las posibilidades dramáticas del texto. Concluyendo, un libro profundo y terrible, de tono profético como un oráculo, que a buen seguro agradará mucho a degustadores de la belle époque, el tiempo clásico del imperialismo contemporáneo: pienso por ejemplo en los lectores aficionados a Thomas Mann.  

Era una noche muy estrellada y sin luna, una de esas noches en que se ve a mucha distancia y que, por esa razón, calma y aquieta. Miré las estrellas que podrían llevar aún la señal de la mirada de adiós de mi padre moribundo. Pasaría la época horrible en que mis hijos ensuciaban y chillaban. Después serían semejantes a mí; yo los amaría según mi deber y sin esfuerzo. En la hermosa y vasta noche me serené del todo y sin necesidad de concebir propósitos. (Historia de una asociación comercial)   

Italo Svevo en: Biblioteca UPM.

La estampida, Zane Grey

Zane Grey. La estampida

Editorial Juventud.

Duros, indomables y resistentes, aquellos primeros hombres blancos que penetraron en las grandes llanuras, desérticas del Sur y del Oeste, registraron en la historia una parte de sus maravillosas aventuras, sus terribles experiencias y las extrañas cosas que vieron.

Recorrieron muchos centenares de leguas, según dice su historiador Castañeda, a través de enormes llanuras de arena, desnudas, tan desprovistas de árboles y piedras, que se veían obligados a amontonar el estiércol, a fin de reconocer, al regreso, el camino que siguieron a la ida.

Aquellos primeros hombres blancos que recorrieron esas inhóspitas tierras en busca de aventuras y fortuna fueron exploradores españoles. Al igual que otros aventureros que recorrieron las tierras más al sur de río Grande y que también mencionamos en Nosolotécnica, las penalidades a las que se enfrentaron les llevo prácticamente a la muerte y  el descubrimiento de un animal desconocido para ellos, el bisonte, lo que los salvó.

En todo su camino, a través de aquellas grandes llanuras de hierba y arena, los españoles encontraron rebaños de bueyes jorobados, en tanto número como las ovejas de España…Los fatigados y extraviados viajeros estaban casi muertos de hambre y, gracias a los búfalos, encontraron la comida que tanto necesitaban.

Muchos años más tarde, la llamada a la región inexplorada, la llamada a la frontera sigue intacta. Tomas Doan, nuestro protagonista, la ha recibido y no puede resistirse.

Qué sentirían aquellos hombres y mujeres cuando se adentraron en esos territorios desconocidos, cuando vieran por primera vez aquellos inmensos rebaños de bisontes, la naturaleza más salvaje y virginal.

Cómo sería ese primer contacto con los nativos, qué impresión recibirían al verlos por primera vez

Qué tenía el Oeste para atraer a tantos exploradores y aventureros. Qué fuerza mágica hace que una persona se adentre en un terreno desconocido, en una inmensidad plagada de peligros y de incertidumbres. Quizás conseguir una fortuna, dejar atrás un pasado, sentir que uno es dueño de su propio destino, de su libertad, de ser en definitiva un hombre libre.

En un tiempo actual en el que no podríamos tener esa sensación primigenia, disfrutar con la narración de las aventuras de aquellos hombres en el antiguo Texas siempre será un buen antídoto contra esta realidad presente no tan fascinante y no tan libre.

Zane Gray nació en Ohio en 1872 y murió en California en 1939.

Grey en la Biblioteca Universitaria UPM

En el café de la juventud perdida / Patrick Modiano

Patrick Modiano:

En el café de la juventud perdida (traducción de María Teresa Gallego Urrutia).

