Stefan Zweig. Carta de una desconocida.

Cubierta libro "Carta de una desconocida"Stefan Zweig. Carta de una desconocida. Acantilado Editorial. Barcelona, 2002

No es la primera vez que hablamos de Stefan Zweig en NST. Ya antes reseñamos su “Novela de ajedrez”. En esta ocasión el relato que traemos es “Carta de una desconocida”, una breve historia, apenas 70 páginas, eso sí, muy intensas y narradas de tal forma que no puedes dejar de leerla una vez que empiezas.

La novela se inicia cuando un famoso escritor recibe una carta, entremezclada con otras muchas en su correo. Pospone su lectura pero le entra la curiosidad por lo abultado del sobre y por la caligrafía desconocida.

Cuando la abre lo que encuentra es:

un pliego de veinticinco folios escritos precipitadamente con letra femenina, desconocida y nerviosa; más que una carta parecía un manuscrito. Palpó de nuevo el sobre, instintivamente, por si encontraba alguna nota aclaratoria. Estaba vacío. En él no había más que aquellas hojas; ni la dirección del remitente ni tan siquiera una firma. Qué extrañó, pensó, y cogió nuevamente la carta. “A ti, que nunca me has conocido”, ponía como encabezamiento, como si fuera un título

Y a partir de ahí leemos, a la vez que el protagonista, una carta desgarradora en la que una mujer, de la que ni siquiera sabemos su nombre, explica a su amado (y a nosotros, lectores) toda su vida.

La historia es sencilla y sin grandes giros. El inicio de la carta no puede ser más devastador:

Mi hijo murió ayer. Durante tres días y tres noches he tenido que luchar con la muerte que rondaba a esa pequeña y frágil vida

A partir de aquí, como he dicho antes, no puedes dejar de leer. Quieres saber quién es ella, qué le ha ocurrido y cómo ha llegado hasta ahí. Es una historia de amor incondicional de ella hacia él. Nos va llevando poco a poco con un ritmo suave y cercano, sencillo, como una confidencia.

La protagonista le conoce perfectamente porque lleva años observándole desde la invisibilidad. De niña, compartiendo descansillo, desde la mirilla de su casa le espiaba, conocía sus salidas y entradas y a sus acompañantes. De adulta, con su amor obsesivo e incondicional seguía su carrera y andanzas  por la prensa. Coincidía con él en actos públicos, estrenos y conferencias, hasta que al fín sus anhelos se cumplen y tienen una breve historia de amor, inolvidable para ella pero no para él …

El libro fue llevado al cine en 1948 dirigida por Max Ophüls. Los actores elegidos eran perfectos para sus papeles: Louis Jordan interpretando al famoso escritor, guapo, encantador y un conquistador nato. Joan Fontaine, tímida, insegura y perdidamente enamorada interpretando a la “desconocida” autora de la carta (en un papel parecido al que ya hiciera antes en la película de A. Hitchcock, Rebeca).

Escena de la película, con su protagonista Louis Jordan.

Louis Jordan en una escena de la película destrozado con la lectura de la carta.

Él dejó caer la carta, las manos le temblaban. Entonces empezó a cavilar durante un buen rato

El libro ha tenido varias adaptaciones más. En 2004 inspiró otra película a cargo de la directora china Xu Jinglei. En 1975, se estrenó la ópera “Carta de una desconocida,” compuesta por Antonio Spadavecchia, y situada en Rusia. En 2001 Jacques Deray la adapta para la televisión francesa.

Cartel de la película del año 1948.Cartel de la película de Xu Jinglei.

Este libro y la película, junto con otros títulos de Stefan Zweig, los podéis encontrar en las bibliotecas de la UPM.

Al sur de Granada, Gerald Brenan

Cubierta de Al sur de Granada, Gerald BrenanAl sur de Granada

(South from Granada: Seven Years in an Andalusian village)

Gerald Brenan

Tusquets

2003

Gerald Brenan (Malta 1894 – Alhaurín el Grande, Málaga 1987) es seguramente el hispanista más conocido y no es una casualidad. Al sur de Granada su obra mas popular no es un estudio sesudo sobre nuestra historia o nuestra literatura, qu etambién lo hizo, sino un trozo de su vida, el mejor, disfrutado con fascinación en un pueblo de la Alpujarras que se llama Yegen.

  

El libro ha dado a conocer la Alpujarra en el mundo entero y de paso nos la ha descubierto a muchos españoles que, si no hubieramos leído a Brenan, seguramente no habríamos ido jamás por allí o desde luego no habríamos parado precisamente en Yegen.

