Jardines en tiempos de guerra. Teodor Cerić

Jardines en tiempos de guerra
Teodor Cerić
Barcelona: Elba Editorial, 2018
Traducido del francés por Ignacio Vidal-Folch
Ilustradora: Mercedes Echevarría
Título original: Jardins en temps de guerre (2014), traducido del serbocroata y editado por Marco Martella

 

Marco Martella, editor y director de la revista Jardins, cuenta en un breve prólogo (Una poesía con las uñas sucias de tierra) que convencer al poeta Teodor Cerić (Sarajevo, 1972) de publicar los textos que componen este libro no fue tarea fácil, pero que después de un largo intercambio de correos electrónicos acabó por permitírselo siempre que no los reuniese bajo un título sensiblero, tal y como se hace con otros libros sobre jardines, y que lo llamara sencillamente Jardines en tiempos de guerra.

En 2014, el poeta vivía en una casa de campo en los alrededores de Sarajevo, ajeno ya a la escritura y dedicado a la jardinería, pero entre 1992, año en que escapó de la ofensiva serbia sobre su ciudad, y 1997 estuvo viajando por Europa, de aquí para allá dando tumbos, sobreviviendo. En ese período conoció los jardines de los que habla en estos textos.

Un jardín (el jardín propio), viene a decir, es el último refugio cuando todo alrededor se desmorona. Cuando el individuo se ve cercado por el horror de una guerra, los dones de la locura o los muros que acorralan la ciudad el cuidado de un jardín se revela como una vía para la resistencia, tan pequeña como encender una vela en medio de la noche del universo, tan suficiente como para alumbrar un mínimo mundo habitable.

Aparte de por su propio jardín, al que el autor alude brevemente al final del libro, la mirada sensible de Teodor Cerić se pasea por otros siete, famosos o íntimos, convencionales o por los pelos merecedores del concepto jardín, ¡incluso por el jardín de Samuel Beckett en Ussy-sur-Marne! Cada uno con su propia poética y multiplicidad de significados. Ve y transmite lo que esos jardines dicen, lee en la elección y disposición de sus rosales, helechos y caléndulas como quien lee entre los versos de un poema autobiográfico. Encuentra en ellos su casa. Y de paso cuenta su propia historia.

Un libro delicioso, un lugar en medio de la guerra que no es guerra.

 

– Pero el arte más importante que la ninfa me enseñó -proclamó un día Arquedamo de Tera, según cuenta Porfirio- es el de plantar árboles. Ése es el arte supremo, el que engloba todas las otras artes y que, al mismo tiempo, es menos que las otras artes, porque las obras que produce son efímeras y cambiantes, están sujetas a la buena voluntad del cielo, de las estaciones y de las cabras, y se hallan tan desvalidas que una simple tempestad puede hacerlas desaparecer. Y, sin embargo, reclama una devoción aún más profunda que la que se le exige al escultor, al músico o al poeta.

 

 

Elizabeth Jane Howard. Crónicas de los Cazalet.

Elizabeth Jane Howard. Crónicas de los Cazalet: Los años ligeros y Tiempo de espera. Ediciones Siruela.

Los Cazalet son una acomodada familia cuyos miembros se reúnen los veranos en “Home Place”, una finca en Sussex (Inglaterra). Es el cuartel general de la familia.

Inicialmente, la casa había sido una pequeña alquería, construída a finales del siglo XVIII al estilo típico de Sussex, con fachada de madera y yeso hasta la primera planta, que estaba revestida de azulejos rosados superpuestos. De todo aquello solo se conservaban dos pequeñas habitaciones en la planta baja.

El patriarca, William Cazalet, conocidos por todos como el Brigada, está al mando del negocio familiar de maderas aunque cada vez va dejando más las riendas a sus hijos.  La madre, Kitty, a la que todos llaman la Duquesita, se encarga de que todo funcione y de sus preciosas flores.  Tres generaciones de Cazalet reunidos en la casa. Los tres hijos varones, Hugh, Edward y Rupert y la hermana Rachel. Sus respectivas esposas e hijos, nueve nietos en total. Innumerables parientes políticos, criados y animales domésticos. 

