Einstein y el universo. Exposición.

fondo[1]Centenario de la Teoría General de la Relatividad: 1915-2015.

Einstein y el Universo

Exposición.

Hasta el 31 de enero de 2016

Biblioteca ETSI  Aeronaútica y del Espacio.

Universidad Politécnica de Madrid

 

 

En conmemoración del centenario de la presentación en la Academia de Ciencias de Prusia de la Teoría General de la Relatividad, de Albert Einstein, se está realizando en el vestíbulo la Biblioteca Aeronaútica esta interesante exposición.

Más información aquí

 

 

 

Ingres. Exposición.

La gran odalisca (1814). IngresIngres
Museo del Prado

Exposición

del 24 de noviembre de 2015 al 27 de marzo de 2016

Por fin puede verse en Madrid una exposición de Jean-Auguste-Dominique Ingres (1780-1867) uno de los pintores más importantes de la historia del arte. Cuesta trabajo creer que está en España La gran odalisca que ha salido muy pocas veces del Museo del Louvre. Pocos cuadros han influido tanto en la pintura moderna.

Con ella llegan cuadros de tema histórico, religioso, dibujos perfectos y delicadísimos, y otros desnudos femeninos como El baño turco, tantas veces imaginadoDeslumbra la colección de retratos de caballeros y damas franceses de la alta sociedad que aunque resultan ajenos a nuestro  mundo admiran por su maestria, su elegancia y su fuerza. Ingres influyó de manera determinante en un grupo de pintores españoles, caso de Federico de Madrazo, pero más allá de influencias directas sus obras forman parte del imaginario colectivo. Se utiliza como referente en publicidad e inspira a multitud de creadores contemporáneos.

Florence Vignier-Dutheil directora del Museo Ingres de Montauban, la ciudad donde nació el pintor,  dice que: ” Ingres es inactual”. Es ciertamente atemporal y por eso sigue aquí, sin haberse podido marchar ni pasar de moda.  Miguel Zugaza, director del Museo del Prado, afirma en este sentido que: ” no es que sea un artista moderno, es que es extraordinariamente moderno“.

Mademoiselle Riviere (Ingres)- Fernando Botero-Lady Gaga.

El rey del dibujo y uno de los pintores más importantes de Francia, para muchos el más importante, nació en 1780, nueve años antes de la Revolución Francesa y murió en 1867. Fue contemporáneo de Delacroix, de Gericault y discípulo de David. Retrató a Napoleón y dos de esos retratos también pueden verse en esta exposición.

Le gustaba atender a todos los detalles del cuadro, como a los pintores flamencos; los pliegues y las calidades de las telas. Su maestría se recreaba en las joyas y los peinados pero  sus retratos son de enorme penetración psicológica.Louis Francois Bertin (1832)

Citar a los artistas que han estado influenciados por Ingres es imposible. Picasso, Saura, Bacon y Hockney entre los pintores pero son muchos los  músicos, fotógrafos y escultores que han bebido de la fuente inagotable de Ingres.

Una suerte enorme, y una gran oportunidad, poder ver al maestro ahora en el Museo del Prado.

Más información

Los cuatro jinetes de la Apocalipsis de Vicente Blasco Ibáñez

Los cuatro jinetes de la Apocalipsis.

Vicente Blasco Ibáñez

Alianza Editorial

Cerca de Europa, una oleada de noticias salió al encuentro del buque. Los empleados del telégrafo sin hilos trabajaban incesantemente. Una noche, al entrar Desnoyers en el fumadero, vio a los notables germánicos manoteando y con los rostros animados. No bebían cerveza; habían hecho destapar botellas de champaña alemán, y la frau consejera impresionada, sin duda, por los acontecimientos, se abstenía de bajar a su camarote. El capitán Erckmann, al ver al joven argentino, le ofreció una copa.

-Es la guerra

-dijo con entusiasmo-

-la guerra que llega… ¡Ya era hora!

Una vez más el mundo se ve abocado al desastre. La guerra deseada por unos, como los Hartrott que ven en ella un modo de imponer su superioridad de pueblo elegido, el alemán, a todos aquellos pueblos decadentes, inferiores. “la guerra es un hecho necesario para la salud de la humanidad” pero también temida, incomprendida por otros como Julio Desnoyers… nuestro protagonista, un joven bohemio y vividor que ve como su mundo se derrumba, que se mantiene al principio al margen de esa pesadilla, no la entiende, no la comprende “el hombre refinado y de complicaciones espirituales se ha hundido, quién sabe por cuántos años…. ya no estamos de moda”, pero que al final le servirá de redención.

Es la guerra. Ya viene, ya se acerca. El jinete está preparado para cabalgar sobre las tierras de Europa. Pero no vendrá solo.

Y cuando dentro de unas horas salga el sol, el mundo verá correr por sus campos los cuatro jinetes enemigos de los hombres…Ya piafan sus caballos malignos por la impaciencia de la carrera; ya sus jinetes de desgracia se conciertan y cruzan las últimas palabras antes de saltar sobre la silla.