Fotografía de Yegen (Granada)

 

En la orillita del mar

suspiraba una ballena

y en sus suspiros decía:

quien tiene amor, tiene pena.

Copla popular recogida en Yegen por G. Brenan

Pero esta obra es algo más. Es un trabajo minucioso en el que se recoge la manera de vivir todos los días en Yegen, las palabras que más se utilizaban, las supersticiones,  los usos amorosos, las canciones que se cantaban  y las leyendas pero… tampoco esto, con ser mucho, lo dice todo.

Es también un diario de su vida en aquel lugar remoto tan diferente a su refinado mundo. De los libros que había seleccionado para leer aqui y así recuperar el tiempo que había perdido combatiendo en la I Guerra Mundial,  era capitán del ejército británico, de sus amores complicados con Dora Carrington una pintora inglesa que le visitó en 1920 y que prefería  la compañía de Lytton Strachey un importante intelectual perteneciente al Grupo de Bloomsbury que llegó con ella a Yegen a lomos de burro con verdaderas dificultades…

 

Fotografía de Gerald Brenan y Dora Carrington

Era una aldea pobre, elevada sobre el mar, con un panorama inmenso a su frente. Sus casas grises de forma cúbica de un mellado estilo Corbusier pegadas unas a otras con sus techos planos y sus pequeñas chimeneas humeantes sugerían algo construido por insectos.

No hay que contar mucho más, no hace falta… quizás que la mismísima Virginia Woolf  estuvo en Yegen para visitar a Brenan…

Da  lo mismo, la clave que explica el encanto del libro entero es el cariño y el interés que despliega Brenan por todo lo que descubre en aquellas sierras y lo feliz que fue allí.

Se trata de un libro en estado de gracia.

 

En mi aldea se observaban estrictamente algunas curiosas costumbres con respecto al pan. Antes de cortar una nueva hogaza, se debía trazar la señal de la cruz sobre ella con un cuchillo. Si la hogaza o rosca caía al suelo, el que la recogiera debía besarla y decir: Es pan de Dios. Una vez pinché una hogaza con mi cuchillo y la gente reprobó mi acción diciendo que “estaba pinchando el rostro de Cristo”.

 

Gerald Brenan en la Biblioteca de la UPM

 

 

Continente salvaje. Keith Lowe

Cubierta de Continente salvaje, Keith LoweContinente salvaje
Keith Lowe
Galaxia Gutenberg, 2012
Traducción de Irene Cifuentes

Continente salvaje nos sumerge en la Europa de posguerra de la Segunda Guerra Mundial, un mundo caótico, lleno de vandalismo, venganzas, guerras civiles, deportaciones y destrucción. ¿Cómo subsistir en ese ambiente de inestabilidad, hambre y violencia? Lowe nos muestra, a través de numerosos testimonios y un estilo tan accesible como eficaz, la degradación moral, el próspero mercado negro, la delincuencia, el destino de los prisioneros de guerra alemanes, el odio acumulado de los presos liberados de los campos de concentración. “La historia de Europa en el periodo inmediato de posguerra no es por lo tanto, y sobre todo, una de reconstrucción y rehabilitación; es, en primer lugar, una historia de la caída en la anarquía”.

La guerra borró las fronteras de Europa, sus instituciones, leyes, gobiernos y a casi 40 millones de personas que, entre civiles y militares, murieron en la contienda. En ese mundo sin referencias sobrevivir dependió, en gran parte, del grupo de pertenencia y, una vez vencido el enemigo común: el nazismo, esos grupos aprovecharon la inercia de odio y violencia para ajustar posiciones en sus respectivos países y eliminar a sus contrarios mediante guerras raciales, étnicas, religiosas, civiles o de clase. Partisanos contra fascistas; polacos contra alemanes; serbios contra croatas…. y un antisemitismo común que, lejos de apagarse, resurgió con más fuerza. Antiguos conflictos y nacionalismos que, manejados hábilmente por soviéticos y aliados, sirvieron para instaurar un nuevo orden mundial.

Fotogradía de Berlín, enero 1945

Años después de la guerra fría, los odios siguen latentes. Resultó imposible crear estados étnica, religiosa o socialmente homogéneos y en todos lados quedaron ascuas que aún se encienden. Pero conocer la historia es poner las cosas en su sitio, asumir responsabilidades y encontrar el punto exacto entre la memoria y el olvido, entre lo que unos quieren recordar y otros necesitan olvidar. Desmontar falsos mitos y victimismos es evitar que se haga política con la Historia. Y leer este libro es un buen comienzo.

