Luis Alberto de Cuenca: su poesía y otros relatos

“Hola, mi amor, yo soy tu lobo / Quiero tenerte cerca para oírte mejor”… Alguna vez, ¿quién no ha cantado a todo pulmón esta letra tan vibrante de la Orquesta Mondragón? Corría el año 1980 cuando se publicó “Caperucita feroz” -incluida en el álbum Bon Voyage-, fruto de la pluma de Luis Alberto de Cuenca en su faceta como letrista. Más tarde, sería Loquillo quien llevara al escenario musical la obra poética del autor madrileño. Uno de sus poemas daría nombre a este trabajo: “Su nombre era el de todas las mujeres” (2011).  Entre otros, su séptimo corte recogía la composición “Alicia disfrazada de Leia Organa” (dedicada a la esposa del poeta e inspirada en la Guerra de las Galaxias):

Si sólo fuera porque a todas horas
Tu cerebro se funde con el mío;
Si sólo fuera porque mi vacío
Lo llenas con tus naves invasoras […]   

Con estos antecedentes, casi no resulta necesario mencionar que estamos ante un autor extraordinariamente contemporáneo -de postmoderno y postromántico le han clasificado otros-, pero también con un fino sentido del humor, y muy, muy elegante. Su poesía ha transitado desde el clasicismo hasta el verso libre, o de línea clara (como él mismo la ha denominado en homenaje a la celebérrima obra de Hergé).  En definitiva, un autor idóneo para congraciarse con la lectura del género lírico. Lean y juzguen por sí mismos:

El desayuno

Me gustas cuando dices tonterías,

Cuando metes la pata, cuando mientes,

Cuando te vas de compras con tu madre

Y llego tarde al cine por tu culpa.

Me gustas más cuando es mi cumpleaños

Y me cubres de besos y de tartas,

O cuando eres feliz y se te nota,

O cuando eres genial con una frase

Que lo resume todo, o cuando ríes

(Tu risa es una ducha en el infierno),

O cuando me perdonas un olvido.

Pero aún me gustas más, tanto que casi

No puedo resistir lo que me gustas,

Cuando, llena de vida, te despiertas

Y lo primero que haces es decirme:

«Tengo un hambre feroz esta mañana.

Voy a empezar contigo el desayuno».

El cuervo

Una noche de un frío diciembre, me encontraba

Solo en mi biblioteca, pensativo, tan solo

Que ni los viejos libros ni los mil cachivaches

Que abruman los estantes me hacían compañía,

Tan solo como un náufrago después de la tormenta,

[…]

Y las cartas, las cartas, obsesivas y tórridas,

Avivando la hoguera de la pasión, quemando

Los bosques a su paso e incendiando las mieses.

Aquellas cartas-bomba que no sé dónde están.

[…]

En las noches de insomnio me invade tu perfume

Como una vaharada fantasmal, y lo aspiro

Como si fuera polvo de silencio y de ruina

Y, a la vez, como un tiro de insondable placer

Que, como el Ewigwiblich de Goethe, me conduce

Al cielo, donde tú vives eternamente

[….]

Pero Luis Alberto de Cuenca (1950-) es un hombre de corte casi renacentista. Tras doctorarse en Filología Clásica, ejerció su ministerio de profesor investigador en el CSIC. Además ha despuntado como ensayista y traductor, labor que le ha reportado el Premio Nacional de Traducción por su versión del Cantar de Valtario. En su haber encontramos otras muchas distinciones a su quehacer literario, como el Premio de la Crítica, concedido a su obra “La Caja de Plata” (1985). Ha desempeñado el cargo de director de la Biblioteca Nacional y posteriormente el de Secretario de Estado de Cultura. Hasta fechas recientes ha formado parte del Patronato del Museo del Prado, y -desde 2010- es académico de número de la Real Academia de la Historia. También ha ejercido como editor literario, y como divulgador cultural en prensa, así como en programas de radio, y televisión.

