Archivos de la Categoría: Cuentos

Fuerza menor. Javier Puche

Fuerza menor
Javier Puche
Sevilla: La Isla de Siltolá, 2016

 

Fuerza menor es una estupenda colección de microrrelatos. Se abre con La incertidumbre, texto que, tal vez, sea el que da tono a los que vienen a continuación. En él, dos personajes despiertan a bordo de un hidropedal en medio del Mar Negro y se dan cuenta de que se han quedado dormidos por accidente y de que no tienen otra opción que seguir pedaleando. Seguir pedaleando sin rumbo, en medio de aguas oscuras, hacia ninguna parte… Y ese estar en ninguna parte, que es un poco la vida, esa incertidumbre, moja de negro el resto del libro. Situaciones y personajes insólitos, precisión del lenguaje, un ritmo bien temperado, atmósfera, humor a escala humana y un lirismo sin escalas cincelan los textos que componen la primera parte.

En la segunda encontramos seísmos -esa otra especie mínima alimentada únicamente por seis palabras- que son en la pluma de Javier Puche auténticas delicias envenenadas, pequeñas densidades cósmicas que funcionan en la imaginación del lector como relámpagos en la noche. No se sale indemne después de haber leído piezas como: Murmura palabras terribles el pez abisalTitubea por un instante la eternidad o Cayó un ángel en la telaraña.

Javier Puche es licenciado en Filología Hispánica y profesor de piano clásico. Fue crítico musical, corrector de estilo y guionista de televisión. Imparte clases en la Escuela Contemporánea de Humanidades (Madrid). Sus ficciones han obtenido diversos premios y figuran en antologías como Por favor, sea breve 2 (Páginas de Espuma, 2009), Velas al viento (Cuadernos del Vigía, 2010) o Mar de pirañas (Menoscuarto, 2012). Mantiene el blog literario Puerta Falsa. Es autor del libro Seísmos (Thule, 2011).

 

Material rodante, Gonzalo Maier

Material rodante
Gonzalo Maier
Barcelona: Minúscula, 2015

 

Material rodante es un pequeño libro en el que el escritor chileno Gonzalo Maier ha ido anotando las impresiones, pensamientos y observaciones que le asaltaban mientras realizaba los 180 kilómetros de trayecto en tren entre las localidades de Lovaina (Bélgica) y Nimega (Holanda). Un trayecto repetido más o menos trescientas setenta veces por motivos de trabajo, exactamente igual cada semana, que le ha servido para detenerse en los pequeños detalles, pensar en lo que habitualmente pasa desapercibido, albergar la esperanza de lo inesperado, reflexionar, entre otras cosas, acerca de la noción de viaje. Viajar, dice, no consiste únicamente en trasladarse a un lugar lejano o exótico. Uno sale de viaje, si quiere, cada día de camino al trabajo. Porque viajar consiste en mirar diferente.

 

Decía Cees Nooteboom, el escritor holandés, que su Japón es un Japón de libros. […] Mi Holanda no es una Holanda que haya descubierto leyendo novelas […] sino una Holanda estrictamente personal y privada. Una que me dedico a inventar arriba de un tren, aprendiendo a comer pan con queso gouda y a usar impermeables. Tal y como si este viaje fuera una novela. Una novela que no parece novela, tal como mi Holanda no se parece ni siquiera un poco a Holanda.

 

Y todo eso que mira el autor, todo lo que da carácter a su Holanda, a su Bélgica, a su viaje, está en este simpático libro, tan encantador como breve que nos hace reparar en los letreros y sus nombres de fantasía; los restaurantes y máquinas expendedoras situados en las estaciones; los baños públicos; las personas que viajan a nuestro lado y son (o no) siempre las mismas; y nos cuenta historias, como la del fuego amigo en la ciudad de Nimega o la del viaje que trajo la planta de la araucaria desde Chile a Europa.

 

La ilusión de dormir durante el viaje, me digo, es que uno siempre se podrá saltar el sufrimiento. Que se borrarán el tedio y el tiempo. Solo que a veces, pasándolos por alto, uno también pierde lo mejor.

 

Gonzalo Maier (Talcahuano, 1981) vive en Holanda. Ha publicado la novela breve Leyendo a Vila-Matas (2011).

