Barbara Pym. Un poco menos que ángeles

Barbara Pym. Un poco menos que ángeles. Gatopardo ediciones, 2018

Esta es la historia de los amores, trabajos y esperanzas de un grupo de jóvenes y no tan jóvenes , cuyo nexo de unión es la antropología.

Había demostrado valentía al desafiar los deseos de sus padres, que hubiesen preferido que hiciera carrera diplomática, y embarcarse en una profesión de la que nadie había oído hablar y que implicaba desplazarse a las zonas más remotas del Imperio, no para gobernar, sino para estudiar el modo de vida de los pueblos primitivos que las habitan

Tom Mallow es un apuesto antropólogo que acaba de llegar de uno de sus viajes a África y que vive con Catherine Oliphant, la cual se gana la vida escribiendo relatos y artículos para revistas femeninas. Su relación se tambalea cuando él comienza a tontear con una estudiante de antropología de 19 años, Deirdre Swann. Ésto llevará a Catherine a interesarse, a su vez, por el solitario antropólogo Alaric Lydgate. Mark Penfold y Digby Fox, amigos y compañeros de Deirdre,  son dos estudiantes que comparten piso y penurias para poder seguir con sus estudios de antropología. 

Me pregunto si podríamos encontrar a alguien que nos cuidase a nosotros, especuló Digby. Tal vez si pusiéramos un anuncio en alguna de las revistas académicas: "Dos antropólogos jóvenes y afables de veintipocos años buscan mujer comprensiva de menos de treinta y cinco con ingresos personales fijos. Finalidad: subsistencia.

El punto de encuentro de este variopinto grupo es la biblioteca del centro de investigación creado y financiado por la señora Foresight gracias a la intervención y saber hacer de Felix Byron Mainwaring, uno de los profesores de antropología más veteranos, que ahora vivía jubilado en el campo. Al frente de la misma está la bibliotecaria Esther Clovis, un puntal en la institución.

Una tesis tiene que ser larga. El objetivo, ya ves, consiste en aburrir y dejar estupefactos a los miembros del tribunal, hasta tal punto que tengan que aceptarla: sólo se corre el riesgo de suspender si la tesis es lo bastante corta como para que se la lean de un tirón, palabra por palabra.

Siempre con mucha ironía y sentido del humor Barbara Pym nos muestra un amplio abanico de personajes y las relaciones que se establecen entre ellos. El amor, la amistad, los sueños, los celos amorosos y profesionales son algunos de los temas que afloran en esta historia. 

Hay muchas mujeres en este libro y uno de los mejores personajes es el de Catherine Oliphant, una mujer autosuficiente, independiente y que no necesita el matrimonio para reafirmarse.

“Yo no soy una de esas mujeres excelentes que pueden simplemente quedarse en casa, comerse un huevo cocido, prepararse una taza de té y estar espléndidas, pensó, ¡pero, qué bien le vendría serlo! Pensó con nostalgia en sí misma de ese modo”.

La acción se desarrolla en Londres en los años cincuenta (la novela se publicó en 1955), lo que nos permite ver pinceladas de la sociedad en ese momento y en ella se vislumbra el cambio que se estaba produciendo respecto a la mujer en la sociedad inglesa de esos años. 

– Sí, es verdad, uno tiende a olvidarse de que las mujeres ahora se consideran nuestras iguales. Es sólo que de vez en cuando uno recuerda que los hombres fueron en su momento el sexo fuerte, reconoció Digby con tristeza.

 

Las señoritas llevan cada una el suyo… Eso es buena señal. No me vería inclinado a ofrecer una beca de investigación a una dama que esperase que el hombre cargase con sus bultos. En mis años de juventud era distinto, por supuesto; las cosas han cambiado muchísimo desde entonces.

Y sin querer hacer spoiler diré que la novela tiene un final sorprendente.

Barbara Pym (1913-1980) nació en Oswestry, Shropshire. Se licenció en literatura inglesa en St. Hilda’s College, en Oxford. En la Segunda Guerra Mundial prestó servicio en el Cuerpo Auxiliar Femenino de la Armada británica. Posteriormente trabajó en el International African Institute de Londres, lo cual le sirvió sin duda de cantera de experiencias para escribir Un poco menos que ángeles. A lo largo de su vida escribió varias novelas, entre las que destacan Mujeres excelentes (1952), Jane y Prudence (1953), Los hombres de Wilmet (1958), Amor no correspondido (1961), Murió la dulce paloma (1978) y A Few Green Leaves (1980). Tras su muerte, en 1980, se publicó su diario, A Very Private Eye (1985).