La producción de Luis Alberto de Cuenca es inmensa, difícilmente podríamos dejar constancia de todos sus trabajos de naturaleza intelectual. No obstante, nos gustaría mencionar su título: “Libros contra el aburrimiento”, un volumen que recopila su labor como columnista y crítico literario en las prestigiosas páginas del ABC Cultural desde 2004 a 2010. En él encontrarán la recomendación de interesantísimas lecturas, desde la epopeya de Gilgamesh -el cuento más antiguo del mundo- a Sin City -un tebeo de Frank Miller, llevado al cine por Robert Rodríguez y Quentin Tarantino-, pasando por Astérix, el teatro de Fernández de Moratín, el capitán Alatriste y un largo etcétera. Recientemente ha publicado “200 libros para disfrutar”, que sigue esta misma estela, y en el que nos recomienda lecturas tan variopintas como el Macbeth de Shakespeare o El Coyote de José Mallorquí.

Por último, no he querido dejar de aludir a la difusión que de su obra está llevando a cabo un aguerrido grupo de “Lectores de Luis Alberto de Cuenca” en la red social Facebook, integrada -de momento- por 2,9 mil seguidores. https://www.facebook.com/groups/l.a.de.cuenca

Obras de Luis Alberto de Cuenca en la Biblioteca Universitaria UPM

Maria Jesús Iglesias

El club de los negocios raros. G. K. Chesterton

Barcelona : Ediciones G. P., [1965]
Título original: The Club of Queer Trades
Fecha de publicación original: 1905
Disponible en la Biblioteca UPM
Más títulos de G. K. Chesterton en la Biblioteca UPM

Unos relatos policiacos nunca vienen mal. Especialmente si los enigmas que plantean son un tanto insólitos, la manera de resolverlos no es la habitual y el humor campa a sus anchas. Hoy recomendamos El Club de los negocios raros de G. K. Chesterton.

 

El carácter de esta sociedad, como más tarde se comprobó, puede explicarse en breves y sencillas palabras. Se trata de un club excéntrico y bohemio, para pertenecer al cual es condición indispensable que el candidato haya inventado la manera de ganarse la vida. Su profesión tiene que ser absolutamente nueva. La definición exacta de semejante requisito se halla contenida en las dos cláusulas principales de los estatutos. En primer lugar, no debe tratarse de una simple variación de una industria existente. Así, por ejemplo, el Club no admitiría a un agente de seguros por el simple hecho de que en vez de asegurar los muebles contra el incendio, asegurara, pongamos por caso, los pantalones de los hombres contra la posibilidad de ser desgarrados por un perro rabioso. El principio es el mismo (como hizo notar con agudeza e ingenio Sir Bradcock Burnaby-Bradcock en el sublime y por demás elocuente discurso pronunciado en el Club al plantearse el problema en el asunto Stormby Smith). En segundo lugar, la profesión tiene que constituir una fuente de ingresos de carácter genuinamente comercial, que mantenga económicamente a su inventor. Así, el Club no admitiría a un hombre por el mero hecho de que se dedicara a coleccionar latas vacías de sardinas, a no ser que con ellas pudiera montar una industria decorosa. El profesor Chick aclaró perfectamente este punto. La verdad es que cuando se recuerda cuál era la nueva profesión del profesor Chick no sabe uno si echarse a reír o llorar.

Gilbert Keith Chesterton (Londres, 29 de mayo de 1874-Beaconsfield, 14 de junio de 1936), más conocido como G. K. Chesterton, fue un escritor, filósofo y periodista británico católico de inicios del siglo XX. Cultivó, entre otros géneros, el ensayo, la narración, la biografía, la lírica, el periodismo y el libro de viajes.

Se han referido a él como el «príncipe de las paradojas».​ Su personaje más famoso es el Padre Brown, un sacerdote católico de apariencia ingenua, cuya agudeza psicológica lo vuelve un formidable detective, y que aparece en más de cincuenta historias reunidas en cinco volúmenes, publicados entre 1911 y 1935.

Las garras de la noche, Cornell Woolrich

Las garras de la noche

Cornell Woolrich (William Irish)

Alianza Editorial

¿Cuándo murió?                                                                                                             

El hombre apretó los puños, los levantó angustiado por encima de su cabeza.       

¡No…ha muerto! ¡No entiende lo que intento decirle! Yace en alguna parte, bajo la tierra, en esta misma ciudad, en este preciso momento… respirando todavía. (Tumbas para los vivos)

Bud Ingram está traumatizado por la muerte de su padre. Cuando lo enterraron estaba vivo. El recuerdo le obsesiona. Ahora ha entrado en contacto con una extraña secta de adoradores de la muerte. La historia se repite.