Elizabeth Jane Howard nos cuenta a través de Crónicas de los Cazalet el día a día de esta numerosa familia con sus preocupaciones, sentimientos y quehaceres que van desde los asuntos más triviales hasta los más trascendentales.

La primera, Los años ligeros  (The light years, 1990) trascurre durante los veranos de 1937 y 1938, una época todavía tranquila aunque en la mente de todos está la posibilidad de un nuevo conflicto bélico con Hitler anexionándose Austria. El título hace referencia a la ligereza de estos años de entreguerras. De los tres Cazalet varones, Hugh, el primogénito, es mutilado de la Gran Guerra, Edward, el segundo volvió ileso y el hijo menor, Rupert  se libró de ir a filas.

Cuando por fin volvieron a casa, ninguno hablaba de la guerra; en el caso de Hugh, Rupert había tenido la sensación de que era porque no lo soportaba, mientras que en el de Edward más bien parecía que estaba harto de todo aquello y que solo le interesaba lo que iba a pasar en el futuro inmediato.

La segunda entrega, Tiempo de espera (Marking Time, 1991 ) se desarrolla entre septiembre de 1939 y otoño de 1941. La Guerra ha sido declarada y los Cazalet se preparan para afrontarla en su casa de campo, lejos de Londres y los bombardeos. Hugh, está exento de servicio militar, Edward espera ser llamado a filas y Rupert abandona su vocación de pintor y se alista en la Marina. Rachel, la hermana, sigue con su Hotel de Bebés y su relación con su amiga Sid. Las restricciones ligadas a la guerra, el racionamiento de comida, combustible y otros productos básicos se convierten a diario en graves quebraderos de cabeza.

El señor Hitler nos ha descabalado la rutina. Como siga así, voy a tener que mandarle a un agente de policía. ¡Un ataque aéreo por la mañana; a quién se le ocurre! Pero, en fin, qué le vamos a hacer… ¡es hombre! —Suspiró.

Elizabeth Jane Howard (1923-2014), mujer polifacética, antes de convertirse en escritora también fue actriz y modelo. Estuvo casada con el escritor Kingsley Amis (aprovecho para recomendar su novela La suerte de Jim) y, por tanto, madastra de su hijo Martin Amis. En 1951 se hacía con el Premio John Llewellyn Rhys por su primera novela, The beautiful visit. La saga familiar de los Cazalet la componen cinco volúmenes.  Fueron adaptados con gran éxito a la televisión y a la radio por la BBC. En el año 2002, su autora fue nombrada Comandante de la Orden del Imperio Británico.

No es un libro de grandes acontecimientos sino más bien un gran cuadro coral con muchas pequeñas historias.  Un formidable fresco histórico, social y personal con un elenco de personajes muy bien definidos que nos permite contemplar el paso del tiempo sobre la vida de las gentes.

Una lectura muy recomendable que continuaré  a medida que se vayan traduciendo al español las entregas de los Cazalet.

Patria, por Fernando Aramburu

Patria
Fernando Aramburu
Barcelona : Tusquets, 2016

 

A mí Patria realmente me ha cautivado por muchísimas razones, son tantas que tratar de condensarlas en pocas líneas es difícil pero también posible. Con un lenguaje fácil pero tremendamente sugestivo y cercano, Fernando Aramburu se remonta a ese paisaje guipuzcoano de violencia y fanatismo que el terrorismo etarra dibujaba con pertinaz osadía no dudando en asesinar al contrario en caso necesario, justificándolo y creando una alargada telaraña en la que se ven atrapados todos los protagonistas del libro.

Un pequeño pueblo industrial muy próximo a San Sebastián es el escenario por el que van desfilando estos personajes que a menudo se convierten en una terrible caricatura del odio y el fanatismo. A través de dos familias enfrentadas, Aramburu va más allá y explica con enorme acierto cómo tanto víctimas como verdugos flaquean a lo largo de su existencia en sus más íntimas cavilaciones. Y sobre todo, describe ese silencio que los embarga a todos, el de los que miraron para otro lado con total cobardía, los que se refugiaron en un mutismo empañado de sangre, los que tuvieron que esconder su condición de víctima e incluso las propias voces atormentadas del etarra en su cárcel que ve cómo la vida se le ha escapado de las manos, marioneta de intereses de otros.

