Archivos del Autor: Pedro J. Pulla Ortega

Las uvas de la ira, John Steinbeck

Las uvas de la ira

John Steinbeck

La pequeña casa sin pintar estaba chafada en una esquina, y de tal modo había sido arrancada de sus cimientos, que se hundía en un ángulo, con sus ventanas cerradas apuntando al cielo, en un punto más alto que el horizonte. Habían desaparecido las cercas y el algodón crecía en el patio y contra la casa, y el algodón rodeaba el pajar. A su lado yacía la dependencia accesoria y el algodón crecía muy cerca de ella. El patio, donde los niños habían caminado con sus pies descalzos y los caballos habían resonado sus cascos, y las anchas ruedas de los vagones habían dejado su huella, estaba cultivado ahora, y allí crecía el algodón polvoriento, de un verde oscuro.

A esa casa llega Tom Joad en busca de su familia. Ha salido de la prisión de McAlester. Cumplió cuatro años por matar a un hombre en una pelea. Vuelve a su casa para empezar de nuevo pero no encuentra nada. ¿Qué ha sucedido? se pregunta Tom. Los echaron cuando el Banco decidió cultivar por su cuenta el campo con un tractor” es la respuesta que recibe. Al igual que muchos, las malas cosechas han llevado a la familia de Tom a no poder pagar sus deudas y perder sus tierras, sus casas, su vida.

A dónde ir, qué hacer. Surge la esperanza, Quizá podamos comenzar de nuevo…, en la nueva tierra de promisión, en California, donde crece la fruta. Y al igual que sus antepasados cuando emigraron desde el este hacia esas tierras vírgenes que ahora tienen que abandonar, ellos harán lo mismo llevándose lo que pueden y malvendiendo el resto.

En sus pequeñas casas los inquilinos comenzaron a recoger sus cosas y las cosas que habían heredado de sus padres y de sus abuelos. Recogieron todo lo que poseían para el viaje al Oeste. Los hombres eran implacables, porque el pasado había sufrido un terrible golpe, pero las mujeres sabían que el pasado volvería a gritarles en lo futuro.

Una de las primeras reseñas de Nosolotecnica, hace ya casi once años, se dedicó a John Steinbeck con su libro Los vagabundos de la cosecha. De aquellas crónicas para el San Francisco News extrajo material  Steinbeck para escribir Las uvas de la ira.  Escribir la historia de aquellos que en un tiempo de crisis económica, malas cosechas y clima adverso se vieron forzados a dejar aquellas tierras que habían trabajado desde hacía tiempo y luchar por salarios de hambre.

Escribir la historia de personas, hombres y mujeres, que lucharon por conservar la dignidad y no dejarse llevar por la desesperación. Por mantener una llama de esperanza. No caer en el abismo. No perder la propia estima y cruzar la línea en la que ya no eres nada, no te consideras nada, no te consideran nada.

Como “Ma” Joad, verdadera protagonista de la historia.

Su rostro, visto en conjunto, no era tierno, sino sereno, iluminado por cierta bondad consciente. Sus ojos, avellanados, parecían haber experimentado toda suerte de tragedias, y haber pasado por el dolor y el sufrimiento antes de llegar a la calma y comprensión sobrehumanas que poseían. Parecían conocer, aceptar, desear su posición, la ciudadela de la familia, la plaza fuerte que nada podría rendir…Parecía saber que si ella vacilaba, la familia sufriría un rudo golpe, y que si alguna vez se desesperaba la familia se hundiría, desapareciendo el lazo que los unía.

En 1940 John Ford llevó a la pantalla la historia de la familia Joad con Henry Fonda como Tom Joad.

Steinbeck en la Biblioteca Universitaria UPM

La mirada del adiós, Ross Macdonald

La mirada del adiós.
Ross Macdonald
Alianza Editorial

Un hombre alto, metido en los cincuenta, apareció en el vano de la puerta. De anchos hombros y elegantemente vestido, era de muy buena presencia y parecía saberlo. Su espesa cabellera blanca estaba arreglada con cuidado, con tanto cuidado como su expresión.

