Archivos de la Categoría: Novela

Galíndez, Manuel Vázquez Montalbán

Galindez.

Manuel Vazquez Montalban

Anagrama

¿Jesús Galíndez?

Hable español. Aquí no hay gringos. ¿Jesús Galíndez?

Me encuentro muy mal. Me da vueltas la cabeza. Tengo nauseas.

Denle de beber. ¿Qué prefiere, agua o un palito de Ron?

Agua….

No se ponga nervioso y haga cuanto le diga. Conteste a lo que le pregunte y luego haga lo mismo cuando lleguen mis superiores. Le ha visto un doctor y esta bueno, muy bueno, o sea que nada de nervios y no se resista. Será peor.

¿Dónde estoy?

No puedo decírselo.

¿Nueva York?

No puedo decírselo.

 

En el año 1956 fue secuestrado en la ciudad de Nueva York, Jesús de Galíndez. Los servicios secretos de la República Dominicana del dictador Leónidas Trujillo son los principales sospechosos de este hecho. Torturado y asesinado, su cadáver nunca fue encontrado.

Tras salir de España al finalizar la guerra civil, Galíndez, recaló en la Republica Dominicana y de ahí paso a Estados Unidos siempre trabajando a favor del exilio vasco. Colaborador de la CIA y del FBI, tanto en su estancia en isla caribeña como en su estancia en Nueva York, la presentación de su tesis doctoral sobre la dictadura de Trujillo en la universidad de Columbia parece que motivó que el dictador mandase su secuestro y asesinato.

Vázquez Montalbán recrea este triste episodio. Ideales barridos por intereses políticos cambiantes. Un exilio donde labrarse un futuro pero siempre pensando en la tierra dejada atrás. Lealtades cambiantes, vacilantes. Los protectores de hoy, mañana pueden ser los verdugos. Inseguridad permanente.

Manuel Vázquez Montalbán en la Biblioteca Universitaria UPM

Daniel Fuchs. Tributo a Blenholt.

Daniel Fuchs. Tributo a Blenholt. Automática editorial, 2019

Estamos en los años 30 en Williamsburg, en el distrito neoyorkino de Brooklyn, un barrio lleno de emigrantes de muchas nacionalidades entre ellas judíos centroeuropeos, como los protagonistas de esta historia. Un joven llamado Max Balkan tiene muy claro lo que quiere hacer con su vida. Salir del barrio, dejar la vida pobre que lleva, ser rico y tener poder. Para ello sólo tiene que conseguir poner en práctica alguna de sus grandes ideas porque él es listo, tiene sueños y no va a resignarse a trabajar por doce dólares a la semana y mal vivir como sus padres.  

Este era el lujo de Balkan: levantarse antes de las siete la mayoría de las mañanas para pasear por las calles, porque entonces sentía que crecía hasta los dos metros y medio y pesaba ciento cincuenta kilos… A las siete, las calles de Williamsburg apenas habían amanecido, no había humillación, no existía la indignidad y le era posible sentirse un hombre que vivía tiempos excepcionales con grandeza y sentido. Y la mugre sudada de Williamsburg se alejaba, se perdía, porque Balkan caminaba a grandes zancadas en un mundo propio en el que todos los sueños se hacían realidad, todos los deseos se cumplían. Ascenderá rápidamente, nivel tras nivel, se elevaría y escaparía de Williamsburg y de su inercia, tendría un alma esplendorosa y heroica: una vida brillante.

La mañana en la que comienza la novela Balkan tiene un deber que cumplir: ir al funeral del señor Blenholt. Ni su familia, ni sus amigos, ni su novia entienden muy bien ese empeño pero él quiere que todos acudan allí. Pero ¿quién es Blenholt?

Max tiene muchas ideas en la cabeza para desesperación de su novia Ruth:

-¡Tú y tus ideas!-exclamó Ruth con los ojos vidriosos-. Se te ocurren un millón de ideas y no tienes siquiera un trabajo. Querías que el metro pusiera transistores para que la gente no se aburriera en los vagones. Querías abrir una cadena de puestos de bebida de una costa a otra del país, solo que tenían que vender sopa de pollo caliente. En tazas. Querías inventar un paracaídas autónomo para que la gente se quedara en las nubes todo el tiempo que quisiera. Cada cosa que se te ocurre va a conseguir millones de dólares, todas, pero ni siquiera tienes trabajo no tienes ni un centavo, ¡lo único que tienes es un millón de ideas!

