La flecha del tiempo. Martin Amis

Cubierta de La flecha del tiempo. Martin Amis

La flecha del tiempo. Martin Amis

Tit. Original: Times’s arrow or the nature of the offence

Anagrama, 1991

 

“Desperté del más negro sueño y me encontré rodeado de médicos…”

El genial Quino, padre de Mafalda, siempre ha creído que la vida debería ser al revés: empezar muriendo y acabar en un feliz orgasmo.

Este es el planteamiento vital de Martin Amis (Swansea, Reino Unido, 1949) en “La flecha del tiempo”, expresión que se refiere a la dirección que éste toma y que discurre sin interrupción desde el pasado hasta el futuro pasando por el presente.

El fin de la muerte del personaje principal, Tod T. Friendly, es, a la vez, el nacimiento del narrador, su conciencia interna, que hace un relato lineal de su vida pero con el paso cambiado, marcha atrás.

Esto hace que la vida del protagonista, que aparece a lo largo de la obra con diferentes nombres e identidades, se vuelva totalmente ilógica en este mundo al revés: abandona a su pareja cuando más la quiere, se saca la comida de la boca y la devuelve al plato, se despierta yendo a dormir, los excrementos vuelven a su cuerpo…

Tras esta historia que involuciona se esconde un secreto acerca de la vida de Tod que va tomando forma a medida que rejuvenece y que da la clave de su devenir y sentido a la narración. Por supuesto, mi boca está sellada porque se trata de hacer una reseña, no un “spoiler”. Quien quiera despejar el misterio tendrá que leer el libro hasta el final.

No se puede decir que “La flecha del tiempo” sea una lectura para pasar el Fotografía de Martin Amisrato. Se trata de una obra compleja, que exige una relectura constante y que, con la historia de Europa Occidental del S. XX de telón de fondo, narra una historia cruel , satírica y con momentos cómicos que la convierten en una tragicomedia.

La lectura del revés, por otra parte, resulta estimulante y supone un buen ejercicio mental. ¿Un truquito?: prueba a leer los diálogos de fin a principio. Te resultará mucho más fácil.

 

“… ¿Cuáles son las fechas de la Primera Guerra Mundial?

De acuerdo – dice el paciente, enderezándose en su asiento.

Ahora voy a hacerle unas cuantas preguntas.

No

¿Duerme usted bien? ¿Tiene algún problema digestivo?

Cumpliré 81 en enero.

Y tiene usted… ¿qué edad tiene?

Tiene su gracia, ¿no?

 

Martin Amis en la Biblioteca Universitaria UPM

Chiruca Casado

Hombres buenos. Arturo Pérez-Reverte

Cubierta de Hombres buenos, Arturo Pérez ReverteHombres buenos
Arturo Pérez-Reverte
[Barcelona] : Alfaguara, 2015

En busca de la enciclopedia prohibida

Reunido en su sede de la Casa del Tesoro y obtenidos los necesarios permisos del Rey Nuestro Señor y de la Autoridad Eclesiástica, el pleno de la Real Academia Española aprueba por mayoría designar entre los señores académicos a dos hombres buenos que, provistos de los correspondientes viáticos para transporte y subsistencia, viajen a París para adquirir la obra completa conocida como ‘Encyclopédie, ou dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers’, y la traigan a la Academia para que, en su biblioteca, quede en disposición de libre consulta y lectura para los miembros de número de esta institución.

Arturo Pérez-Reverte (2016), “Hombres buenos”.

Portada del primer tomo de la primera edición de la “Encyclopédie”. Fuente: Wikimedia Commons (http://minilink.es/442y).

Portada del primer tomo de la primera edición de la “Encyclopédie”. Fuente: Wikimedia Commons (http://minilink.es/442y).

