CAMPUS SUR LEE: Memorias del subsuelo. Fiodor M. Dostoievski

Fiodor M. Dostoievski en la Biblioteca UPM

Memorias del subsuelo en la Biblioteca UPM

… Mirad: la razón, caballeros, es una buena cosa, eso es indiscutible; pero la razón no es más que la razón, y sólo satisface a la capacidad humana de raciocinar, en tanto que el deseo es la manifestación de la vida toda; es decir, de toda la humana, incluso la razón y todas las comezones posibles.  Y si nuestra vida no se revela a veces mucho en esta manifestación, es, pese a todo, la vida, y no únicamente la extracción de la raíz cuadrada. Porque yo, por ejemplo, quiero vivir de un modo completamente natural para satisfacer mi capacidad de vivir y no mi facultad de raciocinio, la cual representa próximamente la vigésima parte de mi capacidad de vivir. ¿Qué sabe de eso la razón? La razón solo sabe lo que ha tenido tiempo de saber (puede que haya algunas cosas que nunca sabrá, esto no es muy consolador que digamos, pero ¿por qué no reconocerlo?), en tanto que la Naturaleza humana actúa en masa con cuanto en ella se encierra, y se equivoque o acierte, vive.

Dostoievski, F. Memorias del subsuelo. Cátedra, 2006.

Jonathan Strange y el señor Norrell. Susanna Clarke

Susanna Clarke en la Biblioteca UPM

Se podría decir que Jonathan Strange y el señor Norrell es una obra clásica de corte decimonónico, puesto que sigue sus cánones: nos recuerda el estilo narrativo de Jane Austen y de Charles Dickens, incluso hace uso de términos de aquella época hoy en desuso. Los acontecimientos se desarrollan también en el siglo XIX, de forma que todos sus elementos se acomodan a la perfección.

Pero en su primera novela la escritora británica Susanna Clarke (1959-) se aleja de las vicisitudes cotidianas de la existencia para crear una fantasía en la que la magia, que había perdido su esplendor a lo largo de los siglos, vuelve a recuperar un papel esencial en la Inglaterra de 1806 gracias al talento del señor Norrell. Este mago excepcional acoge como discípulo al atractivo Jonathan Strange. Ambos protagonistas se postulan para dar apoyo al Duque de Wellington en la contienda que está librando contra Napoleón. El texto, para apuntalar aún más la veracidad y la credibilidad de la historia, aparece refrendado por múltiples referencias bibliográficas ficticias. De esta forma, entremezclando hechos y personajes reales con los poderes mágicos de Jonathan Strange y del señor Norrell, Sussana Clarke crea una obra única que podríamos calificar como maravillosa (perdonad la cursilería).

Después de diez años de arduo trabajo, se editó en 2004 en un volumen de 795-813 páginas (según la edición), e inmediatamente consiguió un éxito arrollador: la revista Time la nombró mejor novela de ficción y se coronó con los Premios Hugo, el World Fantasy y el Mythopoeic a la mejor novela fantástica. Como colofón a esta cosecha de éxitos, hace unos años (2015) la BBC realizó una brillante adaptación en formato miniserie de Jonathan Strange y el señor Norrell.

Jonathan Strange y el señor Norrell

Hace años, había en la ciudad de York una sociedad de magos. Los socios se reunían el tercer miércoles del mes y se leían unos a otros largos y aburridos trabajos sobre la historia de la magia en Inglaterra.

Eran caballeros magos, lo que significa que a nadie habían causado mal con la magia, como tampoco bien. A decir verdad, ninguno de ellos había obrado hechizo alguno, hecho temblar una hoja de un árbol, inducido a una mota de polvo a modificar su trayectoria ni movido un cabello de la cabeza de alguien. Pero, con esta pequeña reserva, tenían fama de ser los hombres más sabios y los caballeros más mágicos de Yorkshire.

Un mago eminente dijo de su profesión que sus practicantes “… han de estrujarse el cerebro para adquirir hasta el conocimiento más insignificantes, y muestran siempre una natural inclinación a la polémica, [1] y hacía años que los magos de York habían demostrado la exactitud del aserto.

