Los surcos del azar. Paco Roca

Paco Roca: Los surcos del azar.
Ed. ampliada. Bilbao: Astiberri, 2019.

– Hay una película que me gusta mucho, “Los violentos de Kelly”. Pensaba hacer algo así, pero con los republicanos españoles. ¿Conoce la película?

– No soporto las películas americanas de guerra. Parece que ellos solos la ganaran. ¡Eso es mentira! (p. 118)

Es muy probable que mi primer contacto visual y mental con La Nueve se remonte a algunos fotogramas de ¿Arde París? (René Clément, 1966), una adaptación cinematográfica de la novela homónima de Larry Collins y Dominique Lapierre, que debió estrenarse en España a finales del franquismo o como muy tarde principios de la Transición, y en cualquier caso cuando la oleada de cine bélico aliadófilo era ya imparable frente a la menguante retórica falangista sobre la Segunda Guerra Mundial. Siquiera unas pocas imágenes de blindados con nombres españoles enseñoreándose de los grandes escenarios urbanos de París y a la zaga de unas fuerzas nazis puestas en fuga, no pueden dejar indiferente a nadie con un mínimo sentido de la Historia. Aquello no podía ser un acontecimiento cualquiera de modo que ¿cómo no estaba más presente en el imaginario público español de mediados de siglo?

Buena pregunta para seguir alimentando el eterno debate sobre qué prevalece como causa de la Historia: si los condicionamientos previos o el peso de la suerte. Entra en escena don Antonio Machado, causante parcial de un cómic del siglo XXI, con sus Proverbios y Cantares (Campos de Castilla, 1912):

¿Para qué llamar caminos

a los surcos del azar?…

todo el que camina anda,

como Jesús, sobre el mar.

Los surcos de 2013 –fecha de su primera edición- arrancan con un personaje aún joven en búsqueda de una realidad velada –públicamente ninguneada-, pero atesorada por un anciano. Un esquema habitual para la Historia oral contemporánea, y que no es nuevo en ficción: recordemos Soldados de Salamina, de Javier Cercas llevada al cine por David Trueba y tan emparentada con Los surcos. No importa, cada uno aporta lo suyo para un asunto inagotable al que la evolución social, cultural y política española de los últimos ochenta años no ha dejado muchas otras vías de abordaje -investigación académica aparte- que la memoria de individuos anónimos y dispersos.

Sin embargo, no se encontrará en Los surcos una épica facilona y complaciente. Uno de sus grandes logros es mostrar a todas luces la complejidad política interna del conflicto mundial -muy evidente en el caso francés- más allá de los clichés sobre potencias de ideología homogénea, popularizados por la propaganda y buena parte del cine postbélico. A pequeña escala, los personajes se ven zarandeados por las circunstancias, separaciones, casualidades, convivencias sobrevenidas y desgarros interiores, en un contexto de violencia descomunal. De hecho los alineamientos iniciales de los protagonistas, fraguados en la pasada contienda española y cada uno con sus peculiaridades, van matizándose a medida que avanza su experiencia en el nuevo conflicto y bajo el peso aplastante de la incertidumbre sobre su futuro.

El libro desborda intensidad, con un guion depurado, muy buena documentación y escenografía seductora viñeta a viñeta. En su desarrollo se cruzan tres elementos frecuentes en la trayectoria de Paco Roca: la vejez; el interés por la Historia contemporánea y su incidencia efectiva en la vida de la gente corriente; y su propia presencia como personaje un tanto antiheroico. Una sutil pero terminante dimensión ética recorre el relato: conciencia, reflexión y expiación personal y colectiva, de y por los personajes de aquel entonces y quienes contemplamos desde nuestro presente unos hechos tan terribles como trascendentes. 

