Archivos del Autor: José Alejandro Martínez

Los surcos del azar. Paco Roca

Paco Roca: Los surcos del azar.
Ed. ampliada. Bilbao: Astiberri, 2019.

– Hay una película que me gusta mucho, “Los violentos de Kelly”. Pensaba hacer algo así, pero con los republicanos españoles. ¿Conoce la película?

– No soporto las películas americanas de guerra. Parece que ellos solos la ganaran. ¡Eso es mentira! (p. 118)

Es muy probable que mi primer contacto visual y mental con La Nueve se remonte a algunos fotogramas de ¿Arde París? (René Clément, 1966), una adaptación cinematográfica de la novela homónima de Larry Collins y Dominique Lapierre, que debió estrenarse en España a finales del franquismo o como muy tarde principios de la Transición, y en cualquier caso cuando la oleada de cine bélico aliadófilo era ya imparable frente a la menguante retórica falangista sobre la Segunda Guerra Mundial. Siquiera unas pocas imágenes de blindados con nombres españoles enseñoreándose de los grandes escenarios urbanos de París y a la zaga de unas fuerzas nazis puestas en fuga, no pueden dejar indiferente a nadie con un mínimo sentido de la Historia. Aquello no podía ser un acontecimiento cualquiera de modo que ¿cómo no estaba más presente en el imaginario público español de mediados de siglo?

Buena pregunta para seguir alimentando el eterno debate sobre qué prevalece como causa de la Historia: si los condicionamientos previos o el peso de la suerte. Entra en escena don Antonio Machado, causante parcial de un cómic del siglo XXI, con sus Proverbios y Cantares (Campos de Castilla, 1912):

¿Para qué llamar caminos

a los surcos del azar?…

todo el que camina anda,

como Jesús, sobre el mar.

Los surcos de 2013 –fecha de su primera edición- arrancan con un personaje aún joven en búsqueda de una realidad velada –públicamente ninguneada-, pero atesorada por un anciano. Un esquema habitual para la Historia oral contemporánea, y que no es nuevo en ficción: recordemos Soldados de Salamina, de Javier Cercas llevada al cine por David Trueba y tan emparentada con Los surcos. No importa, cada uno aporta lo suyo para un asunto inagotable al que la evolución social, cultural y política española de los últimos ochenta años no ha dejado muchas otras vías de abordaje -investigación académica aparte- que la memoria de individuos anónimos y dispersos.

Sin embargo, no se encontrará en Los surcos una épica facilona y complaciente. Uno de sus grandes logros es mostrar a todas luces la complejidad política interna del conflicto mundial -muy evidente en el caso francés- más allá de los clichés sobre potencias de ideología homogénea, popularizados por la propaganda y buena parte del cine postbélico. A pequeña escala, los personajes se ven zarandeados por las circunstancias, separaciones, casualidades, convivencias sobrevenidas y desgarros interiores, en un contexto de violencia descomunal. De hecho los alineamientos iniciales de los protagonistas, fraguados en la pasada contienda española y cada uno con sus peculiaridades, van matizándose a medida que avanza su experiencia en el nuevo conflicto y bajo el peso aplastante de la incertidumbre sobre su futuro.

El libro desborda intensidad, con un guion depurado, muy buena documentación y escenografía seductora viñeta a viñeta. En su desarrollo se cruzan tres elementos frecuentes en la trayectoria de Paco Roca: la vejez; el interés por la Historia contemporánea y su incidencia efectiva en la vida de la gente corriente; y su propia presencia como personaje un tanto antiheroico. Una sutil pero terminante dimensión ética recorre el relato: conciencia, reflexión y expiación personal y colectiva, de y por los personajes de aquel entonces y quienes contemplamos desde nuestro presente unos hechos tan terribles como trascendentes. 

Hergé / Pierre Assouline

Pierre Assouline: Hergé

Traducción de Juan Carlos Durán Romero. Destino, 1997.
Versión original en francés: Folio, 1998-

Hergé y Tintín tienen bastantes puntos en común, comenzando por el principal: son el producto típico de la clase media. Pero lo que les separa es igualmente importante, ya que el reportero se mete siempre donde no le llaman. Tiene el carácter, el temperamento y los instintos de Hergé, pero no sus ideas. Además, existe un perro mientras que a Hergé sólo le gusta la compañía de los gatos. (p. 39)

En los años 30 y 40 del siglo XX estuvo muy de moda en el mundo de la prensa y la ilustración fabricarse heterónimos y pseudónimos jugando con las iniciales propias. De todos los casos, probablemente ninguno ha alcanzado tanta fama como R G: en francés Hergé, por Georges Remi. Y con sobrada razón.