Un libro imprescindible, descomunal y terriblemente humano, que habla de la fuerza del perdón y de la esperanza en el ser humano a pesar de sus miserias. Debería ser leído en todas las escuelas.

 

Fernando Aramburu en la Biblioteca UPM

 

Blanca Laffitte Lasarte

 

Las bicicletas son para el verano / Fernando Fernán Gómez

Fernando Fernán Gómez: Las bicicletas son para el verano.

Ediciones impresas: Espasa-Calpe (Austral), Cátedra (Letras Hispánicas).

Estreno en teatro: 1982.

Versión cinematográfica dirigida por Jaime Chávarri: 1984.

 …para una guerra hace falta mucho campo o el desierto, como en Abisinia, para hacer trincheras. Y aquí no se puede porque estamos en Madrid, en una ciudad. En las ciudades no puede haber batallas. (Prólogo)

Gran figura la de Fernando Fernán Gómez, autor, director e intérprete, siempre a recuperar y revisitar. En plena madurez en los años 70, dejó brotar el caudal de sus remotas vivencias del Madrid sitiado de la Guerra Civil (1936-1939) en una obra que, aunque premiada, no se estrenaría hasta más tarde, ya en el reflujo de la Transición. Un relato de baja clase media menestral que trasciende completamente el mero neocostumbrismo, una historia construida con gran oficio y estilo, con humor inteligente y fino análisis social, con una administración rigurosa de las embrolladas relaciones entre razón moral y razón política, tan propicias  a menudo al juego de trileros sobre aquellos acontecimientos. El resultado es una magnífica tragedia para la introspección colectiva.

Existen numerosas ediciones de Las bicicletas… La más veterana de Austral es contemporánea de la época del estreno e incorpora datos y preciosas fotografías de aquel primer montaje. Contiene también una introducción de Eduardo Haro Tecglen: algunas de sus apreciaciones han sido largamente sobrepasadas por el tiempo transcurrido, pero aporta información interesante sobre el propio Fernán Gómez y sobre la situación del teatro español a principios de los años 80. Por su parte, la edición de Cátedra tiene más trabajo crítico y una realización más pulcra.

Además, podemos disfrutar de la estupenda versión cinematográfica de Jaime Chávarri. En ella Agustín González conserva el papel protagonista -el memorable Don Luis- que ya había interpretado en teatro. Pero la localización geográfica cambia respecto al texto original: Chamberí es sustituido por el barrio de los Austrias, más asequible para filmar exteriores que no hayan cambiado tanto respecto a la época de la acción.

En fin, está claro que hay mucha literatura carcelaria, concentracionaria, y bélica en sentido general. Desde este punto de vista contextual, Las bicicletas… caería dentro de un subgénero específico de literatura “de asedio”, como la Gerona de Galdós (Episodios Nacionales). Madrid, con su gran tamaño y población, sufrió en la realidad histórica una experiencia de este tipo desde 1936 a 1939 con terrible violencia externa e interna y -debido al desenlace final de la guerra- sin oportunidad de duelo, expiación y reflexión adecuadas. Este es el laberinto trágico de Las bicicletas son para el verano.

Se acabó el pecado, joder. Únicamente hay que respetar, eso sí, el mutuo acuerdo entre la pareja. Que uno se quiere largar, pues se larga. Pero nada de cargarse a la chica a navajazos. Cada uno a su aire.  Y en la propiedad, ni tuyo ni mío. Los mismos trabajadores organizan la distribución de los frutos del trabajo, y ya está. Y la educación, igual para todos, eso por descontado. Tendrás todos los libros que quieras, Luis, para que sigas con tu manía. Y para que enseñes a los demás trabajadores, que ahí está la madre del cordero. (Cuadro IX)

Fernando Fernán Gómez en: Biblioteca UPM.

