Archivos de la Categoría: Historia

Emena, Médico del Congo. Joaquín Sanz Gadea

Emena, Médico del Congo

Joaquín Sanz Gadea

Plaza y Janes

Tenía mucha prisa; me daba la impresión de que jamás en mi vida había sentido esta urgencia. ¿Cómo estarían mis enfermos del “Hospital General”? ¿Qué habría ocurrido con todos mis amigos de Stan, con las monjas españolas que de modo tan abnegado trabajaban con una población atrapada por guerras continuas? ¿Cuántos de mis conocidos habrían sido víctimas inocentes de aquel furor enloquecido, aquella especie de amok bajo el cual el hombre dejaba de ser hombre para convertirse en una fiera salvaje.

El 30 de junio de 1960, después de arduas negociaciones en Bruselas, la antigua colonia belga alcanzó la ansiada independencia. Había nacido la República del Congo. Un nacimiento lleno de lucha, de sufrimiento, de sangre.  Atrás quedaban años de dominio colonial belga y aunque los años habían pasado, el recuerdo de las humillaciones y crueldades sufridas permanecía latente. La riqueza está, sigue ahí, y donde hay riqueza hay codicia. El odio tribal se mantiene. El conflicto estalla irreversiblemente. El horror de Conrad se hace presente

La población tuvo que asistir, como a un espectáculo, a aquellas horribles carnicerías. Prisioneros con los pies o las piernas amputadas a hachazos, cuerpos vivientes sin manos, rostros deformados por las amputaciones, seres mutilados que eran obligados a comerse sus propios órganos sexuales en medio de la feroz algarabía de los simbas drogados…

Y en ese escenario de caos, de lucha, de muerte y supervivencia, Joaquín Sanz Gadea llega para trabajar como médico para la OMS. Su vocación por ayudar al necesitado, dar consuelo, curar al enfermo encuentra en esas tierras el lugar más adecuado para ello.  ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Por qué he venido?, ¿Qué género de vida me espera?, son las preguntas que se hace nuestro protagonista. No es el África que había imaginado cuando era pequeño. Esa tierra no existe. Ahora es una tierra dura, cruel, en la que tiene que luchar contra costumbres atávicas, luchas tribales, intereses de potencias extranjeras. Ante esas dificultades su labor humanitaria solo se puede entender desde una plena vocación de servicio hacia los demás, del máximo esfuerzo por conseguir hacer el bien. Como el de las monjas españolas dominicas que murieron asesinadas en aquellas fechas.

Sanz Gadea es testigo y protagonista de una parte de la historia del Congo, de África. Una tierra dura, cruel pero bella, siempre fascinante, siempre mágica.

Joaquín Sanz Gadea nació en Teruel el 30 de junio de 1930 y murió en Madrid en mayo de este año. Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, fue propuesto para el premio Nobel de la Paz en diversas ocasiones.

Joaquín Sanz Gadea en la Biblioteca UPM

Azúcar y abolición / Raúl Cepero Bonilla

Raúl Cepero Bonilla:
Azúcar y abolición.

Prólogo de Jordi Maluquer de Motes.

Barcelona : Crítica, 1976.

Los políticos españoles pronto aprendieron que los hacendados necesitaban del poder metropolitano para defender sus intereses de las amenazas abolicionistas, y, cuando notaban en la clase de los hacendados una actitud favorable a las ideas revolucionarias, amenazaban con abolir la esclavitud y como por ensalmo se desvanecían esos coqueteos de los hacendados con la revolución. (p. 45)

