La colonia / Audrey Magee

Audrey Magee: La colonia. Editorial Sexto Piso. Traducción de Inga Pellisa. 
Edición catalana: La colònia (trad. de Josefina Caball). Edicions del Periscopi.  
Título original: The Colony. 

Irlanda, 1979: meses de plomo del largo conflicto civil y con el Reino Unido. La violencia política sigue presente también otras partes de Europa, y un giro hacia el neoliberalismo económico y el individualismo apunta maneras en el llamado mundo occidental. 
En una remota islita en el Oeste de la República pervive un santuario de la sociedad tradicional y de la vieja lengua gaélica. Una pequeña Ítaca céltica azotada sin tregua por el océano, candidata a devenir presa fácil del pintoresquismo y la apropiación cultural. Allí confluirán un puñado de personajes -locales y forasteros-, cada cual arrastrando sus respectivas cicatrices del pasado y sus anhelos más o menos confesables. En superficie se desarrolla la competencia entre la lengua hegemónica imperial y la minorizada; y en el sustrato bullen la Historia, la política, el poder del arte y del conocimiento, las desigualdades… en definitiva las tensiones entre personas y con sus respectivas vinculaciones. 
Una escritura impecable en esta emocionante segunda novela deAudrey Magee, con un título abierto a interpretación y con bonus para personas interesadas en sociolingüística y artes plásticas. Buen punto de partida para la reflexión sobre los derechos culturales y su alcance tanto individual como colectivo. El debate, garantizado.

Zuleijá abre los ojos. Guzel Yájina

Título original: Zuleykha otkryvayet glaza (Зулейха открывает глаза), 2015
Traductor: Jorge Ferrer
Barcelona : Acantilado, 2019

El debut de la escritora rusa Yájina Guzel en 2019 supuso el descubrimiento de una novelista que aparentemente continúa con éxito la gran tradición de novelistas rusos del siglo XIX como pueden ser Turgueniev o Chejov. Pero además de eso constituye un alegato feminista en el que una mujer decide tomar las riendas de su vida tras años de sometimiento y maltrato.

La acción se desarrolla inicialmente durante los años treinta del siglo pasado en la pequeña aldea de Tartaria en la antigua Unión Soviética donde viven Zuleijá (casi una niña) que lleva años casada con un marido, Murtazá, treinta años mayor que ella , y su suegra, que la maltratan física y psicológicamente de forma continuada por no darles descendencia después de haber sufrido varios partos en los que los hijos no sobrevivieron.

Es curioso observar como el hecho de que Zuleijá haya recibido una educación determinada impide que ella sea consciente de la situación que sufre y ni siquiera se plantee otro tipo de vida.

Pero la vida de la protagonista cambia radicalmente cuando aparecen los soldados de la “Horda Roja” pretendiendo sustraerles todas sus pertenencias y alimentos. Murtazá se niega a ello pues estos soldados le consideran lo que ellos llaman un kulak (campesino rico). Decide matar a su vaca y esconder la carne el grano que guarda, antes que entregarlo. En un duro enfrentamiento con el soldado al mando Ignatov, Murtazá muere y el grupo de soldados se lleva a Zuleijá junto a todos los kulaks que van a trasladar a un campo de prisioneros.

A partir de ese momento comienza una segunda parte que narra el terrible viaje en tren hasta el destino y donde Zuleijá conoce a los que serán sus compañeros de vida durante los próximos años.

En la tercera parte la escritora nos cuenta la vida en ese lugar en el donde instalan el campamento en medio de la taiga cómo logran sobrevivir en penosas circunstancias

Ignatov será el responsable y fundan un poblado cuyo devenir iremos conociendo en el resto de la novela. Para Zuleijá el cambio parece incluso gustarle y de hecho parece mucho más feliz y libre que en su vida de casada en la aldea. Además, descubre que está embarazada y la llegada de su hijo supondrá un aliciente para seguir viviendo.

