Archivos de la Categoría: Reseñas

Louisa May Alcott. Fruitlands. Una experiencia trascendental.

Louisa May Alcott. Fruitlands. Una experiencia trascendental. Editorial Impedimenta, 2019.

Este es un pequeño libro, muy curioso, en el que Louisa May Alcott (sí, la autora de Mujercitas) cuenta su experiencia cuando en 1843 vivió con su familia en la comunidad de Fruitlands, un refugio utópico y trascendentalista en una granja próxima a la ciudad de Harvard, Massachusetts cuando ella contaba con 11 años de edad. Allí planearon vivir con otros “hermanos”, apartados del resto de la sociedad, alimentándose de la tierra y siguiendo los principios de la belleza, la virtud, la justicia y el amor, en su búsqueda de una existencia perfectamente armonizada con su entorno y las demás criaturas de Dios y con unos principios que ahora denominaríamos veganos:

Nos abstendremos de consumir azúcar, melaza, leche, mantequilla, queso o carne, pues no admitiremos nada que haya causado perjuicio o muerte a los hombres o a las bestias.

Con mucho sentido del humor nos cuenta la llegada de su familia al “paraíso”:

Este Edén del futuro consistía, de momento, en una vieja casa de labranza de color roja, un establo desvencijado, muchos acres de pradera y un bosquecillo. Por ahora, diez manzanos antiquísimos constituían la única fuente de “castas vituallas” que el paraje podía proveer. Pese a todo, inspirados por la firme creencia de que pronto emanarían exuberantes huertas de sus íntimas conciencias, estos rubicundos fundadores habían dado en bautizar sus dominios con el nombre de Fruitlands

Muy buenas intenciones pero muy poco sentido pragmático es lo que había en estos venerables hermanos:

La cuadrilla de hermanos empezó usando palas para cavar en el jardín y roturar los labrantíos, pero, al cabo de unos cuantos días, su ardor se vería mermado de forma asombrosa. Las ampollas en las manos y los dolores de espalda les hicieron intuir la pertinencia del uso del ganado, al menos temporalmente.

La hermana Hope (la señora Alcott real) asiste resignada a los desvaríos filosóficos de su marido y demás a sabiendas que, sin duda, ella tendría que hacer la mayoría de las tareas físicas y prácticas de la comunidad que sus hermanos dejaban de hacer, porque, al estar ocupados disertando y definiendo obligaciones de gran envergadura, se olvidaban de despachar las más modestas.

Ante la pregunta de “¿Hay alguna bestia de carga en la casa?” la señora Lamb respondía, con una cara que era un poema, “¡Solamente una mujer!”

La experiencia en Fruitland fue breve, menos de un año, de junio a diciembre de 1843. Les pudo el crudo invierno de Nueva Inglaterra y la absoluta incapacidad de sus ilustres miembros para afrontar las cosas prácticas y triviales de la vida en el campo.

Edición muy cuidada, como todas las de Impedimenta, con interesante introducción de Julia García Felipe y un posfacio de Pilar Ardón.

Louisa May Alcott nació en Germantown, Pensilvania, en 1832. Su padre, Amos Bronson Alcott, pedagogo, escritor y filósofo miembro del movimiento de los trascendentalistas, educó a Louisa May y a sus tres hermanas.  

Debido a la incapacidad del padre para mantener un trabajo fijo la familia Alcott vivió siempre en unas condiciones económicas inestables y de continuas mudanzas. Por ello, Louisa May empezó a trabajar muy joven, ya fuera como maestra, costurera, institutriz, criada o escritora. El verdadero éxito le llegó con la publicación de la novela autobiográfica Mujercitas (1868), una obra que escribió por encargo de su editor y en la que se aprecia uno de los temas más importantes para ella: la educación de las mujeres durante la juventud (muy recomendable la edición íntegra e ilustrada que publicó Lumen en 2014) .

Durante toda su vida, Alcott fue una entregada defensora de los derechos de la mujer, abogando en sus ensayos por el derecho al voto, y también apoyando la causa abolicionista. Pasó sus últimos años de vida en Boston, Massachusetts, donde murió en 1888, días después del fallecimiento de su padre.