Hay ciertas realidades incómodas sobre las que las sociedades suelen pasar de puntillas, bien ignorándolas, negándolas o atribuyéndoselas exclusivamente a sus vecinos. Pasa con el nacionalismo de los otros, nada que ver con nuestro siempre virtuoso patriotismo. Y con el esclavismo y el racismo, antipáticos e infamantes. Tanto es así que poca conciencia existe en la España de nuestros días sobre el hecho de haber sido uno de los últimos estados llamados occidentales en abolir la esclavitud, que duró hasta 1880; así como de que el asunto estuvo íntimamente ligado al mantenimiento y pérdida final del imperio ultramarino, el batacazo de 1898 y sus consecuencias para un convulso siglo XX. De hecho en nuestras coordenadas vitales somos contemporáneos de hijos y nietos de quienes fueron esclavos a todos los efectos en territorio español, a la vuelta de la esquina en tiempo histórico.  
La lectura propuesta aporta una perspectiva desde Cuba. Antes de convertirse en protagonista de la Revolución de 1959, Raúl Cepero Bonilla había sido un incipiente historiador cuyo ensayo Azúcar y abolición (1948) se constituye en clásico de la historiografía cubana sobre el siglo XIX. El libro fue escrito en época bien significativa: institucionalización jurídica del apartheid en Sudáfrica; independencias de las enormes India e Indonesia que marcan el comienzo de la descolonización de postguerra en el llamado Tercer Mundo; comienzo de la Guerra Fría; inminente Revolución china. En 1976 fue publicado en España con una de aquella soberbias cubiertas de Alberto Corazón. La obra tiene la solera de los buenos estudios de historia sociopolítica: conocimiento y uso de las fuentes, análisis sociológico y perspectiva global. Para el asunto en cuestión, un escenario internacional con cuatro protagonistas básicos: la fragmentada sociedad cubana, la metrópoli española, la potencia mundial en ejercicio (Gran Bretaña), y unos dinámicos y expansivos Estados Unidos de América. Y en el centro y como piedra de discordia, el azúcar. Un bien de consumo continuo y asentado, que a la sazón experimentaba cambios en su propia materia prima de procedencia (remolacha versus caña) y en sus procesos industriales de obtención y refinado. 
A día de hoy aun somos deudores de una visión histórica general del esclavismo y de la abolición más bien limitada a su aspecto moral, en buena medida debido a la influencia de innumerables productos mediáticos de mayor o menor enjundia. Antes bien, como otras atrocidades propias de nuestros días, el esclavismo contemporáneo es cuestión de intereses sociales: Azúcar y abolición, aunque circunscrito al marco hispanoantillano, es un buen instrumento para iniciarse en este tema, y más ampliamente en la cuestión racial en el mundo hispánico, que obviamente no debería permanecer en penumbra ni un minuto más.  

El reglamento de libertos llegó hasta negarle al “patrocinado” la obtención de un jornal o salario. El esclavo, que ahora se llamaba “liberto”, tenía la obligación forzosa de trabajar para sus dueños, pero éstos no tenían más obligación que alimentarlo y vestirlo, es decir, ponerlo en condiciones de rendir la faena diaria. La revolución seguía coqueteando con la clase esclavista, pero ésta prefería el sometimiento a la metrópoli, que no alteraba la tranquilidad en los ingenios y las dotaciones. (p. 136)

Para saber más sobre la esclavitud: en Bibliotecas UPM.

 

El viejo barco (Gu chuan), Zhang Wei

 

carátula del libroEncontré este libro por casualidad, en un deambular en busca de una lectura pausada. Me llamó la atención su autor, Zhang Wei, nacido en la provincia de Shandong (China) en 1955; autor integrado en la vida de su país como un escritor reconocido, queda la incógnita de si esto es bueno o regular. En todo caso el libro El viejo barco se escribió en 1987 dos años antes de las protestas de la plaza de Tiananmén y se publica en 2019 por primera vez en España por la editorial Kailas.

La novela está escrita en clave de ficción y recorre con mirada, a ratos crítica, 40 años de la historia de China a través de una ciudad imaginaria: Wali, en la que predominan tres clanes familiares los Sui, los Zhao y los Li, vistos a la luz de tres generaciones. En el transcurso del relato se describe de manera indirecta las consecuencias humanas, en muchos casos desgarradoras, de la Revolución, la Reforma Agraria, la Gran Hambruna y algunos cambios político-económicos, reconocibles parcialmente por los hechos que describen sin alusión directa, ni indicación temporal.

fideos celofánWali, una ciudad portuaria venida a menos, es el centro de una actividad primaria, la producción de un tipo famoso de fideos transparentes (celofán) a partir de harina de judías elaborada en numerosos molinos de la ciudad. Observamos diversos cambios tecnológicos: la pérdida de accionamiento hidráulico por la disminución del nivel del rio, la introducción de la tracción animal, y posteriormente los distintos niveles de mecanización, obra del clan Li, valorado por su creatividad y denostado por su excentricidad. Los otros dos clanes Sui y Zhao, se alternan en el poder, los primeros como reflejo de una China pre-comunista caída en desgracia, y los segundos aupados por su capacidad de sobrevivir con procedimientos dudosos en tiempos revueltos.

