Paul Torday. La pesca de salmón en Yemen

Portada La Pesca del salmon en Yemen. Paul TordayPaul Torday. La pesca de salmón en Yemen. Editorial Salamandra, 2006

¿Sacar salmones de los ríos y enviarlos a Arabia Saudí? -dijo Tom-. Usted no conoce a la comunidad de pescadores. Antes preferirían vender a sus hijos como esclavos”. “En realidad es a Yemen”, aclaré. “Se levantaría en armas -replicó-. Les importan más esos peces que nada en el mundo. No descarto que hubiera acciones guerrilleras si intentáramos algo semejante.

Con este curioso título nos encontramos una novela muy divertida en la cual se nos cuenta la historia de un insólito proyecto: la introducción de la pesca de salmón en Yemen.

Su protagonista, el reputado científico Alfred Jones, ve interrumpida su tranquila y controlada vida en el Centro Nacional para el Fomento de la Piscicultura cuando su jefe le propone dirigir este proyecto. Alfred, persona racional hasta la médula, redacta un sesudo informe enumerando todas las razones por las cuales el proyecto es inviable. Pero detrás de todo ello está el dinero y la insistencia de Mohamed ben Zaidi bani Tihama, un acaudalado jeque con mansión en Escocia,  enamorado del purificador arte de la pesca.

La situación se complica cuando el disparatado proyecto capta la atención de Peter Maxwell, Jefe del Gabinete del Primer Ministro, que ve en ello una oportunidad de mejorar la imagen del Reino Unido en Oriente Medio y de lanzar su carrera política. Y el proyecto sorprendentemente se pone en marcha.

Se recupera el género epistolar (al más puro estilo Stoker de Drácula) pero con toques modernos. No tiene narrador ni un relato lineal. Está enhebrada a base de multitud de documentos y testimonios: e-mails, cartas, comparecencias parlamentarias, informes técnicos y científicos, interrogatorios, hasta un fragmento de guión televisivo.

La novela es una sátira que habla de la burocracia pero también de la fe (no religiosa, sino de “creer en el mismo hecho de creer”),  de luchar por algo y es un pequeño manual de técnicas de engaño político y de cómo lanzar una cortina de humo para que no se hable de lo que realmente importa. Como confiesa el director de comunicación del gabinete del Primer Ministro en un interrogatorio:

El lapso de atención de los medios informativos es de veinte minutos, y una novedad, una nueva perspectiva, suele tentarlos a soltar el hueso que tu quieres que suelten y fijarse en el hueso nuevo que tú les ofreces.

Fotografia Paul torday

Paul Torday nació en 1946. Pese a haber estudiado Literatura en Pembroke College, Oxford, ha realizado su andadura profesional en la industria de la ingeniería marina. Por motivos de trabajo ha visitado Oriente Medio en numerosas ocasiones. Vive en Northumberland, en la frontera con Escocia, donde se ha convertido en un apasionado practicante de la pesca de salmón.

Esta fue su primera novela, escrita entre  2005 y 2006, cuando la guerra de Afganistán y la ocupación de Irak eran los temas estrella en los informativos y en los parlamentos. Esta es su primera novela.

No podían faltar los atentados de grupos fundamentalistas, (con e-mails interceptados a Al Qaeda) ni la mirada del autor que muestra la hermosura de un país tan arcaico y de extremada riqueza histórica como es Yemen:

Este país me tiene abrumado. Es de una hermosura casi salvaje, en especial los montes Haraz, donde el jeque vive normalmente cuando no está en Glen Tulloch. Una vez que entras en uno de estos pueblos te encuentras con una algarabía de gritos, una explosión de color, olores inimaginables de alcantarillas y especias, y de repente al doblar una esquina te topas con un jardín oculto detrás de las casas

En 2011 se estrenó la película, con el mismo llamativo título (Salmon Fishing in the Yemen) dirigida por Lasse Hallström (¿A quién ama Gilbert Grape? y Las normas de la casa de la sidra) protagonizada por Ewan McGregor y Emily Blunt. En la película le han cambiado el sexo al asesor del Primer Ministro para convertirlo en Patricia, interpretada por Kristin Scott Thomas.

Puedes encontrar el libro y la película en las Bibliotecas de la UPM.

Descripción del Egipto otomano. Pablo Martín Asuero.

Cubierta de Descripción del Egipto otomano según las crónicas de viajeros españoles, hispanoamericanos y otros textos (1806-1924). Pablo Martín AsueroDescripción del Egipto otomano según las crónicas de viajeros españoles, hispanoamericanos y otros textos (1806-1924)

Pablo Martín Asuero

Miraguano

2006

El primer contacto visual directo de mi vida con el arte egipcio fue en el Museo del Louvre, no lo puedo olvidar. Allí un verano pretérito me topé, por sorpresa, con una esfinge de granito rosa en una salita privada y semioscura. La impresión fue tan tremenda que no pude evitar dar un grito. Aquella cosa irradiaba una fuerza, una solemnidad  y una Esfinge de granito de Tanis (Museo del Louvre)emoción imponentes que no tenia nada de lo que había visto hasta entonces.

