Tú di que eres uno de ellos / Uwem Akpan

Uwem Akpan:  

Tú di que eres uno de ellos

(traducción por María Alonso del Yerro) 

Madrid : El Tercer Nombre, 2009 

Say You’re One of Them 

New York : Back Bay Books, 2008 

Tras las oraciones de por la noche, durante las cuales Fofo dio efusivamente las gracias a Dios por habernos enviado a nuestros benefactores, y luego habló como el pastor Adeyemi,  me tumbé en la cama y pensé en nuestros padrinos. ¿Cómo serían? ¿Dónde vivían? ¿O se limitaban a merodear por el mundo en busca de niños a los que salvar? (p. 82) 

Niños y jóvenes del mundo padecen y sucumben a diario ante la indiferencia cuando no la animadversión, muy a menudo en y desde África. El futuro de la sociedad humana queda comprometido en cada uno de los casos, pero la literatura viene al rescate para iluminar el abismo. Tu di que eres uno de ellos es un libro de relatos que pone a prueba sin tregua nuestra capacidad de empatía y de albergar aun algún anhelo de esperanza. Un título que ya de algún modo barrunta la tormenta, una escritura de calidad extraordinaria y una temática emparentada con la de otros libros que ya os sugeríamos en su día, como Mondo y otras historias,  Pequeño país y La coleccionista de tesoros

Los cinco relatos que componen el conjunto se desarrollan en varios países con el denominador común de la precariedad material y de una convivencia familiar y social en quiebra o pendiente de un hilo, experimentadas desde el punto de vista infantil y juvenil. La religión -siempre presente y articulada con la segregación étnica y la herencia colonial- puede eventualmente jugar un papel decisivo, y su tratamiento se hace sin remilgos y con coraje por un autor que es él mismo sacerdote jesuita. El orden de los relatos así como la longitud de cada uno de ellos, no parecen fruto del azar aunque sí es posible leerlos independientemente. Vistos en su totalidad, proporcionarán una apreciable aproximación a la complejidad y enormes retos de las sociedades subsaharianas contemporáneas, dificultades y conflictos culturales cuya similitud con los europeos nos resultará muchas veces palmaria a poco que vayamos más allá de las apariencias y del condicionante coyuntural de la miseria económica.  

Además, estas narraciones ofrecen un especial interés sociolingüístico. En ellos las variantes africanas del inglés se hibridan con el francés y las lenguas autóctonas presentando un muestrario de las hablas reales y sus diversos registros funcionales. Se comprenderá que la traducción tuvo que ser ardua, y no está libre de algún error de contexto (ej. oil por “aceite” en lugar de petróleo -producción del Delta nigeriano- en p. 205). Por tanto si tenéis posibilidad no os perdáis la versión original de Say You’re One of Them, libro ambicioso y potente que deja sin aliento.   

Desde las colinas, se ve cómo se alejan las nubes, como el humo del incienso en misa. Nuestro país está lleno de vientos que soplan en las colinas hasta arrancarte lágrimas de los ojos y aspiran por los valles como vacas hambrientas. Los pájaros se alzan, caen en picado y se balancean, entremezclando sus voces al viento. Y cuando Papa suelta su risa de felicidad, el viento también se lleva su voz. (p. 357) 

Uwem Akpan en: Biblioteca UPM.

La analfabeta, Agota Kristof

Agota Kristof
La analfabeta
Barcelona : Obelisco, 2006
L’Analphabète (2004)
Traducción: Juli Peradejordi

La analfabeta es un relato autobiográfico en 11 capítulos, es escueto, directo y personal. La diáfana sencillez de su lenguaje proviene de la necesidad de expresarse en su lengua de adopción, el francés. Una lengua en la que se descubre analfabeta como resultado de un exilio desde su Hungría natal a los veintiún años.

Cubierta de La analfabeta, Agota KristofAgota Kristof, una lectora impenitente desde los cuatro años, se confiesa sin acritud, amordazada, aislada por la incomunicación a pesar del cálido recibimiento de la sociedad suiza. Los días grises en su país de acogida se suceden como contraposición a la zozobra política de Hungría, a la invasión de austriacos y rusos, a la brutalidad del régimen estalinista.