En esta novela se respira la vida de barrio, de casas de vecinos en la que todos se conocen, con los niños y niñas criándose en la calle, gritos de casa a casa, también pobreza y penurias  y donde la única meta es poder comer ese día para llegar al siguiente:

¿No lo ves, Ruth? No quiero ser como los demás. Es sombrío, sucio, pequeño e incómodo. Este tipo de casa, los pisos oscuros y sucios, los vecindarios chabacanos con los cubos de basura, la gente chillando en los patios y los niños peleando en los pasillos. Esta no es forma de vivir.

Daniel Fuchs (nueva York, 1909- Los Ángeles, 1993) fue un escritor y guionista estadounidense, hijo de inmigrantes judíos. Colaborador habitual de la New Yorker y del Saturday Evening Post, su trabajo literario más reconocido fueron las tres novelas sobre la comunidad judía en Brooklyn, publicadas en los años 30 con excelente crítica (Summer in Williamsburg, Tributo a Blenholt y Low Company). Fuchs decidió después mudarse a Hollywood donde trabajó como guionista cinematográfico durante casi cincuenta años. En 1956 recibe el Óscar al mejor guion original por Quiéreme o déjame, película protagonizada por Doris Day.

Sobre sus novelas de Brooklyn, Fuchs dijo una vez: 

Me dediqué en cuerpo y alma a las casas de vecindad: la vida en los pasillos, el jaleo de los montacargas, la variedad de personajes en los edificios, sus luchas diarias y preocupaciones, sus problemas.

A pesar de la poca fe que tienen todos en él Balkan es optimista y está seguro que su último proyecto va a ser un éxito: embotellar zumo de cebolla, sin piel, sin olores, sin lágrimas. De hecho ha recibido una llamada de la empresa a la que le ofreció su idea. ¿Conseguirá Max cumplir sus sueños? 

Para no perderse con las palabras en yidis que utilizan frecuentemente los personajes esta edición incluye un breve glosario.

Las garras de la noche, Cornell Woolrich

Las garras de la noche

Cornell Woolrich (William Irish)

Alianza Editorial

¿Cuándo murió?                                                                                                             

El hombre apretó los puños, los levantó angustiado por encima de su cabeza.       

¡No…ha muerto! ¡No entiende lo que intento decirle! Yace en alguna parte, bajo la tierra, en esta misma ciudad, en este preciso momento… respirando todavía. (Tumbas para los vivos)

Bud Ingram está traumatizado por la muerte de su padre. Cuando lo enterraron estaba vivo. El recuerdo le obsesiona. Ahora ha entrado en contacto con una extraña secta de adoradores de la muerte. La historia se repite.

En La marea roja, Jackie Blaine y Gil Blaine son un matrimonio siempre endeudado que intentan salir adelante con gran dificultad. Surge la posibilidad de pedir un último préstamo a un conocido. La señora Blaine descubrirá que su marido no es tal como pensaba.

No voy a dejarle ahora, voy a quedarme con él cuando entre ahí. ¡Él va a hacer el descubrimiento pero no se lo va a contar a nadie! No puedo permitirlo. Acaba de verme mirar hacia esa puerta. Va a leerlo todo en mi cara. No me queda energía suficiente para disimular. Voy a matarle ahí dentro…con las manos desnudas. (El cadáver de la puerta de al lado)

Harlan es un hombre rencoroso. Alguien le roba la leche de su puerta. No lo puede consentir, tiene que dar una lección al ladrón…pero la cosa se tuerce. Nada es como parece.

En Nunca me volverás a ver, Ed Bliss discute con su mujer y lo que parece una simple pelea conyugal se convierte en una autentica pesadilla llena de angustia y terror.

Si en semanas pasadas traíamos a esta pagina de Nosolotecnica una selección de relatos policiacos publicados en Black Mask Magazine, en esta ocasión el protagonista es un maestro de las novelas de suspense que publicó también en revistas del genero como Dime Detective, Detective Fiction Weekly, Argosy etc, en muchas ocasiones con diferentes seudónimos como William Irish.

Las garras de la noche es un conjunto de cuatro relatos de Cornell Woolrich lleno de climas obsesivos, llenos de dudas, en el que la angustia atrapa a los personajes. La atmosfera se hace insoportable para los protagonistas de los relatos. La salida parece imposible. La muerte es quizás la única solución, quizás…

Woolrich nació en Nueva York en 1903 y murió en la misma ciudad en 1968.