Esa fascinación  y mucha más  sorpresa la sintieron sin duda   los viajeros españoles que descubrieron Egipto en el siglo XIX y principios del XX.

Hay que tener en cuenta, para entender muchos de los comentarios que recoge este libro, que ellos no llevaban información previa sobre lo que les esperaba en Egipto, eran los inicios de la fotografía.

  Bienvenidos sean estos testimonios curiosos de viajes, no de extrajeros por España -la perspectiva más común- sino lo contrario, de españoles e hispanoamericanos por Egipto, un mundo entonces muy lejano y que fue el gran destino de moda.

La apertura del Canal de Suez -en la suntuosa ceremonia de innauguración estuvo Eugenia de Montijo- puso de actualidad Egipto. Este acontecimiento unido a los descubrimientos arqueológicos, las exposiciones de piezas encontradas y El industrial catalán Antoni Amatller y su hija.las múltiples publicaciones sobre el país que se editaron entonces animaron a muchos europeos a visitar la tierra de los faraones.

Los españoles que cuentan sus impresiones en este libro son cónsules, embajadores, espias, burgueses con dinero, escritores como Blasco Ibañez y diversos profesionales que visitaron la zona por motivos de trabajo.

Van dos pinceladas de las muchas que ofrece este libro de viajes diferente y lleno de interés.

Sobre las sorprendentes vestimentas:

Cuando van por la calle visten un manto negro, a la manera de fantasma, que les cubre la cabeza y les llega hasta los piés: debajo del manto  llevan una toca semejante a la que llevan las monjas.

Tampoco faltan los consejos prácticos sobre los trayectos cortos.  Este sobre las travesias por el Nilo :

En cada vapor hay un saloncito angosto para las señoras y otro para los hombres con sofás corridos. Cada uno duerme en el asiento que le toca, si no se descuida en ocuparlo y tomar posesión de él cuando llega al vapor.

Mis Memorias de Miguel Mihura

Miguel Mihura. Mis Memorias

Madrid: Temas de Hoy, 1998

“¡Pobre Valcárcel! El recuerdo de nuestra primera entrevista fluye a mi memoria.

-Señor Valcárcel, yo quiero trabajar en su periódico.

Le dije un día, entrando en su despacho y besándole los pies y las manos, según era costumbre en aquellos tiempos.

-¿Sabe usted escribir? – me pregunto gravemente, poniendo los pies y las manos encima de un estante para que no se los besase más.

-Sí, señor;  sé escribir -dije con desparpajo.

-¿El qué?

-Sé escribir “caballo”.

-¿En singular o en plural?

-De las dos maneras.  -replique con osadía, ya que solo sabía escribirlo en plural o sea poniéndole una “ese”  al final del caballo.”

El humor como arma contra las miserias de la sociedad, contra la falta de escrúpulos, contra el desencanto y el pesimismo de una sociedad llena de convencionalismos. Como señalaba Wenceslao Fernández Flórez, “el humor se coge del brazo de la Vida, con una sonrisa un poco melancólica quizá porque no confía mucho en convencerla.” Y que mejor representante que Miguel Mihura y sus memorias. ¿Ficticias?, si, ¿reales?, también.

Laura Montálvez, la tiple cómica, me preguntaba si la palabra “cáspita” que debía decir al final de primer cuadro, la tenía que pronunciar con acento cómico, con acento dramático o con acento escéptico.

-Con los tres acentos, y uno más encima de  la “a”.

Le explicaba yo, para que dijese ¡cáspita! en vez de “caspita”.”

Miguel Mihura nace en Madrid que “no estaba inventado todavía, y hubo que inventarlo precipitadamente para que naciese yo y para que naciese otro señor bajito, cuyo nombre no recuerdo en este momento y que también quería ser madrileño” en 1905. Hijo de un empresario teatral, vivió inmerso de pequeño en el ambiente de la farandula del que conocería todos sus entresijos, sus alegrías y sus miserias.

Empezó a escribir muy pronto en revistas como Buen Humor y Gutiérrez,  donde coincidiría con Neville, Jardiel, Tono, López Rubio y otros que constituyeron lo que se llamó “La Otra Generación del 27.

Y por encima de todos ellos, su maestro, su inspirador,  Ramón Gómez de la Serna, que les llevó a hacer una nueva forma de humor   distinto al que se había hecho hasta ahora, cercano al surrealismo y siempre inteligente.