Jaime Chávarri en: Biblioteca UPM.

Noches blancas: Dostoievski en los ojos de Nicolai Troshinsky

caratula del libro

Noches blancas: Dostoievski en los ojos de Nicolai Troshinsky
Fiódor Dostoievski
Madrid : Nórdica Libros, 2015

Ilustrador: Nicolai Troshinsky
Traductora: Marta Sánchez-Nieves


 

Probablemente es injusto dar tanto peso a la ilustración en detrimento del autor de la novela, pero al fin y al cabo libreto y música son dos caras de la misma moneda: se potencian, acaso se anulen cuando no estén en consonancia pero claramente no es este el caso.

Diré en mi descargo que al tratarse de una obra menor de Fiódor Dostoievski, la relectura visual de esta novela (esencialmente ensoñadora) es muy afortunada, y quizás justifique el título de esta reseña.

Otra curiosidad que me viene a la cabeza es que el autor del libreto (ingeniero con vocación de escritor, circunstancialmente cuasi-revolucionario) muere (1881) prácticamente cien años antes del nacimiento del autor de la fuerza visual del texto (nacido en Moscú en 1985 y ciudadano del mundo); en este libro, la ilustración, al decir del propio ilustrador, consiste en “monotipia al óleo y tinta china, con algunos detalles en lápiz y pastel”, aunque en mi naturaleza inculta fundamentalmente transmite la sensación de disponer de una obra gráfica original de bolsillo; hay que agradecer a la Editorial NÆRDICA el afortunado encuentro.

vista del interior del libroAlguna otra indicación de experto nos dice que la selección del color asociado a cada personaje  es fundamental: “rojo para el protagonista, azul para Nástenka y amarillo para el prometido. A medida que el libro avanza el color rojo va ocupando gradualmente más y más espacio en la página”; puedo comprender que para la impresión el número y el tono de las tintas es imprescindible en el resultado final.

No tiene mérito ni interés hacer una sinopsis del texto: Noches blancas, que ya hemos dicho se trata de una novela menor esencialmente romántica por ensoñadora. En época de exámenes, y en la vorágine del vórtice de final de curso se me ocurre esta propuesta que se puede releer en clave de texto, de imagen, e incluso de corto de animación cuando se pasan las páginas aceleradamente; en ese caso curiosamente puedes visualizar la novela al derecho y al revés, lo que no deja de resultar intrigante.dostoievski

Me ha gustado especialmente recuperar a Dostoievski, un escritor colosal, titánico casi inhumano, en su faceta más cercana, lejos de una versión terrible de sí mismo como en sus memorias del subsuelo (Записки из подполья, "Zapiski iz podpolya en la grafía original según wikipedia). A ratos he sentido (absurdamente) estar leyendo a Galdós; desconozco los mecanismos mentales que acompañan a esta percepción, que es fundamentalmente individual e intransferible.

 

 

No se como quedarme callado cuando mi corazón habla

el texto en lengua ajena es quizás importante para entender la experiencia de extranjería del autor

 

Fiódor Dostoievski en la Biblioteca UPM

 

El mesías de las plantas. Carlos Magdalena

El mesías de las plantas : aventuras en busca de las especies más extraordinarias del mundo
Carlos Magdalena
Traducción: Belén Urrutia Domínguez
Barcelona : Debate, 2018
The plant Messiah : adventures in search of the world's rarest species (London : Penguin Books, 2017)

 

Carlos Magdalena (Gijón, 1972) se toma un poco a lo Monty Python en La vida de Brian el apodo de mesías de las plantas que inventó el periodista Pablo Tuñón en 2010 y se hizo popular al mencionarlo David Attenborough en una entrevista para Kingdom of plants, la serie grabada en el Real Jardín Botánico de Kew, en Londres. Sin embargo, después de buscar en el diccionario la palabra mesías y no tener muy claro con cuál de las acepciones quedarse, resolvió ser todas ellas y centrar su misión en hacernos cobrar conciencia de la importancia que, para nuestro futuro y la supervivencia del planeta, tienen las plantas.