En la cuarta y última parte la vida de los refugiados cambia radicalmente con la entrada de la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial.

En definitiva, una novela, ¿por qué no?, de aventuras, pero también con un trasfondo histórico y social muy potente.

Por añadidura, los personajes están maravillosamente descritos y al parecer la escritora se inspiró en la vida de su abuela para la composición de la historia de Zuleijá.

Seguiremos la pista a esta estupenda escritora rusa.

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Guzel YájinaGuzel Yájina:

Nació en la capital de Tatarstán en 1977, de padre ingeniero y madre médica. Su idioma materno es el tártaro, pues era el que hablaban en casa; el ruso lo aprendió cuando comenzó ir a la guardería¹.​

Estudió en el Departamento de Lenguas Extranjeras de la Universidad Estatal Tártara de Humanidades y Educación. En 1999, se mudó a Moscú y en 2015 se graduó de la Escuela de Cine con un título en escritura de guiones.

Yájina trabajó en relaciones públicas y publicidad. Comenzó su carrera de escritora con publicaciones en las revistas Nevá y Oktiabr. Fragmentos de Zuleijá abre los ojos, su primera novela, aparecieron en la revista Sibírskiye Ogní (Luces siberianas).

La novela debut se basa en las experiencias de su abuela que sufrió en la década de 1930, como parte del programa de deskulakización, la deportación forzosa a Siberia de muchos tártaros. La abuela de Yájina fue desterrada a una edad temprana y pudo regresar a casa solo dieciséis años más tarde, después de la guerra. La novela describe las experiencias de Zuleijá, una mujer tártara campesina, cuyo esposo, que se había resistido a la deskulakización, fue asesinado. Junto con cientos de coterráneos fue abandonada en un lugar remoto a orillas del río Angará con pocos medios de supervivencia. Tuvo que superar las duras condiciones, construir relaciones con otros represaliados y forjar una nueva identidad y razones para vivir².​ La narración incluye un plano simbólico basado en la criatura mítica voladora Simurg, que significa «treinta pájaros» en persa y que sirve como metáfora de los treinta prisioneros que sobrevivieron el primer invierno en medio de la taiga siberiana.

Ana Domingo Preciado

MARIANA ENRÍQUEZ, O EL TERROR DE LO COTIDIANO

Mariana Enríquez en la Biblioteca UPM

La prosa de Mariana Enríquez se está ganando un puesto de honor entre los seguidores del género de terror y más allá. Comenzó a los 19 años redactando su primer trabajo, un entretenimiento, bajo el título Bajar es lo peor, considerado hoy en día una obra de culto.

Su colección de relatos Las cosas que perdimos en el fuego (2016) también fue recibida con entusiasmo y promocionada profusamente por sus lectores. A través de estas doce narraciones, la bonaerense nos enfrenta a nuestros miedos más esenciales, el mismo miedo que puede sobrecogernos cuando abrimos un periódico por su sección de sucesos. De hecho, este suele ser su punto de partida, y lo exprime hasta lograr sorprendernos, a veces por su dimensión fantástica, y casi siempre por su vertiente aterradora. En este libro encontramos historias tan espeluznantes como la de Pablito clavó un clavito –en la que un guía rememora para los turistas los crímenes más atroces que se han cometido en la ciudad de Buenos Aires-, El patio del vecino –en el que una joven, que había ejercido de asistente social, intenta salvar a una criatura que vive en la casa colindante-, y Las cosas que perdimos en el fuego, que da nombre al conjunto –en el que unas mujeres deciden autolesionarse como acción de protesta contra la ola de agresiones que estaban padeciendo por parte de sus parejas-.