Anagrama, 2008-

Versión original en francés:

Dans le café de la jeunesse perdue. Gallimard (Folio), 2009-

Me saqué del bolsillo el sobre y estuve mirando mucho rato las dos fotos de carnet. ¿Dónde estaría ahora? ¿En un café, como yo, sentada sola a una mesa? Seguramente se me ocurría eso por la frase que había dicho él hacía un rato. “Uno intenta crear vínculos…” Encuentros en la calle, en una estación de metro en hora punta. En momentos de esos habría que sujetarse mutuamente con unas esposas. ¿Qué vínculo podría resistir a esa oleada que nos arrastra y nos lleva a la deriva? (p. 48)

¿Quién es capaz de resistirse a un título de resonancia tan panorámica y evocación tan proustiana? Una novela más bien corta sin embargo, para cuya fabricación se requieren la mirada curiosa, la ilusión y la audacia de un niño, y la perspectiva de un veterano.

Me ha parecido que la escritura de Modiano hereda algo de la morosidad y economía de medios expresivos de Queneau, con el que comparte también una especie de pequeña épica urbana: un París en el que se cruzan intelectualidad y snobismo, casticismo y cosmopolitismo de aluvión. Los protagonistas son esbozados con rapidez pero en seguida se nos vuelven familiares, operativos y tan cargados de significación como las escuetas figurillas del historietista Jean-Jacques Sempé, gran amigo de Patrick. Seres que deambulan entre la deriva y el encanto, entre el tedio y la oculta magia posible tras la rutina cotidiana.

Más allá de los clichés sobre la flânerie, el tratamiento del espacio urbano por Modiano me remitió asimismo a la Poética del espacio de Gaston Bachelard y a Los no-lugares de Marc Augé. Ignoro si estos autores han podido influirle consciente y directamente, pero en este Café de la juventud perdida él parece ingeniárselas para convertir esos no-lugares públicos de tránsito en verdaderos espacios configurados por el sentido que los personajes -desarraigados de sus propios domicilios privados y tal que pequeños dioses- les otorgan. La propia ciudad se convierte en un seno u hogar materno al que huir hacia afuera, frente a la desolación interior. Desde este punto de vista, Modiano, nacido justo en el emblemático 1945, puede ser considerado como un eficaz pintor literario del París postindustrial. Porque además, no es poco lo que esos personajes dejan traslucir de la percepción y vivencia de la ciudad por el propio autor. Por otro lado la novela ha sido etiquetada en alguna ocasión como “policíaca” pero me parece más bien existencial y filosófica que otra cosa, incluso admitiendo sus ingredientes detectivescos; y en cualquier caso es bastante onírica e híbrida: con elementos tanto realistas como surrealistas.

¿Alguna conclusión a la salida del café? Acaso más que París, siempre nos quedarán la lógica y el sentimiento.

Por las noches, al salir de la librería, me sorprendía encontrarme en el bulevar de Clichy. No me apetecía mucho bajar hasta Le Canter. Los pies me llevaban hacia arriba. Ahora me agradaba subir las cuestas o las escaleras. Contaba todos los peldaños. Al llegar al número 30 sabía que estaba salvada. Mucho después, Guy de Vere me hizo leer Horizontes perdidos, la historia de unas personas que suben por las montañas del Tibet, hacia el monasterio de Shangri-La, para descubrir los secretos de la vida y de la sabiduría. Pero no merece la pena ir tan lejos. Me acuerdo de mis paseos nocturnos. Para mí, Montmartre era el Tibet (p. 83)

Richard Ford. Canadá.

Richard Ford. Canadá. Barcelona: Anagrama, 2014.

Primero contaré lo del atraco que cometieron nuestros padres. Y luego lo de los asesinatos, que vinieron después. El atraco es la parte más importante, ya que nos puso a mi hermana y a mí en las sendas que acabarían tomando nuestras vidas.

El libro comienza así y la historia nos la cuenta en primera persona Dell Parsons que, junto a su hermana melliza Berner,  ve como a sus 15 años la vida se desmorona. Ellos no tienen culpa de que sus padres robaran un banco pero es lo que ocurrió. A partir de ahí sus vidas cambian y cada uno tomará su camino.