Y si os gustan las historias de antropólogos os recomendamos también el libro de Nigel Barley, El antropólogo inocente, que reseñamos en NST. 

La aventura equinoccial de Lope de Aguirre, Ramón J. Sender

  La aventura equinoccial de Lope de Aguirre

  Ramón J. Sender

  Bruguera

 

Los indios motilones trajeron a otros indios llamados brasiles, quienes hablaban a Ursúa de pueblos construidos con losas de plata y del gran lago donde se bañaba cada día el rey de aquel país para ser después ungido y su piel cubierta de láminas o de polvo de oro. Era servido aquel rey por esclavos vestidos de igual manera. Pero de lo que nadie hablaba era del lugar exacto donde el Dorado –así llamaban a aquel príncipe—reinaba.

En el año 1560 desde las tierras del Perú partió una expedición, una más, en busca de esa tierra  mítica, de esa tierra de provisión que llevaría a todos sus integrantes a la riqueza y a la abundancia. Todas las penalidades que padecieran serían bienvenidas si se llegaba a ese paraíso, a ese maná que borraría de sus vidas las amarguras y sufrimientos pasados.

Y así, cientos de soldados, aventureros, con gran experiencia en campaña pero muchos de ellos de una moral muy dudosa, se embarcan en ese negocio. Al mando de todos ellos, Pedro de Ursúa. Y de entre ellos destaca uno de los más veteranos, Lope de Aguirre. Veterano en experiencia y en edad. Amado por algunos, temido por la mayoría. Es Aguirre, el Loco.

El resentimiento era contra Ursúa nada más. Pero el de Lope era contra los hombres todos, contra el cielo y la tierra, contra el rey y contra Dios. Los otros se daban cuenta de que algo fatídico y sombrío dominaba en la voluntad de Lope, pero no sabían qué. Ya no llamaban a Aguirre el loco, porque veían que no era la razón lo que le faltaba, sino todo lo demás. Le faltaba todo en el mundo menos la razón. Y él quería apoderarse, con su razón, de todo lo que le faltaba.

Y de esta manera, Lope, se va apoderando poco a poco de una expedición que ya desde el primer momento estaba condenada al fracaso gracias a la pobre e ineficaz dirección de Ursúa. Lope maniobra en la sombra, intriga, atiende a las debilidades de los demás y se aprovecha de ellas. Difunde rumores, medias verdades. Se apodera de voluntades y de quien no la consigue, simplemente lo elimina. A ello ayuda el clima asfixiante, ponzoñoso de la selva indomable que domeña las mentes y los cuerpos, el hambre siempre presente, llevándolos al final a un  trágico desenlace que en realidad todos intuyen.

Como siempre, Lope era de los que menos sufría con el hambre, porque, aunque hubiera víveres sobrados, no comía casi nunca. Lo mantenía el instinto de reivindicación y de venganza. Iba y venía por el campo día y noche y lo veía todo y estaba en todas partes.

En 1972 Werner Herzog llevo a la pantalla la epopeya del Dorado con Klaus Kinski transmutado en Aguirre o quizás Aguirre reencarnado en Kinski.

Carlos Saura hizo su versión también en 1988 con Omero Antonutti como protagonista.

Ramón J. Sender nació en Chalamera, Huesca en 1901 y murió en San Diego, California en 1982.

 

Sender en la Biblioteca Universitaria UPM

 

Ayer no más, Andrés Trapiello

Cubierta de Ayer no más, Andrés Trapiello Ayer no más. Andrés Trapiello

Destino

Un acontecimiento del pasado capaz de cambiar el presente, un crimen de la Guerra Civil que va a conllevar un giro crucial en la vida de un profesor de Historia. Una trama que se desencadena como algo inevitable.

Pienso a menudo que he vuelto a León buscando un resorte, la puerta de acceso de un enigma

Un hijo marcado por un padre atormentado por su pasado, con un capítulo que cerrar en su vida: el de comprender a su padre.