– ¿qué jinetes son esos? Preguntó Argensola.

– Los que proceden a la Bestia

Los cuatro jinetes de la Apocalipsis fué un encargo del presidente Poincaré a Blasco Ibáñez.

Quiero que vaya usted al frente, me dijo, pero no para escribir en los periódicos. Eso pueden hacerlo muchos. Vaya como novelista. Observe y tal vez de su viaje nazca un libro que sirva a nuestra causa.

Y así lo hizo, siendo testigo privilegiado de esos momentos históricos.. La incertidumbre de los primeros momentos, el ansia por conseguir las noticias más recientes, la alegría y el anímo exaltado. Pero también el pesimismo y la desolación  ante la realidad que se abre camino poco a poco, la esperanza por el triunfo. Es la guerra.

Los cuatro jinetes de la Apocalipsis se convirtió en un éxito de ventas en Estados Unidos y llevó a su autor a alcanzar la fama y la riqueza.

Hollywood compró los derechos para el cine y Rex Ingram la llevó a la pantalla por primera vez con Rodolfo Valentino y Wallace Beary entre otros como protagonistas.

En 1962 el gran Vincent Minelli adaptó de nuevo la novela de Blasco para el cine. Glenn Ford, Charles Boyer, Paul Henried, Ingrid Tullin encarnaron a sus protagonistas trasladando la acción a la segunda guerra mundial.

Vicente Blasco Ibáñez nació en Valencia en 1867. Murió en la ciudad de Menton, Francia, en 1928. Su temprana vocación literaría le hace colaborar desde su época de estudiante en diversas publicaciones algunas de las cuales dirige el mismo como La Revolución.  Su activismo político le lleva desde muy temprano a participar en la arena pública defendiendo el republicanismo federal. Ese activismo le llevará a la cárcel y el destierro.

Otras obras del autor, La araña negra, Sangre y arena,  Cañas y barro, Entre naranjos…

Blasco Ibañez en la Biblioteca UPM

Le pareció que resonaba a lo lejos el galope de los cuatro jinetes apocalípticos atropellando a los humanos. Vio un mocetón brutal membrudo con la espada de la guerra; el arquero de sonrisa repugnante con las flechas de la peste; al avaro calvo con las balanzas del hambre; al cadáver galopante con la hoz de la muerte.

Los reconoció como las únicas divinidades familiares y terribles que hacían sentir su presencia al hombre. Todo lo demás resultaba un ensueño. Los cuatro jinetes eran la realidad

Cómo funciona el cerebro / Francisco Mora

Francisco Mora

Cómo funciona el cerebro

Madrid: Alianza, 2014

Francisco Mora - Cómo funciona el cerebro (cub.)Las área de nuestro cerebro dedicadas a elaborar los sistemas de recompensa son más grandes y en general nuestro cerebro dedica más tiempo a su funcionamiento. No podía ser de otra manera. Es más, el cerebro lucha y trabaja por evitar el funcionamiento de ese otro cerebro que es el que procesa la información sobre dolor y castigo. A ese dualismo funcional se dedica nuestro cerebro límbico, nuestro cerebro emocional. De él dependen fundamentalmente nuestra supervivencia, nuestro equilibrio personal, nuestro razonamiento y coherencia, nuestra relación con los demás, nuestros valores humanos e incluso nuestro sentido último de la existencia. ( p. 115)

Además de destacado profesor, en los últimos años Francisco Mora Teruel se ha convertido en un vehemente divulgador científico con un nutrido catálogo de obras que giran fundamentalmente en torno a las neurociencias. La centralidad del sistema nervioso y del cerebro en particular, y el modo en que en este libro se trata este elemento de los seres vivos considerados superiores hacen que el texto trascienda los aspectos más fisiológicos y se acerque –para bien- al ensayo de antropología filosófica. De hecho su apasionante lectura me remite a obras de Cordón o Mosterín, autores que sin embargo no aparecen citados. Conceptos como la identidad individual, la conciencia, la memoria, el aprendizaje, la enfermedad y la vejez son explicados desde la perspectiva neurocientífica y notablemente esclarecidos. En el contacto de la neurociencia con la religión se adopta un tono prudente: parece que el autor quisiera por encima de todo evitar espantadas o ataques que perjudicaran el desarrollo de la disciplina en sí. Por otra parte, la influencia del medio y el descubrimiento de la plasticidad cerebral a lo largo de la vida de los individuos, parece descartar un determinismo absoluto y abrir hueco a la noción del libre albedrío. En muy contadas ocasiones hay contenidos discutibles al tratar aspectos socio-históricos: la cronología sobre el Paleolítico y la aparición de la agricultura en relación con la del lenguaje no queda del todo pulida (p. 139); y se adopta un enfoque mercadotécnico-empresarial en la definición del concepto general de innovación (p. 240-241).