Solo intentaba engañar a la muerte. Solo pretendía vencer durante un corto tiempo la oscuridad que siempre supe vendría a invadirme y aniquilarme. Solo intentaba permanecer vivió un poco más, cuando ya hubiera muerto. Inmerso en la luz, prolongando un poco más mi estancia entre los vivos. (Cornell Woolrich)

Detective Privado, Hammett, Chandler, Stanley Gardner y otros

Detective Privado. Antología de BLACK MASK MAGAZINE

Hammett, Chandler, Stanley Gardner y otros

Barcelona: Bruguera, 1981

No soy un ladrón; solo un aventurero que se gana la vida trabajando contra los que quebrantan la ley. No es que trabaje para la policía; no, yo no soy de ésos. Tampoco soy un caballero andante. Únicamente me apercibí que los ladrones son las personas más ingenuas del mundo. Están tan obsesionados por sus propios planes para desplumar a los demás que ni siquiera se imaginan que pueden correr la misma suerte. (El falso Burton Combs. Carrol John Daly)

Black Mask  Magazine apareció en el mercado editorial en 1920. Hasta la publicación del último número en 1951, cientos de historias policiacas sirvieron de entretenimiento a millones de fieles lectores.

Formó parte de una serie de publicaciones llamadas Pulp magazine. Se trataban de publicaciones  hechas con un papel de ínfima calidad que se vendían por un precio muy bajo. Las colaboraciones se pagaban a tanto la palabra, cinco, diez e incluso un centavo la palabra. La mayoría de ellas tenían una calidad literaria en consonancia con el papel con que estaban hechas. Black Mask fue la excepción.  Reputados escritores como Hammett que publicó la mayoría de sus relatos en esta revista,  utilizaron la plataforma que les brindaba esta publicación para darse a conocer, para entrenarse en el oficio de escritor.  Muchos de ellos triunfaron con posterioridad en el cine, la televisión, la radio como guionistas. Historias de ambición, codicia, violencia,  temas muy cercanos a la realidad de la mayoría de sus lectores.

En un tiempo tan alejado de nuestro presente tecnológico, Black Mask Magazine ayudo a miles de lectores a olvidarse de su mundo y vivir otra realidad, otras historias. La magia de la literatura una vez mas se hizo presente para millones de personas. La magia se llamaba, Black Mask Magazine.

No hacia ningún trabajo aquel día, solo practicaba el balanceo de piernas. Una brisa cálida y voluntariosa soplaba contra la ventana de mi oficina y el hollín de las estufas del hotel Mansion House, situado al otro lado de la calle, rodaba por el cristal de mi mesa en diminutas partículas, como polen flotando sobre un solar vacío (Peces de Colores. Raymond Chandler)

La conciencia de Zeno / Italo Svevo

Italo Svevo: La conciencia de Zeno. 

Traducción de Carlos Manzano (ediciones: Cátedra, Debolsillo, Gadir, Lumen). 

Título original: La coscienza di Zeno

La enfermedad es una convicción y yo nací con ella. De la de mis veinte años no recordaría gran cosa, si no la hubiera descrito entonces a un médico. Es curioso cómo se recuerdan mejor las palabras dichas que los sentimientos que no llegan a agitar el aire. (El tabaco

Con la lectura de La conciencia de Zeno nos adentramos en una carta de presentación literaria del psicoanálisis. Y no ya porque uno de sus capítulos lleve por título este término: los asuntos de las relaciones entre sexos y paternofiliales están en un primer plano desde el mismo inicio de la narración. Y si la evocación del psicoanálisis nos traslada al mundo de Freud y compañía, hemos de tener en cuenta que la novela goza y comparte las circunstancias de la ciudad mestiza en la que su trama se desarrolla, la adriática Trieste: conexión con la Mitteleuropa austriaca, pero voz italiana y en consecuencia prontamente trasladable al público lector de otras lenguas románicas. Así se comprende el efecto de este clásico moderno en la divulgación de la temática psicoanalítica. 

