M. C. Escher: Estampas y dibujos
"Concebí ideas que nada tenían que ver con el dibujo o el grabado, ideas que tomaron de tal manera posesión de mí que deseé a toda costa comunicarlas a otros." (p. 5)
M. C. Escher:
Estampas y dibujos.
Introducción y comentarios de M. C. Escher.
Köln : Taschen, 2007.
Si hay un artista plástico contemporáneo que ha gozado de la predilección de matemáticos, ingenieros y demás gentes "de ciencias", este ha sido Maurits Cornelis Escher. Reproducciones de sus obras decoran a menudo y a modo de advocación laica, numerosos despachos de docentes, laboratorios, salas de departamentos académicos e incluso comedores universitarios. Por tanto poca excusa necesitamos para sacarlo a colación en NoSóloTécnica.
Taschen podía haber cuidado un poco más algún aspecto de maquetación editorial de este librito: la alejada ubicación de los comentarios respecto a cada una de las láminas. Pero el interés específico del volumen consiste en que es el artista mismo quien presenta con sus propias palabras una selección de sus obras clasificadas según diversos aspectos temáticos, técnicos o geométricos. Además, en una brevísima pero intensa introducción general, el autor condensa lo esencial de las inquietudes y pesquisas que originaron su dilatada y fecunda trayectoria.
Por mi cuenta me permito recordar cómo Escher consiguió abrir para sus sorprendentes obras un hueco entre los iconos culturales más frecuentados del siglo XX. Se podría intuir que sus inquietantes imágenes, más allá del trampantojo, sintonizaban con el ambiente cultural del siglo de la crisis de la física clásica. Además de su pericia compositiva y de su limpieza de acabado, Escher acertó al hurgar en temas latentes en el subconsciente colectivo de nuestra cultura: ahí están sus juegos de oposiciones blanco/negro, mal/bien, naturaleza/cultura, femenino/masculino. Presenta concomitancias tanto con el surrealismo intelectual como con el cómic de línea clara. Hasta cabría decir que su obra tiene un aire bastante pop a pesar de su austeridad cromática. Quizás en este cóctel explosivo radica la potencia hipnótica de estas imágenes. Sin embargo el maestro partía de una tradición de gran solera: la de los pacientes y minuciosos grabadores centroeuropeos. A ello sumó las experiencias mediterráneas que le marcaron profundamente: el paisaje y la arquitectura italianas, y la sabiduría geométrica del arte andalusí granadino. Quién sabe si también alguna misteriosa clave cabalística de su maestro Samuel Jessurun de Mesquita.
Obras de y sobre Maurits Cornelis Escher en Bibliotecas de la UPM.
"Concebí ideas que nada tenían que ver con el dibujo o el grabado, ideas que tomaron de tal manera posesión de mí que deseé a toda costa comunicarlas a otros." (p. 5)





¡Blanca hospedería,
Antonio Machado (Sevilla 1875 – Collioure, Francia 1939) llegó a Segovia para ocupar la cátedra de francés en el Instituto General y Técnico el 25 de noviembre del año 1919 y se alojó en una de las pensiones más económicas de la ciudad, regentada por Luisa Torrego, su propietaria. En ella se quedó hasta 1932, año en el que se trasladó a Madrid. Para mi sorpresa Machado pasó 12 años de su vida en esta recoleta ciudad. Una pensión que se ha mantenido como estaba en vida de Machado y que su dueña tuvo el acierto y el detalle de mantener la habitación de tan ilustre huésped cerrada y tal como él la dejó, sin volver a alquilársela a nadie.
Machado). En Segovia el poeta conectó con el sector más dinámico y comprometido de la intelectualidad local, al que se unió para fundar la Universidad Popular Segoviana, una experiencia educativa pionera en España, en la que impartió clases de francés y lecturas literarias y de la que fue nombrado director honorario en 1927. También se muestra la actividad de la Institución Libre de Enseñanza y sus Misiones pedagógicas. Si Soria significó su juventud —llegó cuando tenía 32 años y la abandonó cinco años después—, Segovia es sinónimo de madurez. Allí, habitó entre los 44 y los 57, su época más política y en la que escribió gran parte de su teatro y su prosa. Y si en Soria vivió su primer gran amor, su joven esposa Leonor fallecida prematuramente, en Segovia conoció a su otro gran amor, Pilar Valderrama, la Guiomar de sus últimos poemas, a la que conoció en esta ciudad en 1928.