Pensar sobre mi padre me paraliza… pensar de él únicamente cosas buenas y conservarlas en la memoria como la hoja de un árbol entre las páginas de un libro, aunque sepa que ese recuerdo lo encontraré algún día, al abrir el libro de mi vida, roto, seco, espectral como el ala de una mosca

Unos hechos que acaban atrapándole en una vorágine convirtiéndolo en el ojo de un huracán mediático. Una historia que le ahoga y le aprisiona, que le obsesiona como nunca nada lo ha hecho en su vida, un ansia de saber, de conocer la verdad del pasado, de su vida, de sus sentimientos.

Lo mío seguramente sigue siendo la Historia…que chapotea en el fondo de unos hechos en el que mis pies se hunden cada vez que quiere atravesarlos y dejarlos atrás

Toparse con el hecho que en ocasiones la búsqueda de la verdad es una búsqueda baldía.

Su historia es la de su desdicha y tal vez logre hablarnos de ella como le hablamos al río al que decimos toda la verdad como a un extraño porque ha de llevársela lejos, a la mar…

Una historia que conmueve y remueve el alma, donde la lucha por olvidar el pasado es más fuerte que la verdad de unos hechos borrados de la memoria por el paso del tiempo y la necesidad de olvidar y seguir viviendo.

Andrés Trapiello en la Biblioteca Universitaria UPM

Rocío Morcillo López

Paolo Cognetti. Las ocho montañas.

Paolo Cognetti. Las ocho montañas. Barcelona: Random House, 2018

Fue un anciano nepalí, tiempo después, el que me habló de las ocho montañas…

– Nosotros decimos que en el centro del mundo hay un monte altísimo, el Sumeru. Alrededor del Sumeru hay ocho montañas y ocho mares. Ese es el mundo para nosotros …

-Y decimos: ¿habrá aprendido más quien ha recorrido las ocho montañas o quien ha llegado a la cumbre del monte Sumeru?

Este es un libro que habla de la amistad, de una amistad de la infancia que perdura a través de los años y de las interrupciones.

La historia nos la cuenta Pietro, un chico de ciudad que vive en Milán con sus padres pero que descubre la vida en un pueblo y en la montaña cuando sus padres alquilan una casita en Grana, en el Piamonte. Allí conocerá a Bruno, que vive en el pueblo con su madre y se encarga de cuidar las vacas de su tío.

La amistad se va afianzando entre ellos y se mantiene a pesar de los bandazos personales de cada uno. Pietro es el nómada, el que va y viene, y Bruno es el sedentario, el que se queda en el pueblo.

Bruno esperaba ese día con mi misma ansiedad. Solo que yo me marchaba y regresaba, él se quedaba: creo que permanecía observando las curvas de la carretera desde algún punto, porque me venía a buscar apenas una hora después de nuestra llegada.¡“Berio”!, gritaba desde el patio. Era el nombre con el que me había rebautizado. ¡”Sal, venga!”, decía sin siquiera saludarme, como si acabásemos de vernos el día anterior. Y era verdad: los últimos meses se borraban de golpe y nuestra amistad parecía vivir un único e infinito verano.

También es un libro que habla de las relaciones familiares, de Pietro con su madre, una mujer cariñosa y sociable y sobre todo de la relación con su padre, un hombre difícil, bastante introvertido en su vida en la ciudad pero que se transforma cuando sube a la montaña. El padre quiere contagiar su pasión por la montaña a su hijo pero la relación entre ambos es compleja y no hay complicidad. El padre se toma los ascensos como una competición y esto hace que Pietro vea las excursiones juntos como un martirio.

Con los años, Pietro aprenderá a querer a ese padre un tanto extraño y poco a poco se contagiará de su amor por las montañas aunque ya sea tarde para compartir este sentimiento. A su muerte, el padre le deja en herencia un solar con una cabaña medio derruida al pie de la montaña. Reconstruyendo esta casa con su amigo Bruno, Pietro va reconstruyendo la memoria de su padre.

Y por fin comprendía que había tenido dos padres: el primero era el extraño con el que había vivido veinte años, en la ciudad, y roto los puentes otros diez; el segundo era el padre de la montaña, el que apenas había intuido y sin embargo conocido mejor, el hombre que iba detrás de mí en los senderos, el amante de los glaciares. Este otro padre me había dejado una ruina para que la reconstruyera. Entonces decidí olvidar al primero y hacer el trabajo para recordarlo a él.