– ¿El señor Archer? Soy John Truttwell. – Me estrechó la mano con contenido entusiasmo y me condujo hasta su despacho.

Lew Archer es contratado por John Truttwell para investigar el robo de una caja de oro antigua en casa de los Chalmers, una familia adinerada de California. Lo que en un principio es un simple robo fácil de resolver, se va complicando con el asesinato. El hijo de los Chalmers, Nick, es el principal sospechoso, sin embargo, no todo está claro en este asunto. El pasado, la culpa permanente, las motivaciones ocultas, las conciencias atormentadas por hechos pretéritos salen a la luz. Archer tiene que encontrar la verdad. No le será fácil.

– Soy Lackland, capitán de inspectores. Me dicen que les ha hecho pasar un mal rato a mis muchachos.

– Creí que era el revés

Sus ojos examinaron mi cara

– No veo que tenga marca alguna

Tengo derecho de llamar a un abogado

– Y nosotros tenemos derecho de contar con su cooperación. Intente resistirse y verá cómo se queda sin su licencia

– Eso me recuerda que quiero que me la devuelvan.

Un clásico de la novela policiaca llega de nuevo a las páginas de NoSoloTécnica. Al igual que en ocasiones anteriores, el crimen es el hilo conductor de la narración. Sin embargo son las pasiones humanas las verdaderas razones de la historia. La ambición desmedida, la envidia, el ansia de poder, los deseos reprimidos, el pasado que sobrevuela sobre todos los protagonistas y que enturbia sus actos, los presentes y quizás los futuros.

En realidad, cuando leemos una novela policiaca, ya se encuentre ambientada en ambientes refinados o en turbios tugurios, el hecho delictivo que se cuente ya sea un robo, un secuestro o cualquier otra variante del crimen solo es la excusa para indagar en el alma humana, en la razón, en el motivo que lleva a un ser humano a cruzar la línea del bien al mal.

Y en casi todas ellas una figura, el detective, que desde su posición ajena a los acontecimientos intenta resolver los problemas que se les presentan intentando no dejarse arrastrar por ellos.

Lew Archer al igual que otros detectives clásicos como Sam Spade o Philip Marlow intentan actuar como meros observadores, duros, fríos, metódicos, como una manera de protegerse de esa crueldad moral que les rodea aunque no siempre lo consiguen. Son también humanos y se enamoran.

Tengo que resolver algunos problemas y mi ordenador es un modelo pre-binario bastante anticuado. No dice sí y no. La mayoría de las veces dice “puede ser “

– ¿Acerca de mí?

– Acerca de todo

Ross Macdonald nació en Los Gatos, California en 1915. Falleció en Santa Barbara, California en 1983-

Macdonald en la Biblioteca Universitaria UPM

Etiquetas. Viajes por el Mediterraneo, Evelyn Waugh

Etiquetas. Viaje por el Mediterraneo
Evelyn Waugh
Barcelona: Ediciones Península, 2002

Titulo este libro Etiquetas porque todos los lugares que visité durante mi viaje ya están perfectamente etiquetados. Yo no era un aventurero como los que pueden escribir libros titulados Fuera del camino trillado en Surrey o Viaje por el Hertfordshire desconocido. Supongo que no hay camino más trillado que la costa mediterránea, ni ciudades tan continua y completamente invadidas por los turistas como las que me propongo describir.

En los tiempos que vivimos llenos de confinamientos y restricciones varias, sumergirnos en un libro de viajes no parece mala idea. Si añadimos a eso que el libro es obra de Evelyn Waugh,  la combinación parece una apuesta ganadora. Etiquetas fue el primer libro de viajes que el autor inglés escribió tras realizar en 1929 un viaje por el Mediterraneo.

La verdad es que no sabía adónde iba, así que cuando alguien me lo preguntaba decía que a Rusia.

Lleno de humor y también algo de soberbia muy británica, Waugh nos relata sus aventuras que comienzan en Parises espurio por su falta de autentica nacionalidad” pasando por Monte Carlo donde embarca en un crucero que le llevará por toda la costa mediterranea visitando Nápoles, El Cairo, Malta, Palestina y otras ciudades y lugares.

