Los extraños, Vicente Valero

Cubierta Los extrañosVicente Valero, Los extraños.

Editorial Periférica, 2014

Parafraseando a Tolstói “todas las familias tienen sus extraños”, esos parientes de los que sabemos poco, tenemos noticias dispersas, a los que hemos visto en una foto, de los que se cuentan anécdotas , algunos con vidas azarosa y que por distintas circunstancias permanecen alejados del devenir corriente de la familia. Esta premisa, de la que parte el libro de Vicente Valero fue lo que me empujó a comprarlo y leerlo. Y me ha encantado.

El libro es un conjunto de relatos en los que el narrador nos cuenta la historia de cuatro familiares suyos. A base de conversaciones, cartas encontradas, fotografías y recuerdos va reconstruyendo sus peculiares vidas. También visita alguno de los escenarios de esas vidas “extrañas”.

Cuando de lo que se trata es de reconstruir la vida de un extraño, por más o menos lejos que haya podido estar de uno, por más lazos de sangre que existan o de fidelidad que se hayan podido establecer con el tiempo, esta búsqueda debiera comenzar no en los recuerdos, pues pudiera ser que los recuerdaos ya no existieran o hubieran sido desdibujados, sino en las huellas, es decir, en las heridas y en las cicatrices que sí han permanecido.

 

Así conocemos al abuelo materno, un militar ingeniero destinado en en el cuartel de Cabo Juby (El Aaiún), que trabajó codo con codo con un piloto llamado Saint-Exupéry. También a su tío Alberto, jugador de ajedrez profesional que vivió muchos años en Argentina y del que conserva un pequeño tablero plegable. O a su tío abuelo Carlos Cervera, que se fue de la isla como seminarista y que colgó los hábitos para unirse a la compañía de Antonia Mercé, la Argentinita. También a su tío abuelo Ramón, hacia el que tanta admiración le transmitió su padre, comandante republicano apasionado por el naturismo y por la teosofía de Mario Roso de Luna, que murió en el exilio.

 

Familia Salaberry. 1910. Fuente: memoriademadrid
Foto: memoriademadrid

A este extraño, sin embargo, hay que observarlo una y otra vez desde los recuerdos ajenos hasta poder ver al fin en él al joven de veintiocho años que llegó a ser el día de su muerte. Al joven, en definitiva, que fue y ha continuado siendo siempre y que no dejará de ser nunca.

 

Y muy presente en todo el libro está la isla de Ibiza, de la que se van y a la que vuelven estos “extraños”, odiada y querida según las circunstancias.

Vicente Valero (Ibiza, 1963) ya tiene en su haber seis libros de poesía (el primero, "Jardín de la noche", de 1987; el último, "Días del bosque", de 2007, premio Loewe) y cinco ensayos (dos como editor). Ahora se estrena como novelista con "Los extraños" y por ello le han distinguido como “Nuevo talento Fnac”. También ha dirigido y coordinado el suplemento cultural “La Miranda” del Diario de Ibiza.

El libro es realmente estupendo, con una prosa rápida y sencilla. Se lee con mucho gusto. Se te hace corto. La próxima vez que miremos una foto antigua, desvaída donde aparece un hombre o mujer que tuvo algo que ver con nuestra familia quizás nos planteemos investigar cuál fue su historia y queramos conocer más de ese “extraño”.

 

Poemas y canciones, de Bertolt Brecht


Y el tiburón tiene dientes

y a la cara los enseña

y Mackie tiene un cuchillo

pero no hay quien se lo vea.

 

El tiburón, cuando ataca,

tinta en sangre sus aletas,

Mackie en cambio lleva guantes

para ocultar sus faenas.

 

Coplas de "Mackie Cuchillo"

 

¿Todavía Brecht? Tal vez más que nunca. De hecho el gran poeta del humanismo socialista ha conseguido empotrarse en la cultura popular contemporánea de tal forma que muchos de sus versos flotan en el imaginario literario cotidiano siendo inmediatamente reconocibles por el gran público, aún en ocasiones inconsciente de su autoría. ¿Quién no recuerda aquellos “malos tiempos para la lírica” glosados por Germán Coppini? ¿O las sabias líneas de La lista de lo necesario repetidos una y otra vez por anónimos urbanos de nuestro tiempo? Brecht llegó para quedarse, pues. Nos gusta imaginarle complacido –desde su propia ideología y desde su interés por las filosofías de Oriente- en haberse fundido al fin en la gran corriente creativa del pueblo, del género humano en suma.

Que llamara la atención del pop contemporáneo no es de extrañar.  Nada desdeñable es la aportación de Brecht a otras manifestaciones artísticas no literarias de la sociedad de masas. Esta emergía en el período de Entreguerras, justo cuando la producción del autor alemán cuajaba en cantidad y trascendencia. Con su colaboración con Kurz Weill, Brecht contribuyó al fortalecimiento de ese género tan arraigado en Alemania como es el cabaret, que incluso sobreviviría con ingenio y malicia en el Berlín stalinista, grisáceo y agobiante. Pero los coletazos de Mackie Cuchillo llegarían aún más lejos, hasta la Ópera do Malandro de Chico Buarque o el cómic barcelonés: el Makinavaja de Ivà.