No es una novela maniquea de buenos y malos. Los caracteres son poliédricos y sus actuaciones diversas, a foto del autorratos justificadas, a ratos sin justificación aparente. Profundiza en la complejidad de los comportamientos humanos y las consecuencias sociales de decisiones políticas controvertidas tanto si se trata de una China feudal o comunista.

Me llama la atención la enorme distancia cultural (esperable), y la brutalidad de los tiempos y de los acontecimientos (descritos en tono desapasionado). La opresión especialmente alienante para las sucesivas generaciones de mujeres; solo una parece escapar al sino general.

Es interesante y está muy bien tratada la referencia sistemática a párrafos del Manifiesto Comunista, lectura de cabecera de uno de los personajes que se encuentra lejos de los centros de poder, en muchos casos criticado por su marginalidad e inacción.

Mao DunZhang Wei recibió el 8º premio Mao Dun en 2011. Este galardón recibe su nombre del pseudónimo de un reconocido escritor de corte naturalista, fundador del partido comunista Chino (motivo por el que tuvo que exiliarse a Japón entre 1928 y 1930), nombrado ministro de cultura de la República Popular China entre 1949 y 1964.  El galardón fue instaurado en 1982 a raíz del testamento del autor (para el que él personalmente dona una cuantía inicial) otorgándose posteriormente cada tres-cuatro años. En la actualidad el premio Mao Dun es el galardón más importante de las letras chinas, se trata por tanto de un reconocimiento oficial.

Al rebuscar en internet encontramos una crítica reciente al premio Mao Dun precisamente en su edición de 2011 dado que varios de los autores agraciados tenían una cierta pre-eminencia en la asociación de escritores chinos.

El libro en todo caso está bien escrito, y resulta adictivo e interesante. En China y Taiwán se ha editado más de 20 veces e imagino que algunos de los pasajes que incluye supusieron en su momento un gesto de cierta osadía por parte del autor.

 

La creación del patriarcado / Gerda Lerner

Gerda Lerner:
La creación del patriarcado (traducción de Mònica Tusell). Pamplona : Katakrak, 2017.

The Creation of Patriarchy. Oxford University Press, 1987.

 

La Historia de las mujeres es indispensable y básica para lograr la emancipacion de la mujer. Esta es la convicción a la que he llegado, basándome en la teoría y en la prácica, después de veinticinco años de estudiar, escribir y enseñar Historia de las mujeres, El argumento teórico se tratará ampliamente en este libro; el argumento práctico nace de la observación de los fuertes cambios de conciencia que experimentan las estudiantes de Historia de las mujeres. Ésta transforma sus vidas. Incluso un breve contacto con las experiencias de las mujeres del pasado, como el de un cursillo de dos semanas o un seminario, ejerce un profundo efecto psicológico entre las participantes. (Introducción)  

¿Cómo es posible que nuestras vidas individuales estén tan determinadas por los roles culturales dominantes? ¿Por qué es un camino difícil aun para muchas personas la salida de este encarrilamiento, la libertad de género en suma? ¿Cómo explicar la violencia asociada y la ira liberticida en torno a este asunto? ¿Confusión ante controversias en curso sobre prostitución, gestación..? Quizás la discusión ética en abstracto no baste y haya que volver la mirada a la Historia. Ese es el objetivo de La creación del patriarcado, publicada en su día en español por Editorial Crítica y reeditada por Katakrak en 2017. Para escudriñar los orígenes de esta persistente concepción del cosmos, la autora enfoca el presente desde la Historia antigua de Mesopotamia, el Próximo Oriente y una Grecia clásica despojada de clichés románticos. No es que el patriarcalismo sea exclusivo de sus herederos llamados hoy día "occidentales", pero sí que podemos ver aquella región -el "puente del mundo" que diría John M. Hobson- como la cuna de cosmogonías patriarcales por excelencia, de las que el extendido monoteísmo posterior -sucesiva y acumulativamente judío, cristiano, musulmán- es claro deudor en tantos de sus elementos. Esa filiación entre sociedades protohistóricas y mundo actual no por remota resulta menos decisiva, elaboración bíblica mediante. Otra perspectiva de interés es la de una obra de Historia del derecho, considerando la relevancia otorgada a fuentes escritas directamente de carácter jurídico o que se refieren a ese ámbito.