 

Un mesías no puede transformar las actitudes sin partidarios que difundan el evangelio. Cuando se trata de la conservación, necesitamos entusiasmo, motivación y acción. Ha llegado el momento de cambiar.

Quiero que este libro dé comienzo a ese cambio. Las personas necesitamos a las plantas y las plantas necesitan a las personas, y difundir ese mensaje comienza contigo y conmigo.

 

El paisaje de Asturias y las enseñanzas de su madre, que era florista, despertaron y nutrieron el interés de Carlos Magdalena por el mundo natural. Su gran oportunidad le llegó cuando trabajaba en Londres, una visita al Real Jardín Botánico de Kew le hizo sentir como en casa y desear quedarse allí. Un primer contrato como becario en el Tropical Nursery de Kew le abriría las puertas.

Dedicación, estudio, pasión, hicieron al importante botánico que es Carlos Magdalena hoy en día. Y es famoso por su labor como resucitador de plantas en peligro de extinción.

Todo empezó con la Ramosmania rodriguesii, el café marrón, una especie endémica de la isla Rodrigues, en el archipiélago de las Mascareñas. Había seis plantas en el Tropical Nursery, donde los expertos trabajaban en obtener semillas que aseguraran su reproducción. Muchos habían abandonado la esperanza de conseguirlo, pero Carlos creyó y acabó por conseguirlo.

La historia de la resurrección de la Ramosmania rodriguesii es solo una de las que podemos encontrar en este libro fascinante. Amor y dedicación traen a la vida, ante nuestros ojos de lectores asombrados, plantas de todo el mundo al borde de la desaparición. Son útiles, bellas e importantes para nuestra vida, la palabra del mesías nos llega clara y convincente.

 

Cada gen es una palabra; cada organismo, un libro. Cada especie de planta que se extingue contiene palabras que solo se han escrito en ese libro. Si se extingue una especie, se pierde un libro y, con él, las palabras y mensajes que portaba. Cada vez que destruimos una hectárea de hábitat prístino estamos quemando la biblioteca de Alejandría.

 

Sarah Waters. El ocupante.

Sarah Waters. El ocupante. Barcelona: Anagrama, 2011

“El ocupante” (“The little stranger”) de Sarah Waters es un thriller, una historia de miedo en una mansión inglesa con una mezcla de misterio y realismo. Los fenómenos extraños que van sucediendo en esta casa, Hundreds Hall, se entremezclan perfectamente con la historia de sus habitantes, una familia noble venida a menos y la situación social de una pequeña localidad en la campiña inglesa, Warwickshire, después de la 2ª Guerra Mundial.

Hacía mucho tiempo que un libro no me enganchaba tanto. Prepárense para una historia absorbente que os tendrá con el corazón en vilo. Muy bien contada, con una ambientación sombría, lúgubre y fantasmagórica y con unos personajes muy bien construidos que sostienen la historia.

El doctor Faraday, narrador principal de los acontecimientos,  lleva una vida rutinaria como médico rural. Durante el largo y caluroso verano de 1947, lo llaman para atender a un paciente en Hundreds Hall. En esta mansión trabajó su madre como niñera.

Yo tenía diez años la primera vez que vi Hundreds Hall. Fue en el verano después de la guerra, y los Ayres conservaban casi todo su dinero, eran todavía personas importantes en la comarca. Se celebraba la fiesta del Día del Imperio: yo estaba en la cola con otros chicos del pueblo que hicieron el saludo de los boy scouts cuando la señora Ayres y el coronel pasaron por delante de nosotros, entregando medallas conmemorativas.

El Hall ha sido el hogar de la familia Ayres durante más de dos siglos y ahora está en declive.

Así que cuando volví a ver la casa- casi treinta años después de aquella primera visita, y poco después del final de otra guerra-, los cambios me horrorizaron. El corazón se me empezó a encoger casi en el momento en que entré en el parque… La casa era más pequeña que en mi recuerdo, desde luego- no era la mansión que yo evocaba-, pero eso ya me lo esperaba. Lo que me horrorizó fueron los signos de decadencia. 