Un tipo de pasajero especialmente interesante, que abunda en los cruceros, es la viuda de edad mediana con una situación económica desahogada. Ha dejado a sus hijos a buen recauda en pensionados dignos de toda confianza, sus criados son fastidiosos y se encuentra en poder de más dinero del que estaba acostumbrada a manejar.

Una pléyade de personajes y situaciones, escenas de la vida cotidiana de todos los lugares que visita son descritos por Waugh con perspicacia e inteligencia. Vivirá de primera mano una nueva forma de viajar que ya no es exclusivo de los más ricos y que en más de una ocasión arruinará la visita al lugar elegido. Una forma de viajar no muy alejada de la realidad de los viajes actuales; el turismo.

Si uno tiene poca experiencia viajera y ningún conocimiento del idioma del país, es inevitable que se objeto de numerosos engaños. Todos los rufianes de cada nación parecen concentrarse en el trafico turístico

Evelyn Waugh nació en Londres en 1903 y murió en Somerset en 1966.

Waugh en la Biblioteca Universitaria

De praderas y bosques. En busca de América. Robert Louis Stevenson

Robert Louis Stevenson

De praderas y bosques. En busca de América

Barcelona: Ediciones Peninsula, 2002

Para el que viaja en tren existe cierto regocijo producido por esa vacía inmensidad, esa limpidez del aire, el poder observar toda la bóveda celeste y la ininterrumpida y recta línea del horizonte. Empero uno no puede evitar el reflexionar sobre la fatiga que habrán sentido aquellos que cruzaron antaño esas regiones, siguiendo la lenta marcha de los bueyes, azuzando constantemente a las bestias, y sin mojones que les indicaran el camino, salvo el inalcanzable sol del atardecer por el cual se guiaban, que cada día se alejaba de ellos con la misma velocidad que el anterior.

Meses atrás traíamos a estas páginas de Nosolotecnica a R.L. Stevenson. En esta ocasión, el autor escocés viene en una doble faceta de viajero y escritor. Literatura y viajes siempre inseparables. En “A través de las praderas”, primero de los relatos, Stevenson nos cuenta el viaje que realizó por el continente americano. Al igual que otros muchos inmigrantes en busca de una tierra prometida, cruza de costa a costa, desde Nueva York hasta San Francisco, ese inmenso continente. En un viaje lleno de avatares, será testigo directo de una época, de unas gentes, de unas costumbres muy diferentes a su Escocia natal.  Paisajes inabarcables, vacíos, desolados en ocasiones, pero a la vez hermosos, atrayentes.

Y siempre el maravilloso tren como guía, como punto de unión entre todos ellos.

Ese tren era lo único viviente en toda esa tierra fatal; era el único actor, el único espectáculo digno de ser observado en medio de esa parálisis del hombre y la naturaleza.

En “La antigua capital del Pacifico”, Stevenson nos relata la vida de la que fue tiempo atrás capital de California, Monterrey, cuyo esplendor queda en el momento que Stevenson la visita, muy lejano. Qué quedo de aquel esplendor, cómo es esa tierra, cómo son sus gentes. El autor de la Isla del Tesoro da respuesta a esas preguntas.

Una característica común de todas esas regiones es la presencia predominante del océano. El sonido lejano y profundo de las olas le sigue a uno hasta en lo más recóndito de los cañones de tierra adentro; el rugido de las aguas resuena en las habitaciones vacías de las casas de Monterrey, tal como parece oírse en las conchas que adornan la mesilla de las chimeneas; vaya uno donde quiera, solo necesita detenerse y escuchar para oír la voz del Pacífico.

Robert Louis Stevenson nació en Edimburgo en 1850. Murió en Samoa en 1894

Stevenson en la Biblioteca Universitaria UPM.

La estampida, Zane Grey

Zane Grey. La estampida

Editorial Juventud.

