Reflexiones, pensamientos, aforismos y trending topics

Nada se puede pensar sin haber reflexionado antes. Ese proceso de introspección resulta especialmente afortunado en algunas personas, y la literatura tiene la particularidad de permitirnos escuchar la radiación de fondo a través de los siglos, remontándonos incluso al inicio de nuestra era.

Cubiertas de Marco Aurelio, Joubert y Gracián

Si un Bestseller se caracteriza por su capacidad de vender muchos ejemplares en poco tiempo un Clásico lo es por ser recuperado como novedad de generación en generación, a veces con saltos intergeneracionales sorprendentes, que hacen de su reanimación un motivo de euforia, lo que ahora llamaríamos un trending topic.

Marco Aurelio interpretado por Richard Harris en la película GladiatorSirvan estos dos escuetos párrafos a modo de presentación del primero de los títulos de esta reseña: las Meditaciones de Marco Aurelio. El autor quizás no sea recordado de primeras, aunque recientemente lo hemos visto magníficamente interpretado por Richard Harris (pincha aquí) en la película Gladiator (el argumento global que ahí se narra apenas guarda relación con la historia). La profundidad y amplitud de miras de la mente de este emperador romano hacen de sus meditaciones un libro absolutamente contemporáneo:

Te equivocas si piensas que un hombre debe calcular el riesgo de vivir o morir, incluso siendo insignificante su valía, y, en cambio, piensas que no se debe examinar cuando actúa si son justas o no sus acciones y propias de un hombre bueno o malo.

Nada es bueno para el hombre si no lo hace justo, sensato, valiente y libre; como tampoco nada es malo si no le produce los efectos contrarios a lo dicho.

La Biblioteca clásica Gredos nos ofrece una traducción de las Meditaciones francamente agradable y el libro puede encontrarse en RBA bolsillo por el precio de una entrada de cine.

Retrato de JoubertEl segundo estrato de esta reseña refiere a los Pensamientos de Joubert (1754-1824), un francés ilustrado revolucionario, escarmentado por la brutalidad del terror, y que ejerció de juez de paz, y de inspector y consejero de las recién creadas universidades napoleónicas. Este libro ha sido publicado por Edhasa con el título Pensamientos, y por la Editorial Periférica en una selección Sobre arte y literatura. Es un texto muy minoritario comparado con el anterior, recoge una recopilación de ideas elaboradas pero no hiladas en contraste con las Meditaciones. Su belleza en todo caso no deja lugar a dudas:

A lo que no tenga encanto y cierta serenidad no podremos llamarlo literatura. Incluso en la crítica debe hallarse alguna amenidad. Donde no hay ninguna delicadeza no hay literatura. Aquel que en todo momento llamara a las cosas por su nombre, sería un hombre franco y podría ser un hombre honesto, pero no un buen escritor; pues, para escribir bien, la palabra apropiada y precisa no basta en realidad. No basta con ser claro y ser entendido, hay que gustar, hay que encantar, hay que seducir y poner ilusiones ante los ojos.

El tercer nivel en esta escalada de destilación-condensación es el concepto de aforismo, o lo que es lo mismo una sentencia breve, una frase célebre o lo que actualmente se consideraría un tuit afortunado. En este capítulo hay muchos ejemplos, pero es fácil justificar la elección de El arte de la prudencia de Baltasar Gracían (1601-1658) por ser a la vez un Clásico y un Bestseller. La editorial Temas de Hoy ha vendido más de 100.000 ejemplares en 34 ediciones desde 1993 (26 en un formato y 8 en otro), todo un trending topic. El éxito probablemente reside en el proceso de actualización del castellano llevado a cabo por un profesor de literatura de la Universidad Complutense de Madrid. Este libro recoge 300 aforismos ampliados en otros tantos pensamientos que el autor ofrece a modo de oráculo manual según sus propias palabras. Veamos algún ejemplo:

Si uno no puede ponerse la piel de león, póngasela del zorro; o más veces vencieron los sabios a los valientes que al revés.

No ser malo por demasiado bueno, es una gran desgracia perderse en la insensibilidad por demasiado bueno.

La virtud lo resume todo, hace al hombre digno de ser amado cuando vive, y memorable una vez muerto.

¿Cuál ha de ser el proceso? ¿De la meditación al aforismo, o viceversa?

Sello conmemorativo del cuarto centenario del nacimiento de Baltasar Gracián

Probablemente es reversible y recursivo.

