Historias de cronopios y de famas, Julio Cortázar

Cubierta de Historias de cronopios y de famas, de Julio CortázarHistorias de cronopios y de famas
Julio Cortázar
Primera edición en 1962

Para luchar contra el pragmatismo y la horrible tendencia a la consecución de fines útiles, mi primo el mayor propugna el procedimiento de sacarse un buen pelo de la cabeza, hacerle un nudo en el medio y dejarlo caer suavemente por el agujero del lavabo. Si este pelo se engancha en la rejilla que suele cundir en dichos agujeros, bastará abrir un poco la canilla para que se pierda de vista.

Sin malgastar un instante, hay que iniciar la tarea de recuperación del pelo…

El texto anterior es sólo el comienzo de uno de los variados ejercicios que Julio Cortázar propone en sus Historias de cronopios y de famas como escudo contra la solemnidad y la rutina que muchas veces, cuando no estamos mirando, se instalan en el itinerario de nuestras vidas. Instrucciones para llorar correctamente; para subir una escalera; para observar el aplastamiento de las gotas de agua; para cantar; para asistir a los velorios… todo un manual de “simulacros que no sirven para nada” cargado de humor, irónico y tierno, de surrealismo, de imaginación, de juegos jugados por seres difíciles de catalogar que no se conforman con que el reloj de la pared sea nada más que un instrumento para medir el tiempo, ni que la manija de la puerta apenas abra o cierre el paso al salón, ni que los sillones tan sólo sirvan para echar un sueñecito mientras los culebrones se alargan impunemente tras la sobremesa. Este libro es un antídoto para uso y disfrute de esos “seres verdes y húmedos”, un poco cronopios, que se estrellan sin rendirse en el muro invisible de las poses cotidianas, de la realidad vulgar y corriente del día a día.

Julio Cortázar en la Biblioteca de la UPM

Cuentos de La Alhambra, Washington Irving

Cubierta de Cuentos de la Alhambra, Washington Irving

Cuentos de La Alhambra

Washington Irving

En mayo de 1829, acompañado por un amigo, miembro de la Embajada rusa en Madrid, capital de España, inicio el viaje que había de llevarme a conocer las hermosas regiones de Andalucía.

Las amenas incidencias que matizaron el camino se pierden ante el espectáculo que  ofrece la región más montañosa de España, y que comprende el antiguo reino de Granada, último baluarte de los creyentes de Mahoma.”

 

Así empieza el escritor americano Washington Irving este libro famoso del que todos hemos oido hablar pero que pocos han leido. Es una obra fascinante y muy entretenida desde distintos puntos de vista.W. Irving y su perro. Felix O.C. Darley, 1860.

La primera sorpresa es que bajo este título se agrupan contenidos diversos, los cuentos son sólo una parte de la obra.

Es un libro de viajes porque la primera parte la dedica Washington Irving a narrar su viaje por España y lo hace con un encanto y viveza extraordinarias.

Puerta dela Justicia. J-P Girault, 1833.Es también un diario que recoge sus reflexiones personales ante el descubrimiento de la realidad española y es, en su última parte, un libro de cuentos  maravillosos inspirados en leyendas hispano musulmanas. Los cuentos le han convertido en un escritor mundialmente famoso y proyectaron a España y a la Alhambra hacia el extrajero más que ninguna otra obra del siglo XIX.

Placa que recuerda en La Alhambra el paso de Washington Irving.

Irving conoció una Alhambra habitada por personajes curiosos, se alojó en una pensión dentro de su recinto y trasmitió una fascinación por aquellos  escenarios que hizo que vinieran a España en el siglo XIX intelectuales y artistas de toda Europa. Pintores, escritores, científicos, filósofos, botánicos…todos soñaban con ver los escenarios de los cuentos  nazaríes de  Washington Irving.

Quizas no se ha reconocido oficialmente como se debe la trascendencia de esta obra. Con Washington Irving  tenemos los españoles una deuda de eterna gratitud porque después de su visita a Granada, La Alhambra, también para nosotros, nunca volvió a ser la misma.

Éste y otros títulos de Washington Irving en la Biblioteca UPM.

 

 

El Hombre que plantaba árboles, de Jean Giono

El Hombre que plantaba árboles Por Jean Giono

Jean Giono
Para que el carácter de un ser humano excepcional muestre sus verdaderas cualidades, es necesario contar con la buena fortuna de poder observar sus acciones a lo largo de los años. Si sus acciones están desprovistas de todo egoísmo, si la idea que las dirige es una de generosidad sin par, si sus acciones son aquellas que ciertamente no buscan en absoluto ninguna recompensa más que aquella de dejar sus huellas visibles; sin riesgo de cometer ningún error, estamos entonces frente a un personaje inolvidable… Así era Eleazar Bouffier el protagonista de este cuento inolvidable y así era también Jean Giono el hombre sencillo y autodidacta que escribió este texto en 1953, y que lo declaró propiedad de la humanidad, motivo por el cual puede encontrarse a texto completo en la web tanto en castellano como en su lengua original (L’homme qui plantait des arbres):

Quand je réfléchis qu’un homme seul, réduit à ses simples ressources physiques et morales, a suffi pour faire surgir du désert ce pays de Canaan, je trouve que, malgré tout, la condition humaine est admirable. Mais, quand je fais le compte de tout ce qu’il a fallu de constance dans la grandeur d’âme et d’acharnement dans la générosité pour obtenir ce résultat, je suis pris d’un immense respect pour ce vieux paysan sans culture qui a su mener à bien cette œuvre digne de Dieu.