En La marea roja, Jackie Blaine y Gil Blaine son un matrimonio siempre endeudado que intentan salir adelante con gran dificultad. Surge la posibilidad de pedir un último préstamo a un conocido. La señora Blaine descubrirá que su marido no es tal como pensaba.

No voy a dejarle ahora, voy a quedarme con él cuando entre ahí. ¡Él va a hacer el descubrimiento pero no se lo va a contar a nadie! No puedo permitirlo. Acaba de verme mirar hacia esa puerta. Va a leerlo todo en mi cara. No me queda energía suficiente para disimular. Voy a matarle ahí dentro…con las manos desnudas. (El cadáver de la puerta de al lado)

Harlan es un hombre rencoroso. Alguien le roba la leche de su puerta. No lo puede consentir, tiene que dar una lección al ladrón…pero la cosa se tuerce. Nada es como parece.

En Nunca me volverás a ver, Ed Bliss discute con su mujer y lo que parece una simple pelea conyugal se convierte en una autentica pesadilla llena de angustia y terror.

Si en semanas pasadas traíamos a esta pagina de Nosolotecnica una selección de relatos policiacos publicados en Black Mask Magazine, en esta ocasión el protagonista es un maestro de las novelas de suspense que publicó también en revistas del genero como Dime Detective, Detective Fiction Weekly, Argosy etc, en muchas ocasiones con diferentes seudónimos como William Irish.

Las garras de la noche es un conjunto de cuatro relatos de Cornell Woolrich lleno de climas obsesivos, llenos de dudas, en el que la angustia atrapa a los personajes. La atmosfera se hace insoportable para los protagonistas de los relatos. La salida parece imposible. La muerte es quizás la única solución, quizás…

Woolrich nació en Nueva York en 1903 y murió en la misma ciudad en 1968.

Solo intentaba engañar a la muerte. Solo pretendía vencer durante un corto tiempo la oscuridad que siempre supe vendría a invadirme y aniquilarme. Solo intentaba permanecer vivió un poco más, cuando ya hubiera muerto. Inmerso en la luz, prolongando un poco más mi estancia entre los vivos. (Cornell Woolrich)

La coleccionista de tesoros / Bessie Head

Bessie Head:

La coleccionista de tesoros y otros cuentos de los pueblos de Botsuana

Traducción de Mercè Diago y Abel Debritto.

Barcelona : ElCobre, 2003. 

Título original:

The Collector of Treasures and Other Botswana Village Tales

Ediciones: Heinemann (1977-), Waveland (2013).  

En aquel momento, el hermano gemelo de Jacob, Isaac, murió debido a la malnutrición y el exceso de trabajo. Una soledad profunda y terrorífica se apoderó del corazón del pequeño, que se quedó abandonado aquella noche. Había perdido a la única persona que había compartido algo de amor con él en un mundo poblado de monstruos. Se habla mucho del amor y de la capacidad para compartir de las sociedades tribales y es cierta en su mayor parte, pero también lo es la existencia del tío de Jacob. La única salida para un niño atrapado en este círculo de crueldad es derramar lágrimas solitarias y calientes en la oscuridad de la noche.

(Jacob: la historia de un sacerdote que curaba la fe

Aunque nacida en Sudáfrica, Bessie Head (1937-1986) está considerada una gran autora de la literatura botsuanesa en lengua inglesa. De hecho fue en Botsuana donde pasó largos años de su vida y el país en que se enraíza fundamentalmente su obra. 

Antes de nada reparad en que en esta ocasión, el título sale beneficiado de la traducción castellana, que nos desvela desde la cubierta el género de la persona que coleccionará esos tesoros, frente al sustantivo neutro en el original inglés. En ese y todos los demás cuentos vamos a sentir el aliento de la tradición de aquellos remotos pueblos, la fuerza y profundidad ancestrales de la oratura africana. Relatos que ponen el foco en los sentimientos humanos, el amor y el sentido de la trascendencia, así como la incidencia de los procesos sociales de aculturación ligados al colonialismo. Sin ser literatura fantástica, resultan cuentos maravillosos pues en el fondo de sus personajes y situaciones nos encontramos a nosotros mismos y con nuestras propias disyuntivas vitales, que a veces atravesamos de manera un tanto inconsciente tras la catarata incesante de estímulos y el alejamiento de la Naturaleza.  