En el otoño de 1806, se unió a ellos un caballero llamado John Segundus. En la primera reunión de la sociedad a la que asistía, el Señor Segundus se levantó para hacer uso de la palabra. Empezó su discurso felicitando a los reunidos por su relevante historial y enumeró los muchos y prestigiosos magos e historiadores que, en uno u otro momento, habían pertenecido a la Sociedad de York.   Insinuó que el conocimiento de la existencia de tal sociedad había influido no poco en su decisión de ir a York. Recordó a su auditorio que los magos del norte siempre habían sido más respetados que los del sur. Dijo también que había estudiado magia durante muchos años y conocía la historia de todos los grandes hechiceros de épocas pretéritas. Él leía las nuevas publicaciones sobre el tema e incluso había colaborado, modestamente, en algunas de ellas, pero había empezado a preguntarse por qué los grandes prodigios de la magia cuyos relatos leía, sólo existían en las páginas de los libros y ya no se los veía en la calle ni aparecían en los periódicos. Deseaba saber por qué los magos modernos no eran capaces de practicar la magia que describían. Ansiaba saber, en suma, por qué ya no se ‘hacía’ magia en Inglaterra.

Mis últimos 10 minutos y 38 segundos en este extraño mundo. Elif Shafak

Desde Lecturas para compartir, en su cuenta de TikTok @biblioetsidiupm, la biblioteca ETSIDI UPM recomienda la lectura de Mis últimos 10 minutos y 38 segundos en este extraño mundo”, novela de la escritora de origen turco Elif Shafak.

En esta obra Elif Shafak se adentra en el cerebro de una prostituta de Estambul que acaba de perder la vida. Una vez que el corazón deja de latir tras la muerte, se estima que el cerebro sigue en activo durante unos diez minutos más, tiempo en el que su protagonista nos relatará su historia desde su nacimiento hasta el momento de su fallecimiento.

Una obra de atrevida imaginación que ha llegado a 300.000 lectores en más de 50 países y que se ha situado entre los 40 mejores libros de 2020; quedando como finalista del Premio Booker.

Elif Shafak sabe cómo atrapar al lector a través de su defensa a ciertas causas sociales dentro de la cultura islámica: el patriarcado, la violencia sexual, el abuso de menores; pero, sobre todo, sus novelas son un canto a la amistad y a la conciliación de culturas.

Te animas a viajar a través de otras dimensiones para reflexionar sobre la vida después de la muerte.

 

“En opinión de Leila, los seres humanos mostraban una profunda impaciencia ante los hechos fundamentales de la existencia. Para empezar, daban por sentado que una persona se convertía automáticamente en esposa o marido con solo decir «Sí, quiero», cuando lo cierto era que se tardaba años en aprender a estar casado. Del mismo modo, la sociedad contaba con que el instinto maternal —o el paternal— se activara con el nacimiento de un hijo. En realidad, a veces se tardaba bastante en entender lo que era ser madre o padre..., o, ya puestos, abuela o abuelo. Otro tanto ocurría con la jubilación y la vejez. ¿Cómo podía alguien cambiar de onda en cuanto salía de una oficina en la que había pasado media vida y donde había dado al traste con la mayor parte de sus sueños? No era tan sencillo. Leila había conocido a profesores jubilados que se levantaban a las siete, se duchaban y, tras arreglarse, se derrumbaban ante la mesa del desayuno al recordar de repente que ya no trabajaban. Todavía no se habían adaptado. 

