A sangre fría, de Truman Capote

Barcelona: Anagrama, 2010

“Pero después, la gente del pueblo, hasta entonces suficientemente confiada como para no echar la llave por la noche, descubrió que su imaginación los recreaba una y otra vez…, esas sombrías  explosiones que encendieron hogueras de desconfianza, a cuyo resplandor muchos viejos vecinos se miraron extrañamente, como si no se conocieran.”

El día de Acción de Gracias de 1959 nunca se celebró en casa de los Clutter en Holcomb, Kansas. Entre las once de la noche del día 14 de noviembre y las dos de la madrugada del día 15, Herbert William Clutter, su mujer Bonnie y sus hijos Nancy y Kenyon fueron asesinados…a sangre fría.

Richard E. Hickock y Perry E. Smith se conocieron en la penitenciaría del estado de Kansas donde ambos cumplían condena. Condujeron ese 14 de noviembre, su viejo Chevrolet  desde Olahe también en Kansas hasta Holcomb.  Un recorrido de seiscientos kilómetros, tenían entre manos un golpe garantizado”.

“Cuando me volví a casa, a mitad de camino, encontré el viejo collie de Kenyon y el animal estaba todavía asustado. Se quedó allí quieto con el rabo entre las piernas, sin ladrar ni moverse. Y ver al perro, fue algo que me hizo sentir otra vez. Estaba demasiado aturdido, demasiado atontado para sentir toda la ruindad del suceso. El sufrimiento. El horror. Estaban muertos. Una familia entera. Buenas personas, gente amable, gente que yo conocía…, asesinados. Había que creerlo porque era rigurosamente cierto.”

Cuando la noticia de los hechos acontecidos en un remoto pueblo de Medio Oeste llegaron a las páginas del New York Times, Truman Capote percibió una oportunidad de narrar, contar lo allí ocurrido. Para ello propuso  a The New Yorker desplazarse el  mismo a Holcomb para desde el mismo lugar de los hechos, hacer una crónica del sangriento suceso.

A sangre fría es esa crónica. Es la plasmación magistral en unas cuartillas de unos sucesos que hicieron que Holcomb dejase de ser un pueblo anónimo de la América profunda a convertirse en  punto de mira de toda una nación.

Qué llevo a dos pequeños delincuentes a asesinar a una familia de prósperos granjeros, personas  sencillas y buenas, respetadas en su comunidad, queridas por todos. Que mecanismo activó el impulso de matar… a sangre fría. Quizás el dinero, el simple dinero.

A sangre fría fué llevada al cine en 1967 por Richard Brooks.

Truman Capote nació en New Orleans en 1924. Periodista y escritor, está considerado uno de los  iconos de la narrativa norteamericana. Otras obras de Capote, Desayuno en Tiffany’s, Los perros ladran, Crucero de verano, etc…

Truman Capote en la Biblioteca Universitaria de la UPM.

“Richard Eugene Hickock y Perry Edward Smith, socios en el crimen, murieron en la horca de la prisión del estado, por uno de los más sangrientos asesinatos con que cuentan los anales criminales de Kansas. Hickock, de 33 años,  murió a las 12.41. Smith, de 36, murió a la 1.19.”

Tristán e Iseo, Anónimo

Tristán e Iseo.

Madrid: Alianza Editorial, 1993

Señores, ¿os agradaría oír un hermoso cuento de amor y de muerte? Se trata de la   historia de Tristán y de Iseo, la reina. Escuchad cómo, entre grandes alegrías y penas, se amaron y murieron el mismo día, él por ella y ella por él. El relato de sus amores se extendió por la verde Erín y la salvaje Escocia…

Así es. Tristán e Iseo se cantó a lo largo de la Europa del siglo XII por juglares que recorrían los caminos y sendas, llevando la historia de los amores  de la desdichada pareja a los oídos de los habitantes del viejo continente.

Pero Tristán e Iseo va más allá de una trágica historia de amor. Es una narración llena de magia, de misterio. Habla de luchas contra dragones, de pócimas mágicas, sortilegios. También es una historia de aventuras de caballería, de duelos de honor, juicios de Dios. Caballerosidad y felonía, todo junto, fidelidad y traición, pasión, sentimientos todos ellos que encuentran cobijo en los protagonistas que llenan estás paginas y que propiciarán sus acciones. Fatalidad y dicha, siempre juntas, indivisibles, siempre unidas.

Montaron en sus corceles. El Morholt se cubrió con el escudo, bajo la lanza, espoleo su montura y  la empujo contra Tristán que lo recibió lanza en ristre, el cuerpo cubierto por el escudo. Tan fuerte fue el choque que las lanzas volaron en pedazos y los dos caballeros cayeron a tierra heridos.

Tristán recibe el encargo de su tío, el rey  Marcos, de marchar en busca de una esposa para él. Ella es Iseo. Una equivocación, un error,  traerá consecuencias trágicas. Un bebedizo, un hechizo  les llevará a la perdición. Tristán traiciona a su señor. Es el fin.