El historietista, criado en un ambiente confesional tradicional, no escapó a los infortunios de la virtud de amplios sectores del conservadurismo católico europeo del primer tercio de siglo, a su recelo de la democracia y del socialismo, y a su connivencia cuando no franco apoyo a los fascismos. Antes bien, dichas circunstancias -en concreto el objetivo de sus patronos clericales de competir eficazmente en el terreno de la prensa ilustrada- favorecieron de forma decisiva el despliegue de su genio singular. Efectivamente, un aspecto muy a valorar en este libro es su perspectiva de historia de la comunicación. De comunicación y de poder, que diría Castells. Hergé se inició como artista orgánico desde las páginas infantiles de Le Vingtième Siècle de Bruselas, un entorno que por analogía nos remite a la prensa católica española de la misma época. Compleja personalidad este Georges Remi, con sus camaleónicas relaciones políticas y metapolíticas, sus problemas psicológicos y sentimentales, el peso de su formación moral y religiosa; sin duda un tipo socialmente hábil pero nada fácil, en larga búsqueda de su propia emancipación personal.
Asímismo esta monumental biografía revela el alcance de su autor Pierre Assouline (Casablanca, 1953), su capacidad de articulación y relación de hechos, ideas, personas y técnicas en el mundo de la creación cultural. Biógrafo especializado en grandes personajes del mundo francófono, se muestra aquí de nuevo como un apreciable historiador de la cultura contemporánea.
Aunque el libro tiene una estructura secuencial y cronológica, va mucho más allá de una biografía descriptiva y plana: en realidad se podría calificar de ensayo de interpretación de una personalidad en toda su perspectiva cultural y creativa. Ello es particularmente visible en ocasión de determinados giros vitales, por ejemplo en la “conversión china” de Hergé a partir de su amistad con Zhang Chongren, tan elocuente de cómo la sensibilidad y la curiosidad intelectual son capaces de franquear las barreras y condicionamientos sociales entre las personas. Y toda esta indagación en un individuo se produce sin menoscabo de la recreación del espíritu general de época que lo envuelve.

Obviamente esta obra interesará al público tintinólogo pues brinda una contextualización idónea de los contenidos de la serie en el mundo real. Un estupendo libro de Historia contemporánea que explica el proceso por el cual, sobre la base de un material primigenio que se remonta al período de entreguerras, Hergé llegó a configurar su fastuosa colección de álbumes coloreados tal y como los conocimos, al menos en castellano, a partir de los años 60; y también cómo su acabado perfeccionista fue posible gracias al concurso de colaboraciones clave como las de sus sucesivas parejas Germaine Kieckens y Fanny Vlaminck, de Edgar Jacobs, Jacques Martin y Bob De Moor entre otros muchos. Como lector de Tintín desde niño, he visto corroboradas muchas de mis impresiones e intuiciones de la serie, cuyos elementos cobran nueva luz de la mano de Assouline. Por otra parte, para quien quiera aún más, el libro aporta fuentes y bibliografía, a la que habría que sumar trabajos posteriores en español como los de Fernando Castillo y del geógrafo Eduardo Martínez de Pisón.

No hay salvajes. Tintín, la bondad misma, llevada hasta la incandescencia de la más pura de las luces, ha realizado todo este viaje para comprender que el problema está en el hombre, sea de donde sea. Tchang le habrá hecho tomar conciencia de esta región oscura del alma donde, decía Malraux, el mal absoluto se opone a la fraternidad. El que califica de abominable al hombre de las nieves que vuelve a la soledad de sus montañas. (p. 295)

Hergé en: Biblioteca UPM.

El concepto del honor en la sociedad mediterránea / J. G. Peristiany [ed.]

J. G. Peristiany [ed.]:

El concepto del honor en la sociedad mediterránea. Labor, 1968 (trad. de J. M. García de la Mora).

Honour and Shame : the Values of Mediterranean Society. Weidenfeld and Nicolson, 1965.

Como todo depende de la conservación del honor, se cree que las desventuras de una familia que pierde la gracia por la pobreza o el deshonor, convalidan de algún modo la categoría e integridad de las otras. De tal modo, dentro de límites convencionalmente definidos, es casi una virtud denigrar y burlar a no parientes, mientras que la misma conducta en relación con parientes sería pecaminosa y vergonzosa. Los valores del honor y el prestigio son excluyentes y particularistas. 

(p. 136. J. K. Campbell: El honor y el diablo)

Hay casos de libros que uno desearía ver reeditados con mejoras, y hay otros de los que ni siquiera se explica cómo no lo han sido ya muchas veces, simplemente como están y por sus propios méritos originales. Este es uno de ellos: el hecho de reunir en sus páginas a ilustres investigadores sociales como Bourdieu, Caro Baroja o Pitt-Rivers ya es un acontecimiento. Estos grandes autores y otros más pusieron en común en este volumen sus aportaciones sobre el honor y la vergüenza en diversas comunidades mediterráneas, sobre la base de estudios realizados en los años 50 y primeros de los 60 en España, Grecia, Chipre, la Cabilia argelina y Egipto. La edición corrió a cargo de John G. Peristiany bajo los auspicios del Centro de Ciencias Sociales de Atenas. La época de la publicación era especialmente significativa para esta zona del mundo por cuanto al menos su parte europea se incorporaría ya plenamente al modo de vida industrial a través del desarrollismo in situ o del éxodo rural masivo.

