Un pueblo de Oklahoma, George Milburn

Un pueblo de Oklahoma

George Milburn

Sajalin Editores. 2017

Hubo una época en que, en el pueblo, nadie solía preguntar a los forasteros por qué se habían marchado del lugar del que ve­nían ni cómo es que habían acabado en Oklahoma. Pero eso fue al principio. Al cabo de un tiempo aquello cambió y empezó a hacerse lo contrario. De los recién llegados se esperaba que reco­rriesen las calles presentándose a los vecinos. Y así, mientras unos comentaban las costumbres locales, los otros hablaban de sus lu­gares de procedencia y de lo mucho que preferían nuestro pueblo.

A más de siete mil kilómetros de distancia, en mitad de los Estados Unidos, en el estado de Oklahoma, se encuentra el pueblo de Coweta. Una pequeña población de poco más de 1000 habitantes. Gentes que habían emigrado en busca de un futuro, creyeron encontrar en aquellos lares, la tierra prometida.

En ese pueblo de Coweta nació nuestro protagonista y de el marchó con apenas diecisiete años en cuanto el tren de la oportunidad hizo escala en aquella remota localidad.

George Milburn, nuestro protagonista, recogió las historias, relatos, sucesos que conoció de primera mano o que escuchó a sus mayores.

Hace unos meses, traíamos a las páginas de NoSoloTécnica otros relatos centrados en aquella ocasión en la ciudad de Barcelona. Aunque lugares diferentes, las personas se comportan igual. Aman, sienten, luchan, tienen anhelos. George Milburn nos muestra una pléyade de personajes llenos de ignorancia, fanatismo, desprecio. Pero también en algunos casos de  ternura, alegría, humor. Seres sencillos, apegados a sus tradiciones, a su tierra,  inhospita, dura en ocasiones. La Ámerica rural. Treinta y seis relatos ásperos, escuetos, secos. Treinta y seis relatos llenos de vida que no es poco.

George Milburn nació en Coweta, Oklahoma en 1906 y murió en Nueva York en 1966.

Paseos por África. Alberto Moravia

Paseos por África. Alberto Moravia

Mondadori

De repente deja de llover, estalla un sol magnífico y abrasador; los charcos humean y se secan rápidamente, reaparecen todos los habituales personajes de las paradas de África: niños que extienden la mano para quién sabe qué; mujeres con el cesto en la cabeza y el niño de teta en brazos que sonríen quién sabe por qué, hombres que miran fijamente sin decir palabra, con quién sabe que pensamientos en mente.

Qué tiene África que tanto nos atrae, qué magia poderosa hace que muchos de aquellos que la visitan tengan deseos de volver. África trágica, cruel pero también llena de alegría y de belleza. África exuberante, apabullante en su ser,  naturaleza extrema. Paisajes fascinantes.  Llena de contrastes; riqueza y pobreza. Paraíso para algunos, infierno en la tierra para otros tanto. Lo bueno y lo malo se dan la mano.

Muchos escritores o simples viajeros sienten una atracción hacia ella. Uno de ellos fue Alberto Moravia que ya trajimos a Nosolotecnica hace poco tiempo y que ahora en Paseos por África, nos muestra sus experiencias, sus impresiones al viajar por aquellas tierras. Reflexiones de un occidental sobre una tierra de contrastes, tan diferente y tan alejada en muchas ocasiones de Europa pero a la vez cercana en otras. Una tierra rebosante de vida.

Tanzania, Ruanda, Zimbawe, Gabón, Zaire son los lugares visitados.

África presente, África eterna.

Alberto Moravia en la Biblioteca UPM.

Pero más allá de la vasta playa desierta la selva intercepta la vista con su maraña melancólica y amenazante, justo como debía aparecer en otro tiempo a los ojos de los náufragos, europeos apenas salvados de las olas y presagiando ya nuevas y tal vez insuperables dificultades. Sí, la serenidad, la calma, el estupor del paisaje, sugieren inevitablemente la idea de una falsedad insidiosa y engañosa de la naturaleza.

El halcón maltés. Dashiell Hammett

El halcón maltés.

Dashiell Hammett

Alianza Editorial.

 

-¿Qué pensarían si supieran como acudí a usted…con todas esas mentiras?

-Les haría sospechar. Por eso he estado manteniéndolos a distancia hasta verla. Pensé que quizás no tendríamos que contarles todo. Podemos inventar algún cuento que los despiste, si es necesario.

-Usted no cree que yo haya tenido nada que ver con los…, los asesinatos, ¿verdad?

Spade sonrió y dijo:

-Se me había olvidado preguntárselo: ¿Tuvo usted que ver con ellos?

-No

-Lo celebro. Y ahora, ¿qué le vamos a decir a la Policía?