Pero en suma poquísimo que objetar en comparación con el enorme caudal de conocimiento que nos regala esta lectura. La avalancha actual de paparruchas y baratijas sobre la mente, el ser y temas relacionados, hacen especialmente bienvenido el libro del doctor Mora. La claridad literaria y la distribución de contenido lo convierten en instrumento idóneo para bachillerato, primeros años universitarios y educación de adultos, y muy recomendable para el profano que tenga que bregar con trastornos neuropsíquicos en su entorno. La obra se completa además con un útil glosario y una buena bibliografía. Tan solo quedaría rogar a la editorial un tamaño más generoso en los esquemas y figuras, sobre todo aquellos que incorporan términos escritos.

Todo lo expresado nos puede llevar a pensar en qué medida un sistema tan aparentemente abierto nunca da lugar a un individuo humano concreto. Lo que parece claro es que un único y singular genoma inicial tiene la potencialidad de crear múltiples posibles individuos, y es sólo el juego de interacción genes-medio ambiente y la selección específica en cada paso lo que da lugar al individuo concreto que luego se desarrolla a lo largo de la vida. (p. 309)

Francisco Mora Teruel en: Bibliotecas UPM.

Molinos de viento en Brooklyn. Prudencio de Pereda

Carátula del libroMolinos de viento en Brooklyn

Prudencio de Pereda

Editorial: Hoja de Lata

2015

Un relato autobiográfico de inmigrantes, con el aliciente de referir las peripecias en el Nueva York de la primera mitad del siglo pasado, de una comunidad, no irlandesa ni italiana, sino española. Un libro de curiosa factura, recién publicado en España (octubre de 2015), traducido, puesto que su lengua original es el inglés: Windmills in Brooklyn (1960). Es más, la audiencia esperada en su origen fue claramente anglosajona, pues para explicar las diferencias entre el acento gallego y andaluz recurre a la comparación del aire de Nueva Inglaterra y el de Texas (símil de difícil proyección en nuestro entorno).

La comunidad española que se describe es amplia y curiosa, tiene un oficio bien definido: los teverianos, es decir, vendedores ambulantes de puros habanos (o eso dicen) con toda la picaresca asociada a los buhoneros, buscones de poca monta y a los lazarillos.

Este relato narra con cariño, las dificultades de un patriarca de familia (el abuelo) que trasplantado de su actividad original (camarero de alto postín antes de inmigrar allende los mares), se ve en la necesidad de ganarse la vida como teveriano, actividad que ejerce sin convencimiento y hasta con sonrojo, pero en la que se ve condescendientemente apoyado por otros personajes (de menos escrúpulos) que lo admiran.Fotografía de Prudencio de Pereda

El título proviene precisamente de la recriminación que la abuela efectúa al carácter quijotesco del abuelo: “se te olvidó que no hay molinos de viento en Brooklyn”. Resulta muy interesante el ambiente conservador y al mismo tiempo algo amoral que lo envuelve, similar a lo que ocurriera en la sociedad victoriana donde se daban comportamientos tremendamente dispares y socialmente consentidos.

El autor, Prudencio Pereda, es el primer miembro de la familia que llega a la Universidad: el University College de Nueva York, aunque no es el personaje más boyante económicamente de la familia (o quizás deberíamos decir precisamente por eso). Prudencio sigue la estela del abuelo, mientras que el hermano (auditor de cuentas) se afianza en la vida según los criterios de la abuela: sobrio pragmatismo, oportunismo sin alardes.

Es libro de una tarde de disfrute, así lo he comprobado con varios miembros de la familia. Prudencio Pereda, escribe al mejor estilo Baroja, aunque él aspiraba a asemejarse a Hemingway, con quien entabla relación literaria. Es Hemingway quien lo recluta para escribir el guion del documental Spain in Flames, en el que se describe la situación de la Guerra Civil en España; colabora también el guion de The Spanish Earth. Trabaja en él con Lillian All the girls we loved, Prudencio de PeredaHellman, y John Dos Passos, y con el conjunto de escritores e intelectuales que se oponen a la política del senador Joseph McCarthy. Una de sus novelas: all the girls we loved llego a vender 500.000 ejemplares, después se apagó, y hoy la editorial Sensibles a las Letras lo recupera para el lector hispano hablante.

Yo lo he encontrado en la librería De Viaje, que es una librería peculiar, un curioso experimento de escasos pero relevantes fondos bibliográficos: novedosos y ultra-clásicos, específicos y variados, siempre prestos a describir entornos y vivencias, tanto en gran formato como en bolsillo, para viajar tanto en el espacio como en el tiempo.

Prudencio de Pereda en la Biblioteca UPM

For my part, I travel not to go anywhere, but to go.

I travel for travel’s sake.

The great affair is to move

 

Robert Louis Stevenson

1 117 118 119 120 121 200