El Ruletista, Mircea Cărtărescu

El Ruletista, Mircea CărtărescuEl Ruletista
Mircea Cărtărescu
Madrid: Impedimenta, 2010
Traducción: Marian Ochoa de Eribe

 

La ruleta rusa, esa apuesta que consiste en introducir una bala en el tambor de un revólver, hacerlo girar con determinación y pegarse un tiro en la cabeza. Si ésta no vuela hasta la pared y decora un desconchado, el jugador cobra el privilegio de sostener algo aún sobre los hombros (al menos hasta la próxima puja).

El ruletista de Cărtărescu se hace de oro contra toda estimación probabilística, salta la banca de la fama, pues después de arriesgar su vida en repetidas ocasiones a una sola bala, comienza a aumentar sin inmutarse el número de proyectiles en el cargador, hasta provocar que lo que hasta ese momento sucedía en el contexto de lacónicas reuniones de inframundo se convierta en un espectáculo de salón, donde un público caprichoso de sangre, excitado ante la cada vez más inminente danza de la muerte, eleva sus apuestas en medio de una atmósfera de colectivo éxtasis.

El jugador, pese a ganar siempre por una extraña determinación del destino, es un ser desafortunado, un portador de inmensa tristeza. Igual que el narrador de la historia, un octogenario que asomado a su propio precipicio está buscando, por medio de la palabra escrita, algo semejante a la inmortalidad.

Relato, pues, de tintes existencialistas, oscuro, de algún modo sobrecogedor, breve y certero, donde la vida y la muerte se burlan de sus perseguidores.

El Ruletista, editado por Impedimenta tanto de forma independiente como integrando el volumen de cuentos Nostalgia, es obra del rumano Mircea Cărtărescu (Bucarest, 1956), poeta, narrador y crítico literario rumano.

Estas dos entrevistas, realizadas por El País y la revista Jot Down, sirven para conocer mejor al autor.

 

Las confesiones de un pequeño filósofo. Azorín.

Cubierta de Las confesiones de un pequeño filósofo, AzorínLas confesiones de un pequeño filósofo
Azorín
Pozuelo de Alarcón (Madrid) : Austral, 2014
Primera edición 1904

Azorín, José Martínez Ruiz, (1873-1967) es uno de esos escritores que si dices que te gustan hay, a continuación, que dar algunas explicaciones.

Por eso había pensado incluir, en las primeras líneas de esta recomendación, una lista con los nombres de escritores actuales y personas con prestigio social que han reconocido su pasión azoriniana, pero he decidido que no, que a este libro maravilloso no le hacen falta avales.

Yo amo las cosas… ¿Tienen alma las cosas? ¿tienen alma los viejos muebles,  los muros, los jardines, las ventanas, las puertas?

AzorínSospechaba que sí, pero después de leer a Azorín no hay duda, las cosas, hasta la más diminutas, tienen alma. El pequeño filósofo del título de este libro es Azorín de niño, cuando estudiaba bachillerato en el Colegio de los Escolapios de Yecla (Murcia), allí estuvo interno toda su infancia, desde los siete hasta los quince años. No le gustaba el colegio, no le gustaba Yecla, que era el pueblo de su padre, ni los frailes escolapios que le daban clase, a excepción de su admirado padre Lasalde.

Escribió aquellos ¿recuerdos? cuando ya tenía 31 años, en 1904 y era periodista en Madrid.

Este es un libro diferente, poético, delicado, íntimo, pleno de sensiblidad.  Asombra su capacidad de contemplación, la delicada ironía, y la  recuperación intacta, sea recuerdo o no, de la temperatura de su yo infantil.

Azorín: ¿sabe usted el tema de hoy?

Yo no sé qué contestar; además no me sé el tema de hoy.

El padre Peña me lo pregunta dos o tres veces; yo vacilo. Luego abro este libro sobado y comienzo a leer: “Le lit de fiancée.” Esto creo que significa la cama de la desposada, y así lo hago constar con voz clara… mientras yo hago esta extraordinaria revelación, los demás sonreían…

Era un niño ensimismado, lector apasionado y sensible que se siente arrollado muchas veces por el mundo real del colegio.

Este minuto en que está ausente el maestro, (la diversión) consiste en subirnos a los bancos, en golpear los pupitres, en correr desaforadamente de una parte a otra.