Duros, indomables y resistentes, aquellos primeros hombres blancos que penetraron en las grandes llanuras, desérticas del Sur y del Oeste, registraron en la historia una parte de sus maravillosas aventuras, sus terribles experiencias y las extrañas cosas que vieron.

Recorrieron muchos centenares de leguas, según dice su historiador Castañeda, a través de enormes llanuras de arena, desnudas, tan desprovistas de árboles y piedras, que se veían obligados a amontonar el estiércol, a fin de reconocer, al regreso, el camino que siguieron a la ida.

Aquellos primeros hombres blancos que recorrieron esas inhóspitas tierras en busca de aventuras y fortuna fueron exploradores españoles. Al igual que otros aventureros que recorrieron las tierras más al sur de río Grande y que también mencionamos en Nosolotécnica, las penalidades a las que se enfrentaron les llevo prácticamente a la muerte y  el descubrimiento de un animal desconocido para ellos, el bisonte, lo que los salvó.

En todo su camino, a través de aquellas grandes llanuras de hierba y arena, los españoles encontraron rebaños de bueyes jorobados, en tanto número como las ovejas de España…Los fatigados y extraviados viajeros estaban casi muertos de hambre y, gracias a los búfalos, encontraron la comida que tanto necesitaban.

Muchos años más tarde, la llamada a la región inexplorada, la llamada a la frontera sigue intacta. Tomas Doan, nuestro protagonista, la ha recibido y no puede resistirse.

Qué sentirían aquellos hombres y mujeres cuando se adentraron en esos territorios desconocidos, cuando vieran por primera vez aquellos inmensos rebaños de bisontes, la naturaleza más salvaje y virginal.

Cómo sería ese primer contacto con los nativos, qué impresión recibirían al verlos por primera vez

Qué tenía el Oeste para atraer a tantos exploradores y aventureros. Qué fuerza mágica hace que una persona se adentre en un terreno desconocido, en una inmensidad plagada de peligros y de incertidumbres. Quizás conseguir una fortuna, dejar atrás un pasado, sentir que uno es dueño de su propio destino, de su libertad, de ser en definitiva un hombre libre.

En un tiempo actual en el que no podríamos tener esa sensación primigenia, disfrutar con la narración de las aventuras de aquellos hombres en el antiguo Texas siempre será un buen antídoto contra esta realidad presente no tan fascinante y no tan libre.

Zane Gray nació en Ohio en 1872 y murió en California en 1939.

Grey en la Biblioteca Universitaria UPM

 

Un día en la vida de Ivan Denisovitch, Alexander Solschenizyn

Un día en la vida de Ivan Denisovitch.

Alexander Solschenizyn.

Barcelona: Luis de Caralt, 1963

Sujov se sentía satisfecho cuando todos le señalaban: “A éste le falta poco para salir”. Pero en su fuero interno no estaba muy seguro. Los que cumplían la condena durante la guerra fueron retenidos “en reserva” hasta 1946. El que estaba condenado a tres años, por ejemplo, se quedaba encerrado cinco años más. Es una ley muy elástica. Pasan los diez años, y pueden caerte otros diez, o el destierro.

Cuando uno lo piensa, se vuelve loco. Alguna vez tiene que acabar la condena, como un film… ¡Dios mío! ¿Ser dueño de sí mismo? ¿Estar en libertad?

Libertad, tan anhelada, tan lejana. Iván Denísovich la perdió cuando fue condenado durante la guerra al escaparse de los nazis tras su captura en el frente y reincorporase a las tropas soviéticas. Sospechoso de espionaje. Traición a la patria. La única manera de escapar al paredón de fusilamiento es confesar un crimen que no ha cometido. Diez años en un campo de trabajo. Diez años en el Gulag. Diez años en el que ya no eres un hombre, solo eres un número, S-854.

¿Por qué habría de partirse los lomos trabajando durante diez años un preso en un campo de concentración? No quiero y basta. Hay que estirar el trabajo durante el día, hasta que anochezca, y así al menos le pertenece a uno la noche.