Louisa May Alcott en la UPM

En busca de Arthur Rimbaud (1854-1891)

Publicación recomendada:

Arthur Rimbaud: Obra completa bilingüe (ed. Mauro Armiño). Atalanta, 2016.

Cuánto no se habrá escrito sobre él, el poeta del espanto y la melancolía. Hasta Paul Claudel -arrimando el ascua a su sardina- quiso ver en su obra y vida un anhelo de Absoluto en clave teísta. Sin llegar a esas honduras, buscamos a Arthur Rimbaud en algunas ciudades por las que pasó el poeta maldito. Partimos a la zaga de quien probablemente se buscó a sí mismo, o también -venido de una familia desestructurada- buscó al padre o a una figura paterna. Dinámica huída/retraimiento -¿contradicción solo aparente?- o terruño/exotismo. Ansia de vuelo, de alturas, de océanos, desde entornos sofocantes y épocas turbulentas.

Charleville-Mezières

Hoy situada en la nueva macro-región francesa de Grand-Est. Charleville, burguesa y rural, con resonancias militares y fronterizas, aún no se había fusionado con la vecina Mezières en tiempos de Arthur. Su ciudad natal aparece en poemas juveniles con algún rasgo costumbrista. Hoy día alberga un museo consagrado al escritor, de planteamiento muy original e instalado nada menos que en un antiguo molino fluvial.

Londres

En plena época victoriana, Londres era lo más parecido a una capital del mundo. La ciudad ejercía su atracción sobre muchos transterrados continentales. Como Karl Marx desde hacía ya años, también Arthur se serviría de la entonces Biblioteca del Museo Británico, precedente de la actual Biblioteca Británica.

Ed. Le Livre de Poche. Cubierta con retrato de Arthur Rimbaud por Paul Verlaine.

Bruselas

La Grand-Place y sus aledaños fueron escenarios de sus violentas trifulcas con Paul Verlaine. Ardenés de nacimiento, Bélgica no era extraña para Arthur. El país vivía en plena expansión industrial y colonial, por el momento al margen del conflicto franco-alemán, y su capital se hallaba en proceso de convertirse en una gran metrópolis.

Harar

Ya lejos de la bohemia europea y convertido en comerciante, Arthur se mudó desde Adén a Harar, la ciudad histórica de referencia de la Etiopía musulmana. Vivió allí varios años y sus actividades como traficante tuvieron una ciertra influencia en la política etíope.

Marsella

En plena época imperialista, es el gran puerto francés para Ultramar. Su importancia había crecido a lo largo del siglo XIX con la colonización de Argelia desde 1830 y la apertura del Canal de Suez en 1869. Rimbaud recaló en Marsella a su vuelta de Oriente, ya muy enfermo. Pasó allí sus últimos momentos de vida, deseando regresar a África.

En las tardes azules de verano caminaré por los senderos,

picoteado por los trigos, pisando la hierba menuda,

Soñador, sentiré en mis pies su frescura,

dejaré que el viento bañe mi cabeza desnuda

No hablaré, no pensaré en nada:

pero el amor infinito crecerá en mi alma,

iré lejos, muy lejos, como un nómada

En la Naturaleza, feliz como con una mujer.

(Sensación, 20.04.1870; traducción nuestra)

Arthur Rimbaud en: Biblioteca UPM.

Sobre el espíritu de conquista, Benjamin Constant

Sobre el espíritu de conquista y usurpación

Sobre la libertad en los antiguos y los modernos

Benjamin Constant

Algunos discursos de tiempos remotos, aunque menudos, tiene la capacidad de proyectarnos tanto al pasado como al futuro. En ellos, el pasado es desmenuzado y re-engarzado en un proceso lógico secuencial que nos proyecta al futuro con argumentos curiosamente contemporáneos; en la medida que el razonamiento tiende a la generalidad, el resultado resulta intemporal. Este es el caso de Benjamin Constant cuando alude al Espíritu de conquista, o a la libertad en los antiguos y los modernos. Textos escuetos para un lento y sabroso rumiar estival.carátula del libro

Sobre el espíritu de conquista es un alegato contra el militarismo moderno, que alude soterradamente a la personalidad de Napoleón como máximo exponente. Se intuye el periodo vivido en primera persona por ser contemporáneo (y defensor) de la revolución francesa, atónito espectador del Terror  y del auge del bonapartismo.