“Ser refugiado es como atravesar un desierto…”

Como cada año en época de exámenes, rebusco en mi memoria textos dedicados a espacios y tiempos de evasión, que pongan distancia a la perentoriedad que parece rodear el entorno estudiantil. Tensión que queda instantáneamente amortiguada ante situaciones vitales difíciles abordadas con naturalidad y ternura.

Este no es desde luego el texto más emblemático de la autora, pero es el primero que leí suyo, atraída por una delicada edición a cargo de la Editorial Obelisco, una entidad curiosa de la que no creo encontrar muchos títulos tan afortunados. El Aleph y Libros del Asteroide son otras de sus editoriales en castellano.

Cartel de la película El Gran CuadernoAgota Kristof nació en 1935 en Csikvánd (Hungría) y murió en 2011 Neuchâtel (Suiza). Comienza en el mundo literario desde Suiza, con pequeñas obras teatrales y relatos radiofónicos. El salto a la literatura internacional se produce en 1986 con El Gran Cuaderno, primer libro de su trilogía Klaus y Lucas galardonado en varios países con diversas distinciones litararias: el Moravia en Italia, el Schiller en Suiza y el premio austriaco de Literatura Europea. Esta obra ha sido también llevada al cine por director húngaro János Szász (para ver el tráiler pincha aquí).

“Me dejé en Hungría mi diario de escritura secreta, y también mis primeros poemas. También dejé a mis hermanos, mis padres; sin avisarles, sin despedirme de ellos, sin decirles adiós. Pero sobre todo, ese día, ese día de finales de noviembre de 1956, perdí definitivamente mi pertenencia a un pueblo.”

Agota Kristof en la Biblioteca UPM

Sonatas (Memorias del Marqués de Bradomín) / Ramón del Valle-Inclán

Ramón del Valle-Inclán: Sonatas (Memorias del Marqués de Bradomín)

Ediciones disponibles:  Alianza, Austral, Debolsillo, Reino de Cordelia.

La silla de posta seguía una calle de huertos, de caserones y de conventos, una calle antigua, enlosada y resonante. Bajo los aleros sombríos revoloteaban los gorriones, y en el fondo de la calle el farol de una hornacina agonizaba. El tardo paso de las mulas me dejó vislumbrar una Madona: sostenía al Niño en el regazo, y el Niño, riente y desnudo, tendía los brazos para alcanzar un pez que los dedos virginales de la madre le mostraban en alto, como en un juego cándido y celeste. La silla de posta se detuvo. Estábamos a las puertas del Colegio Clementino. (Sonata de primavera).

 

Las cuatro Sonatas (Otoño, Estío, Primavera, Invierno) son novelas cortas que hoy llamaríamos relatos. Se pueden leer independientemente, cada una con su propia y acusada personalidad, pero su riqueza expresiva y su articulación en forma de ciclo las hace sólidas y polifacéticas, con sus abundantes ingredientes geográficos e históricos, sentimentales, eróticos, de aventura. Se trata pues de un conjunto narrativo relativamente pequeño pero en cierto sentido envolvente y desbordante, tanto desde el punto de vista del género literario como de la temática.

Sus escenarios son marginales respecto a la modernidad liberal, urbana e industrial que parecía marcar la pauta en la época en que los relatos se desenvuelven: los desiertos mexicanos, la Galicia feudal profunda, la Italia señorial y eclesiástica anterior a la Unificación, y como remate los estertores de la última corte carlista de Estella. De hecho, en perspectiva histórica, sus propias coordenadas vitales (1866-1936) colocaban a Valle como un Jano bifronte a horcajadas entre dos siglos: mira por un lado a un arcaico XIX lleno de resabios del Antiguo Régimen, y a la vez hacia adelante a una sociedad de masas de personalidad trastornada y huérfana de certezas. En este marco, su propuesta literaria modernista-simbolista no tiene nada de divertimento frívolo ni de juego decorativo: es una sonora bofetada a las convenciones del positivismo burgués. El sujeto lector es seducido por una prosa brillante, por las aventuras y anécdotas, por la mezcolanza de tensión sexual y vértigo sacrílego, pero para terminar topándose con la fuerza del destino, el juego de espejos entre el bien y el mal, las pasiones, en definitiva la condición humana. No olvidemos que la aparición de las Sonatas viene a coincidir en el tiempo con la irrupción del psicoanálisis freudiano y la formulación de la relatividad einsteiniana. No es tan importante saber si Valle estaba absolutamente al cabo de estas novedades culturales como entender el ambiente de cambio de época que parecía demandar la superación del mecanicismo de la literatura realista-naturalista inmediatamente anterior; y esto aun cuando Valle fuera influido por alguno de aquellos autores como Eça de Queirós.