Nos hallamos en 1781, año en el que la famosa “Encyclopédie”, monumental compendio del saber ilustrado, sigue prohibida en España. Ante semejante panorama, la Real Academia de la Lengua, que considera esta obra imprescindible, decide enviar a dos de sus miembros a París para que la adquieran allí. Los elegidos serán don Pedro Zárate (alias el “Almirante”) y el bibliotecario don Hermógenes Molina (don Hermes para los amigos).

Sexagenarios ambos, los encargados de traer las luces de la razón a nuestro país no pueden ser más distintos. Así, mientras que el elegante don Pedro es un hombre adusto y escéptico, don Hermes es religioso, bonachón y desaliñado. Sin embargo, la buena educación y el respeto que se profesan mutuamente harán que, desde el primer momento, los dos caballeros convivan en harmonía.

Ignorantes de que sobre ellos planea la sombra de un peligroso complot que pretende evitar a toda costa que la “Encyclopédie” llegue a España, don Pedro y don Hermes parten hacia Francia. Su esforzada empresa les llevará a enfrentarse a saboteadores, bandoleros, funcionarios corruptos, matasanos y amantes despechados. Pero también, les deparará la oportunidad de participar en la vida social y cultural del fascinante París prerrevolucionario y, sobre todo, de conocer tanto a famosos ilustrados como a personajes interesantes, pintorescos y hasta seductores.

Complejo ejercicio metaliterario que conjuga hábilmente realidad y ficción, “Hombres buenos” tiene su origen en la investigación que Pérez-Reverte inició al descubrir que la “Encyclopédie” atesorada por la RAE llegó allí cuando todavía estaba prohibida en nuestro país. Investigación que es rigurosamente detallada por el supuesto autor del libro. Un académico de la Lengua, anónimo y bibliófilo, creador de dos personajes a los que se termina cogiendo cariño. Dos eruditos, auténticos adalides del diálogo respetuoso y de la educación y la cultura, que, tras mil peripecias, terminan unidos por una inquebrantable amistad.

Arturo Pérez-Reverte en la Biblioteca UPM

Tus pasos en la escalera. Antonio Muñoz Molina

Cubierta de Tus pasos en la escalera, Antonio Muñoz Molina

Tus pasos en la escalera
Antonio Muñoz Molina
Barcelona: Seix Barral, 2019



Antonio Muñoz-Molina pasea o desliza su afilada mirada en Lisboa, la ciudad de las siete colinas, y más concretamente, en un barrio apartado casi del mundo en el que se desarrolla la aparente inacción de la novela. Porque todo lo que se trasluce de estas páginas es el resultado de una lenta espera que soporta un hombre hasta la llegada de su esposa combinado con recurrentes flashbacks sobre su pasado y también sobre un imaginado e ilusionante futuro en común.

Comienza la historia con esta frase tan compleja como reveladora:

Me he instalado en esta ciudad para esperar en ella el fin del mundo.


Intimista, con un punto de suspense psicológico y tremendamente humana, el autor se pierde en los sorprendentes recovecos de la memoria y el deseo. La necesidad de la soledad y la búsqueda de un espacio concreto personal son otros de los protagonistas de unas páginas que rezuman un elocuente y apasionado amor hacia una ciudad mágica y que ha formado y forma parte de la vida del escritor. El otro invitado sería el miedo o la fragilidad, un sentimiento de desamparo global que azota cada vez más los cimientos de un mundo que parece probable a descomponerse en cualquier momento y en cualquier lugar.

Antonio Muñoz Molina es un extraordinario escritor, académico de número de la Real Academia Española y  galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. En 2012 donó a la Biblioteca Nacional una parte de sus escritos, como, por ejemplo, cuadernos de notas tomadas de libros y periódicos, borradores de novelas, poema de juventud y una obra inédita de teatro escrita en 1974.

Antonio Muñoz Molina en la Biblioteca UPM

Blanca Laffitte Lasarte

El gran Gatsby / Francis Scott Fitzgerald

El gran Gatsby. Traducción de José Luis López Muñoz. Debolsillo, 2015-
The Great Gatsby. Penguin Classics, 2010.