“En todas partes, los hombres reunidos en cuerpos del ejército se separan de la nación…La clase desarmada es a sus ojos un vulgo innoble; las leyes, inútiles sutilezas; las formas, insoportables lentitudes… La oposición viene a ser para ellos un desorden; el razonamiento, una rebeldía; los tribunales, consejos de guerra; los acusados, enemigos; los juicios, batallas”

“Cuando un gobierno nos prodiga grandes espectáculos y heroísmo, y creaciones e innumerables destrucciones, estaríamos tentados de responderle: el menor grano de mijo nos vendría mejor.”

retrato de Benjamin ConstantEl discurso sobre la libertad en los antiguos y los modernos, está escrito con vocación oral. Es circular como conviene a la intención de reiterar y afianzar en el oyente la idea fundamental: no es posible aplicar el concepto de libertad antiguo en las nuevas generaciones, sin peligro de caer en los errores del Terror, porque la estructura social ha cambiado. Así en los antiguos la libertad era fundamentalmente el ejercicio político de ciudadanía, mientras que en la era moderna radica en la libertad del individuo.

“Sin la población esclava, veinte mil Atenienses no hubieran podido ir a deliberar todos los días a la plaza pública”… “(mientras) admitían como compatible con esta libertad colectiva la sujeción completa del individuo a la multitud reunida”

“Entre los modernos al contrario, el individuo, independiente en su vida privada, no es soberano más que en apariencia aún en los estados más libres”

“Entre los antiguos una guerra victoriosa aumentaba los esclavos, los tributos y las tierras a la riqueza pública. Entre los modernos, la guerra más afortunada cuesta infaliblemente más que vale”

De ello deviene que la aplicación del concepto antiguo de libertad a la sociedad moderna, en cuanto a la sujeción arbitraria del ciudadano anónimo a la mayoría, implica “hacer al individuo esclavo para que el pueblo sea libre”.

Benjamin Constant nació en Lausana en 1767 (hijo de hugonotes exiliados) y murió en París en 1830, sin tiempo para ver la revolución que se avecinaba y ayudó a gestar. Fue compañero de vida de Madame de Staël entre 1802 y 1806 durante su exilio en Alemania. Su vida no está exenta de contradicciones pero sus escritos bien merecen el disfrute de nuestra atención.

Los textos que se aluden en esta reseña han sido editados por Tecnos. Acantilado ofrece su novela Adolphe (1816), y Periférica Cécile (1851), ambas atormentadas y de carácter autobiográfico.

cita

Benjamin Constant en la Biblioteca UPM

Los sueños de Einstein. Alan Lightman

Los sueños de Einstein
Alan Lightman
Barcelona: Libros del Asteroide, 2019
Título orignal: Einstein´s Dreams (1992)
Traducción: Andrés Barba

 

¿Quién no ha experimentado alguna vez que el tiempo transcurre más rápido de lo acostumbrado cuando uno lo está pasando bien? O que resulta interminable cuando te aburres o vas al dentista. O que cuarenta años de vida pasaron en un instante. O que un día en especial, unas palabras, una mirada de color verde hace veinte años están más presentes que el momento actual. Cualquiera lo ha sentido. Porque el tiempo, esa dimensión en la que nos va la vida, no es de fiar.

En 1905 Albert Einstein publica sus estudios sobre el tiempo. Gracias a él sabemos que el tiempo no es una dimensión absoluta y, por tanto, no se mide igual en todas las circunstancias ni es el mismo en cada punto del Universo.