No sabemos por qué el término vergüenza (=shame) no se tradujo al título de la publicación española: ¿acaso censura o autocensura? Pero tengamos en cuenta el concepto pues va inseparablemente unido al de honor. Todos los capítulos son jugosos: Julian Pitt-Rivers se ocupa de la Andalucía serrana que tan profundamente conoció; Caro Baroja apunta a las transformaciones sociales latentes en la literatura del Siglo de Oro; en particular me ha gustado mucho el capítulo consagrado por John K. Campbell a los sarakatsani, pastores montañeses del Epiro… Pero todos -insisto- contribuyen a la grandeza del libro. Además, entre líneas este aporta observaciones histórico-políticas concretas que refuerzan la visión panorámica más allá de las comunidades protagonistas estrictas: por ejemplo cuando Pitt-Rivers alude al Fuero de los Españoles -ley antidemocrática con la que el franquismo pretendía dotarse de apariencia constitucional-, o la percepción del poder político extranjero -otomano, británico en Chipre- en el mundo griego.

En cualquier caso estamos ante asuntos en absoluto trasnochados. Sin ir más lejos véase la lógica del feminicidio en Cabilia analizada por Bourdieu. Clara conexión del honor con el patriarcalismo y la limpieza de sangre (v. obras de Lerner y Stallaert ya reseñadas en Nosolotécnica). De hecho el surgimiento de los nacionalismos contemporáneos podría considerarse un proceso de vulgarización y democratización del concepto tradicional -familiar, clánico, tribal- del honor para uso de sociedades de masas anónimas, así como que dicho proceso refuerza el poder del Estado y que curiosamente se intensificó a medida que las grandes monarquías lograban poner a raya la antigua barbarie feudal de los linajes. El patriotismo estatista se arrogará de la violencia institucional como último e inapelable atributo. No cabe duda de que la “naturalidad” de los mecanismos de compensación del honor como la venganza y las guerras familiares relativamente controladas en las sociedades tradicionales a menudo incidió en el desarrollo de la violencia sociopolítica en el nuevo mundo urbano contemporáneo, como se ve por ejemplo en las guerras civiles. En nuestros dias clientelismo social y fundamentalismo ideológico aun tocan a un intrincado concepto de honor, inmune cuando no reforzado por la postmodernidad desbocada.

Sirva esta reseña para advertir del monumental catálogo de la desaparecida Editorial Labor en el que aún se encuentran títulos de gran vigencia, y que alimentó a tantos lectores en particular interesados en las ciencias humanas.

Tal vez haya que concluir que el lugar eminente conferido al sentimiento del honor es una característica de las sociedades primarias, en las que la relación con el prójimo, por su intensidad, intimidad y continuidad, predomina sobre la relación consigo mismo, en las que el individuo aprende su propia verdad por mediación de los demás, y el ser y la verdad de la persona se identifican con el ser y la verdad que los demás le reconocen.

(p. 191-192. P. Bourdieu: El sentimiento del honor en la sociedad de Cabilia)

El gran Gatsby / Francis Scott Fitzgerald

El gran Gatsby. Traducción de José Luis López Muñoz. Debolsillo, 2015-
The Great Gatsby. Penguin Classics, 2010.

– La civilización se está desmoronando – estalló Tom-. No puedo evitar ser pesimista. ¿Has leído La aparición de los imperios negros, por un tal Goddard?

– No, ¿por qué? -respondí, bastante sorprendido por su tono.

– Bueno, es un libro excelente, y debería leerlo todo el mundo. La idea es que, si no tenemos cuidado, la raza blanca se verá…, quedará completamente desbordada. Se trata de argumentos científicos; cosas que están probadas. (p. 23)

En principio una historia aparentemente trivial sobre millonarios americanos de los años 20, y además algún remoto recuerdo sobre otra obra de Fitzgerald que en su día debió dejarme bastante frío, de modo que: ¿qué hacía yo leyendo esto? Y sin embargo el libro tiene algo magnético, no se deja abandonar. Cuesta cogerle el punto a lo largo de una primera parte un tanto zigzagueante pero necesaria para crear un clima, hasta que el planteamiento se aclara y queda desplegada una estructura básica de personajes: Nick, Jordan, Tom, Daisy, Jay Gatsby.

Es un libro de redacción depurada, buenos diálogos y riqueza léxica, muy sensitivo, que apela a los sentidos, muy visual por los colores, las atmósferas, el papel de la temperatura, como resortes de las conciencias y las actitudes de los personajes. Y a la vez, respira un sentimiento de tiempo detenido, de implacabilidad, tal vez de predestinación teñida de melancolía en la que algunos críticos han querido ver una especie de elegía sobre el “sueño americano”. No alcanzo a tanto, pero confieso que en algunos aspectos me ha recordado una historia igualmente “impasible”: El extranjero, de Albert Camus. Otra comparación que me asaltó fue con La montaña mágica, de Thomas Mann: una novela larga, centroeuropea, que se desarrolla en alta montaña antes de la Gran Guerra y explota al máximo la psicología y sensibilidad de los personajes; mientras El gran Gatsby es corta, americana, ocurre tras el final de dicha Gran Guerra a orillas del mar y en un área metropolitana, y penetra en la mente de los protagonistas pero de un modo más bien contenido, distante.