“Leocadia quería dejar un  niño recién nacido en un portal, con un letrero en el pecho que dijese: “Por amor de Dios, no le abandonéis. Y si le abandonáis, devolved el casco a Fuencarral, 14””

En 1932 escribió su primera obra teatral, “Tres sombreros de copa” ,que no pudo estrenar hasta 20 años más tarde cuando Gustavo Pérez Puig la llevó al escenario del teatro Español el 24 de noviembre de 1952 con Juanjo Menéndez, Agustín González o Fernando Guillén entre otros.

Durante la Guerra Civil crea en San Sebastián La Ametralladora y en 1941  La Codorniz con Álvaro de Laiglesia.

Algunas de sus obras;

¡Viva lo imposible! (1939), Ni pobre ni rico, sino todo lo contrario (1943), El caso de la mujer asesinadita (1946), Sublime decisión (1955), Mi adorado Juan (1956), Melocotón en almíbar (1958), Maribel y la extraña familia (1959), Ninette y un señor de Murcia (1964),  Sólo el amor y la luna traen fortuna (1968)…

El humor es un capricho, un lujo, una pluma de perdiz que se pone uno en el sombrero; un modelo de pasar el tiempo. El humor verdadero no se propone enseñar o corregir, porque no es esta su misión. Lo único que pretende el humor es que, por un instante, nos salgamos de nosotros mismos, no marchemos de puntillas a unos veinte metros y demos una vuelta a nuestro alrededor contemplándonos por un lado y por otro, por detrás y por delante, como ante los tres espejos de una sastrería  y descubramos nuevos rasgos y perfiles que no nos conocíamos.

El humor es verle la trampa a todo, darse cuenta de por dónde cojean las cosas; comprender que todo tiene un revés, que todas las cosas pueden ser de otra manera, sin querer por ello que deje de ser tal como son, porque eso es pecado y pedantería, El humorismo es lo más limpio de intenciones, el juego más inofensivo, lo mejor para pasar las tardes. Es como un sueño inverosímil  que al final se ve realizado.

Miguel Mihura en la Biblioteca Universitaria.

Día de silencio en Tánger, de Tahar Ben Jelloun

“Ha cogido el autobús de Casablanca. Son cacharros viejos en que la gente se amontona, van rodando de cualquier modo y se paran con frecuencia para recoger viajeros. Por lo general a los turistas les gusta mucho viajar así. Dicen que es pintoresco y que les permite conocer mejor el país. Aguantan sin chistar el polvo, el humo de los cigarrillos, la falta de higiene, el ruido y los lamentos de los mendigos que se suben en las paradas. No es un viaje sino una pesadilla. Él lo sabe perfectamente y lo aguanta. El hecho de poder emprender semejante desplazamiento le tranquiliza.” (p. 44)

Jour de silence à Tanger. Paris : Éd. du Seuil, 1990.

Día de silencio en Tánger. Barcelona : Península, 1990.

Incluso en un espacio en principio tan juvenil como la Universidad también hay mucha gente mayor. Y en cualquier caso todos queremos llegar a contarla, a contar algo… Por eso os animo a leer un buen libro sobre la vejez, la historia de un personaje cuyos rasgos tal vez puedan parecer muy ajenos pero que terminará resultando plenamente cercano al lector en su básica humanidad.

Tahar Ben Jelloun empezó a escribir ya desde mucho antes. Sin embargo Día de silencio en Tánger fue uno de los títulos que entre finales de los años 80 y comienzos de los 90 del pasado siglo le otorgaron una celebridad definitiva en Francia, España y otros países. Desde entonces es un referente ineludible de la literatura marroquí en lengua francesa, o más exactamente: de la literatura francesa hecha por magrebíes. En otro orden de cosas fue señalado por asociaciones y movimientos bibliotecarios como uno de los firmantes contra el préstamo gratuito; pero no somos vengativos y reconocemos con mucho agrado la calidad de su arte que tanto nos complace tener entre nuestros fondos.

Este Día de silencio pertenece al género del récit: el relato corto pero bien condensado que tantos buenos frutos ha dado a la lengua francesa. No vamos a encontrar en él el Tánger mítico de intelectuales y vividores europeos y americanos que allí se instalaron, sino una visión desde la ciudad interior, desde la perspectiva de la pequeña burguesía urbana del norte de Marruecos cuyos ambientes el autor conoce como la palma de su mano. Ahí damos con el retrato cabal de un hombre mediterráneo anciano de finales del siglo XX cristiano, que echa la vista atrás y hace balance, con sus achaques y manías, su peculiar sentido de la rectitud y la honradez, y los condicionamientos sociales y de carácter que han marcado sus relaciones con los demás. Una buena oportunidad para reflexionar sobre la propia vida y posiblemente un buen pasaporte para penetrar en el alma autóctona de una ciudad-encrucijada de destinos.

