La cata. Roald Dahl

Cubierta de La cata, de Roald DahlMadrid : Nórdica Libros, 2020
Ilustraciones: Iban Barrenetxea
Traducción: Iñigo Jaúregui
Título original: Taste

Richard Pratt es un famoso gastrónomo, experto en vinos, que preside una pequeña sociedad llamada “Los epicúreos”. Tiene la curiosa costumbre de referirse a los vinos como si fueran seres vivos, usando calificativos como tímido, evasivo, alegre, jovial… Esta noche está invitado a cenar, junto al narrador del relato, en casa de Mike Schofield. Mike, su hija y su mujer, como en un par de ocasiones anteriores, se han esforzado por preparar un banquete digno de un gourmet tan exigente como Pratt y la mesa está decorada con flores, velas y la vajilla que se reserva para tales eventos. Como en las anteriores veladas, en las que Pratt siempre acertó, Mike quiere seguir ganándose una reputación de buen gusto retando a su invitado a adivinar la identidad del vino que esa noche se va a servir. Se suelen apostar una caja del mismo vino. Esta noche también. Pero esta noche algo va a cambiar. Pratt propone subir la apuesta a cincuenta cajas. Algo que Mike no debería aceptar por varias razones. Una es que la apuesta va a subir más… demasiado. Otra es que por el rostro de Pratt ha pasado un destello malicioso que los lectores hemos alcanzado a ver. Y la más importante: esto es un relato de Roald Dahl.

Y con Roald Dahl nada es lo que parece y más vale no hacerse el listo más de la cuenta. Los acontecimientos se van a precipitar. La tensión va a envenenar la atmósfera. Los personajes, pobres diablos, van a sufrir de lo lindo. Y los lectores vamos a disfrutar de todo eso desde la seguridad de nuestros confortables sillones.

Este es uno de los relatos más conocidos del genial escritor galés. Fue publicado por primera vez en 1945 en el Ladies Home Journal y algo después, en 1951, en The New Yorker. La presente edición, ilustrada con sutileza por Iban Barrenetxea hará las delicias de cualquier lector.

Roald Dahl en Nosolotécnica

Roald Dahl en la Biblioteca UPM

Daniel Fuchs. Tributo a Blenholt.

Daniel Fuchs. Tributo a Blenholt. Automática editorial, 2019

Estamos en los años 30 en Williamsburg, en el distrito neoyorkino de Brooklyn, un barrio lleno de emigrantes de muchas nacionalidades entre ellas judíos centroeuropeos, como los protagonistas de esta historia. Un joven llamado Max Balkan tiene muy claro lo que quiere hacer con su vida. Salir del barrio, dejar la vida pobre que lleva, ser rico y tener poder. Para ello sólo tiene que conseguir poner en práctica alguna de sus grandes ideas porque él es listo, tiene sueños y no va a resignarse a trabajar por doce dólares a la semana y mal vivir como sus padres.  

Este era el lujo de Balkan: levantarse antes de las siete la mayoría de las mañanas para pasear por las calles, porque entonces sentía que crecía hasta los dos metros y medio y pesaba ciento cincuenta kilos… A las siete, las calles de Williamsburg apenas habían amanecido, no había humillación, no existía la indignidad y le era posible sentirse un hombre que vivía tiempos excepcionales con grandeza y sentido. Y la mugre sudada de Williamsburg se alejaba, se perdía, porque Balkan caminaba a grandes zancadas en un mundo propio en el que todos los sueños se hacían realidad, todos los deseos se cumplían. Ascenderá rápidamente, nivel tras nivel, se elevaría y escaparía de Williamsburg y de su inercia, tendría un alma esplendorosa y heroica: una vida brillante.

La mañana en la que comienza la novela Balkan tiene un deber que cumplir: ir al funeral del señor Blenholt. Ni su familia, ni sus amigos, ni su novia entienden muy bien ese empeño pero él quiere que todos acudan allí. Pero ¿quién es Blenholt?

Max tiene muchas ideas en la cabeza para desesperación de su novia Ruth:

-¡Tú y tus ideas!-exclamó Ruth con los ojos vidriosos-. Se te ocurren un millón de ideas y no tienes siquiera un trabajo. Querías que el metro pusiera transistores para que la gente no se aburriera en los vagones. Querías abrir una cadena de puestos de bebida de una costa a otra del país, solo que tenían que vender sopa de pollo caliente. En tazas. Querías inventar un paracaídas autónomo para que la gente se quedara en las nubes todo el tiempo que quisiera. Cada cosa que se te ocurre va a conseguir millones de dólares, todas, pero ni siquiera tienes trabajo no tienes ni un centavo, ¡lo único que tienes es un millón de ideas!

En esta novela se respira la vida de barrio, de casas de vecinos en la que todos se conocen, con los niños y niñas criándose en la calle, gritos de casa a casa, también pobreza y penurias  y donde la única meta es poder comer ese día para llegar al siguiente:

¿No lo ves, Ruth? No quiero ser como los demás. Es sombrío, sucio, pequeño e incómodo. Este tipo de casa, los pisos oscuros y sucios, los vecindarios chabacanos con los cubos de basura, la gente chillando en los patios y los niños peleando en los pasillos. Esta no es forma de vivir.

