También esto pasará. Milena Busquets

Desde Lecturas para compartir, en su cuenta de Tiktok @biblioetsidiupm, la biblioteca ETSIDI UPM recomienda la lectura de También esto pasará, de Milena Busquets.

Milena Busquets (Barcelona, 1972) firma esta carta de amor a su madre, a Cadaqués y a la vida, a esa vida que se abre camino a borbotones cuando se hace necesaria una huida hacia adelante.

Años atrás, en un momento difícil para Blanca, su progenitora la había contado un cuento chino en el que un emperador había pedido a los sabios del país una frase que sirviese para todas las situaciones posibles. La propuesta de los sabios, tras meses de deliberación, fue: También esto pasará”. A la que su madre añadió: “El dolor y la pena pasarán, como pasan la euforia y la felicidad”. Esta anécdota marcará la existencia de Blanca.

Sin concesiones a lo convencional, Milena Busquets narra la existencia de Blanca, su alter ego, que, tras perder a su madre (la editora Esther Tusquets, 1936-2012), sumida en el dolor, se embarca en una ola de desenfreno y de recuerdos, reafirmando así su pasión por la vida.

Milena Busquets, con voz propia, logra ensamblar una novela que rompe fronteras a partir de sus vivencias personales. Su éxito fue inmediato: hasta el momento se ha traducido a treinta lenguas.

Por alguna extraña razón, nunca pensé que llegaría a los cuarenta años. A los veinte, me imaginaba con treinta, viviendo con el amor de mi vida y con unos cuantos hijos. Y con sesenta, haciendo tartas de manzana para mis nietos, yo, que no sé hacer ni un huevo frito, pero aprendería. Y con ochenta, como una vieja ruinosa, bebiendo whisky con mis amigas. Pero nunca me imaginé con cuarenta años, ni siquiera con cincuenta. Y sin embargo aquí estoy. En el funeral de mi madre y, encima, con cuarenta años. No sé muy bien cómo he llegado hasta aquí, ni hasta este pueblo que, de repente, me está dando unas ganas de vomitar terribles. Y creo que nunca en mi vida he ido tan mal vestida. Al llegar a casa, quemaré toda la ropa que llevo hoy, está empapada de cansancio y de tristeza, es irrecuperable. Han venido casi todos mis amigos y algunos de los de ella, y algunos que no fueron nunca amigos de nadie.

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También esto pasará, de Milena Busquets, un canto a la vida en momentos difíciles. #lecturasparacompartir #recomendacionesdelibros #booktok #milenabusquets

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Hay ríos en el cielo. Elif Shafak

Desde Lecturas para compartir, en su cuenta de TikTok @biblioetsidiupm, la biblioteca ETSIDI UPM recomienda la lectura de Hay ríos en el cielo del escritora de origen turco Elif Shafak.

En la antigua Nínive, a orillas del río Tigris, durante la época de mayor esplendor de Mesopotamia, el culto y despiadado rey Asurbanipal erigió una magnífica biblioteca para atesorar su preciada colección de tablillas, como las de La epopeya de Gilgamesh.

Elif consigue hilar majestuosamente las historias de tres personajes marginales cuyas vidas quedarán unidas por el poema más antiguo de todos los tiempos: “Gilgamesh”: un chico nacido en los suburbios de Londrés capaz de descifrar con facilidad el alfabeto cuneiforme, una investigadora científica convencida de que el agua guarda memoria; y una niña yazidí que sufrirá el desprecio y la crueldad del estado Islámico.

“Hay ríos en el cielo” es una hermosa epopeya que expone las vicisitudes y retos a los que sus protagonistas se tendrán que enfrentar en el río de la vida; y, al igual que el antiguo y despótico rey Gilgamesh, buscar su inmortalidad a través de la huella de sus actos.

"El deber de los escritores es narrar los silencios que deja la Historia" (Elif Shafak)
“El agua recuerda. Son los humanos los que olvidan” (Elif Shafak)

Como es habitual en Shafak mostrará su rechazo contra las injusticias cometidas contra la minoría religiosa de los yazidíes como el espolio y venta ilegal en los mercados negros de un Patrimonio Cultural, porque sólo a través del respeto a las tradiciones podremos conservar la memoria de Aquello que somos como Humanidad.

“La caja contiene un poema. Un fragmento de una epopeya tan antigua y popular que se ha recitado sin cesar una y otra vez a lo largo y ancho de Mesopotamia, Anatolia, Persia y el Levante mediterráneo; una epopeya que pasó de abuelas a nietos mucho antes de que los escribas la copiaran. Es la historia de un héroe llamado Gilgamesh. 

