Huida al Tibet. Endika Urtaran

Huida al Tíbet

Endika Urtaran

Madrid : Desnivel , 2011

Esta reseña de la novela Huida al Tíbet es un poco especial pues su autor, Endika Urtaran fue alumno de la Escuela de Topografía hace años y precisamente su formación como topógrafo y cartógrafo y su amor por las montañas, ha dejado una huella indeleble en el argumento de esta maravillosa novela de aventuras que obtuvo en 2011 el Premio Desnivel de literatura que organiza la librería madrileña del mismo nombre.

Además, su amplia experiencia en alta montaña e himalayista reconocido, dota de una gran verdad y realismo a los hechos que ocurren en esta obra.

         Según indica en el prólogo, el único personaje basado en una persona real en el Profesor Manuel Chueca de la Universidad Politécnica de Valencia, pero muchos creemos que hay parte de experiencia vivida en los acontecimientos que nos narra, pero, por supuesto, pasado por el tamiz de la literatura de aventuras más clásica. Imposible no recordar por ejemplo Horizontes Perdidos de James Hilton.

La ambientación combina la montaña —el Himalaya y el Tíbet— con misterio, exploración, mapas antiguos, búsqueda de tesoros, con un toque cartográfico y topográfico marca de la casa.

👥 Personajes principales y sus motivaciones

La historia gira en torno a tres protagonistas muy diferentes:

  • Jon: un cocinero vasco que arrastra un drama familiar. Ese pasado traumático lo empuja a buscar un cambio radical y una escapatoria.
  • Carlota: una cartógrafa cubana poco convencional, experta en mapas. Huye también de algo en su pasado: siente que siempre ha ido huyendo de sí misma o de sus circunstancias.
  • Sam: un guía de montaña estadounidense que vive al límite. Su vida ya gira en torno al riesgo, la montaña y lo extremo.

Estas tres historias aparentemente independientes acaban convergiendo: los tres deciden abandonar sus vidas anteriores con la esperanza de hallar en el Tíbet —o en el Himalaya— no solo aventura, sino una especie de redención, un propósito, misterio, y quizá escapar de su pasado.

Los protagonistas emprenden un viaje hacia el Tíbet, motivados por distintas razones personales. Una parte central de la trama gira en torno a un mapa antiguo, un legado histórico —se menciona un mapa de los Jesuitas que estuvieron en el Tíbet— que podría tener un valor incalculable. Este elemento sirve de motor para la acción, la intriga, los peligros y la búsqueda. A medida que avanzan entre montañas, terrenos inhóspitos y culturas ajenas, los personajes se enfrentan a retos físicos, dilemas morales, conflictos internos… la montaña y el misticismo tibetano (o himalayo) no son solo escenario, sino parte fundamental de la trama que pone a prueba sus convicciones y deseos. Culturamas+1

La novela mezcla elementos de aventura clásica, exploración, peligro, búsqueda de tesoros —reales o simbólicos— y la búsqueda personal de los personajes.

Huida al Tíbet funciona muy bien para lectores de novelas de aventura clásica, con exploraciones, montaña, misterio y viajes lejanos.

Un relato muy ameno que combina acción, paisaje extremo y cierto trasfondo histórico / espiritual.

Nos gustaría mucho saber qué ha sido de los personajes después de tanto tiempo, ¡ojalá una segunda parte!

Endika Urtaran (Vitoria-Gasteiz, 1972).
Sus primeros pasos fueron por los montes vascos, después el Pirineo. Como siempre se perdía, no le quedó más remedio que ir a Madrid a estudiar Ingeniería Técnica en Topografía. Tras acabar los estudios trabajó en Marruecos e Indonesia. Después fue a Valencia a estudiar Ingeniería en Geodesia y Cartografía. Allí conoció a sus inseparables compañeros de aventuras con los que participó en varias expediciones (Andes Bolivianos, Cho-Oyu, Manaslu, Everest, Polo Norte, Nanga Parbat). Con ellos escribió el manual Expediciones (Barrabés, 2003).
Desde entonces ha trabajado como cartógrafo en diferentes instituciones: el Institut Cartogràfic Valencià, el Servicio de Cartografía del Gobierno Vasco y el Instituto Geográfico Nacional.
Huida al Tíbet es su primera novela.