Hasta cierto punto El gran Gatsby participa a la vez del carácter de clásico contemplado como modelo literario, y de novela popular de amplia difusión y abundantes reediciones, impulsadas sin duda por efecto de sus adaptaciones cinematográficas. Hay mucha polémica sobre estas películas. Probablemente la que más catapultó la obra en su día a escala global, fue la de 1974 dirigida por Jack Clayton. Me parece muy significativa por la época de su realización pues aquellos años 60 y primeros 70, de explosión pop, dejaban notar aún el rescoldo estético del periodo de entreguerras reflejado en la novela. La banda sonora es selecta, y Mia Farrow ha dejado una peculiar y espectacular recreación de Daisy.

No olvidemos que la obra tiene un alto valor testimonial sobre el lugar y la época, y cabe sobre ella el análisis social en perspectivas diversas: regional interna de los Estados Unidos, de clase y de género. Un último apunte sobre el título y su relativa intraducibilidad total al castellano. Great es grande, importante, pero también estupendo, magnífico en sentido cualitativo. Solo tenéis un modo de comprobarlo: leyéndolo. Así que adelante.

–          Mi prima tiene una voz indiscreta –hice notar-. Una voz llena de …- Dudé un momento.
–          Una voz llena de dinero –dijo Gatsby de repente. (p. 126)

Francis Scott Fitzgerald en: Biblioteca UPM.

En busca de Arthur Rimbaud (1854-1891)

Publicación recomendada:

Arthur Rimbaud: Obra completa bilingüe (ed. Mauro Armiño). Atalanta, 2016.

Cuánto no se habrá escrito sobre él, el poeta del espanto y la melancolía. Hasta Paul Claudel -arrimando el ascua a su sardina- quiso ver en su obra y vida un anhelo de Absoluto en clave teísta. Sin llegar a esas honduras, buscamos a Arthur Rimbaud en algunas ciudades por las que pasó el poeta maldito. Partimos a la zaga de quien probablemente se buscó a sí mismo, o también -venido de una familia desestructurada- buscó al padre o a una figura paterna. Dinámica huída/retraimiento -¿contradicción solo aparente?- o terruño/exotismo. Ansia de vuelo, de alturas, de océanos, desde entornos sofocantes y épocas turbulentas.

Charleville-Mezières

Hoy situada en la nueva macro-región francesa de Grand-Est. Charleville, burguesa y rural, con resonancias militares y fronterizas, aún no se había fusionado con la vecina Mezières en tiempos de Arthur. Su ciudad natal aparece en poemas juveniles con algún rasgo costumbrista. Hoy día alberga un museo consagrado al escritor, de planteamiento muy original e instalado nada menos que en un antiguo molino fluvial.

Londres

En plena época victoriana, Londres era lo más parecido a una capital del mundo. La ciudad ejercía su atracción sobre muchos transterrados continentales. Como Karl Marx desde hacía ya años, también Arthur se serviría de la entonces Biblioteca del Museo Británico, precedente de la actual Biblioteca Británica.

Ed. Le Livre de Poche. Cubierta con retrato de Arthur Rimbaud por Paul Verlaine.

Bruselas

La Grand-Place y sus aledaños fueron escenarios de sus violentas trifulcas con Paul Verlaine. Ardenés de nacimiento, Bélgica no era extraña para Arthur. El país vivía en plena expansión industrial y colonial, por el momento al margen del conflicto franco-alemán, y su capital se hallaba en proceso de convertirse en una gran metrópolis.

Harar

Ya lejos de la bohemia europea y convertido en comerciante, Arthur se mudó desde Adén a Harar, la ciudad histórica de referencia de la Etiopía musulmana. Vivió allí varios años y sus actividades como traficante tuvieron una ciertra influencia en la política etíope.

Marsella

En plena época imperialista, es el gran puerto francés para Ultramar. Su importancia había crecido a lo largo del siglo XIX con la colonización de Argelia desde 1830 y la apertura del Canal de Suez en 1869. Rimbaud recaló en Marsella a su vuelta de Oriente, ya muy enfermo. Pasó allí sus últimos momentos de vida, deseando regresar a África.

En las tardes azules de verano caminaré por los senderos,

picoteado por los trigos, pisando la hierba menuda,

Soñador, sentiré en mis pies su frescura,

dejaré que el viento bañe mi cabeza desnuda

No hablaré, no pensaré en nada:

pero el amor infinito crecerá en mi alma,

iré lejos, muy lejos, como un nómada

En la Naturaleza, feliz como con una mujer.

(Sensación, 20.04.1870; traducción nuestra)

Arthur Rimbaud en: Biblioteca UPM.

Estrella del alba / Wu Ming 4

Wu Ming 4: Estrella del alba.

Traducción de Nadie Enparticular. Acuarela & A. Machado, 2012.

Título original: Stella del mattino. Einaudi, 2008-.