El andén de nieve. Carlos Castán

El andén de nieve
En: Frío de vivir
Carlos Castán
Barcelona: Salamandra

 

 

Pocas cosas existen tan cargadas de magia como las palabras de un cuento.

Ana María Matute (Los cuentos vagabundos)

 

Uno aborda la lectura de este cuento subido a un tren: un tren de madera. En un tren de madera te puedes encontrar con un soldado alemán. Un soldado que te pida el pasaporte que no tienes y te invite, -él muy atento, las botas muy limpias- a saltar a la nieve. Del tren en marcha en medio de una Europa en guerra, en un bosque de niebla. Lo más fácil es que te tuerzas un tobillo.

Pero no -sigue el narrador- no, ya no, los trenes ya no se hacen así, sería demasiado incómodo para los viajeros. Las compañías ferroviarias han ido eliminando sin aviso esta clase de prodigios. No sería civilizado, se excusan, que un viajero corriente que tomase su tren en Leganés sufriera dos estaciones más allá el ataque de una tribu comanche.

Pero, ah, los cazadores de prodigios. ¿Iban a rendirse tan fácilmente? ¿Iban ellos a dejar de husmear en busca de indicios? ¿A dejar de acarrear sus maletas de ciudad en ciudad, a perder la esperanza un millón de veces para volver a recuperarla un instante después?

 

No seré yo quien niegue que en un vagón cualquiera hay mayoría de gente como usted y como yo, personas que se dirigen de una ciudad a otra, para cambiar de aires, asistir a funerales, retener amores o atender a la usura de sus negocios. Es cierto. Pero los seres de quienes hablo abundan más de lo que parece y lo que parece ya es bastante si se les sabe ver.

 

Ahí está, por ejemplo, el señor Segriá, amando kilómetros y kilómetros a una muchacha que a ratos quizás fuera también el larghetto de una sinfonía de Schumann. Y un poco más allá, Macario el ferroviario, perplejo ante la oportunidad única del andén de nieve.

¿Habiéndose topado con el prodigio, con el cambio de destino que el tren de la vida les propone, tendrán estos personajes suficiente valor para tomar la decisión correcta, la que les salve de la monotonía de sus existencias?

La solución en la próxima parada o en las páginas del cuento.

 

 

El andén de nieve pertenece al primer libro de cuentos de Carlos Castán, Frío de vivir (Zaragoza: Onagro Ediciones, 1997; Barcelona: Emecé, 1997; Barcelona: Editorial Salamandra, 1998).

Ha sido incluido en Perturbaciones, antología del relato fantástico español actual, 2009, editado por JJ. Muñoz Rengel.

Carlos Castán nació en Barcelona en 1960 y es licenciado en filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid. También en su bibliografía figuran Museo de la soledad (2000), El aire que me espía (2005), Sólo de lo perdido (2008), Papeles dispersos (2009), Polvo en el neón (2013) y su primera novela La mala luz (2013).

 

 

Carpas para la Wehrmacht, Ota Pavel

CarpasCarpas para la Wehrmacht
Ota Pavel
Barcelona: Sajalín, 2015
Epílogo: Mariusz Szczygiel
Traducción: Kepa Uharte

Carpas para la Wehrmacht (publicado por primera vez en 1974) es una colección de relatos en la que el escritor y periodista deportivo checo Ota Pavel (1930-1973) recrea episodios de la vida de su padre, Leo Popper, un judío al que le tocó vivir los sinsabores de la Checoslovaquia ocupada por los nazis. Leo es un personaje encantador, de esos bohemios capaces de disfrutar durante horas de una tarde de pesca o de paladear durante meses el sabor imaginario de una mujer imposible. La belleza femenina, sí, pero además las carpas soñadas (ruborosas como lechones) de su querido río Berounka a su paso por Krivoklát; el color del cielo de Bustehrad; el perfume de los prados; la valentía de un buen perro cazador; la amistad del viejo balsero Karel Prosek.

El tío Prosek encabezaba la expedición con su sombrero de paja, después iba papá con su mata de pelo, luego Hugo, Jirka y yo. Llevábamos cañas largas: llegaban hasta las estrellas que habían aparecido en el firmamento. Con semejante vara quizá se podrían encender estrellas, igual que las lámparas de gas de la Ciudad Vieja.