Aunque traspasen los límites de los géneros literarios, las fantasías góticas de Mariana Enríquez (Buenos Aires, 1973-), enraizadas en la realidad más cotidiana, se inscriben en la denominada nueva narrativa argentina. Además de haber firmado cuatro novelas, dos colecciones de cuentos y varios ensayos, Enríquez ejerce como periodista y docente. En nuestro país, ha sido galardonada, entre otros, con los premios Herralde (2019) al mejor libro del año, el Ciutat de Barcelona (2018) y el Celsius (2019). Asimismo, fue finalista del Premio Booker Internacional en 2021.

TELA DE ARAÑA

Es más difícil respirar en el norte húmedo, ahí tan cerca de Brasil y Paraguay, con el río feroz custodiado por mosquitos y el cielo que pasa en minutos de celeste límpido a negro tormenta. La dificultad se empieza a sentir enseguida, ni bien se llega, como si un abrazo brutal encorsetara las costillas. Y todo es más lento: las bicicletas pasan muy de vez en cuando por la calle vacía a la hora de la siesta, las heladerías parecen abandonadas a pesar de los ventiladores de techo que giran para nadie, las chicharras gritan histéricas en sus escondites. Nunca vi una chicharra. Mi tía dice que son unos bichos horribles, unas moscas espectaculares de alas verdes que vibran y te miran con sus ojos lisos y negros. No me gusta el nombre chicharra: ojalá mantuvieran siempre el nombre cícadas, que se usa sólo cuando están en etapa ninfal. Si se llamaran cícadas, su ruido de verano me recordaría las flores violetas de los jacarandás en la costanera del Paraná o las mansiones de piedra blanca con sus escalinatas y sus sauces. Pero así, como chicharras, me recuerdan el calor, la carne podrida, los cortes de electricidad, a los borrachos que miran con ojos ensangrentados desde los bancos de la plaza.

Trascender / Gonzalo Sobejano

Gonzalo Sobejano: Trascender. 

Edición de Nora Glickman 

Madrid : Visor, 2020 

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De don Quijote y Sancho Panza 

solo puedo decir que son dos niños 

que, de acuerdo, se ponen a jugar, 

a redimirse, dialogando, 

de su arcana orfandad. 

… 

(Don Quijote y Sancho, 2005)  

Esta reseña será breve pero no menos sentida. Gracias a una generosa donación a la Biblioteca disponemos de este librito, especie de primoroso testamento poético de Gonzalo Sobejano (1928-2019).  

Antes de abordar el poemario, de mis tiempos de estudiante recordaba sus textos de crítica e historia de la literatura, muy en particular su edición de La Regenta, de Clarín. Luego descubro que por fecha prácticamente exacta comparte generación con mis padres, y además es originario del Sudeste peninsular. Universitario de raza, muy internacionalizado desde sus comienzos, profesor con amplia dedicación y reconocimiento en los Estados Unidos. En fin, un personaje que por fuerza me tenía que resultar sugestivo y cuya dilatada trayectoria siempre incluyó ocasión para una estupenda lírica. Estos preciosos poemas nos descubren al ser humano tras el tenaz trabajador académico. Tienen un gran componente autobiográfico, abarcando desde la remota infancia mediterránea hasta el mundo frágil y globalizado del siglo XXI. Nos hacen sentir un cierto vértigo histórico y apreciar la perspectiva de su creador, imbuido de una espiritualidad descreída -de eco unamuniano-, y de un sentido filosófico de la literatura. Y también nos dejan ver sus propias preferencias por otros autores. Para mejor contextualización recomiendo empezar la lectura por el texto de la editora Nora Glickman, aunque vaya situado al final del volumen. Pero no tardéis en escuchar directamente la voz del maestro.  

Gonzalo Sobejano en: Biblioteca UPM.

Las redes humanas / J. R. y William H. McNeill

J. R. McNeill y William H. McNeill: 

Las redes humanas : una historia global del mundo.

Crítica, 2004, 2010. 

Título original: 

The Human Web : A Bird’s Eye View of Human History.