Ana María Domingo Preciado

Stoner. John Williams

Stoner

John Williams

Editorial: BAILE DEL SOL

Año de la edición: 2015

John Williams en la Biblioteca Universitaria UPM

Como bien decía la escritora Berna Gonzáles Harbour en una reciente columna en El País, “estamos acostumbrados a historias épicas, a héroes capaces de descubrir asesinos y a vidas llenas de brillo (yo añado por mi parte distopías oscuras y premonitorias), vamos a celebrar un libro ajeno a todo eso”.

Pues así es, porque Stoner, del escritor John Williams (para mi totalmente desconocido hasta la lectura de dicha columna), es una novela sencilla (no es peyorativo, ojo), en la que acompañamos a un hombre no especialmente extraordinario durante toda su vida, prácticamente desde su nacimiento hasta su muerte (por cierto, una de las descripciones más realistas y a su vez poéticas de un fallecimiento que haya yo leído nunca). Stoner se nos presenta como el hijo de unos granjeros en Missouri a finales del siglo XIX y cuyo futuro parece claro, continuar con los trabajos de granja de sus padres y él no muestra ambicionar otro tipo de vida en el futuro. Pero un familiar recomienda a su padre que el hijo curse estudios de agricultura en la universidad estatal para ayudar a modernizar la granja familiar.

Los padres se muestran a favor siendo así el primero de la saga familiar que estudie en la universidad.

Su llegada a la Universidad de Missouri muestra las diferencias entre los alumnos provenientes del campo (ese atuendo campesino) y los alumnos de grandes ciudades. El primer curso transcurre sin pena ni gloria, pero Stoner es estudioso y va obteniendo muy buenas calificaciones.

Pero es en segundo curso cuando, sorprendentemente, dentro del currículo se incluye una asignatura de literatura anglosajona impartida por un peculiar profesor y donde se topa por primera vez con Shakespeare.

Al leer en clase el Soneto 73, a pesar de no entenderlo, Stoner sufre una revolución interna que no entiende. Al acudir a pedir consejo al profesor de literatura, éste le aclara en pocas palabras lo que le está ocurriendo y le avanza que su futuro no es la granja sino la docencia universitaria.

Dicho soneto, por cierto, es un indicio de lo que ocurrirá a lo largo de su vida, sin él saberlo.

Una vez graduado con el disgusto de sus padres, que esperaban verle de vuelta a la granja, aunque curiosamente luego le apoyan en su cambio de futuro profesional, la novela hace una descripción preciosa de cómo Stoner va descubriendo que en realidad es un buen profesor, aunque en sus primeras clases le cueste verbalizar todo aquello que ha preparado para sus alumnos.

Es muy bonita la escena en la que por primera vez Stoner disfruta de su clase y observa atención y expectación en sus alumnos (si eres profesor, como es mi caso, es imposible no verse identificado con él en algún momento).

La vida de William Stoner transcurre de forma plácida en la universidad, pero el enamoramiento de la mujer que será su esposa, Edith, y el conflicto profesional con uno de los otros profesores, Hollis Lomax, dará lugar a un malestar y a una infelicidad manifiesta.

Edith es una persona desequilibrada, que le procurará muchos disgustos y que su objetivo será amargarle la existencia, y a la hija de ambos (muy triste también la historia de esta mujer).

Lomax, el compañero que tiene una discapacidad física se enfrenta a Stoner por no favorecer indebidamente a un alumno con su mismo problema físico. De esta forma, al convertirse en por antigüedad en jefe del departamento, pondrá todas las trabas posibles al ascenso profesional de Stoner, e incluso a su vida privada cuando Stoner inicia una relación amorosa con una antigua alumna.