En la escritura de Bessie Head hay también incursiones en el registro de reportaje. Pero esto no resta frescura a los cuentos sino que añade contextualización beneficiosa a la lectura, y revela lo mucho que la autora tenía de exploradora social y observadora etnográfica. Además, su relativo distanciamiento y perspectiva de exiliada en carne propia la colocan en buena posición para cincelar caracteres igualmente trasterrados, desplazados, fuera de lugar ya sea geográfico o familiar y comunitario, sobre quienes se ciernen las rápidas transformaciones del siglo. El peso del parentesco, de la edad y del género son efectivamente determinantes. 

En fin, las letras negroafricanas están de moda. Incluso muestran ahora su propio star system, pero también quedan por descubrir en ellas carreteras solo aparentemente secundarias cuyo recorrido resulta apasionante, como las largas rutas de Botsuana entre el desierto y los fértiles humedales del alma humana. Por esos andurriales es por donde Bessie Head viene a ser revalorizada como clásica de la literatura de género.   

Presa del terror, lo primero que pensó fue reunir a los niños y huir de la aldea. Pero ¿adónde iría? Garesego no quería divorciarse, le había dejado que le hablase del asunto, se había abstenido de recurrir a otros hombres. Pensó en todas las posibilidades y llegó a la conclusión de que tendría que plantarle cara. Si le escribía que ni se le ocurriese ir al patio porque no quería verle, no le haría caso. Las mujeres negras carecían de ese poder. Una expresión inquietante se le dibujó en el rostro.

(La coleccionista de tesoros)

Leyenda de un suicidio. David Vann

Cubierta de Leyenda de un suicidio, David VannLeyenda de un suicidio
David Vann
Barcelona: Alfabia, 2014
Traducción : Daniel Gascón
Legend of a Suicide. Penguin, 2009

Cuando el escritor David Vann tenía 13 años, su padre se suicidó. Este libro es la forma en que Vann trata de devolverle la vida de alguna manera. El libro se compone de cinco cuentos cortos y una novela aunque no en ese orden. Las historias están conectadas y describen la relación del joven Roy Fenn con su padre Jim, un dentista fallido y pescador fracasado, habla del amor incondicional del hijo hacia un padre mentalmente enfermo.

Cubierat de Legend of a suicide, David VannCon una prosa magnífica, usando pocas y simples palabras, golpea directamente en el estómago de quien esté leyendo. Esta es una historia conmovedora, a veces divertida, a veces impactante, con giros inteligentes, dolorosa, desgarradora, increíblemente convincente y plausible y absolutamente absorbente. La descripción de Vann del padre enfermo, sus racionalizaciones y elecciones, es muy realista. Los procesos de pensamiento del hijo, Roy, también resultan descarnadamente auténticos.

Es un libro difícil de leer emocionalmente, me deja de regalo unas cuantas noches de insomnio e imágenes que no se me van a olvidar fácilmente. Me pasó también con La carretera, de Cormac McCarthy, libro al que en cierto modo se parece.

Brillante.

A father, after all is a lot for a thing to be.

David Vann en la Biblioteca UPM

Marta Olea de Cárdenas

Cuentos de la Malá Strana. Jan Neruda

Cubierta de Cuentos de la Malá Strana, Jan NerudaCuentos de la Malá Strana
Jan Neruda
Madrid : Cátedra, 2017
Povídky malostranské (1878)
Traductor: Antonio Rivas González
Introducción: Antonio Rivas González y Miguel Ángel Vega Cernuda

Hace unas semanas, la lectura de De noche, bajo el puente de piedra, de Leo Perutz, nos transportaba a la Praga misteriosa y mágica que se suele asociar a la época de Rodolfo II, en la que se mezclaban alquimistas, astrónomos, magos, gabinetes maravillosos y… una buena dosis de leyenda. Hoy, en virtud de las diferentes visiones que la literatura ha dado de esta ciudad, vamos a echar un vistazo a una Praga muy diferente, la versión costumbrista que nos ha legado Jan Neruda en su Cuentos de la Malá Strana.

Jan Neruda, nacido en 1834 en el “barrio pequeño” de Praga, o Malá Strana, fue un escritor realista con una gran capacidad para la observación y el detalle. Preocupado por el renacimiento de la cultura checa, en su obra busca enriquecer y cuidar su propia lengua, relegada en esa época por el alemán, que se imponía como lengua oficial del Imperio Austrohúngaro.