Más el cálculo no sale. Para eso se inventaron las brigadas. Naturalmente, no se trata de brigadas como las de fuera del campo, en las que Iván Ivanitch recibe más paga que Piotr Petrovich. La brigada en los campos no está para que la comandancia vigile a los presos, sino para que unos presos se vigilen a otros. Entonces solo hay una solución, todos trabajan más, o todos revientan. ¿No trabajas, marrano? ¿Habré de pasar hambre por tu culpa? ¡A pencar sucio!

Miles de personas fueron encarceladas de forma injusta tras las campañas de represión y terror llevadas a cabo por los dirigentes de la Unión Soviética, fundamentalmente en los años 30 y 40.  Su destino fue el Gulag, el sistema de campos de trabajo, de castigo, de represión, contra los llamado enemigos del régimen.

La ley del más fuerte es la que rige en esos campos. Las condiciones de vida son atroces. No mereces más, no eres una persona, solo un número, un traidor. Presos políticos mezclado con presos comunes, muchos de ellos auténticos criminales. No existe humanidad, solo existe un objetivo; sobrevivir. Tu vida anterior no cuenta. Lo que aprendiste quizás ya no te sirva. Tienes que mentir, robar si es necesario. Aprender a buscar comida, a buscar un buen escondrijo, a fabricarte una cucharilla…Tienes que espabilar. No eres nada, no tienes nada, o casi nada.

Exceptuando el sueño, el ocupante de un campo de concentración vive para si exclusivamente diez minutos cada mañana con ocasión del desayuno, cinco minutos durante la comida y otros cinco durante la cena.

Alexander Solzhenitsyn nació en Kislovodsk en 1918. Murió en Moscú en 2008. Premio Nobel de literatura en 1970.

Solzhenitsyn en la Biblioteca UPM

Peces sin escondite, James Hadley Chase

Peces sin escondite

James Hadley Chase

Barcelona: Bruguera, 1985

Su trabajo consistirá en indagar acerca de los problemas; yo me ocuparé de los difamadores. Poseo una agencia de investigación de primera categoría, que colaborará con usted. No destaparemos ruindades. Quiero que se convenza de eso, no hay necesidad de sacar a la luz suciedades de la vida privada de nadie. Combatiremos a la administración, la corrupción policial y perseguiremos a quienes viven del cohecho y de la depravación. ¿Le interesa todo esto?

Steve Manson responderá sí. Es una proposición muy interesante, convertirse en jefe de redacción de una nueva publicación. En un estado en el que la corrupción y deshonestidad de sus dirigentes es total, combatirlas como periodista en una revista con máximo respaldo de su propietario es una proposición que no puede rechazar.  Además, su nuevo puesto lleva consigo una generosa remuneración con la que podrá hacer frente a los numerosos gastos que le genera su esposa Linda.

Bien, Manson, el contrato está preparado -hizo una pausa y me observó, sus ojos hundidos, inquisidores- Ahora una cosa importante: atacará la corrupción y la deshonestidad. Recuerde que se convertirá en un pez de color dentro de una pecera de cristal. Tenga cuidado, no dé oportunidad de que le ataquen. Los peces de colores no tienen escondite. Recuérdelo.

Su vida tiene que ser pura, limpia, sin ninguna sombra. Nada ni nadie puede poner en duda su labor al frente de la revista. Todos los ojos estarán puestos en él. Los enemigos aparecerán y no tendrán piedad. Henry Chandler, su jefe, se lo ha advertido. Él es el ejemplo de una vida privada irreprochable. Sí, ese es el ejemplo a seguir pero hay un pequeño problema llamado Linda.

Mister Manson, por favor, no perdamos tiempo. Su tiempo es valioso, lo mismo que el mío…no dude que la señora Manson ha incurrido en un delito.

Tomé el sobre y saqué de él una fotografía brillante, en la que aparecía Linda, con aspecto furtivo, colocando una botella de Chanel número 5 en su bolso de mano.

El chantaje aparece y cabalgando a su lado el asesinato. Steve Manson es un pez de color es una pecera de cristal. Estaba advertido. Su vida idílica se transformará totalmente. Pero con lo que no contó es con un arma muy peligrosa, la hipocresía.