Como he dicho antes, el libro acaba con la grave enfermedad de Stoner y su abandono de las clases, cerrando la obra con esa poética descripción antes comentada de los últimos momentos de su vida.

Al finalizar el libro, nos preguntamos cómo es posible que el escritor nos haya mantenido en vilo contándonos la vida de un hombre normal y corriente. La respuesta está, por supuesto, en la magia de la buena literatura.

John Edward Williams (Clarksville, Texas, 29 de agosto de 1922-Fayetteville, Arkansas, 3 de marzo de 1994) fue un profesor universitario y escritor estadounidense

Nació en la pequeña localidad tejana de Clarksville, cerca del río Rojo. Después de desempeñar varios empleos en periódicos y emisoras de radio, Williams se enroló en el ejército en 1942, durante dos años y medio como sargento en la India y Birmania. Varios años después de la Segunda Guerra Mundial fue a la Universidad de Denver, donde obtuvo su título bachelor en 1949, y el master en 1950. Durante este periodo publicó su primera novela, Solo la noche (1948), y su primera colección de poemas, The Broken Landscape (1949). En el otoño de 1950 Williams fue a la Universidad de Misuri, donde ejerció como profesor y obtuvo el doctorado en 1954. En 1955 pasó a dirigir el programa de escritura creativa de la Universidad de Denver.

Su segunda novela fue Butcher’s Crossing (1960), a la que siguió English Renaissance Poetry: A Collection of Shorter Poems (1963), una antología de poesía que Williams compiló y prologó. Su segundo libro de poemas, The Necessary Lie, apareció en 1965, año en el que Williams se convirtió en editor de la revista literaria University of Denver Quarterly hasta 1970. También en 1965 se publicó su tercera novela, Stoner, sobre la vida y la vocación de un profesor de literatura, con elementos autobiográficos. La más conocida de sus obras es su cuarta novela, Augustus, traducida al español como El hijo de César, ganadora del National Book Award de ficción en 1973.

Tras jubilarse de la Universidad de Denver en 1986, Williams se trasladó con su mujer a Fayetteville, Arkansas, donde vivió hasta su muerte de un fallo respiratorio el 3 de marzo de 1994. Su quinta novela, The Sleep Of Reason, quedó inacabada.

Ana María Domingo Preciado

El proceso. Franz Kafka

Disponible en Biblioteca UPM

Antes de morir, Franz Kafka dio instrucciones para que sus escritos, salvo contadas excepciones, fueran destruidos. Afortunadamente, su amigo Max Brod no siguió sus deseos y se encargó de editar su obra, lo que contribuyó al reconocimiento del escritor que no había tenido en vida.

El proceso se trata de una novela inconclusa publicada justo hace un siglo. Como gran parte de su obra, ésta supone un reflejo del atormentado carácter del autor y muestra una situación en la que todos nos podemos ver identificados.

Se ha acusado a Kafka de que no fue un buen novelista, sino que era mucho más experimentado en el relato, y esta obra puede ser una prueba de ello. Lejos de un profundo detalle de personajes secundarios, éstos se muestran como herramientas alrededor del protagonista con misiones concretas y bien definidas. Sin embargo, a pesar de las carencias que se le puedan achacar como novela, sus capítulos se pueden identificar como pequeños relatos autocontenidos con la fuerza a la que nos tienen acostumbrados, con un trasfondo reflexivo que no nos puede dejar indiferentes, válido en la época del autor y en nuestros días. La sensación de agobio, desconcierto e incomprensión de lo que pasa alrededor del protagonista en unos escenarios parcialmente oníricos provocan la misma sensación en un lector que no puede quedar indiferente.

La vida, y su visión de ésta por parte de Kafka, quedan plasmadas en esta novela, culminada con un desenlace perturbador que rompe con los estándares de cómo deseamos los lectores finalizar reconfortados por la victoria del bien o, al menos, con un atisbo de esperanza. Kafka no tuvo este consuelo y sus personajes no suelen tenerlo.