Los Cuentos de la Malá Strana, posiblemente su obra más conocida, conforman un retrato de las gentes de la época, su manera de vivir, su forma de hablar y de comportarse. Por una parte, se aprecia el cariño que el autor siente por ellos, pues al fin y al cabo forman parte de su infancia, pero al mismo tiempo es notable su lamento por el atraso social y cultural en el que aún están inmersos.

Cubierta de Povídky malostranské, Jan NerudaEn la Casa de los Dos Soles, localizada en la calle hoy llamada Nerudová (pues allí vivió Jan Neruda), conocida en la época como Ostruhová, comienzan estos cuentos. Se trata de una corrala en la que Neruda nos permite curiosear no solo el día a día de sus habitantes, sino también el interior de sus pensamientos, de sus deseos, y de sus pobres habitaciones alquiladas con vistas al monte Petřín. A partir de aquí, y hasta el último relato, que vuelve a localizarse en otra vivienda similar -éste más amargo y crítico que el primero- se suceden los relatos de personajes independientes, con alguna anécdota que recordar, entre los que por ejemplo podemos ver cómo era el fenomenal odio que se dedicaban los señores Ryšánek y Schlegl o cómo, en uno de mis favoritos, el señor Vorel se fue a la ruina víctima del rechazo a lo novedoso propio de sus vecinos.

En aquel tiempo todo tenía su sitio determinado, instalar de repente una tienda de sémolas allí donde había antes, por ejemplo, una tienda de comestibles era una de esas cosas tan descabelladas que ni se le ocurría a nadie. Una tienda se heredaba de padres a hijos, y si a pesar de todo se le traspasaba a algún forastero de Praga o del campo, los nativos no lo veían como a alguien demasiado extraño, mientras se sometiese al orden acostumbrado y no los enredase con novedades. Pero él, el señor Vorel, no solo era un completo forastero, sino que además instaló su tienda de cereales en la casa del Ángel Verde, donde hasta ese momento no había habido ninguna tienda en toda la vida.

Cuentos de la Malá Strana es una buena forma de trasladarse a una época que ya no existe, pero que retrata, empleando con frecuencia recursos humorísticos, actitudes y tipos humanos que muy bien pueden encontrarse hoy en día.

Tres cuentos de Truman Capote

  Tres cuentos. Truman Capote

  Anagrama

Imaginad una mañana de finales de noviembre. Una mañana de comienzos de invierno, hace más de veinte años. Pensad en la cocina de un viejo caserón de pueblo. Su principal característica es una enorme estufa negra; pero también contiene una gran mesa redonda y una chimenea con un par de mecedoras delante. Precisamente hoy comienza la estufa su temporada de rugidos.

Y en esa cocina está Buddy junto con Miss Sook y su pequeña terrier Queenie. Ellos comparten el protagonismo de estos relatos evocadores de una infancia lejana. Buddy, el mismo Capote, vive en un pequeño pueblo de Alabama donde ha sido enviado para que viva junto con la familia de su madre ausente. Y en ese escenario del profundo sur se desarrolla el universo del pequeño Buddy. Con sus alegrías y sus tristezas, sus angustias, sus esperanzas y sus desilusiones, sus sueños.

Centrados en celebraciones familiares, Un recuerdo navideño, Una Navidad y El invitado del día de Acción de Gracias son relatos familiares, sencillos en los que gracias a magia de Capote se puede ver, oler, oir, ese pequeño mundo en el que crece Buddy. Sentir el valor de la amistad que se establece entre Buddy y Miss Sook. Dos seres diferentes llenos de ingenuidad en un mundo a veces aspero, cruel, real. Y sentir sobre todo la alegría de vivir, el prodigio de la vida.

