El hogar de niñas indeseadas. Joanna Goodman
Desde Lecturas para compartir, en su cuenta de TikTok @biblioetsidiupm, la biblioteca ETSIDI UPM recomienda la lectura de “El hogar de niñas indeseadas”, novela de la escritora canadiense Joanna Goodman.
A través de la vida de Elodie, una niña abandonada al cuidado de las monjas, Goodman expone al lector ante la pésima situación del sistema de orfanatos en Quebec durante los años 50.
El único pecado cometido por la pequeña será haber nacido dentro de una sociedad, donde las diferencias entre franceses e ingleses son irreconciliables. Sus padres, demasiado jóvenes e inexpertos, serán incapaces de superar todas las barreras sociales y culturales, que les imponen en su entorno familiar; y, tendrán que dejarla en el “hogar de niñas indeseadas”.
La vida de la pequeña dará un giro trágico cuando, como consecuencia de una nueva ley, que provee más fondos a los hospitales psiquiátricos que a los orfanatos, miles de huérfanos serán declarados enfermos mentales, y sus condiciones dentro del hogar irán empeorando cada vez más, hasta el punto de negarles una educación, y obligarles a cuidar de los pacientes con trastornos, siendo tan sólo unos niños.
Elodie tendrá que afrontar con valentía su nuevo trance; además de cargar constantemente con el dolor de haber sido abandonada y no sentirse querida; cuando injustamente le negarán el amor de una madre, que nunca renunciará a ella y no cejará en buscarla.
“El hogar de niñas indeseadas” es una novela basada en hechos reales, que capturará la atención del lector hasta el final, un testimonio profundo de cómo el amor persiste incluso en los momentos más difíciles.
Eastern Townships es una región mayormente agrícola, que contiene áreas donde hay tanto franceses como ingleses que viven en relativa armonía; es decir, relativa con respecto a Quebec, donde los franceses e ingleses se toleran entre sí con precaria cortesía, pero que no se relacionan de la forma en que lo hacen otras comunidades más homogéneas. Lo mismo podría decirse de los padres de Maggie, cuya unión siempre ha sido algo desconcertante para ella.
Su padre consiguió su diploma de horticultor a los dieciocho y su primer trabajo fue en el Centro de Jardinería de Pinney, en el lado este de Montreal. Era subgerente cuando la madre de Maggie apareció allí un día con la idea de comprar una planta para embellecer su apartamento en el barrio bajo de Hochelaga. Era una pobre criada francocanadiense que jamás había salido del barrio bajo y él era un anglófono culto y sofisticado, pero se enamoró de ella en cuanto vio sus intensos labios rojos y sus suaves rizos negros ese día en Pinney.
Hoy, el francés es el idioma oficial de su hogar —una prueba de la terquedad de su madre—, pero su padre ganó respecto a la educación. Como resultado, todos los niños asisten a la escuela protestante inglesa, lo que hace del inglés el idioma de su futuro.
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