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Emena, Médico del Congo. Joaquín Sanz Gadea

Emena, Médico del Congo

Joaquín Sanz Gadea

Plaza y Janes

Tenía mucha prisa; me daba la impresión de que jamás en mi vida había sentido esta urgencia. ¿Cómo estarían mis enfermos del “Hospital General”? ¿Qué habría ocurrido con todos mis amigos de Stan, con las monjas españolas que de modo tan abnegado trabajaban con una población atrapada por guerras continuas? ¿Cuántos de mis conocidos habrían sido víctimas inocentes de aquel furor enloquecido, aquella especie de amok bajo el cual el hombre dejaba de ser hombre para convertirse en una fiera salvaje.

El 30 de junio de 1960, después de arduas negociaciones en Bruselas, la antigua colonia belga alcanzó la ansiada independencia. Había nacido la República del Congo. Un nacimiento lleno de lucha, de sufrimiento, de sangre.  Atrás quedaban años de dominio colonial belga y aunque los años habían pasado, el recuerdo de las humillaciones y crueldades sufridas permanecía latente. La riqueza está, sigue ahí, y donde hay riqueza hay codicia. El odio tribal se mantiene. El conflicto estalla irreversiblemente. El horror de Conrad se hace presente

La población tuvo que asistir, como a un espectáculo, a aquellas horribles carnicerías. Prisioneros con los pies o las piernas amputadas a hachazos, cuerpos vivientes sin manos, rostros deformados por las amputaciones, seres mutilados que eran obligados a comerse sus propios órganos sexuales en medio de la feroz algarabía de los simbas drogados…

Y en ese escenario de caos, de lucha, de muerte y supervivencia, Joaquín Sanz Gadea llega para trabajar como médico para la OMS. Su vocación por ayudar al necesitado, dar consuelo, curar al enfermo encuentra en esas tierras el lugar más adecuado para ello.  ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Por qué he venido?, ¿Qué género de vida me espera?, son las preguntas que se hace nuestro protagonista. No es el África que había imaginado cuando era pequeño. Esa tierra no existe. Ahora es una tierra dura, cruel, en la que tiene que luchar contra costumbres atávicas, luchas tribales, intereses de potencias extranjeras. Ante esas dificultades su labor humanitaria solo se puede entender desde una plena vocación de servicio hacia los demás, del máximo esfuerzo por conseguir hacer el bien. Como el de las monjas españolas dominicas que murieron asesinadas en aquellas fechas.

Sanz Gadea es testigo y protagonista de una parte de la historia del Congo, de África. Una tierra dura, cruel pero bella, siempre fascinante, siempre mágica.

Joaquín Sanz Gadea nació en Teruel el 30 de junio de 1930 y murió en Madrid en mayo de este año. Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, fue propuesto para el premio Nobel de la Paz en diversas ocasiones.

Joaquín Sanz Gadea en la Biblioteca UPM

Vida e insólitas aventuras del soldado Iván Chonkin, Vladímir Voinóvich

Vida e insólitas aventuras del soldado Iván Chonkin.

Vladímir Voinóvich

Libros del Asteroide.

 

Los primeros en llegar, como se pude imaginar, fueron los pilluelos. Tras ellos llegaron, afanadas, las mujeres, algunas con niños, otras embarazadas, y muchas de ellas a un tiempo embarazadas y con niños. Hasta se podía ver alguna con un rapaz aferrado a los bajos del vestido,  otro cogido de la mano, un tercero acunado en el brazo opuesto y un cuarto en el vientre, haciendo tiempo.

Todos ellos acudían a un campo de patatas. El motivo,  un avión, uno del Ejército Rojo que ha tenido que hacer un aterrizaje forzoso por una avería. Los habitantes de la remota aldea de Krásnoie no dan crédito y se encuentran entre sorprendidos y expectantes ante ese insólito  hecho que ha interrumpido sus sencillas vidas. Las autoridades deciden actuar y mientras esperan que el avión se pueda reparar, necesitan que alguien vigile el aparato. Quién puede ser el encargado de vigilar el avión, de realizar tan importante misión, solo uno…Iván Chonkin.