Yo no estaré aquí siempre, Buddy. Ni tú. Su voz se hundió como el sol en el horizonte del prado, se mantuvo hundida un segundo, y brotó después con la fuerza de un nuevo sol; Pero sí, para siempre. Si el Señor lo quiere, tú estarás aquí mucho tiempo después de que yo me haya ido, y, en la medida en que me recuerdes, siempre estaremos juntos…

Truman Capote en la Biblioteca Universitaria UPM

La lotería. Shirley Jackson

Cubierta del Comic La lotería, Shirley Jackson, Miles HymanLa lotería
Shirley Jackson
Adaptado por: Miles Hyman
Traducido por: Héctor Arnau
Madrid: Nórdica Libros, 2018
Título original: Shirley Jackson’s “The Lottery”: The Authorized Graphic Adaptation, 2016

El relato La lotería es un clásico de terror de la literatura norteamericana. Shirley Jackson lo escribió en 1948 en un rapto de inspiración. Tuvo la idea un día que volvía a casa con la compra del día y mientras empujaba calle arriba el carrito con su hija, le fue dando forma en su aguda imaginación. Al llegar, escribió el relato de un tirón, con la sensación de que éste se dictaba a sí mismo y no le fue necesario hacer correcciones de importancia una vez terminado. Tal vez de ese súbito origen surgiera la intensidad del relato, sus dientes afilados.

Cubierta de Cuentos escogidos, Shirley JacksonNo fue entendido por los lectores de The New Yorker, donde se publicó por primera vez unas semanas después de haber sido escrito; muchos de ellos cancelaron su suscripción a la revista y un aluvión de cartas de protesta, de posibles interpretaciones y hasta de insultos, llegaron a la redacción y a las manos de Shirley Jackson, quien en el artículo Biografía de una historia, que se puede leer en Cuentos escogidos, publicado por la Editorial Minúscula en 2015, reproduce algunos de los comentarios más sorprendentes.

Muchas son las ediciones del relato, de las recientes cabe destacar la adaptación al comic por parte de Miles Hyman, nieto de Shirley Jackson, en la editorial Nørdica Libros, que permite saborear el ambiente y leer emociones en los rostros de los personajes.

No digo más, me reservo los detalles del argumento por no privar a los que vayan a leerlo por primera vez de toda su malvada y terrorífica delicia.

Shirley Jackson (San Francisco, 1916-1965) es una de esas escritoras que han influido en la literatura de algunos escritores actuales, Stephen King y Joyce Carol Oates, entre otros, han reconocido estar en deuda con ella. Vivía en la pacífica comunidad de Vermont donde escribió sus novelas y cuentos, entre ellos La maldición de Hill House y Siempre hemos vivido en el castillo.

Ariadna en el laberinto grotesco / Salvador Espriu

Salvador Espriu:

Ariadna en el laberinto grotesco.

Ariadna al laberint grotesc.

Traducción: Julia Goytisolo. Barcelona: Eds. del Mall, 1987.

Aquella tarde Salom había visto “M”, una película alemana desagradable como Konilosia y Alfaranja en las fieles bocas burguesas de Lavinia. Era la historia del vampiro de Düsseldorf. La tragedia de aquel monstruo linfático impresionó a Salom, se lo confesaba. Salió del cine inquieto, con prisas, sin apenas atreverse a volver la cabeza: no era dueño de sus nervios. ¿Algún acontecimiento siniestro le amenazaba, aquella noche? (Nervios, p. 87)

 

Nombres improbables, costumbrismo, surrealismo fatalista. En esta Ariadna… subyace una meditación melancólica sobre la fragilidad de la vida humana, y un testimonio de cómo al mismo tiempo la vanidad y la hipocresía –el egoísmo en suma- no se detienen ante nada. Espriu, armado con un lenguaje rico, expresivo y potente, deviene un cronista tremebundo y socarrón, de los que no dejan títere con cabeza. Hay que dejarle avanzar en su universo, que poco a poco va envolviendo al lector: sin prisas, se la va sacando un jugo más poético y filosófico que gratuitamente disparatado. Este mundillo doméstico, callejero, de promiscuidad vecinal podría recordarnos a veces a Chacel pero sin aquella claridad positivista y galdosiana. A Espriu el Mediterráneo le aporta ironía, toques de un humor algo barroco, ternura. También cabrían puntos de contacto con Unamuno y por supuesto con Valle-Inclán.    

El libro tiene una larga historia. Su primera edición es de 1935, pero el autor fue aumentándolo durante decenios. Está estructurado como una sucesión de pequeños cuentos que a menudo comparten un elenco de personajes transversales, en una geografía fantástica que apenas disimula ser un trasunto de la Cataluña real. Por esos vericuetos se debió enredar la cándida Ariadna, tal vez desembarcada en Emporion más que en Naxos. Practica Espriu una narrativa alambicada que en ocasiones toma aspecto de prosa poética pero donde predomina lo escénico y dramático, con diálogos de absurdo que parecen reclamar adaptación teatral. Tanto es así y tan numerosos, perfilados y peculiares son sus protagonistas que se echa en falta un dramatis personae o incluso un buen índice comentado de personajes, al que poder acudir.