Makinavaja (Ivà) - El JuevesLeed con tranquilidad estos versos y coplas –Gedichte, Hauspostille, Lieder-, sentidos a partir de la realidad humana más básica, implacables contra toda desfachatez. En español disponemos de una estupenda antología debida al trabajo de Jesús López Pacheco y Vicente Romano, reiteradamente publicada por Alianza en ediciones asequibles. A ella se han añadido hace poco 80 poemas y canciones, publicación de la interesante editorial argentina Adriana Hidalgo.

 

Entre otros lugares Bertolt Brecht también vive en: Bibliotecas de la UPM.

El fumador pasivo: Cuentos contemporáneos

Cubierta de El fumador pasivo, Daniel GascónEl fumador pasivo
Daniel Gascón
Xordica Editorial, 2005

El fumador pasivo es el título que Daniel Gascón, joven autor zaragozano (nacido en 1981), da a una recopilación de cinco relatos cortos, ninguno con ese nombre: La generación perdidaMudanza,Los extranjerosLara y las otras, y El abuelo. ¿Cuál es la razón entonces de este título tan sugerente? No tengo ni idea.

Claro que puestos a especular y después de disfrutar las curiosas experiencias que narra en sus relatos, uno tiene la sensación que el título podría aludir al efecto del entorno sobre cada uno de nosotros aunque no estemos necesariamente implicados, o quizás a los efectos secundarios de las experiencias ajenas (y propias).

Los cinco relatos están interconectados por el mismo protagonista al que podemos suponer el autor o una destilación del autor. En ningún caso se alude al carácter autobiográfico pero francamente se asume (con o sin razón).

El estilo es directo y certero, es capaz de evocar escenas con una enorme precisión y un número testimonial de adjetivos fundamentales. Es de un intimismo natural y cálido, a veces resulta muy divertido a pesar de narrar situaciones a ratos grotescas.

En La generación perdida nos introduce en su experiencia universitaria en Zaragoza, y el título parece dedicado a uno de los profesores al que describe anclado en una universidad en pleno proceso de transición. Es cercano, natural, divertido:

Todo lo que sabía era que el examen era fácil, que la asistencia no era obligatoria y que me faltaban seis créditos…

La descripción que realiza de su experiencia como Erasmus en la Universidad de East Anglia (UEA) es fantástica, va directamente al meollo de las vivencias multiculturales con estudiantiles de todo pelaje, condición y convicción. La vida anglosajona, de por sí particular, se vuelve alucinante cuando se reside en una especie de castillo postmoderno al estilo Blade Runner (como el mismo autor define), situado en mitad de una bucólica campiña inglesa. Esta ultra-condensada descripción es 100% exacta (conozco el entorno). Adjunto alguna foto que espero resulte adecuada, no concibo mejor corroboración.

Biblioteca de la Universidad de East Anglia, Norwich, Denys Lasdun

Daniel Gascón describe además sus (o los) cursos de escritura creativa y de literatura general que se ofrecían en la UEA, donde también impartía sus clases W.G. Sebald, profesor de culto en la UEA y autor reverenciado por muchos (a mí personalmente me impactó mucho su descripción de la Alemania de la inmediata postguerra). El protagonista no llega a conocer a Sebald debido a un curioso enredo previo al accidente mortal que acabó con la vida del autor (detalle verídico).

Norfolk Terrace en la Universidad de East Anglia, Norwich, Denys Lasdun

De vuelta a Zaragoza aparecen nuevos cuentos donde se mezclan la rareza del desarraigo y el localismo, y resulta hilarante su capacidad de conjugar los tintes antisistema de algunos de sus amigos y conocidos con las prácticas católicas más tradicionalistas.

Si todo lo anterior no fuera suficiente, asígneseme a mí la responsabilidad (que no la culpa); con seguridad hay matices que no habré sabido transmitir.

Por otra parte, la editorial Xordica (que no NØrdica) también me parece que merece una línea: libros sin trampa ni cartón, o libros con trampa y de cartón según su fundador Josep Raúl Usón. Curiosa mezcla de localismo aragonés y cosmopolitismo rural. Con un elenco de autores jóvenes muy interesante.

Técnicas de iluminación, Eloy Tizón

Cubierta de Técnicas de iluminación, Eloy TizónTécnicas de iluminación
Eloy Tizón
Madrid: Páginas de espuma, 2013

La literatura de Eloy Tizón es un gozo para los sentidos y este libro una nueva muestra de ello. Se ha hecho esperar siete largos años desde la publicación de Parpadeos. Se ha hecho esperar como todo lo bueno. Pero ha valido la pena, porque los diez cuentos incluidos en Técnicas de iluminación están dotados de una belleza extraordinaria.