Desde su publicación inicial las Sonatas sentarán cátedra en la narrativa de Valle. Algunos de sus personajes, como el tradicionalista y vividor Juan Manuel de Montenegro, reaparecerán en otras obras y ciclos del autor. Este seguirá retocando la tetralogía hasta muchos años después sin desdeñarla en absoluto. Como tantas veces se señaló, se comprende la trascendencia de Valle para la narrativa contemporánea posterior, muy en particular la latinoamericana. Este crepúsculo de la aristocracia del Antiguo Régimen deviene patéticamente en podredumbre premonitoria de futuros horrores, sobre todo en la Sonata de invierno: ¿se adelantó Valle a Lampedusa y a Visconti?

¡Oh alada y riente mentira, cuándo será que los hombres se convenzan de la necesidad de tu triunfo! ¿Cuándo aprenderán que las almas donde sólo existe la luz de la verdad, son almas tristes, torturadas, adustas, que hablan en el silencio con la muerte, y tienden sobre la vida una capa de ceniza? ¡Salve, risueña mentira, pájaro de luz que cantas como la esperanza! Y vosotras resecas Tebaidas, históricas ciudades llenas de soledad y de silencio que parecéis muertas bajo la voz de las campanas, no la dejéis huir, como tantas cosas, por la rota muralla! Ella es el galanteo en las rejas, y el lustre en los carcomidos escudones, y los espejos en el río que pasa turbio bajo la arcada romana de los puentes: Ella, como la confesión, consuela a las almas doloridas, las hace florecer, las vuelve la Gracia. ¡Cuidad que es también un don del Cielo!… (Sonata de invierno)  

Ramón del Valle-Inclán en: Biblioteca UPM.

Entre La Isabelina, y Susana y los cazadores de moscas (Pío Baroja)

Caro RaggioEntre La Isabelina, y Susana y los cazadores de moscas
Pío Baroja Nessi

Madrid : Caro Raggio, D.L. 1976 (Susana y los cazadores de moscas)
Madrid : Caro Raggio, D.L. 1977 (La Isabelina)

Estas son dos novelas menores de Pío Baroja: La Isabelina, y Susana y los cazadores de moscas. La primera (décimo tomo de las memorias de un hombre de acción) describe el ambiente que se vive en Madrid en los momentos posteriores a la muerte de Fernando VII (29 de septiembre de 1833) e inicio de la regencia de María Cristina. Nos habla de carlistas y liberales (cristinos e isabelinos), personajes que a un tiempo figuran circunstancialmente adscritos a sociedades secretas como masones y carbonarios. Nos cuenta los entresijos de la conspiración liderada por Palafox e instigada por Eugenio de Aviraneta, personaje histórico ligado a la familia del escritor y que es  el  foco de atención en esta colección de Baroja. Incluso el famoso y castizo bandolero Luis Candelas, con ideas políticas liberales, tiene cabida en esta historia donde políticos, militares y bandoleros se reúnen y pronuncian con variado éxito y publicidad.

La Isabelina resulta curiosa por su descripción de un Madrid del siglo XIX que se nos aparece como poco más que una aldea manchega; la miseria de muchos, la opulencia de algunos, el tráfico de dinero para auspiciar conspiraciones;  la propuesta de una regencia alternativa basada en la intervención de la infanta Carlota de Borbón, hermana de María Cristina, y su marido y hermano menor de Fernando VII;  la epidemia de cólera que desangra la ciudad y desata una matanza de frailes acusados de envenenar las fuentes, y que finalmente cambia el curso de las conspiraciones. La Caro Raggionovela está articulada desde la visión de un narrador externo a la trama como un ojo de pez que todo divisa. Algunos han comparado esta novela de Baroja y su colección con los episodios nacionales de Galdós, yo no lo estimo necesario.

