CAMPUS SUR LEE: «La luz difícil», Tomás González.
«A Ángela le gusta decirme que estoy comiendo demasiado poco y que estoy muy flaco para mi estatura, lo cual me causa gracia, pues la proporción peso-estatura ya no debería ser problema para un señor de setenta y ocho años. No he perdido la memoria, estoy lúcido y, en general, la gente no me trata como anciano. Lo que sí ha pasado es que me he despegado de los asuntos del mundo del bípedo implume, y son pocos o ninguno los que considero importantes. Hasta que ocurrió lo de Jacobo, andaba yo muy pendiente de lo que se opinara sobre mi obra. Leía las reseñas con una avidez que hoy me parece tontería pura y sentía que no se me estaba reconociendo lo suficiente en el mundo del arte. Y era cierto, durante mucho tiempo mi trabajo no fue valorado y justo vino a coincidir el largo tormento de mi hijo con una voluminosa y viscosa marea de reconocimiento que yo no quería ya para nada y parecía llegar en ese momento solo para estorbar en nuestra aflicción, como podrían estorbar un travesti, o un mico, o un loco en un entierro. Claro que también llegó el dinero, que tanto necesitábamos. El dolor intenso le comenzó a Jacobo tres años después del salir del hospital. Los médicos nos lo habían advertido. Tal vez lo peor no sería que no iba a volver a caminar, sino el malestar físico que en algún momento podría empezar a sentir. El dolor se volvió permanente con el paso del tiempo y fue aumentando en intensidad, a tal punto que había días, no todos, por fortuna, en que debíamos entrar con mucho cuidado a su cuarto, y hablar en voz muy baja para evitar que el ruido lo hiciera gemir y temblar.»
González, T. La luz difícil, México, 2023