CAMPUS SUR LEE: «Un cadáver en la biblioteca», Agatha Christie.

 La señora Bantry soñaba. Comenzaba un nuevo día. De abajo le llegaba el ruido producido por las grandes persianas de madera de la sala al abrirse. Lo oía pero no lo oía. Los discretos y amortiguados ruidos de la casa continuarían media hora más. Eran tan familiares que ya no turbaban su sueño. Culminarían con el rumor de pasos rápidos pero comedidos por el corredor, el roce de un vestido estampado, el tintineo de la porcelana al depositarla en la bandeja del desayuno sobre la mesa de fuera; luego un suave golpe en la puerta y la entrada de Mary para descorrer las cortinas. En su sueño, la señora Bantry frunció el entrecejo. Algo fuera de lo habitual había penetrado en sus ensoñaciones, algo no iba como debería. Pasos por el pasillo, pasos que iban demasiado aprisa y acudían demasiado pronto. Inconscientemente, sus oídos esperaban oír el tintineo de la porcelana, pero no fue así. Llamaron a la puerta. Automáticamente, desde las profundidades de su sueño, la señora Bantry ordenó: «¡Adelante!». De la verdosa penumbra surgió la voz de Mary, entrecortada, histérica: «¡Oh, señora…! ¡Oh, señora…! ¡Hay un cadáver en la biblioteca!».

La biblioteca de los nuevos comienzos. Michiko Aoyama

La biblioteca de los nuevos comienzos

Michimo Aoyama

Editorial Planeta

La biblioteca de los nuevos comienzos es una novela que gira en torno al libro como asidero emocional contra las decepciones y crisis vitales, los cambios inesperados y los miedos que nos paralizan y no dejan avanzar.

En una biblioteca en el centro de Tokyo, la bibliotecaria, la señora Komachi, reparte pequeñas figuras de fieltro y recomendaciones de libros después de que los visitantes contesten a su pregunta ¿Qué es lo que buscas?

Y ante esa respuesta, como si adivinase los miedos, los deseos, las tristezas de las personas que la visitan, la señora Komachi recomienda un libro. Un único libro que les cambiará y les llenará de esperanza y optimismo.

– ¿Qué es lo que buscas? -me preguntó

Tuve la sensación de que aquella voz me envolvía todo el cuerpo.

Era extraña, ni amable ni alegre, con un tono grave y plano. Sin embargo, tanto mi cuerpo como mi alma sintieron el impulso de confiar en ella al percibir la profundidad de su ser en aquellas palabras.

Ante la pregunta de estaba buscando me vino a la mente un sinfín de cuestiones. Buscaba el camino que debía tomar mi vida a partir de entonces, cómo podía solucionar la sensación de incertidumbre que me acompañaba, cuanto tiempo me llevaría  a criar a mi hija y dónde podía encontrar las respuestas todo ello.

Pero ese no era el lugar para hacer ese tipo de consultas.

Libros ilustrados- me limite a responder.

La bibliotecaria llevaba una tarjeta identificativa en el pecho con su nombre escrito: SAYURI KOMACHI. Me pareció un nombre de los más adorable. La bibliotecaria Komachi.

La colonia / Audrey Magee

Audrey Magee: La colonia. Editorial Sexto Piso. Traducción de Inga Pellisa. 
Edición catalana: La colònia (trad. de Josefina Caball). Edicions del Periscopi.  
Título original: The Colony. 