Italo Svevo (1861-1928) construye un relato en el que el papel de impulsos ¿irracionales?, estímulos aleatorios, el azar, las zonas de penumbra y circuitos insospechados del inconsciente son determinantes en el destino de los protagonistas, y de manera apabullante en el del propio Zeno. Se diría que mucho antes del famoso golpe de calor de L’étranger de Albert Camus, Zeno ya se plantea como ejemplo de la hipótesis de la existencia como barco a la deriva. Por el lado social, la novela de Svevo se puede ver también como otro retrato descarnado más de la mentalidad burguesa: de acuerdo, pero en cualquier caso con el grado de penetración peculiar que le otorga su genialidad. Aunque el argumento pudiera resultar lejano – la vida prosaica de un capitalista triestino de hace más de cien años-, el libro nos destila enseñanzas preciosas para el mundo de hoy día, dibujando con nitidez cierto perfil de individualismo tan extendido en nuestra sociedad, a caballo de la quiebra de los vínculos comunitarios no virtuales.  

Por otra parte introspección no significa en modo alguno monotonía en este caso: las andanzas de Zeno Cosini encadenan giros y jugosas peripecias dentro de su rutina. Via Belvedere, Corsia Stadion, Tergesteo, el Jardín Público, las propias aguas adriáticas… Como en el Dublín de su amigo James Joyce, la narrativa de Svevo se apoya en la geografía urbana triestina e invita al turismo literario por esta singular ciudad. Y un aspecto nada desdeñable de la novela son también sus resortes e ingredientes musicales: la relevancia social del canto y del toque de instrumentos en un contexto anterior a la generalización de la música grabada, así como las alusiones a piezas y compositores concretos; todo lo cual eleva las posibilidades dramáticas del texto. Concluyendo, un libro profundo y terrible, de tono profético como un oráculo, que a buen seguro agradará mucho a degustadores de la belle époque, el tiempo clásico del imperialismo contemporáneo: pienso por ejemplo en los lectores aficionados a Thomas Mann.  

Era una noche muy estrellada y sin luna, una de esas noches en que se ve a mucha distancia y que, por esa razón, calma y aquieta. Miré las estrellas que podrían llevar aún la señal de la mirada de adiós de mi padre moribundo. Pasaría la época horrible en que mis hijos ensuciaban y chillaban. Después serían semejantes a mí; yo los amaría según mi deber y sin esfuerzo. En la hermosa y vasta noche me serené del todo y sin necesidad de concebir propósitos. (Historia de una asociación comercial)   

Italo Svevo en: Biblioteca UPM.

La edad del desconsuelo. Jane Smiley

La edad del desconsuelo. Jane SmileyLa edad del desconsuelo
Jane Smiley
Madrid : Sexto Piso, 2019
Traductor: Francisco González López
Título original: The age of grief (1987)

 

A Dana y Dave les ha sonreído la vida. Tienen un matrimonio ideal, tres hijas que iluminan su existencia, una clínica dental en la que trabajan juntos, coche familiar, casa en el campo… un matrimonio ideal. Pero un día, como de la nada, sin pensar que puede ser oída, Dana murmura la frase que lo amenaza todo: “Nunca más volveré a ser feliz”.

Dave no sabe por qué lo dice. El lector no sabe por qué lo dice ni lo que ha pasado, lo que está pasando en esa zona de la vida de Dana que queda al otro lado de las páginas escritas. Porque la autora no nos lo cuenta. La narración solo deja ver a través de los ojos de Dave. Los quehaceres de su día a día, lo pequeño cotidiano, los ritmos del trabajo, el crecimiento de las niñas. Sus pensamientos, su tristeza, el miedo. También los gestos de su mujer que ayer no estaban ahí, los silencios nuevos, las emociones que no encajan.

Dave no sabe por qué ella no volverá a ser feliz y no pregunta. Elige boicotear las ocasiones propicias a una confesión. Porque si pregunta, o por descuido permite que ella diga lo que pasa, lo que Dave sospecha que pasa, que no es otra cosa que la existencia de otro hombre amenazando su proyecto de vida, entonces será real, tendrá la fuerza del rayo que asola la estructura que les da cobijo y habrá que afrontar el derrumbe. Si afrontar el derrumbe es posible.

Con lo que no se dice, con lo que no se quiere oír, Jane Smiley ha creado una novela cargada de tensión y sensibilidad. Una reflexión sobre la paternidad, el matrimonio y el miedo a la pérdida de lo que hasta ayer creías seguro y pleno de sentido.

