Subsuelo. Marcelo Luján

Cubierta de Subsuelo, de Marcelo LujánSubsuelo
Marcelo Luján
Madrid: Salto de Página, 2015

Los peores monstruos son los que habitan por debajo de la normalidad. La normalidad en esta novela es una casa de campo con piscina vestida de cerezos y aligustres, donde los adultos cenan y beben whisky al caer la noche y los jóvenes se rozan los pies con intenciones por debajo del agua. Una normalidad tan fina y quebradiza como cualquier otra. Por debajo de la parcela bulle un hormiguero antiguo, imposible de erradicar, pura realidad de hormigas que invaden ciegas el tronco de los árboles, el cobertor de la piscina, los pliegues de la vida de los personajes. Un accidente de coche es el subsuelo de la novela (uno de los monstruos) y las consecuencias bullirán inevitablemente a ciegas y treparán por el tronco de los árboles, el cobertor de la piscina, las conciencias torturadas, la crueldad, la sexualidad desquiciada, las costuras al borde de reventar en cada párrafo. La prosa ferozmente al servicio de lo que se narra también es un monstruo que palpita y atrapa y asfixia y golpea.

Subsuelo, el último trabajo de Marcelo Luján, es un corazón en un puño, el nuestro, que busca oxígeno pero que se hunde a cada página que nos atrevemos a pasar. Una delicia, claro, un bocado gourmet que no puedo dejar de recomendar.

Marcelo Luján (Buenos Aires, 1973) vive en Madrid desde 2001. Ha publicado Flores para Irene (2004), En algún cielo (2007), El desvío (2007), La mala espera (2009), Arder en el invierno (2010), Moravia (2012), Pequeños pies ingleses (2013) y Subsuelo (2015). Algunas de sus obras han sido distinguidas con los premios Santa Cruz de Tenerife, Ciudad de Alcalá de Narrativa, Kutxa Ciudad de San Sebastián de Cuento en Castellano y Ciudad de Getafe de Novela Negra. Entre otros galardones obtuvo la Segunda Mención en el Premio Clarín de Novela 2005. 

La vida ante sí de Romain Gary

La vida ante sí.

Romain Gary

Debolsillo.

Señor Hamil, ¿se puede vivir sin amor?…
Señor Hamil, ¿por qué no contesta?
Eres muy joven y cuando se es tan joven es mejor no saber ciertas cosas.
Señor Hamil, ¿se puede vivir sin amor?
Si – dijo él bajando la cabeza como si le diera vergüenza.
Yo me eché a llorar.

Momo es un niño de 10 años. No conoce ni a su padre ni a su madre. Momo es nuestro protagonista.  Vive en un suburbio de París llenos de prostitutas, chulos, ladrones, inmigrantes ilegales, buscavidas.  Su presente es sobrevivir. El pasado es algo difuso. Trescientos  francos mensuales, su tarifa mensual, es lo que le ata a él.  Es el pago de su manutención. El futuro es algo lejano.
Momo vive con una anciana judía que ha sobrevivido a miles de avatares y que se encuentra en la recta final de su vida. En una pensión cobija a cambio de una cantidad de dinero mensual a los hijos de las prostitutas que no pueden o quieren hacerse cargo de ellos. Momo es uno de esos chicos.
Ella es la señora Rosa.
Era una persona que vivía de recuerdos. Ustedes pensarán que es una estupidez, que todo aquello ya está muerto y enterrado pero los judíos son muy tozudos, y más cuando han sido exterminados. Ellos siempre dale que dale.
La vida ante sí es una novela sobre el amor. El amor entre seres desamparados que viven en un mundo sórdido y degradado. El señor N’Da Amédée, el doctor Katz, el señor Hamil,  la señora Lola y otros seres que deambulan por las calles de ese barrio parisino. En un mundo degradado, triste, cruel, todavía hay espacio para el amor, para la esperanza. Son las únicas armas que tienen estos seres para no caer en el vacio. Pero sobre todo el amor que sin quererlo, sin saberlo, se establece entre Momo y la señora Rosa.
La señora Rosa dice que la vida puede ser hermosa, pero que nadie ha dado con ella todavía y que, entretanto, hay que vivir.
En 1978 Moshé Mizrahi dirigió una versión para la gran pantalla de la novela de Gary titulada en España Madame Rosa y protagonizada por Simone Signoret. Ganó ese año el Oscar a la mejor película extranjera.

Romain Gary gano el premio Goncourt en 1956 con Les Racines du ciel. Émile Ajar, ganó el premio Goncourt con La vida ante si.  Émile Ajar es el pseudónimo de Romain Gary.
Romain Gary nació en Lituania en 1914 y murió en París en 1980.