Keith Lowe es un historiador londinense, nacido en 1970, experto en la II Guerra Mundial. Es autor de Inferno: The Devastation of Hamburg, 1943.

Rosa Molina

La noche del cazador de Davis Grubb

La noche del cazador. Davis Grubb

Barcelona: Anagrama, 2000

¡Cuelga, cuelga, ahorcado! ¡Mirad lo que hizo el verdugo! ¡Cuelga, cuelga, ahorcado!

¡Cuelga, cuelga, ahorcado! ¡Mirad cómo se balancea el ladrón! ¡Cuelga, cuelga, ahorcado!

Mi canción ha terminado.

La canción suena una y otra vez cruelmente en Cresap’s Landing. Son los niños quienes la cantan y los niños son crueles. Los hijos de Ben Harper, John y Pearl, no la cantan. Ellos no pueden.

Ben Harper está desesperado. Quiere escapar de la miseria. Él y su familia. Roba un banco pero mata a dos personas. Es apresado, juzgado y ejecutado. Él es el ahorcado…Pero tiene un secreto del que solo son conocedores sus hijos. ¿Dónde ha escondido el dinero? Ellos lo saben pero han jurado no decirlo.

¡Óyeme, Ben! ¿Ves esta mano que alargo? ¿Ves las letras que hay tatuadas en ella?!Amor, Ben, amor! ¡Eso es lo que significan! Esta mano, mi mano derecha es Amor. ¡Pero espera, Ben! ¡Mira! Por la ventana entra suficiente luz de luna para que lo veas. ¡Mira, muchacho! ¡Mira mi mano izquierda! ¡Odio, Ben, odio! Ahí está la moraleja, muchacho. ¡Estas dos manos son el alma de cualquier ser humano! Odio y amor, Ben… Las dos manos están enfrentadas desde la cuna hasta la sepultura.

El Mal.

Su nombre era Harry Powell, pero todos lo llamaban Predicador.

Él también quiere saber dónde está el dinero. Ha conocido a Ben en la cárcel.  Ha intentado sonsacarle pero no lo ha conseguido. Un día, al salir de la cárcel, se presentará en Cresap’s Landing. Se inicia la lucha, amor frente a odio,  bien frente a mal.

La noche del cazador se desarrolla durante la Gran Depresión. Un ambiente cerrado, asfixiante, ahogado en prejuicios sociales y religiosos es el campo de batalla. Los contrincantes, dos eternos rivales, el bien y el mal. La eterna lucha. ¿Quién vencerá esta vez?.

¿Es una novela de aventuras, una novela realista, una novela negra?, puede que sea todo eso, que tenga características de todos esos géneros, pero es sobre todo un sueño.

Un sueño de terror.

La noche del cazador fue publicada en 1953 y pronto llevada al cine en una legendaria adaptación dirigida por el grandísimo Charles Laughton en 1955. Con guión de James Agee y del propio Laughton, el legendario actor británico consigue llevar a la pantalla esa atmosfera aterradora, onírica, mágica en ocasiones que aparece en la novela de Grubb. Robert Mitchum es la encarnación del Mal, su voz, su mirada. Lillian Gish, un árbol firme con ramas para muchos pájaros, llena de dulzura y amor, la del Bien.

¿Niños? Susurró el Predicador.

Esa palabra tan sencilla no nos abandona durante toda la película, durante toda la novela. Cada vez que la oímos o la leemos sentimos el miedo adentrarse en nuestro cuerpo. No es una palabra que pronuncia un hombre, no, la pronuncia la encarnación del mismisimo mal.

¿Niños?

Davis Grubb nació en la ciudad de Moundsville, West Virginia. Comenzó su carrera en la NBC como escritor de guiones. Posteriormente empezó a publicar relatos en diversas revistas. Fué con la noche del cazador con la que consiguió el éxito. Posteriormente escribiría más novelas y relatos cortos algunos de los cuales fueron llevados al cine y la televisión entre otros por Hitchcock

Aunque era vieja, parecía que para ella no pasaban los años, como les suele ocurrir a las campesinas viudas de carácter fuerte. Adusta y sincera, nunca daba su brazo a torcer y podía hacer frente a la vez a tres de los más duros y sagaces tratantes de ganado del condado de Pleasants y obtener todo el dinero que pensaba que valía su cerdo.