Las uvas de la ira, John Steinbeck

Las uvas de la ira

John Steinbeck

La pequeña casa sin pintar estaba chafada en una esquina, y de tal modo había sido arrancada de sus cimientos, que se hundía en un ángulo, con sus ventanas cerradas apuntando al cielo, en un punto más alto que el horizonte. Habían desaparecido las cercas y el algodón crecía en el patio y contra la casa, y el algodón rodeaba el pajar. A su lado yacía la dependencia accesoria y el algodón crecía muy cerca de ella. El patio, donde los niños habían caminado con sus pies descalzos y los caballos habían resonado sus cascos, y las anchas ruedas de los vagones habían dejado su huella, estaba cultivado ahora, y allí crecía el algodón polvoriento, de un verde oscuro.

A esa casa llega Tom Joad en busca de su familia. Ha salido de la prisión de McAlester. Cumplió cuatro años por matar a un hombre en una pelea. Vuelve a su casa para empezar de nuevo pero no encuentra nada ni a nadie. ¿Qué ha sucedido? se pregunta Tom. Los echaron cuando el Banco decidió cultivar por su cuenta el campo con un tractor” es la respuesta que recibe. Al igual que muchos, las malas cosechas han llevado a la familia de Tom a no poder pagar sus deudas y perder sus tierras, sus casas, su vida.

A dónde ir, qué hacer. Surge la esperanza, Quizá podamos comenzar de nuevo…, en la nueva tierra de promisión, en California, donde crece la fruta. Y al igual que sus antepasados cuando emigraron desde el este hacia esas tierras vírgenes que ahora tienen que abandonar, ellos harán lo mismo llevándose lo que pueden y malvendiendo el resto.

En sus pequeñas casas los inquilinos comenzaron a recoger sus cosas y las cosas que habían heredado de sus padres y de sus abuelos. Recogieron todo lo que poseían para el viaje al Oeste. Los hombres eran implacables, porque el pasado había sufrido un terrible golpe, pero las mujeres sabían que el pasado volvería a gritarles en lo futuro.

Una de las primeras reseñas de Nosolotecnica, hace ya casi once años, se dedicó a John Steinbeck con su libro Los vagabundos de la cosecha. De aquellas crónicas para el San Francisco News extrajo material  Steinbeck para escribir Las uvas de la ira.  Escribir la historia de aquellos que en un tiempo de crisis económica, malas cosechas y clima adverso se vieron forzados a dejar aquellas tierras que habían trabajado desde hacía tiempo. Forzados a dejar de trabajar para si mismos a trabajar para otros por salarios de hambre.

Escribir la historia de personas, hombres y mujeres, que lucharon por conservar la dignidad y no dejarse llevar por la desesperación. Por mantener una llama de esperanza. No caer en el abismo. No perder la propia estima y cruzar esa línea imaginaria en la que ya no eres nada, no te consideras nada, no te consideran nada.

Como “Ma” Joad, verdadera protagonista de la historia.

Su rostro, visto en conjunto, no era tierno, sino sereno, iluminado por cierta bondad consciente. Sus ojos, avellanados, parecían haber experimentado toda suerte de tragedias, y haber pasado por el dolor y el sufrimiento antes de llegar a la calma y comprensión sobrehumanas que poseían. Parecían conocer, aceptar, desear su posición, la ciudadela de la familia, la plaza fuerte que nada podría rendir…Parecía saber que si ella vacilaba, la familia sufriría un rudo golpe, y que si alguna vez se desesperaba la familia se hundiría, desapareciendo el lazo que los unía.

En 1940 John Ford llevó a la pantalla la historia de la familia Joad con Henry Fonda como Tom Joad.

Steinbeck en la Biblioteca Universitaria UPM

La mirada del adiós, Ross Macdonald

La mirada del adiós.
Ross Macdonald
Alianza Editorial

Un hombre alto, metido en los cincuenta, apareció en el vano de la puerta. De anchos hombros y elegantemente vestido, era de muy buena presencia y parecía saberlo. Su espesa cabellera blanca estaba arreglada con cuidado, con tanto cuidado como su expresión.

– ¿El señor Archer? Soy John Truttwell. – Me estrechó la mano con contenido entusiasmo y me condujo hasta su despacho.

Lew Archer es contratado por John Truttwell para investigar el robo de una caja de oro antigua en casa de los Chalmers, una familia adinerada de California. Lo que en un principio es un simple robo fácil de resolver, se va complicando con el asesinato. El hijo de los Chalmers, Nick, es el principal sospechoso, sin embargo, no todo está claro en este asunto. El pasado, la culpa permanente, las motivaciones ocultas, las conciencias atormentadas por hechos pretéritos salen a la luz. Archer tiene que encontrar la verdad. No le será fácil.