La señora Ayres y sus dos hijos mayores, Caroline y Roddy  sobreviven como pueden a la decadencia económica de la hacienda. Cuando el doctor Faraday atiende a su nuevo paciente, Betty la única criada de la casa, joven e impresionable, no tiene idea de cuán cerca y cuán aterradoramente, la historia de la familia está a punto de entrelazarse con la suya. 

Betty levantó la cabeza del hombro de la señora Bazeley y dijo:

-¡Hay algo malo en esta casa, eso es lo que pasa! ¡Hay algo malo que hace que ocurran desgracias!

El doctor Faraday se convierte en el médico y amigo de la familia así como testigo de los acontecimientos que se van produciendo, intentando racionalizar las cosas que suceden. Porque pasan cosas…

-¿Qué es, madre? ¿Qué estás mirando? ¿Qué ves?

La señora Ayres meneó la cabeza y no contestó. Entonces Caroline se levantó y cruzó con cautela el dormitorio hasta el vestidor. Más tarde me dijo que no sabía si lo que más temía era la prespectiva de descubrir algo horrible en el cuartito o la posibilidad- que en aquel momento, debido al comportamiento de su madre, parecía muy grande- de que no hubiese nada anómalo.

La casa, Hundreds Hall, es un personaje más, una presencia constante que va agotando a la familia. Con un final sorprendente (no diré más) la narracción mantiene la tensión, tiene personajes muy creíbles, hace que te metas en la historia y vivas las situaciones como si estuvieras ahí y además recrea muy bien el período histórico en el que se mueve, poco después del fin de la Segunda Guerra Mundial.

 
Sarah Waters nació en Gales, Gran Bretaña, en 1966. Estudió literatura inglesa en las universidades de Kent y Lancaster. Es autora de seis novelas: El lustre de la perla, Afinidad, Falsa identidad , Ronda nocturna, El ocupante y los Huéspedes de pago. Ha sido finalista de los premios Booker y Orange y ha escrito numerosos artículos sobre género, sexualidad e historia, recibiendo por ellos varios premios como el Somerset Maugham y el Sunday Times Young Writer of the Year.
 
Sin duda, seguiré leyendo a esta autora, recién descubierta para mí. Está previsto para el 31 de agosto de 2018 el estreno de la versión cinematográfica de esta novela dirigida por Lenny Abrahamson. No me la perderé.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No solo lectura

 

 

 

Plaza Mayor. Espejo y máscara de Madrid. Desde el día 24 de mayo hasta el 11 de noviembre de 2018. Sala de exposiciones temporales del Museo de Historia de Madrid.

Este año se celebra el IV centenario de la Plaza Mayor y con este motivo el Museo acoge esta exposición dividida en seis ámbito: La plaza abierta (1617-1790), La plaza en fiestas (1617-2018), La plaza cerrada (1790-1846), la Plaza jardín (1843-1936), Una imagen de postal, Otros usos. Nuevas propuestas (1920-2018).

Esta exposición nos permite conocer la evolución de la plaza desde sus orígenes hasta la actualidad.

 

 

 

Fuji Musume / Renjishi. Compañía Heisei Nakamuraza de teatro Kabuki

Teatro Kabuki en Madrid. Espectáculo incluido en el programa de actos conmemorativos del 150 aniversario de las relaciones diplomáticas España-Japón

 

Noches del Botánico

 

 

 

Utagawa Kunisada (Toyokuni III). Tríptico inspirado en la novela Genji Monogatari [La historia de Genji] de Murasaki Shikibu, 1830. Colección Bujalance

El principio Asia. China, Japón e India y el arte contemporáneo en España (1957-2017): Exposición de la Juan March sobre la influencia de Japón en los artistas españoles de los años 70. Esta exposición se ha programado en el marco del 150 aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas con Japón.