El libro se divide en tres partes. En la primera conocemos a la familia Parsons, formada por Bev y Neeva, una pareja dispar y que probablemente nunca debió acabar en matrimonio y sus dos hijos. Estamos en 1960. No eran una familia perfecta pero se querían. Con un padre alto, guapo, encantador y muy chanchullero y una madre menuda, sensata pero cobarde. Unos hermanos muy distintos pero felices con su vida y queridos por sus padres aunque tomaran una malísima decisión, robar un banco para saldar unas deudas y cambiar así el rumbo de la vida de los cuatro, a peor.

Nuestros padres eran las personas de las que menos se podría pensar que atracarían un banco. No eran gente rara, ni evidentemente criminales. A nadie se le hubiera ocurrido pensar que estaban destinados a acabar como acabaron. Eran personas normales, aunque claro está, tal afirmación queda invalidada desde el momento mismo en que atracaron el banco.

En la segunda conocemos la vida de Dell después de la detención de sus padres y su huida a Canadá con una amiga de su madre, Mildred, que le dará un buen consejo:

Tu vida va a ser variada y emocionante antes de que te mueras. Así que procura centrarte en el presente. No te niegues a las cosas, y asegúrate de tener siempre algo que no te importe perder. Eso es importante.

Cuando llega a un pueblo perdido de la mano de Dios, Great Fall, empezará a trabajar para  Arthur Remlinger, hermano de Mildred, un americano enigmático que también acabó en Canadá huyendo de su pasado. Allí Dell sobrevive en una mísera caseta como chico para todo y acompañando a los cazadores en la época de la caza del ganso. Ahí también conocerá a Florence, se podría decir su ángel de la guarda, que le dará la oportunidad de volver a empezar.

En la tercera asistimos al reencuentro de los hermanos pasados 50 años de su separación.

Siempre he sentido que debería haber visto más a mi hermana…No sucedió así, eso es todo. Su vida resultó muy diferente a la mía.

Si hay algún sentimiento que define esta novela  es el de la pérdida de la inocencia y el de asumir la vida que te ha tocado vivir y salir victorioso.

Para mí la primera parte es la mejor. Vamos conociendo a los personajes y se va tejiendo las relaciones familiares que conducen a los Parsons hacia el desastre.

Novela dura y que te deja un regusto amargo pero que te engancha y te llega muy hondo.

Richard Ford (1944, Jackson, Mississippi) fue galardonado con el Premio Princesa de Asturias de las Letras en 2016 y  es uno de los mejores escritores norteamericanos de su generación.

Richard Ford en las bibliotecas de la UPM.

Un día en la vida de Ivan Denisovitch, Alexander Solschenizyn

Un día en la vida de Ivan Denisovitch.

Alexander Solschenizyn.

Barcelona: Luis de Caralt, 1963

Sujov se sentía satisfecho cuando todos le señalaban: “A éste le falta poco para salir”. Pero en su fuero interno no estaba muy seguro. Los que cumplían la condena durante la guerra fueron retenidos “en reserva” hasta 1946. El que estaba condenado a tres años, por ejemplo, se quedaba encerrado cinco años más. Es una ley muy elástica. Pasan los diez años, y pueden caerte otros diez, o el destierro.

Cuando uno lo piensa, se vuelve loco. Alguna vez tiene que acabar la condena, como un film… ¡Dios mío! ¿Ser dueño de sí mismo? ¿Estar en libertad?

Libertad, tan anhelada, tan lejana. Iván Denísovich la perdió cuando fue condenado durante la guerra al escaparse de los nazis tras su captura en el frente y reincorporase a las tropas soviéticas. Sospechoso de espionaje. Traición a la patria. La única manera de escapar al paredón de fusilamiento es confesar un crimen que no ha cometido. Diez años en un campo de trabajo. Diez años en el Gulag. Diez años en el que ya no eres un hombre, solo eres un número, S-854.