El proceso nos invita a reflexionar sobre tantas situaciones que nos podemos encontrar en nuestra vida que escapan de nuestra comprensión racional y que nos hacen dudar de lo que creemos correcto, razonable o justo. Como siempre, lejos de un entretenimiento gratuito, Kafka nos exhorta a pensar.

Felipe Jiménez Alonso

El espía que surgió del frío. John Le Carré

Disponible en Biblioteca UPM

De la misma forma que una novela policiaca tiene sus códigos particulares y concluye como debe terminar, con la resolución del crimen por lo general, una novela de espías respeta sus reglas y acaba como debe hacerlo. El problema, en este caso, es que nunca está claro qué es lo que se persigue. Porque un espía vive en el engaño y del engaño.

Los espías, tengan o no licencia para matar, suelen atesorar muertos a su alrededor. Sin duda, se trata de un trabajo para personas con perfiles muy definidos, complejas por naturaleza, donde no se puede creer nada de lo que les rodea, ni las motivaciones que se esconden detrás de todo lo que les sucede o hacen. Por ello, la lectura de una novela de espionaje no supone el reto de descubrir un asesino o un ladrón, se trata de algo más simple, se trata de entender qué está pasando y, sobre todo, por qué. Porque todo alrededor de un espía es más complicado de lo que debería ser.

Este es el caso de una novela de redefinió este género, El espía que surgió del frío. En ella no se encuentran giros estrambóticos, aunque lo pueda parecer, sino que, según se avanza, se comprende que sucede lo que debía suceder, que cualquier otra solución no era remotamente posible. Sin embargo, solo se comprende esta coherencia cuando se muestra, lo que acrecienta el sentimiento de haber sido vapuleado en una secuencia de escenas sin un hilo conductor. La batalla por lograr descifrar ese hilo es constante, porque se sabe que existe, pero no se percibe, pero se va vislumbrando poco a poco.

Como dijo alguien que sabía lo que era investigar, cuando has eliminado lo imposible, lo que queda, por muy improbable que parezca, tiene que ser la verdad. Después de una aventura perdido en los vaivenes de la acción, luchando por eliminar todo aquello que está colocado para engañarnos o engañarle, por saber en quien confiar, nos adentramos en las dudas que rodean a nuestro espía. El reto es llegar a la conclusión antes de que el único desenlace que se puede tener y que deberíamos haber intuido desde un comienzo acontezca, ya que es el único plausible. ¿Aceptas el reto?

Felipe Jiménez Alonso

Los intereses creados, de Jacinto Benavente

Serendipia

1.Dícese Hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual.

Así es como me ha ocurrido. Después de un extenso libro, precisaba lectura fluida y liviana.

La prisa y las ocupaciones que nos acaparan hace que, muchos días, la lectura quede arrinconada en ese corto espacio entre echar el cuerpo en la cama y empezar a “planchar la oreja”.

Por eso elegí ese libro. Delgadito y de lectura ágil. ”Los intereses creados” de Jacinto Benavente.

Un tesoro que encuentras cuando no buscas nada corresponde a la definición de esta crítica.

Escogido por ser de pocas páginas. Husmeando la sinopsis, al ver que era diálogo teatral, lo hizo aún más atractivo.

Es curioso que haya autores que escriben capítulos y te deja igual cuando los terminas. Otros, en cambio, con un párrafo te trasladan al lugar donde ocurre la acción que narran. Dos detalles de un personaje del libro dibujan en tu imaginación con meridiana claridad al susodicho protagonista.

Polichinela regordete bajito, avaro y con joyas en cada dedo, frente al noble Leandro de buena presencia, ropas de caballero venido a menos junto a su delgado y liante vasallo Crispín, delgado y parlanchín.

Toda una aventura de embrollos con intereses que se van enredando y mantienen el espectador/lector atento al desenlace entre amores y situaciones disparatadas.

Los clásicos suelen ser un valor seguro. Redescubrirlos un lujo.

Déjate guiar. Menos es más en muchos casos.

José Antonio González Castillo

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