Como dice su autor, la novela no es exactamente autobiográfica pero sí se basa en muchos recuerdos de su propia vida. Él, como Pietro, vivía en Milán y era un chico de ciudad, sufriendo el encierro del invierno en casa y los dos meses de verano en el pueblo eran una experiencia liberadora.

En la actualidad Paolo Cognetti (Milán, 1978- ) tiene una casa en el valle de Aosta donde pasa seis meses al año, de mayo, con la última nieve de la estación del deshielo, hasta octubre o noviembre. La casa la construyó su amigo Remigio, en quien se inspiró para el Bruno de su novela.

Es un libro que fluye, que se lee de un tirón y que describe muy bien esa pasión por las montañas, por la soledad que se vive en ellas y por la amistad, por los buenos amigos.

Las ocho montañas ha sido ganadora del Premio Strega 2017.

Paolo Cognetti en la Biblioteca UPM

Vida e insólitas aventuras del soldado Iván Chonkin, Vladímir Voinóvich

Vida e insólitas aventuras del soldado Iván Chonkin.

Vladímir Voinóvich

Libros del Asteroide.

 

Los primeros en llegar, como se pude imaginar, fueron los pilluelos. Tras ellos llegaron, afanadas, las mujeres, algunas con niños, otras embarazadas, y muchas de ellas a un tiempo embarazadas y con niños. Hasta se podía ver alguna con un rapaz aferrado a los bajos del vestido,  otro cogido de la mano, un tercero acunado en el brazo opuesto y un cuarto en el vientre, haciendo tiempo.

Todos ellos acudían a un campo de patatas. El motivo,  un avión, uno del Ejército Rojo que ha tenido que hacer un aterrizaje forzoso por una avería. Los habitantes de la remota aldea de Krásnoie no dan crédito y se encuentran entre sorprendidos y expectantes ante ese insólito  hecho que ha interrumpido sus sencillas vidas. Las autoridades deciden actuar y mientras esperan que el avión se pueda reparar, necesitan que alguien vigile el aparato. Quién puede ser el encargado de vigilar el avión, de realizar tan importante misión, solo uno…Iván Chonkin.

Los pensamientos de Chonkin eran de naturaleza varia. Una atenta observación de la vida y de las leyes que la gobierna le había enseñado que en verano, de ordinario, hace calor, mientras que en invierno, hace frio. “Pero – se decía – imaginemos que fuese a la inversa: que hiciera frio en verano y calor en invierno. En tal caso, el invierno se llamaría verano, y el verano,  invierno” A su cabeza acudió un segundo pensamiento todavía más interesante  y sustancial, pero en el acto mismo olvidó de que se trataba, y no consiguió recuperarlo por más esfuerzos que hizo. Y buscar ese pensamiento perdido era mortificante.

Chonkin, con raciones para una semana, pronto es olvidado por sus superiores y con el transcurso del tiempo se convertirá en un habitante más y junto con Niura, el Hombros, Gólubiev , Gladishov y otros personajes pintorescos, incluido el jabalí Borka,  protagonizarán absurdos episodios en la vida cotidiana  de esa remota y olvidada aldea de la  Rusia rural. Episodios llenos de humor, divertidisimo el episodio del sueño con el jabali Borka transmutado en  humano, y que ponen al descubierto lo absurdo de un sistema basado en el control sistemático de la vida de las personas ¿dónde se habrá visto que la gente dé en reunirse por propia iniciativa, sin control alguno por parte de las autoridades?, del temor constante a la delación, a la palabra o el comportamiento inapropiado, poco revolucionario, a la sospecha continua. De una burocracia asfixiante e irracional que todo lo impregna y entorpece el desarrollo de las cosas. Episodios  que delatan otra vida, triste y gris muy alejada de la  mostrada la propaganda oficial.

Humor, sátira, son los elementos esenciales de esta novela que fue prohibida en la Unión Soviética y que no hasta la llegada de Gorbachov se pudo editar en Rusia y que hicieron que Vladimir Voinovich terminase siendo un escritor proscrito y expulsado al final incluso de su propio país.

Vladimir Voinóvich nació en 1932 en la República Socialista Soviética de Tayikistán y murió en 2018 en Moscú.

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