Diario de un niño tonto, de Tono

Diario de un niño tonto. Tono

Temas de Hoy

Hoy estoy bastante contento porque he nacido. Confieso que ya tenía bastantes ganas de nacer pues mientras no se nace, no se es nada, y yo soy una persona con muchas aspiraciones…

Una de las primeras reglas de educación consiste en lavarse. Un niño bien educado debe lavarse, por lo menos, la cara. Otra regla de educación consiste en llevar casi siempre pañuelo. Las manos son también bastantes necesarias para expresar nuestra educación y, por lo tanto, es muy necesario llevar siempre manos. Los pies son menos necesarios, y podemos prescindir de ellos, ya que con  los pies no hacemos más que tonterías.

-¡Eres un estúpido y un ignorante y, si no aprendes los verbos, nunca sabrás que en el verbo hay tres 55personas!

-¿Y qué importancia puede tener una cosa en la que hay sólo tres personas?  Si el verbo fuera más interesante estaría lleno de gente… ¿Quiénes son esas tres personas?

– Esas tres personas son: yo, tú y él.

-¿Yo?…

-Sí, tú eres la segunda persona.

– Claro, y usted la primera. ¡Siempre tan egoísta!

¡Cuán dulce, hermoso y alegre fue el día de ayer!  Era el santo de mamá. Todos nos levantamos muy contentos y orondos y dimos saltos de más de un metro de altura para expresar nuestra alegría y nuestro regocijo. Papa corría como un loco por los pasillos y, subiéndose a las mesas, entonaba típicas canciones vascas y asturianas y sostenía fuentes y ensaladeras en sus típicas narices. Mama dijo que, por ser un día tan onomástico y tan señalado todos debíamos lavarnos la cara y las orejas y, al grito de ¡hurra!, corrimos como locos al cuarto de baño.

Antonio de Lara Gavilán, “Tono”, nació en Jaén en 1896. Murió en Madrid en 1978.

Autor teatral, colaborador en diversas revistas como Buen Humor, Mundo Gráfico y sobre todo La Ametralladora que fundó junto con Miguel Mihura. Engrosó las filas de la llamada la “Otra generación del 27” formada entre otros por Jardiel Poncela, Mihura y López Rubio.

Tono en la Biblioteca UPM

Cervantes 2016. Rinconete y Cortadillo en los Teatros del Canal.

índice

Rinconete y Cortadillo
Compañía Sexpeare
Basado en la novela de Cervantes
Teatros del Canal
(Madrid)

Y les sucedieron cosas que piden más luenga escritura”, escribió Cervantes en una de las últimas líneas de Rinconete y Cortadillo

Este final abierto, misterioso y provocador es el punto de partida de esta obra. La versión de Alberto Conejero responde a la pregunta: ¿Qué ocurrió con Rinconete y Cortadillo después del éxito de esta novela ejemplar?

Del miércoles 17 de febrero de 2016 al domingo 13 de marzo de 2016
De miércoles a viernes 21:30h. Sábados, 20:30h. Domingos, 18h, excepto el 28 de febrero 19h.

Rinconete y Cortadillo en la Biblioteca UPM

El vino de la soledad de Irène Némirovsky

El vino de la soledad.

Irène Némirovsky

Ediciones Salamandra

El silencio de aquella aletargada ciudad de provincias perdida en lo profundo de Rusia era pesado, hondo, de una tristeza aplastante, sólo roto ocasionalmente por algún coche que botaba por los resonantes adoquines del paseo…Nada. El silencio. Un roce de alas en los árboles. Una canción lejana en un camino campestre, interrumpida de golpe por una pelea, gritos, pisadas de botas de guardia, por alaridos de mujer borracha a la que arrastran a comisaría…De nuevo el silencio.

En esa asfixiante atmosfera de ciudad de provincias  viven los Karol. Vive Elena, la protagonista de esta historia. Su padre, Boris, es un hombre de negocios que está casi siempre fuera del hogar. Su madre, Bella, al que “ el cuidado de la casa y de su hija le horrorizaba” solo es feliz cuando está en Paris.  Es una mujer caprichosa que “nunca tuvo que trabajar y plegarse a las circunstancias”. Elena crece sola, sin cariño, sin amor, solo tiene el consuelo de su institutriz francesa, Mademoiselle Rose. En ella es donde únicamente encuentra lo que sus padres no le dan, amor, “no quería a nadie más en el mundo”.

La ausencia constante del padre y el desapego de su madre, su desprecio, convierten su vida en un sufrimiento, en una amargura, “a la hora de la cena le rodeaban rostros mentirosos”.

El odio a su madre empieza a germinar en su corazón.

Nunca había pronunciado claramente las dos sílabas de “mama”, que pasaban con dificultad entre sus labios apretados. Decia “mam”, con una especie de rápido gruñido que arrancaba a su alma con esfuerzo y un tenue y solapado dolor.

Elena va creciendo. La familia se traslada de ciudad en ciudad de acuerdo a los acontecimientos políticos, revolución rusa, o de los éxitos económicos del padre. Y aparece Max. Entra en sus vidas. Se convierte en el amante de su madre. Ella lo adivina. Nada será igual.

