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Fuerza menor. Javier Puche

Cubierta de Fuerza menor, Javier PucheFuerza menor
Javier Puche
Sevilla: La Isla de Siltolá, 2016

Fuerza menor es una estupenda colección de microrrelatos. Se abre con La incertidumbre, texto que, tal vez, sea el que da tono a los que vienen a continuación. En él, dos personajes despiertan a bordo de un hidropedal en medio del Mar Negro y se dan cuenta de que se han quedado dormidos por accidente y de que no tienen otra opción que seguir pedaleando. Seguir pedaleando sin rumbo, en medio de aguas oscuras, hacia ninguna parte… Y ese estar en ninguna parte, que es un poco la vida, esa incertidumbre, moja de negro el resto del libro. Situaciones y personajes insólitos, precisión del lenguaje, un ritmo bien temperado, atmósfera, humor a escala humana y un lirismo sin escalas cincelan los textos que componen la primera parte.

En la segunda encontramos seísmos -esa otra especie mínima alimentada únicamente por seis palabras- que son en la pluma de Javier Puche auténticas delicias envenenadas, pequeñas densidades cósmicas que funcionan en la imaginación del lector como relámpagos en la noche. No se sale indemne después de haber leído piezas como: Murmura palabras terribles el pez abisalTitubea por un instante la eternidad o Cayó un ángel en la telaraña.

Javier Puche es licenciado en Filología Hispánica y profesor de piano clásico. Fue crítico musical, corrector de estilo y guionista de televisión. Imparte clases en la Escuela Contemporánea de Humanidades (Madrid). Sus ficciones han obtenido diversos premios y figuran en antologías como Por favor, sea breve 2 (Páginas de Espuma, 2009), Velas al viento (Cuadernos del Vigía, 2010) o Mar de pirañas (Menoscuarto, 2012). Mantiene el blog literario Puerta Falsa. Es autor del libro Seísmos (Thule, 2011).

Historias mínimas. Javier Tomeo

Cubierta de Historias mínimas, Javier TomeoHistorias mínimas. Javier Tomeo
Barcelona: Anagrama, 1996

Historias mínimas (Madrid: Mondadori, 1988)

Las Historias mínimas de Javier Tomeo son piezas breves con forma dialogada, pequeñas escenas teatrales, en las que intervienen personajes acompañados por una voz narrativa en forma de acotaciones que aporta el punto de vista o algún detalle esencial para la comprensión del texto. Es decir, economía (pero afilada economía) de recursos para obtener un efecto en el lector. Temáticamente hablando abordan casi siempre los límites o precipicios de la realidad, de modo que unas veces los textos se mueven entre las aguas turbias del absurdo, otras se tiñen de un humor extraño, perturbador, y otras de un lirismo casi dulce. Los personajes son seres imperfectos desencajados de la norma, de las rutinas cotidianas que conducen al éxito en las cuestiones prácticas, y cuyo fracaso acaba produciendo una inevitable ternura.

XI

Los dos hombres están sentados en un banco, en la plaza del pueblo. Silencio. Estrellas, luna circular y el ulular paciente del mochuelo que reclama a su hembra.

HOMBRE PRIMERO. Tomás.

HOMBRE SEGUNDO. Qué.

HOMBRE PRIMERO. Fíjate en aquella estrella.

HOMBRE SEGUNDO. ¿En cuál?

HOMBRE PRIMERO. En la que está junto a la veleta del campanario.

HOMBRE SEGUNDO. Sí, ya la veo, ¿qué pasa?

HOMBRE PRIMERO. Mira.

Hincha el pecho, sopla con fuerza y la estrella se apaga.

HOMBRE SEGUNDO. (Admirado.) ¡Oh!

Silencio. Por allá se acerca el borracho del acordeón. Muge una vaca y las gallinas del corral se despiertan sobresaltadas.

