Fukushima mon amour, (en defensa de GAIA y del humanismo global)
Fukushima mon amour
Editorial Laertes
38 paginas
3 euros.
Daniel Roulet escribe una carta entrañable a una amiga japonesa que vive en Tokio durante, e inmediatamente después, del accidente de Fukushima. Habla de una cultura tan ajena como la japonesa, capaz de lo mejor (una extrema sensibilidad) y lo peor (desde el gusto por las aletas de tiburón y el atún rojo a esa sumisión, impensable en nuestra mentalidad occidental). Está escrita desde la emoción, no esperen grandes valores científicos, pero sí una envidiable capacidad para la empatía y unos valores humanos que se revelan contra nuestro destino actual.
Quizás por eso mi subconsciente se resistía a hacer una reseña únicamente referida a este texto. He aprendido a no forzar la máquina y dejar que mi alma encuentre la inspiracion adecuada. Y aquí está: Las edades de Gaia, y La venganza de la tierra de James Lovelock.
James Lovelock es para mí el prototipo de superhéroe. Nació en 1919; se
graduó en 1941 por la Manchester University, y se doctoró en medicina en 1948 por la London School Hygiene and Tropical Medicine. En 1961, después de enseñar en las universidades norteamericanas de Yale y Harvard, fue invitado por la NASA para colaborar en el proyecto Surveyor; fue durante este período, mientras experimentaba una nueva manera de detectar vida, cuando empezó a elaborar su teoría Gaia. Tras abandonar Estados Unidos (desencantado con la NASA y los grandes proyectos), se instala como «científico independiente», según su propia expresión, en el campo de Cornualles, en un laboratorio propio, donde sigue investigando, patentando inventos y escribiendo libros y trabajos científicos para revistas especializadas.
¿Por qué digo que es un superhéroe? Pues porque desde el pensamiento más completo, abstracto, humanista y global, fue capaz de dejarlo todo estando en la cresta de la ola, y establecerse como científico independiente viviendo de la instrumentación científica que él mismo idea y fabrica.

Es importante apoyar la ciencia, pero también es importante saber trabajar con mínimos recursos y sin derrochar; y conocer los entresijos de la ciencia y de la técnica como artesanos ilustrados del siglo XXI comprometidos con nuestra sociedad y con las futuras generaciones.
James E. Lovelock en la Biblioteca UPM
!Pues vaya!. Lo mejor de Wodehouse. P.G. Wodehouse
tenía una risa como de olas rompientes contra una agreste rocosa.”
“Conste que era una chica condenadamente bonita, inteligente y atractiva, pero tenía muchos ideales y cosas por el estilo. Puede que sea injusto con ella, pero me parece que es el tipo de chica que quiere que un hombre se labre su carrera o algo semejante. La he oído hablar favorablemente de Napoleón.” 
“Los ingenieros saben que no pueden escapar a las leyes de la naturaleza -bien sea en el ámbito de la termodinámica o en el de la estantería ideal-, pero de vez en cuando conciben ingeniosas soluciones que ponen a la naturaleza contra las cuerdas.” (p. 121)
Soy economista y os pido disculpas