– Soy Lackland, capitán de inspectores. Me dicen que les ha hecho pasar un mal rato a mis muchachos.

– Creí que era el revés

Sus ojos examinaron mi cara

– No veo que tenga marca alguna

Tengo derecho de llamar a un abogado

– Y nosotros tenemos derecho de contar con su cooperación. Intente resistirse y verá cómo se queda sin su licencia

– Eso me recuerda que quiero que me la devuelvan.

Un clásico de la novela policiaca llega de nuevo a las páginas de NoSoloTécnica. Al igual que en ocasiones anteriores, el crimen es el hilo conductor de la narración. Sin embargo son las pasiones humanas las verdaderas razones de la historia. La ambición desmedida, la envidia, el ansia de poder, los deseos reprimidos, el pasado que sobrevuela sobre todos los protagonistas y que enturbia sus actos, los presentes y quizás los futuros.

En realidad, cuando leemos una novela policiaca, ya se encuentre ambientada en ambientes refinados o en turbios tugurios, el hecho delictivo que se cuente ya sea un robo, un secuestro o cualquier otra variante del crimen solo es la excusa para indagar en el alma humana, en la razón, en el motivo que lleva a un ser humano a cruzar la línea del bien al mal.

Y en casi todas ellas una figura, el detective, que desde su posición ajena a los acontecimientos intenta resolver los problemas que se les presentan intentando no dejarse arrastrar por ellos.

Lew Archer al igual que otros detectives clásicos como Sam Spade o Philip Marlow intentan actuar como meros observadores, duros, fríos, metódicos, como una manera de protegerse de esa crueldad moral que les rodea aunque no siempre lo consiguen. Son también humanos y se enamoran.

Tengo que resolver algunos problemas y mi ordenador es un modelo pre-binario bastante anticuado. No dice sí y no. La mayoría de las veces dice “puede ser “

– ¿Acerca de mí?

– Acerca de todo

Ross Macdonald nació en Los Gatos, California en 1915. Falleció en Santa Barbara, California en 1983-

Macdonald en la Biblioteca Universitaria UPM

A corazón abierto, Elvira Lindo

A Corazón Abierto

Elvira Lindo

Seix Barral 2020

Este es un relato autobiográfico sin edulcorar. La figura del padre es central en él, y al hilo de sus últimos achaques, se revisa retrospectivamente su vida y sus traumas, entre ellos su llegada a Madrid con nueve años, sólo. Corre el año 1939, en pleno racionamiento de posguerra, y la vida con su amargada tía (que no sale precisamente bien parada) es oscura.

El hilo conductor del relato no es lineal, porque tampoco lo son los recuerdos que afloran en una persona, y eso le aporta dinamismo. El poso es agridulce porque no se suaviza el devenir y los contrapuntos de una relación conyugal paternal (apasionada) en un claro plano de desigualdad.

Hay varios escenarios en la vida itinerante de la familia que se traslada según los requerimientos laborales del padre. Entre ellos, es especialmente llamativo aquél que refiere a la construcción de la presa del Atazar a finales de los sesenta, hasta su inauguración en 1972. Allí la vida transcurre en un poblado aislado, hervidero de actividad, construido expresamente para la obra descrita con tintes faraónicos en una España franquista.

Carátula de El otro barrio

También se hacen palpables en el libro los cambios de vida en el país, en esa época en pleno inicio de transición postfranquista, con sus aires frescos y desmadrados; un legado costumbrista, cercano para muchos, y marciano para las nuevas generaciones.

Elvira Lindo es una autora prolífica que se hizo famosa con la saga de Manolito Gafotas, aunque a mí el libro que me viene inmediatamente a la cabeza es El otro barrio, su primera novela para adultos. En él entreteje un suspense, entorno a un aciago suceso que atrapa a un chaval de quince años en un proceso judicial, con aspectos ignotos de su infancia que van descubriéndose paulatinamente.

Elvira Lindo vuelve una y otra vez en libros a la vida en barrios de extrarradio; los revive en las páginas de sus textos con agria maestría. Personalmente me alineo más con su perfil como escritora que como columnista, que quizás otros quieran comentar.

“La escritura siempre ha de ser valiente, aunque a costa de eso una se muestre desnuda.“

Elvira Lindo en la Biblioteca UPM

Santiago Lorenzo. Los asquerosos.