Personajes (entrañables criaturas los llama Tomeo en la nota introductoria) que con toda la fuerza del absurdo andan metiendo el mar embravecido en una botella para dejar vía libre a una columna de rescate; capturando la luz de la luna para hacer un regalo; preguntándose quién es uno mismo ante la certeza de una foca, un elefante, un camello y un chimpancé… y así hasta protagonizar cuarenta y cuatro situaciones perfectamente perfiladas, perfectamente esenciales, perfectamente imperfectas.

Javier Tomeo (Quicena, Huesca, 1932 – Barcelona, 2013) cursó Derecho y Criminología en Barcelona. Algunas de sus obras, incluidas estas Historias mínimas, se representaron fuera de España con notable éxito. Numerosos títulos conforman su particular universo de seres inclasificables, entre ellos Amado monstruo (1984), El gallitigre (1990), La agonía de Proserpina (1993), o Cuentos perversos (2003).

Javier Tomeo en la Biblioteca UPM
 

Personajes secundarios, Manu Espada

Cubierta de Personajes secundarios, Manu EspadaPersonajes secundarios
Manu Espada
Palencia: Menoscuarto, 2015

En esta colección de microrrelatos llueve al principio y al final. Y no es casualidad. Imagino al autor sumergiendo las palabras, inundando el tiempo que le ha llevado escribirlas. La lluvia y el viento azotan las primeras páginas, la tormenta se ha desatado por un diagnóstico difícil de capear: Daniel, el hijo de Manu Espada, tal vez no pueda hablar, tiene autismo. El ciclón se lo lleva todo. Ilusión, proyectos, hasta los protagonistas de los cuentos; quedan allí agarrados los personajes secundarios, nada más. Pero la tormenta de las últimas páginas es diferente, trae más que arrebata, se ha calmado el viento.

Meses más tarde de aquella primera hoja dijo “agua”. Se escuchó a sí mismo y le brillaron los ojos. Su primera palabra. Fue emocionante escuchar una palabra. Desde entonces, su vida está estrechamente unida al agua. Le encanta nadar.

Entre uno y otro aguacero lo que vamos a encontrar es el espacio en que los rebeldes secundarios, a la vez que Daniel, libran su batalla por adquirir voz. Del silencio al ruido, y de ahí a las palabras. Dándole estructura, razón de ser al conjunto van los textos que han nacido más directamente como resultado de las experiencias del autor con su hijo (que son los más conmovedores, vaya como ejemplo el precioso “El niño que se comía las palabras“). Y en medio, los otros, los de personajes secundarios propiamente dichos, pero secundarios no sólo como Watson lo es de Holmes, sino en más amplio sentido: son secundarios los protagonistas con respecto a sus autores (como le ocurre a Augusto Pérez en Niebla), los actores de cine mudo con respecto a los de cine sonoro, las ayudantes de los magos, el suicida entendido como dato estadístico… También, como no podía ser de otra manera son las palabras, y la reflexión sobre el lenguaje, las que están en el génesis de un buen puñado de los textos.

Fotografía de Manu EspadaMarca de la casa de Manu Espada -además de la riqueza en detalles, la variedad técnica y la significativa carga explosiva de sus piezas mínimas- es su notable interés por la dimensión visual del microrrelato, de modo que pasando páginas uno se tropieza con letras que se evaporan como gotas de lluvia, con frases que han encogido por culpa de una errónea programación de la lavadora, con un texto reversible, y…, en fin, con cantidad de imprevistos que sorprenden al lector al tiempo que le dan una vuelta de tuerca (y de frescura) al género.

Tenemos, en definitiva, un libro muy personal, muy de corazón, en el que Manu Espada ha pasado por el tamiz de la ficción los últimos acontecimientos de su vida. En un ejemplo de lo que él denomina género biofantástico.