El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes. Tatiana Ţîbuleac

Cubierta de El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, Tatiana TibuleacEl verano en que mi madre tuvo los ojos verdes
Tatiana Ţîbuleac
Madrid; Impedimenta, 2019
Título original: Vara în care mama a avut ochii verzi (2016)
Traductor: Marian Ochoa de Eribe

En El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes Tatiana Ţîbuleac aborda la compleja relación entre una madre y su hijo eligiendo para ello un camino sorprendente: de una forma brutal y hasta despiadada por una parte y delicada a más no poder por otra. El lector que se atreva a sumergirse en este torbellino de emociones debe saber que el choque al que se va a ver sometido en las primeras páginas (y más allá) no es poca cosa.

Porque Aleksey relata en un cuaderno que su psiquiatra le ha recomendado escribir, la relación no asimilada aún con una madre que le retiró su cariño tras la muerte demasiado temprana de su hermana y el abandono de su padre. El cuaderno comienza con un Aleksey enfermo de rabia y dolor saliendo de una institución psiquiátrica: su madre viene a recogerlo para pasar el verano. Casi a rastras logra llevárselo a una pequeña población francesa donde se instalan para pasar los meses de verano los dos a solas.

Aquella mañana en que la odiaba más que nunca, mi madre cumplió treinta y nueve años. Era bajita y gorda, tonta y fea. Era la madre más inútil que haya existido jamás. Yo la miraba desde la ventana mientras ella esperaba junto a la puerta de la escuela como una pordiosera. La habría matado con medio pensamiento.

Pero lo que cuenta Aleksey no es exactamente lo que siente. Naturalmente no hay palabras para ello. Sobre todo al principio. Es necesario leerle entre líneas, dejar que el fuego de su mente fulgure y se apague, apartar los árboles tronchados, las casas arrasadas por el vendaval, el humo y las cenizas, la sangre, para lograr ver con algo de claridad en el corazón de Aleksey, lo que en él crece de veras. Darle tiempo para que el proceso de elaboración vaya colocando en su mente las piezas. Y también, pues esta es una novela de poderoso lirismo, se hace necesario luchar contra el lenguaje en el que nos envuelve la autora, que bulle en oleadas bellísimas y afiladas, para deleitarnos y a la vez confundirnos.

Tal vez la novela sea una reflexión sobre cómo el dolor puede provocar el lado artístico en un ser humano. Yo me quedo con la batalla épica que alguien herido puede llegar a librar contra sus más terribles fantasmas, contra las pruebas más traicioneras a las que la vida te puede someter.

Cartas de amor a los muertos. Ava Dellaira

Cubierta de Cartas de amor a los muertos, Ava DellairaCartas de amor a los muertos
Ava Dellaira
Madrid: Nocturna, 2015
Título original: Love Letters to the Dead (2014)
Traductor: I.C. Salabert

¿Qué sentimiento te embarga tras la muerte de un ser querido? Dolor, vacío, desesperación tal vez. ¿Y si la persona que lo sufre es un adolescente?

Cartas de amor a los muertos es la primera novela de la escritora estadounidense Ava Dellaira. Laurel, de 15 años, narra sus vivencias sobre la muerte de su hermana mayor May y cómo intenta superar la pérdida a través de la escritura de unas cartas dirigidas a personajes ya fallecidos.

Hay ciertas cosas que no puedo contar a nadie, excepto a la gente que ya no está aquí.

Laurel se hallaba presente cuando su hermana murió trágicamente, y ella no pudo hacer nada, ni siquiera gritar, como en la más horrorosa de las pesadillas.

Su relato está lleno de reflexiones, de recuerdos, descubriendo su mundo interior y así como al principio gira sobre sí misma y su hermana y familia como la niña que es, poco a poco se va abriendo su capacidad para percibir los sentimientos y vivencias de los que la rodean y que también han sufrido la pérdida de la hija o de la amiga. A través de las páginas se observa cómo Laurel se ve obligada a madurar para no sucumbir, cómo sus pensamientos y sentimientos evolucionan según pasa el tiempo de duelo por su hermana.