Alan Lightman, físico y profesor de humanidades en el MIT, imagina en este libro treinta posibilidades acerca de la naturaleza del tiempo que Albert Einstein pudo haber barajado o simplemente soñado los meses previos a la elaboración de su teoría. Son relatos breves, con un espíritu muy similar al de Italo Calvino en sus Ciudades invisibles, en los que, sin salir de la ciudad de Berna, se plantea cómo sería el mundo, cómo se comportaría la gente si el fluir del tiempo tuviera una naturaleza distinta a la que conocemos. Porque seríamos diferentes, tendríamos otras aspiraciones, otorgaríamos un valor nuevo a las cosas que valoramos ahora. Si el tiempo fuera circular y todo se repitiera exactamente una vez y otra hasta el infinito, ¿no sería una pesadilla para los que cometieron, cometen, cometerán siempre el mismo error? Y en un mundo en el que pudiéramos atisbar una imagen del futuro ¿trataríamos de oponernos o dejaríamos de actuar por completo? En un mundo donde el tiempo es local y corre a diferente velocidad en unas y otras ciudades, ¿haríamos turismo o sería una experiencia demasiado perturbadora?

Los sueños de Einstein apareció por primera vez en 1992 y ha recibido excelentes críticas y variados elogios. Contiene humor, melancolía, lirismo, ciencia y buena dosis de ternura por el ser humano; una mota de polvo en medio del Universo a la que no pertenece ni el pasado ni el futuro, y puede que tampoco, o tal vez solo un poco mientras lo pierde, el presente.

 

Alan P. Lightman en la Biblioteca UPM

 

Mary Karr. El club de los mentirosos.

Mary Karr. El club de los mentirosos. Periférica&Errata naturae, 2017.

“Poco antes de que muriera mi madre, el tipo que le estaba reformando la cocina sacó de la pared un azulejo con un agujerito redondo bastante sospechoso.

– Señora Karr, ¡esto parece un agujero de bala!

Lecia, que no dejaba pasar una, intervino:

– ¿Eso no es de cuando le disparaste a papá?

Y mamá entornó los ojos, bajo un poco las gafas por su nariz patricia y dijo con displicencia:

– No, eso es de cuando Larry.- Se giró y señaló otra pared.- A tu padre le disparé allí".

Como dice la propia Mary Karr, “cuando el destino te pone en bandeja unos personajes así, ¿para que inventar nada?”

Estas memorias cuentan la infancia de la autora en los años sesenta en un pequeño pueblo de Texas, Leechfield, con un paisaje de refinerías y bayous (pantanos) dentro de una familia disfuncional. La madre propensa a beber,  usar armas y casarse, de hecho lo hizo siete veces, dos de ellas con el trabajador de la industria petrolera que fue el  padre de Mary Karr.

El libro es como una catarsis para la autora, ya que al sacar todas sus vivencias a la luz, con las bendiciones de su madre, se reconcilia con su clan. Y la verdad es que cuenta historias terribles, que vivieron ella y su hermana mayor, Lecia. Mary Karr afirma que todas las familias con más de un miembro son disfuncionales pero desde luego, la suya, lo era en gran medida.

Mi madre no leyó este libro hasta que no estuvo terminado. Sin embargo, durante dos años ha respondido sin rechistar a todas mis preguntas, por teléfono o por carta, y ha realizado pesquisas para mí incluso estando ya enferma. Me ha animado sin reservas para que llevara a cabo mi labor, a pesar de que buena parte de la historia le resulta dolorosa. Su valentía es encomiable. Su apoyo ha sido todo.

Es un libro duro y ácido. ¿Y qué es lo que hace que te enganches? Sin duda, el gran sentido del humor que desprende toda la novela incluso cuando cuenta las vivencias más duras. Y otro sentimiento que desprende el libro es el amor, a pesar de todo. El amor que se deja traslucir en las historias vividas. Amor de esa madre a sus dos hijas y de las niñas hacia esa madre inestable. El amor de Mary hacia su padre, un hombre imperfecto, borrachín (como no podía ser de otra forma en esa familia) y amante de contar historias. De ahí el título de la novela “el club de los mentirosos” del que su padre era miembro preferente y al que muchas veces acudía con Mary, encantada de oír lo que contaba.

No hay autocompasión ni victimismo por parte de la autora, las cosas fueron así y ya está. Como ella misma dice:​

Historias así desbaratan el mito de que dramas familiares tan turbios te condenan al pabellón psquiátrico de por vida.

Habrá que esperar al final del libro para descubrir, como lo descubrió la propia autora, un secreto familiar que aporta una nueva perspectiva para entender lo complejas que son las vivencias y cómo influyen en la vida de las personas.

