Marie Curie, por Sarah Dry

"Desde el primer anuncio de su descubrimiento, Marie y Pierre Curie eran famosos. A los periodistas les encantaba la historia de su pintoresco galpón, de su tranquilo romance, y los ideales compartidos de dos oscuros científicos. Marie era rutinariamente pintada como una especie de santa. Su imagen con un halo de cabello luminoso, examinando lo que el observador es animado a creer como el precioso contenido de un pequeño tubo de ensayo, es sólo el más explícito de sus cuadros. En ninguna de sus numerosas imágenes se la ve sonriendo." (p. 61-62)

Sarah Dry:

Curie (London: Haus, 2003)

Marie Curie (Madrid: Tutor, 2006)

Maria Salomea Skłodowska vino al mundo en una nación sin estado ocupada por el imperio zarista, obtuvo su primera educación con gran esfuerzo personal y recaló en el París de la Tercera República, faro de exiliados procedentes de muy diversas latitudes. Aquel régimen caminaba hacia la conquista de la laicidad y en teoría otorgaba un gran prestigio social al progreso científico, pero sus instituciones académicas aún estaban muy lejos de admitir en igualdad de trato a las mujeres, y su contencioso pendiente con la Alemania guillermina estimulaba las frecuentes actitudes xenófobas. Marie -ya en francés- se casó pronto con el también científico Pierre Curie, muerto prematuramente en un accidente de circulación. Esta viudedad temprana contribuyó con toda probabilidad a singularizar su figura y a construir el cliché de científica doliente y austera, casi monástica. Pero aunque muchos no tuvieron más remedio que terminar admitiendo su valía siquiera como una excepción, y aunque ella tampoco mantuvo una postura deliberadamente militante, su solo ejemplo personal y la resonancia mediática obtenida por sus premios y viajes así como las aplicaciones inmediatas de sus descubrimientos, terminaron por fabricar un icono de repercusiones sociales incalculables.

Por otra parte las consecuencias estrictamente científicas y tecnológicas parecen tan apabullantes que avergüenza pretender comentarlas aún más. Apuntemos tan solo el hecho cierto de que los esposos Curie trabajaron en una época en la que no se tenía conocimiento enteramente cabal de los efectos de las radiaciones sobre los seres vivos, lo que dio lugar a múltiples desgracias incluso antes de la irrupción del debate nuclear propiamente dicho.

Pero si quereis saber más sobre esta personalidad tenaz, trabajadora y genial tendréis que seguir leyendo en otra parte. Hay un montón de títulos consagrados a la saga Curie. Entre todos ellos y a pesar de algún pequeño error de traducción y edición, hemos escogido este breve ensayo de Sarah Dry por su carácter sintético, su buena contextualización histórica, sus ilustraciones, bibliografía y cronología, y por no ser demasiado largo. Además el libro incluye un apéndice escrito por Sabine Seifert sobre Irène Joliot-Curie, continuadora de la obra científica de sus progenitores.

"Aunque se llevó a cabo después de su muerte, Curie se habría sentido orgullosa de saber que la tradición de proseguir la investigación científica de forma separada de la educación, que había ayudado a definir, condujo directamente a la creación de Centre National de la Recherche Scientifique (Centro Nacional dela Investigación Científica), o CNRS. Este organismo, dirigido por científicos enérgicos y ambiciosos (el yerno de Marie, Frédéric Joliot-Curie sería más tarde uno de sus directores), reemplazó las prietas filas de la Academia de Ciencias, como árbitro de las nuevas direcciones de la investigación científica en Francia. Al separar los fondos destinados a investigación, el CNRS pudo fomentar a los científicos que trabajaban al margen de las instituciones académicas, tal vez previamente menospreciados, como fue el caso de Marie y Pierre en sus comienzos." (p. 138)

Este y otros libros de y sobre Curie en Bibliotecas de la UPM

Día de silencio en Tánger, de Tahar Ben Jelloun

“Ha cogido el autobús de Casablanca. Son cacharros viejos en que la gente se amontona, van rodando de cualquier modo y se paran con frecuencia para recoger viajeros. Por lo general a los turistas les gusta mucho viajar así. Dicen que es pintoresco y que les permite conocer mejor el país. Aguantan sin chistar el polvo, el humo de los cigarrillos, la falta de higiene, el ruido y los lamentos de los mendigos que se suben en las paradas. No es un viaje sino una pesadilla. Él lo sabe perfectamente y lo aguanta. El hecho de poder emprender semejante desplazamiento le tranquiliza.” (p. 44)

Jour de silence à Tanger. Paris : Éd. du Seuil, 1990.