Es astuto, seductor, fascinante negociante vendedor de tiras matamoscas que no matan moscas o de aspiradoras donde no llega la electricidad, un furtivo que cae bien a los de la Gestapo, un saltador olímpico de prohibiciones. Divierte leer sus aventuras, sufrir, enamorarse, perder muchas veces, ganar de vez en cuando en su compañía.

De repente una sombra oscura y ovoide pasó nadando por debajo de nosotros. Volvió. Una carpa. ¡Y qué carpa! Asomó su hocico redondo y tomó aire de la superficie. Después llegó otra. Parecían embriagadas, no les importaba lo más mínimo que estuviéramos allí, mirándolas. En cuestión de segundos, la superficie se llenó de carpas, y no dejaban de llegar más. En ese momento algo profundo y desconocido se apoderó de mi padre. Se arrodilló en el hielo, se arremangó y empezó a acariciar a las carpas en la cabeza y en el lomo y a arrullarlas.

comoOta Pavel escribió estos relatos (y el autobiográfico Cómo llegué a conocer a los peces, en el que reúne los recuerdos felices de su vida, siempre relacionados con la pesca, sinónimo de libertad) aquejado ya de una enfermedad mental grave, un trastorno bipolar del que no se recuperaría, pero que no le impidió dotar a su literatura de una alegría íntima, de un lirismo feliz capaz, en palabras del escritor napolitano Erri de Luca, de inducir “una lectura físicamente contagiosa que provoca un cosquilleo de euforia bajo la piel”.

De modo que las anguilas serían como poemas de los más talentosos poetas checos. Habría en ellas mar, luna, río, muerte. Y sol, al cual odian. En su interior, la enjundia del fasto, sus banquetes en noches lúgubres. En su interior el hambre del ayuno y de un peregrinaje sin fin.

Algo alrededor de tu cuello. Chimamanda Ngozi Adichie

algoAlgo alrededor de tu cuello
Chimamanda Ngozi Adichie
Barcelona: Mondadori, 2010

 

¿Qué sabes de África? ¿Crees que careces de prejuicios sobre esa gente que habita entre hambrunas, leones y guerras? ¿Eres capaz de imaginar la vida cotidiana de un nigeriano o de un ugandés? ¿Se parecen o diferencian tanto los africanos entre sí como nosotros a otros europeos? ¿Son tan distintos los africanos a nosotros?

Chimamanda Ngozi Adichie es nigeriana y cuenta historias. La historia única de millones de personas que lo único que tienen en común es pertenecer a un continente: África. Y la cuenta para advertirnos del peligro que implica la existencia de una sola historia, esa que aparece en telediarios y documentales, la que muestra siempre lo mismo y repite el mismo mensaje: “Es así como creamos la historia única, mostramos a un pueblo como a una cosa, una sola cosa, una y otra vez, hasta que se convierte en eso”, dice Chimamanda, convencida de que “una sola historia roba la dignidad a los pueblos”.

Antes de leer su obra, te recomiendo que visites la página del TED, una organización americana creada para potenciar ideas que transformen el mundo. El vídeo de su ponencia del 2009 ha sido visto por casi 9 millones de personas y no deja indiferente a nadie.

Chimamanda Ngozi Adichie

Algo alrededor de tu cuello es un libro de relatos que, a través de una escritura sencilla, nos muestra que es en la cotidianidad donde surgen las mayores diferencias y donde los prejuicios adquieren mayor relevancia. Cada relato está plagado de esos mínimos y abismales detalles sobre los que giran nuestras diferencias, esos que nos recuerdan las distintas maneras de ser personas, los que nos obligan a tomar conciencia de lo unidas que están cultura y emociones. Tomar conciencia de ello es la intención y el sentido de este libro y sobre lo que se articula toda la obra de esta genial escritora nigeriana.

 

Obras y premios de Chimananda Adichie publicadas en España:

La flor púrpura (Grijalbo, 2004). Recibió el Commonwealth Writers’ Prize for Best First Book.

Medio sol amarillo (Literatura Random House, 2007). Ganador del Orange Prize for Fiction.

Algo alrededor de tu cuello (Literatura Random House, 2010).

Americanah (Literatura Random House, 2014). Chicago Tribune Heartland Prize y el Premio Nacional de la Crítica de EE UU.