Alicia Yllera recoge en esta edición las aventuras y desdichas de los amantes a partir de poemas franceses del siglo XII.

La influencia de Tristán e Iseo llegó hasta el siglo XIX. El 10 de junio de 1865 se estrenó en Múnich Tristán e Isolda. Richard Wagner la compuso basándose en la leyenda medieval y transformando a partir de ese momento la concepción que se tenía de la opera.

Una música fascinante y una historia mágica. Palabra y música unidas indisolublemente, entrelazadas como dos amantes.  Ya nada será igual.

Tristan e Iseo en la Biblioteca de la UPM

Amigo Tristán, cuando muerto os veo, no hay razón para que yo siga viviendo. Habéis muerto por mi amor, yo muero por cariño hacia vos. No pude llegar a tiempo para curar vuestro mal, amigo; por vuestra muerte no podré volver a tener consuelo, ni alegría, ni solaz, ni placer.

Sin novedad en el frente, de Erich Maria Remarque

Sin novedad en el frente. Erich Maria Remarque.

Barcelona: Edhasa, 1994

“Soy joven, tengo veinte años, pero no conozco de la vida más que la desesperación, el miedo, la muerte y el tránsito de una existencia llena de la más absurda superficialidad a un abismo de dolor. Veo a los pueblos lanzarse unos contra otros y matarse sin rechistar ignorantes, enloquecidos, dóciles, inocentes. Veo a los más ilustres cerebros del mundo inventar armas y frases para hacer posible todo eso durante más tiempo y con mayor refinamiento.”

En el verano de 1914 estalla la I Guerra Mundial.

Paul Bäumer tiene veinte años y es soldado. Es nuestro protagonista. Como él, millones de jóvenes se lanzan a una lucha despiadada, brutal, cruel.  En ella dejarán su juventud, su vida, su inocencia.

Sin novedad en el frente nos cuenta la vida de Paul y sus compañeros, “la juventud de hierro” como les llamaba su maestro. Unas veces en las trincheras, otras en  la retaguardia. Riendo, llorando, sintiendo la amenaza de la muerte que como una negra sombra se cierne sobre ellos.  Y aprendiendo a sobrevivir. Todo lo que les enseñaron en la escuela, allí, no sirve de nada.

“Durante diez semanas recibimos instrucción militar, y en ese tiempo nos formamos de un modo más decisivo que en diez años de escuela. Aprendimos que un botón reluciente es más importante que cuatro volúmenes de Schopenhauer.”

Se alistaron voluntarios, convencidos con las consignas que habían recibido de sus mayores.

Han cambiado. Después de semanas en el frente, esos jóvenes inocentes han dejado de creer. La guerra ha borrado todo aquello que les habían inculcado.

“El primer bombardeo nos relevó nuestro error, y con él se derrumbó la visión del mundo que nos habían enseñado…

Nos endurecimos y nos volvimos desconfiados, despiadados, vengativos, groseros…, y nos fue bien; eran precisamente esas las cualidades las que nos faltaban”.

Pero dentro de esa espiral de destrucción, de horror, de sufrimiento se encuentra algo limpio, noble; los camaradas, ellos lo son todo. Ya no importa la familia o los amigos. Todo lo que dejaron atrás cuando  se embarcaron en aquel tren que les recogió en su ciudad,  felices y risueños, es pasado. No tiene sentido. Se han transformado, los han transformado, es la guerra.

En 1930, Lewis Milestone llevó a la gran pantalla la novela de Erich Maria Remarque.

“Cuando partimos hacia el frente somos soldados malhumorados o alegres; cuando llegamos al sector donde empieza el frente, nos hemos convertido ya en bestias humanas.”

Erich Maria Remarque en la Biblioteca UPM.

El sueño de África, de Javier Reverte

El sueño de África. Javier Reverte

Barcelona: DeBOLSILLO, 2009

“Mire al otro lado, hacia el Ngorongoro, quieto allí desde los lejanos días de la Creación, el  único tesoro que nos resta de lo que pudo ser el Jardín del Edén”

El sueño de África no es un libro de aventuras. Tampoco es un libro de viajes. En realidad, El sueño de África es un libro sobre los sueños.

Los sueños de aquellos que sintieron la llamada de ese continente en sus corazones, en su espíritu.  De aquellos que buscaron fortuna, riqueza, reconocimiento, prestigio, descubrimientos de nuevas    tierras y gentes. O simplemente, los sueños de aquellos que buscaron una razón, un propósito para  su existencia.

Javier Reverte hilvana historias del pasado y del presente. A la par que nos narra su viaje por Tanzania, Uganda y Kenia, nos cuenta historias pretéritas, los grandes descubrimientos, los pioneros en la exploración del continente, las luchas por la independencia, las historias de la esclavitud.

Pero también narra con destreza, las pequeñas historias que han hecho de África un continente vivo, mágico, hechizante. Un continente que llora y rie.