Ava Dellaira explora con gran acierto la psicología adolescente, los miedos, las incertidumbres, la impulsividad, las conductas de riesgo, el amor, conjugándolo con el profundo y doloroso sentimiento de pérdida de una hermana mayor que era su referente, su aspiración, su ejemplo de perfección, todo ello en un ambiente familiar opresivo con su padre deprimido y una madre huida.

La autora sabe aunar los sentimientos que le evocan las letras de las canciones de cantantes como Jim Morrison, Kurt Cobain, Janis Joplin o Amy Winehouse, recordados por su rebeldía y su pertenencia al tristemente famoso Club de los 27, con las películas infantiles o las protagonizadas por el actor River Phoenix, canciones escuchadas y películas vistas en compañía de su hermana, con el tacto de la ropa y el maquillaje de May, o con los platos exquisitos que les preparaba su madre, además del olor dulce del césped recién cortado en verano con la terapia que le supone escribir sobre unos sentimientos de los que se ve incapaz de hablar con nadie.

Muchas experiencias humanas desafían los límites del lenguaje.

La intimidad de Laurel vivida a través de los cinco sentidos y contada en primera persona describe el complejo y difícil mundo de la adolescencia de una manera magistral sumado al proceso de duelo que está pasando la protagonista por esta pérdida tan traumática y desoladora.

Y ya se están dando los pasos para que este relato sea llevado al cine.

Pilar Hernán

Ojos azules. Toni Morrison

Cubierta de Ojos azules, Toni MorrisonOjos azules
Toni Morrison
Barcelona: B.S.A., 1994

Chloe Ardelia Wofford, conocida como Toni Morrison, defensora de los derechos civiles y comprometida luchadora contra la discriminación racial, fue la primera mujer negra en recibir el Premio Nobel de Literatura (1993).

La obra que nos trae hoy aquí es su primera novela, escrita en 1970.

“Aunque nadie diga nada, en el otoño de 1941 no hubo caléndulas. Creímos entonces que si las caléndulas no habían crecido era debido a que Pecola iba a tener el bebé de su padre”.

“El arranque de una novela es lo más importante para mí, al igual que el final”. El comienzo de “Ojos azules” (“The bluest eye” en su versión original, título mucho más acertado) es digno de una gran novela y supone toda una declaración de intenciones que nos pone en la pista de lo que nos espera.

Ohio, a comienzos de la Segunda Guerra Mundial. Pecola es una niña preadolescente, negra, pobre y fea, que habita con una familia desestructurada que, como el resto de personas que le rodean, la ignoran.

En este marco de invisibilidad, Pecola cree que la única manera de dejar de ser pobre, negra y fea es teniendo los ojos azules, los ojos más azules. El estereotipo de la belleza blanca como solución a todos sus negros problemas.

Tremendo planteamiento el de esta obra, que toca todos los palos y no deja que se le escape ni una miseria humana: machismo, violencia de género, racismo, pobreza, pederastia, prostitución, marginación social, violación… Y, envolviéndolo todo, un concepto tan perverso como la autoaversión racial, o cómo odiar a tu propia raza. El amor apenas asoma.

“Vivían allí porque eran pobres y negros y se quedaron allí porque se creían feos… Mirabas a aquellas personas y te preguntabas por qué serían tan feas… Luego te dabas cuenta de que el motivo era la convicción, su convicción. Era como que algún maestro omnisciente hubiera dado a cada uno un manto de fealdad para que lo llevasen y ellos lo hubieran aceptado sin rechistar”

Una novela negra en el más amplio sentido de la palabra: negra es su autora, negra la realidad social que pinta y negros son sus protagonistas, a los que pretende devolver su dignidad criticando esa “mirada blanca” que todo lo invade.

Una realidad bestial narrada con una prosa fluida y bella, de esa que no puedes dejar de leer, llena de densas metáforas, con un lenguaje rico y depurado (que en la versión original supone una dificultad añadida), que Toni Morrison utiliza para llevarnos a profundas reflexiones que, a buen seguro, te van a remover por dentro y más de una vez te dejarán con la boca abierta. Un dulce envoltorio para un caramelo muy ácido.