Un plural infinito. Rafael Pérez Estrada

Cubierta de Un plural infinito. Antología poética, Rafael Pérez EstradaUn plural infinito. Antología poética
Rafael Pérez Estrada
Edición de Jesús Aguado
Sevilla: Fundación José Manuel Lara, 2011

Rafael Pérez Estrada era un imaginador, un creador libre. Su mundo comienza aquí mismo y en dos palabras ha saltado hasta más allá de las estrellas. Ya de niño sabía que las estrellas “tenían sabor de caramelo, sabor exagerado a piña, a arándanos…”. Quién mejor, pues, que un poeta escribiendo desde el placer para instruirnos sobre la magia escondida de todo aquello que obtuvo el privilegio de su mirada.

“Si probaseis esa estrella -dijo el filósofo, señalando la luminosidad de un punto en las alturas-, de seguro hallaréis dulce su sabor. Ahí reside la causa del perecimiento del Unicornio, pues este ser fantástico se deleita saboreando hilos y brillos, virtud que a hombres y animales le es negada, salvo a algunos peces capaces de subsistir únicamente de reflejos”.

Esta antología nos deja disfrutar cronológicamente del resultado de su avidez de belleza. En piezas minimalistas, cinceladas, elegantes, casi todas prosas breves y algunos poemas. Pero lo breve, tan bien representado en estas páginas, no fue el único vehículo expresivo de Rafael Pérez Estrada, figuran en su producción obras de teatro y novelas. Y más allá de la literatura, que no de la imaginación, dibujos e ilustraciones. Eso sí, sin adscribirse a género literario alguno, pues su creatividad no aceptaba límites.

Paloma quiromántica. Escultura dedicada a Rafael Pérez Estrada, obra de José Seguiri en Málaga

Era malagueño y cómplice del azul, no se podía separar del mar; en aquel horizonte, donde pescaba sus metáforas, estaba toda la posibilidad de maravilla que le era precisa. Su obra es un cajón de sastre de prodigios, de cosas que brillan, y también de reflexiones, de empatía y de ternura.

Rafael Pérez Estrada (Málaga 1934-2000), hijo de Manuel Pérez Bryán, médico y alcalde de la ciudad, y de Mari Pepa Estrada, conocida pintora naif, fue abogado matrimonialista, profesión que compaginó con la escritura casi toda la vida. En 1968 publicó su primer libro, Valle de los Galanes, pero es a partir de 1985, con Libro de Horas, cuando su obra empieza a tener un valor significativo para él. Ese mismo año se convierte en miembro fundador del Centro Cultural Generación del 27. En 1987 y en 1999 queda finalista del Premio Nacional de Literatura.

Rafael Pérez Estrada en la Biblioteca UPM

Casa de muñecas, Patricia Esteban Erlés

Cubierta de Casa de muñecas, Patricia Esteban ErlésCasa de muñecas
Patricia Esteban Erlés
Ilustrado por Sara Morante
Madrid: Páginas de Espuma, 2012

Una colección de micorrelatos terroríficos donde los haya -en estas fechas de muertos y huesos de santo no le viene nada mal a la imaginación- es lo que propone Patricia Esteban Erlés en este libro/casa de muñecas que cuenta con una buena cantidad de ilustraciones de Sara Morante, sugerentemente perversas, en negros, grises y magenta (o como se dice en uno de los cuentos: rojo cicatriz).

Este libro/casa de muñecas está dividido en los capítulos/habitaciones que suele tener toda casa victoriana difuminada en nieblas y secretos antiguos que se precie, y en cada espacio, como si de los cajones de la cómoda de la abuela se tratasen, van los terrores correspondientes: muñecas fatales y killer barbies en el cuarto de juguetes, presencias en el armario del dormitorio, un monstruo en el desván de los monstruos, claro está, y fantasmas en… bueno, fantasmas por todas partes, como la vida misma.

Ilustración de Sara Morante

Microrrelatos bien ejecutados, terror sostenido o insostenible para caracteres sensibles, gusto por lo macabro, humor negro, niñas de porcelana y variedad de sorpresas que nos amargarán deliciosamente una tarde-noche de noviembre mientras una sopa saluda con sus dedos de humo y nos sorprende la cantidad de gente que está sentada ahora mismo en las sillas vacías junto a la mesa.