Sin embargo, yo no corro, ni grito, ni golpeo, yo tengo una preocupación terrible. Esta preocupación consiste en ver lo que dice un pequeño libro que guardo en el bolsillo.

Y es el caso que yo comienzo a leer este pequeño libro en medio de la formidable batahola de los muchachos enardecidos; nunca he experimentado una delicia tan grande, tan honda, tan intensa como esta lectura… Y de pronto, en este embebecimiento mí­o, siento que una mano cae sobre el libro brutalmente, entonces levanto la vista y veo que el bullicio ha cesado y que el maestro me ha arrebatado mi tesoro…

Desde la fecha de este caso he andado mucho por el mundo, he leí­do infinitos libros; pero nunca se va de mi cerebro el ansia de esta lectura deliciosa y el amargor cruel de esta interrupción bárbara

Lo recuerda todo de aquellos días en el Colegio de los Escolapios: las luces del cielo, las más pequeñas peculiaridades de los frailes y, desde luego, lo mal que lo pasaba en otras ocasiones.

Todo contado con una ingenuidad y una eficacia poética que convierten a este libro en una joya exquisita dentro de la obra de Azorín.


Azorín en la Biblioteca de la UPM

Azorín en NST

Maurice Walsh. El hombre tranquilo.

Maurice Walsh. El hombre tranquilo. Ed. Reino de Cordelia, 2012.

John Ford. The quiet man. Republic Pictures. 1952

Cubierta de El hombre tranquilo
“Paddy Bawn Enright era un muchacho despreocupado de dieciste años cuando se marchó a Estados Unidos… Y quince años después regresó a su condado de Kerry natal, serenada la despreocupación y consumida la juventud. Si había hecho fortuna o no… eso nadie lo sabía. Porque era un hombre tranquilo al que no le gustaba hablar de sí mismo y de las cosas que había hecho”
Así empieza el relato “El hombre tranquilo” del autor irlandés Maurice Walsh. Esta historia se publicó por primera vez en febrero de 1933 en la revista americana The Saturday Evening Post aunque no fue hasta agosto de este año cuando se publicó en Irlanda, en el Chamber’s magazine. Dos años después Walsh lo incluyó en un libro de historias que conformaban la novela Green Rushes , que es la que se ha traducido ahora al español.

Un director americano, hijo de irlandeses, John Ford, lo leyó y le  dió a Walsh en 1936 un adelanto simbólico de diez dolares mientras intentaba captar el dinero suficiente para llevarlo al cine. Tardó quince años en conseguirlo y en 1952 se estrenó “El hombre tranquilo” (The quiet man).

Aunque no es exactamente igual que el relato, se puede decir que en lo fundamental John Ford fue fiel a la historia. Los nombres de los protagonistas, Paddy Bawn Enright y Ellen Roe O’Danaher cambiaron tras el guión de Frank S. Nugent (también guionista de Centauros del desierto, “El último hurra”Cartel pelicula El hombre tranquilo y “La taberna del irlandés”) y el propio Ford para llamarse Sean Thornton y Mary Kate Danaher, que encarnaron magistralmente John Wayne y Maureen O’Hara.
Y Kelly se convirtió en la maravillosa Isla de Inisfree (imaginada por el poeta y premio Nobel Irlandés William B. Yeats). El inolvidable personaje del casamentero, interpretado por Barry Fiztgerald, fue una genial aportación del director que no aparece en el original.
El éxito de la película (siete nominaciones y dos Oscars: mejor director y mejor fotografía en color) ha hecho olvidar el resto de las historias que componen este libro, todas desarrollladas en Irlanda, con el punto de partida de la “Guerra de Independencia irlandesa” y el IRA. En ellas se van descubriendo la historia de  seis hombres y cuatro mujeres,  en un ambiente de peleas, con el nacionalismo a flor de piel, leyendas y tradicciones arraigadas, amistades masculinas y cerveza.
Un libro estupendo y una película imprescindible.
A destacar la presentación muy cuidada que ha hecho la editorial Reino de Cordelia, tanto en la cubierta como en el interior, incluyendo fotogramas de la película. También es muy interesante la introducción al libro de Javier Reverte, que entre otras cosas, nos cuenta los peleas entre Ford y Walsh por los derechos de la novela.

Podéis encontrar ésta y otras películas de John Ford en las bibliotecas de la UPM.