Cuando la acusaban de que sus libros eran tristes, ella lo negaba:

“Al final de mis libros los personajes tienen una sabiduría de la que carecían al principio. Hay un rayo de clarividencia que les ilumina, pero digamos que el paraíso no existiría si todo el mundo fuera admitido”.

Está claro que ninguno de los personajes de “Ojos azules” fue admitido en el paraíso pero yo sí he conseguido, gracias a Toni Morrison, una sabiduría de la que carecía antes de leer su obra. Estoy muy agradecida a la persona que la puso en mis manos y os la recomiendo vivamente.

Chiruca Casado

Shirley JACKSON. Siempre hemos vivido en el castillo. Barcelona: Ed. Minúscula, 2018.

Me llamo Mary Katherine Blackwood. Tengo dieciocho años y vivo con mi hermana Constance. A menudo pienso que con un poco de suerte podría haber sido una mujer lobo, porque mis dedos medio y anular son igual de largos, pero he tenido que contentarme con lo que soy. No me gusta lavarme, ni los perros, ni el ruido. Me gusta mi hermana Constance, y Ricardo Plantagenet, y la Amanita phalloides, la oronja mortal. El resto de mi familia ha muerto.

Con estas palabras se presenta Merricat, la protagonista de esta historia, que vive en una gran mansión con su hermana y su tío Julian. Viven aislados sin casi relación con la gente del pueblo. Hace seis años ocurrió un trágico suceso en la mansión de los Blackwood. Varios miembros de la familia murieron envenenados mientras comían y ya quedan sólo ellos tres y el gato Jonas.

El tío siempre está trabajando en sus papeles. Escribe y reescribe sus memorias.  No quiere dejar escapar ni un solo detalle. Fue testigo del trágico suceso, además de superviviente. Él sabe lo que pasó y por eso, quizás, su mente a menudo divaga. Tiene mala salud y va en silla de ruedas.

Era una mañana agradable- dijo el tío Julian con voz monótona-, una mañana agradable y luminosa, y ninguno de ellos sabía que sería la última. Ella estaba abajo, mi sobrina Constance. Me desperté y la oí en la cocina (en esa época yo dormía arriba, todavía podía subir las escaleras, y dormía con mi mujer en nuestra habitación), y pensé que era una mañana agradable, sin imaginar que para ellos iba a ser la última

Los días discurren tranquilos, Constance no sale de casa, cocina y cuida de todos. Merricat vive feliz y consentida con su gato Jonas, enterrando cosas en el jardín y poniendo amuletos que protejan la casa. Cuando aparece el primo Charles la tranquilidad del hogar de los Blackwood se rompe. El corteja a la bella Constance y aspira a quedarse con la casa, algo que Merricat no va a consentir.

Estamos ante una historia de “casa misteriosa”, un clásico de las novelas de miedo. Todos los del pueblo temen pasar por esa casa, más allá de la verja se ve el edificio. Muchos curiosos paran el coche ante la verja y cotillean. A los niños se les advierten de que no vayan por ahí pero siempre hay alguno que se cuela. Es un ritual a cumplir entre los jóvenes adentrase en la finca y junto a la escalera gritar la famosa frase:

Merricat, dijo Constance, ¿una taza de té, querrás?

Shirley Jackson (San Francisco 1916- Bennington 1965) estudió en la Universidad de Syracuse. Muchos de sus cuentos fueron publicados por primera vez en The New Yorker, donde colaboró de manera regular durante las décadas de los años cuarenta y cincuenta. En 1952 se reunieron estos textos en un libro titulado Life Among The Savages. En 1948 publica La lotería, un relato que causó un gran impacto y que cuenta con una reseña en NST. Otra joya de esta autora es La maldición de Hill House (1959) que en 2018 se convirtió en una serie de diez capítulos de la mano de de Neflix y dio a conocer a esta autora al gran público.

Siempre hemos vivido en el castillo (1962) fue la última novela de Shirley Jackson y considerada por la revista Time como una de las mejores diez novelas de ese año.

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