Jardín, Pablo Simonetti

Cubierta de Jardín, Pablo SimonettiJardín
Pablo Simonetti
Alfaguara, 2014

Novela corta o relato largo; sentido homenaje a una madre; fiel reflejo de los acuerdos y disensiones entre la descendencia de una familia acomodada chilena. Y éste último detalle es importante, pues el ambiente que se respira rezuma cosmopolitismo andino.

Santiago, con sus comunas (barrios), sus miles de coches (sin control de emisiones) y millares de cables aéreos (sobra el cobre); sus consentidos grafitis artísticos (se venden en postales), y sus jardines delicadamente aromáticos (no aptos para alérgicos). Allí donde las antenas de telefonía se visten de palmera para no distorsionar el entorno, y las familias tienen un aire trasnochadamente patriarcal, y devotamente matriarcal.

Se percibe en la sociedad chilena, y se refleja delicadamente en el libro, el tránsito de una sociedad que pasa de estar basada en casas unifamiliares, a centrarse en departamentos (pisos). Los barrios de los años cincuenta con sus casas de una planta y escaso valor comparados con sus jardines  de aprecio incalculable. Comunas donde cada casa era un apellido familiar y los jardines estaban llenos de azaleas y rododendros, tulipanes, lirios, narcisos, rosas y plantas acidófilas en general, en ocasiones traídas de los más recónditos viveros del país.

No sería justo para Pablo Simonetti desvelar mucho más pues el final es lacónico, claro e impactante.

Podemos, en cambio, escribir acerca del autor: Ingeniero civil (de caminos) por la Universidad Católica de Chile y master en Ingeniería económica en la Universidad de Stanford (USA). No encontramos apenas referencias a su actividad en este ámbito. Tan sólo que trabajo en Copec (compañía petrolera chilena) y que en 1996 lo dejó, invirtiendo toda su herencia en regalarse el tiempo y la técnica para escribir, en parte como un ejercicio de psicoanálisis.

El jardín es la metáfora de tu lugar en el mundo. Un jardín es un lugar que debes cuidar, dedicarte, a veces podar, desmalezar. También es un lugar donde paseas, pasas tiempo de contemplación. Tiene mucho de representación de tu identidad. Si yo pudiera clasificarme, sería un escritor de la identidad.

Pablo Simonetti

El combate de Norman Mailer

El combate. Norman Mailer

Editorial Contra

Y, entonces, un enorme proyectil exactamente del tamaño de un puño encerrado en un guante se hundió en mitad de la mente, el mejor golpe de aquella sorprendente noche, el golpe que Ali se había guardado para su carrera. Los brazos de Foreman flotaron hacia un lado como los de un paracaidista al saltar de un avión…Ali lo rodeo en círculo cerrado con el guante dispuesto a alcanzarlo una vez más , pero no hubo necesidad y el guante se convirtió en una íntima escolta de Foreman en su camino hacia el suelo.

El público ruge. Todo ha terminado.” Dos…tres…cuatro…cinco”, grita el locutor de la televisión americana. “Foreman se pone de rodillas en el ocho, esos es todo, el combate se ha detenido”. Ali es de nuevo campeón. La lucha ha llegado a su fin. “Muhammad Ali con un dramático K.O. en el octavo tumbó a George Foreman.”

Son las cuatro de la mañana del 30 de octubre de 1974 en Kinshasa, Zaire. Dos hombres se disputan el titulo mundial de los pesos pesados. Muhammad Ali es el aspirante. Don King, el promotor, ha conseguido del dictador Mobutu Sésé Seko los diez millones de dólares necesarios para organizar el combate. George Foreman es el campeón. Un testigo de excepción narrará lo que Ali denominó “el más grande acontecimieeento pugilístico… el más grande acontecimieeento de la historia mundial.”, Norman Mailer. El combate es la crónica de aquellos dias.

Uno de los motivos por los que Ali inspiraba amor (y relativamente poco respecto hacia su fuerza) era el hecho de que su personalidad sugiriera invariablemente la idea de que no sería capaz de causar daño a un hombre corriente, sino que se libraría de cada ataque mediante un mínimo movimiento, pasando después al siguiente. Foreman, en cambio, sugería una idea de amenaza. En cualquier pesadilla de matanza, seguiría atacando sin cansarse.