Romain Gary en la Biblioteca UPM

Señora Rosa, ¿Qué es esto? ¿Por qué baja aquí todas las noches?…
Es mi segunda residencia
Es mi escondite judío, Momo
Ah bueno, está bien.
¿Lo comprendes?
No, pero no importa. Estoy acostumbrado.
Es donde me escondo cuando tengo miedo.
¿Miedo de qué, señora Rosa?
Para tener miedo no hacen falta motivos, Momo.
Nunca se me ha olvidado. Es la verdad más grande que he oído en mi vida.

En la desnudez de la luz / Sophia de Mello Breyner Andresen

Sophia de Mello Breyner Andresen: En la desnudez de la luz

Universidad de Salamanca, 2003

En la desnudez de la luz (cub.)

Los labios de savia hinchados como fruto

Dicen tu amor de la vida extasiado y grave

Y bajo las pestañas de bronce en los ojos de esmalte y de ónice

Nos mira fijamente tu tranquila pasión

Tu designio

De celebrar en ti mismo la orden natural de lo divino

El número inmanente

 

(Délfica. V, El Auriga)

En este comienzo de verano boreal os propongo un rito de iniciación: cantos al mundo clásico, en particular a la Grecia antigua a la que Sophia acudía con el apasionamiento virginal de los Grands Tours estudiantiles de antaño.  La lectura de estos poemas deslumbrará por sí misma pero sin duda se aprovechará mejor si uno se arma de algunas generalidades básicas de cultura grecolatina. El Minotauro, Adriano y Antínoo, las Sibilas, Ariadna y muchos otros se pasean constantemente por los versos de Sophia, pero el soberbio poder y fecundidad de las imágenes, metáforas y emociones hacen que los temas no cansen, sino que se desee más y más. Una experiencia que gustará a amantes de la poesía romántica de tema clásico y casi seguro a los seguidores de Konstantinos Kavafis.

La proximidad del portugués al castellano invita a la lectura en lengua original, una práctica facilitada con suficiente nivel de seguridad por esta edición bilingüe en paralelo. Se añade una muy bien documentada  introducción a la autora, realizada por el propio traductor Jacobo Sanz Hermida. Falta hace, pues es llamativo el retraso en la traducción de las obras de Sophia: por ejemplo, resulta sorprendente que un libro tan estupendo como Histórias da terra e do mar aún no esté disponible para el público en lengua castellana.

Sophia de Mello Breyner Andresen (1919-2004) nació en Oporto, ciudad de cliché norteño, y además su familia era de ascendencia danesa. Pero desde joven ella se sintió atraída por el mundo clásico mediterráneo. Fue sobre todo poeta, aunque también narradora y autora de literatura infantil. Seguidle la pista, vale la pena, en la web a ella consagrada por la Biblioteca Nacional de Portugal.

El verso es denso, tenso como un arco, exactamente dicho, porque los días fueron densos, tensos como arcos, exactamente vividos. El equilibrio de las palabras entre sí es el equilibrio de los momentos entre sí.

(Arte poética II)

 

En el enjambre (Im Schwarm) / Byung-Chul Han

En el enjambre, Byung-Chul HanEn el enjambre
Byung-Chul Han
Barcelona : Herder, D.L. 2014

Hay libros con alma y libros con contenido. Hay libros que te acompañan y otros que precisan de tu compañía. Hay libros atemporales y otros de rabiosa actualidad. Por naturaleza me inclino hacia los primeros, pero hay que reconocer el interés y la pulsión de los segundos, sobre todo cuando nacen de una reflexión, de una interiorización amable de lo inmediato, escritos desde la amplitud de miras y la profundidad de ideas, sin resultar densos, pesados o complejos: sencillos pero no simples.

En el enjambre es la visión reciente (2013) de un profesor de la Universidad de las Artes de Berlín acera de la Sociedad Digital. Es un escueto ensayo (apenas 100 páginas en formato octavilla), una agradable reflexión en voz alta; uno casi percibe la voz clara y sosegada del profesor que invita al lector a caminar por sendas poco transitadas. El bagaje personal del autor, Byung-Chul Han, es asimismo curioso: surcoreano de nacimiento, estudia filosofía en Friburgo, y Teología y Literatura Alemana en Múnich, para convertirse finalmente en profesor de Filosofía y Estudios culturales en Berlín. Esta breve biografía corre el riesgo de provocar el pánico en el potencial lector, y sin embargo nada más lejos de la realidad, pues la calidad y cercanía del ensayo no dejan indiferente.

¿Cuáles son o serán las consecuencias culturales de la red de redes? Este parece ser el hilo conductor de los apenas 16 capítulos (5-6 páginas de media) que abordan desde la pérdida de distancia entre interlocutores (y su impacto sobre el respeto), la reaparición del anonimato, el tránsito de una comunicación asimétrica (direccional como la televisión) a bidireccional (con la consiguiente pérdida de preponderancia del poder convencional), el síndrome de París (o la sucia realidad), o el síndrome de la fatiga por exceso de información (Information Fatigue Syndrom).