Parece claro que puede llegar a ser un proceso acumulativo si aprovechamos cuantos ejemplos nos oferta la literatura y escuchamos a los muertos con los ojos (como decía Quevedo), para perder el miedo a unos géneros que asustan por su denominación pero reconfortan por su contenido.

Marco Aurelio en la Biblioteca UPM

Baltasar Gracián en la Biblioteca UPM

Retahílas, de Carmen Martín Gaite

 


Edición recomendada, con prólogo de Emma Martinell:

Barcelona: Destino, 2002.

Ya había atardecido completamente. Un resplandor rojizo daba cierto tinte irreal, de cuadro decimonónico, a aquel paraje. En el pilón cuadrado de la fuente, que era sólida, elegante y de proporciones armoniosas, estaban bebiendo unas vacas, mientras la mujer que parecía a su cuidado permanecía al pie con un cántaro de metal sobre la cabeza erguida y quieta. Solamente se oía el hilo del agua cayendo al pilón y un lejano croar de ranas. Blanqueaba la fuente con su respaldo labrado en piedra, ancho y firme, como un dique contra el que vinieran a estrellarse, con los estertores de la tarde, los afanes de seguir andando y de encontrar algo más lejos. Se diría, en efecto, que en aquella pared se remataba cualquier viaje posible; era el límite, el final. (p. 35)

 

Confieso que Carmen Martín Gaite es mi escritora favorita de la llamada Generación española de 1950. De todas ellas es la que sin duda ofrece un perfil más intelectual y analítico, y a la potencia poética de su escritura la acompaña siempre una especie de gramática parda de la vida individual. No en vano fue, además de autora de ficción, una ensayista de envergadura, dotada de un instinto peculiar para temas solo aparentemente discretos pero cruciales para la comprensión de la sociedad española.

Resulta difícil, entre su vasta obra, recomendar tal o cual libro. Puestos a ello, nos decidimos por la novela Retahílas, que al parecer fue de las preferidas de la autora. No es de extrañar. Puede ser leída como una ceremonia de resiliencia y de traspaso de poderes entre la propia generación de Carmen y la posterior, nacida ya en el período de postguerra. Algunos guiños del relato remiten a temas que le interesaban o le tocaban personalmente, como la vieja cultura galaicoportuguesa del noroeste peninsular o la memoria histórica de los sucesos en torno a la Guerra Civil. Un presente situado en los años 70 del siglo XX se impone sobre las referencias a un pasado familiar determinante pero remoto, y se respira con intensidad el adiós irreversible al mundo tradicional y paleoindustrial, del que alertó Pasolini con tanta clarividencia.

Aunque originalísima, Retahílas no es una obra estanca, y guarda concomitancias con otras de su Generación como Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes, o el ciclo de Región, de Juan Benet. De modo que si os gustaron éstas, seguro que disfrutaréis también con ella. Por no hablar de otros reflejos sugestivos como el lejano de Clarín o el más cercano de Albert Camus. A sus incondicionales Carmiña nunca nos falla. Por tanto, con esta sobrecogedora Retahílas tampoco.

Vivir es disponer de la palabra, recuperarla, cuando se detiene su curso se interrumpe la vida y se instala la muerte; y claro que más de media vida se la pasa uno muerto por volverle la espalda a la palabra, pero por lo menos ya es bastante saberlo, no te creas que es poco. (p. 207)

 

Obras de Carmen Martín Gaite en: Bibliotecas de la UPM.

La casa y el cerebro. Edward Bulwer-Lytton

Cubierta de La casa y el cerebro, Edward Bulwer-LyttonTítulo original: The Haunters and the Haunted; or, The House and the Brain
Traducción: Arturo Agüero Herranz
Ed. Impedimenta, 2013
Primera edición en la revista Blackwood´s Magazine, 1859

Estamos acostumbrados a ver en el cine historias de casas encantadas en las que los personajes van cayendo como chinches. ¿Qué interés tiene eso más allá del gusto por apostar a cuál será el siguiente actor secundario en ser sacrificado? Más nutritivo suele ser que la historia nos haga pasar un buen rato generando la dosis suficiente de intriga o de atmósfera malsana. Y La casa y el cerebro es un buen ejemplo en este sentido. Por algo está considerada una de las mejores historias de fantasmas de siempre.

El protagonista, advertido de que en cierta casa de la ciudad ocurren fenómenos extraños que han provocado la huida de todos sus anteriores inquilinos, decide, aguijoneado por la curiosidad y escudado en su natural racionalista, pasar una noche entre sus paredes, acompañado nada más que de un criado de confianza y un perro. Pronto la casa comenzará a hacer de las suyas.