 

 

Festival Noches de Ramadán

 

 

 

 

Festival Noches de Ramadán en Madrid. Música, danza, cine, poesía, teatro… Un buen ramillete de propuestas alrededor de la cultura de tradición musulmana. Entre el 4 y el 16 de junio desde los distritos de Arganzuela, Carabanchel, Centro, Retiro, Salamanca, Tetuán, Vicálvaro y Villaverde.

 

 

 

 

 

Exposición Brassaï en la Sala Recoletos de la Fundación Mapfre. Un recorrido por la obra del fotógrafo húngaro Gyula Halász.

Brassaï. Vista desde el Pont Royal hacia el Pont Solférino, c. 1933

 

El pequeño César. William Riley Burnett

 El pequeño César.

 William Riley Burnett

Colocado ante un espejo, Rico se peinaba cuidadosamente con su pequeño peine de marfil. Estaba orgulloso de su cabello negro y brillante, que formaba tres ondas simétricas. Era un hombre simple. Colocado ante un espejo, Rico se peinaba cuidadosamente con su pequeño peine de marfil. Estaba ore solo apreciaba tres cosas en el mundo: a sí mismo, a sus cabellos y su revólver …y a las tres les dedicaba un cuidado excepcional.

Ese hombre simple es Cesar Bandello, alias Rico.  Es miembro de la banda de Sam Vettori, un gánster de Chicago que controla una parte de la ciudad. Un día planean el atraco de un club nocturno. Todo parece ir según lo calculado pero algo sale mal. Matan a un policía. Todo cambiará con ese homicidio. Se abre la oportunidad de ascenso para Rico en la organización. Más dinero, más lujos, más poder.

Escucha, Sam –le dijo-, hace mucho tiempo que recibo órdenes de los demás. Ya no las volveré a recibir¿comprendes?…Yo tengo ya una cuerda al cuello, y uno no puede ser ahorcado más de una vez. De manera que si alguien tiene la idea de traicionarme, mi pistola dará buena cuenta de él.

Y Rico la aprovechará. Él es un hombre decidido que no tiene miedo y que va a por todas. Su deseo de triunfar y dejar su pasado le impulsará a dar el paso. No quiere volver a ser un simple ladronzuelo de Little Italy. Pero eso significa estar siempre alerta, pensando, escudriñando a sus camaradas que lo son solo con unos dólares de por medio. Siempre atento a cualquier palabra, cualquier gesto,  una mirada sospechosa que delate el peligro, la traición que anticipe la caida.

Vivía en una tensión continua. Sus nervios se hallaban tan excitados que no tenía nunca sueño ni sentía jamás el deseo de reposar; estaba siempre totalmente despejado.

William Riley Burnett publicó El pequeño César en 1929 y al contrario que otras novelas policiacas, el protagonista no es un detective o un policia sino un miembro del hampa. Es desde esa óptica desde donde Riley nos introduce en los bajos fondos. Héroe o villano, es el lector quién decide.  En 1931, la Warner adaptó a la gran pantalla la novela de Burnett con Edward G. Robinson como Rico y Mervyn LeRoy como director.

William Riley Burnett nació en Springfield,  Ohio y muríó en Santa Monica, California en 1982. Autor entre otras novelas, Goodbye Chicago, La jungla de asfalto, etc.

El hombre del sombrero hongo levanto el brazo, pero Rico se le anticipó y disparó todo el cargador a ciegas, furiosamente. De pronto, vio una lengua de fuego y en el mismo instante algo le golpeó en el pecho, como una maza. Dio dos pasos, soltó el arma y de repente cayó al suelo de bruces. En la calleja oyó ruido de pasos.

¡Señor, Señor…! -murmuró-, ¿será éste el fin de Rico?

Crítica de la razón instrumental / Max Horkheimer

Max Horkheimer: Crítica de la razón instrumental.

Presentación de Juan José Sánchez; traducción de Jacobo Muñoz. Trotta, 2002.

Título original: Eclipse of Reason. Bloomsbury Academic, 2013.