Quizá con la muerte ocurriera algo parecido. La gente creía que una persona se convertía en cadáver en cuanto exhalaba su último aliento. Sin embargo, los límites nunca eran tan nítidos. Del mismo modo que había numerosos tonos entre el negro azabache y el blanco deslumbrante, existían multitud de fases en eso que se denominaba «descanso eterno». Leila concluyó que, de existir una frontera entre el Reino de la Vida y el Reino del Más Allá, debía de ser porosa como la arenisca”
@biblioetsidiupm

Elif Shafak inauguró la 76a. edición de la Feria de Frankfurt que se celebra del 16 al 20 de octubre. Hoy en “Lecturas para compartir” os recomendamos su novela “Mis últimos 10 minutos y 38 segundos en este extraño mundo”#lecturasparacompartir #novelacontemporanea #BookTok #elifshafak

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CAMPUS SUR LEE: La lengua de las mariposas. Manuel Rivas

La lengua de las mariposas en la  Biblioteca UPM

Manuel Rivas en la Biblioteca UPM

“¿Qué hay, Pardal? Espero que por fin este año podamos ver la lengua de las mariposas.”

El maestro aguardaba desde hacía tiempo que les enviasen un microscopio a los de la Instrucción Pública. Tanto nos hablaba de cómo se agrandaban las cosas menudas e invisibles por aquel aparato que los niños llegábamos a verlas de verdad, como si sus palabras entusiastas tuviesen el efecto de poderosas lentes.

“La lengua de la mariposa es una trompa enroscada como un muelle de reloj. Si hay una flor que la atrae, la desenrolla y la mete en el cáliz para chupar. Cuando lleváis el dedo humedecido a un tarro de azúcar, ¿a que sentís ya el dulce en la boca como si la yema fuese la punta de la lengua? Pues así es la lengua de la mariposa.”

Y entonces todos teníamos envidia de las mariposas. Qué maravilla. Ir por el mundo volando, con esos trajes de fiesta, y parar en flores como tabernas con barriles llenos de almíbar.

Yo quería much9o a aquel maestro. Al principio, mis padres no podían creerlo. Quiero decir que no podían entender cómo yo quería a mi maestro. Cuando era un pequeñajo, la escuela era una amenaza terrible. Una palabra que se blandía en el aire como una vara de mimbre.

“¡Ya verás cuando vayas a la escuela!”    

Dos de mis tíos, como muchos otros jóvenes, habían emigrado a América para no ir de quintos a la guerra de Marruecos. Pues bien, yo también soñaba con ir a América para no ir a la escuela…

Manuel Rivas: La lengua de las mariposas. Traducción de Dolores Vilavedra

Diario de Hiroshima de un médico japones. Michihiko Hachiya

Diario de Hiroshima de un médico japonés.

Michihiko Hachiya Turner

El Dr. Michihiko Hachiya vivió la devastación provocada por la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945. Ejercía de médico en aquella ciudad y fue testigo de primera mano no solo de los acontecimientos más inmediatos a la gran explosión sino también de las secuelas posteriores, del sufrimiento de los que sobrevivieron. Y todo lo que vio, que sintió, que sufrió, lo reflejó en su diario.

Él es testigo de la lucha por la supervivencia de su comunidad, de sus pacientes durante los días posteriores a la tragedia. Pero esa lucha por la vida también es suya. Él es médico pero también paciente y todos los síntomas que descubre en sus pacientes los busca en sí mismo. A qué se enfrenta. Los efectos de la radiación son desconocidos y no sabe cómo actuar. Es un enigma. Todo es perplejidad.

Diario de Hiroshima es la crónica de los cincuenta y seis días posteriores a la explosión. Es una reflexión sobre la vida y la muerte. Es el diario de quien ha conocido la muerte en vida.

La hora era temprana; la mañana tibia, apacible y hermosa. Por los ventanales abiertos que dan al sur contemplé distraído el agradable contraste que ofrecían las sombras de mi jardín con el brillo del follaje, tocado por el sol desde un cielo sin nubes.

Yo estaba en ropa interior, tendido cuan largo era en el piso de la sala, exhausto después de pasar la noche en vela en el hospital cumpliendo mis funciones de guardián antiaéreo.

De pronto, un resplandor intenso me devolvió a la realidad; luego, otro.Con esa nitidez inexplicable con que solemos rememorar los pequeños detalles, con esa misma claridad recuerdo que un farol de piedra del jardín se encendió con luz brillante, y que me pregunté si se trataría del fogonazo de alguna lámpara de magnesio o de chispas de un cable de tranvía.

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