Irlanda, 1979: meses de plomo del largo conflicto civil y con el Reino Unido. La violencia política sigue presente también otras partes de Europa, y un giro hacia el neoliberalismo económico y el individualismo apunta maneras en el llamado mundo occidental. 
En una remota islita en el Oeste de la República pervive un santuario de la sociedad tradicional y de la vieja lengua gaélica. Una pequeña Ítaca céltica azotada sin tregua por el océano, candidata a devenir presa fácil del pintoresquismo y la apropiación cultural. Allí confluirán un puñado de personajes -locales y forasteros-, cada cual arrastrando sus respectivas cicatrices del pasado y sus anhelos más o menos confesables. En superficie se desarrolla la competencia entre la lengua hegemónica imperial y la minorizada; y en el sustrato bullen la Historia, la política, el poder del arte y del conocimiento, las desigualdades… en definitiva las tensiones entre personas y con sus respectivas vinculaciones. 
Una escritura impecable en esta emocionante segunda novela deAudrey Magee, con un título abierto a interpretación y con bonus para personas interesadas en sociolingüística y artes plásticas. Buen punto de partida para la reflexión sobre los derechos culturales y su alcance tanto individual como colectivo. El debate, garantizado.

Iniciación a László Krasznahorkai

Al norte la montaña, al Sur el lago, al Oeste el camino, al Este el río. Ed. Acantilado, 2005.

El último lobo. Fundación Ortega Muñoz, 2009

Traducciones de Adan Kovacsics

El Premio Nobel de Literatura 2025 fue otorgado a László Krasznahorkai. Ha sido el segundo autor húngaro en recibir este galardón, después del también muy meritorio Imre Kertèsz en 2002. Afortunadamente las obras de Krasznahorkai ya venían siendo desde hacía tiempo traducidas y publicadas en español, en su mayor parte en la editorial Acantilado. Es obligado agradecer al Grupo de Lectura del Club Literario UPM el acercamiento a su escritura mediante el comentario compartido de Al norte la montaña, al Sur el lago, al Oeste el camino, al Este el río.

El libro, corto pero denso, está ambientado en un Japón suburbano y estructurado en capítulos con oraciones largas que contienen descripciones minuciosas, sobre todo de ámbito espacial, arquitectónico y referidas a la Naturaleza, ya sea libre o cultivada por el ser humano. En realidad participa tanto del género narrativo como del ensayo, todo ello impregnado de una fuerte atmósfera poética. La meditación sobre el azar, la decadencia y la intemporalidad completan la fórmula de esta obra que se ofrece como un punto de partida idóneo para iniciarse en el mundo literario de Krasznahorkai. En ella se aprecia también la empatía con los animales, que nos remite gustosamente a El último lobo, otro precioso relato que el autor ambientó en la Extremadura española. 

Laszló Krasznahorkai en: Biblioteca UPM.

 

CAMPUS SUR LEE: «La luz difícil», Tomás González.

«A Ángela le gusta decirme que estoy comiendo demasiado poco y que estoy muy flaco para mi estatura, lo cual me causa gracia, pues la proporción peso-estatura ya no debería ser problema para un señor de setenta y ocho años. No he perdido la memoria, estoy lúcido y, en general, la gente no me trata como anciano. Lo que sí ha pasado es que me he despegado de los asuntos del mundo del bípedo implume, y son pocos o ninguno los que considero importantes. Hasta que ocurrió lo de Jacobo, andaba yo muy pendiente de lo que se opinara sobre mi obra. Leía las reseñas con una avidez que hoy me parece tontería pura y sentía que no se me estaba reconociendo lo suficiente en el mundo del arte. Y era cierto, durante mucho tiempo mi trabajo no fue valorado y justo vino a coincidir el largo tormento de mi hijo con una voluminosa y viscosa marea de reconocimiento que yo no quería ya para nada y parecía llegar en ese momento solo para estorbar en nuestra aflicción, como podrían estorbar un travesti, o un mico, o un loco en un entierro. Claro que también llegó el dinero, que tanto necesitábamos. El dolor intenso le comenzó a Jacobo tres años después del salir del hospital. Los médicos nos lo habían advertido. Tal vez lo peor no sería que no iba a volver a caminar, sino el malestar físico que en algún momento podría empezar a sentir. El dolor se volvió permanente con el paso del tiempo y fue aumentando en intensidad, a tal punto que había días, no todos, por fortuna, en que debíamos entrar con mucho cuidado a su cuarto, y hablar en voz muy baja para evitar que el ruido lo hiciera gemir y temblar.»

González, T. La luz difícil, México, 2023

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