 

Rosa Molina

 

Chesús Yuste, Regreso a Innisfree y otros relatos irlandeses

Cubierta_Regreso a InnisfreeChesús Yuste. Regreso a Innisfree y otros relatos irlandeses

Ed. Xordica, 2015

" Bíonn siúlach scéalach" " El viajero tiene historias que contar" (Proverbio irlandés)

Y éso es lo que hace Chesús Yuste en este libro, contar historias sobre Irlanda. Siendo como es un enamorado de este país este libro rezuma amor por esta tierra y lo hace a través de diez historias muy diferentes que ocurren en algún lugar de esta verde isla. Algunas hablan del pasado, otras de leyendas druidas, otras son contemporáneas con noche loca de chicas y turistas de viaje por Irlanda, en otra descubrimos secretos de familia y también asisitimos a la búsqueda de sus raíces de una neoyorkina.

Con una prosa sencilla y grandes dosis de sentido del humor se lee con mucho gusto. Os lo recomiendo.

Innisfree es un nombre con muchas referencias. Es el pueblo idílico de la famosa película de John Ford “El hombre tranquilo” (“The Quiet man”, 1952). Hablamos de esta película y del relato en el que se basó en NST. También Innisfree hace referencia al poema del escritor irlandés William Butler Yeats (1865-1939), “La isla del lago Innisfree (Lake Isle of Innisfree)” compuesto en 1888 y publicado en 1890 en The National.

Gran conocedor de su historia, geografía, costumbres y leyendas Chesús Yuste es el responsable del blog Innisfree1916 dedicado a Irlanda en todas sus vertientes y que ha sido recomendado por Lonely Planet Magazine como "el blog en español más completo sobre Irlanda". Imprescindible para todos los amantes de este país. Además en este blog podéis votar el relato de "Regreso a Innisfreee" que más os ha gustado (se pueden marcar hasta tres).

La otra novela de este autor es "La mirada del bosque" (Paréntesis, 2010), una historia policíaca, ambientada, cómo no, en la Irlanda rural, con el sentido del humor y el sabor de los cuentos irlandeses. No la he leído todavía pero queda apuntada en mi lista de “lecturas pendientes”.Chesus Yuste

Además también  tiene su propio blog donde combina su faceta como político y su actividad como escritor.  Fue diputado de Chunta Aragonesista (CHA) y de la coalición La Izquierda de Aragón en el Congreso de los Diputados por la circunscripción de Zaragoza desde las elecciones generales del 20 de noviembre de 2011 hasta el 2 de julio de 2014.

También nuestra recomendación para la editorial Xordica, culpable de la edición de este título y con un interesantísimo catálogo así como de una edición muy cuidada.

Historias mínimas. Javier Tomeo

Historias mínimas. Javier Tomeo
Barcelona: Anagrama, 1996

Historias mínimas (Madrid: Mondadori, 1988)

 

Las Historias mínimas de Javier Tomeo son piezas breves con forma dialogada, pequeñas escenas teatrales, en las que intervienen personajes acompañados por una voz narrativa en forma de acotaciones que aporta el punto de vista o algún detalle esencial para la comprensión del texto. Es decir, economía (pero afilada economía) de recursos para obtener un efecto en el lector. Temáticamente hablando abordan casi siempre los límites o precipicios de la realidad, de modo que unas veces los textos se mueven entre las aguas turbias del absurdo, otras se tiñen de un humor extraño, perturbador, y otras de un lirismo casi dulce. Los personajes son seres imperfectos desencajados de la norma, de las rutinas cotidianas que conducen al éxito en las cuestiones prácticas, y cuyo fracaso acaba produciendo una inevitable ternura.

 

XI

 

Los dos hombres están sentados en un banco, en la plaza del pueblo. Silencio. Estrellas, luna circular y el ulular paciente del mochuelo que reclama a su hembra.

 

HOMBRE PRIMERO. Tomás.

HOMBRE SEGUNDO. Qué.

HOMBRE PRIMERO. Fíjate en aquella estrella.

HOMBRE SEGUNDO. ¿En cuál?

HOMBRE PRIMERO. En la que está junto a la veleta del campanario.

HOMBRE SEGUNDO. Sí, ya la veo, ¿qué pasa?

HOMBRE PRIMERO. Mira.

 

Hincha el pecho, sopla con fuerza y la estrella se apaga.

 

HOMBRE SEGUNDO. (Admirado.) ¡Oh!

 

Silencio. Por allá se acerca el borracho del acordeón. Muge una vaca y las gallinas del corral se despiertan sobresaltadas.