Día de silencio en Tánger. Barcelona : Península, 1990.

Incluso en un espacio en principio tan juvenil como la Universidad también hay mucha gente mayor. Y en cualquier caso todos queremos llegar a contarla, a contar algo… Por eso os animo a leer un buen libro sobre la vejez, la historia de un personaje cuyos rasgos tal vez puedan parecer muy ajenos pero que terminará resultando plenamente cercano al lector en su básica humanidad.

Tahar Ben Jelloun empezó a escribir ya desde mucho antes. Sin embargo Día de silencio en Tánger fue uno de los títulos que entre finales de los años 80 y comienzos de los 90 del pasado siglo le otorgaron una celebridad definitiva en Francia, España y otros países. Desde entonces es un referente ineludible de la literatura marroquí en lengua francesa, o más exactamente: de la literatura francesa hecha por magrebíes. En otro orden de cosas fue señalado por asociaciones y movimientos bibliotecarios como uno de los firmantes contra el préstamo gratuito; pero no somos vengativos y reconocemos con mucho agrado la calidad de su arte que tanto nos complace tener entre nuestros fondos.

Este Día de silencio pertenece al género del récit: el relato corto pero bien condensado que tantos buenos frutos ha dado a la lengua francesa. No vamos a encontrar en él el Tánger mítico de intelectuales y vividores europeos y americanos que allí se instalaron, sino una visión desde la ciudad interior, desde la perspectiva de la pequeña burguesía urbana del norte de Marruecos cuyos ambientes el autor conoce como la palma de su mano. Ahí damos con el retrato cabal de un hombre mediterráneo anciano de finales del siglo XX cristiano, que echa la vista atrás y hace balance, con sus achaques y manías, su peculiar sentido de la rectitud y la honradez, y los condicionamientos sociales y de carácter que han marcado sus relaciones con los demás. Una buena oportunidad para reflexionar sobre la propia vida y posiblemente un buen pasaporte para penetrar en el alma autóctona de una ciudad-encrucijada de destinos.

Antes de morir mi padre nos hizo prometer que no nos dispersaríamos y, sobre todo, que mantendríamos vivos los lazos familiares. Yo he seguido su voluntad. Creo que he sido el único. A menudo tengo la impresión de pasar el tiempo juntando las piezas de un puzzle imposible hasta que un día descubrí que me había enquivocado de piezas y de puzzle. Podía habernos incitado a hacer grandes viajes o a emprender estudios excepcionales. Y sin embargo nos dejó en la mediocridad del comercio al por menor, sin grandes ambiciones y con el deber de unirnos. ” (págs. 85-86)

Obras de Tahar Ben Jelloun en Bibliotecas de la UPM.

Escritos corsarios, de Pier Paolo Pasolini

"El retrato robot de este rostro aún blanco del nuevo Poder le atribuye vagamente rasgos "modernos", por la tolerancia y una ideología hedonista autosuficiente, pero también unos rasgos feroces y sustancialmente represivos. Es una tolerancia falsa, porque en realidad ningún hombre ha tenido que ser nunca tan normal y conformista como el consumidor; y en cuanto al hedonismo, oculta evidentemente una decisión de ordenarlo todo con una crueldad que la historia no ha conocido nunca." (p. 58)

  • Pier Paolo Pasolini: Escritos corsarios.
  • Guadarrama (Madrid) : Eds. del Oriente y del Mediterráneo, 2009.