Bosquejo del Juicio Universal, Vittorio Amadeo Alfieri

Cubierta de Bosquejo del Juicio Universal, Vittorio Amadeo AlfieriBosquejo del Juicio Universal

Vittorio Amadeo Alfieri (1749-1803)

2012

Este escueto libro (71 páginas), en formato pequeño (precioso), fue escrito por Vittorio Amadeo Alfieri en 1775 cuando tenía 25 años, 14 años antes de la toma de la Bastilla. Hijo de familia noble e ilustrada es autor de múltiples tragedias en verso, así como de numerosos ensayos.

Este libro, en cambio, presenta el diálogo entre Dios y las almas que van llegando a su presencia para ser juzgadas.

Algunos críticos le atribuyen ser el precursor del romanticismo en Italia, mi conocimiento no alcanza para tanto. Lo que a mi parecer está claro es que siendo ingenioso y satírico, no es malvado; y, permitiéndose muchas licencias, no creo que haya alma sensible que no lo encuentre plagado de estereotipos humanos (denominados asépticamente almas), espectacularmente caracterizados; personajes que van presentándose ante la corte celestial (fundamentalmente Dios, Hijo y Espíritu Santo), que a su vez dialogan entre ellos, así como con algún que otro arcángel (Rafael, Gabriel), y recibiendo el premio, aprecio o desprecio (a veces gordo) según la calidad de su sendero vital.

Vittorio Amadeo AlfieriEstoy convencida de que a estas alturas de la reseña algunos considerarán: “esto no es para mí”. Yo misma estaría de acuerdo si no fuera porque lo compré en un saldillo: 2 libros por 4 euros, a pesar de haber sido publicado por primera vez en castellano en 2012 en una edición de 500 ejemplares a cargo de Sd-edicions. Por eso, y por haberme sentido un poco avergonzada de haber pagado tan poco por tanta diversión y sano entretenimiento, he decidido hacer esta reseña; como decía Machado sólo el necio confunde valor y precio.

El título mismo: Bosquejo del Juicio Universal dice mucho del autor, pues incluir simplemente Juicio Universal apabulla, pero si sólo es un bosquejo… pues claro, la cuestión cambia y hace gracia… más gracia.

El destino de esta obra fue una representación teatral privada planeada para una de las reuniones de los sansguignon (sin-prejuicios) que era un pequeño círculo literario que se reunía en el domicilio del poeta. Alfieri escribía en francés (lengua materna de esta obra) por considerarlo en la época la lengua franca.

Pongamos algunos ejemplos de las sanciones del magistrado universal (Dios):

respecto al juicio de un Rey (cualquiera), Dios responde: “Los reyes aunque mediocres, se están convirtiendo en algo tan raro que haya que alentarlos con recompensas que en rigor no merecen”

mientras que en referencia a un Ministro (genérico) sanciona: “No lo inscribáis en ningún sitio, lo condeno a pasar su vida en un banco de escuela repitiendo el ABC”.

Portada de ejemplar de tragedia en verso de V.A. Alfieri

Vittorio Alfieri en la Biblioteca UPM

Bosquejo del Juicio Universal

Este es escueto libro (71 páginas), en formato pequeño (precioso), fue escrito por Vittorio Amadeo Alfieri a los 25 años, hijo de buena familia y escritor de múltiples tragedias en verso, así como numerosos ensayos. Algunos críticos le atribuyen ser el precursor del romanticismo en Italia, mi conocimiento no alcanza para tanto. Lo que a mi parecer está claro es que siendo ingenioso y satírico, no es malvado; y permitiéndose muchas licencias no creo que haya alma sensible que no lo encuentre plagado de estereotipos humanos espectacularmente caracterizados; personajes que van presentándose ante la corte celestial: fundamentalmente Dios, Hijo y Espíritu Santo (que a su vez dialogan entre ellos), así como algún que otro arcángel (Rafael, Gabriel), y recibiendo el premio (a veces gordo) a la calidad de su sendero vital.

Estoy convencida que a estas alturas de la reseña algunos considerarán: “esto no es para mí”. Yo misma estaría de acuerdo si no fuera porque lo compré en un saldillo de 2 libros por 4 euros (a pesar de haber sido publicado por primera vez en castellano en 2012 en una edición de 500 ejemplares). Por eso y por haberme sentido un poco avergonzada de haber pagado tan poco por tanta diversión y sano entretenimiento he decidido hacer la reseña; como decía Machado sólo el necio confunde valor y precio.