 

Personajes (entrañables criaturas los llama Tomeo en la nota introductoria) que con toda la fuerza del absurdo andan metiendo el mar embravecido en una botella para dejar vía libre a una columna de rescate; capturando la luz de la luna para hacer un regalo; preguntándose quién es uno mismo ante la certeza de una foca, un elefante, un camello y un chimpancé… y así hasta protagonizar cuarenta y cuatro situaciones perfectamente perfiladas, perfectamente esenciales, perfectamente imperfectas.

Javier Tomeo (Quicena, Huesca, 1932 – Barcelona, 2013) cursó Derecho y Criminología en Barcelona. Algunas de sus obras, incluidas estas Historias mínimas, se representaron fuera de España con notable éxito. Numerosos títulos conforman su particular universo de seres inclasificables, entre ellos Amado monstruo (1984), El gallitigre (1990), La agonía de Proserpina (1993), o Cuentos perversos (2003).

 

Javier Tomeo en la Biblioteca UPM
 

Personajes secundarios, Manu Espada

Personajes secundarios
Manu Espada
Palencia: Menoscuarto, 2015

 

En esta colección de microrrelatos llueve al principio y al final. Y no es casualidad. Imagino al autor sumergiendo las palabras, inundando el tiempo que le ha llevado escribirlas. La lluvia y el viento azotan las primeras páginas, la tormenta se ha desatado por un diagnóstico difícil de capear: Daniel, el hijo de Manu Espada, tal vez no pueda hablar, tiene autismo. El ciclón se lo lleva todo. Ilusión, proyectos, hasta los protagonistas de los cuentos; quedan allí agarrados los personajes secundarios, nada más. Pero la tormenta de las últimas páginas es diferente, trae más que arrebata, se ha calmado el viento.

 

Meses más tarde de aquella primera hoja dijo "agua". Se escuchó a sí mismo y le brillaron los ojos. Su primera palabra. Fue emocionante escuchar una palabra. Desde entonces, su vida está estrechamente unida al agua. Le encanta nadar.

 

Entre uno y otro aguacero lo que vamos a encontrar es el espacio en que los rebeldes secundarios, a la vez que Daniel, libran su batalla por adquirir voz. Del silencio al ruido, y de ahí a las palabras. Dándole estructura, razón de ser al conjunto van los textos que han nacido más directamente como resultado de las experiencias del autor con su hijo (que son los más conmovedores, vaya como ejemplo el precioso "El niño que se comía las palabras"). Y en medio, los otros, los de personajes secundarios propiamente dichos, pero secundarios no sólo como Watson lo es de Holmes, sino en más amplio sentido: son secundarios los protagonistas con respecto a sus autores (como le ocurre a Augusto Pérez en Niebla), los actores de cine mudo con respecto a los de cine sonoro, las ayudantes de los magos, el suicida entendido como dato estadístico… También, como no podía ser de otra manera son las palabras, y la reflexión sobre el lenguaje, las que están en el génesis de un buen puñado de los textos.

manu_espadaMarca de la casa de Manu Espada -además de la riqueza en detalles, la variedad técnica y la significativa carga explosiva de sus piezas mínimas- es su notable interés por la dimensión visual del microrrelato, de modo que pasando páginas uno se tropieza con letras que se evaporan como gotas de lluvia, con frases que han encogido por culpa de una errónea programación de la lavadora, con un texto reversible, y…, en fin, con cantidad de imprevistos que sorprenden al lector al tiempo que le dan una vuelta de tuerca (y de frescura) al género.

Tenemos, en definitiva, un libro muy personal, muy de corazón, en el que Manu Espada ha pasado por el tamiz de la ficción los últimos acontecimientos de su vida. En un ejemplo de lo que él denomina género biofantástico.

 

Un plural infinito. Rafael Pérez Estrada

Un plural infinito. Antología poética
Rafael Pérez Estrada
Edición de Jesús Aguado
Sevilla: Fundación José Manuel Lara, 2011

 

Rafael Pérez Estrada era un imaginador, un creador libre. Su mundo comienza aquí mismo y en dos palabras ha saltado hasta más allá de las estrellas. Ya de niño sabía que las estrellas "tenían sabor de caramelo, sabor exagerado a piña, a arándanos…". Quién mejor, pues, que un poeta escribiendo desde el placer para instruirnos sobre la magia escondida de todo aquello que obtuvo el privilegio de su mirada.