Toda idea filosófica, ética y política tiene, cortado el nudo que la vinculaba a sus orígenes históricos, una tendencia a convertirse en el núcleo de una nueva mitología, y ésta es una de las razones por las que el avance progresivo de la Ilustración tiende, en determinados estadios, a recaer en la superstición y la locura. (p. 66)

Si piensas que se puede ser un profesional eficientísimo y al mismo tiempo un perfecto ceporro, incluso un desalmado; si tienes serias sospechas o empacho del consumo por decreto, del mainstream inacabable… este puede ser tu libro, o al menos uno que te va a interesar mucho. Pensamiento duro, eso sí: hay que muscular. No vendría mal un repaso de algunas corrientes contemporáneas en el punto de mira del maestro Max: empirismo, pragmatismo, neopositivismo, neotomismo. El premio: una obra mayor de la filosofía del siglo XX. Crecerás, ganarás soberanía personal.

La biografía de Max Horkheimer abarca las dos Guerras Mundiales, el surgimiento de la sociedad de masas, la crisis de 1929, su propio exilio personal de Alemania a los Estados Unidos, y la Guerra Fría. Para rematar, justo cuando el libro apareció las perspectivas de futuro no eran precisamente halagüeñas: el conflicto Este-Oeste enfilaba a toda máquina bajo la sombra una amenaza nuclear ya materializada en Hiroshima y Nagasaki. Así que parece esperable que las grandes inteligencias de la época, desde los existencialistas a los filósofos críticos de la Escuela de Frankfurt –entre los que se encontraba Horkheimer- se preguntaran: ¿qué demonios está pasando aquí? Se dice que la obra, aún firmada por Horkheimer, tiene también la impronta de su otro gran compañero de Escuela: Theodor Adorno. Ambos influirían a su vez en otros filósofos posteriores como Marcuse o Habermas, incluso más remotamente en Zygmunt Bauman.

En su día el título original Eclipse of Reason perjudicó la recepción del libro, ya que permitió a otros mostrarlo –de modo más o menos manipulador- como una crítica de la razón, o sea justamente lo contrario de lo que es: un análisis y acta levantada sobre el declive de la razón crítica a manos de la dinámica desbocada del modo de desarrollo industrial bajo relaciones de producción capital-monopolistas. En esta acogida irregular no hay que descartar tampoco la influencia de la rigidez y esquematismos de la Guerra Fría. El título actual de la obra en español es conceptualmente muy preciso y es traducción casi literal de la primera edición alemana de 1967: Zur Kritik der Instrumentellen Vernunft. Crítica de la razón instrumental ya había sido publicada en los años 70 en Buenos Aires por la prestigiosa Editorial Sur. Ahora y con mucho gusto recomendamos la meritoria edición de Trotta.

En resumidas cuentas la sagacidad capital de Horkheimer y compañía consistió en ver y analizar el irracionalismo no como un fenómeno circunscrito a los totalitarismos políticos más notorios –por muy graves que estos fueran-, sino como un proceso civilizatorio –o más bien incivilizatorio- más largo, amplio y profundo. Un irracionalismo travestido de pura razón, o un descoyuntamiento de ella misma. Vieron claramente la Luna y no se quedaron mirando al dedo que la apuntaba. De ahí su absoluta vigencia en la sociedad hiperinformacional en crisis global de nuestros días. Disculpe la broma, señor Horkheimer, pero su libro es el mejor de los instrumentos.

Si la ciencia ha de ser la autoridad llamada a enfrentarse al oscurantismo –y al exigir tal los positivistas prosiguen la gran tradición del humanismo y de la Ilustración-, entonces los filósofos tienen que establecer un criterio para la verdadera naturaleza de la ciencia. La filosofía tiene que formular el concepto de la ciencia de un modo que exprese la resistencia contra la amenaza de recaída en la mitología y en el delirio y que conecte con las exigencias de la praxis existente. Para ser la autoridad absoluta la ciencia tiene que ser justificada como principio espiritual y no puede ser simplemente deducida a partir de métodos empíricos para luego pasar a verse absolutizada como verdad sobre la base de criterios dogmáticos orientados a tener éxito científico. (p. 104)

Max Horkheimer en: Biblioteca UPM.

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