(Scritti corsari. Milano : Garzanti, 2003.)

 

A comienzos de los años 70 del siglo XX, esperanzadoras perspectivas de cambio amanecían en la Europa mediterránea y en América Latina. Sin embargo la violencia política, los demonios interiores de cada país, la resaca de las revoluciones juveniles de los años 60, y no digamos las hipotecas estratégicas de la Guerra Fría pendían como espada de Damocles, en mayor o menor medida, sobre esos futuros posibles. A esos factores se unía la rapidez vertiginosa de las transformaciones en el seno de esas mismas sociedades, que actuaban como causa/efecto realimentando sin tregua los procesos sociales.

Este es el contexto en el que cabe situar, para el caso italiano, estos Escritos corsarios: una recopilación de artículos periodísticos y reseñas cuyo conjunto conforma una crónica ambiental de la Italia de los llamados Años de Plomo. Exige pues una mínima puesta al día sobre aquel período a la vez creativo y convulso, que tanta tinta y tanto celuloide ha hecho correr. A cambio Pasolini nos regala su incisiva visión sobre un país enfrascado en un gigantesco proceso de aculturación colectiva, que parte del mundo tradicional rural y paleoindustrial y se encamina a la sociedad urbana de masas. Él no oculta su angustia ante la agonía del humanismo popular ancestral, arrollado por el consumismo apabullante y homogeneizante. Y traza un diagnóstico sombrío sobre los incipientes mecanismos del poder social. Así sin descanso hasta poco tiempo antes de su horrible asesinato.

Lógicamente los reaccionarios le atacaron denunciando el carácter transgresor de sus obras, pero también tuvo que lidiar con la inquina de una intelligentsia progresistia supuestament pragmática. Como el propio Pasolini, ahora Sciascia y Calvino, Berlinguer y los fantasmales dirigentes de la DC, esos personajes políticos e intelectuales con los que él polemizó, han desaparecido. Por desgracia la turbulenta evolución de la sociedad italiana -atención: con tantos aspectos similares a los de otros países de cultura afín- ha confirmado muchos de los pronósticos y orientaciones corsarias que él nos legó.

Desde el siglo XXI haríamos bien en tomar nota de su sabiduría, de su pensamiento deslumbrante por su alcance cultural y su espíritu humanista. Un ser profético, inclasificable, incómodo, maldito como ninguno, insoslayable para la cultura europea y universal, retratista de la buena nueva y del mal absoluto.

 

"La destrucción de valores actuales no implica una sustitución inmediata por otros valores con sus cosas buenas y malas, con una mejora del modo de vida unida a un progreso cultural real. Entre medias hay un momento de imponderabilidiad, y eso es precisamente lo que estamos viviendo, es ahí donde reside el grande, el trágico peligro. Pensad en lo que puede suponer en estas condiciones una recesión y sentiréis un escalofrío si hacéis una comparación -quizá arbitraria, quizá novelesca- con la Alemania de los años treinta." (p. 273, 274)

Obras de Pier Paolo Pasolini en Bibliotecas de la UPM

Titirimundi, en Segovia a partir del jueves 10.05.2012

Os recomendamos dar una vuelta por este festival de títeres, marionetas y espectáculos de calle que tras una fructífera andadura de muchos años, se ha convertido ya en una referencia internacional. Vía libre a la imaginación y a los sueños sin límite de edad en una ciudad ya de por sí fascinante. Toda la información y el programa completo, aquí: Titirimundi.

 

Diáguilev y sus “Bailes rusos”, en Madrid

Todavía, hasta comienzos de junio de 2012, estais a tiempo de disfrutar de la estupenda exposición  "Los ballets rusos de Diaghilev, 1909-1929" en CaixaForum Madrid. Una oportunidad para acercaros al mundo de este genial empresario artístico y figura crucial en la configuración del ballet como género escénico y musical moderno. Aprendemos también sobre sus peripecias en España, que sirvió de base de operaciones para su compañía durante los tormentosos años de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Magnífica muestra, enhorabuena a sus responsables.

 

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