 

"Si probaseis esa estrella -dijo el filósofo, señalando la luminosidad de un punto en las alturas-, de seguro hallaréis dulce su sabor. Ahí reside la causa del perecimiento del Unicornio, pues este ser fantástico se deleita saboreando hilos y brillos, virtud que a hombres y animales le es negada, salvo a algunos peces capaces de subsistir únicamente de reflejos".

 

Esta antología nos deja disfrutar cronológicamente del resultado de su avidez de belleza. En piezas minimalistas, cinceladas, elegantes, casi todas prosas breves y algunos poemas. Pero lo breve, tan bien representado en estas páginas, no fue el único vehículo expresivo de Rafael Pérez Estrada, figuran en su producción obras de teatro y novelas. Y más allá de la literatura, que no de la imaginación, dibujos e ilustraciones. Eso sí, sin adscribirse a género literario alguno, pues su creatividad no aceptaba límites.

 

Paloma quiromántica. Escultura dedicada a Rafael Pérez Estrada, obra de José Seguiri en Málaga

 

Era malagueño y cómplice del azul, no se podía separar del mar; en aquel horizonte, donde pescaba sus metáforas, estaba toda la posibilidad de maravilla que le era precisa. Su obra es un cajón de sastre de prodigios, de cosas que brillan, y también de reflexiones, de empatía y de ternura.

 

Rafael Pérez Estrada (Málaga 1934-2000), hijo de Manuel Pérez Bryán, médico y alcalde de la ciudad, y de Mari Pepa Estrada, conocida pintora naif, fue abogado matrimonialista, profesión que compaginó con la escritura casi toda la vida. En 1968 publicó su primer libro, Valle de los Galanes, pero es a partir de 1985, con Libro de Horas, cuando su obra empieza a tener un valor significativo para él. Ese mismo año se convierte en miembro fundador del Centro Cultural Generación del 27. En 1987 y en 1999 queda finalista del Premio Nacional de Literatura.

 

Rafael Pérez Estrada en la Biblioteca UPM

 

Jardín, Pablo Simonetti

Jardín
Pablo Simonetti
Alfaguara, 2014

Novela corta o relato largo; sentido homenaje a una madre; fiel reflejo de los acuerdos y disensiones entre la descendencia de una familia acomodada chilena. Y éste último detalle es importante, pues el ambiente que se respira rezuma cosmopolitismo andino.

Santiago, con sus comunas (barrios), sus miles de coches (sin control de emisiones) y millares de cables aéreos (sobra el cobre); sus consentidos grafitis artísticos (se venden en postales), y sus jardines delicadamente aromáticos (no aptos para alérgicos). Allí donde las antenas de telefonía se visten de palmera para no distorsionar el entorno, y las familias tienen un aire trasnochadamente patriarcal, y devotamente matriarcal.

Se percibe en la sociedad chilena, y se refleja delicadamente en el libro, el tránsito de una sociedad que pasa de estar basada en casas unifamiliares, a centrarse en departamentos (pisos). Los barrios de los años cincuenta con sus casas de una planta y escaso valor comparados con sus jardines  de aprecio incalculable. Comunas donde cada casa era un apellido familiar y los jardines estaban llenos de azaleas y rododendros, tulipanes, lirios, narcisos, rosas y plantas acidófilas en general, en ocasiones traídas de los más recónditos viveros del país.

No sería justo para Pablo Simonetti desvelar mucho más pues el final es lacónico, claro e impactante.

Podemos, en cambio, escribir acerca del autor: Ingeniero civil (de caminos) por la Universidad Católica de Chile y master en Ingeniería económica en la Universidad de Stanford (USA). No encontramos apenas referencias a su actividad en este ámbito. Tan sólo que trabajo en Copec (compañía petrolera chilena) y que en 1996 lo dejó, invirtiendo toda su herencia en regalarse el tiempo y la técnica para escribir, en parte como un ejercicio de psicoanálisis.

El jardín es la metáfora de tu lugar en el mundo. Un jardín es un lugar que debes cuidar, dedicarte, a veces podar, desmalezar. También es un lugar donde paseas, pasas tiempo de contemplación. Tiene mucho de representación de tu identidad. Si yo pudiera clasificarme, sería un escritor de la identidad.

 

 

 

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