– La civilización se está desmoronando – estalló Tom-. No puedo evitar ser pesimista. ¿Has leído La aparición de los imperios negros, por un tal Goddard?

– No, ¿por qué? -respondí, bastante sorprendido por su tono.

– Bueno, es un libro excelente, y debería leerlo todo el mundo. La idea es que, si no tenemos cuidado, la raza blanca se verá…, quedará completamente desbordada. Se trata de argumentos científicos; cosas que están probadas. (p. 23)

En principio una historia aparentemente trivial sobre millonarios americanos de los años 20, y además algún remoto recuerdo sobre otra obra de Fitzgerald que en su día debió dejarme bastante frío, de modo que: ¿qué hacía yo leyendo esto? Y sin embargo el libro tiene algo magnético, no se deja abandonar. Cuesta cogerle el punto a lo largo de una primera parte un tanto zigzagueante pero necesaria para crear un clima, hasta que el planteamiento se aclara y queda desplegada una estructura básica de personajes: Nick, Jordan, Tom, Daisy, Jay Gatsby.

Es un libro de redacción depurada, buenos diálogos y riqueza léxica, muy sensitivo, que apela a los sentidos, muy visual por los colores, las atmósferas, el papel de la temperatura, como resortes de las conciencias y las actitudes de los personajes. Y a la vez, respira un sentimiento de tiempo detenido, de implacabilidad, tal vez de predestinación teñida de melancolía en la que algunos críticos han querido ver una especie de elegía sobre el “sueño americano”. No alcanzo a tanto, pero confieso que en algunos aspectos me ha recordado una historia igualmente “impasible”: El extranjero, de Albert Camus. Otra comparación que me asaltó fue con La montaña mágica, de Thomas Mann: una novela larga, centroeuropea, que se desarrolla en alta montaña antes de la Gran Guerra y explota al máximo la psicología y sensibilidad de los personajes; mientras El gran Gatsby es corta, americana, ocurre tras el final de dicha Gran Guerra a orillas del mar y en un área metropolitana, y penetra en la mente de los protagonistas pero de un modo más bien contenido, distante.

Hasta cierto punto El gran Gatsby participa a la vez del carácter de clásico contemplado como modelo literario, y de novela popular de amplia difusión y abundantes reediciones, impulsadas sin duda por efecto de sus adaptaciones cinematográficas. Hay mucha polémica sobre estas películas. Probablemente la que más catapultó la obra en su día a escala global, fue la de 1974 dirigida por Jack Clayton. Me parece muy significativa por la época de su realización pues aquellos años 60 y primeros 70, de explosión pop, dejaban notar aún el rescoldo estético del periodo de entreguerras reflejado en la novela. La banda sonora es selecta, y Mia Farrow ha dejado una peculiar y espectacular recreación de Daisy.

No olvidemos que la obra tiene un alto valor testimonial sobre el lugar y la época, y cabe sobre ella el análisis social en perspectivas diversas: regional interna de los Estados Unidos, de clase y de género. Un último apunte sobre el título y su relativa intraducibilidad total al castellano. Great es grande, importante, pero también estupendo, magnífico en sentido cualitativo. Solo tenéis un modo de comprobarlo: leyéndolo. Así que adelante.

–          Mi prima tiene una voz indiscreta –hice notar-. Una voz llena de …- Dudé un momento.
–          Una voz llena de dinero –dijo Gatsby de repente. (p. 126)

Francis Scott Fitzgerald en: Biblioteca UPM.

Louisa May Alcott. Fruitlands. Una experiencia trascendental.

Louisa May Alcott. Fruitlands. Una experiencia trascendental. Editorial Impedimenta, 2019.