Daniel Fuchs (nueva York, 1909- Los Ángeles, 1993) fue un escritor y guionista estadounidense, hijo de inmigrantes judíos. Colaborador habitual de la New Yorker y del Saturday Evening Post, su trabajo literario más reconocido fueron las tres novelas sobre la comunidad judía en Brooklyn, publicadas en los años 30 con excelente crítica (Summer in Williamsburg, Tributo a Blenholt y Low Company). Fuchs decidió después mudarse a Hollywood donde trabajó como guionista cinematográfico durante casi cincuenta años. En 1956 recibe el Óscar al mejor guion original por Quiéreme o déjame, película protagonizada por Doris Day.

Sobre sus novelas de Brooklyn, Fuchs dijo una vez: 

Me dediqué en cuerpo y alma a las casas de vecindad: la vida en los pasillos, el jaleo de los montacargas, la variedad de personajes en los edificios, sus luchas diarias y preocupaciones, sus problemas.

A pesar de la poca fe que tienen todos en él Balkan es optimista y está seguro que su último proyecto va a ser un éxito: embotellar zumo de cebolla, sin piel, sin olores, sin lágrimas. De hecho ha recibido una llamada de la empresa a la que le ofreció su idea. ¿Conseguirá Max cumplir sus sueños? 

Para no perderse con las palabras en yidis que utilizan frecuentemente los personajes esta edición incluye un breve glosario.

Las garras de la noche, Cornell Woolrich

Las garras de la noche

Cornell Woolrich (William Irish)

Alianza Editorial

¿Cuándo murió?                                                                                                             

El hombre apretó los puños, los levantó angustiado por encima de su cabeza.       

¡No…ha muerto! ¡No entiende lo que intento decirle! Yace en alguna parte, bajo la tierra, en esta misma ciudad, en este preciso momento… respirando todavía. (Tumbas para los vivos)

Bud Ingram está traumatizado por la muerte de su padre. Cuando lo enterraron estaba vivo. El recuerdo le obsesiona. Ahora ha entrado en contacto con una extraña secta de adoradores de la muerte. La historia se repite.

En La marea roja, Jackie Blaine y Gil Blaine son un matrimonio siempre endeudado que intentan salir adelante con gran dificultad. Surge la posibilidad de pedir un último préstamo a un conocido. La señora Blaine descubrirá que su marido no es tal como pensaba.

No voy a dejarle ahora, voy a quedarme con él cuando entre ahí. ¡Él va a hacer el descubrimiento pero no se lo va a contar a nadie! No puedo permitirlo. Acaba de verme mirar hacia esa puerta. Va a leerlo todo en mi cara. No me queda energía suficiente para disimular. Voy a matarle ahí dentro…con las manos desnudas. (El cadáver de la puerta de al lado)

Harlan es un hombre rencoroso. Alguien le roba la leche de su puerta. No lo puede consentir, tiene que dar una lección al ladrón…pero la cosa se tuerce. Nada es como parece.

En Nunca me volverás a ver, Ed Bliss discute con su mujer y lo que parece una simple pelea conyugal se convierte en una autentica pesadilla llena de angustia y terror.

Si en semanas pasadas traíamos a esta pagina de Nosolotecnica una selección de relatos policiacos publicados en Black Mask Magazine, en esta ocasión el protagonista es un maestro de las novelas de suspense que publicó también en revistas del genero como Dime Detective, Detective Fiction Weekly, Argosy etc, en muchas ocasiones con diferentes seudónimos como William Irish.

Las garras de la noche es un conjunto de cuatro relatos de Cornell Woolrich lleno de climas obsesivos, llenos de dudas, en el que la angustia atrapa a los personajes. La atmosfera se hace insoportable para los protagonistas de los relatos. La salida parece imposible. La muerte es quizás la única solución, quizás…

Woolrich nació en Nueva York en 1903 y murió en la misma ciudad en 1968.

Solo intentaba engañar a la muerte. Solo pretendía vencer durante un corto tiempo la oscuridad que siempre supe vendría a invadirme y aniquilarme. Solo intentaba permanecer vivió un poco más, cuando ya hubiera muerto. Inmerso en la luz, prolongando un poco más mi estancia entre los vivos. (Cornell Woolrich)

La agonía del cristianismo / Miguel de Unamuno

Miguel de Unamuno: La agonía del cristianismo. 

Edición recomendada, con presentación de Agustín García Calvo: 

Madrid : Alianza Editorial, 1986-  

Terriblemente trágicos son nuestros crucifijos, nuestros Cristos españoles. Es el culto a Cristo agonizante, no muerto. El Cristo muerto, hecho ya tierra, hecho paz, el Cristo muerto enterrado por otros muertos, es el del Santo Entierro, es el Cristo yacente en su sepulcro; pero el Cristo al que se adora en la cruz, es el Cristo agonizante, el que clama consummatum est! … (La agonía)  

El proceso de secularización de la sociedad, tan acelerado en la Historia reciente, no impide que la religión cristiana siga teniendo un valor de referencia cultural determinante. Creyentes y/o practicantes o no, incluso en el caso de opuestos frontalmente a él, el cristianismo ha moldeado nuestra formación, buena parte de las ideas, categorías y lugares comunes que estructuran nuestra mentalidad, y su influencia se mantiene férreamente en el ritmo de nuestro calendario anual. Por tanto nunca estará de más una cuidada reflexión filosófica sobre esta religión tan acentuadamente ideológica. En este sentido el libro de Unamuno no ha dejado de tener actualidad.  