W. W. Norton, 2004. 

Nuevo título relacionado: 

J. R. McNeill: The Webs of Humankind : a World History.

W. W. Norton, 2020.  

Durante la confección de una red mundial hubo perturbaciones y destrucciones, pero también transformaciones y creaciones. La implantación de una única red pareció acelerar la historia. Innovaciones e inventos, auges y declives, pestes y plagas se extendían por un sistema unificado y se propagaban dondequiera que las condiciones locales lo permitiesen. Las vidas humanas tomaban forma de modo creciente por mediación de acontecimientos y procesos que tenían su origen en lugares lejanos, actuaban en combinación con las realidades locales en evolución y contribuían a la aparición de fuerzas históricas que pocos contemporáneos comprendían. (p. 199, ed. 2004) 

¿Quién dijo que la Historia acabaría pronto..? En fin, a 500 años del impulso globalizador de la primera circunnavegación de nuestro planeta, la secuencia no parece detenerse sino todo lo contrario: acelerarse y complicarse más y más. Así que ninguna ocasión mejor para acercarse a una visión de síntesis que nos ayude a encajar y comprender el torbellino del que formamos parte.    

Dos características definen en principio este libro. Una se deriva directamente de su título: la intención de vincular la percepción de la evolución de la Historia humana con el prisma de nuestro presente informacional, de manera que los lectores actuales aprovechen sus parámetros vitales como instrumento de interpretación y se den cuenta de que las estructuras en red nacen con la comunicación humana elemental, y no son rasgo exclusivo de la tecnología hipermoderna. La otra característica es la voluntad deliberada de condensación llevada hasta el límite, de manera que es probable que muchos lectores imbuidos de estrechas perspectivas locales y nacionales –cuando no nacionalistas- y de una historiografía tradicional centrada en el menudeo político, se extrañen por la falta de atención a determinados acontecimientos tenidos por cruciales. Por ponerme como ejemplo, me ha chocado que se omita la restauración carolingia del Imperio de Occidente en comparación con la atención prestada a las sucesivas dinastías chinas (en consecuencia, ni rastro de cita a mi querido Henri Pirenne). 

En cambio los factores ecológicos están constantemente presentes: animales domésticos y vegetales en un primer plano; etnocentrismo y antropocentrismo son evitados y nuestra especie es observada como elemento activo inserto en la biosfera; las conclusiones finales adquieren acentos casi cosmológicos. Todo esto conlleva que contemplemos fenómenos relativamente cercanos a nuestro tiempo como la ambivalente Ilustración, las revoluciones liberales, la industrialización o incluso el surgimiento y devenir del socialismo, desde una perspectiva nueva y esclarecedora. Los McNeill –padre e hijo- parecen enmarcarse en una brillante cohorte de historiadores norteamericanos como Alfred W. Crosby o Arno J. Mayer, autores de obras polémicas y provocadoras pero altamente estimulantes. Como ellos, indagan en el tiempo largo y las corrientes profundas, con perspicaz enfoque tecnológico y militar, y practican una narrativa ágil y dinámica que nos invita a avanzar sin cesar en la lectura para enterarnos de lo que viene después.   

Por señalar algún aspecto mejorable, observamos algún uso anacrónico de topónimos como Suecia, Bolivia, etc. para referirse a los territorios antiguos en los que esos futuros estados aún no habían aparecido. Pero estamos ante una obra valiosísima para todo el mundo, y que agradará y aprovechará en especial a personas relacionadas o interesadas en las comunicaciones y los transportes. El libro ofrece además un estupendo apéndice bibliográfico, comentado y ordenado para ampliar conocimientos sobre cada capítulo. Lamentamos el fallecimiento de William H. McNeill en 2016. En 2020 apareció como nuevo título -por el momento sin traducción castellana- The Webs of Humankind: a World History, de J. R. McNeill en solitario. 

Las redes humanas en: Biblioteca UPM.

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