El sueño de África es el sueño del Coronel Patterson que cazaba leones devoradores de hombres mientras se construía el tren lunático.

El sueño de Ridder Haggard que plasmó en Las minas del Rey Salomón o de Edgar Rice Burroughs en sus novelas de Tarzán o  el de Hemingway de Las verdes colinas de África o Las Nieves del Kilimanjaro. O el de Karen Blixen y sus Memorias de África.

“Los acontecimientos que yo presencié no pueden ser revividos. Nadie verá otra vez las grandes manadas de elefantes conducidas por enorme machos de colmillos que pesaban ciento cincuenta libras cada uno. Nadie escuchará los gritos de guerra de los masai mientras sus lanceros avanzan en la espesura buscando a los leones que han devorados sus vacas. Muy pocos podrán decir que entraron en un territorio que ningún hombre blanco había visto antes que ellos. La vieja África se ha ido y yo la he visto irse.“ (John Hunter)

El sueño de África es el sueño del Dr. Livingstone, el de Richard Burton y John Speke en su búsqueda de las fuentes del Nilo, el de Henry Morton Stanley y el de otros tantos exploradores que se adentraron en aquellas inhóspitas tierras tratando de descubrir sus secretos.

Es el sueño de William Cornwallis Harris, el de William Cotton Oswell que fue el primer hombre que cazó elefantes a pie, el de Frederik Selous que siendo niño ya quería ser cazador y consideraba que “no hay nada como disparar a pie contra un elefante para tener tu sangre en buen estado”. Es el sueño de Phil Percival que era el mejor cazando leones a caballo, el de Denys Finch-Hatton, John Hunter y otros legendarios cazadores que buscaron en esas tierras tan lejanas su camino, su destino, su lugar en el mundo.

“Recordé otra vez las palabras que Joseph Thomson dijo poco antes de morir: Estoy condenado a ser un vagabundo. No soy un constructor de imperios, no soy un misionero, en realidad ni siquiera soy un científico. Lo que verdaderamente quiero es volver a África y seguir vagando de un lado a otro”

Javier Reverte en la Biblioteca de la UPM.

 

A de adulterio de Sue Grafton

A de adulterio. Sue Grafton

Barcelona: Tusquets Editores, 2006

A de adulterio, B de bestias, C de cadáver, D de deuda, etc., es el alfabeto…del crimen.

En 1982, Sue Grafton publicó la primera entrega de esta serie, A de adulterio.

La protagonista es una detective privada:

“Me llamo Kinsey Milhone. Soy investigadora privada con licencia expedida por  las autoridades del estado de California. Tengo treinta y dos años, me he divorciado dos veces y no tengo hijos. Ayer maté a una persona y el hecho me preocupa. Soy simpática y cordial y tengo muchos amigos…”

Así arranca esta entretenida historia en la que nuestra protagonista trata de averiguar quién es el responsable del asesinato de Laurence Fife, conocido abogado por sus éxitos en los tribunales y en las alcobas. El encargo proviene de la ex mujer de la víctima que tras cumplir una condena de ocho años acusada de su muerte ha salido en libertad bajo palabra. Una historia en principio sencilla pero que se va enredando con otros asesinatos pasados y presentes.

“He estado unas veinte veces en la habitación número 2 y siempre me ha resultado de una monotonía en cierto modo tranquilizadora…Es el típico lugar donde suelen encontrarse bragas ajenas bajo la cama…Vuelvo porque soy así de vulgar”

En 1982, Sue Grafton publicó la primera entrega de esta serie. A caballo entre los años setenta y ochenta, siguiendo siempre un orden cronológico en las diversas entregas que nos permite ver como nuestra protagonista va madurando, como el escepticismo se apodera poco a poco de ella y la hace cada vez mas insensible a la sordidez del mundo en el que se mueve. Con un lenguaje directo, ágil, con gotas de humor negro, siguiendo la estela de otros clásicos de la novela negra como Hammett, Chandler o su admirado Ross Macdonald, nos adentramos en el universo californiano de Kinsey Milhone, aparentemente feliz, despreocupado pero lleno de  falsas apariencias. La maldad está siempre al acecho, agazapada, dispuesta a saltar sobre los felices vecinos de Kinsey y transformarlos de honrados ciudadanos en seres abyectos.

No trabajaría para nadie que me diese tanta prisa, pero me siento más segura si tengo a mano un camisón, un cepillo de dientes y unas bragas limpias. Supongo que son mis pequeñas manías.”

Tusquets editores comenzó la publicación de las aventuras de la detective Kinsey Milhone con A de adulterio en su colección Andanzas llegando en la actualidad a la U de ultimátum.

Sue Grafton en la Biblioteca UPM.

Si te ha gustado esta primera entrega y quieres seguir otro caso de la detective Kinsey Millhone, Nosólotecnica te ofrece otro caso: I de Inocente

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