Crea Eloy Tizón una prosa que es hallazgo permanente, luz, color, música. Muy plástica y sorpresiva. Y con ella levanta una voz rítmica, surrealista, extraña que genera ambientes emocionales en cuya densidad se tejen los escenarios, la progresión de los cuentos. La peripecia, la trama, es en mayor o menor medida una luz tenue supeditada al fulgor y al deslumbramiento del lenguaje.

Pinceladas de luz que salpican la oscuridad en que se mueven los personajes, siempre un poco náufragos o irremediables. En medio de este tejido lírico están colocados frente a circunstancias que dinamitan sus rutinas, resquebrajan el mapa de sus destinos. Desde ese fondo abisal del que parten (también nosotros al leer estamos en zona oscura, pues son muchos los detalles que el narrador deliberadamente nos escatima) los veremos esforzarse por alcanzar la superficie (en Merecía ser domingo una familia huye de la ciudad en busca de otra mejor forma de vida) o sumergirse en la contemplación de un momento mágico que no volverá a producirse (Alrededor de la boda); perder el control (en El cielo en casa una personalidad sensible y débil se ve sometida por otra tan magnética como brutal) o abrazar una filosofía nueva (el paseo como fin en sí mismo en Fotosíntesis); reconstruir un acto inconfesable ocurrido en el pasado para tratar de darle sentido y redimirse (Ciudad dormitorio) o aturdirse la memoria con más memoria con la esperanza de sufrir menos (Nautilus).

Cuentos que someten las reglas habituales del género para alumbrar una manera diferente de decir, labrada a semejanza de su autor, disfrutada y mimada hasta la última coma. Una fiesta de la palabra.

Eloy Tizón (Madrid, 1964) ha colaborado en medios literarios y ha dado clase en diferentes escuelas de escritura. Tiene publicadas hasta la fecha tres novelas: Seda salvaje (Anagrama, 1995), Labia (Anagrama, 2001) y La voz cantante (Anagrama, 2004); y tres libros de relatos: Velocidad de los jardines (Anagrama, 1992), Parpadeos (Anagrama, 2006) y Técnicas de iluminación (Páginas de Espuma, 2013).

Cine clásico en la UPM: Vacaciones en Roma. William Wyler. 1953

Cartel de Vacaciones en Roma

Vacaciones en Roma (Roman holiday). Estados Unidos, 1953 (113 minutos). Director: William Wyler. Intérpretes: Gregory Peck, Audrey Hepburn, Eddie Albert. Paramount Pictures.

Es sin duda una de mis películas favoritas. Se trata de la maravillosa “Vacaciones en Roma”, de William Wyler. Es lo que se denomina una “comedia romántica clásica”, género en el   que  el cine estadounidense ha sido (y sigue siendo) un maestro.

Una joven princesa cansada de los protocolos y obligaciones cortesanas  huye del palacio donde se aloja en Roma en visita oficial para visitar la ciudad de incógnito. Pasea sin rumbo por las calles y se encuentra con Joe Bradley, un periodista americano que,  viendo la posibilidad de una exclusiva para su periódico, finge desconocer la identidad de la princesa y  la acompaña galantemente por toda la ciudad. Se trata de Audrey Hepburn y Gregory Peck: palabras mayores. Y  lo que empezó siendo una aventura interesada acaba en…. (tendréis que verla para saberlo).

Escena de la película. Descubriendo a la princesa

La elegancia de la cámara de Wyler , que sigue a sus personajes como de lejos, y el guión de  John Dighton e Ian McLellan Hunter (sobrenombre utilizado por  Dalton Trumbo, por estar en la lista de la Comisión Warren de delitos antiamericanos)  hacen el resto.

Y que se puede decir de Audrey Hepburn y Gregory Peck, dos actores que hagan lo que hagan llenan la pantalla. Peck, en esta película ya era una estrella consagrada y en el cartel de la película su nombre tenía más importancia que el «presentando a Audrey Hepburn». Cuando acabó el rodaje, Peck llamó a su agente e hizo que le dieran la misma importancia a los dos nombres. Peck predijo que ella ganaría el Óscar, como efectivamente ocurrió. La película además se llevó otros dos Oscars: argumento original y vestuario.

Hay escenas que se quedan en la retina para siempre:  la visita a la “Bocca della Verità”, la escena en el embarcadero,  la vuelta por Roma en Vespa, la escena final….. Cada vez que la veo, contengo el aliento y espero, como hace  Gregory Peck,  que acabe la audiencia de la princesa con la prensa (quien la haya visto sabe de lo que hablo. Los que no, cuando la vean, lo entenderán). Como curiosidad decir que entre los periodistas que aparecen acreditándose hay uno del Abc  y otro de La Vanguardia.

Paseo en Vespa por Roma

Roma no podía salir más bonita. W. Wyler no quiso rodar en decorados sino en escenarios reales y retrata una ciudad preciosa, que se convierte en la tercera protagonista. Roma, en blanco y negro, de día y de noche.

Rotulo Via Margutta

Calle donde vive el periodista Joe Bradley

De verdad, si os gusta el cine y queréis disfrutar con una buena película, no dejéis de verla.

Ésta y otras películas de William Wyller en la Biblioteca UPM.

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