 

Ronald amaba las palabras, pero de una manera peculiar y personal. Eran arcanos, enigmas a resolver, contenían historias, abarcaban siglos y continentes. Cada palabra sugería otras, quizá nunca pronunciadas, pero del todo plausibles, aún más ricas de significados y alusiones, por tanto más reales. Pero entre esas paredes no se podía ir mucho más allá, regía un límite insuperable. En la óptica de los fundadores, el Oxford English Dictionary tenía que ser la piedra miliar de la cultura británica, la summa de lo que se había dicho en inglés y el modo en que se lo había dicho desde el inicio de los tiempos hasta la edad moderna. La fantasía quedaba detrás de la puerta. (p. 43-44)

Y el imperialismo destruyó el mundo, aunque no sería la última vez.  Hasta reyes y emperadores, que en realidad eran primos y familiares entre sí, convertidos en naipes de la baraja del azar y del gran capital, se enfrentaron, se abandonaron mutuamente, renegaron de apellidos. En la víspera de la tempestad de acero nos habíamos despedido de Hans Castorp bajando de su montaña mágica, quizás Miyazaki os dé alguna noticia suya… Como Pierre Lemaitre la da de tantos y tantos desfigurados, por fuera y por dentro. O Philippe Claudel de la grisalla de la retaguardia. Aún así, quedó una generación de supervivientes fecundos, como estos fabulados con amor e inteligencia por Wu Ming 4.

Esta es pues una historia de hace cien años, construida en torno al mito: como material de trabajo literario en manos de unos jóvenes envejecidos por la guerra; como héroe divino amanecido de las arenas de Oriente, El Orens. Graves, Lewis y Tolkien, cada uno arrastrando sus propios traumas, andan a la búsqueda de su destino de exquisitos cocineros literarios, reelaboradores de poesía y narración, columpiándose sobre un filo de alternativas vitales que incluyen la erudición y el mero proletariado intelectual. Rondan las revoluciones irlandesa y rusa, el presidente americano Wilson se inmiscuye en Europa, el Imperio británico empieza ya a no ser lo que era y su sólido parlamentarismo podría agrietarse. Incertidumbres.

Pienso que el latido de una buena novela histórica -además de la calidad de redacción- se cifra en la articulación entre un escenario bien documentado y recreado, y la intriga sobre la probabilidad de su desarrollo argumental: en suma de su buen juego dentro del espíritu de época. Estrella del alba lo consigue sirviéndose de un planteamiento coral y de combinaciones de perspectiva personal y temporal. Hace disfrutar, homenajea escenarios sugestivos como la ciudad de Oxford e incluso permite identificar los orígenes de los conflictos actuales de Oriente Medio en las políticas francobritánicas perpetradas sobre los despojos del Imperio otomano. Entre todas aquellas conmociones, animaos a acompañar a unos protagonistas enteramente humanos que no se imaginaban ni por asomo como futuros iconos literarios. 

Dicen que un caballero avanza raudo en la cresta de las montañas. Está vestido de blanco y nadie puede mirarlo a la cara, porque los ojos deslumbran hasta cegar. Tiene el poder de destruir lo que toca y del don de estar por doquier. A veces está solo, a veces guía columnas de jinetes Nadie sabe dónde se esconde. Aparece y desaparece. El desierto es su casa, las rocas su comida. Es como el aire, como el viento que sopla. Un día cruza el gran Nefud, al día siguente se baña en el Mar Muerto. Su nombre vuela de un oasis al otro. Los peregrinos en viaje a La Meca lo avistan en las tormentas de arena y lo llaman Iblis, el Diablo. Todos le temen. También tú. (p. 220)    

 

Para saber más sobre Wu Ming: http://www.wumingfoundation.com/giap/

Azúcar y abolición / Raúl Cepero Bonilla

Raúl Cepero Bonilla:
Azúcar y abolición.

Prólogo de Jordi Maluquer de Motes.

Barcelona : Crítica, 1976.

Los políticos españoles pronto aprendieron que los hacendados necesitaban del poder metropolitano para defender sus intereses de las amenazas abolicionistas, y, cuando notaban en la clase de los hacendados una actitud favorable a las ideas revolucionarias, amenazaban con abolir la esclavitud y como por ensalmo se desvanecían esos coqueteos de los hacendados con la revolución. (p. 45)