Dos entrevistas a las autoras, en El Mundo y en la revista Culturamas.

Patricia Esteban Erlés, por Sara MorantePatricia Esteban Erlés (Zaragoza, 1972) estudió Filología Hispánica. Obtuvo el Premio de Narración Breve de la Universidad de Zaragoza en 2007 con Manderley en venta y el XXII Premio de Narrativa Santa Isabel de Aragón, Reina de Portugal en 2008 con Abierto para fantoches.

Ha publicado libros de cuentos, Manderley en venta (2008), Abierto para fantoches (2008) y Azul ruso (2010). Y varios de sus cuentos han sido antologados en volúmenes temáticos  y diversas antologías.

Sara Morante, por Sara MoranteSara Morante (Torrelavega, 1976) estudió Artes Aplicadas en España y en Irlanda. Obtuvo el Premio Euskadi de ilustración 2012 por La flor roja de Vsévolod Garshín y el Premio Nacional de Arte Joven, categoría ilustración del Gobierno de Cantabria en el año 2008.

Además de Casa de muñecas, ha ilustrado los libros Diccionario de literatura para esnobs, de Fabrice Gaignault, Los zapatos rojos de H. C. Andersen, La flor roja de Vsévolod Garshín, Xingú de Edith Wharton, Señal de Raúl Vacas y Los Watson de Jane Austen.

Antología del microrrelato español (1906-2011). Irene Andres-Suárez

Cubierta de Antología del microrrelato español (1906-2011): El cuarto género narrativo. Irene Andres-SuárezAntología del microrrelato español (1906-2011): El cuarto género narrativo
Irene Andres-Suárez
Ed. Cátedra, 2012

El microrrelato es una pieza literaria brevísima en prosa que cuenta una historia, es decir, está hecho de narratividad. Cumplidas estas condiciones, hay microrrelatos de todo tipo imaginable: más o menos líricos, más o menos experimentales, realistas, surrealistas, fantásticos, humorísticos, eróticos, terroríficos… Siempre punzantes, hasta el extremo precisos, ideados para inocular un placer venenoso al lector, adictivos en definitiva.

Por tanto, ni que decir tiene lo que se puede disfrutar con la presente antología que recoge microrrelatos de 73 autores españoles, desde 1906 hasta 2011. Tenemos entre manos la historia del microrrelato español. Donde caben textos de grandes nombres de la literatura española como Juan Ramón Jiménez, Ramón Gómez de la Serna, Federico García Lorca, Ana María Matute, Ignacio Aldecoa, entre otros. Así como de autores que están escribiendo ahora mismo, en internet manteniendo blogs o publicando libros integrados en exclusiva por textos brevísimos. Entre estos últimos, solo por mencionar algunos, se encuentran Manuel Espada, Rubén Abella, Ginés Cutillas o Antonio Serrano Cueto.

Incluye la edición de Cátedra un amplio prólogo que recoge tanto información teórica como una trayectoria histórica del microrrelato en nuestro país, desde los primeros pasos hasta la influencia de las nuevas tecnologías.

Una muestra fehaciente de la vitalidad del microrrelato en España es este volumen, que reúne textos de setenta y tres autores y abarca más de un siglo. La antología es amplia y diversa en formas, estilos y temas, así como abundante en piezas de calidad; de ella se desprende, a mi modo de ver, la solidez del conjunto, así como la diversidad de tonos y de enfoques: renovación formal, realismo intimista o expresionista, impregnación fantástica y onírica, sentido de la extrañeza de lo cotidiano, ironía y humor negro, gusto por el experimento y lirismo bien medido. Todo lo que el microrrelato tiene de depuración, de quintaesencia, que hace muy difícil su realización y también su lectura.