Elena se marchó, preguntándose con angustia qué le traería aquel desconocido, si felicidad o desgracia, porque ya sabía que en adelante sería el verdadero dueño de su vida.

Decide vengarse de su madre a través de Max, enamorándolo, seduciéndolo y llegado el momento, despreciándolo. Y así conseguirá la libertad. Será dueña de su vida. La herida se cerrará.

Irene Nemirosky es la verdadera protagonista de esta novela. Ella es Elena Karol. El vino de la soledad es el reflejo de su propia vida. Su confesión. Hija de emigrantes rusos huidos de la revolución, Irene también creció con la desapego de su madre y la desatención de un padre ausente. La literatura fue su salvación.

El vino de la soledad fué publicada por primera vez en 1935.

Nació en Kiev en 1903 y murió en el campo de exterminio de Auschwitz en 1942.

Nemirosky en la Biblioteca UPM.

No temo a la vida -pensó-. No son más que años de aprendizaje. Han sido extraordinariamente duros, pero han templado mi valor y mi orgullo. Eso me pertenece, es mi inalienable riqueza.  Estoy sola, pero mi soledad es ávida y embriagadora….

…Se levantó y en ese instante, las nubes se abrieron. El cielo azul apareció entre las columnas del Arco del Triunfo e iluminó su camino.

Los cuatro jinetes de la Apocalipsis de Vicente Blasco Ibáñez

Los cuatro jinetes de la Apocalipsis.

Vicente Blasco Ibáñez

Alianza Editorial

Cerca de Europa, una oleada de noticias salió al encuentro del buque. Los empleados del telégrafo sin hilos trabajaban incesantemente. Una noche, al entrar Desnoyers en el fumadero, vio a los notables germánicos manoteando y con los rostros animados. No bebían cerveza; habían hecho destapar botellas de champaña alemán, y la frau consejera impresionada, sin duda, por los acontecimientos, se abstenía de bajar a su camarote. El capitán Erckmann, al ver al joven argentino, le ofreció una copa.

-Es la guerra

-dijo con entusiasmo-

-la guerra que llega… ¡Ya era hora!

Una vez más el mundo se ve abocado al desastre. La guerra deseada por unos, como los Hartrott que ven en ella un modo de imponer su superioridad de pueblo elegido, el alemán, a todos aquellos pueblos decadentes, inferiores. “la guerra es un hecho necesario para la salud de la humanidad” pero también temida, incomprendida por otros como Julio Desnoyers… nuestro protagonista, un joven bohemio y vividor que ve como su mundo se derrumba, que se mantiene al principio al margen de esa pesadilla, no la entiende, no la comprende “el hombre refinado y de complicaciones espirituales se ha hundido, quién sabe por cuántos años…. ya no estamos de moda”, pero que al final le servirá de redención.

Es la guerra. Ya viene, ya se acerca. El jinete está preparado para cabalgar sobre las tierras de Europa. Pero no vendrá solo.

Y cuando dentro de unas horas salga el sol, el mundo verá correr por sus campos los cuatro jinetes enemigos de los hombres…Ya piafan sus caballos malignos por la impaciencia de la carrera; ya sus jinetes de desgracia se conciertan y cruzan las últimas palabras antes de saltar sobre la silla.

– ¿qué jinetes son esos? Preguntó Argensola.

– Los que proceden a la Bestia

Los cuatro jinetes de la Apocalipsis fué un encargo del presidente Poincaré a Blasco Ibáñez.

Quiero que vaya usted al frente, me dijo, pero no para escribir en los periódicos. Eso pueden hacerlo muchos. Vaya como novelista. Observe y tal vez de su viaje nazca un libro que sirva a nuestra causa.

Y así lo hizo, siendo testigo privilegiado de esos momentos históricos.. La incertidumbre de los primeros momentos, el ansia por conseguir las noticias más recientes, la alegría y el anímo exaltado. Pero también el pesimismo y la desolación  ante la realidad que se abre camino poco a poco, la esperanza por el triunfo. Es la guerra.

Los cuatro jinetes de la Apocalipsis se convirtió en un éxito de ventas en Estados Unidos y llevó a su autor a alcanzar la fama y la riqueza.

Hollywood compró los derechos para el cine y Rex Ingram la llevó a la pantalla por primera vez con Rodolfo Valentino y Wallace Beary entre otros como protagonistas.

En 1962 el gran Vincent Minelli adaptó de nuevo la novela de Blasco para el cine. Glenn Ford, Charles Boyer, Paul Henried, Ingrid Tullin encarnaron a sus protagonistas trasladando la acción a la segunda guerra mundial.

Vicente Blasco Ibáñez nació en Valencia en 1867. Murió en la ciudad de Menton, Francia, en 1928. Su temprana vocación literaría le hace colaborar desde su época de estudiante en diversas publicaciones algunas de las cuales dirige el mismo como La Revolución.  Su activismo político le lleva desde muy temprano a participar en la arena pública defendiendo el republicanismo federal. Ese activismo le llevará a la cárcel y el destierro.