Hay ciertas realidades incómodas sobre las que las sociedades suelen pasar de puntillas, bien ignorándolas, negándolas o atribuyéndoselas exclusivamente a sus vecinos. Pasa con el nacionalismo de los otros, nada que ver con nuestro siempre virtuoso patriotismo. Y con el esclavismo y el racismo, antipáticos e infamantes. Tanto es así que poca conciencia existe en la España de nuestros días sobre el hecho de haber sido uno de los últimos estados llamados occidentales en abolir la esclavitud, que duró hasta 1880; así como de que el asunto estuvo íntimamente ligado al mantenimiento y pérdida final del imperio ultramarino, el batacazo de 1898 y sus consecuencias para un convulso siglo XX. De hecho en nuestras coordenadas vitales somos contemporáneos de hijos y nietos de quienes fueron esclavos a todos los efectos en territorio español, a la vuelta de la esquina en tiempo histórico.  
La lectura propuesta aporta una perspectiva desde Cuba. Antes de convertirse en protagonista de la Revolución de 1959, Raúl Cepero Bonilla había sido un incipiente historiador cuyo ensayo Azúcar y abolición (1948) se constituye en clásico de la historiografía cubana sobre el siglo XIX. El libro fue escrito en época bien significativa: institucionalización jurídica del apartheid en Sudáfrica; independencias de las enormes India e Indonesia que marcan el comienzo de la descolonización de postguerra en el llamado Tercer Mundo; comienzo de la Guerra Fría; inminente Revolución china. En 1976 fue publicado en España con una de aquella soberbias cubiertas de Alberto Corazón. La obra tiene la solera de los buenos estudios de historia sociopolítica: conocimiento y uso de las fuentes, análisis sociológico y perspectiva global. Para el asunto en cuestión, un escenario internacional con cuatro protagonistas básicos: la fragmentada sociedad cubana, la metrópoli española, la potencia mundial en ejercicio (Gran Bretaña), y unos dinámicos y expansivos Estados Unidos de América. Y en el centro y como piedra de discordia, el azúcar. Un bien de consumo continuo y asentado, que a la sazón experimentaba cambios en su propia materia prima de procedencia (remolacha versus caña) y en sus procesos industriales de obtención y refinado. 
A día de hoy aun somos deudores de una visión histórica general del esclavismo y de la abolición más bien limitada a su aspecto moral, en buena medida debido a la influencia de innumerables productos mediáticos de mayor o menor enjundia. Antes bien, como otras atrocidades propias de nuestros días, el esclavismo contemporáneo es cuestión de intereses sociales: Azúcar y abolición, aunque circunscrito al marco hispanoantillano, es un buen instrumento para iniciarse en este tema, y más ampliamente en la cuestión racial en el mundo hispánico, que obviamente no debería permanecer en penumbra ni un minuto más.  

El reglamento de libertos llegó hasta negarle al “patrocinado” la obtención de un jornal o salario. El esclavo, que ahora se llamaba “liberto”, tenía la obligación forzosa de trabajar para sus dueños, pero éstos no tenían más obligación que alimentarlo y vestirlo, es decir, ponerlo en condiciones de rendir la faena diaria. La revolución seguía coqueteando con la clase esclavista, pero ésta prefería el sometimiento a la metrópoli, que no alteraba la tranquilidad en los ingenios y las dotaciones. (p. 136)

Para saber más sobre la esclavitud: en Bibliotecas UPM.

 

La creación del patriarcado / Gerda Lerner

Gerda Lerner:
La creación del patriarcado (traducción de Mònica Tusell). Pamplona : Katakrak, 2017.

The Creation of Patriarchy. Oxford University Press, 1987.

 

La Historia de las mujeres es indispensable y básica para lograr la emancipacion de la mujer. Esta es la convicción a la que he llegado, basándome en la teoría y en la prácica, después de veinticinco años de estudiar, escribir y enseñar Historia de las mujeres, El argumento teórico se tratará ampliamente en este libro; el argumento práctico nace de la observación de los fuertes cambios de conciencia que experimentan las estudiantes de Historia de las mujeres. Ésta transforma sus vidas. Incluso un breve contacto con las experiencias de las mujeres del pasado, como el de un cursillo de dos semanas o un seminario, ejerce un profundo efecto psicológico entre las participantes. (Introducción)  

¿Cómo es posible que nuestras vidas individuales estén tan determinadas por los roles culturales dominantes? ¿Por qué es un camino difícil aun para muchas personas la salida de este encarrilamiento, la libertad de género en suma? ¿Cómo explicar la violencia asociada y la ira liberticida en torno a este asunto? ¿Confusión ante controversias en curso sobre prostitución, gestación..? Quizás la discusión ética en abstracto no baste y haya que volver la mirada a la Historia. Ese es el objetivo de La creación del patriarcado, publicada en su día en español por Editorial Crítica y reeditada por Katakrak en 2017. Para escudriñar los orígenes de esta persistente concepción del cosmos, la autora enfoca el presente desde la Historia antigua de Mesopotamia, el Próximo Oriente y una Grecia clásica despojada de clichés románticos. No es que el patriarcalismo sea exclusivo de sus herederos llamados hoy día "occidentales", pero sí que podemos ver aquella región -el "puente del mundo" que diría John M. Hobson- como la cuna de cosmogonías patriarcales por excelencia, de las que el extendido monoteísmo posterior -sucesiva y acumulativamente judío, cristiano, musulmán- es claro deudor en tantos de sus elementos. Esa filiación entre sociedades protohistóricas y mundo actual no por remota resulta menos decisiva, elaboración bíblica mediante. Otra perspectiva de interés es la de una obra de Historia del derecho, considerando la relevancia otorgada a fuentes escritas directamente de carácter jurídico o que se refieren a ese ámbito.

   
La creación del patriarcado es un libro con vocación de clásico, poderoso, iluminador  y emocionante. No porque sea especialmente muy narrativo sino por cuanto nos emplaza ante el reto de los humanos por su supervivencia desde épocas lejanas y a cuya superación de peor o mejor manera debemos nuestra existencia. Una muestra de cómo la investigación histórica no mejora ya la conciencia y situación de género sino en conjunto las de especie ofreciendo una visión verdaderamente nueva. Una obra que desentraña la actualidad remontándose a sus raíces antiguas, mostrando la estrecha relación originaria entre la desigualdad social de género, las diferencias de clase y el surgimiento de la esclavitud, así como la importancia del factor tecnológico: agricultura neolítica y metalurgia. 