Este es un pequeño libro, muy curioso, en el que Louisa May Alcott (sí, la autora de Mujercitas) cuenta su experiencia cuando en 1843 vivió con su familia en la comunidad de Fruitlands, un refugio utópico y trascendentalista en una granja próxima a la ciudad de Harvard, Massachusetts cuando ella contaba con 11 años de edad. Allí planearon vivir con otros “hermanos”, apartados del resto de la sociedad, alimentándose de la tierra y siguiendo los principios de la belleza, la virtud, la justicia y el amor, en su búsqueda de una existencia perfectamente armonizada con su entorno y las demás criaturas de Dios y con unos principios que ahora denominaríamos veganos:

Nos abstendremos de consumir azúcar, melaza, leche, mantequilla, queso o carne, pues no admitiremos nada que haya causado perjuicio o muerte a los hombres o a las bestias.

Con mucho sentido del humor nos cuenta la llegada de su familia al “paraíso”:

Este Edén del futuro consistía, de momento, en una vieja casa de labranza de color roja, un establo desvencijado, muchos acres de pradera y un bosquecillo. Por ahora, diez manzanos antiquísimos constituían la única fuente de “castas vituallas” que el paraje podía proveer. Pese a todo, inspirados por la firme creencia de que pronto emanarían exuberantes huertas de sus íntimas conciencias, estos rubicundos fundadores habían dado en bautizar sus dominios con el nombre de Fruitlands

Muy buenas intenciones pero muy poco sentido pragmático es lo que había en estos venerables hermanos:

La cuadrilla de hermanos empezó usando palas para cavar en el jardín y roturar los labrantíos, pero, al cabo de unos cuantos días, su ardor se vería mermado de forma asombrosa. Las ampollas en las manos y los dolores de espalda les hicieron intuir la pertinencia del uso del ganado, al menos temporalmente.

La hermana Hope (la señora Alcott real) asiste resignada a los desvaríos filosóficos de su marido y demás a sabiendas que, sin duda, ella tendría que hacer la mayoría de las tareas físicas y prácticas de la comunidad que sus hermanos dejaban de hacer, porque, al estar ocupados disertando y definiendo obligaciones de gran envergadura, se olvidaban de despachar las más modestas.

Ante la pregunta de “¿Hay alguna bestia de carga en la casa?” la señora Lamb respondía, con una cara que era un poema, “¡Solamente una mujer!”

La experiencia en Fruitland fue breve, menos de un año, de junio a diciembre de 1843. Les pudo el crudo invierno de Nueva Inglaterra y la absoluta incapacidad de sus ilustres miembros para afrontar las cosas prácticas y triviales de la vida en el campo.

Edición muy cuidada, como todas las de Impedimenta, con interesante introducción de Julia García Felipe y un posfacio de Pilar Ardón.

Louisa May Alcott nació en Germantown, Pensilvania, en 1832. Su padre, Amos Bronson Alcott, pedagogo, escritor y filósofo miembro del movimiento de los trascendentalistas, educó a Louisa May y a sus tres hermanas.  

Debido a la incapacidad del padre para mantener un trabajo fijo la familia Alcott vivió siempre en unas condiciones económicas inestables y de continuas mudanzas. Por ello, Louisa May empezó a trabajar muy joven, ya fuera como maestra, costurera, institutriz, criada o escritora. El verdadero éxito le llegó con la publicación de la novela autobiográfica Mujercitas (1868), una obra que escribió por encargo de su editor y en la que se aprecia uno de los temas más importantes para ella: la educación de las mujeres durante la juventud (muy recomendable la edición íntegra e ilustrada que publicó Lumen en 2014) .

Durante toda su vida, Alcott fue una entregada defensora de los derechos de la mujer, abogando en sus ensayos por el derecho al voto, y también apoyando la causa abolicionista. Pasó sus últimos años de vida en Boston, Massachusetts, donde murió en 1888, días después del fallecimiento de su padre.

Louisa May Alcott en la UPM

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