¿Por qué habría de partirse los lomos trabajando durante diez años un preso en un campo de concentración? No quiero y basta. Hay que estirar el trabajo durante el día, hasta que anochezca, y así al menos le pertenece a uno la noche.

Más el cálculo no sale. Para eso se inventaron las brigadas. Naturalmente, no se trata de brigadas como las de fuera del campo, en las que Iván Ivanitch recibe más paga que Piotr Petrovich. La brigada en los campos no está para que la comandancia vigile a los presos, sino para que unos presos se vigilen a otros. Entonces solo hay una solución, todos trabajan más, o todos revientan. ¿No trabajas, marrano? ¿Habré de pasar hambre por tu culpa? ¡A pencar sucio!

Miles de personas fueron encarceladas de forma injusta tras las campañas de represión y terror llevadas a cabo por los dirigentes de la Unión Soviética, fundamentalmente en los años 30 y 40.  Su destino fue el Gulag, el sistema de campos de trabajo, de castigo, de represión, contra los llamado enemigos del régimen.

La ley del más fuerte es la que rige en esos campos. Las condiciones de vida son atroces. No mereces más, no eres una persona, solo un número, un traidor. Presos políticos mezclado con presos comunes, muchos de ellos auténticos criminales. No existe humanidad, solo existe un objetivo; sobrevivir. Tu vida anterior no cuenta. Lo que aprendiste quizás ya no te sirva. Tienes que mentir, robar si es necesario. Aprender a buscar comida, a buscar un buen escondrijo, a fabricarte una cucharilla…Tienes que espabilar. No eres nada, no tienes nada, o casi nada.

Exceptuando el sueño, el ocupante de un campo de concentración vive para si exclusivamente diez minutos cada mañana con ocasión del desayuno, cinco minutos durante la comida y otros cinco durante la cena.

Alexander Solzhenitsyn nació en Kislovodsk en 1918. Murió en Moscú en 2008. Premio Nobel de literatura en 1970.

Solzhenitsyn en la Biblioteca UPM

Nuestras riquezas: una librería en Argel / Kaouther Adimi

Kaouther Adimi:

Nuestras riquezas: una librería en Argel (traducción de Manuel Arranz Lázaro).

Libros del Asteroide, 2018.

Versión original en francés:

Nos richesses. Points, 2018.

· ¿Destruir una librería, eso es un trabajo?

· Estoy en prácticas.

· ¿En prácticas? ¿Quieres ser destructor de librerías? ¿Es eso una profesión?

· No, ingeniero.

· Los ingenieros construyen, no destruyen.

· Tengo que hacer prácticas de aprendiz.

· Pero ¿tú eres ingeniero o aprendiz? (p. 56)

Como sucede con las pelis de carretera, la narrativa sobre librerías ya se ha convertido casi en un género en sí mismo. No soy asiduo de él, pero Nuestras riquezas puede considerarse un ejemplar de raigambre mediterránea que me ha encantado. Novela no muy larga, está muy bien armada y documentada, tiene un ritmo pausado pero airoso, y articula de manera inteligente personajes, lugares y momentos históricos diversos. Me ha resultado muy sugestivo el tratamiento de los protagonistas, varones de condiciones y circunstancias variopintas, por parte de una joven autora. La épica librera vuelve a presentar aquí batalla frente a los embates de la Historia a lo largo de ochenta años bastante entretenidos, por decirlo suavemente. Hay lugar también para el mundo editorial y bibliotecario, identidades cruzadas si no anudadas en torno a los libros. En fin, encontraremos tantas cosas en el centro del relato: el trabajo, los sentimientos, el talento, la pasión por la literatura, el sentido -a veces también su ausencia- de la contingencia y trascendencia humanas. Mucho por descubrir en menos de 200 páginas de escritura primorosa. Aun siendo narrativa, la obra tiene su aroma y potencial dramáticos por el peso otorgado a monólogo y diálogo, buena parte de la acción concentrada en un espacio acotado, y la intervención de la voz colectiva del pueblo a modo de coro de tragedia clásica.