El aparato crítico deja entrever cómo Lerner se benefició de su multilingüismo y en particular del conocimiento del alemán, que era su lengua originaria y vehículo principalisimo de la investigación filológica y arqueológica sobre Mesopotamia. El volumen se remata con ilustraciones comentadas, apéndice de definiciones de conceptos y una suculenta bibliografía.


Para saber más: www.gerdalerner.com

Hemos visto que las explicaciones sobre el poder de engendrar han pasado de la diosa-madre como principio único de fertilidad universal a la diosa-madre a quien dioses o reyes humanos acompañan para que sea fértil; y luego al concepto de un poder de creación simbólico expresado primero en "el nombre" y más tarde en "el espíritu creador". También hemos presenciado el cambio experimentado en el panteón de dioses, desde la todopoderosa diosa-madre al omnipotente dios de la tormenta, cuya consorte es una versión domesticada de la diosa de la fertilidad. Al panteón de dioses solo le queda verse reemplazado por un único poderoso dios masculino y que ese dios incorpore el principio del poder de engendramiento en su doble vertiente. Esta transformación, que se da de muchas maneras distintas en culturas diferentes, en el caso de la civilización occidental se produce en el Libro del Génesis. (La alianza)

Sonatas (Memorias del Marqués de Bradomín) / Ramón del Valle-Inclán

Ramón del Valle-Inclán: Sonatas (Memorias del Marqués de Bradomín)

Ediciones disponibles:  Alianza, Austral, Debolsillo, Reino de Cordelia.

La silla de posta seguía una calle de huertos, de caserones y de conventos, una calle antigua, enlosada y resonante. Bajo los aleros sombríos revoloteaban los gorriones, y en el fondo de la calle el farol de una hornacina agonizaba. El tardo paso de las mulas me dejó vislumbrar una Madona: sostenía al Niño en el regazo, y el Niño, riente y desnudo, tendía los brazos para alcanzar un pez que los dedos virginales de la madre le mostraban en alto, como en un juego cándido y celeste. La silla de posta se detuvo. Estábamos a las puertas del Colegio Clementino. (Sonata de primavera).

 

Las cuatro Sonatas (Otoño, Estío, Primavera, Invierno) son novelas cortas que hoy llamaríamos relatos. Se pueden leer independientemente, cada una con su propia y acusada personalidad, pero su riqueza expresiva y su articulación en forma de ciclo las hace sólidas y polifacéticas, con sus abundantes ingredientes geográficos e históricos, sentimentales, eróticos, de aventura. Se trata pues de un conjunto narrativo relativamente pequeño pero en cierto sentido envolvente y desbordante, tanto desde el punto de vista del género literario como de la temática.

Sus escenarios son marginales respecto a la modernidad liberal, urbana e industrial que parecía marcar la pauta en la época en que los relatos se desenvuelven: los desiertos mexicanos, la Galicia feudal profunda, la Italia señorial y eclesiástica anterior a la Unificación, y como remate los estertores de la última corte carlista de Estella. De hecho, en perspectiva histórica, sus propias coordenadas vitales (1866-1936) colocaban a Valle como un Jano bifronte a horcajadas entre dos siglos: mira por un lado a un arcaico XIX lleno de resabios del Antiguo Régimen, y a la vez hacia adelante a una sociedad de masas de personalidad trastornada y huérfana de certezas. En este marco, su propuesta literaria modernista-simbolista no tiene nada de divertimento frívolo ni de juego decorativo: es una sonora bofetada a las convenciones del positivismo burgués. El sujeto lector es seducido por una prosa brillante, por las aventuras y anécdotas, por la mezcolanza de tensión sexual y vértigo sacrílego, pero para terminar topándose con la fuerza del destino, el juego de espejos entre el bien y el mal, las pasiones, en definitiva la condición humana. No olvidemos que la aparición de las Sonatas viene a coincidir en el tiempo con la irrupción del psicoanálisis freudiano y la formulación de la relatividad einsteiniana. No es tan importante saber si Valle estaba absolutamente al cabo de estas novedades culturales como entender el ambiente de cambio de época que parecía demandar la superación del mecanicismo de la literatura realista-naturalista inmediatamente anterior; y esto aun cuando Valle fuera influido por alguno de aquellos autores como Eça de Queirós.

Desde su publicación inicial las Sonatas sentarán cátedra en la narrativa de Valle. Algunos de sus personajes, como el tradicionalista y vividor Juan Manuel de Montenegro, reaparecerán en otras obras y ciclos del autor. Este seguirá retocando la tetralogía hasta muchos años después sin desdeñarla en absoluto. Como tantas veces se señaló, se comprende la trascendencia de Valle para la narrativa contemporánea posterior, muy en particular la latinoamericana. Este crepúsculo de la aristocracia del Antiguo Régimen deviene patéticamente en podredumbre premonitoria de futuros horrores, sobre todo en la Sonata de invierno: ¿se adelantó Valle a Lampedusa y a Visconti?