El ensayo no tiene por objeto atacar o desvirtuar la Sociedad Digital, tan sólo describe algunos de los cambios de comportamiento y de vocabulario que están teniendo lugar. Reflexiona sobre la comunicación digital y el narcisismo, así como sobre la aparición de estados afectivos extremos; un aspecto curioso en el mundo digital es la atenuación de la negatividad, es la sociedad del “me gusta”.

Resulta muy curioso el término acuñado: auto-explotación sin dominación, derivado de la disponibilidad de información ubicua e intemporal que favorece la transformación de todo tiempo en tiempo de trabajo, y que nos hace entrar de lleno en la era del rendimiento. Hemos pasado de labradores a cazadores de información, y seremos los seres humanos los que hemos de aprender a acotar y sujetar nuestros deseos ahora que la ingesta es claramente “ad libitum”.

¿Por qué la imagen de un enjambre como metáfora de la sociedad digital? El autor atribuye al enjambre una suma casi infinita de individualidades sin un alma común. Mientras que en la masa el ser humano pierde su personalidad, en el enjambre ésta permanece. “El enjambre digital no se manifiesta en una voz, por eso es percibido como ruido”.

Decía Norbert Wiener (el padre de la cibernética) en los años 50 del siglo pasado que conservar la fertilidad del pensamiento humano es una obligación tan prioritaria como preservar la fertilidad de la tierra. Cabe plantearse si internet supone una apuesta por el monocultivo monoclonal, por la vivificante rotación o por nuevos procedimientos agrícolas aún por descifrar. El tiempo lo dirá y mostrará o no la idoneidad y vigencia de este ensayo.

Byung-Chul Han en la Biblioteca UPM

Historias mínimas. Javier Tomeo

Cubierta de Historias mínimas, Javier TomeoHistorias mínimas. Javier Tomeo
Barcelona: Anagrama, 1996

Historias mínimas (Madrid: Mondadori, 1988)

Las Historias mínimas de Javier Tomeo son piezas breves con forma dialogada, pequeñas escenas teatrales, en las que intervienen personajes acompañados por una voz narrativa en forma de acotaciones que aporta el punto de vista o algún detalle esencial para la comprensión del texto. Es decir, economía (pero afilada economía) de recursos para obtener un efecto en el lector. Temáticamente hablando abordan casi siempre los límites o precipicios de la realidad, de modo que unas veces los textos se mueven entre las aguas turbias del absurdo, otras se tiñen de un humor extraño, perturbador, y otras de un lirismo casi dulce. Los personajes son seres imperfectos desencajados de la norma, de las rutinas cotidianas que conducen al éxito en las cuestiones prácticas, y cuyo fracaso acaba produciendo una inevitable ternura.

XI

Los dos hombres están sentados en un banco, en la plaza del pueblo. Silencio. Estrellas, luna circular y el ulular paciente del mochuelo que reclama a su hembra.

HOMBRE PRIMERO. Tomás.

HOMBRE SEGUNDO. Qué.

HOMBRE PRIMERO. Fíjate en aquella estrella.

HOMBRE SEGUNDO. ¿En cuál?

HOMBRE PRIMERO. En la que está junto a la veleta del campanario.

HOMBRE SEGUNDO. Sí, ya la veo, ¿qué pasa?

HOMBRE PRIMERO. Mira.

Hincha el pecho, sopla con fuerza y la estrella se apaga.

HOMBRE SEGUNDO. (Admirado.) ¡Oh!

Silencio. Por allá se acerca el borracho del acordeón. Muge una vaca y las gallinas del corral se despiertan sobresaltadas.

Personajes (entrañables criaturas los llama Tomeo en la nota introductoria) que con toda la fuerza del absurdo andan metiendo el mar embravecido en una botella para dejar vía libre a una columna de rescate; capturando la luz de la luna para hacer un regalo; preguntándose quién es uno mismo ante la certeza de una foca, un elefante, un camello y un chimpancé… y así hasta protagonizar cuarenta y cuatro situaciones perfectamente perfiladas, perfectamente esenciales, perfectamente imperfectas.

Javier Tomeo (Quicena, Huesca, 1932 – Barcelona, 2013) cursó Derecho y Criminología en Barcelona. Algunas de sus obras, incluidas estas Historias mínimas, se representaron fuera de España con notable éxito. Numerosos títulos conforman su particular universo de seres inclasificables, entre ellos Amado monstruo (1984), El gallitigre (1990), La agonía de Proserpina (1993), o Cuentos perversos (2003).

Javier Tomeo en la Biblioteca UPM
 

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