James Hadley Chase nació en Londres en 1906 y falleció en Suiza en 1985.

Chase en la Biblioteca Universitaria

Un pueblo de Oklahoma, George Milburn

Un pueblo de Oklahoma

George Milburn

Sajalin Editores. 2017

Hubo una época en que, en el pueblo, nadie solía preguntar a los forasteros por qué se habían marchado del lugar del que ve­nían ni cómo es que habían acabado en Oklahoma. Pero eso fue al principio. Al cabo de un tiempo aquello cambió y empezó a hacerse lo contrario. De los recién llegados se esperaba que reco­rriesen las calles presentándose a los vecinos. Y así, mientras unos comentaban las costumbres locales, los otros hablaban de sus lu­gares de procedencia y de lo mucho que preferían nuestro pueblo.

A más de siete mil kilómetros de distancia, en mitad de los Estados Unidos, en el estado de Oklahoma, se encuentra el pueblo de Coweta. Una pequeña población de poco más de 1000 habitantes. Gentes que habían emigrado en busca de un futuro, creyeron encontrar en aquellos lares, la tierra prometida.

En ese pueblo de Coweta nació nuestro protagonista y de el marchó con apenas diecisiete años en cuanto el tren de la oportunidad hizo escala en aquella remota localidad.

George Milburn, nuestro protagonista, recogió las historias, relatos, sucesos que conoció de primera mano o que escuchó a sus mayores.

Hace unos meses, traíamos a las páginas de NoSoloTécnica otros relatos centrados en aquella ocasión en la ciudad de Barcelona. Aunque lugares diferentes, las personas se comportan igual. Aman, sienten, luchan, tienen anhelos. George Milburn nos muestra una pléyade de personajes llenos de ignorancia, fanatismo, desprecio. Pero también en algunos casos de  ternura, alegría, humor. Seres sencillos, apegados a sus tradiciones, a su tierra,  inhospita, dura en ocasiones. La Ámerica rural. Treinta y seis relatos ásperos, escuetos, secos. Treinta y seis relatos llenos de vida que no es poco.

George Milburn nació en Coweta, Oklahoma en 1906 y murió en Nueva York en 1966.

Paseos por África. Alberto Moravia

Paseos por África. Alberto Moravia

Mondadori

De repente deja de llover, estalla un sol magnífico y abrasador; los charcos humean y se secan rápidamente, reaparecen todos los habituales personajes de las paradas de África: niños que extienden la mano para quién sabe qué; mujeres con el cesto en la cabeza y el niño de teta en brazos que sonríen quién sabe por qué, hombres que miran fijamente sin decir palabra, con quién sabe que pensamientos en mente.

Qué tiene África que tanto nos atrae, qué magia poderosa hace que muchos de aquellos que la visitan tengan deseos de volver. África trágica, cruel pero también llena de alegría y de belleza. África exuberante, apabullante en su ser,  naturaleza extrema. Paisajes fascinantes.  Llena de contrastes; riqueza y pobreza. Paraíso para algunos, infierno en la tierra para otros tanto. Lo bueno y lo malo se dan la mano.

Muchos escritores o simples viajeros sienten una atracción hacia ella. Uno de ellos fue Alberto Moravia que ya trajimos a Nosolotecnica hace poco tiempo y que ahora en Paseos por África, nos muestra sus experiencias, sus impresiones al viajar por aquellas tierras. Reflexiones de un occidental sobre una tierra de contrastes, tan diferente y tan alejada en muchas ocasiones de Europa pero a la vez cercana en otras. Una tierra rebosante de vida.

Tanzania, Ruanda, Zimbawe, Gabón, Zaire son los lugares visitados.

África presente, África eterna.

Alberto Moravia en la Biblioteca UPM.

Pero más allá de la vasta playa desierta la selva intercepta la vista con su maraña melancólica y amenazante, justo como debía aparecer en otro tiempo a los ojos de los náufragos, europeos apenas salvados de las olas y presagiando ya nuevas y tal vez insuperables dificultades. Sí, la serenidad, la calma, el estupor del paisaje, sugieren inevitablemente la idea de una falsedad insidiosa y engañosa de la naturaleza.