El hombre que plantaba árboles, Jean GionoEn estos días en que la vida artificial nos envuelve y asfixia, algunos libros ejercen de bálsamo para las almas exhaustas y nos permite recordar la generosidad de la naturaleza, y la indolencia con que la despreciamos. He aquí el sentido homenaje de Joaquín Costa:

Son los árboles obreros incansables y gratuitos cuyos salarios paga el cielo. Que no se declaran en huelga, ni entonan el himno de Riego, ni vociferan gritos subversivos, ni infunden espanto a las clases conservadoras, ni socavan los cimientos del orden social. Para ellos la cuestión social no está en que los exploten, al revés, en que los hagan holgar (La fiesta del árbol).

Jean Giono en la Biblioteca UPM

El libro de los abrazos, Eduardo Galeano

Cubierta de El libro de los abrazos, Eduardo GaleanoEl libro de los abrazos
Eduardo Galeano

Madrid: Siglo XXI, 2009
Grabados, carátula y diseño interior de Eduardo Galeano

Primera edición: 1989

RECORDAR: Del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón.

Así comienza El libro de los abrazos, una colección de textos muy breves que dan voz de un modo íntimo, muy humano, a personas no escuchadas de pequeñas tribus o demasiado grandes ciudades; indios; niños; presos; torturados; héroes de barrio; exiliados; azorados amantes o poetas. Decenas de historias que hubieran pasado desapercibidas sin el ejercicio de memoria que significa este libro.

Copio un texto en el que Eduardo Galeano explica cuál es el sentido de la obra y también del título:

Creo que un autor al escribir abraza a los demás. Y éste es un libro sobre los vínculos con los demás, los nexos que la memoria ha conservado, vínculos de amor, solidaridad. Historias verdaderas vividas por mí y por mis amigos, y como mi memoria está llena de tantas personas, es al mismo tiempo un libro de “muchos”.

La prosa de estos pequeños cuentos es poética casi sin serlo, las palabras noEl libro de los abrazos, Eduardo Galeano (ilustración) pesan. Tal vez por eso el sentido que encierra cada una de las piezas se clava muy hondo y duelen o indignan o hacen volar. Están ilustrados, además, con pequeñas imágenes muy sugerentes del propio autor.

El libro es muchos libros, ya queda dicho. Por eso, en su experiencia, cada lector es libre de escoger su itinerario. Mi intención es sencilla, mostrar una de mis rutas lectoras valiéndome del número de página en que se puede encontrar el texto. Os invito a encontrar la vuestra. Mañana podrían ser otros; hoy, ahora, son estos:

5-11-50-52-56-59-

72-85-141-157-169-

254-255-257-258

El libro de los abrazos, Eduardo Galeano (ilustración)

Empiezo la ruta con una mujer que viste una falda inmensa de cuyos bolsillos va sacando papelitos y en cada uno hay una buena historia para contar. De estos papelitos, me parece a mí, llegan manos atadas que sin embargo danzan y dibujan; un banquito al que hacen guardia durante treinta años;  unos sucedidos que suceden cada vez que se cuentan; gentecita linda del pueblo que todavía huele a barro; nadies ninguneados; amantes que ruedan sabrosos; un pulpo con los ojos del pescador que lo atraviesa; un escritor que escribe para quien no puede leerle; pocas certezas y muchas dudas; una moneda que no deja huellas. Y acabo la ruta con una ventolera dentro de mí.

Este y otros libros de Eduardo Galeano disponibles en la Biblioteca UPM

Las tres preguntas / Lev Tolstoi

Las tres preguntas

Lev Tolstoi

Cubierta de Las tres preguntas. Lev TolstoiHans Christian Andersen solía decir: los cuentos sirven para que se duerman los niños, y se despierten los mayores.

Lev Nikoláyevich Tolstoi, que fundó una escuela para los niños campesinos denominada Yasnaya Polyana (Claro del Bosque), gustaba de emplear este género a modo de enseñanza. Las tres preguntas es un delicado exponente de este género:

Cierto emperador pensó una vez que si siempre supiera que contestar a estas tres preguntas, entonces no se equivocaría nunca,

¿Cuál es el momento más oportuno para hacer cada cosa?
¿Cuál es la gente más importante con la que trabajar?
¿Cuál es la cosa más importante para hacer en todo momento?

La editorial Gadir ofrece cuidadosamente editado uno de ellos y el texto en castellano puede descargarse en internet.

The last stationEste año, centenario de la muerte de Tolstoi, se ha estrenado una emotiva película: La última estación (The last station). A pesar del tiempo transcurrido algunos de los interrogantes de sus cuentos populares siguen teniendo la misma vigencia.

Cubierta de The hedgehog and the fox. Isaiah BerlinUn ensayo que hace referencia entre otras cosas al particular espíritu de este autor: El erizo y el zorro (The hedgehog and the fox) fue publicado en 1953. En él Isaiah Berlin, un reputado filósofo liberal, parte de un pequeño fragmento atribuido al poeta griego Arquíloco: El zorro sabe muchas cosas pero el erizo sabe una importante, y acaba afirmando que Tolstoi era un zorro que se creía un erizo.

Lev Nikolaevich Tolstoi en la Biblioteca UPM

Isaiah Berlin en la Biblioteca UPM

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