Si su padre le inculcó el amor por las historias, su madre lo hizo por los libros y la lectura,

ese lugar mítico habitado por almas afines que florecen juntas al compartir viejas historias, esas que te enardecen el ánimo y te liberan, las auténticas. 

Mary Karr (Groves, Texas, 1955) actualmente es profesora de literatura en la Universidad de Siracusa y vive en Nueva YorK. Entre sus obras destacan The Art of memoir (2015), las memorias Lit y Cherry y poemarios como Sinners Wellcome (2006), Viper Rum (2001) o The Devil`s Tour (1993). El club de los mentirosos (1995) fue uno de los libros más vendidos durante un año entero según el New York Times y mejor libro del año para The New York Times Book Review. Ha ganado diversos premios como el Whiting Award, el Radcliffe's Bunting FellowshipKarr y dos premios Pushcart. Además, ha recibido una beca Guggenheim.

Estrella del alba / Wu Ming 4


Wu Ming 4: Estrella del alba.

Traducción de Nadie Enparticular. Acuarela & A. Machado, 2012.

Título original: Stella del mattino. Einaudi, 2008-.

 

Ronald amaba las palabras, pero de una manera peculiar y personal. Eran arcanos, enigmas a resolver, contenían historias, abarcaban siglos y continentes. Cada palabra sugería otras, quizá nunca pronunciadas, pero del todo plausibles, aún más ricas de significados y alusiones, por tanto más reales. Pero entre esas paredes no se podía ir mucho más allá, regía un límite insuperable. En la óptica de los fundadores, el Oxford English Dictionary tenía que ser la piedra miliar de la cultura británica, la summa de lo que se había dicho en inglés y el modo en que se lo había dicho desde el inicio de los tiempos hasta la edad moderna. La fantasía quedaba detrás de la puerta. (p. 43-44)

Y el imperialismo destruyó el mundo, aunque no sería la última vez.  Hasta reyes y emperadores, que en realidad eran primos y familiares entre sí, convertidos en naipes de la baraja del azar y del gran capital, se enfrentaron, se abandonaron mutuamente, renegaron de apellidos. En la víspera de la tempestad de acero nos habíamos despedido de Hans Castorp bajando de su montaña mágica, quizás Miyazaki os dé alguna noticia suya… Como Pierre Lemaitre la da de tantos y tantos desfigurados, por fuera y por dentro. O Philippe Claudel de la grisalla de la retaguardia. Aún así, quedó una generación de supervivientes fecundos, como estos fabulados con amor e inteligencia por Wu Ming 4.

Esta es pues una historia de hace cien años, construida en torno al mito: como material de trabajo literario en manos de unos jóvenes envejecidos por la guerra; como héroe divino amanecido de las arenas de Oriente, El Orens. Graves, Lewis y Tolkien, cada uno arrastrando sus propios traumas, andan a la búsqueda de su destino de exquisitos cocineros literarios, reelaboradores de poesía y narración, columpiándose sobre un filo de alternativas vitales que incluyen la erudición y el mero proletariado intelectual. Rondan las revoluciones irlandesa y rusa, el presidente americano Wilson se inmiscuye en Europa, el Imperio británico empieza ya a no ser lo que era y su sólido parlamentarismo podría agrietarse. Incertidumbres.

Pienso que el latido de una buena novela histórica -además de la calidad de redacción- se cifra en la articulación entre un escenario bien documentado y recreado, y la intriga sobre la probabilidad de su desarrollo argumental: en suma de su buen juego dentro del espíritu de época. Estrella del alba lo consigue sirviéndose de un planteamiento coral y de combinaciones de perspectiva personal y temporal. Hace disfrutar, homenajea escenarios sugestivos como la ciudad de Oxford e incluso permite identificar los orígenes de los conflictos actuales de Oriente Medio en las políticas francobritánicas perpetradas sobre los despojos del Imperio otomano. Entre todas aquellas conmociones, animaos a acompañar a unos protagonistas enteramente humanos que no se imaginaban ni por asomo como futuros iconos literarios. 

