CAMPUS SUR LEE: «Una educación» Tara Westover.
De niña esperaba desarrollar mi mente, acumular experiencias y consolidar mis decisiones para tomar forma hasta adquirir la imagen de una persona. Esa persona, o esa imagen de una persona, tenía un sentimiento de pertenencia. Yo era de la montaña, de la montaña que me había creado. Solo con el paso de los años me pregunté si acabaría como había empezado, es decir, si la primera forma que una persona toma es su única forma verdadera.
En el momento en que escribo las últimas palabras de este relato llevo años sin ver a mis padres, desde el funeral de mi abuela. Mantengo una relación estrecha con Tyler, Richard y Tony, y por ellos y otros parientes me entero del drama que se desarrolla en la montaña: de las heridas, la violencia y las lealtades volubles. Sin embargo, me llega de oídas, como un rumor distante, lo que es de agradecer. Ignoro si la separación es permanente, si algún día encontraré la manera de volver; en cualquier caso, me ha aportado tranquilidad.
Esa tranquilidad no ha sido fácil de conseguir. Pasé dos años enumerando los defectos de mi padre, actualizando la cuenta sin cesar, como si la lista de rencores, de actos reales o imaginados de crueldad, de desamparo, fuera a justificar la decisión de apartarlo de mi vida. Creía que al justificarla quedaría libre del asfixiante sentimiento de culpa y volvería a respirar.
Westover, T. Una educación, Barcelona: Lumen, 2018





