Nada / Carmen Laforet

Carmen Laforet: Nada 

Edición: Rosa Navarro Durán 

Austral, 2020 

Edición original: Destino, 1945. 

El mes de junio iba subiendo y el calor aumentaba. De los rincones llenos de polvo y del mugriento empapelado de las habitaciones empezó a salir un rebaño de chinches hambrientas. Empecé contra ellas una lucha feroz, que todas las mañanas agotaba mis fuerzas. Espantada veía que todos los demás habitantes de la casa no parecían advertir ninguna molestia. El primer día en que me metí a hacer limpieza en mi cuarto, a fondo, con desinfectante y agua caliente, la abuelita asomó la cabeza moviéndola con desagrado.  

  • ¡Niña! ¡Niña! ¡Que haga eso la muchacha! (cap. XVII) 

2021 es el centenario de Carmen Laforet, no podíamos pasarlo por alto. Se ha señalado que Nada ha venido eclipsando la atención prestada a sus otras obras. Así que probablemente somos muchos quienes una vez más pedimos disculpas por rendirnos al atractivo de esta narración que nos envuelve desde la primera página, en mi modesta opinión rasgo de maestría en la escritura. Los hechos se desarrollan en una Barcelona tétrica y desastrada de la primera postguerra, a cuya dolorida geografía urbana la novela rinde –a su modo sutil y discreto- un sentido homenaje.  

Ante un relato tan intenso y potente, con tanta profundidad psicológica, mirado en perspectiva se intuye que –aun contando la gran cantidad de autores muertos o exiliados a raíz de la Guerra Civil- el futuro de la narrativa española desde 1939 se jugaría contra viento y marea en el interior del país, en el cruce de la subjetividad personal con los condicionantes de la dinámica social en curso. Desde este punto de vista Nada es un hito con todo merecimiento, y la Historia se ha encargado de demostrarlo por si en el momento de su aparición cupo duda.  

Más allá de su encuadre doméstico, el argumento y estilo de Nada reflejan el espíritu de una época. Son los meses y años cruciales para el desenlace del conflicto mundial en los que -a pesar de la postración en que se vivía- parecía que podía ocurrir cualquier cosa, y también el tiempo en que ya se observaba que -aún bajo una opresiva atmósfera social y una implacable represión política- la sociedad española nunca volvería a ser la misma de antes de la experiencia republicana de los años 30. Carmen Laforet es en sí misma una joven de extraordinario talento que se asoma a una deriva existencial y a una derrota de género, que se hace efectiva incluso para aquellas mujeres cuyo sector social podría darse supuestamente por ganador. De modo que su novela, de una modernidad pasmosa, cobra sin duda un nuevo interés a la luz de los conflictos y debates sociales de nuestro siglo XXI. Quien todavía no la haya leído que se ponga a ello e irá atando cabos. Es quizás el momento de apuntar al fino criterio atribuible al colectivo de Destino cuando brujuleaba ante un movedizo escenario político-cultural en Europa: Nada se llevó la primera edición del flamante Premio Nadal de 1944 para publicarse en 1945. Poco después, en 1947, se rodó versión cinematográfica dirigida por Edgar Neville.   

Carmen Laforet en: Bibliotecas UPM.

La variable humana

La variable humana

Rodrigo Martín Noriega

Editorial Gadir

La variable humana es un escueto libreto de suspense con un trasfondo matemático absurdo. Esto no impide que el suspense exista, ni que el deseo de lectura se mantenga intacto hasta el final.

carátula del libro

El contexto: un departamento de matemáticas en alguna universidad de prestigio. El trasfondo: si la lógica es incontestable, el proceso y el resultado se determinan entre sí.

Este escueto relato recibió el premio de novela corta de la Fundación Monteleón en 2012, y ha sido editado por Gadir, una editorial que cuida primorosamente sus libros.

Lo he leído varias veces en estos años, y lo que siempre me captura es el ritmo y el tempo.

El osado autor, Rodrigo Martín Noriega, versado en humanidades, no tiene formación matemática. Es en cambio especialista en teoría y estética de la cinematografía y probablemente a ello debamos su sugerente capacidad, creadora de una ambientación dramática; posteriormente ha recibido en 2017 el premio de narrativa Miguel Delibes.

Como a él le gusta indicar: “los relatos permiten explorar las fisuras de la realidad”.

Arturo Barea. La forja de un rebelde.

Arturo Barea. La forja de un rebelde. Ed Debolsillo, 2006.

La forja de un rebelde es una obra autobiográfica novelada del escritor español Arturo Barea Ogazón (Badajoz, 1897-Faringdon, 1957), publicada en el exilio entre 1940 y 1945 en Inglaterra. La componen tres volúmenes.