El halcón maltés. Dashiell Hammett

El halcón maltés.

Dashiell Hammett

Alianza Editorial.

 

-¿Qué pensarían si supieran como acudí a usted…con todas esas mentiras?

-Les haría sospechar. Por eso he estado manteniéndolos a distancia hasta verla. Pensé que quizás no tendríamos que contarles todo. Podemos inventar algún cuento que los despiste, si es necesario.

-Usted no cree que yo haya tenido nada que ver con los…, los asesinatos, ¿verdad?

Spade sonrió y dijo:

-Se me había olvidado preguntárselo: ¿Tuvo usted que ver con ellos?

-No

-Lo celebro. Y ahora, ¿qué le vamos a decir a la Policía?

Miss Wonderly,  Leblanc o  O’Shaughnessy, todos esos nombres usa, está en un aprieto.  Ella ha encargado al detective Sam Spade que encuentre a su hermana. Un caso en apariencia muy fácil que se  complica con dos asesinatos y la aparición de nuevos personajes…

-¿En qué puedo servirle, Mr Cairo?

Estoy tratando de recuperar un…ornamento que ha sido…¿digamos extraviado? Y creí y esperé que usted podría ayudarme.

Estoy dispuesto a pagar, por cuenta del legítimo propietario de la figurilla, cinco mil dólares a quien consiga recuperarla.

El verdadero motivo que mueven a nuestros protagonistas sale a la luz.  Una estatuilla con figura de halcón de tiempos del Emperador Carlos V es la razón de las intrigas, de la codicia, de las pasiones desatadas.  En realidad lo que persiguen, lo que les mueve, es un sueño. El sueño de la riqueza y de la libertad que quizás consigan con ella.

La ciudad de San Francisco es el escenario. En medio de todo ello está Sam Spade, un detective, duro, cínico, que intenta sobrevivir en ese escenario tan despiadado, en esa jungla de asfalto, manteniendo su independencia, su libertad. Y también nos encontramos nosotros, los lectores, que una vez empezamos a leer sus páginas no podemos parar. Sentimos en nuestra propia piel la atmosfera de esa ciudad, el olor del tabaco, el sabor del alcohol, que acompaña a nuestros protagonistas. La tensión, la emoción  que se apodera de todos ellos, tambien la sentimos cómodamente sentados en nuestro sofá. Es el sueño de la literatura, la magia del libro.

Un hombre gordo salió a su encuentro. Mr Gutman era de una corpulencia sebosa, con bulbos rosáceos por carrillos, labios, sotabarbas y pescuezo, con una gran barriga blanda y ovoide en vez de torso…

Comenzamos bien, señor mío- ronroneó el hombre gordo volviéndose para ofrecer un vaso. Yo desconfío de un hombre que dice “basta” cuando le están sirviendo de beber. Pues si ha de tener cuidado de no beber demasiado, eso indica que no es de fiar cuando lo hace.

El halcón maltés fue publicado por primera vez por entregas en la revista Black Mask y con posteridad de forma independiente como libro en 1930.  Aunque fue llevada por primera vez a la pantalla en 1931 con Ricardo Cortez como protagonista, fue en 1941 con John Huston en la dirección y en el guión, Humphrey Bogart como Sam Spade y una maravillosa pléyade de secundarios como Peter Lorre, Sidney Greenstreet, Mary Astor, etc acompañándolo. Cine negro en su máxima expresión.

Dashiell Hammett nació en el estado de Maryland en 1894 y murió en la ciudad de Nueva York en 1961.

Hammet en la Biblioteca Universitaria UPM.

El sueño continua…el suyo y el nuestro…

He ambicionado poseer esa fruslería durante diecisiete años, que es el tiempo que he gastado en tratar de lograrla. Si he de dedicar un año más a lo mismo, bueno, Mr Cairo, eso supondría una inversión adicional de tiempo…

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