El título mismo: Bosquejo del Juicio Universal dice mucho del autor, pues incluir simplemente Juicio Universal apabulla, pero si sólo es un bosquejo… pues claro la cuestión cambia y hace gracia… más gracia.

El destino de esta obra fue una representación teatral privada planeada para una de las reuniones de los sansguignon (sin-prejuicios) que era un pequeño círculo literario que se reunía en el domicilio del poeta. Alfieri escribía en francés (lengua materna de esta obra) por considerarlo en la época la lengua franca.

Pongamos algunos ejemplos. Respecto al juicio de un Rey (cualquiera), Dios responde: “Los reyes aunque mediocres, se están convirtiendo en algo tan raro que haya que alentarlos con recompensas que en rigor no merecen”; mientras que en referencia a un Ministro (genérico) sanciona: “No lo inscribáis en ningún sitio, lo condeno a pasar su vida en un banco de escuela repitiendo el ABC”.

Andamios, Mario Benedetti

Andamios, Mario BenedettiAndamios
Mario Benedetti

 

Poco a poco voy entendiendo un pasado que todavía está aquí, al alcance de la duda. Siento además que poco a poco me van admitiendo como soy, quiero decir el de ahora y no el del recuerdo.

 

Andamios tuvo su primera edición en 1996, sin embargo 17 años después parece tratarse de una obra actual. Narra una parte de la historia de Javier Montes, que tras doce años de exilio regresa a Montevideo para reencontrarse con el pasado, con los amigos, con los recuerdos de los que se fueron o a los que no tuvieron más remedio que quedar atrás. Pero, ¿qué ocurre si a eso le sumas las nostalgias, los prejuicios, el no estar seguro ya del lugar al que perteneces? En unos tiempos en los que de nuevo muchos tienen que afrontar la aventura de emigrar o de regresar al lugar y al problema social del que partieron, me parecen en resumen páginas que han recuperado sentido y vitalidad.

Javier, en su desexilio (como lo nombró Benedetti), nos muestra su ternura, su añoranza, pero también nos habla de la sociedad, de la economía, de la dictadura, con la ironía y el humor propios del que siente que quizás ya no hay nada que perder.

Raquel citaba a Pessoa: “La patria, ese lugar en que no estoy”. Y cuando leí esa frase, que yo desconocía, aunque tengo bien leído a mi Pessoa, la sentí como mía.

 

La soledad de la que nos habla la novela es la que nos dejan los ecos del pasado y las incertidumbres del presente. Se disfrutan los diálogos que nos hacen descubrir una doble moral social, la vergüenza que se siente por haber huido, por haber sobrevivido y haberse reencontrado ahora con los que sufrieron al no poder marchar. Una sociedad que se desintegra pero que intenta resurgir de sus cenizas. Una visión interesante de las dos culturas que han formado parte de la vida de Mario Benedetti: la uruguaya y la española.

Los países no mueren. Ricos o pobres, pobres o miserables, siguen viviendo. Un país puede enfermarse, enflaquecer hasta quedarse en los huesitos, inflamarse de soberbia o desmoronarse de vergüenza, contraer la celulitis de la retórica o la lepra (Sartre dixit) de la tortura; un país puede cambiar de amo y hasta temer por su vida, pero nunca muere. La que muere es la gente. Es claro que a veces la gente se cansa de morir y hace revoluciones. O se cansa de morir y las suspende.

 

Emociona ver a Javier Montes luchar por amor, por reconocerse a sí mismo, por no perder la vida en esos fantasmas del pasado y los miedos que le provoca tener que empezar de cero. Emocionan los versos, el deseo, el dibujo que hace el autor de la capacidad de reinventarse que posee el ser humano. El cruce de cartas del protagonista con su esposa, de la que se está separando, y con su hija, y el resurgir de nuevos amores y placeres.

– Estoy terriblemente charlatana -admitió ella, un poco avergonzada-. Pero no sabés cuánto tiempo hace que no tenía con quien hablar así, como hablo contigo. Aunque discutamos, aunque no siempre estemos de acuerdo, vos y yo sabemos qué supuestos y presupuestos manejamos, vos y yo compartimos un lenguaje, una etapa de la vida, una ansiedad y también una esperanza, aunque esté deshecha.

 

Mario Benedetti en la Biblioteca UPM

Diana Peral Núñez

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