Los pensamientos de Chonkin eran de naturaleza varia. Una atenta observación de la vida y de las leyes que la gobierna le había enseñado que en verano, de ordinario, hace calor, mientras que en invierno, hace frio. “Pero – se decía – imaginemos que fuese a la inversa: que hiciera frio en verano y calor en invierno. En tal caso, el invierno se llamaría verano, y el verano,  invierno” A su cabeza acudió un segundo pensamiento todavía más interesante  y sustancial, pero en el acto mismo olvidó de que se trataba, y no consiguió recuperarlo por más esfuerzos que hizo. Y buscar ese pensamiento perdido era mortificante.

Chonkin, con raciones para una semana, pronto es olvidado por sus superiores y con el transcurso del tiempo se convertirá en un habitante más y junto con Niura, el Hombros, Gólubiev , Gladishov y otros personajes pintorescos, incluido el jabalí Borka,  protagonizarán absurdos episodios en la vida cotidiana  de esa remota y olvidada aldea de la  Rusia rural. Episodios llenos de humor, divertidisimo el episodio del sueño con el jabali Borka transmutado en  humano, y que ponen al descubierto lo absurdo de un sistema basado en el control sistemático de la vida de las personas ¿dónde se habrá visto que la gente dé en reunirse por propia iniciativa, sin control alguno por parte de las autoridades?, del temor constante a la delación, a la palabra o el comportamiento inapropiado, poco revolucionario, a la sospecha continua. De una burocracia asfixiante e irracional que todo lo impregna y entorpece el desarrollo de las cosas. Episodios  que delatan otra vida, triste y gris muy alejada de la  mostrada la propaganda oficial.

Humor, sátira, son los elementos esenciales de esta novela que fue prohibida en la Unión Soviética y que no hasta la llegada de Gorbachov se pudo editar en Rusia y que hicieron que Vladimir Voinovich terminase siendo un escritor proscrito y expulsado al final incluso de su propio país.

Vladimir Voinóvich nació en 1932 en la República Socialista Soviética de Tayikistán y murió en 2018 en Moscú.

La Tierra herida: ¿qué mundo heredarán nuestros hijos? Miguel Delibes y Miguel Delibes de Castro

La Tierra herida: ¿qué mundo heredarán nuestros hijos?
Miguel Delibes y Miguel Delibes de Castro
Barcelona: Destino, 2005

“La Tierra herida: ¿qué mundo heredarán nuestros hijos?” es una amena charla entre un padre y un hijo —Miguel Delibes, escritor que ha reflejado en sus obras su pasión por la naturaleza y su hijo Miguel Delibes de Castro, biólogo e investigador del CSIC— que aborda temas preocupantes y amenazadores para nuestro planeta. Preguntas desde la preocupación por el entorno de un profano en la materia, Miguel Delibes padre. Respuestas desde el punto de vista del investigador y científico que trabaja sobre el terreno los problemas ecológicos, Miguel Delibes hijo.  El cambio climático, el agujero de la capa de ozono, el efecto invernadero, la escasez de agua dulce, la desertificación, la contaminación química, la subida del nivel del mar, la crisis de la biodiversidad, las cumbres mundiales, un amplio espectro de grandes problemas explicados con gran claridad y sencillez.

Todo surgió, en cualquier caso, cuando se me ocurrió decirle, como de pasada: ¿Tú puedes explicarme por qué tras un verano tórrido sin precedentes en España, largo de mayo a octubre, sobreviene un verano mucho más fresco que de ordinario?

La conversación comenzó en 2004 en Sedano, pueblo burgalés donde veranean los Delibes y se fue desarrollando en varios fines de semana posteriores. En un total de 92 preguntas se diseccionan los principales problemas ambientales acotados en categorías en el margen de las páginas; fotografías y una escogida bibliografía que incluye libros y direcciones de internet completan el volumen que, como no podía ser menos, se ha imprimido con papel fabricado a partir de madera procedente de bosques y plantaciones gestionadas de forma sostenible.

En 1975 en su discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua Miguel Delibes ya manifestó su angustia por el futuro de la Tierra:

A mi juicio el primer paso para cambiar la actual tendencia del desarrollo, y de preservar la integridad del Hombre y la Naturaleza, radica en ensanchar la conciencia moral  universal… Esta conciencia que encarno preferentemente en un amplio sector de la Juventud, que ha heredado un mundo sucio en no pocos aspectos, justifica mi esperanza.

Con el recuerdo de estas palabras concluye la conversación de los Delibes como Miguel Delibes concluyó su discurso de nuevo académico allá por 1975.

 

Miguel Delibes en la Biblioteca UPM

Miguel Delibes de Castro en la Biblioteca UPM

 

Rosa Rojo Briones