Santiago Lorenzo. Los asquerosos. Barcelona: Blackie Books, 2018.

La novela arranca con Manuel, un joven de 25 años, que tiene un encontronazo casual en el portal de su casa con un policía antidisturbios al que hiere con su destornillador en defensa propia. Para su desgracia, todo queda grabado en la cámara de seguridad del portal. Asustado por lo que le pueda pasar decide huir de Madrid y ocultarse en un pueblo abandonado de Castilla para evitar una posible pena de cárcel. Su único contacto con el mundo y su fuente de suministros será su tío y narrador de la historia.

Manuel llevaba encima 23 euros, el carné de identidad, el de conducir, la tarjeta sanitaria, la del banco, unos kleenex y su destornillador. Que lavamos con agua y alcohol porque tenía la punta marrón.

Sobrino y tío se ponen a planear su fuga y a preparar la logística:

Pasadas las doce, preparamos un petate con objetos y complementos que supusimos útiles para la fuga: un saco de dormir, una navaja, las cerillas, el cepillo de dientes. Parecíamos scouts planeando una noche al raso…A las tres de la mañana, Manuel y yo nos abrazamos ante su cochecito de ocasión… La suerte estaba echada y no había otra que salir arreando: ARREA jacta est.

Y llega a un pueblo abandonado: 

uno más de los cientos y cientos de ellos que hoy permanecen abandonados en España. No daré su nombre verdadero, como siempre quiso Manuel. Lo llamaré Zarzahuriel, figuradamente, según denominación inventada y arbitraria. Aún faltaba mucho para que yo lo visitara.

A partir de ese momento Manuel tiene que sobrevivir con lo que va encontrando en el bosque y con lo poco y más fundamental que le va enviando su tío. Con el tiempo, se dará cuenta de que vivir en la carencia le fascina.

Y así sigue su vida en Zarzahuriel, cada vez más encantado con la austeridad con la que vive. Como siempre fue un manitas no le cuesta ir sacando provecho de lo que encuentra en la casa que “ocupa” y en el pueblo. Una colección de libros Austral, abandonada en el sobrado, le va a mantener entretenidas las noches cuando ya no se puede hacer nada fuera.

Pero Manuel tiene que hacer frente a un tremendo revés en sus planes: unos de la ciudad han comprado la casa al lado de la suya. Una familia a la que pronto se unirán primos, amigos y los amigos de los amigos 

A este conglomerado humano global y uniforme, Manuel pronto empezó a llamarlo La Mochufa… Llevaban la marca de la ropa tan a la vista que Manuel podía leer las letras desde el sobrado. Había varios que tenían que sujetarse las barrigas a pulso con las manos, y vestían camisetas de gimnasios. Una que no salía sin las joyas llevaba en la camisa el circulito de los hipies. Otro muy asnal se presentaba con la leyenda Oxford University, desprestigiando a un claustro que no le habría admitido en la casa sabia ni como cadáver donado.

Tendrá que sufrir a “La Mochufa”, a estos “asquerosos” , pijos de ciudad que gritan, presumen de lo que no son, malcrían a sus hijos y le amargan la vida todos los fines de semana. Y, por supuesto, Manuel debe vivir como si no estuviera allí, pared con pared, oyendo sus conversaciones y hasta la vida sexual de La Mochufa.

¿Qué ocurrirá entre Manuel y La Mochufa? ¿Conseguirá Manuel volver a su ansiada soledad?

Es un libro muy divertido aunque con un humor corrosivo y grandes dosis de crítica social.

Santiago Lorenzo (Portugalete, 1964) vive en una aldea de Segovia. Allí busca leña, se hace café y churros, construye maquetas y, sobre todo, escribe. Persona inquieta ha hecho cine, creó un taller dedicado al diseño y realización de escenografía y decorados y en 2010 publicó su primera novela Los millones (Mondo Brutto): a uno del GRAPO le toca la lotería primitiva; no puede cobrar el premio porque carece de DNI. Le siguió Los Huerfanitos (2012), Las ganas (2015) y Los asquerosos en 2018, el libro que nos ocupa y que como detalle con el lector incluye una postal manuscrita con un mensaje de agradecimiento del autor (imagen de la izquierda).

Pinchando aquí tenéis un enlace  a la entrevista que el programa Página 2 le hizo a Santiago Lorenzo sobre “Los asquerosos” en diciembre de 2018. 

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