Kaouther Adimi (Argel, 1986) obtuvo por Nuestras riquezas el Renaudot des lycéens de 2017, uno de los varios premios franceses que promueven la vinculación con la creación literaria entre los jóvenes desde etapas educativas previas a la experiencia universitaria. De hecho muy metaliteraria, la novela ofrece un montón de suculentas pistas de lectura, empezando por la sugerida por el propio título y que podréis descubrir a su debido tiempo; y muy en especial sobre la escuadra de grandes autores que se movieron entre Argelia y Francia en los años de mediados del siglo XX y de los cuales Albert Camus -de cuyo fallecimiento se cumplen sesenta años en 2020- fue sin duda el más célebre.

Libros, medios, fines, literatura, cultura, requiem …podrían ser palabras-clave para Nuestras riquezas. Servíos…

17 de diciembre de 1938.

Todavía hoy la mayoría de los clientes están interesados únicamente en los últimos premios literarios, He tratado de descubrirles a nuevos autores, animarlos a comprar El revés y el derecho de Camus, pero en vano. ¡Yo les hablo de literatura, ellos me hablan de autores de éxito! (p. 69)

Peces sin escondite, James Hadley Chase

Peces sin escondite

James Hadley Chase

Barcelona: Bruguera, 1985

Su trabajo consistirá en indagar acerca de los problemas; yo me ocuparé de los difamadores. Poseo una agencia de investigación de primera categoría, que colaborará con usted. No destaparemos ruindades. Quiero que se convenza de eso, no hay necesidad de sacar a la luz suciedades de la vida privada de nadie. Combatiremos a la administración, la corrupción policial y perseguiremos a quienes viven del cohecho y de la depravación. ¿Le interesa todo esto?

Steve Manson responderá sí. Es una proposición muy interesante, convertirse en jefe de redacción de una nueva publicación. En un estado en el que la corrupción y deshonestidad de sus dirigentes es total, combatirlas como periodista en una revista con máximo respaldo de su propietario es una proposición que no puede rechazar.  Además, su nuevo puesto lleva consigo una generosa remuneración con la que podrá hacer frente a los numerosos gastos que le genera su esposa Linda.

Bien, Manson, el contrato está preparado -hizo una pausa y me observó, sus ojos hundidos, inquisidores- Ahora una cosa importante: atacará la corrupción y la deshonestidad. Recuerde que se convertirá en un pez de color dentro de una pecera de cristal. Tenga cuidado, no dé oportunidad de que le ataquen. Los peces de colores no tienen escondite. Recuérdelo.

Su vida tiene que ser pura, limpia, sin ninguna sombra. Nada ni nadie puede poner en duda su labor al frente de la revista. Todos los ojos estarán puestos en él. Los enemigos aparecerán y no tendrán piedad. Henry Chandler, su jefe, se lo ha advertido. Él es el ejemplo de una vida privada irreprochable. Sí, ese es el ejemplo a seguir pero hay un pequeño problema llamado Linda.

Mister Manson, por favor, no perdamos tiempo. Su tiempo es valioso, lo mismo que el mío…no dude que la señora Manson ha incurrido en un delito.

Tomé el sobre y saqué de él una fotografía brillante, en la que aparecía Linda, con aspecto furtivo, colocando una botella de Chanel número 5 en su bolso de mano.

El chantaje aparece y cabalgando a su lado el asesinato. Steve Manson es un pez de color es una pecera de cristal. Estaba advertido. Su vida idílica se transformará totalmente. Pero con lo que no contó es con un arma muy peligrosa, la hipocresía.

James Hadley Chase nació en Londres en 1906 y falleció en Suiza en 1985.