Antes de morir mi padre nos hizo prometer que no nos dispersaríamos y, sobre todo, que mantendríamos vivos los lazos familiares. Yo he seguido su voluntad. Creo que he sido el único. A menudo tengo la impresión de pasar el tiempo juntando las piezas de un puzzle imposible hasta que un día descubrí que me había enquivocado de piezas y de puzzle. Podía habernos incitado a hacer grandes viajes o a emprender estudios excepcionales. Y sin embargo nos dejó en la mediocridad del comercio al por menor, sin grandes ambiciones y con el deber de unirnos. ” (págs. 85-86)

Obras de Tahar Ben Jelloun en Bibliotecas de la UPM.

Ernest Dowson, Diario de un hombre de éxito.

Diario de un hombre de exito_Ernest DowsonErnest Dowson.

Diario de un hombre de éxito. Periférica, 2012.

Un hombre regresa a Brujas, donde compartió el amor por una mujer con su mejor amigo, Lorimer. Allí se siente joven de nuevo, aunque ya es viudo y ha rebasado la cincuentena. Recorre los lugares que otro tiempo fueron tan importantes en su vida, anota con pesadumbre sus impresiones y visitas en un diario (“es un error llevar un diario”, escribe). Está de paso, pues su destino es Bruselas, y no consigue marcharse. Le tortura ignorar lo que les ocurrió a Lorimer y a Delphine. Pero saberlo no aliviará la carga del pasado.

El libro se lee rápidamente, apenas veinticinco páginas con anotaciones correspondientes a  doce días.  Corto pero intenso.

Al leerlo me recordó a la vez   “El último encuentro” de Sandor  Márai (la amistad entre dos hombres, su distanciamiento por una mujer y la forma en que se desvela  lo ocurrido) y al romanticismo de las leyendas de Bécquer. Extraña mezcla. El título es claramente irónico, porque encierra una historia llena de nostalgia y amargura.

Catedral de Brujas

Catedral de Brujas (1890-1900). Fuente: The Library of Congress

A mis años debemos mantenernos alejados de las catedrales: son lugares con bóvedas plagadas de reumatismo –en el mejor de los casos se encuentran plagadas de fantasmas.

Ernest Christopher Dowson nació en Londres en 1867 y murió en la misma ciudad en 1900. Figura mítica de la literatura británica, dandy, amigo de Oscar Wilde, poeta y autor de relatos y poemas tan singulares como hermosos, abandonó sus estudios en la Universidad de Oxford para trabajar en la empresa de su padre.

Retrato Ernest DowsonArquetipo de poeta decadente y temperamental, en los últimos años de su vida, atravesado por el dolor «de las ausencias que han producido la muerte y la vida», como escribiera él mismo, encontró alojamiento barato en las casas de algunas prostitutas. Quizá por ello, su nombre apareció en numerosas ocasiones en la lista de sospechosos de Scotland Yard. ¿Fue Dowson en realidad Jack el Destripador? Todo un personaje.

Admirado por nombres como T. S. Eliot, quien lo consideraba el poeta más dotado de su época, murió con poco más de treinta años. Unos dicen que víctima de su alcoholismo, otros que debido a la tuberculosis.

La edición que nos ofrece Periférica incluye el poema más famoso de Dowson, de largo título en latín: Non sum qualis eram bonae sub regno Cynarae ( procedente de una oda de Horacio: “Ya no soy el que era cuando gobernaba la hermosa Cynara”). También en él se evoca la ausencia, la de la amada Cynera, a la que declara haber sido fiel, “a mi manera”. Y ahí brilla el verso “I have forgot much, Cynara! gone with the wind”, que según decía Margaret Mitchell, fue el “lejano y débilmente triste sonido que quería” de la primera línea de la tercera estrofa lo que le inspiró a llamar a su única novela “Gone with the wind”.

Aunque no esté incluido en el libro me gustaría añadir como colofón otro bonito poema de Dowson  titulado Vitae summa brevis spem nos vetat incohare longam (“La breve duración de la vida nos prohíbe albergar una esperanza larga”. Horacio):

No duran mucho tiempo, los llantos y las risas,

el amor y el deseo y el odio:

creo que no forman parte de nosotros tras

que atravesemos la puerta.

No duran mucho tiempo, los días de vino y rosas:

como desde un vago sueño

el camino surge un instante, luego se pierde

en el interior de un sueño.

Aquí también aparece un bonito verso que inspiraría otro título de película: “Días de vino y rosas” (“Days of wine and roses”) de Blake Edwards.

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