   
La creación del patriarcado es un libro con vocación de clásico, poderoso, iluminador  y emocionante. No porque sea especialmente muy narrativo sino por cuanto nos emplaza ante el reto de los humanos por su supervivencia desde épocas lejanas y a cuya superación de peor o mejor manera debemos nuestra existencia. Una muestra de cómo la investigación histórica no mejora ya la conciencia y situación de género sino en conjunto las de especie ofreciendo una visión verdaderamente nueva. Una obra que desentraña la actualidad remontándose a sus raíces antiguas, mostrando la estrecha relación originaria entre la desigualdad social de género, las diferencias de clase y el surgimiento de la esclavitud, así como la importancia del factor tecnológico: agricultura neolítica y metalurgia. 


El aparato crítico deja entrever cómo Lerner se benefició de su multilingüismo y en particular del conocimiento del alemán, que era su lengua originaria y vehículo principalisimo de la investigación filológica y arqueológica sobre Mesopotamia. El volumen se remata con ilustraciones comentadas, apéndice de definiciones de conceptos y una suculenta bibliografía.


Para saber más: www.gerdalerner.com

Hemos visto que las explicaciones sobre el poder de engendrar han pasado de la diosa-madre como principio único de fertilidad universal a la diosa-madre a quien dioses o reyes humanos acompañan para que sea fértil; y luego al concepto de un poder de creación simbólico expresado primero en "el nombre" y más tarde en "el espíritu creador". También hemos presenciado el cambio experimentado en el panteón de dioses, desde la todopoderosa diosa-madre al omnipotente dios de la tormenta, cuya consorte es una versión domesticada de la diosa de la fertilidad. Al panteón de dioses solo le queda verse reemplazado por un único poderoso dios masculino y que ese dios incorpore el principio del poder de engendramiento en su doble vertiente. Esta transformación, que se da de muchas maneras distintas en culturas diferentes, en el caso de la civilización occidental se produce en el Libro del Génesis. (La alianza)

Cuaderno de faros. Jazmina Barrera

Cuaderno de faros
Jazmina Barrera
Logroño : Pepitas de calabaza, 2019

 

En su Cuaderno de faros Jazmina Barrera plasma la fascinación y el atractivo que los faros ejercen sobre su sensibilidad. Y consigue trasladarlo muy pronto al lector, como no puede ser de otra manera a poco que éste empieza a reflexionar de su mano acerca de esas construcciones levantadas al límite de la tierra firme y que vigilan el océano indescifrable.

El libro está dividido en seis viajes a faros situados en lugares del mundo muy lejanos entre sí. En cada capítulo, la autora, valiéndose de pequeños ensayos o breves artículos, va juntando una colección de detalles, de experiencias, de emociones y de pensamientos, pero también de historias y de mitologías, valiéndose de una extensa documentación y de múltiples referencias literarias.

Si de entre todo lo que reúne Jazmina Barrera tuviera que elegir dos o tres elementos, me quedaría sin dudarlo con la tierna historia del faro de Jeffrey’s Hook en Manhattan (The Little Red Lighthouse), pero también con las variadas referencias literarias que recoge (que van nada menos que desde Virginia Woolf hasta uno de los relatos fantásticos de Ray Bradbury). Y, sin duda, me quedaría con el capítulo que define a los faros como seres a medio camino entre la civilización y la naturaleza (entre la utilidad y la necesidad de darles un nombre), que me traslada feliz –y libremente– a uno de los poemas que Andrés García Cerdán recoge en su último libro "Defensa de las excepciones", en el que los guerreros comanches son de algún modo también los prados, su caballo y la flecha.

 

El faro mira y busca, como mira el humano, como un humano de piedra. La primera vez que estuve frente a un faro sentí como Michelet, que “la posición de guardián de los mares, de velador constante, hace del faro una persona.”

 

Formar una colección como esta, tan honda y llena de reflexión puede llevar a su autor demasiado lejos en el viaje al centro de uno mismo. Para Jasmina Barrera ciertas colecciones deben permanecer inconclusas (porque cuando se colecciona hay que acotar, si no se quiere recolectar el mundo entero). Así queda, pues, esta bella, inspiradora y fragmentaria colección de faros.

 

Microcosmos / Claudio Magris

Claudio Magris: Microcosmos.