Asurbanipal conoce el poema como la palma de su mano. Lo ha estudiado desde que era príncipe heredero. Siendo el tercer hijo del rey, el más joven en la línea de sucesión, no cabía esperar que llegara a reinar. Por eso, mientras que sus hermanos recibieron instrucción en artes marciales, estrategia militar y tácticas diplomáticas, a él se le ofreció una magnífica formación en filosofía, historia, lecanomancia, lenguas y literatura. Al final todos —incluido él mismo— se llevaron una sorpresa cuando su padre lo prefirió como sucesor. Así pues, Asurbanipal ascendió al trono como el soberano más erudito y cultivado que el imperio había conocido. De las numerosas obras escritas que había estudiado desde la infancia, su favorita era y sigue siendo La epopeya de Gilgamesh”

 

 

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“Hay ríos en el cielo” de la escritora de origen turco, Elif Shafak en “Lecturas para compartir” #lecturasparacompartir #novelacontemporanea #booktok

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El martillo azul. Ross Macdonald

El martillo azul

Ross Macdonald

Bruguera

Un maduro Lew Archer recibe el encargo de recuperar un valioso cuadro atribuido a un famoso pintor desaparecido años antes. El icónico detective creado por Ross Macdonald se adentra de nuevo con su mirada reflexiva en la complejidad del alma humana, sus secretos, sus traumas, las motivaciones que guian a los individuos en sus acciones y que en algunas ocasiones llega al asesinato. Un pasado oculto quizás lejano pero siempre presenta que atenaza a los protagonistas de la historia y marca sus relaciones. Identidades falsas, codicia, sentimientos de culpa son los ingredientes de El martillo azul.

El martillo azul fue la ultima novela de Ross Macdonald, pseudónimo de Kennet Millar y de su detective estrella Lew Archer.

Su voz revelaba cierta autocompasión, pero al mismo tiempo me observaba con fría atención. Los contornos de su cuerpo parecían darse cuenta de mi presencia, más por resignación que por otra cosa.

Abajo, el mar golpeaba y restallaba y se agitaba como un muerto que intenta torpemente volver a la vida. Me estremecí. Me acarició una rodilla con los dedos.

  • ¿Tiene frio?
  • Creo que si.
  • Puedo encender la calefacción.
  • La sonrisa que acompaño a su ofrecimiento tenía un doble sentido, pero era forzada.
  • Señora Chantry, no me quedaré.
  • Me voy a sentir sola.

Emitió un suspiro fingido, que acabó en una nota de autentica desolación. Parecía que ahora comenzaba a percibir su absoluta soledad.

Ross Macdonald nació en Los Gatos, California en 1915. Falleció en Santa Barbara, California en 1983

Macdonald en la Biblioteca Universitaria UPM

CAMPUS SUR LEE: «Una educación» Tara Westover.

De niña esperaba desarrollar mi mente, acumular experiencias y consolidar mis decisiones para tomar forma hasta adquirir la imagen de una persona. Esa persona, o esa imagen de una persona, tenía un sentimiento de pertenencia. Yo era de la montaña, de la montaña que me había creado. Solo con el paso de los años me pregunté si acabaría como había empezado, es decir, si la primera forma que una persona toma es su única forma verdadera.
En el momento en que escribo las últimas palabras de este relato llevo años sin ver a mis padres, desde el funeral de mi abuela. Mantengo una relación estrecha con Tyler, Richard y Tony, y por ellos y otros parientes me entero del drama que se desarrolla en la montaña: de las heridas, la violencia y las lealtades volubles. Sin embargo, me llega de oídas, como un rumor distante, lo que es de agradecer. Ignoro si la separación es permanente, si algún día encontraré la manera de volver; en cualquier caso, me ha aportado tranquilidad.
Esa tranquilidad no ha sido fácil de conseguir. Pasé dos años enumerando los defectos de mi padre, actualizando la cuenta sin cesar, como si la lista de rencores, de actos reales o imaginados de crueldad, de desamparo, fuera a justificar la decisión de apartarlo de mi vida. Creía que al justificarla quedaría libre del asfixiante sentimiento de culpa y volvería a respirar.

Westover, T. Una educación, Barcelona: Lumen, 2018

El proceso. Franz Kafka

Disponible en Biblioteca UPM

Antes de morir, Franz Kafka dio instrucciones para que sus escritos, salvo contadas excepciones, fueran destruidos. Afortunadamente, su amigo Max Brod no siguió sus deseos y se encargó de editar su obra, lo que contribuyó al reconocimiento del escritor que no había tenido en vida.

El proceso se trata de una novela inconclusa publicada justo hace un siglo. Como gran parte de su obra, ésta supone un reflejo del atormentado carácter del autor y muestra una situación en la que todos nos podemos ver identificados.

Se ha acusado a Kafka de que no fue un buen novelista, sino que era mucho más experimentado en el relato, y esta obra puede ser una prueba de ello. Lejos de un profundo detalle de personajes secundarios, éstos se muestran como herramientas alrededor del protagonista con misiones concretas y bien definidas. Sin embargo, a pesar de las carencias que se le puedan achacar como novela, sus capítulos se pueden identificar como pequeños relatos autocontenidos con la fuerza a la que nos tienen acostumbrados, con un trasfondo reflexivo que no nos puede dejar indiferentes, válido en la época del autor y en nuestros días. La sensación de agobio, desconcierto e incomprensión de lo que pasa alrededor del protagonista en unos escenarios parcialmente oníricos provocan la misma sensación en un lector que no puede quedar indiferente.

La vida, y su visión de ésta por parte de Kafka, quedan plasmadas en esta novela, culminada con un desenlace perturbador que rompe con los estándares de cómo deseamos los lectores finalizar reconfortados por la victoria del bien o, al menos, con un atisbo de esperanza. Kafka no tuvo este consuelo y sus personajes no suelen tenerlo.

El proceso nos invita a reflexionar sobre tantas situaciones que nos podemos encontrar en nuestra vida que escapan de nuestra comprensión racional y que nos hacen dudar de lo que creemos correcto, razonable o justo. Como siempre, lejos de un entretenimiento gratuito, Kafka nos exhorta a pensar.

Felipe Jiménez Alonso

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