Miss Wonderly,  Leblanc o  O’Shaughnessy, todos esos nombres usa, está en un aprieto.  Ella ha encargado al detective Sam Spade que encuentre a su hermana. Un caso en apariencia muy fácil que se  complica con dos asesinatos y la aparición de nuevos personajes…

-¿En qué puedo servirle, Mr Cairo?

Estoy tratando de recuperar un…ornamento que ha sido…¿digamos extraviado? Y creí y esperé que usted podría ayudarme.

Estoy dispuesto a pagar, por cuenta del legítimo propietario de la figurilla, cinco mil dólares a quien consiga recuperarla.

El verdadero motivo que mueven a nuestros protagonistas sale a la luz.  Una estatuilla con figura de halcón de tiempos del Emperador Carlos V es la razón de las intrigas, de la codicia, de las pasiones desatadas.  En realidad lo que persiguen, lo que les mueve, es un sueño. El sueño de la riqueza y de la libertad que quizás consigan con ella.

La ciudad de San Francisco es el escenario. En medio de todo ello está Sam Spade, un detective, duro, cínico, que intenta sobrevivir en ese escenario tan despiadado, en esa jungla de asfalto, manteniendo su independencia, su libertad. Y también nos encontramos nosotros, los lectores, que una vez empezamos a leer sus páginas no podemos parar. Sentimos en nuestra propia piel la atmosfera de esa ciudad, el olor del tabaco, el sabor del alcohol, que acompaña a nuestros protagonistas. La tensión, la emoción  que se apodera de todos ellos, tambien la sentimos cómodamente sentados en nuestro sofá. Es el sueño de la literatura, la magia del libro.

Un hombre gordo salió a su encuentro. Mr Gutman era de una corpulencia sebosa, con bulbos rosáceos por carrillos, labios, sotabarbas y pescuezo, con una gran barriga blanda y ovoide en vez de torso…

Comenzamos bien, señor mío- ronroneó el hombre gordo volviéndose para ofrecer un vaso. Yo desconfío de un hombre que dice “basta” cuando le están sirviendo de beber. Pues si ha de tener cuidado de no beber demasiado, eso indica que no es de fiar cuando lo hace.

El halcón maltés fue publicado por primera vez por entregas en la revista Black Mask y con posteridad de forma independiente como libro en 1930.  Aunque fue llevada por primera vez a la pantalla en 1931 con Ricardo Cortez como protagonista, fue en 1941 con John Huston en la dirección y en el guión, Humphrey Bogart como Sam Spade y una maravillosa pléyade de secundarios como Peter Lorre, Sidney Greenstreet, Mary Astor, etc acompañándolo. Cine negro en su máxima expresión.

Dashiell Hammett nació en el estado de Maryland en 1894 y murió en la ciudad de Nueva York en 1961.

Hammet en la Biblioteca Universitaria UPM.

El sueño continua…el suyo y el nuestro…

He ambicionado poseer esa fruslería durante diecisiete años, que es el tiempo que he gastado en tratar de lograrla. Si he de dedicar un año más a lo mismo, bueno, Mr Cairo, eso supondría una inversión adicional de tiempo…

Emena, Médico del Congo. Joaquín Sanz Gadea

Emena, Médico del Congo

Joaquín Sanz Gadea

Plaza y Janes

Tenía mucha prisa; me daba la impresión de que jamás en mi vida había sentido esta urgencia. ¿Cómo estarían mis enfermos del “Hospital General”? ¿Qué habría ocurrido con todos mis amigos de Stan, con las monjas españolas que de modo tan abnegado trabajaban con una población atrapada por guerras continuas? ¿Cuántos de mis conocidos habrían sido víctimas inocentes de aquel furor enloquecido, aquella especie de amok bajo el cual el hombre dejaba de ser hombre para convertirse en una fiera salvaje.

El 30 de junio de 1960, después de arduas negociaciones en Bruselas, la antigua colonia belga alcanzó la ansiada independencia. Había nacido la República del Congo. Un nacimiento lleno de lucha, de sufrimiento, de sangre.  Atrás quedaban años de dominio colonial belga y aunque los años habían pasado, el recuerdo de las humillaciones y crueldades sufridas permanecía latente. La riqueza está, sigue ahí, y donde hay riqueza hay codicia. El odio tribal se mantiene. El conflicto estalla irreversiblemente. El horror de Conrad se hace presente

La población tuvo que asistir, como a un espectáculo, a aquellas horribles carnicerías. Prisioneros con los pies o las piernas amputadas a hachazos, cuerpos vivientes sin manos, rostros deformados por las amputaciones, seres mutilados que eran obligados a comerse sus propios órganos sexuales en medio de la feroz algarabía de los simbas drogados…