Jamás tuve un inquilino que se quedase más de tres días. Omitiré sus historias; no hay dos inquilinos que hayan presenciado exactamente los mismos fenómenos. Es mejor que juzgue usted mismo a que entre en la casa con una imaginación influida por relatos previos; simplemente esté listo para ver y oír una cosa u otra, y tome cuantas precauciones quiera.

Susurros, pisadas, muebles cambiando de lugar y el perro inmediatamente desesperado por salir de allí, nos ponen en situación. Sin embargo, nuestro héroe, hombre práctico, cazador de fenómenos, no está dispuesto a dejarse intimidar por cualquier prestidigitador aficionado. Aunque se quede inesperadamente encerrado en esa pequeña habitación a la que ha entrado a echar un vistazo y que parece cargada de venenosas energías. Aunque los fantasmas emerjan de las sombras y pongan en fuga al valeroso criado que tan bien templados parecía tener los nervios.

Me daba cuenta de que había una voluntad; y una voluntad de una maldad intensa, creativa, activa, que muy bien podría aplastar la mía.

Es una novela breve que no se anda con rodeos, presentaciones o introducciones, pone toda la carne en el asador en los primeros compases y a pesar de ello no deja caer el interés hasta el final. Un clásico de la literatura de fantasmas, muy influida por el mesmerismo, tan de moda en la época. En los orígenes, como no podía ser de otra manera, de todas esas historias de casas encantadas más o menos afortunadas que llenan páginas y carteleras en nuestros días.

Edward Bulwer-Lytton (Londres, 1803-1873), recordado por su novela histórica Los últimos días de Pompeya (1834), fue un prolífico y exitoso escritor en diferentes géneros además de novela, teatro, poesía o cuento, y trató una variada temática, entre ellas el género sobrenatural, que encontró entre sus adeptos a Bram Stoker o a H.P. Lovecraft. Su interés por temas como el ocultismo, al igual que a otros autores de la época, le llevó a frecuentar distintas sociedades secretas. Algunos de sus títulos referidos a esta temática son: Zanoni o El secreto de los inmortales (1842), Una historia extraña (1862) o Vril: El poder de la raza venidera (1871).

Edward Bulwer-Lytton en la Biblioteca UPM

Stefan Zweig. Carta de una desconocida.

Cubierta libro "Carta de una desconocida"Stefan Zweig. Carta de una desconocida. Acantilado Editorial. Barcelona, 2002

No es la primera vez que hablamos de Stefan Zweig en NST. Ya antes reseñamos su “Novela de ajedrez”. En esta ocasión el relato que traemos es “Carta de una desconocida”, una breve historia, apenas 70 páginas, eso sí, muy intensas y narradas de tal forma que no puedes dejar de leerla una vez que empiezas.

La novela se inicia cuando un famoso escritor recibe una carta, entremezclada con otras muchas en su correo. Pospone su lectura pero le entra la curiosidad por lo abultado del sobre y por la caligrafía desconocida.

Cuando la abre lo que encuentra es:

un pliego de veinticinco folios escritos precipitadamente con letra femenina, desconocida y nerviosa; más que una carta parecía un manuscrito. Palpó de nuevo el sobre, instintivamente, por si encontraba alguna nota aclaratoria. Estaba vacío. En él no había más que aquellas hojas; ni la dirección del remitente ni tan siquiera una firma. Qué extrañó, pensó, y cogió nuevamente la carta. “A ti, que nunca me has conocido”, ponía como encabezamiento, como si fuera un título

Y a partir de ahí leemos, a la vez que el protagonista, una carta desgarradora en la que una mujer, de la que ni siquiera sabemos su nombre, explica a su amado (y a nosotros, lectores) toda su vida.

La historia es sencilla y sin grandes giros. El inicio de la carta no puede ser más devastador:

Mi hijo murió ayer. Durante tres días y tres noches he tenido que luchar con la muerte que rondaba a esa pequeña y frágil vida

A partir de aquí, como he dicho antes, no puedes dejar de leer. Quieres saber quién es ella, qué le ha ocurrido y cómo ha llegado hasta ahí. Es una historia de amor incondicional de ella hacia él. Nos va llevando poco a poco con un ritmo suave y cercano, sencillo, como una confidencia.