El Bien.

La noche del cazador en la Biblioteca Universitaria.

El canon occidental, de Harold Bloom


The Western Canon : the Books and School of the Ages.

New York: Harcourt Brace, 1994.

El canon occidental : la escuela y los libros de todas las épocas.

Barcelona: Anagrama, 1995.

Probablemente sólo Hamlet da pie a tan variadas interpretaciones como Don Quijote. Nadie de entre nosotros puede purgar a Hamlet de sus intérpretes románticos, y don Quijote ha inspirado escuelas de crítica romántica tan numerosas como contumaces, y también libros y ensayos que se oponen a una supuesta idealización del protagonista de Cervantes. Los románticos (yo incluido) ven a don Quijote como un héroe, no como un loco; se niegan a leer el libro principalmente como una sátira; y encuentran en el libro una actitud metafísica o visionaria en relación con el afán aventurero de don Quijote que hace que la influencia cervantina en Moby Dick parezca completamente natural. (p. 141)

 

En 2014 se cumple el vigésimo aniversario de la primera publicación de este polémico libro. Harold Bloom constató algo muy simple: la insuficiencia del tiempo de una vida humana individual para leer todos los buenos libros producidos. Hace falta, pues, seleccionar. Para ello el eminente crítico se propuso componer una lista -con Shakespeare como eje- que contrarrestara la perniciosa influencia de criterios ajenos a la pura estética que según él dominaban la crítica académica norteamericana en los años 90: el multiculturalismo y las políticas de discriminación positiva llevados a recomendaciones de lectura y planes de estudio. El caso es que Bloom ataca con tanta saña a cierta izquierda cultural papanatas que su mismo calibre grueso le acaba rebotando a la vista de cualquier lector perspicaz. Él ironiza sobre quienes diagnostican una intensa lucha de clases en la Norteamérica finisecular, pero si le creyéramos a pies juntillas habría también que imaginar a los Estados Unidos en plena revolución impulsada por una coalición mayoritaria de gramscianos, foucaultianos, afrocentristas y feministas montaraces.

Curiosamente, el canon de Bloom es generoso desde el punto de vista geográfico pues incluye parte del mundo cristiano ortodoxo oriental (Rusia) y también América Latina. Sin embargo, en cuanto a cronología este “Occidente” bloomiano arranca con Dante, o sea en la Baja Edad Media y el Renacimiento italiano. Por consiguiente ignora la gran cesura anterior acaecida con la restauración imperial carolingia así como las determinantes influencias árabes y bizantinas. ¿Rechazo deliberado de los manidos condicionamientos sociales? Puede ser, pero eso no explicaría entonces el uso de una periodización definida por lo social e inspirada en Vico:  “Edad aristocrática”, “Edad democrática”, etc. También es llamativo que el culto de Bloom por la pura estética espontánea no le impida salpimentar el libro de exabruptos e incluso de algún comentario xenófobo, en particular dirigido contra los franceses.

W. H. Auden creía que Kafka era el espíritu concreto de nuestra época. Ciertamente “kafkiano” ha adquirido un significado siniestro para muchos de entre nosotros, quizás se ha convertido en un término universal para lo que Freud denominaba “lo siniestro”, algo que nos es al mismo tiempo familiar y extraño. Desde una perspectiva puramente literaria, ésta es la época de Kafka, más incluso que la de Freud. Freud, siguiendo furtivamente a Shakespeare, nos ofreció el mapa de nuestra mente; Kafka nos insinuó que no esperáramos utilizarlo para salvarnos, ni siquiera de nosotros mismos. (p. 457)

Bueno, y después de todas estas objeciones: ¿vale la pena zamparse El canon occidental? Absolutamente sí. Su autor ofrece una erudición desbordante, una asombrosa capacidad de síntesis y un implacable instinto para separar el grano de la paja, o mejor aún: para detectar, explicar y relacionar entre sí  las obras más nutritivas, exentas de broza, geniales en suma. Tan solo el gran maestro hubiera mejorado en humildad y precisión titulando su libro “mi canon literario occidental”, que no sería poco ni mucho menos. Además, en los apéndices traspasa los propios límites de ese “Occidente” moderno ampliado, y añade un listado exhaustivo de autores y obras merecedores de atención desde la Antigüedad hasta el siglo XX excluyendo, eso sí, las literaturas en lenguas indígenas y las de Extremo Oriente.

El canon occidental en: Bibliotecas de la UPM.

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