Ed. Anagrama, 1999- (trad. castellana de J. A. González Sainz)

Título original: Microcosmi. Garzanti, 1997-

 Sobre los islotes se asoman las barracas, la secular construcción lagunar que hacía las veces de casa y de almacén para la pesca, hecha de madera y de mimbres, con la puerta hacia poniente, el suelo de barro, el hogar, fughèr, en el centro y el jergón relleno de algas secas. Todavía queda alguna barraca, incluso bastantes; de algunas sobresalen las antenas de la televisión, otras están rehechas o transformadas. En Porto Buso, donde termina la laguna de Grado, ya no quedan, porque en la época de la guerra de Abisinia un jerifalte, de paso por aquí, observó que era indigno ir a civilizar África y tolerar chozas abisinias en nuestra propia casa y las mandó derribar, sustituyéndolas por pequeñas casas de piedra.  (p. 70)

Claudio Magris es un escritor erudito con un instinto especial para los grandes ámbitos culturales como la cuenca danubiana o el Mar Adriático, escenarios sobre los que el fin de la Guerra Fría le ha permitido lanzar una mirada renovada. Su atalaya de observación es privilegiada: su Trieste natal y la región de Friuli de sus orígenes familiares, punto de contacto y transición entre Centroeuropa y el Mediterráneo, entre Italia y la península balcánica.

De entrada, atención al plural del título original italiano: Microcosmi, o sea múltiples Microcosmos.  Este libro solo de refilón puede ser considerado “de viajes” sin más. Magris va de un escenario a otro, pero para penetrar en la intrahistoria de lugares y personajes tan recónditos como imprescindibles. De tal modo que el desplazamiento parece en realidad el vehículo de la reflexión concentrada. En la receta de Microcosmos caben también el ensayo, la crítica e historia literarias, y la historia social. Su aguda inteligencia y su dominio absoluto del lenguaje permiten a Magris desplegar toda una poética humanista de la Historia, bien emparentada con aquellas otras, respectivamente espacial y geográfica, que nos enseñan Bachelard y Onfray. Elegía del Adriático, ese brazo del Mediterráneo con pinceladas norteñas y orientales, teatro de la magnética cultura veneciana. Testimonio de otros rincones fronterizos: Piamonte, Tirol. Observaciones recatadas pero precisas de pequeños territorios de los que Magris extrae matices y descifra significados trascendentes que les confieren –y a él mismo como creador- un alcance cuando menos continental. Un libro lleno de buenas pistas literarias, incesantemente hipertextual en su esencia. Confieso que Microcosmos me parece un Magris en estado de gracia: aunque había leído algunos otros textos suyos, ninguno me conquistó como este; nuevo reconocimiento a nuestra compañera María José Rodulfo que me sugirió su lectura.

Un último aviso: en la traducción que manejamos –muy buena por lo demás-, muchos topónimos se mantienen en su forma italiana y no en la eslava como son comúnmente usados por los hispanohablantes hoy día; así Cattaro es Kotor, Fiume es Rijeka, Spalato es Split, etc. No hay indicaciones sobre esto más allá de las muy ocasionales del autor, debidas al contenido de la obra propiamente dicho.

La corrección lingüística es la premisa de la claridad moral y de la honestidad. Muchas fullerías y graves prevaricaciones nacen cuando se hacen chapuzas con la gramática y la sintaxis y se pone el sujeto en acusativo o el complemento directo en nominativo, enredándolo todo y confundiendo los papeles de las víctimas y los culpables, alterando el orden de las cosas y atribuyendo eventos a causas o a promotores distintos de los reales, aboliendo distinciones y jerarquías en una engañosa montonera de conceptos y sentimientos, deformando la verdad. (p. 131).

Claudio Magris en: Biblioteca UPM.

Las bicicletas son para el verano / Fernando Fernán Gómez

Fernando Fernán Gómez: Las bicicletas son para el verano.

Ediciones impresas: Espasa-Calpe (Austral), Cátedra (Letras Hispánicas).

Estreno en teatro: 1982.

Versión cinematográfica dirigida por Jaime Chávarri: 1984.