Chase en la Biblioteca Universitaria

El halcón maltés. Dashiell Hammett

El halcón maltés.

Dashiell Hammett

Alianza Editorial.

 

-¿Qué pensarían si supieran como acudí a usted…con todas esas mentiras?

-Les haría sospechar. Por eso he estado manteniéndolos a distancia hasta verla. Pensé que quizás no tendríamos que contarles todo. Podemos inventar algún cuento que los despiste, si es necesario.

-Usted no cree que yo haya tenido nada que ver con los…, los asesinatos, ¿verdad?

Spade sonrió y dijo:

-Se me había olvidado preguntárselo: ¿Tuvo usted que ver con ellos?

-No

-Lo celebro. Y ahora, ¿qué le vamos a decir a la Policía?

Miss Wonderly,  Leblanc o  O’Shaughnessy, todos esos nombres usa, está en un aprieto.  Ella ha encargado al detective Sam Spade que encuentre a su hermana. Un caso en apariencia muy fácil que se  complica con dos asesinatos y la aparición de nuevos personajes…

-¿En qué puedo servirle, Mr Cairo?

Estoy tratando de recuperar un…ornamento que ha sido…¿digamos extraviado? Y creí y esperé que usted podría ayudarme.

Estoy dispuesto a pagar, por cuenta del legítimo propietario de la figurilla, cinco mil dólares a quien consiga recuperarla.

El verdadero motivo que mueven a nuestros protagonistas sale a la luz.  Una estatuilla con figura de halcón de tiempos del Emperador Carlos V es la razón de las intrigas, de la codicia, de las pasiones desatadas.  En realidad lo que persiguen, lo que les mueve, es un sueño. El sueño de la riqueza y de la libertad que quizás consigan con ella.

La ciudad de San Francisco es el escenario. En medio de todo ello está Sam Spade, un detective, duro, cínico, que intenta sobrevivir en ese escenario tan despiadado, en esa jungla de asfalto, manteniendo su independencia, su libertad. Y también nos encontramos nosotros, los lectores, que una vez empezamos a leer sus páginas no podemos parar. Sentimos en nuestra propia piel la atmosfera de esa ciudad, el olor del tabaco, el sabor del alcohol, que acompaña a nuestros protagonistas. La tensión, la emoción  que se apodera de todos ellos, tambien la sentimos cómodamente sentados en nuestro sofá. Es el sueño de la literatura, la magia del libro.

Un hombre gordo salió a su encuentro. Mr Gutman era de una corpulencia sebosa, con bulbos rosáceos por carrillos, labios, sotabarbas y pescuezo, con una gran barriga blanda y ovoide en vez de torso…

Comenzamos bien, señor mío- ronroneó el hombre gordo volviéndose para ofrecer un vaso. Yo desconfío de un hombre que dice “basta” cuando le están sirviendo de beber. Pues si ha de tener cuidado de no beber demasiado, eso indica que no es de fiar cuando lo hace.

El halcón maltés fue publicado por primera vez por entregas en la revista Black Mask y con posteridad de forma independiente como libro en 1930.  Aunque fue llevada por primera vez a la pantalla en 1931 con Ricardo Cortez como protagonista, fue en 1941 con John Huston en la dirección y en el guión, Humphrey Bogart como Sam Spade y una maravillosa pléyade de secundarios como Peter Lorre, Sidney Greenstreet, Mary Astor, etc acompañándolo. Cine negro en su máxima expresión.

Dashiell Hammett nació en el estado de Maryland en 1894 y murió en la ciudad de Nueva York en 1961.

Hammet en la Biblioteca Universitaria UPM.

El sueño continua…el suyo y el nuestro…

He ambicionado poseer esa fruslería durante diecisiete años, que es el tiempo que he gastado en tratar de lograrla. Si he de dedicar un año más a lo mismo, bueno, Mr Cairo, eso supondría una inversión adicional de tiempo…

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