Don Miguel redactó este pequeño pero sustancioso ensayo durante su exilio en Francia a causa de la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930). En principio la obra iba destinada al público de habla francesa para lo cual fue oportunamente traducida por Jean Cassou, intelectual hispanofrancés que más tarde jugaría un importante papel en relación con el exilio español de 1939. Muy probablemente la ambigüedad de su título contribuyó a la popularización del libro pues se puede interpretar como alusión a un declive religioso en una época en que de hecho se estaba produciendo como consecuencia de la segunda revolución industrial y de la masiva urbanización. 

Pero en realidad el término agonía es utilizado aquí en su sentido etimológico de combate interior del creyente por su propia fe: un tema predilecto del autor y muy relacionado con el argumento de su obra de ficción San Manuel Bueno, mártir. Unamuno analiza la religión cristiana en función de varios ejes conceptuales e históricos: fe/duda; colectividad/individualidad; judaísmo/helenismo; carnalidad/espiritualidad; resurrección (judía, farisaica)/inmortalidad (griega, platónica)… Dualidades que caracterizan una religión marcada por la contraposición en cierto modo beligerante, por la dialéctica entre opuestos, en definitiva por esa lucha o agonía que es el avatar –en cada creyente- de la Pasión de Cristo. 

Así, el ensayo explora y explota los innumerables vericuetos en la via crucis de la fe escéptica por la realidad tozuda de la mortalidad terrenal, echando mano de la exégesis y de la crítica histórico-filosófica. Hasta encontramos alguna resonancia psicoanalítica, por ejemplo en la evocación del canto de los trapenses de Dueñas, que tanto debió conmover al autor. Este saca partido de toda su utilería lingüística y de su capacidad lógico-deductiva para atacar el asunto, pero no pierde la empatía con el humano que cree o no cree, o quizás cree creer o no creer, y que en el fondo es un trasunto del mismo autor. Por eso el libro puede ser visto simultáneamente como introspección personal –incluyendo sus propias fobias y filias circunstanciales-, o bien como trabajo de antropología filosófica. 

Muy apreciables son la solvencia y comodidad con las que Unamuno se movía en la cultura de lengua francesa, a la vez sin ápice de afrancesamiento superfluo. Es muy posible que su origen vasco –al igual que el vasco-occitano en el caso inverso de su traductor el mencionado Jean Cassou- contribuyera a ello, y que el propio autor contemplara esta circunstancia a modo de pasarela cultural. Desde luego no perdió oportunidad de subrayar la trascendencia de autores y personajes históricos vascos de ambos lados de la Muga en la configuración de corrientes y movimientos cristianos. 

La pobre alma hambrienta y sedienta de inmortalidad y de resurrección de su carne, hambrienta y sedienta de Dios, de Dios-Hombre a lo cristiano, o de Hombre-Dios a lo pagano, consume su virginidad maternal en besos y abrazos al agonizante eterno. (Abisag, la sunamita

Miguel de Unamuno en: Biblioteca UPM.

Tejiendo sueños (Woolgathering) Patti Smith

Tejiendo sueños, Woolgathering

Patti Smith

Editorial Lumen

Patti Smith es más conocida en amplios círculos como cantante que como poetisa, y sin embargo su forma de escribir tiene un encanto que me parece indiscutible. Este es el caso de Woolgathering, un texto que en castellano se ha traducido (reinterpretado) como Tejiendo Sueños.

carátula del libro

No es tampoco un título desafortunado, porque es la traducción libre contenida en la metáfora recolectores de lana, que ella aplica a personajes que su imaginación alimenta al atisbar el prado desde la ventana de su casa familia, en la década de los 50 del siglo pasado.

Patti Smith es una artista del renacimiento, en el sentido que experimenta y domina varias (muchas) disciplinas además de la literatura y la música, como es el caso de la pintura y las artes visuales en general.

Es además una persona tremendamente cultivada a la manera liberal y autodidacta, con opiniones muy propias y bien rumiadas en temas políticos/sociales.

retrato del fotógrafo Robert Mapplethorpe

A nivel popular, tristemente se la recuerda por haber representado a Bob Dylan en la entrega de los Premios Nobel (pincha aquí). Y digo tristemente pues ella es en sí misma un personaje que a mi entender hubiera merecido igualmente el galardón.

Hay muchas canciones con su marchamo que la gente reconoce inmediatamente como Because the night (pincha aquí), aunque a mí me gusta particularmente People have the power en la versión en vivo del 23 de abril de 2019 (pincha aquí), tres años después del mencionado evento. Para mí es una demostración palmaria de lo que una persona inquieta puede hacer a los 73 años.

Foto de la autora

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