Dos formas de boxear diferentes frente a frente. Dos formas de enfrentarse a la lucha de maneras distintas. Dos hombres, dos personalidades antagónicas pero con un mismo objetivo, la victoria , la gloria. Mailer narra de forma magistral la forma que tienen ambos de encarar el combate, su preparación no solo física sino mental. Porque en realidad el boxeo no es una lucha solamente física sino que es una batalla psicológica en el que los contendientes tratan de minar, de hechizar el espíritu del rival. De hacerlo suyo. Y en ello ayudará el ambiente extraño, opresivo, mágico del Zaire. El corazón de las tinieblas de Conrad se hace presente.

Los campeones eran unos grandes embusteros. No tenían más remedio que serlo . Una vez supieras lo que pensaban, podrías atacar su punto débil. De ahí que sus personalidades se convirtieran en unas obras maestras de la ocultación.

En 1996, Leon Gast dirigió la película When we were kings, donde se cuenta la historia de aquel legendario acontecimiento que fue más allá de un simple evento deportivo.
Norman Mailer nació en Nueva Jersey en 1923. La publicación de Los desnudos y los muertos en 1948 le lanzó a la fama convirtiéndose en un icono de la narrativa norteamericana. Con La canción del verdugo y Los ejércitos de la noche consiguió sendos premios Pulizter. Mailer murió en la ciudad de Nueva York en 2007.

Norman Mailer en la Biblioteca Universitaria UPM.

Me imagino – dijo George- que un hombre no ve realmentente el golpe que lo derriba. Sospecho que ni se entera.

Viajes con Heródoto, de Ryszard Kapuściński

Podróże z Herodotem

Kraków: Znak, 2004.

Viajes con Heródoto

Barcelona: Anagrama, 2006-2008.

Cada vez que contempla uno ciudades, templos, palacios ya muertos, se pregunta por la suerte  que corrieron sus constructores. Por su dolor, sus columnas vertebrales rotas, por los ojos que saltaron de sus cuencas al recibir el impacto de una esquirla, por su reumatismo. Por su vida desgraciada. Y entonces surge la siguiente pregunta: ¿podrían existir tamañas maravillas sin ese sufrimiento? ¿Sin el látigo del vigilante? ¿Sin ese miedo que anida en el esclavo? ¿Sin esa soberbia que anida en el soberano? (p. 173-174)

Ryszard Kapuściński es conocido sobre todo por sus varios libros sobre África . En cambio, en esta ocasión el autor, aunque relata experiencias vividas en diversos continentes, enfoca la obra principalmente hacia Asia. Por un lado, el libro es mucho más intimista y personal que otros suyos: habla bastante de sí mismo y de sus precarios inicios como reportero internacional en los años 50, cuando se estrenó con sendas estancias nada menos que en India y en China. Y por otra parte, también al hilo de la vertiente propiamente autobiográfica, Kapuściński nos relata la devoción laica que durante años profesó por Heródoto de Halicarnaso, el precursor de la ciencia histórica en la Antigüedad clásica. Nuestro contemporáneo viajero, cuya formación académica en Historia había estado probablemente lastrada por los condicionamientos económicos y culturales de la Polonia de la segunda postguerra mundial, un buen día tuvo la suerte de recibir un regalo precioso: una traducción al polaco de las Historias del antiguo autor griego. Como a su vez el tema principal de estas Historias son las Guerras Médicas que enfrentaron a las ciudades griegas con el Imperio persa Aqueménida -Asia/Oriente-, esta superpotencia se retoma en Viajes con Heródoto como el prototipo de la alteridad –el Otro por antonomasia- frente a Europa/Occidente, a su vez retro-representados por la Grecia clásica.

Aunque muy famoso y devenido autor de culto,  Kapuściński sigue siendo un personaje polémico a día de hoy. No me veo capacitado para juzgar desde un punto de vista profesional sus trabajos de periodista o “reportero”, denominación de sabor artesanal que a él le gustaba utilizar. Algunas nociones históricas vertidas por él no me parecen del todo acertadas. Pero como lector ingenuo, creo que en sus obras se aprende mucho sobre el mundo y sobre la condición humana, y también que él mismo como personaje resulta un gran seductor. En Viajes con Heródoto su escritura alcanza momentos emocionantes de gran intensidad y lirismo, como en el capítulo titulado “El tiempo desaparece”. No os deberíais perder este libro. No esperéis más para descubrir el papel estelar de una liebre lejana, como la retratada por Durero y que adorna la cubierta de la edición española.