¡Oh alada y riente mentira, cuándo será que los hombres se convenzan de la necesidad de tu triunfo! ¿Cuándo aprenderán que las almas donde sólo existe la luz de la verdad, son almas tristes, torturadas, adustas, que hablan en el silencio con la muerte, y tienden sobre la vida una capa de ceniza? ¡Salve, risueña mentira, pájaro de luz que cantas como la esperanza! Y vosotras resecas Tebaidas, históricas ciudades llenas de soledad y de silencio que parecéis muertas bajo la voz de las campanas, no la dejéis huir, como tantas cosas, por la rota muralla! Ella es el galanteo en las rejas, y el lustre en los carcomidos escudones, y los espejos en el río que pasa turbio bajo la arcada romana de los puentes: Ella, como la confesión, consuela a las almas doloridas, las hace florecer, las vuelve la Gracia. ¡Cuidad que es también un don del Cielo!… (Sonata de invierno)  

Ramón del Valle-Inclán en: Biblioteca UPM.

Alicia anotada: Carroll, Tenniel, Gardner

Lewis Carroll: Alicia anotada.

Edición de Martin Gardner.
Contiene: Alicia en el País de las Maravillas ; A través del espejo 
Ilustraciones de John Tenniel.
Traducción de Francisco Torres Oliver.
Editorial Akal, 1984- . 
Ediciones originales de The Annotated Alice: W W Norton; Penguin Books.

Alicia recogió el abanico y los guantes,  como hacía mucho calor en el vestíbulo, se puso a abanicarse mientras hablaba: "¡Dios mío, Dios mío! ¡Qué raro es todo lo que me está pasando hoy! ayer, en cambio, las cosas eran la mar de normales. ¿Habré cambiado yo por la noche? Vamos a ver: ¿era la misma al levantarme esta mañana? Casi me parece recordar que me sentía un poco distinta. Pero si no soy la misma, la siguiente pregunta es: ¿Quién caracoles soy? ¡Ah, ese es el gran enigma!". Y empezó a pensar en todas las niñas que conocía de su misma edad, para ver si se habría transformado en alguna de ellas. (p. 35)

El mundo de Alicia es extraño, incluso inquietante, y en su seno palpita esa mezcla de horror y fascinación tan tipica de los cuentos que antes de su moderna reorientación infantil, fueron simplemente populares y tradicionales -véanse Perrault y compañía-  y por ende cargados de terribles moralejas.  Pero las afinidades de Alicia no acaban ahí. Aunque el Peter Pan de J. M. Barrie es más reciente (1904) pienso que ambos comparten un mismo territorio social y semiótico victoriano en el que las incipientes impresión e ilustración de masas -preludio de la aun más difusora cinematografía-, catapultan relatos que se siguen sirviendo de un imaginario ligado al Antiguo Régimen: pieles rojas y piratas oceánicos en el caso de Peter; fantasía animal y rural, y caricatura de la sociedad estamental simbolizada por los naipes de la baraja en el de Alicia.
Por otra parte -y en un contexto muy distinto- las diabluras lógico-matemáticas de Lewis Carroll parecen anticipar los experimentos literarios de Raymond Queneau y sus colaboradores surrealistas. De hecho, ante una primera lectura de las aventuras aparentemente absurdas de Alicia, uno estaría tentado de concluir que su éxito ha sido cuestión mediática en buena proporción impulsada por la seductora estética del ilustrador John Tenniel. Pues bien, no debería ser así: el texto-Alicia tiene mucha chicha, de ahí la atención que le consagró Martin Gardner, cuya edición Alicia anotada recomendamos sin ningún titubeo. 
Es pertinente recordar que esta edición literaria aparece por vez primera en inglés en 1960. A esa altura Alicia había sido ya fuente de inspiración para numerosas creaciones escénicas y composiciones musicales, incluso popularizada por Walt Disney en cine.  Sin embargo, a partir de los años 60, Alicia reconectaría claramente con la creatividad de las generaciones surgidas en la postguerra mundial, decididas -sobre todo a raíz de las sacudidas de 1968- a reformular tradiciones literarias y musicales en clave emancipatoria: véase por ejemplo la influencia del universo de Carroll en el rock progresivo de los 70. En fin, no se acabaría nunca de glosar todas estas conexiones culturales: incluso en nuestros días se ha elegido deliberadamente el nombre de Alice-Strange Mirrors, Unsuspected Lessons para la plataforma y proyecto de filosofía política en torno al pensador Boaventura de Sousa Santos. Pero vamos, por el momento, atreveos a cruzar el espejo enmarcado por Carroll: os esperan al otro lado para una estimulante tertulia y una taza de té.

"Estaba mucho mejor en casa", pensó la pobre Alicia; "Allí no andaba creciendo y menguando constantemente, ni me daban órdenes los ratones y los conejos. Casi hubiera preferido no haber bajado a esta madriguera… sin embargo… sin embargo…¡qué curiosa esta clase de vida! ¡No sé que puede haberme ocurrido! ¡Cuando leía cuentos de hadas, imaginaba que esas cosas no ocurrían nunca, y ahora estoy aquí, metida en una de ellas! ¡Deberia escribirse un libro sobre mí, desde luego! Cuando me haga mayor, lo escribiré yo… Aunque ahora ya soy mayor", -añadió en tono afligido-: al menos, no queda espacio para crecer más, aquí ". (p. 56) 

Lewis Carroll en: Bibliotecas UPM

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