En la primera parte, La forja (1941), Barea narra su infancia y primera juventud en el Madrid de principios de siglo. Se crio sin padre, en una familia muy humilde y con una madre lavandera en el Manzanares, que se dejaba manos y cuerpo para sacar adelante a la familia. Vivían en el madrileño barrio de Lavapiés y sin duda, Barea tiene un recuerdo entrañable de esta etapa:

Si resuena «el Avapiés» en mí, como fondo sobre todas las resonancias de mi vida, es por dos razones:

Allí aprendí todo lo que sé, lo bueno y lo malo. A rezar a Dios y a maldecirle. A odiar y a querer. A ver la vida cruda y desnuda, tal y como es. Y a sentir el ansia infinita de subir y ayudar a subir a todos el escalón de más arriba. Esta es una razón. La otra razón es que allí vivió mi madre. Pero esta razón es mía.

Este primer libro es, para mí, el más tierno y divertido.

Después del gran éxito de este libro, llegó a las librerías inglesas la segunda parte, titulada La ruta (1943), en la que Barea cuenta sus primeros escarceos literarios y, sobre todo, sus experiencias en la guerra de Marruecos cuando en 1920 le llamaron a filas. Es un relato muy valioso sobre las guerras coloniales y el papel decadente de las metrópolis y los chanchulleos y negocios que algunos hicieron a costa de la guerra y los infelices que iban allí.

En la última entrega, La llama (1946), Barea cuenta cómo vivió él los años previos al golpe de estado de 1936, la guerra en Madrid y  los años terribles que le siguieron, hasta su exilio en 1938. El miedo, la incertidumbre, los “paseos” nocturnos  y los “pacos” (francotiradores) formaban parte de la vida cotidiana de los madrileños.

Con la llegada de la II República española, Barea se incorporó a la vida sindical afiliándose y militando en UGT. Durante la Guerra Civil española Arturo apoyó al bando republicano colaborando con diversas misiones de objetivo cultural y propagandístico, enseñando a los milicianos técnicas de combate, etc. Acabó trabajando para el Ministerio del Estado en la Oficina de Censura de Corresponsales Extranjeros en el edificio de Telefónica, en la Gran Vía madrileña, controlando las comunicaciones que los corresponsales enviaban a sus países. Allí conoció a la periodista austríaca Ilse Kulcsar, con quien inició una aventura y con la que se casó en 1938 una vez obtenido el divorcio de su primera mujer. Ella fue, además, la principal traductora al inglés de sus libros.

Quizás sea esta última entrega la que más me ha impactado ya que te transmite con absoluta crudeza lo que fue vivir la guerra en Madrid.

La llama, publicada por la editorial inglesa Faber & Faber, vendió cerca de 6.000 ejemplares en solo seis meses.  A pesar de esto, Barea no es un autor muy conocido en España, sin duda debido a sus ideales políticos y su exilio en Inglaterra donde vivió y desarrolló una carrera en la BBC como comentarista y cronista. Arturo Barea llegó a ser el quinto español más traducido en el mundo en los años cincuenta, al mismo tiempo que su obra era aclamada en los Estados Unidos. Su trilogía no se pudo publicar en España hasta 1977, una vez muerto Franco.

En 2017 una plaza en su querido barrio de Lavapiés recibió su nombre donde estuvieron la Escuelas Pías de San Frenando ahora sede de la Biblioteca de la UNED.

El director de cine Mario Camus, realizó una serie televisiva de 6 capítulos basada en la obra, titulada como la misma novela y producida por TVE en el año 1990.

Barea decía que

había tratado de registrar la vida tal como la he visto, vivido e intuido entonces, y registrar al mismo tiempo la historia de mi adaptación a aquella vida.

No os perdáis esta trilogía, merece mucho la pena.

Arturo Barea en las bibliotecas de la UPM

De viaje con NST: Asturias si yo pudiera…

Hay a nuestra disposición variadas formas de viajar: en tren, en barco, en sueños… Nosotros te proponermos subir a bordo de un buen libro. O de un buen montón de libros. Hasta final de agosto, los colaboradores de NST vamos a proponer lugares que bien merecen una visita por tierra, mar, aire o letras. ¿Tenéis las maletas preparadas? ¡Buen viaje!

Hoy nos lleva a Asturias Pilar Álvarez del Valle

Asturias si yo pudiera

Si yo supiera cantarte

Asturias verde de montes

y negra de minerales

(Poesía de Pedro Garfias Zurita
Poesías de la guerra española – México 1941
/música Victor Manuel)

El occidente asturiano, Asturies, en realidad no es El Principado. Su poso no se parece al de las suaves ondulaciones pre-cántabras. El occidente Astur es brutal y amablemente agreste; territorio de osos re-arraigados y tímidos rebecos, donde se escuchan los ecos del Xanas entre rocosas nieblas.