La protagonista le conoce perfectamente porque lleva años observándole desde la invisibilidad. De niña, compartiendo descansillo, desde la mirilla de su casa le espiaba, conocía sus salidas y entradas y a sus acompañantes. De adulta, con su amor obsesivo e incondicional seguía su carrera y andanzas  por la prensa. Coincidía con él en actos públicos, estrenos y conferencias, hasta que al fín sus anhelos se cumplen y tienen una breve historia de amor, inolvidable para ella pero no para él …

El libro fue llevado al cine en 1948 dirigida por Max Ophüls. Los actores elegidos eran perfectos para sus papeles: Louis Jordan interpretando al famoso escritor, guapo, encantador y un conquistador nato. Joan Fontaine, tímida, insegura y perdidamente enamorada interpretando a la “desconocida” autora de la carta (en un papel parecido al que ya hiciera antes en la película de A. Hitchcock, Rebeca).

Escena de la película, con su protagonista Louis Jordan.

Louis Jordan en una escena de la película destrozado con la lectura de la carta.

Él dejó caer la carta, las manos le temblaban. Entonces empezó a cavilar durante un buen rato

El libro ha tenido varias adaptaciones más. En 2004 inspiró otra película a cargo de la directora china Xu Jinglei. En 1975, se estrenó la ópera “Carta de una desconocida,” compuesta por Antonio Spadavecchia, y situada en Rusia. En 2001 Jacques Deray la adapta para la televisión francesa.

Cartel de la película del año 1948.Cartel de la película de Xu Jinglei.

Este libro y la película, junto con otros títulos de Stefan Zweig, los podéis encontrar en las bibliotecas de la UPM.

Al sur de Granada, Gerald Brenan

Cubierta de Al sur de Granada, Gerald BrenanAl sur de Granada

(South from Granada: Seven Years in an Andalusian village)

Gerald Brenan

Tusquets

2003

Gerald Brenan (Malta 1894 – Alhaurín el Grande, Málaga 1987) es seguramente el hispanista más conocido y no es una casualidad. Al sur de Granada su obra mas popular no es un estudio sesudo sobre nuestra historia o nuestra literatura, qu etambién lo hizo, sino un trozo de su vida, el mejor, disfrutado con fascinación en un pueblo de la Alpujarras que se llama Yegen.

  

El libro ha dado a conocer la Alpujarra en el mundo entero y de paso nos la ha descubierto a muchos españoles que, si no hubieramos leído a Brenan, seguramente no habríamos ido jamás por allí o desde luego no habríamos parado precisamente en Yegen.

Fotografía de Yegen (Granada)

 

En la orillita del mar

suspiraba una ballena

y en sus suspiros decía:

quien tiene amor, tiene pena.

Copla popular recogida en Yegen por G. Brenan

Pero esta obra es algo más. Es un trabajo minucioso en el que se recoge la manera de vivir todos los días en Yegen, las palabras que más se utilizaban, las supersticiones,  los usos amorosos, las canciones que se cantaban  y las leyendas pero… tampoco esto, con ser mucho, lo dice todo.

Es también un diario de su vida en aquel lugar remoto tan diferente a su refinado mundo. De los libros que había seleccionado para leer aqui y así recuperar el tiempo que había perdido combatiendo en la I Guerra Mundial,  era capitán del ejército británico, de sus amores complicados con Dora Carrington una pintora inglesa que le visitó en 1920 y que prefería  la compañía de Lytton Strachey un importante intelectual perteneciente al Grupo de Bloomsbury que llegó con ella a Yegen a lomos de burro con verdaderas dificultades…

 

Fotografía de Gerald Brenan y Dora Carrington

Era una aldea pobre, elevada sobre el mar, con un panorama inmenso a su frente. Sus casas grises de forma cúbica de un mellado estilo Corbusier pegadas unas a otras con sus techos planos y sus pequeñas chimeneas humeantes sugerían algo construido por insectos.

No hay que contar mucho más, no hace falta… quizás que la mismísima Virginia Woolf  estuvo en Yegen para visitar a Brenan…

Da  lo mismo, la clave que explica el encanto del libro entero es el cariño y el interés que despliega Brenan por todo lo que descubre en aquellas sierras y lo feliz que fue allí.

Se trata de un libro en estado de gracia.

 

En mi aldea se observaban estrictamente algunas curiosas costumbres con respecto al pan. Antes de cortar una nueva hogaza, se debía trazar la señal de la cruz sobre ella con un cuchillo. Si la hogaza o rosca caía al suelo, el que la recogiera debía besarla y decir: Es pan de Dios. Una vez pinché una hogaza con mi cuchillo y la gente reprobó mi acción diciendo que “estaba pinchando el rostro de Cristo”.

 

Gerald Brenan en la Biblioteca de la UPM

 

 

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