“He corrido toda la tarde por los cerros plantados de vides, por los pinos que dominan el mar. Cada cerro, cada pino, cada sarmiento, cada brizna de hierba tienen en mi tierra personalidad concretísima. He recorrido toda la tarde mi única patria, el paisaje de Sinera poseído por mis ojos sin pesar ni esfuerzo, este perfecto paisaje que me destrozarán. Mis labios pueden nombrar todos los rincones. Es un paisaje sin niebla, de sol bajo, de colinas asardanadas que van perdiéndose en la lejanía. De vez en cuando, torres de vigía y pitas acercan a la memoria borradas sombras de piratas de Argel” (Sembobitis, p. 309)

Salvador Espriu (1913-1985) fue un joven pujante posteriormente condenado al exilio interior. También un artesano de la lengua catalana de la que extraía material para componer tesoros cuan escultor apasionado. En los años 60 ganó celebridad con su extenso poema La pell de brau (=La piel de toro). De Ariadna en el laberinto grotesco hay muchas ediciones, sobre todo en catalán. Recomiendo volver a la arriba citada, que permite disfrutar del texto original enfrentado a la traducción de Julia Goytisolo.

Salvador Espriu en: Biblioteca UPM.

¡Que vergüenza! Paulina Flores

Cubierta de ¡Qué vergüenza!, Paulina FloresPaulina Flores
¡Qué vergüenza!
Seix Barral
Biblioteca Breve

¡Qué vergüenza! es el primer relato y el que da título al primer libro de Paulina Flores, una joven escritora (Chile, 1988) que ha sabido abrirse un hueco en el difícil mundo editorial con nueve historias contundentes, ásperas, sinceras y aparentemente triviales, pero que esconden un profunda intensidad vital. Su particular manera de dar luz, espesor e intensidad a sus personajes, le ha valido varios premios, entre ellos el Premio Roberto Bolaño en 2014 y el Premio de Literatura del Círculo de Críticos del Arte a la mejor escritora novel. Como dicen los críticos literarios, no será el libro del año, pero que va a perdurar, es seguro.

Y es que no hay una palabra sin intención, ningún detalle en las descripciones ni en los diálogos que no escarbe en la conciencia de los personajes, en su lucha por la vida. Nada distrae ni interrumpe la atención, nada impide la empatía. Todo este despliegue técnico, tan eficaz como invisible, convierte al lector en cómplice silencioso que asiste, impasible, a la enorme vulnerabilidad del personaje, a su incapacidad de enfocar y huir de su propio fracaso. El resultado final es que el relato revolotea en tu cabeza una vez leído porque, casi se puede decir, lo que en él sucede pasa a ser asunto tuyo.Fotografía de Paulina Flores

El primero de ellos, ¡Qué vergüenza!, nos habla de un padre que va con sus dos hijas pequeñas a un casting en un intento desesperado de encontrar un empleo. Su inseguridad ante ellas tras perder el trabajo y la autoestima, por ese orden, es profundamente conmovedor, y se condensa en esta reflexión:

A ser padre no se aprende y ¡esa presión por ser el hombre de la casa!

Lo mismo sucede con la visión de un adolescente ante el derrumbe de su padre en Talcahuano; en la profunda infelicidad de la mujer de Olvidar a Freddy; en la inocente reflexión de la voz que nos cuenta el relato de Tía Nana:

A esa edad creía que la única forma de demostrar cuánto querías a una persona era lograr verla con los ojos cerrados, o recordar su voz

Podría poner mil ejemplos de esos gestos extraordinariamente cotidianos que tan bien maneja Paulina, que rizan y explican cualquier existencia, que pasan  desapercibidos hasta para uno mismo, pero que son los que más nos definen, los que nos convencen de que la vida no está hecha de palabras.

Antes de iniciar esta lectura te recomiendo que afines la mente, te armes de valor e intensifiques tus emociones porque, como dice Claudia, el personaje del relato Teresa, a través de este libro,  vas a “tirarte a la vida con fe”.

Rosa Molina

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