Dicen que un caballero avanza raudo en la cresta de las montañas. Está vestido de blanco y nadie puede mirarlo a la cara, porque los ojos deslumbran hasta cegar. Tiene el poder de destruir lo que toca y del don de estar por doquier. A veces está solo, a veces guía columnas de jinetes Nadie sabe dónde se esconde. Aparece y desaparece. El desierto es su casa, las rocas su comida. Es como el aire, como el viento que sopla. Un día cruza el gran Nefud, al día siguente se baña en el Mar Muerto. Su nombre vuela de un oasis al otro. Los peregrinos en viaje a La Meca lo avistan en las tormentas de arena y lo llaman Iblis, el Diablo. Todos le temen. También tú. (p. 220)    

 

Para saber más sobre Wu Ming: http://www.wumingfoundation.com/giap/

La analfabeta, Agota Kristof

Agota Kristof
La analfabeta
Barcelona : Obelisco, 2006
L’Analphabète (2004)
Traducción: Juli Peradejordi

 

La analfabeta es un relato autobiográfico en 11 capítulos, es escueto, directo y personal. La diáfana sencillez de su lenguaje proviene de la necesidad de expresarse en su lengua de adopción, el francés. Una lengua en la que se descubre analfabeta como resultado de un exilio desde su Hungría natal a los veintiún años. 

Agota Kristof, una lectora impenitente desde los cuatro años, se confiesa sin acritud, amordazada, aislada por la incomunicación a pesar del cálido recibimiento de la sociedad suiza. Los días grises en su país de acogida se suceden como contraposición a la zozobra política de Hungría, a la invasión de austriacos y rusos, a la brutalidad del régimen estalinista.

"Ser refugiado es como atravesar un desierto…"

Como cada año en época de exámenes, rebusco en mi memoria textos dedicados a espacios y tiempos de evasión, que pongan distancia a la perentoriedad que parece rodear el entorno estudiantil. Tensión que queda instantáneamente amortiguada ante situaciones vitales difíciles abordadas con naturalidad y ternura.

Este no es desde luego el texto más emblemático de la autora, pero es el primero que leí suyo, atraída por una delicada edición a cargo de la Editorial Obelisco, una entidad curiosa de la que no creo encontrar muchos títulos tan afortunados. El Aleph y Libros del Asteroide son otras de sus editoriales en castellano.

Cartel de la película El Gran CuadernoAgota Kristof nació en 1935 en Csikvánd (Hungría) y murió en 2011 Neuchâtel (Suiza). Comienza en el mundo literario desde Suiza, con pequeñas obras teatrales y relatos radiofónicos. El salto a la literatura internacional se produce en 1986 con El Gran Cuaderno, primer libro de su trilogía Klaus y Lucas galardonado en varios países con diversas distinciones litararias: el Moravia en Italia, el Schiller en Suiza y el premio austriaco de Literatura Europea. Esta obra ha sido también llevada al cine por director húngaro János Szász (para ver el tráiler pincha aquí).

"Me dejé en Hungría mi diario de escritura secreta, y también mis primeros poemas. También dejé a mis hermanos, mis padres; sin avisarles, sin despedirme de ellos, sin decirles adiós. Pero sobre todo, ese día, ese día de finales de noviembre de 1956, perdí definitivamente mi pertenencia a un pueblo."

 

Agota Kristof en la Biblioteca UPM

 

La otra Venecia. Predrag Matvejević

La otra Venecia
Predrag Matvejević
Valencia: Pre-textos, 2004
Título original: Druga Venecija

Traducción: Luisa Fernanda Garrido Ramos, Tihomir Pistelek

 

Tal vez con las ciudades pasa que si las conocemos usando la consabida guía de viajes pródiga en monumentos, edificios históricos, restaurantes, atracciones que no te puedes perder, quizás nos perdamos algo, un perfil poco evidente, una geografía interior a la que se accede solo desde un punto de vista determinado.

Desde el gusto por el pequeño detalle significativo, poético, preñado de relaciones y significado, Predrag Matvejević nos descubre dentro de la archiconocida Venecia una Venecia fascinante que habita a la sombra de la otra, como una gemela poco perceptible, un poco huída de la realidad pero al mismo tiempo asentada su corporeidad en manuscritos, testimonios, restos de esculturas, ocupando el mismo espacio (si acaso unos milímetros más allá), dibujada en los mismos planos y mapas.