– Irene Andres-Suárez

Irene Andres-Suárez es catedrática de Literatura en la Universidad de Neuchâtel (Suiza), donde dirige el Centro de Investigación de Narrativa Española y organiza desde 1993 el Grand Séminaire, un prestigioso coloquio internacional sobre los escritores españoles actuales más relevantes.

Poetas, cuentistas e ilustradores

A collection of Rudyard Kipling's, Just so storiesEs curioso como estos tres gremios, vocaciones, inclinaciones (llamémosle como se quiera) se alimentan y realimentan entre sí. Así que este verano pensé que quizás merecieran una reseña conjunta. Es más, en casos de rara imperfección (de lejos mucho más interesantes que lo contrario) encontramos seres que por extraño que parezca son capaces de exhibir  varias e incluso todas las facetas a la vez (recordemos a Saint-Exupéry).

Rudyard Kipling es otro de mis admirados personajes. Hay varios libros de él que en estas fechas alguien agradecería: Just so stories, es uno de ellos, un librito de cuentos que escribió para sus hijos, que crea y recrea mitos capaces de explicar la evolución de los animales (como el elefante consiguió su trompa…)

De este libro existen muchas versiones, la primera de ellas con las ilustraciones originales de Kipling; en castellano lo encontramos delicadamente editado por Juventud con ilustraciones de Ángel  Domínguez.

Otro de los libros que pienso pueden agradecerse en estas fechas es Carta a un Hijo que presenta en gran formato, delicadamente ilustrado, en versiónbilingüe el poema IF…

Por último, no puedo sustraerme a evocar aquí a un poeta especial que Cubierta de Precisamente así, Rudyard Kiplingsiempre me acompaña: Walt Whitman, de quién encontramos una inspirada edición de su poema  when i heard the learn’dFotogarfía de Loreng Long astronomer, ilustrado por Loreng Long cuya foto aparece junto al mencionado poeta.

Todos estos bellos ejemplares me confortan y son una demostración palmaria de que el disfrute  del libro impreso es claramente una actividad sin riesgo de extinción.

¡Feliz Navidad y Feliz Lectura!

Ilustración de Loreng Long

When I heard the learn’d astronomer;

When the proofs, the figures, were ranged in columns before me;

When I was shown the charts and the diagrams, to add, divide, and measure them;

When I, sitting, heard the astronomer, where he lectured with much applause in the lecture-room,

How soon, unaccountable, I became tired and sick;

Till rising and gliding out, I wander’d off by myself

In the mystical moist night-air, and from time to time,

Look’d up in perfect silence at the stars.

Fotografía de Walt Whitman

Rudyard Kipling en la Biblioteca UPM

El libro de los abrazos, Eduardo Galeano

Cubierta de El libro de los abrazos, Eduardo GaleanoEl libro de los abrazos
Eduardo Galeano

Madrid: Siglo XXI, 2009
Grabados, carátula y diseño interior de Eduardo Galeano

Primera edición: 1989

RECORDAR: Del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón.

Así comienza El libro de los abrazos, una colección de textos muy breves que dan voz de un modo íntimo, muy humano, a personas no escuchadas de pequeñas tribus o demasiado grandes ciudades; indios; niños; presos; torturados; héroes de barrio; exiliados; azorados amantes o poetas. Decenas de historias que hubieran pasado desapercibidas sin el ejercicio de memoria que significa este libro.

Copio un texto en el que Eduardo Galeano explica cuál es el sentido de la obra y también del título:

Creo que un autor al escribir abraza a los demás. Y éste es un libro sobre los vínculos con los demás, los nexos que la memoria ha conservado, vínculos de amor, solidaridad. Historias verdaderas vividas por mí y por mis amigos, y como mi memoria está llena de tantas personas, es al mismo tiempo un libro de “muchos”.