 

Al europeo que por primera vez tenía contacto con la gran diversidad de pueblos y culturas que veía en Dar es Salaam le chocaba no sólo el hecho de que fuera de Europa existían otros mundos –esto, al menos teóricamente, lo sabía desde hacía un tiempo-, sino sobre todo que esos mundos se encontraban, se comunicaban, se mezclaban y convivían sin mediación y aun, en  cierto modo, sin conocimiento y sin el visto bueno de Europa. A lo largo de muchos siglos había sido ésta centro del mundo en un sentido tan literal y obvio que ahora el europeo a duras penas concebía que sin él y más allá de él muchos pueblos y civilizaciones llevasen una vida propia, tuviesen sus propias tradiciones y sus propios problemas. Y que más bien fuera él el huésped, el extraño, y su mundo, una realidad remota y abstracta. (p. 242)

Obras de Ryszard Kapuściński en Bibliotecas UPM

El vendedor de pasados, José Eduardo Agualusa

Cubierta de El vendedor de pasados, José Eduardo AgualusaEl vendedor de pasados
José Eduardo Agualusa
Barcelona: Ediciones Destino, 2009
Traducctora: Rosa Martínez Alfaro

O vendedor de passados (Publicações Dom Quixote, 2004 )

Estamos en Angola. Desde el cristal de una ventana un geco se entretiene observando cómo las nubes se toman de las manos o se dejan, para combinarse o transformarse o desaparecer. Y nos lo cuenta. Del mismo modo, deleitándose, dirige su atención hacia lo que ocurre entre las paredes de la casa. Y así nos va narrando los hechos que nacen, se transforman, son o no son, en esta novela inusual que tiene en los personajes uno de sus mayores atractivos.

Allí vive Félix Ventura, un negro albino que se gana la vida inventando pasados, genealogías, a los integrantes de la nueva burguesía angoleña, a los empresarios, ministros, traficantes de diamantes que habiéndose asegurado un futuro prometedor, carecen de un pasado ilustre que les dignifique. No tardará en cruzar la puerta otro personaje (acento eslavo y matices de portugués de Brasil) de aire misterioso, sin nombre, fotógrafo de todas las guerras, solicitando tales servicios pero requiriendo, además, certificados y documentos firmados, que actualicen también su presente y le transformen en un hombre de nuevo cuño, enmascarado, angoleño de pura cepa, José Buchmann. Y en contraste hallamos, de la mano de Félix, al más bello personaje: la luminosa Ângela Lúcia, fotógrafa y coleccionista de las luces del mundo. Pero el que no deja de acompañarlos a todos (¿o son ellos los que le acompañan a él en el interior de su cabeza?) es el narrador, el ya mencionado geco -al que podemos llamar Eulálio por su elocuencia- que mira las nubes; la sencilla lagartija que cuenta, sueña, recuerda frases de tangos y no echa demasiado de menos su anterior pasado humano (en el que encarnó nada menos que a Borges).

Y así va tejiéndose una novela no exenta de intriga, de sátira, que tal vez no sea redonda ni perfecta ni novela, pero que propone un interesante viaje desde Angola hacia otras culturas y está repleta de detalles e historias, de reflexiones sobre la memoria y la identidad, la verdad, la literatura o el poder de la imaginación.

Cubierta de O vendedor de passados, José Eduardo AgualusaUn nombre puede ser una condena. Algunos arrastran el nombre, como las aguas cenagosas de un río tras grandes lluvias y, por más que éste resista, le imponen un destino. Otros, por el contrario, son como máscaras: esconden, eluden. La mayoría, evidentemente, no tiene poder alguno.

José Eduardo Agualusa (Huambo, Angola, 1960) es hijo de colonos blancos portugueses, cursó sus estudios en Lisboa, residió en Río de Janeiro y desde 2004 vive en Luanda. De ahí que en sus obras la variedad de personajes, lugares y la mezcla de culturas ocupe un papel relevante. Con El vendedor de pasados fue el primer escritor africano en obtener el Independent Foreign Fiction Prize, concedido por el diario británico The Independent y por el Consejo de las Artes del Reino Unido. Otras obras suyas son Estación de lluvias, Nación criolla, Barroco tropical o El año en que Zumbí tomó Río de Janeiro.

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