 …para una guerra hace falta mucho campo o el desierto, como en Abisinia, para hacer trincheras. Y aquí no se puede porque estamos en Madrid, en una ciudad. En las ciudades no puede haber batallas. (Prólogo)

Gran figura la de Fernando Fernán Gómez, autor, director e intérprete, siempre a recuperar y revisitar. En plena madurez en los años 70, dejó brotar el caudal de sus remotas vivencias del Madrid sitiado de la Guerra Civil (1936-1939) en una obra que, aunque premiada, no se estrenaría hasta más tarde, ya en el reflujo de la Transición. Un relato de baja clase media menestral que trasciende completamente el mero neocostumbrismo, una historia construida con gran oficio y estilo, con humor inteligente y fino análisis social, con una administración rigurosa de las embrolladas relaciones entre razón moral y razón política, tan propicias  a menudo al juego de trileros sobre aquellos acontecimientos. El resultado es una magnífica tragedia para la introspección colectiva.

Existen numerosas ediciones de Las bicicletas… La más veterana de Austral es contemporánea de la época del estreno e incorpora datos y preciosas fotografías de aquel primer montaje. Contiene también una introducción de Eduardo Haro Tecglen: algunas de sus apreciaciones han sido largamente sobrepasadas por el tiempo transcurrido, pero aporta información interesante sobre el propio Fernán Gómez y sobre la situación del teatro español a principios de los años 80. Por su parte, la edición de Cátedra tiene más trabajo crítico y una realización más pulcra.

Además, podemos disfrutar de la estupenda versión cinematográfica de Jaime Chávarri. En ella Agustín González conserva el papel protagonista -el memorable Don Luis- que ya había interpretado en teatro. Pero la localización geográfica cambia respecto al texto original: Chamberí es sustituido por el barrio de los Austrias, más asequible para filmar exteriores que no hayan cambiado tanto respecto a la época de la acción.

En fin, está claro que hay mucha literatura carcelaria, concentracionaria, y bélica en sentido general. Desde este punto de vista contextual, Las bicicletas… caería dentro de un subgénero específico de literatura “de asedio”, como la Gerona de Galdós (Episodios Nacionales). Madrid, con su gran tamaño y población, sufrió en la realidad histórica una experiencia de este tipo desde 1936 a 1939 con terrible violencia externa e interna y -debido al desenlace final de la guerra- sin oportunidad de duelo, expiación y reflexión adecuadas. Este es el laberinto trágico de Las bicicletas son para el verano.

Se acabó el pecado, joder. Únicamente hay que respetar, eso sí, el mutuo acuerdo entre la pareja. Que uno se quiere largar, pues se larga. Pero nada de cargarse a la chica a navajazos. Cada uno a su aire.  Y en la propiedad, ni tuyo ni mío. Los mismos trabajadores organizan la distribución de los frutos del trabajo, y ya está. Y la educación, igual para todos, eso por descontado. Tendrás todos los libros que quieras, Luis, para que sigas con tu manía. Y para que enseñes a los demás trabajadores, que ahí está la madre del cordero. (Cuadro IX)

Fernando Fernán Gómez en: Biblioteca UPM.

Jaime Chávarri en: Biblioteca UPM.

Est-il utile de tromper le peuple? (Condorcet), una cuestión de 1778

Est-il utile de tromper le peuple? (¿Es conveniente engañar al pueblo?); una cuestión de 1778 planteada por Federico II de Prusia y respondida por Marie Jean Antoine Nicolas de Caritat (marqués de Condorcet desde 1786).

 

Hay veces que el nombre (Caritat) lo dice todo… y el apellido (marqués) también.retrato de Condorcet

Condorcet nació en Picardía (región de Francia) en 1743, y quedó huérfano de padre desde muy joven (or so they say). Estudió en Reims con los jesuitas; posteriormente en el Collège de Navarre (de París) demostró su valía para las matemáticas. D’Alembert (el famoso enciclopedista) fue su profesor (de matemáticas) y protector, y estando este último en Prusia como matemático del Rey, después de Euler (que renunció harto y se fue a Rusia), se planteó la cuestión arriba mencionada.

Condorcet se casó (bien) en 1786, con Sophie de Grouchy (véase retrato), voraz lectora de todos los enciclopedistas (entre ellos Marie Jean Antoine Nicolas). Fue tras su matrimonio, que Condorcet (el marqués) empezó a interesarse en cuestiones sociales (y políticas), y como consecuencia se posicionó a favor de la Revolución (francesa) de 1789.