Otras obras del autor, La araña negra, Sangre y arena,  Cañas y barro, Entre naranjos…

Blasco Ibañez en la Biblioteca UPM

Le pareció que resonaba a lo lejos el galope de los cuatro jinetes apocalípticos atropellando a los humanos. Vio un mocetón brutal membrudo con la espada de la guerra; el arquero de sonrisa repugnante con las flechas de la peste; al avaro calvo con las balanzas del hambre; al cadáver galopante con la hoz de la muerte.

Los reconoció como las únicas divinidades familiares y terribles que hacían sentir su presencia al hombre. Todo lo demás resultaba un ensueño. Los cuatro jinetes eran la realidad

La bestia humana de Émile Zola

La bestia humana

Émile Zola

Capitan Swing 2010

Y por último se fue, no sin antes volverse por dos veces para ver el negro bulto que formaba el cadáver sobre el suelo a la redonda luz de la linterna. A estas horas un frío intenso se dejaba sentir en aquel desolado desierto de áridas laderas, que las sombras de la noche agigantaban espantosamente.
Entretanto, seguían pasando los trenes y llegaba otro, largo, con dirección a París. Pero todos ellos cruzaban indiferentes en su inexorable potencia mecánica, atentos sólo a alcanzar su lejana meta, rozando, sin advertirlo siquiera, la cabeza medido cercenada de aquel hombre, a quien otro hombre había, indudablemente, degollado poco antes en un departamento reservado.

Jacques Lantier, es testigo de ese asesinato. Charles Roubaud con la colaboración obligada de su mujer Severine han asesinado al presidente del ferrocarril Grandmorin, antiguo protector de ella. Creen que Jacques sabe que ellos  son los asesinos y tratan de ganar su amistad. Tienden la red. Séverine es el anzuelo. Se forma así un triangulo del que no podrán huir.
Jacques Lantier es maquinista de tren. Tiene un secreto, una obsesión. Matar. Un deseo inconsciente y difícilmente controlable le lleva a querer matar a una mujer. Quiere sentir la satisfacción de matar, de sentir como la vida de otra persona se escapa entre sus manos. Es la herencia perniciosa de sus antepasados, la degeneración de una raza de la que no puede escapar y para la que él cree que no hay cura.  Vive alejado de la gente, de las mujeres. Solo vive para su locomotora, la quiere, la mima, la cuida como si fuese esa mujer que no quiere tener. Pero conoce a Séverine. Se enamora. Ella puede ser su cura, su salvación.

Entretanto, la visión de aquella blanca garganta, de aquel inmaculado pecho se apoderaba de él por completo con fascinación repentina, inexorable. Y otra vez con horror consciente sentía crecer en él la necesidad imperiosa de coger aquel cuchillo que estaba sobre la mesa y hundirlo hasta el mango en aquella carne de mujer…Entonces comprendió que había perdido el dominio sobre si mismo y si continuaba mirando a Sèverine como ahora la miraba, acabaría finalmente por satisfacer su obsesión y la mataría.

Qué lleva al hombre a matar, que le lleva a convertirse en una bestia salvaje. Es algo instintivo de lo que no se puede huir, es algo irrevocable. La bestia humana es la lucha del bien contra el mal, de la pasión contra la razón. Es la condición humana.

Era la verdad que pasaba muda…

En 1938, Jean Renoir lleva la obra de Zola a la gran pantalla con el mismo título con Jean Gabin, Simone Simon y Fernand Ledoux como protagonistas. El sufrimiento de Jacques Lantier, la lucha entre su deseo criminal y la razón, sus ansias de matar, la pasión, el amor por Séverine, todo ello se trasluce en Gabin, en su rostro, en su mirada.
Frizt Lang adaptó también para el cine La bestia humana con el título de Human Desires, con Glenn Ford, Gloria Grahame y Broderick Crawford como trío protagonista.

La bestia humana es una novela con unas imágenes de una fuerza tremenda. Como en la escena final. La locomotora toma vida, se hace presente, imparte justicia. Aquella justicia que con sus hipocresías, miedos y ambiciones no se ha podido dar, la locomotora lo hará. No existe redención posible.

De nuevo desapareció rauda en medio de la negra noche sin que supiese hacia donde iba. ¡Qué importaban las victimas que ella aplastaba en su constante rodar! ¿Acaso avanzaba hacia el porvenir, sin importarle nada la sangre vertida?
Y sin conductor envuelta en sombras como una bestia ciega y sorda que se hallara suelta entre la muerte, rodaba incesante cargada con aquella carne de cañón con aquellos soldados borrachos y embrutecidos ya por la fatiga, que continuaban cantando estribillos patrióticos
.

Émile Zola escribió La bestia humana en 1890 dentro del ciclo de novelas de Los Rougon Macquart.
Nació en París en 1840. Murió en la misma ciudad en 1902.
Zola en la Biblioteca Universitaria UPM

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