La prosa de estos pequeños cuentos es poética casi sin serlo, las palabras noEl libro de los abrazos, Eduardo Galeano (ilustración) pesan. Tal vez por eso el sentido que encierra cada una de las piezas se clava muy hondo y duelen o indignan o hacen volar. Están ilustrados, además, con pequeñas imágenes muy sugerentes del propio autor.

El libro es muchos libros, ya queda dicho. Por eso, en su experiencia, cada lector es libre de escoger su itinerario. Mi intención es sencilla, mostrar una de mis rutas lectoras valiéndome del número de página en que se puede encontrar el texto. Os invito a encontrar la vuestra. Mañana podrían ser otros; hoy, ahora, son estos:

5-11-50-52-56-59-

72-85-141-157-169-

254-255-257-258

El libro de los abrazos, Eduardo Galeano (ilustración)

Empiezo la ruta con una mujer que viste una falda inmensa de cuyos bolsillos va sacando papelitos y en cada uno hay una buena historia para contar. De estos papelitos, me parece a mí, llegan manos atadas que sin embargo danzan y dibujan; un banquito al que hacen guardia durante treinta años;  unos sucedidos que suceden cada vez que se cuentan; gentecita linda del pueblo que todavía huele a barro; nadies ninguneados; amantes que ruedan sabrosos; un pulpo con los ojos del pescador que lo atraviesa; un escritor que escribe para quien no puede leerle; pocas certezas y muchas dudas; una moneda que no deja huellas. Y acabo la ruta con una ventolera dentro de mí.

Este y otros libros de Eduardo Galeano disponibles en la Biblioteca UPM

Astrolabio, Ángel Olgoso

Cubierta de Astrolabio, Ángel OlgosoAstrolabio
Ángel Olgoso
Granada: Cuadernos del Vigía, 2008

 

Llegas a casa después de una ardua jornada, escoges un libro -tal vez esta colección de cuentos de Ángel Olgoso– te sientas en el sillón de leer… entonces pulsas el astrolabio, por probar, apenas con la punta de una uña, y de repente la lamparita de pie entrecorta su zumbido, el wengé de los muebles se aclara, se oscurece, se aclara, el sillón se estremece como si fuera a echar a volar…, y ya no estás en casa, estás a la deriva en medio del Universo contemplando la migración de una bandada de estrellas. Entonces pulsas, ahora sí con verdadera curiosidad tu pequeño astrolabio y el escenario cambia, miles de trenes cremallera transportando a una multitud hacia los despeñaderos, ¿por qué?, te preguntas, ¿para qué?, al tiempo que la armonía del lenguaje te seduce, las palabras que han sido urdidas para no dejarte huir: un barco cabotea cerca, hace ondear las velas, las grímpolas, las flámulas…, y reflejadas en el mar las nubes absortas en sus vidas cotidianas. Y pulsas una vez más, con frenesí, otra, y te sumas a las filas de los Guardianes del Trueno, ¡a las armas, a las armas!, y pulsas, pulsas, pulsas para ascender junto a Hui Ji por tres veces la cordillera de Mei y, cruzarte, notando apenas su aroma a miel, con una mujer transparente, ¡abre los ojos! Y así cuarenta y tres viajes alrededor del mundo, cuarenta y tres paradas en el tiempo, cuarenta y tres diamantes colgados en lo más alto de la órbita celeste, al alcance de tus manos.

Cuarenta y tres cuentos de una belleza fulminante componen este libro del granadino Ángel Olgoso. Cuentos escritos con mimo, depurados con dedicación de miniaturista, tejidos con las delicadas fibras de la prosa poética. Piezas de carácter más o menos narrativo, de final abierto o cerrado, oníricas, cómicas, aterradoras, reflexivas, maravillosas. Todo ello guiñándole un ojo a la mejor tradición fantástica: Poe, Machen, Bierce, Schwob, Kafka, Borges, Buzzati, Cortázar, Arreola, Denevi. En palabras de su autor:

Una mirada hecha de inocencia y extrañeza.