En 1794 Condorcet (sin ser ya marqués por culpa de la revolución) fue encarcelado y murió a los dos días (no se sabe si de un edema pulmonar o envenenado). Dicho esto, parece que el tiempo nos autoriza a airear la cuestión; además el texto es muy hermoso, está muy bien escrito, y es completamente literario (y por tanto no peligroso).

retrato de SophieCuriosamente resulta actual en muchos entornos, aunque no sabría decir cuál.

“si se extrae falsas conclusiones a partir de verdades aisladas mezcladas con algunos errores, es probable que, si no se hubiera tenido otra cosa que errores se hubieran adoptado otras falsas conclusiones y en mayor número todavía”

No es la única cuestión interesante que planteara el rey de Prusia, Federico II, probablemente animado por Voltaire, un diletante (por aficionado que no por sabio). Por ejemplo, Qué es la ilustración (Was ist Aufklärung), fue otra de las cuestiones (1784) que en este caso contestó Emmanuel Kant, que no es sospechoso de nada por ser amigo del saber (filósofo).

“Una generación no puede obligarse y juramentarse a colocar a la siguiente en una situación tal que le sea imposible ampliar sus conocimientos, presuntamente circunstanciales, y, en general, avanzar en el estado de ilustración; constituiría esto un crimen contra la naturaleza humana, cuyo destino primordial radica precisamente en este progreso”.

carátula del libroCuriosamente, los filósofos actuales no prestan atención a ese escrito (por ser menor), aunque esté en la PAU, y ni siquiera se lee en secundaria (aunque los chavales lo entenderían perfectamente); a mí me parece mucho más interesante que el imperativo categórico, por muy categórico que éste sea (defectos de ingeniería).

Nada más se puede decir, sin empeorar lo dicho por los propios autores, así que mi recomendación es volver a las fuentes y leer todo desde el principio. Bon profit; yo me quedo con Byron (que era un romántico y por ello más peligroso todavía).

 

Condorcet en la Biblioteca UPM

 

El pueblo en la guerra, de Sofia Fedórchenko

 

  El pueblo en la guerra.   Sofia Fedórchenko

  Traducción Olga Korobenko

  Hermida Editores

 

¡La que nos ha caído! Como si fuera el juicio final…No puedes dejar de obedecer, pero si obedeces, tu alma no lo aguanta…De cordura, ni una pizca. Ahora lo recuerdo pero antes: un estruendo horroroso, los obuses zumban, explotan, nuestros heridos vociferan…Y los heridos también aúllan como lobos, de miedo mortal…No hay nada más horrible que ese miedo… ¿Adónde quieren que vayas?…No avanzas, la gente se apiña…Los jóvenes chillan y rugen como bestias… Este saca el revólver y me dice: “¡Sal!”. Yo reculo, un  montón de  paisanos alrededor…Intento subirme y esta va y me dispara…No me dio, pero todos salieron en estampida y fueron al ataque.

Ha estallado la guerra. Ciudadanos de todo el continente son movilizados. Entre ellos, millones de rusos, la mayoría de ellos campesinos, son arrancados de sus isbas, de sus hogares, lejos de sus familias y lanzados a una guerra que no entienden, en lugares que  no conocen. Por qué está guerra, se preguntan muchos. Da igual, no tienen porque saberlo, solo son soldados, solo les queda obedecer.

¡No hay vida en esta guerra! Tengo miedo y me arrepiento. Y todo lo que hago resulta pecado. Si no obedezco, es pecado, y si obedezco me mandan cometer pecados tan gordos que da miedo morirse después.

Y dentro de ese mundo de miseria y horror, de sufrimiento y dolor, se encuentra Sofía Fedórchenko. Ella es enfermera en un hospital. Está rodeada de soldados que han vivido en primera persona esa guerra. Ella es lo opuesto a lo que han vivido. Y los soldados hablan…de sus miedos

No se veía nada, pero oí la respiración de alguien. Pregunté: ¿Quién va? ¡Voy a disparar! Silencio. Quise pensar, mas no había tiempo. Así que disparé…

de sus enemigos…

Me acerco a la ventana: toc-toc…Abre una mujer tímida, tiembla y no dice nada. Le pido pan. Hay un mueble en la pared, saca de allí pan y queso y empieza a calentar vino en un hornillo. Mastico a dos carrillos. Pienso: no hay fuerza capaz de arrancarme de este sitio…Se oye otra vez el toc-toc en la ventana… La mujer abre, igual que a mí. Veo irrumpir en casa a un austríaco…Nos miramos, se me atraganta el pan, estoy por vomitar… No sabemos qué hacer… Se sienta, coge de pan y de queso. Se pone a comer, zampa igual que yo. La mujer nos sirve vino caliente y dos tazas. Y empezamos a beber como unos vecinos. Bebemos, comemos, nos acostamos en el banco, cabeza contra cabeza. Y por la mañana nos vamos cada uno por nuestro lado. No había nadie para mandarnos.