Las páginas de esta otra Venecia me han hecho por momentos sentir la reverencia ante el prodigio de lo inesperado del mismo modo que le ocurre a Kublai Kan al escuchar a través de Marco Polo el relato de las ciudades invisibles de Italo Calvino. Todo es extraordinario si lo sabes mirar, si una brizna de hierba entre las piedras de una iglesia cuenta una historia, qué no dirán los puentes con su silencio, los inaccesibles jardines, los caminos del pan, los cumplidos barberos, ese viejo, casi ciego, que recita a poetas desconocidos.

Hay que visitar la otra Venecia, bailar con su fantasma, perderse en ella mientras ella también desaparece:

Desaparecen las palabras, se pierden los nombres, nadie se preocupa de las pequeñas plantas que se marchitan en las paredes, las "esculturas errantes" se desmoronan en las fachadas, cada vez hay menos jardines junto a los palacios, más oscuridad en los pozos que agua, menos pátina que herrumbre, ni siquiera los crepúsculos son como antaño, y los vientos de cuando en cuando cambian de dirección…

…Venecia y la otra Venecia, pese a todo, perduran una al lado de la otra, una en la otra, aunque solo sea en la memoria o en la fantasía.

 

Leila Slimani. Canción dulce

Leila Slimani. Canción dulce. Cabaret Voltaire, 2017.

"El bebé ha muerto. Bastaron pocos segundos. El médico aseguró que no había sufrido. Lo tendieron en una funda gris y cerraron la cremallera sobre el cuerpo desarticulado que flotaba entre los juguetes. La niña, en cambio, seguía viva cuando llegaron los del servicio de emergencias."

Así de contundente es el inicio de esta novela. El desenlace trágico ocurre en la primera página y vamos, en un flasback, desgranando los detalles de la historia, la evolución de los protagonistas y las vivencias que arrastran cada uno.

El bebé es Adam, hijo de un matrimonio de clase acomodada que vive en París, Paul y Myriam que también tienen otra hija, Mila de tres años. Los Massé viven en 

un bonito edifico de la Rue d’Hauteville, en el distrito 10. Un edificio donde los vecinos, sin conocerse, se saludan con calidez. La casa de los Massé está en la quinta planta. Es la más pequeña del inmueble. Paul y Myriam construyeron un tabique en mitad del salón cuando nació el segundo hijo.

Fue entonces cuando decidieron coger una persona que cuidara de los niños. Myriam desea volver a su trabajo en un bufete de abogados al darse cuenta de que su maternidad y la casa le agobian.

Y llega el momento de las entrevistas a las candidatas. Entonces encuentran a Louise, una mujer francesa sin hijos ni ataduras, tímida y tierna con los niños y muy eficaz con la casa. Poco a poco se va haciendo un hueco en el hogar de los Massé y se va convirtiendo en alguien imprescindible para el funcionamiento de la familia.

Nuestra "nunú" es un hada. Es lo que dice Myriam cuando cuenta la irrupción de Louise en sus vidas. Debe de tener poderes mágicos para haber transformado esta casa axfisiante , exigua, en un lugar apacible y luminoso.

El spoiler que hace la propia autora no le resta interés al relato, de hecho contribuye a que vayas leyendo con más interés. La historia es un thriller que te mantiene en vilo desde el principio y que hace que el lector se sienta un investigador y vaya buscando las pistas necesarias para explicar las muertes.  También es un retrato de la sociedad actual, con sus relaciones de dominio y económicas, además de los prejuicios culturales y de clases.

Sin duda el mejor personaje es el de la niñera, asistenta y confidente, Louise, perfecta y terriblemente eficaz. La novela gira en torno a ella y a su lado van gravitando los demás personajes.

Con un estilo directo, incisivo la historia es muy inquietante y deja al lector con cierta desazón.

La escritora franco-marroquí Leïla Slimani (Rabat, 1981) llegó en 1999 a París, estudió en el Liceo Francés y trabajó como periodista en Jeune Afrique. En 2014 publica su primera novela, Dans le jardin de l'ogre (En el jardín del ogro) con la editorial Gallimard. Con ésta, su segunda novela, Chanson douce, ha ganado el Premio Goncourt 2016.