En cambio, Susana y los cazadores de moscas, es una ficción narrada en primera persona por un humilde boticario que en comisión de servicio se ve atrapado en París al inicio de la guerra civil española; el protagonista comparte muchos rasgos de carácter del propio autor como son la ironía y el pesimismo, y coincide con su situación vital. Se percibe un tono netamente autobiográfico, y la experiencia de primera mano de París que ya narra en otra novela: Los últimos románticos, y algunas más. El protagonista cuyo nombre, Miguel, sólo aparece al término de la novela,  entra en contacto con un conjunto de personajes pintorescos entre los que se encuentran los cazadores de moscas.  ¿Qué ocurre cuando intentamos eludir los más nimios peligros y olvidamos las grandes contingencias? Susana y los cazadores de moscas se terminó de escribir en París en abril de 1938 y pone claramente de manifiesto la encrucijada en la que se encuentra el autor y su terruño.

La editorial Caro Raggio, íntimamente ligada a la familia, resurge en 1972 a manos de Julio y Pío, hijos de Rafael Caro Raggio y Carmen Baroja Nessi. Momento en que realizan una extensa y cuidadosa edición de los textos completos de Pío Baroja coincidiendo con el centenario de su nacimiento. La colección ha caído en mis manos  y me tiene envuelta en las brumas del cambio de siglo.

“Mi ideal es fundar la República del Bidasoa con este lema: Sin moscas, sin frailes y sin carabineros. Un pueblo sin moscas quiere decir que es un pueblo limpio: un pueblo sin frailes revela que tiene buen sentido, y un pueblo sin carabineros indica que su estado no tiene fuerza; cosas todas que me parecen excelentes.”

Pio Baroja con su madre, su hermana y sus sobrinos

Pío Baroja en la Biblioteca de la UPM

El chico de las cigüeñas. Luisa Cuerda

Cubierta: El chico de las cigüeñas, Luisa CuerdaEl chico de las cigüeñas
Luisa Cuerda
La Coruña : Ediciones del Viento, [2009]

Esta es la historia a dos voces de un chaval de pueblo que es iniciado en el placer de la literatura por un maestro rural recién llegado.

Es difícil decidir ser escritor para un chico de pueblo en quien su madre ha puesto todas sus esperanzas…

Es la historia atemporal de una admiración preadolescente, lejana y sobreentendida frente a un re-encuentro directo, adulto y a ratos brutal.

Mi infancia fue así. La voz de Ventura respaldando mis actos, la de mi madre, rechazándolos…

El joven pupilo que deviene en autor de renombre presupone el orgullo y la satisfacción de su maestro ante una dedicatoria emotiva que alude al mentor con nombres y apellidos. Se trata, sin embargo, de una presunción inocente no exenta de cierta egolatría. A partir de ese momento encontramos la narración actual de ambas almas; el contraste entre el paisaje humano rural, residencial y urbano.

Es la narración del primer vuelo del pupilo, asemejado al despertar de los cigoñinos en el campanario de la iglesia del pueblo; aves que tanto acompañaran al escritor en su infancia.

No me quería ir sin decírtelo. Es referente a esa historia que te conté, la leyenda del chico que se convirtió en cigüeña…

Está escrito con elegancia y estilo. Y es capaz de entremezclar, narración, conversación y reflexión en unos párrafos muy bien hilados y engarzados.

El chico de las cigüeñas, presentado por Ediciones del Viento en 2009, es un encuentro afortunado en una biblioteca popular estival. Su autora, Luisa Cuerda (Madrid, 1958), es una personalidad polifacética: abogada, profesora de piano, columnista en periódicos de provincias, y autora de varias novelas, ganadora del premio internacional de narrativa Javier Tomeo en 2004.imagen de la autora

Uno de los aspectos que me ha llamado la atención en esta autora es su preferencia por los personajes masculinos entre los que figuran varios secundarios muy bien perfilados. El carácter, la personalidad de los individuos y su vida interior (que se glosa e intercala en el texto de manera muy afortunada); y el acercamiento/descubrimiento paulatino de los anhelos y esperanzas de la madre, que supone la entrada definitiva y tardía del escritor en el mundo de los adultos, lejos de las categorías maniqueas de la infancia.

Recuerdo un comentario al respecto de Coetzee, referente a su famoso personaje Elisabeth Costello: el reto y la posibilidad que aporta la literatura de travestirse y cambiar de género para explorar ámbitos desconocidos del alma. Y esa es la sensación en este texto, no especialmente ambicioso pero muy afortunado es el resultado final.

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