Y en ese escenario de caos, de lucha, de muerte y supervivencia, Joaquín Sanz Gadea llega para trabajar como médico para la OMS. Su vocación por ayudar al necesitado, dar consuelo, curar al enfermo encuentra en esas tierras el lugar más adecuado para ello.  ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Por qué he venido?, ¿Qué género de vida me espera?, son las preguntas que se hace nuestro protagonista. No es el África que había imaginado cuando era pequeño. Esa tierra no existe. Ahora es una tierra dura, cruel, en la que tiene que luchar contra costumbres atávicas, luchas tribales, intereses de potencias extranjeras. Ante esas dificultades su labor humanitaria solo se puede entender desde una plena vocación de servicio hacia los demás, del máximo esfuerzo por conseguir hacer el bien. Como el de las monjas españolas dominicas que murieron asesinadas en aquellas fechas.

Sanz Gadea es testigo y protagonista de una parte de la historia del Congo, de África. Una tierra dura, cruel pero bella, siempre fascinante, siempre mágica.

Joaquín Sanz Gadea nació en Teruel el 30 de junio de 1930 y murió en Madrid en mayo de este año. Premio Príncipe de Asturias de la Concordia, fue propuesto para el premio Nobel de la Paz en diversas ocasiones.

Joaquín Sanz Gadea en la Biblioteca UPM

La mordaza, Alfonso Sastre

 La mordaza. Alfonso Sastre

Escelicer

No corre nada de aire esta noche. Estamos pasando un verano muy malo. No se acaba nunca. Me ahogo. Prefiero el invierno. Se está bien la lumbre. Pero en verano…, es malo el verano. Es cuando se cometen los crímenes. Cuando los hombres sacan las navajas por nada y corre la sangre. Todos los crímenes ocurren en verano. La sangre de los hombres arde y no pueden pensar. El calor los ciega y no les importa matar a un hombre. Luego, en el invierno, cuando piensan en lo que hicieron, no lo comprenden. No se explican cómo pudieron hacerlo. Y es que ellos no tuvieron la culpa…Fue el calor que los ahogaba, que no les dejaba respirar.

 

 

Es una calurosa noche de verano en la Francia rural.  La casa de Isaias Krappo es el escenario del drama. Él es un déspota que tiene atemorizados a todos los miembros de su familia. Ha creado a su alrededor un clima de opresión, de temor, de miedo, de falta de libertad.  Un clima en el que el silencio ante esa opresión, ante esa injusticia  se ha apoderado de todos ellos. No pueden romper esas cadenas que les hacen vivir en continuo temor.

Pero Isaias Krappo también tiene un pasado. Un pasado del que solo algunos en el pueblo son partícipes. Son sus antiguos camaradas de armas en la resistencia. Un pasado oscuro y turbio del que es mejor callar, olvidar, dejar atrás. Pero ese pasado vuelve, se hace presente. Y desencadenará el drama.

Isaias.-¿A qué ha venido?

El forastero.- A hacer justicia.

Isaias.- ¿A buscar al que mató a su mujer y a su hija?

El forastero.- A ese ya lo he encontrado

Isaias.-(Rie) ¿Piensa que fui yo?

El forastero.-Sé que fue usted…

El pasado se hace presente no para lograr una redención del protagonista por ese pasado turbio y oscuro, como vimos en estas mismas páginas de Nosolotecnica ( La muralla), si no para lograr que la verdad que ha estado oculta salga a la luz. Pero Isaias Krappo lo va a impedir.  Su familia averigua la verdad. Sin embargo, cada uno de ellos tiene una mordaza de miedo, de respeto atávico al padre que les impide hablar y que hace que callen ante el crimen. Su dignidad como persona se pierde y para recuperarla solo existe un camino, un modo…romper esa mordaza, romper ese silencio.. Pero quién lo hará.

Juan.- Tú querrías hablar, delatar a nuestro padre, ¿verdad, Teo?

Teo.- Sí.

Juan.- ¿Y por qué no hablas?

Teo.- Por miedo…Siento como una mordaza en la boca…Es el miedo…

Juan.- ¿Y tú Luisa?

Luisa.- Yo también hablaría.

Juan.- Pero no hablas por mí. Porque me quieres y sabes que yo sufriría si lo hicieras.

Luisa. Solamente por eso. Yo no tengo miedo.

Juan.- Es otra mordaza…Y sigue el silencio…Yo no hablo porque tengo piedad de mi padre, porque me da lástima de él…Estoy amordazado por mi compasión…Y en esta casa, desde hace dos meses, no hay más que silencio…Un espantoso silencio…

 

La mordaza se estrenó  en Madrid, en el Teatro Reina Victoria, el 17 de septiembre del año 1954 con Antonio Prieto como Isaias Krappo y María Luisa Ponte como Luisa.

Alfonso Sastre nació en Madrid en 1926

Sastre en la Biblioteca Universitaria UPM

 

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