Azúcar y abolición / Raúl Cepero Bonilla

Raúl Cepero Bonilla:
Azúcar y abolición.

Prólogo de Jordi Maluquer de Motes.

Barcelona : Crítica, 1976.

Los políticos españoles pronto aprendieron que los hacendados necesitaban del poder metropolitano para defender sus intereses de las amenazas abolicionistas, y, cuando notaban en la clase de los hacendados una actitud favorable a las ideas revolucionarias, amenazaban con abolir la esclavitud y como por ensalmo se desvanecían esos coqueteos de los hacendados con la revolución. (p. 45)

Hay ciertas realidades incómodas sobre las que las sociedades suelen pasar de puntillas, bien ignorándolas, negándolas o atribuyéndoselas exclusivamente a sus vecinos. Pasa con el nacionalismo de los otros, nada que ver con nuestro siempre virtuoso patriotismo. Y con el esclavismo y el racismo, antipáticos e infamantes. Tanto es así que poca conciencia existe en la España de nuestros días sobre el hecho de haber sido uno de los últimos estados llamados occidentales en abolir la esclavitud, que duró hasta 1880; así como de que el asunto estuvo íntimamente ligado al mantenimiento y pérdida final del imperio ultramarino, el batacazo de 1898 y sus consecuencias para un convulso siglo XX. De hecho en nuestras coordenadas vitales somos contemporáneos de hijos y nietos de quienes fueron esclavos a todos los efectos en territorio español, a la vuelta de la esquina en tiempo histórico.  
La lectura propuesta aporta una perspectiva desde Cuba. Antes de convertirse en protagonista de la Revolución de 1959, Raúl Cepero Bonilla había sido un incipiente historiador cuyo ensayo Azúcar y abolición (1948) se constituye en clásico de la historiografía cubana sobre el siglo XIX. El libro fue escrito en época bien significativa: institucionalización jurídica del apartheid en Sudáfrica; independencias de las enormes India e Indonesia que marcan el comienzo de la descolonización de postguerra en el llamado Tercer Mundo; comienzo de la Guerra Fría; inminente Revolución china. En 1976 fue publicado en España con una de aquella soberbias cubiertas de Alberto Corazón. La obra tiene la solera de los buenos estudios de historia sociopolítica: conocimiento y uso de las fuentes, análisis sociológico y perspectiva global. Para el asunto en cuestión, un escenario internacional con cuatro protagonistas básicos: la fragmentada sociedad cubana, la metrópoli española, la potencia mundial en ejercicio (Gran Bretaña), y unos dinámicos y expansivos Estados Unidos de América. Y en el centro y como piedra de discordia, el azúcar. Un bien de consumo continuo y asentado, que a la sazón experimentaba cambios en su propia materia prima de procedencia (remolacha versus caña) y en sus procesos industriales de obtención y refinado. 
A día de hoy aun somos deudores de una visión histórica general del esclavismo y de la abolición más bien limitada a su aspecto moral, en buena medida debido a la influencia de innumerables productos mediáticos de mayor o menor enjundia. Antes bien, como otras atrocidades propias de nuestros días, el esclavismo contemporáneo es cuestión de intereses sociales: Azúcar y abolición, aunque circunscrito al marco hispanoantillano, es un buen instrumento para iniciarse en este tema, y más ampliamente en la cuestión racial en el mundo hispánico, que obviamente no debería permanecer en penumbra ni un minuto más.  

El reglamento de libertos llegó hasta negarle al "patrocinado" la obtención de un jornal o salario. El esclavo, que ahora se llamaba "liberto", tenía la obligación forzosa de trabajar para sus dueños, pero éstos no tenían más obligación que alimentarlo y vestirlo, es decir, ponerlo en condiciones de rendir la faena diaria. La revolución seguía coqueteando con la clase esclavista, pero ésta prefería el sometimiento a la metrópoli, que no alteraba la tranquilidad en los ingenios y las dotaciones. (p. 136)

Para saber más sobre la esclavitud: en Bibliotecas UPM.


 

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