de los compañeros…

En la locomotora me acoplé muy bien. Mis compañeros eran muchachos gallardos: sabían tanto trabajar como divertirse. También sabían ser buenos amigos, su amistad llegaba hasta lo más profundo del alma. Esos no se habrían peleado por un hueso, no…

Sofía Fedórchenko recogió siendo enfermera en el frente, donde se había alistado en 1914, los testimonios de los soldados heridos en combate. De sus miedos, de sus alegrías, de sus tristezas, de una vida distinta a la que habían conocido hasta entonces. Una vida de las que muchos no regresarían  y que a la mayoría les dejaría secuelas imborrables.

Era tan idiota que cuando me acostaba, cruzaba los brazos sobre el pecho… Por si me moría mientras dormía. Y ahora no tengo miedo ni a Dios ni al diablo…Después de haber metido la bayoneta junto con el brazo en una barriga, se me quitó todo…

Sofía Fedórchenko nació en San Petersburgo en 1880 y murió en la misma ciudad en 1957.

El pueblo en la guerra se publicó por primera vez en 1917. A ella la siguió una segunda parte centrada en la Revolución y una tercera dedicada al periodo de la Guerra Civil ( 1918-1922) y que no se publicó hasta 1990.

El campesino ruso no perecerá jamás, tiene raíces profundas en la tierra. La tierra es su padre y su madre, la guerra es su fin mortal.

 

El idiota moral: la banalidad del mal en el siglo XX / Norbert Bilbeny

Norbert Bilbeny:

El idiota moral: la banalidad del mal en el siglo XX.

Barcelona. Anagrama, 1993.

Malraux dijo: “Con los primeros gases mortales Satán reapareció en el mundo.” Si no queremos olvidarnos de Satán, habrá que pensar que ha venido también… con la camisa planchada y un título de master bajo el brazo. (p. 42)

La reciente publicación en castellano del libro de Christian Ingrao, Creer y destruir, sobre los intelectuales de las SS, ha vuelto a traer a la palestra las difíciles y controvertidas relaciones entre sabiduría, inteligencia, moral y ética. En algún sentido el nudo ya fue aflojado hace ochenta años en Salamanca con la contestación de Miguel de Unamuno al improperio contra el intelecto por parte de Millán-Astray. Pero parece que el tema no se agota ni se agotará: ¿son compatibles el saber y la capacidad lógica con la práctica de la atrocidad?

En torno a ello se construye El idiota moral de Norbert Bilbeny, un autor en castellano, catalán e inglés que ha consagrado buena parte de su obra filosófica al estudio de la ética. Cómo podemos definir y delimitar esa idiocia moral y ante ella, cuál es la posibilidad para juzgar a sus sujetos -¿nihilistas, verdaderamente conscientes, responsables plenos o parciales?- son los objetivos del libro. Este apareció en la primera mitad de los 90, o sea próximo a nuevos genocidios en los Balcanes y Ruanda, y en pleno despliegue de la insensibilidad ultraliberal, si bien en primera instancia se remite al concepto de banalidad del mal tal y como había sido acuñado por Hannah Arendt tras su experiencia del juicio de Adolf Eichmann en 1961. El idiota moral tiene una considerable carga de perspectiva psiquiátrica y puramente filosófica pero según se avanza en la lectura, se repasan aspectos jurídicos, sociales e históricos. Sigue siendo una estupenda lectura para este siglo XXI tan rebosante de desproporción informativa y automatismo criminal.

El genocida era, es, un loco en el cuerpo de alguien que está en su sano juicio. Sufre locura moral, lo que quiere decir que es inteligente pero nada razonable a la vez. Ello no sólo es posible: se ha hecho realidad y ha tenido millones de seguidores. Ayer condenaron el antisemitismo, pero el exterminio no fue contrario a su conciencia. Hoy aborrecen el racismo, pero no soportan personalmente a los extranjeros. (p. 86)  

Norbert Bilbeny en: Biblioteca UPM.

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