Fuentes de Narcea
Fuentes de Narcea

Las Fuentes del Narcea, de fantasmagóricas hayas, poco se parece a la selva de Irati. Aquí los árboles se emplean a modo de sostenibles e indirectos surtidores de carbón vegetal; puede parecer absurdo que en la tierra de la minería (a cielo cerrado) se aluda al pre-decimonónico carbón de leña, pero es que éste no requiere prospección, ni pico, ni pala, y fue con seguridad anterior al carbón mineral en el continuo flujo de la evolución tecnológica humana.

Las hayas de las Fuentes están desmochadas, de modo que un solo pie surte de múltiples ramas medianas de variable grosor, que son las que alimentan las carboneras (véase Tasio); porque lo agreste rural no es patrimonio exclusivo del Occidente Astur, sino que comparte base con tierras lejanas como Euskalherria ( mi tierra de adopción).

Y si lo que nos apetece es bucear por la literatura, podemos recurrir al sempiterno Alejandro Casona oriundo de Besullo, una aldea del concejo de Cangas del Narcea, geocentro de El Occidente, limítrofe con Muniellos y con el valle de Babia; recuérdese la Real expresión “estar en Babia“.

Cangas de Narcea es también cuna del menos renombrado Pepe Avello, profesor universitario y autor de dos novelas: la primera finalista del premio Nadal en 1983, y la segunda finalista del Premio Nacional de Narrativa (Premio Villa de Madrid, Premio de la Crítica de Asturias) 18 años después; ambas recientemente re-editadas por la editorial asturiana Trea. Personalmente, tengo querencia por su ópera prima: la subversión de Beti García, porque alberga la relación del autor con este territorio borrachino y dinamitero; donde la fiesta grande es El Carmen (cuya Señora es patrona de los marineros), y no la virgen de la magdalena, su patrona nominal; y es que cuando crees entender el lugar, en realidad te engañas a tí mismo.

La segunda novela de Pepe Avello, los jugadores de Billar, dicen que es mucho más madura, aunque al transcurrir mayoritariamente en Oviedo me resulta ajena al terruño de mis ancestros.

Finalmente, no puedo evitar recomendar la visita al negrísimo Sil minero (ya no tanto). Allí sanó un aún adolescente Ángel González, desahuciado con apenas 20 años (véase nuestra reseña anterior).

Feliz inmersión en estas 20.000 leguas de El Occidente Astur.

Mar de fondo, Patricia Highsmith

   Mar de fondo

   Patricia Highsmith

   Editorial Anagrama

Le agradezco mucho esos sentimientos – dijo Vic con una breve sonrisa– pero no suelo perder el tiempo rompiéndole a la gente las narices. Si alguien me desagradase de verdad, lo que haría sería matarlo. 

¿Matarlo?- preguntó míster Nash con la mejor de sus sonrisas.

–Sí. Se acuerda usted de Malcom McRae, ¿verdad?

–¿Mató de verdad a Malcom McRae?

–¿Y qué otra persona cree usted que pudo haberlo hecho?- Vic esperó, pero no hubo respuesta-. Melinda me ha contado que usted le conocía o sabía algo de él.

¿Tiene usted teoría? Me gustaría conocerla. Las teorías me interesan mucho. Mucho más que los hechos mismo.

 ¿Asesino?, como un hombre tan tranquilo como Victor Van Allen puede ser un asesino. Como un hombre tan querido por sus vecinos, con una vida acomodada de rentista, ocupado en la edición artística y la cría de caracoles, que se toma la vida con deportividad admirable según definición de uno de los muchos amantes de su mujer, puede ser un asesino.  Es un esposo comprensivo que pasa por alto las múltiples infidelidades de su mujer.

Él se lo ha confesado a uno de los amantes de su mujer, Joel, para asustarlo. Es una broma, pero la inquietud se va adentrando en la mente de sus vecinos, quizás detrás de un hombre pacífico se esconde una mente criminal, despiadada, perversa. Muchos interrogantes surgen y esas dudas cobran más fuerza cuando el nuevo amante de su mujer Melinda aparece ahogado en la piscina. Todas las miradas se dirigen a él, a Vic, su mujer le acusa del asesinato. Antes fue una broma pero ahora…

Patricia Highsmith nació en Ford Worth en 1921. Falleció en Suiza en 1995.

Patricia Highsmith en la Biblioteca UPM

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